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lunes, 8 de agosto de 2022

El claroscuro de la política nacional

Quienes someten realmente el país integran un staff entre bastidores que concentra el poder y el control de los interruptores necesarios para ello


Cada cuatro años, con precisión matemático-legal, sostenemos una repetitiva y contumaz discusión social sobre cuál será la dupla más adecuada de candidatos presidenciales para administrar el país, amén de los diputados y alcaldes. Como los votantes no convergen en una suficiente mayoría que legitime cualquiera de las opciones, casi siempre la discusión se zanja tras seleccionar a los menos malos.

Al poco de acceder los electos al cargo -esto también es recurrente- se produce un enorme desencanto social porque las expectativas no se ven satisfechas y lejos de quedar ahí el problema, comienza la rampante corrupción en sus diferentes manifestaciones: obra pública, pactos sindicales, reparto presupuestario, compras sobrevaloradas, y un largo etcétera sobradamente conocido ¿Por qué se reproduce sistemáticamente ese modelo? ¿Acaso todos los candidatos que elegimos llevan en su “genética política” el germen de la corrupción? La respuesta no es sencilla salvo que aceptemos que hay un eje permanente y transversal a todos los gobiernos -o a la mayoría de ellos- que oculto e invisible, actúa tras bambalinas y pudre el sistema. 

Desde tiempos de la UNE, Gustavo Alejos se constituyó como un poder manipulador que continúa hasta la fecha, a pesar de los procesos abiertos en su contra. Las declaraciones de Sinibaldi y Valladares evidencian cómo un colectivo de diputados recibió dinero para aprobar leyes o tomar ciertas decisiones. Y no dejamos de ver denuncias y presencia de militares que, alejados de la milicia, realizan labores relacionadas con inteligencia, narcotráfico, maras y crimen organizado, entre otras.  Todos ellos actúan concurrentemente, no siempre asociados, con el fin de perpetuarse y contar con el control real del país, por medio de acumular poder difuso, independientemente de quienes sean depositarios del poder legal.

El modelo es muy simple y efectivo. En época electoral prestan sus servicios a candidatos/partidos que requieren votantes, publicidad o atacar al contrario. Hemos visto por años utilizar el colectivo de los patrulleros de autodefensa como grupo de presión, pero también como ciertos personajes son capaces de movilizar Departamentos y municipios con regalos, promesas, almuerzos, rifas y cuestiones similares. Cuando los apoyados por ellos son favorecidos con el voto -que es casi siempre- les reclaman espacios y el pago por la contribución preelectoral o bien chantajean y someten a las autoridades electas porque conocen perfectamente sus vidas, y las tienen documentadas. A partir de ahí se dispara la corruptela, el favoritismo, el nepotismo y el gobernante comienza a confrontar a la población que lo voto ¿Le suena eso?

Quienes someten realmente el país integran un staff entre bastidores que concentra el poder y el control de los interruptores necesarios para ello. Quizá esa sea la razón del porqué nos “equivocamos” por décadas al elegir a unos u otros, y es que soslayamos que siempre están ahí los mismos mercenarios, aunque con el tiempo se han ido sofisticando y adaptando a los cambios. 

La corruptela en puertos y aeropuertos sigue una línea de “tradición familiar”, al igual que el control de aduanas, pasaportes, migración, obra pública, proveeduría al Estado, ciertas universidades -especialmente la estatal-, colegio de abogados y notarios, municipios cercanos a la frontera, etc. Desmantelar esos grupos debería ser el objetivo político-judicial primordial de un candidato con mínimo grado de decencia política aunque el problema no será encontrar al político, sino que esas fuerzas permitan que pueda ser elegido sin su apoyo, aquiescencia y permiso.

Ahí tiene un importante aspecto a considerar en su voto 2023. No a partidos que incluyan a mafiosos ni estén relacionados con ellos. Sea responsable y comienza a asumir el destino del país.

lunes, 1 de agosto de 2022

Del caos al orden y viceversa

La detención del director de elPeriodico es muy grave, particularmente porque no se sabe si lo fue por cuestiones personales o profesionales

Detener a un periodista, empresario, sindicalista o catedrático, no es, como muchos han coligado frívolamente, atentar contra la libertad de expresión/prensa, empresarialidad, sindicalismo o libertad de enseñanza, salvo que la persona sea arrestada como consecuencia del ejercicio de su profesión y no por sus acciones individuales. Algo tan obvio y racional se olvida con frecuencia, y emocionalmente, de forma gremial o por ese indescriptible y morboso placer de los “likes”, hay quienes se colocan del lado de afectado -aún sin conocer los hechos- y apuestan por una versión presentada como verdad incuestionable, antes de haber comenzado a debatir con pruebas concretas lo que sucedió. Nos acostumbraron -y aceptamos- condenar o defender a personas antes del juzgamiento en tribunales, sólo por lo que “se decía” de ellas. La verdad oficial se tornó verdad judicial y ahora predomina la verdad mediática o de redes, sin advertir cuánto socavamos con ello el Estado de Derecho que reclamamos.

