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martes, 30 de marzo de 2010

Privilegios.

Vivimos -o sobrevivimos- en un país de privilegios y privilegiados. Individuos y grupos de interés exigiendo sus regalías. Empresarios de buses que reclaman exoneración de impuestos; que paguemos el resto, pero no ellos. Diputados que defienden el antejuicio para esconderse tras esa figura anacrónica y dilatar o seguir por años impunes a procesos penales e investigaciones. Circos que vetan otros espectáculos internacionales que les puedan hacer competencia en el interior del país. Adultos mayores que quieren viajar ¨gratis¨ en los transportes públicos urbanos, bueno eso si se lo permitieran los pilotos y la forma cuasi asesina de manejar. Los talacheros de la USAC, delinquiendo impunemente y extorsionando como les viene en gana, remarcan la ¨legalidad¨ fotografiándose junto con el vicepresidente (¿quién le aconseja D. Rafael, que tan mal le quiere?). Autoridades públicas, demandando paso preferente con vehículos repletos de guardaespaldas y sirenas ruidosas, se niegan a hacer la fila que muchas veces ellos mismos generan por su incompetencia al intervenir en el tráfico. Reclusos que disponen de plasma, microondas, comidas servidas de restaurantes de lujo o cuentan con visitas extraordinarias, cuando no celdas privilegiadas y otras exclusivas comodidades. Ciertas mujeres, defendiendo la ley contra el feminicidio que visualiza el 10% de los asesinatos e ignora el otro 90% ¿Por qué no reclaman igualdad y piden eliminar la pena de muerte o que sean ejecutadas al igual que los hombres en contra de la “discriminación” que contiene la constitución al excluirlas de la pena capital? Determinados empresarios que permiten, suscitan y consienten normas que les favorecen y dificultan al resto el acceso a ciertos mercados o promueven monopolios. Algunos promotores de TV que aceptan (¿o imponen?) decretos que les reducen los impuestos y exclusividad publicitaria en sus medios. Sindicalistas y maestros que toman edificios públicos para reclamar mayores salarios y, además, excluyen a padres y alumnos de cualquier toma de decisiones, asegurándose la exclusividad para seguir presionando. Farmacéuticos que se creen proveedores únicos y amañan licitaciones. ¨Pobres¨ que alentados por el gobierno de turno reciben limosnas y dádivas o usan los buses que fletan para llevarlos a la playa ¨gratis¨. Proveedores de magdalenas con fotos que nunca supimos quiénes son. Si toda esa fauna es consentida y permitida, ¿qué no harán los narcos, las mafias, los financistas políticos, Cohesión Social y otros grupos con mayor capacidad de presión?.
Esos colectivos, y muchos otros, terminan por apropiarse de las estructuras del Estado y ponen al frente de las instituciones a quienes les favorecerán en el futuro con exenciones, premios, donaciones, subvenciones o entregas directas y descaradas de dinero o privilegios. Y, ¿qué pasa? ¡Pues nada! El resto, terminamos pagando sus piñatas sonriendo o sin quejarnos lo suficiente. Los votamos, pero deberíamos botarlos. Tenemos una organización político-social anacrónica, estúpida y burlona que posibilita todo lo anterior y mucho más que se quedó en el tintero, como ciertas organizaciones de la sociedad civil, aparentemente piadosas, que buscan exactamente lo mismo. Todos sumados no pasan de algunos miles, sin embargo, los millones restantes padecemos la presión de aquellos. Ya sabe, hágase socio de algún grupúsculo explotador, promueva su propia organización para sumarse a las que ya joden suficiente o de una vez enfréntelos y comience a descubrir a todos los (las) caras duras y a quienes los (las) sostienen y promueven ¿Actor o espectador? Usted decide.

lunes, 22 de marzo de 2010

¿Qué hacer con Portillo?

