Suficientemente conocido y experimentado es el bajísimo grado de eficacia del sistema de justicia. Escasamente se detiene al personal que delinque. Las investigaciones cuentan con un importante índice de falta de rigor y, los jueces, no terminan por convencer en sus decisiones. El sistema da lástima y el seguimiento a los reclusos, en general, es algo de ciencia ficción que pareciera se resolverá en el próximo siglo. Estamos mal, muy mal, realmente mal.
Proponer soluciones salomónicas con resultados concretos en el corto plazo, es difícil. Mejor sería establecer una serie de prioridades porque los recursos son escasos e insuficientes para acometer los cambios que se necesitan. De todo el engranaje judicial, pareciera que hay algunos eslabones “más sencillos” que otros y, sobre todo, de menor costo. Me refiero, en este caso, al Sistema Penitenciario. Es necesario dejar claro, dentro de nuestro esquema de justicia, que el delincuente condenado cumplirá certeramente su pena en las condiciones que determina la ley. De no ser así, todo el esfuerzo anterior (detención, investigación y condena) quedaría sin sentido.
Tras los sucesos de hace algunos días donde los reclusos asesinaron y se ensañaron con funcionarios de un penal, es preciso elevar una voz contundente para que el Congreso se ponga de acuerdo en cambiar ciertas normas y dotar al Sistema Penitenciario de un presupuesto y un marco legal, acorde con las necesidades. No es admisible que para este año se cuente con menos recursos que en pasado.
Por otra parte, también hay que hacer notar hasta qué punto el Estado es responsable de la reinserción y no solo del estricto cumplimiento de la pena. Sin entrar en debate, lo que debe primar es esto último y, después, ya se verán las posibilidades de reinserción. Los más optimistas calculan que no más del 20 o 30 por ciento de la población reclusa pudiera hacerlo exitosamente.
El sistema falló y colapsó y es preciso cambiar las normas legales al respecto, si no hay acuerdo de los partidos políticos, seguiremos igual de mal. Lo peor, es que un día nos vamos a despertar con una prisión tomada por grupos de narcos o mareros, que liberarán a cientos de presos peligrosos o, la intervención policial o militar, terminará por generar muchos muertos. Será entonces cuando nos lamentemos de no haber cambiado algo que ya se ha evidenciado suficientemente. Cualquier solución pasa por un pacto político y, sobre todo, por entender que la resultante beneficiará a todos. Son de esas cosas en las que deberíamos estar de acuerdo sin más comentarios que la acción, pero que no se ven visos de solución a corto plazo.
En el receso de una entrevista televisiva el pasado año, le pregunté al ahora presidente cuales eran las razones (si las había) de no arreglar de una vez por todas el Sistema Penitenciario. Ninguna, me contestó sin titubear. Es pues un buen momento de aplicar aquellos criterios de cuando era candidato. La rentabilidad que se obtenga será alta y el servicio al país incidirá en el nivel de gobernanza.
De seguir como hasta ahora, solo podemos esperar más lamentaciones en el futuro. Creo que ya han sido suficientes y quienes trabajan en el entorno merecen respeto, apoyo y una oportunidad.
Este es un blog personal donde se editan las columnas de opinion (y otras) que semanalmente publico en el diario PRENSA LIBRE de Guatemala. La idea es generar un espacio de debate y opinión con los lectores, de forma que la libertad de expresión sea en doble sentido.
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