La detención del director de elPeriodico es muy grave, particularmente porque no se sabe si lo fue por cuestiones personales o profesionales. Si por su actuar individual es acusado de cometer un delito -y se termina probando- seguramente ciertos medios de comunicación/periodistas sufrirán un embate importante en su credibilidad, al asociarse a la persona con lo que pudo haber publicado su medio. Pero si la captura obedece a que las publicaciones del medio molestan a políticos, el escándalo tomará proporciones inimaginables porque el aparato gubernamental-judicial habrá operado contra una de las manifestaciones más importante en democracia: la libre expresión.

A la fecha, y con la información disponible -no digamos la que se tenía hace tres días- es difícil ofrecer una explicación suficientemente racional más allá que aquella emocional basada en el sentir y parecer de cada uno. Quienes creen al periodista, descalificarán la acción del MP, y viceversa, quedando un grupo en medio que prefieren esperar a tomar una postura en la medida que los hechos se conozcan. Me uno a esta última porque la prudencia y la sensatez -no el miedo ni la timidez- aconsejan permanecer hasta que haya elementos de juicio suficientes, que hay que reclamar urgentemente.

Es de poca discusión que los sucesos han provocado perplejidad y reacciones fuertes y diversas, especialmente en estos momentos de polarización nacional a la que algunos nos conducen y muchos se dejan arrastrar. Un MP que no presente la acusación suficientemente sustentada y con hechos fácilmente valorables, quedará totalmente descalificado -al igual que el juez que decretó las actuaciones- y no podrá dar marcha atrás en la sensación que generen. Pongo el énfasis en el ente acusador porque lo que hay que demostrar es la culpabilidad, nunca la inocencia.

El caso me perturba y crea una sensación difícil de describir, que no es diferente del efecto que me produjo la ola de comentarios que crearon una opinión publicada presentada como verdad indiscutible, a pesar de desconocerse las circunstancias precisas. Nos acostumbramos a que el ruido se sobreponga a la razón y se construya una verdad mediática difícil de confrontar aun con otra judicial o real, y me preocupa porque no es la primera vez que ocurre sino que se incrementa con el tiempo. Quienes se dejan llevar por esos mensajes iniciales, repetidos hasta la saciedad, conceden autoridad a aquellos que los promueven -falacia de autoridad- y aceptan a pies juntilla la versión publicada. Pareciera que el siglo XXI nos ha vuelto más analfabetos funcionales de lo que pensamos, a pesar de tener mejor acceso a la educación y a información plural.

(Esta columna se cerró el lunes 1 de agosto a las 14:00 horas).


lunes, 25 de julio de 2022

Borrachera de poder y dinero del “jefe”

Nuestros hijos, que luchan por un mejor futuro, merecen que tomemos unos minutos de nuestro tiempo para votar con la cabeza y no con los pies

Hace pocos días circuló un video en redes que llamó poderosamente la atención y generó diferentes reacciones, entre las que destacaron, con mayor profusión, el rechazo, la vergüenza, la pena y la indignación, por eso de cuidar el uso de calificativos y no emplear otros más vehementes. 

El protagonista fue Miguel Martínez -M&M-, aunque había otros actores secundarios en ese espantajo clip. Subido en una tarima -junto con veteranos de la escena política nacional- y micrófono en mano, cantó,  abrazado con el gobernador de El Progreso, el narcocorrido “jefe de jefes”. Borrachos de poder, se contorneaban al ritmo de la música norteña y coreaban frases que no merece la pena repetir. Envalentonado o chamicado por el dios Baco -y cual viejo verde que ríe las gracias del púber- el gobernador besaba en el cuello al cantarín aspirante a diputado, mientras eran alentados, a modo de impetuosos mariachis de cantina, por quienes les acompañaban en el estrado. El esperpéntico dúo -y su grupos de coristas- intentaron imitar a  “Los Tigres del Norte” pero no pasaron de “Los Zopilotes del Nororiente” ¡Qué deprimente espectáculo!

Me da igual quien sea M&M y lo que haga con su vida; su origen, edad, estudios, tendencias o con quien yace o pace, pero desea ser diputado, y eso es justamente lo que me llama la atención y, sobre todo, me preocupa.  Si los votos de los exaltados ciudadanos -que aplaudían y sostenían aquella humillante zarabanda- le permiten ocupar una curul, deberemos pagar y soportar otro inútil “prohombre de la patria”. Desconozco si el personaje -por las compañías en las que se encontraba- está asociado al crimen organizado, a mafias de las que campa por el Congreso o al actuar corrupto de muchos políticos, pero claramente es un inexperto y, además, maneja muy mal la inteligencia emocional, el poder que cree ejercer eternamente y el discurso que proyecta. 