Desde que México remitiera por correo urgente al huido ex presidente, el caso ha estado diariamente presente en los medios de comunicación. La pregunta que se hace la mayoría de los ciudadanos es: ¿qué pasará ahora con Portillo?, ¿qué se puede hacer?
La solicitud de extradición por parte de USA y la autorización positiva mexicana y nacional deja la pelota en el tejado político. La captura del ex ministro de finanzas de aquel gobierno y la presión que pudieran sentir algunos actores claves como la ex esposa y la hija del ex mandatario, entre otros, permite imaginar, para él y sus cómplices, escenarios preocupantes.
En este país, con alarmantes índices de criminalidad, el valor de sus vidas parece que va inexorablemente unido al de su silencio. La prolongada espera en cárceles nacionales llevaría aparejado el alto riesgo de una permanente sensación de vendetta o de fuga y siempre de trato privilegiado. Por otro lado, hay que valorar el futuro que le depararía la justicia norteamericana, dura y fría pero complaciente con los colaboradores. Si el gobierno decide no entregarlo, es presumible que el caso Portillo con toda su parafernalia termine siendo un importante lastre para la ya difícil gobernanza del país y para el desarrollo de las futuras elecciones, aunque para los que gustan de ambiente revuelto -y en este gobierno hay unos pocos- la estrambótica situación puede representar pingues beneficios para sus cuentas bancarias o las del partido. Recordemos que influyentes financistas y entusiastas del portillismo también lo fueron (y lo son) de la UNE. Incluso hubo un reconocimiento explicito a cierta persona de Oriente por el apoyo recibido para ganar las pasadas elecciones, lo que lleva a pensar en la posibilidad de un pacto para seguir manejando todo esto con bajo perfil y alta financiación, en espera de mejores tiempos y baja memoria ciudadana.
Otra posibilidad es que el gobierno decida extraditar al recluso y se quite los problemas de un solo. Ganaría mucho en imagen, voluntad de apoyo a la justicia y otros valores que necesita para revitalizarse, tal cual enfermo terminal. Sin embargo, se arriesgaría a que le retiraran el apoyo esos financistas en la sombra y a sufrir las represalias de aquellos viejos “amigos”. Algo más a agregar a este complejo rompecabezas, es que de confirmarse que alguno de los abogados que llevan el caso Portillo, también fue o es asesor gubernamental, se complicaría la solución final y la transparencia del caso, aunque frente a esas jugadas de escasa o nula limpieza ya estamos acostumbrados con la administración actual.
¿Qué hará el Gobierno?, es una buena pregunta que habría que estar haciéndose todos los días antes de que el tema se aletargue y sea opacado por el olvido, por los múltiples escándalos que todavía deben brotar o por las crisis que faltan por vivir en estos meses que restan para que volvamos a preocuparnos por procesos electorales.
Las investigaciones de la CIGIG serán clave, seguramente, para despejar algunas de esas dudas, sobre todo ahora que vemos una campaña de desprestigio cuestionándose la honestidad de la Comisión Internacional, a cargo de súbditos leales a aquel presidente que purga prisión por delitos muy diversos. Y es que cuando el patrón está encarcelado, preocupa mucho lo que pueda decir y como salpica peligrosamente a los demás.
Servido está el problema y pendiente la decisión que a fin de cuentas es más política que jurídica como todo lo que implica al derecho internacional. Veamos con qué nos sorprenden.