Como ciudadanos debemos cuestionarnos permanentemente a quienes votamos y cuántos de esos personajes como Neto Bran, Baldizón Jr., Tres Quiebres, etc., ocuparán un puesto en el Congreso, en alcaldías o en cualquier otro lugar. También, si vamos a seguir pagando sus salarios con el sudor de nuestra frente, mientras siguen riéndose con ese descaro que nos convierte en imbéciles sin remedio. Muchos preguntan, ¿qué es lo que puede hacerse para cambiar este sistema?, y creo tener una respuesta sencilla y muy efectiva: no vote a ningún partido político que incluya en sus filas a candidatos que no estén suficientemente contrastados. De lo contrario, será cómplice de lo que ocurre y deberá asumir su responsabilidad como elector. No solo hay políticos corruptos, sino también ciudadanos que permiten y promueven, con sus votos, la corruptela de políticos.

No elija inexpertos, deshonestos ni criminales, muchos menos narcotraficantes, porque todos ellos generan el mismo resultado en políticas públicas: ninguno o muy malo, y ya deberíamos estar cansados de sufrir las consecuencias de esos personajes y su vergonzoso actuar. Nuestros hijos, que luchan por un mejor futuro, merecen que tomemos unos minutos de nuestro tiempo para votar con la cabeza y no con los pies, como hemos venido haciendo. La acción es tan condenable y deleznable como la omisión, así que sea ciudadano responsable y no apueste por quien esté marcado con un aureola de inexperiencia, ineficacia o delincuencial.

Lamentablemente se repetirán muchas más imágenes como la que vimos, pero servirán para mostrarnos lo que hay y darnos elementos para decidir certeramente sobre a quienes no tenemos que votar, pase lo que pase. 

Ya tiene la solución, ahora tenga el valor, el coraje y la decencia de implementarla.


lunes, 18 de julio de 2022

La cuestionable ética de la lista Engels

Creo que merece una seria reflexión eso de aceptar calladamente conductas que sólo se sostienen bajo la tesis del derecho penal del enemigo

Esta opinión levantará críticas, especialmente entre quienes evitan contrastar sus argumentos y prefieren seguir la moda de la opinión impuesta, construida o mayoritariamente aceptada. No importa, corro el riesgo en beneficio de un debate sincero, pero sobre todo necesario y abierto.

La lista Engels -o cualquiera similar- no se sostiene desde un enfoque ético. Es un manifiesto político, un instrumento del gobierno norteamericano que incluyen personas de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua que, a juicio del Presidente USA, “han participado a sabiendas en acciones que socavan los procesos o instituciones democráticas, en corrupción significativa y en la obstrucción de investigaciones sobre tales actos de corrupción”. La pregunta es cómo pueden determinarse esas acciones -con garantías y certeza- sin que medie una denuncia judicial o condena sobre el actuar del sujeto. Y no queda otra respuesta que admitir que tal suposición presidencial se basa en información de sus agencias o en elementos valorativos de opiniones de asesores, aspectos -ambos- absolutamente subjetivos y no factuales. Una lista así sería imposible dentro de USA, porque los señalados ganarían cualquier demanda en tribunales, lo que demuestra su inconsistencia ética y jurídica, razón por la que se aplica solamente fuera de sus fronteras a ciudadanos no norteamericanos, y sin aplicar aquello de: lo que es correcto para unos, lo es para todos.

En un mundo superficial, relativista y basado en redes, es fácil aceptar falacias de autoridad, y otorgar la razón a ciertas personas o gobiernos en aquello que comentan o señalan. Así que, desde la publicación de la lista, quienes figuran en ella son automáticamente percibidos como culpables y condenados socialmente, difundiéndose sus nombres, rostros y admitiéndose, sin discusión, los señalamientos de que son objeto. Esta suerte de vergüenza pública inducida parece desconocerse por muchos, quienes olvidan que no es de recibo someter a ningún ciudadano al escarnio público o a la acusación mediática porque unos burócratas determinen que así tiene que ser. La lista puede servir para muchos fines, incluidos los político-ideológicos, y tiempo después, si hubo error, ni siquiera tienen que reconocerlo ni disculparse porque la administración en cuestión habrá pasado. No importa haber afectado vidas ni inducido en la población sentimientos de rechazo y condena hacia los señalados, porque lo importante es mostrar que las grandes potencias pueden “hacer justicia” sin costo alguno para quienes toman esas decisiones ¡A fin de cuentas “sólo son opiniones”! Recuerde que en política la casualidad no suele existir, y cuando ocurre es porque ha sido cuidadosamente planificada.

Creo que merece una seria reflexión eso de aceptar calladamente conductas que sólo se sostienen bajo la tesis del derecho penal del enemigo, así como el actuar de políticos a quienes atribuimos la capacidad de imponer el orden internacional sobre valores y leyes que sus gobiernos proyectan. Todo eso está muy alejado del correcto y deseable actuar de la justicia, pero sobre todo de los pilares más elementales que sostienen cualquier comportamiento ético. 

No discuto que Guatemala ha sido tomada por el narcotráfico, el crimen organizado y un grupo de sediciosos que pretende detonar regímenes autoritarios, y a los que no defiendo ni exculpo, antes bien animo a investigarlos, juzgarlos y condenarlos duramente si procede. Sin embargo, el combate hay que hacerlo desde la observancia de valores y principios que no son negociables ni deben vulnerarse, al igual que desde la justicia y la razón, y no con exposiciones o acciones políticas arbitrarias. Seamos prudentes, no vaya a ser que con el tiempo, se genere un efecto contraproducente al contar con una legión de personajes que, para algunos, terminan siendo héroes vilipendiados en ciertos listados. 


lunes, 11 de julio de 2022

Tóxica relación con las redes sociales

Las redes han servido para que quien desee cuente con una tribuna, la emplee libremente y se promueva socialmente una cultura de superficialidad

A mi esto de los (y las) “influencers” en redes me produce un escozor sarcástico y una indisimulable risa de hiena, perdón por la sinceridad. A poco que profundice verá un montón de damas en bikini, ropa interior o finas transparencias que resaltan sus atractivos encantos, mientras un ejército de excitados “testoterónicos” aprovecha para desahogar sus frustraciones íntimas. La dama en cuestión -de tal suerte- tiene miles de seguidores que son ofrecidos a determinadas marcas para publicidad ¡Cómo si los maromos de los comentarios sicalípticos se interesaran por lo que ofrece la “influyente” y no por las marcadas nalgas o los delineados -y casi visibles- pectorales de la mensajera! Bueno, ¡se tenía que decir, y se dijo!

Las redes han servido para que quien desee cuente con una tribuna, la emplee libremente y se promueva socialmente una cultura de superficialidad en la que el chascarrillo, la creatividad, lo anecdótico y sobre todo lo visual, son el atractivo principal. Se valora más un buen Tic-Toc o una historia de Instagram con final inesperado, música que sorprende o profusión de colores e imágenes -amén del minúsculo dos piezas antes citado- que una propuesta detallada y precisa de algo, aunque sea de corta duración, porque la inmediatez y la imagen sustituyen a la pausada y racional comprensión ¡Cosas de la vida moderna que diría mi abuelo!

La generación alfa -que dice no tener tiempo para escuchar una clase de filosofía, historia o ciencias sociales, por más de 40 minutos, porque se estresa- suma horas al día frente a sus teléfonos y termina con más “carga académica” en redes que cualquier licenciatura media. Así están las cosas en esta sociedad moderna, relativista, superficial y entusiasmada con replicar cualquier gilipollez mientras sea acogida entre sus ñoños pares.

La política -la populista, aunque no exclusivamente- que se dedica a contentar a ciudadanos solícitos, ha parasitado tales herramientas y muchas campañas se desarrollan sobre esas plataformas, en las que la barba recortada, la gorra al revés, el tropiezo del presidente o la mueca del candidato, atraen más seguidores que el plan de salud, educación o el gasto publico. El ciudadano se deja llevar por el envoltorio y desdeña el contenido, y así nos va, cuando descubrimos que el autoritario, el populista, el mentiroso, venía envuelto en papel celofán en forma de redes sociales.

Con pocas palabras y muchas imágenes, el candidato pedirá su voto y repetirá lo que el algoritmo le dice que usted replica o mira en detalle, siguiendo aquella máxima goebbeliana de una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. Becará a sus hijos, reducirá los impuestos, le otorgará una ayuda económica, tendrá asegurado un viaje anual en su vejez o incluso prometerá que la selección nacional de futbol irá al campeonato del mundo. El COVID no existe, el banco quiebra mañana, si es joven el gobierno le dará dinero para gastos o el cloro es la salvación pandémica -replican en redes- y usted entra al trapo convencido de una “verdad” inducida por su incapacidad de comprender su relación tóxica con la redes. El populista no tiene límite, el problema es que usted se deja llevar por esa superficialidad en un mundo supuestamente educado y con acceso ilimitado a la información.

En un año tendremos elecciones, y no dude que los candidatos aprovecharán esas plataformas comprendiendo -mejor que muchos- lo tontos que nos hemos vuelto, los superficiales que somos y, especialmente, el desinterés ciudadano por un futuro más racional. 