lunes, 15 de marzo de 2010

Buena policía y policías buenos

Estoy convencido, desde hace tiempo, que el modelo policial que tenemos es caso perdido y no sirve. Algunos de los que evidencian o se quejan de su mal funcionamiento fueron actores directos de esta debacle. A pesar de la corta e interesada memoria de este país, recordemos que ciertas ONG,s y organizaciones de la sociedad civil, todavía activas, dijeron cómo y qué se tenía que hacer en la PNC y hasta participaron en su diseño. Con sus opiniones, injerencias, presiones y proyectos financiados internacionalmente, se inmiscuyeron en algo de lo que dijeron entender para, actualmente, recoger estos tristes resultados. Tenemos un mal modelo policial y dudo mucho que sea recuperable, reformable o renovable, simplemente debe sustituirse por otro. Sin embargo, una mala policía no es sinónimo de policías malos.
Hace pocos días asesinaron a algunos de esos buenos agentes. Jóvenes entrenados que trabajaban eficientemente en una unidad de elite. Cada vez que asesinen a funcionarios honestos, algo no siempre aislado, debería promoverse una manifestación pública condenando esas actuaciones. Claro que a fin de cuentas son parte de las cifras y datos estadísticos de esas 18 personas que cada día ultiman. No se debe pensar ni admitir que todos los integrantes de la PNC son corruptos, inútiles o ineficientes. Entre ellos hay personas capaces, aptas, dedicadas, entregadas y con espíritu de servicio. Sin embargo, la dirección de la PNC, desde mandos superiores hasta el propio ministro, no se han preocupado suficientemente de lo principal: el elemento humano. No podemos tener una buena policía cuando trabajan 24 horas continuas que en ocasiones se amplían, carecen de dormitorios que permiten el adecuado descanso, no siempre hacen las tres comidas ni se las facilitan, tienen un destino lejos de casa, no cuentan con garantías jurídicas o con una proyección de carrera, entre otras muchas penurias. De nada sirven los buenos policías en una policía mala, cuyo sistema no funciona y el ser humano no es el centro de atención. Para quien ingresa de nuevo, el modelo de referencia es el de comisarios encarcelados por corrupción o acusados de crímenes de alto impacto, ministros huidos en busca y captura o directores y subdirectores fuera del país señalados por diversos delitos. Con ese historial, ¿qué esperar del actuar de los oficiales? No es posible en solo dos años nombrar a cinco ministros, otros tantos directores y decenas de comisarios que hoy dirigen y mañana están delante del juez o son buscados por delitos diversos ¿Qué referente es ese?
Se puede hacer un esfuerzo por comprender pero no es admisible gimotear durante el sepelio, recordar la gran labor que realizaban o consolar a sus viudas si faltan agallas para entrarle al toro por los cuernos y no se asume la responsabilidad en los nombramientos de autoridades señaladas de delinquir o en el diseño efectivo de planes de seguridad. Mas brío y decisión y menos suspiros y “lágrimas de cocodrilo” post mortem. Me viene al recuerdo aquella leyenda andaluza que cita a Muhammad XI, conocido como Boabdil el Chico, cuando al salir de Granada camino de su exilio y coronar una colina, volvió la cabeza para ver su ciudad por última vez y lloró al tiempo que su madre, la sultana Aixa, le decía: "llora como una mujer lo que no supiste defender como un hombre".
No dicen que hay que recordar y aprender de la historia. Pues pilas, ¡eso si es lección histórica y de la buena!