¡Se lo podría haber dicho en 280 caracteres, pero para explicarlo hacía falta una página, aunque no lo crea!

lunes, 4 de julio de 2022

En trapos de cucaracha

Cada cuatro años apostamos por un pillo al frente del gobierno que llega con amigos muchos más bribones que él, escondidos detrás de su sombra

El país no es más que un castillo de naipes, una casa con techo de paja y cimientos de cartón que cualquier soplido se lleva puesta, administrado por un esquema mafioso al que han contribuido todos los gobiernos y hemos consentido los ciudadanos. Podemos lamentarnos y echar la culpa a Giammattei, Pérez Molina, Portillo o Álvaro Colom -Sandra Torres de facto-, por citar algunos, pero si no nos miramos al espejo y advertimos de que a todos los hemos elegido democráticamente miles de ciudadanos -sin duda de que haya habido manipulación electoral- nunca seremos capaces de ver a los auténticos y reales culpables de vivir en un país fracasado.
Como ciudadanos somos irresponsables y permisivos y no nos gusta escuchar -menos aceptar- el origen de esta debacle nacional que sufrimos permanentemente porque, en el fondo, nos avergüenza reconocer que no hay más culpables que nosotros mismos. Votamos como votamos, somos como somos y por tanto tenemos el resultado que nos procuramos, aunque no sea el que creamos merecernos. Cada cuatro años apostamos, sin mínima reflexión ni suficiente interés, por un pillo al frente del gobierno que llega con amigos muchos más bribones que él, escondidos detrás de su sombra.
La pandemia ha venido a mostrar el oscuro y miserable Estado que hemos construido. Carente de una estructura mínima de educación estatal, con cierre de escuelas, millonarios repartos en pactos sindicales y ausencia de gestión de las autoridades del ministerio. Falta de un sistema de salud que sigue cobrando vidas humanas sin que el remordimiento nos produzca un mínimo quemazón en el alma. Niños asesinados diariamente por hambre o condenados a un futuro fracasado, son imágenes que desechamos mientras nos distraemos con cosas superfluas que nos llenan de falsa alegría momentos imperceptibles. Las comunicaciones colapsan frecuentemente, causan muertos, impiden el desarrollo y ralentizan el progreso, al tiempo que se despilfarran cientos de millones que van a parar a bolsillos de “constructores” conocidos por múltiples causas de corrupción abiertas en el MP, pero que no avanzan en tribunales. La Corte Suprema de Justicia, lleva atrincherada casi tres años de forma ilegal, irresponsable y amañada, dándole un barniz de falsa legalidad a actuaciones que favorecen a personajes ligados al crimen organizado o al narcotráfico, y muchos de ellos en la política activa. La gestión medioambiental no genera desarrollo sostenible ni sustentable, y es continuamente manipulada y utilizada para servir como moneda de cambio -previo pago de coimas- para que algunos ministros y directivos disfruten un mejor futuro a costa del contribuyente y la depredación de recursos. Las aguas se contaminan, los bosque se arrasan, las montañas se caen. El sistema de expedición de pasaportes colapsó hace tiempo y cuando hay algunas libretas -algo poco frecuente- se tarda meses en conseguir uno. Una parte importante de vehículos circula con placas de cartón porque no somos capaces de comprar máquinas para imprimirlas. El Congreso está repleto de narcotraficantes y personajes del crimen organizado, al igual que las alcaldías del país, y padecemos silenciosamente sus excentricidades y continuados delitos. La capital sigue con problemas de agua potable en muchas zonas y un basurero inapropiado y contaminador, mientras el tráfico consume una parte sustancial del tiempo de cada uno. La inseguridad mata violenta y continuamente a cientos de ciudadanos y decenas de miles de menores son abusadas cada año.
Sabe cómo acabar con todo esto: responsabilizándose, votando con la cabeza y no siendo cómplice del sistema pensando que uno no forma parte de él. Hay que dar “hasta que duela”, dijo la madre Teresa, y en política no es diferente.


lunes, 27 de junio de 2022

Izquierda, derecha y populismo

El problema del populismo es que puede aparecer como consecuencia de una falta de planteamientos políticos mínimamente coherentes

El triunfo de Petro en Colombia ha vuelto a desatar la exacerbada pugna derecha-izquierda, con alabanzas y condenas en función de donde se sitúe cada cual. El corazón, la pasión y la emoción, vuelven a desplazar a la razón, y pareciera no entenderse mucho lo que se avecina.  

No soy temeroso de la izquierda democrática, aunque no me gusta como opción política. Gobernó en Chile -Bachelet-, El Salvador -FMLN-, Guatemala -UNE- y en otros muchos países sin que se notara su presencia ni hiciera diferencia con inútiles e inservibles gobiernos de “derecha”. Hay quienes también confunden conservadurismo con derecha o izquierda, sin advertir que el conservador puedes estar, cómodamente instalado, en cualquiera de las dos opciones, porque en ambas existe la tendencia a no cambiar formas, postulados, comportamiento y propuestas. El problema real no es ideológico, más bien obedece al continuo fracaso de los distintos gobiernos, lo que nos lleva irremediablemente al populismo. 

Los populistas, al igual que los dictadores, no son de derechas ni de izquierdas, calificativo que suelen adjudicar quienes desean extender la polarización más allá de los límites. Tienen “personalidad propia”, justamente porque carecen de ideología o se imponen a la fuerza y son simplemente personajes que recrean mensajes bien recibidos por la población de los lugares donde surgen y en los que se ofrecen como solución, o imponen la suya.

Guatemala pasa por un momento político en el que nos quieren orillar a los extremos e impedir ver más allá: o seguimos con gobiernos de “derecha” o vendrá una “izquierda” comunista, antipatria, antifamilia y degenerada, nos dicen. No hemos advertido que los gobiernos que hemos tenido no son de derecha -al menos la que yo entiendo- pero tampoco una izquierda democrática nos hundirá más en el agujero de la corruptela en que estamos sumidos. El problema del populismo -o el autoritarismo- es que puede aparecer como consecuencia de una falta de planteamientos políticos mínimamente coherentes -aunque sean ideologizados- y hacia ahí nos conducimos. Analice el espectro político nacional y advertirá que la mayoría de las opciones políticas no se definen ideológicamente, porque pretenden abarca el mayor espectro posible de votantes. Unido a lo anterior -y a la fecha- seguramente no será capaz de nombrar tres o cuatro partidos para los próximos comicios, porque la mayoría de los que tendremos como “opción” en 2023 se desconocen porque están en construcción y sus liderazgos escondidos hasta el banderazo de salida electoral ¡Así no hay ciudadano que pueda elegir apropiadamente!

En definitiva, la situación descrita y el analfabetismo político que padecemos -por decisión propia porque no emprendemos una búsqueda responsable- hace que la mayoría de ciudadanos se manejen dentro del simplismo de las redes o los comunicados de “opinadores”, cuando lo que nos falta realmente es un moderno Lutero que nos haga creer que podemos interpretar la política sin que previamente nos la digieran, especialmente en este siglo de la estupidez mediática, la concisión de lo virtual o el simplismo en la comunicación. Perdemos una parte importante del tiempo preocupándonos por la derecha y la izquierda, en lugar de prevenirnos contra depredadores de la política que encontrarán el espacio vacío que provoca esa lucha dicotómica entre opciones que son mucho más amplias que los puntos concretos a los que nos quieren conducir. 

Muchos preguntan qué hacer. Pues analice, estudie, entérese, sea responsable y opte por lo que considere más conveniente, porque el futuro está mucho peor que pensar que viene una “izquierda destructora” o se queda la habitual “derecha demoledora” ¡Venga, que ya deberíamos ser mayorcitos, y sobre todo responsables de nuestros actos!

lunes, 20 de junio de 2022

El fin de la dictadura de la UNE

La concentración del poder suele generar previsibilidad y promueve un clima que permite mantener determinadas variables constantes

El costo de las decisiones públicas suele ser directamente proporcional a la dispersión del poder. En la medida que aumenta el número de tomadores de decisiones -políticos y partidos- los acuerdos requieren de consensos más costosos. Además, si se negocia en un marco ausente de valores éticos, todo se eleva a límites inimaginables. Esto es lo que ocurre en la política nacional.

Desde las elecciones de 2007 -podemos adelantarnos a 2003 en las que alcanzó un 20% de diputados- la UNE ha tenido poder y control suficientes sobre lo que ocurría en el país. En aquel entonces obtuvo 51 diputados y pudo conseguir el 83% del control del Congreso junto con tres partidos -PP,GANA y FRG- aunque el transfuguismo de la época hacía que la mayoría de los diputados se pasaran al partido oficial al iniciar la legislatura. En las de 2011, fueron 48 diputados, y con cuatro partidos alcanzó el 91% del control. En 2015 fueron 36 pero LIDER -escisión de la UNE- consiguió 44, lo que permitió alianzas con tres partidos para un 80% de control en el Congreso. Sin embargo, en 2019, y a pesar de contar con el mayor número histórico de diputados -52- ocurrieron dos situaciones nuevas: el siguiente partido más votado -VAMOS- tuvo 17 diputados, y mantener únicamente el 61% del Congreso suponía pactar con cuatro partidos elevando los costos si se querían porcentajes más altos. La desarticulación de la UNE y las pocas curules de la oposición, representan un desajuste importante para alcanzar mayorías en esta administración.