lunes, 8 de marzo de 2010

Pregón

En este país -también mío- de miedo y superchería, de tradición despótica y amenazante por quien se siente poderoso sobre el que estima lo es menos y del elocuente empleo de la detestable frase: “sabés quien soy”, es más difícil la vida cotidiana de las personas normales que generalmente son más honestas, íntegras y portadoras de valores que todos esos prepotentes.
Vine al país con Naciones Unidas para supervisar parte de los Acuerdos de Paz y decidí regresar dos años después. En casi diez años, no me sentí amenazado ni recibí directamente intimidación alguna. He sido tratado con respeto y amabilidad y salvo algún anónimo discrepante de lo que publico o manifiesto, redactado mas con el hígado que con la cabeza, nadie ha traspasado usualmente la amplia franja de la cortesía. En una ocasión, la secretaria de la esposa del actual Presidente, me envió una diferencia de opinión de aquella con un artículo mío, algo que acepté como critica aunque me sorprendió, y se lo hice saber, que me escribiera a mi correo electrónico privado que pocos conocen y que ella, por “azar del destino”, lo tenía en su agenda.
He notado mi teléfono burdamente intervenido en alguna ocasión; si me han seguido, nunca lo noté y al menos me han investigado dos veces, según me cuentan mis amigos. La primera, hará poco más de un año; la segunda, en estos días. No encontrarán nada que no fabriquen artificialmente. Pongan droga en mi vehículo, pero descarten vérmela comprar o utilizar; busquen vulnerabilidades y llenen el inventario con el excesivo consumo de café, el descomunal estrés o el desmesurado gusto por la paella; escudriñen bajo las piedras y frústrense en su inútil esfuerzo. ¡No vayan por ahí!, pierden tiempo y energía.
Tengo hijos maravillosos y alumnos extraordinarios, muchos de ellos tan chapines (o más) que quienes no gustan de mis opiniones directas y firmes, y no estoy dispuesto a que hereden un país fracasado y artificialmente destruido donde únicamente predominan los intereses de cierto sector de rufianes. Disfruto de decenas de amigos certificados, de los que no te traicionan. Rondan a mí alrededor algunos que no termino de definir y espero contar con un grupo de enemigos que equilibren esa balanza que todo ser humano debe tener. Ocasionalmente no gusta lo que digo e incluso llega a molestar, pero no me turba lo más mínimo. Los sabuesos peludos deben entender que mis principios no están a la venta ni se negocian y de una vez por todas desechar la presión como elemento que puede modificar un comportamiento que aseguro honesto y no mercenario como el de ellos. Seguiré llamando ladrón al que roba, inmoral al que estafa, criminal al que delinque y pusilánime o cobarde al que no asume su responsabilidad, no sabe ponerse en su sitio o no da la cara cuando debe. No esperen otra reacción de mí. Asumo y abandero el desafío de dejar este país mejor para mi prole y mi entorno y ningún manipulador, o todos juntos reunidos en conclave, podrá cambiar esa línea medular.
No prefiero morir de pie a vivir de rodillas. Antes bien, apuesto por vivir dignamente erguido y estoy dispuesto a permanecer y enfrentar la batalla como ciudadano con cédula, aunque no de origen. Y, a pesar de las reuniones secretas en Miami contra la libertad de expresión, voy a aportar mi granito de arena para cambiar este país. ¿Lo quieren más fuerte?, se puede hacer. Más claro, no es posible.

Calamidades y militares

ARTICULO NO PUBLICADO. INEDITO

En todos los países, cuando una catástrofe, natural o provocada, genera una grave situación de calamidad pública, se recurre a todas las instancias para que a través de la colaboración interinstitucional se coadyuve a superar la situación de crisis. En muchos lugares, son las fuerzas armadas, los ejércitos, quienes en última instancia y tras la declaración del correspondiente estado de alarma, excepción, calamidad o similar, toman el control de la zona, la aíslan y bajo el control de una autoridad civil o militar emprenden el proceso de reconstrucción. Varía, según el país.
El reciente terremoto en Chile no fue una excepción dentro del proceso descrito. Sin embargo, no todos los políticos están dispuestos a que sea el ejército quien asuma el control de la situación y lleve a cabo las actividades indicadas. En eso, tampoco Chile lo fue. El modelo exitoso chileno se puso en evidencia cuando no hubo voluntad política de declarar zona de emergencia sino después de pasadas muchas horas. Se quiso hacer una conducción política y se evitó el empleo de las fuerzas armadas que contaban con toda su capacidad instalada, con el último fin de evitarles protagonismo y no dar la impresión de que se gobernaba como en épocas pasadas. La dilación pudo ser la causa de ciertos problemas conexos, como que se escaparan unos 200 presos de una cárcel, la misma cantidad en otra y, además, la quemaran. También vimos en TV como un grupo de vándalos asaltaba un supermercado, lo que originó, del otro lado, la organización de patrullas de autodefensa como reacción al caos que se veía venir y en previsión de situaciones similares. A pesar de ello, el personal militar se fue enviando con cuentagotas. Los viejos resabios pudieron más que la responsabilidad de gobernar y lo dramático y urgente del momento.
Es lamentable que ciertas personas de un país que se tiene como referente de progreso y desarrollo, amén de otras virtudes y cualidades, no hayan superado ese estigma que imposibilita la concurrencia del esfuerzo necesario, especialmente en situaciones graves. La constante retórica de antagonismo con la que se narra el pasado en América Latina ha hecho, en este caso, que presos de sus propias palabras, sean incapaces de contar de inmediato con todo el potencial. A lo interno, las “circunstancias no superadas por algunos” producto del régimen militar, permitió la situación expuesta. Una cosa es la percepción externa que se tiene del presidente de cualquier país y otra, no siempre coincidente, la interna. Obama es el mejor ejemplo de ello. Bachelet se ha sumado al club y parece que fue la presión del presidente electo quien forzó la toma de algunas decisiones que tardaban en llegar. La capacidad de liderazgo se mide en momentos difíciles y en este caso, como en otros, la prensa y los militares terminaron por llegar donde los políticos no quieren, no se atreven o no saben.
La energía hay que reconducirla al presente, a la gestión política eficaz y eficiente y al futuro, pero parece que hay una dinámica extendida en la región por mirar atrás y dejar de ver hacia adelante. Lamentablemente el mejor referente no dio la talla deseada. Esperemos que el ejemplo sirva para superar barreras que algunos todavía apuntalan. Solidaridad con los chilenos, porque cualquier país está sujeto a catástrofes no previsibles. Lo que no es perdonable es que los sentimientos prevalezcan sobre la razón. A fin de cuentas quienes sufren o mueren no tienen la culpa de muchas cosas.

lunes, 1 de marzo de 2010

Antístenes y Diógenes

La salida del Ministro Argueta por desobedecer la sentencia de la CC de entregar la información completa de MIFAPRO, deja entrever cosas preocupantes ya evidenciadas. Bien por el poder judicial que hizo valer la orden, primera piedra de un Estado de Derecho, pero lastimoso el cinismo de quien declara: “cumpliré al pie de la letra la resolución emanada de la Corte”, cuando precisamente la destitución es producto de una transgresión manifiesta a un fallo de aquella. Queda más claro quién manda en este país, aun sin haber sido votada. Y si hay que sacrificar parte del gobierno no preocupa porque el fin último de quien ordena y dispone, es seguir con la manipulación y el nepotismo que maneja por encima de cualquier clima de legalidad, decencia, honestidad y principios básicos de democracia. La prueba: el Ministro entrante reiteró la entrega de datos de forma incompleta. Cada día se esmeran más por mentir o decir las verdades a medias que es mucho más peligroso y descarado.
Aprovechando el ruido, también salieron los Ministros de Agricultura y de Gobernación, ambos acusados de mal manejo de fondos públicos o convocatorias poco claras. Un escándalo ha servido para diluir otras ineptitudes, actitudes delictivas o crisis de Gobierno. En Educación, la firma del pacto con el magisterio es un imposible, porque no hay dinero para pagar lo prometido y eso será la punta de lanza para proseguir con el discurso del pacto fiscal. En Gobernación tendremos un ministro que veremos si promueve la información transparente o usa técnicas periodísticas para maquillarla que era la preocupación del poder real de este país. Lo de siempre: nula capacidad de generar políticas públicas en ninguna de las áreas de gobierno y continuar promoviendo fricción, además de no asumir responsabilidades ni reconocer el patente fracaso suficientemente constatado.
Seguimos con la estrategia regional de ignorar la división e igualdad de poderes que la teoría montesquiana implementó hace años y sobre la que se sustenta la democracia moderna que deseamos. El gobierno en la sombra no está dispuesto a acatar nada que no provenga de su propia cosecha. Venden entelequias como la transparencia y la honestidad cuando no están por la labor de cumplir mínimamente ni la una ni mucho menos la otra. Estamos al borde del bochinche porque la desobediencia a sentencias casadas y firmes o a leyes vigentes son práctica frecuente en alcaldías y ministerios. De eso a estar como en Honduras o Nicaragua no hay un abismo como el que los más optimistas auguran ni mucho menos el imposible que los soñadores proclaman.
Es lamentable que quienes debieran dar lecciones de legalidad se pasen esta por la bragadura. No tienen vergüenza para exigir ningún pacto fiscal ni reforma tributaria cuando todos los días salen escándalos documentados donde magistrados, diputados o personas del gobierno malogran fondos y aquí no pasa nada. Esos gestos requieren de medidas urgente y rápidas, entre ellas la manifestación continua de la indignidad publica, del inconformismo con ese tipo de actitudes, del rechazo de la prepotencia, del respeto a la justicia y de asumir, de una vez por todas, que o hacemos algo o no la van a terminar clavando mucho más que hasta la fecha. Hemos caído en un espacio donde el cinismo de algunos ha sobrepasado los límites de la más sufrible de las paciencias.
¿Qué le queda?. Bueno, puede llorar por más tiempo o ponerse de una vez los pantalones.