En el ámbito municipal ocurrió lo mismo. De 103 alcaldes en 2007, pasó a 112 en 2011 -en alianzas o directamente-, a 192 en 2015 -sumados los de LIDER- y a 108 en 2019. La UNE siempre ha tenido, al menos, una tercera parte del “poder local”. Sin embargo, la ruptura interna ha provocado que los alcaldes busquen nuevas opciones, de ahí los pactos de la ANAM con el gobierno actual y los más de Q3,000 millones concedidos para “obras públicas”. Esto es, el incremento de las transacciones políticas, producto de la atomización de partidos, requiere negociaciones más costosas. 

De esa cuenta, muchos partidos y diputados han obtenido cuotas de poder o control de ciertas instituciones -INSIVUHME- como pago por sumarse a determinadas alianzas, consecuencia de la necesidad de sumar votos para aprobar propuestas, algo que no había ocurrido antes de forma tan intensa. Agreguemos a lo anterior la perdida de liderazgos en la UNE, como Mario Taracena un operador político que logró “consensos” para modificar la Ley electoral y de partidos políticos o prohibir el transfuguismo, pero también otros que hicieron posible incrementar el presupuesto a la USAC, nombrar a Gloria Porras en dos ocasiones como magistrada de la CC -por el ejecutivo y el legislativo, y se venía la tercera-, devolverle el poder a Joviel Acevedo -que ya estaba con un pie fuera- frenar la justicia -caso Blanco Lapola- o manejar la Contraloría de Cuentas cuyo extitular es diputado de ese partido, entre otros.

La concentración del poder suele generar previsibilidad y promueve un clima que permite -como ocurre en muchos países aun autoritarios- mantener determinadas variables constantes, lo que aprovechan los ciudadanos para desenvolverse en un espacio predecible y con poco riesgo de modificación, aunque sea en malas condiciones. Cuando esa previsibilidad desaparece, producto de la necesidad de generar frecuentemente alianzas o se produce una transición hacia otra concentración de poder, surge esa inestabilidad acusada por las personas que desconocen lo que puede ocurrir en el futuro próximo y genera desesperación, rechazo, crítica y altos costos ¡Así están las cosas!

lunes, 13 de junio de 2022

El sistema educativo público a debate

En unos años, tendremos varias promociones de analfabetas tocando las puertas de la universidad o de lugares de trabajo

El hecho de que la mayoría de quienes puedan leer esta reflexión tengamos a nuestros hijos en colegios privados, seguramente nos haya hecho olvidar la dramática situación que atraviesa la educación pública en estos años de pandemia.

Si usted ha tenido que adaptarse a colaborar más activamente en los deberes de sus hijos, aprender a utilizar el zoom o el meet y acomodar un espacio en su domicilio para recibir clases virtuales, imagínese lo que no han podido hacer cientos de miles de familias que carecen de computadora, internet y no disponen de espacio, tiempo ni conocimientos para ayudar a su prole. La mayoría del país está en esas condiciones y más de veinte mil escuelas han quedado -y siguen- desatendidas desde 2020.

El Ministerio de Educación es el más saqueado por chantajistas e inescrupulosos mafiosos agrupados en sindicatos, bajo el liderazgo de Joviel Acevedo. No es ningún secreto que todos los políticos -con escasísimas excepciones- han pactado con ese personaje y sus huestes de pícaros, quienes cada año exprimen el presupuesto y los bolsillos del contribuyente y obtienen más dinero que asignan a diferentes bonos con nombres que desatan el enojo. Este año no ha sido menos y, aunque desde Septiembre pasado dieron prioridad a los maestros para que se vacunaran y finalizar el curso 2021, a la fecha no hay una vuelta plena a clases ni se les espera por las aulas. La ministra y su subordinados tampoco se han tomado el tiempo para remozar escuelas, alistar aulas y adecentar centros educativos que se parecen más a estercoleros que a lugares de aprendizaje. En definitiva: estamos mucho peor que antes por desidia, dejadez, inoperancia y cara dura, puesto que el presupuesto se ha incrementado y gastado, incluyendo más bonos. Eso sí, no se han registrado manifestaciones ni bochinches magisteriales, ni maestros chantajistas ha amenazado con cerrar avenidas o colapsar la ciudad, como suelen hacer cuando no se cumplen sus exigencias. Es repugnante que políticos basura se sienten a negociar con un sindicalista que no merece el mínimo respeto como profesional -nunca ha impartido una clase- ni como ciudadano de un país que grita por los cuatros costados una mejora en la enseñanza pública. 

Hay que recordar, ahora que vienen las elecciones, que fue Sandra Torres quien lo reinstaló días antes de ser suspendido y despedido -que es lo que le corresponde en justicia- y que familiares de aquella resolvieron uno de los pactos sindicales que extrajo dinero del bolsillo de los contribuyentes, del suyo y del mío. De no haber sido por la señora Torres, hoy tendríamos otro modelo -o quizá el mismo con otro chantajista- pero al menos nos habríamos dado la oportunidad de salir del atolladero en el que estamos metidos desde hace tiempo.