lunes, 22 de febrero de 2010

Carnaval, carnaval

Tanto bullicio y algarabía durante el tiempo de las comisiones de postulación y al constatar que se escurrió uno de esos que no dan la talla de honestidad que fue centro de debate y pilar para sacar a algunos del listado, no se oye el mínimo ruido que exige un sistema que no debería tolerar abusos, conductas inapropiadas, compras de pititangas o pastillas de refuerzo sexual.
La devolución obligada de una cierta cantidad de dinero ha sido suficiente para callar conciencias y zanjar un asunto que me resisto a cerrar, salvo que pisotee principios esenciales de vida. En una sociedad con valores, lo que hizo el presidente de la CSJ no es un tema que se pueda clausurar con un reintegro monetario. No he percibido una actitud digna de condena y rechazo público del comportamiento del magistrado en sus compañeros de Corte ni en las instituciones políticas que velan por el equilibrio de poderes necesario en democracia y, muchos menos y más preocupante, en la sociedad civil. Parece que nos ha pelado la actitud desafiante, impropia y hasta descarada del interfecto o tenemos mucho que callar. ¿Qué esperar con este proceder sino más de lo mismo?.
El uso inapropiado de fondos públicos, el malogro de tiempo de trabajo pagado por los contribuyentes y no asumir la responsabilidad de una actuación que desmerece el cargo que ocupa, es motivo suficiente, en cualquier país de esos que envidiamos, para exigirle la inmediata renuncia, por incauto o por truhán ¡Qué más da, afuera sin contemplaciones! Aquí, en cambio, algunos han aplaudido lo machote que fue; otros, han envidiado lo que hizo y algunos más han callado y aceptado, con su silencio cómplice, esa conducta improcedente. Luego querrán subir los impuestos ¡Que paradoja!
Somos una sociedad cobarde, conformista, acomodada y con muy poco espíritu de superación. Pareciera que demasiados esperan llegar a donde están los que no deberían para hacer lo mismo ¡Así no vamos a ningún lado! Los principios elementales se han perdido, no tenemos el coraje de señalar al que miente o actúa de forma deshonesta ni de enfrentar a quien despilfarra, roba o se aprovecha y abusa. El silencio y el miedo tejen un suéter que se pega a la piel, nos acompaña a diario y utilizamos para protegernos, sin darnos cuenta del daño que nos hacemos. Ellos son pocos y nosotros millones, pero han tenido la habilidad de acobardarnos y aceptamos el resultado sin batallar. Imploramos temerosamente a la CICIG, a la ONU, a la Comunidad Internacional y a otros, para que hagan lo que nosotros deberíamos asumir y no estamos dispuestos a enfrentar. Esa falta de carácter, esa forma de ser, guste o no oírla, impide progresar, cruzar la línea del éxito y nos ubica como los únicos culpables de heredar a nuestros hijos el resultado de nuestra ineptitud y pasividad, mientras alabamos y admiramos a quienes lo hacen pero sin aprender absolutamente nada de ellos.
En 2100, seguiremos quejándonos de los 600 años de conquista que es lo único que hemos hecho por años y extenderemos la mano para recibir la ayuda internacional correspondiente a la limosna del momento, en lugar de mirarnos desafiantemente al espejo y decirnos a nosotros mismos: ¡el culpable de todo lo que pasa eres únicamente tú! La mayoría de los tropiezos y la falta de prosperidad la permitimos con nuestra actitud negligente y descuidada. ¿Qué podemos esperar de nosotros mismos?. Ese debe ser el verdadero reto de cada día.
Vea este video y reflexione: http://www.youtube.com/watch?v=eppF4vcjb5E

lunes, 15 de febrero de 2010

Samba pa ti

Al poco de tomar posesión del cargo, el presidente de la CSJ se despachó con un viaje a Brasil del que no conocemos todos los detalles, ni los sabremos nunca. Según primeras declaraciones en prensa, se hizo acompañar de su asistente para que le ayudara a identificar lugares, evitar extraviarse y especialmente para que le indicara la puerta de embarque ¿Qué esperar de alguien que no puede subir a un avión porque no identifica la puerta de abordaje?. Afortunadamente su asistente estaba allí: ¡señor juez, por favor, “gate number 5!, lo que le permitió al magistrado tomar el aparato correcto y no volar a Indonesia o Katmandú. La eficaz colaboradora no lo fue tanto cuando olvidó decirle que la reunión no era para que él asistiera, sino para los coordinadores, algo que estaba en la convocatoria y en la agenda que parece nunca leyeron. ¡Una pena!, tanto preparativo en pro del deber y resulta que no tenía que haber ido. ¡He ahí la sacrificada y ardua vida del cargo público!.
La reunión, con viaje incluido, duraba 5 o 6 días pero la insigne autoridad y su secretaria se tomaron ¿con dinero público? cuatro más de vacaciones para descansar, tal y como declaró posteriormente, en vista de que ya llevaba casi dos extenuados meses en el cargo,. ¿Qué trabajo de apoyo haría la señorita durante ese tiempo de asueto? Y es que eso de tener que identificar las gates en el idioma de Shakespeare o asistir a reuniones en las que no hay nada que hacer, les produjo un enorme estrés que únicamente desapareció con alguna caipirinha o al ritmo sabrosón de la samba. Y ¿quién mejor que la asistente para indicarle al magistrado como pedir una reconfortante hamaca o una exótica bebida?. Todo, por supuesto, en perfecto portugués, otra de las lenguas que parece maneja la eficiente ayudante. “Magistrado póngase un su poquito de suns cream in his bald. ¡Huy! sorry, “protector solar en su calvita”, olvidé que you don’t speak English, ¡que tonta!. Ah, y no se me fatigue que pronto hay que volar a Dominicana y Montevideo y ya hizo mucho esfuerzo. Luego no le queda energía para regañarle a Castresana que dice que todo está hecho un pequeño desastre en la justicia.
No tengo muy claro si el hecho se puede calificar de cara dura consolidada, delincuencia común desorganizada o desvergüenza manifiesta y descarada. En cualquier país del mundo, medianamente decente, lo habrían sacado desde qué se conocieron los hechos. Aquí solamente se discute y se cuestiona, todavía, si debe de devolver el dinero que parece cobró de más. El presidente del alto organismo judicial tiene un concepto de la honorabilidad que da risa, cuando no pena y tristeza. El futuro de la justicia en el país, con alguien que actúa de esa forma, va peor de lo que el Comisionado de la CIGIG le indicó en su momento. Debería, por honestidad, honradez, pudor, decencia, dignidad, compostura y vergüenza, pero sobre todo por dejar en su lugar el nombre de la justicia, dimitir y salir corriendo de un puesto para el que dudo que cuente, no con la capacidad técnica, pero si con otros valores fundamentales que requiere el ejercicio del Derecho y la actividad pública ¿Para qué tanta comisión de postulación y sociedad civil supervisando el proceso de selección si el rey Momo se terminó colando?. Que diga lo que quiera, justifique el engaño y declare cuanto desee. Sencillamente, se peló.