En unos años, tendremos varias promociones de analfabetas -y analfabetas funcionales- tocando las puertas de la universidad o de lugares de trabajo, porque -¡agárrese!- los cursos escolares han sido aprobados en su totalidad, como si aquí no hubiese pasado nada. Habrá que graduar a mediocres universitarios o exigirles el nivel que la administración actual y el sindicalismo depredador le han negado.

Esto pasa por muchas cosas, pero mientras los jueces, fiscales, magistrados, diputados y personajes similares gocen de seguro médico, alimentación, gasolina, vehículo, escoltas y prebendas similares les importará un soberano pito arreglar problemas sociales que es lo que harían rápidamente si sufrieran las consecuencia de aquellos. No avanzamos porque nos dejamos manosear, pisar, escupir y, encima -como aquellas parejas maltratadas- pensamos que el político va a cambiar ¡Vamos que queremos un milagro!

lunes, 6 de junio de 2022

El Ministerio Público del próximo cuatrienio

La relación de poder cambia en determinados momentos en función del tiempo de duración de quienes están al frente de las instituciones

La polarización, rechazo, presión y visceralidad con la que se abordó la elección de Fiscal General, ha impedido reflexionar sobre el deber ser de la “nueva” administración. Muchas personas han dado por hecho que todo seguirá igual, hipótesis razonable después de la reelección, pero no la única. Otros consideramos que hay un importante y necesario espacio para el cambio y la mejora de ciertos aspectos, porque pocas cosas tienen ese valor absoluto de lo perfecto.

De todas las modificaciones deseables que deben emprenderse, considero que hay tres de trascendencia, necesidad y urgencia. La primera, se refiere al “acercamiento” con los Estados Unidos. Si las relaciones con las agencias antidrogas y las conexas con la persecución de delitos transnacionales han sido cooperativas, no ha ocurrido así con otras afines al Departamento de Estado. Independientemente de quien haya sido “el culpable” o de las diferencias, unos, deberán aceptar que el cargo durará cuatro años más, y los otros, entender que la confrontación permanente no es el modelo deseado. Un segundo aspecto requiere replantear la política criminal en relación con, al menos, dos variables: los allanamientos y la prisión provisional. Cualquier denuncia debe ser investigada, ese es un principio irrenunciable, y de justicia. Sin embargo, los allanamientos deben de reservarse exclusivamente para aquellos presuntos autores de delitos muy graves y cuya huida tenga significativo impacto en la sociedad y/o en la investigación. Lo mismo sucede con la solicitud de prisión provisional. Si bien es el juez quien resuelve, la petición la hace el MP, y desde ahí hay que trazar principios correctos de actuación. No vale el argumento dado por algún fiscal en su momento: “es que de lo contrario se escapan”, y la práctica ejercida sistemáticamente antes, durante y después de CICIG. No importa que huyan si el delito y las circunstancias no están enmarcados en los postulados legales que justifican la solicitud. El último de los aspectos se refiere al distanciamiento judicial de la política. Desde hace años, se ha intentado -y logrado- hace coincidir tiempos políticos con judiciales y muchos casos ven la luz en situaciones político-sociales particulares; la “coincidencia” ofrece una clara lectura del propósito. La justicia tiene que emprender su propia ruta y no dejarse influenciar por diputados inescrupulosos -con graves acusaciones penales- que manejan agencias de publicidad difamatorias, de mafiosos encarcelados en USA por lavado de dinero, de expresidenciables amañadores de postuladoras, de coreanos financistas de varios de ellos, de farfollas extremistas que encabezan organizaciones golpistas, de extorsionadores fitness receptores de coimas que burlan la cárcel los fines de semana o de sibilinos y oscuros exvicepresidenciables condenados judicialmente, entre otros activistas de la corruptela. 

El MP debe enfocarse en investigar eficazmente y con prontitud, en consolidar el despliegue municipal, la desjudicialización de casos, reducir la mora judicial, optimizar los recursos de que dispone y capacitar lo mejor posible al personal para asignarles los puestos en que mejor sirvan, pero no concurrir con la política ni pactar con intermediarios que la prostituyen y manipulan.

Y eso es posible porque la relación de poder cambia en determinados momentos en función del tiempo de duración de quienes están al frente de las instituciones. No hacerlo, además de éticamente reprobable, alimentará la polarización existente que no hace ningún bien al país, y generará situaciones de confrontación cada vez más virulentas, y de resultados imprevisibles. Las oportunidades están ahí para tomarlas, y cuando no se hace, se corre el riesgo de repetir errores, con el agregado de multiplicarlos por acumulación. Nada es eterno y una buena decisión a tiempo puede evitar grandes e imprevistos males a futuro.