lunes, 8 de febrero de 2010

Perpetuos

Uno de los grandes defectos de estos políticos nuestros es que cuando llegan al poder creen que esa temporalidad es eterna. Sienten que será para toda la vida e incluso muchos lo intentan. Eternizarse es su objetivo, pero también la idea que les permea el cerebro cada vez que piensan o actúan.
El mejor ejemplo está ahora en prisión. Durante su mandato permitió sacar vehículos llenos de dinero del CHN sin ruborizarse, descaradamente, con la impunidad del poder y la inconsciencia de no aceptar que termina y que en algún momento le pedirían cuentas. Hoy, no solo llora sus penas en prisión, sino que algunos de los que le acompañaron en aquella aventura expoliadora se encuentran también procesados, huidos, pasaron por el mismo lugar donde está recluido el ex presidente Portillo o son compañeros suyos de patio de recreo.
Este gobierno, el que ahora tenemos, comienza a pecar de lo mismo. Demostradamente inútil para la planificación y la ejecución exitosa de cualquier política pública que no sea el desaguisado de Cohesión Social, suma cadáveres cada día sin que a la fecha se haya implementado ningún plan mínimamente exitoso; no acomete el mantenimiento ni la mejora de la infraestructura del país y cuando algo hace, resulta que la empresa contratada no lo ejecuta correctamente y aparecen nuevamente los hoyos; proclama a voces la transparencia, mientras los diferentes ministerios, por decreto, ocultan información por años y no entregan la que se le pide; desaparece armamento de bases militares al menos en dos ocasiones, nos enteramos a destiempo y no nadie en prisión por ello, si bien luego con esas armas que deberían defendernos, nos matan y agreden o aparecen en manos del crimen organizado; distribuyen magdalenas con la foto amorosa de la pareja, desaparecen el contrato del portal web y si te he visto no me acuerdo; reparten discrecionalmente millones que detraen de presupuestos aprobados para diversos ministerios y no informan de los destinatarios, camuflando interesada y maliciosamente la información; favorecen a financistas con contratos farmacéuticos que impide el acceso a las medicinas a muchas familias porque los monopolios artificiales que promueven las encarecen diez veces más que cualquier consulta médica; abogan por una educación gratuita y de calidad, mientras los maestros se le revelan y las escuelas literalmente se caen con el viento, cuando no deben impartirse clases en cualquier descampado o en el suelo; destituyen y cambian cargos que no le son fieles a sus exigencias y promueven la opacidad; gastan millones en propaganda para hacernos ver lo que no hay forma de mirar; promueven reformas fiscales para contar con más recursos que ni son capaces de manejar eficientemente ni terminan por incidir en ninguna política pública y el presidente es el que mayor salario cobra de toda América latina. Falta, eso sí, que un día se escapen todos los presos de cualquier prisión, nos sorprendan con otro jueves negro, algo que ya han intentado en alguna ocasión o hundan el país en un caos mayor.
Suponen que serán eternos para seguir haciendo lo que quieren -como otros lo creyeron- y no son conscientes de que un día la justicia, cuando regrese de Brasil con la secretaria, les pedirá cuentas y es posible que al igual que aquel otro, que hoy se lamenta en prisión, terminen por acompañarlo. Aunque la copresidente declara que las críticas “le vienen del norte”, hay que recordarle que de ahí también vienen las órdenes de extradición y lo importante. ¿Puede haber más perversión?. ¡Por supuesto que sí!.

lunes, 1 de febrero de 2010

Pollitos en fuga

En octubre de 2008 apareció sorpresivamente -con la publicidad propia de una estrella de Hollywood- el ex presidente-matón. Pretendió convencernos de que se había entregado y regresaba voluntariamente porque quería ser juzgado en este país “al que ama”. Para el juez, la voluntariedad de la entrega fue sustancial argumento que justificó la concesión de la libertad condicional que disfrutaba. De no haber sido así, hubiese procedido no dejarlo libre, ya que era prófugo de la justicia por segunda vez y no mostraba voluntad alguna de colaborar. Sin embargo, resulta ahora que el fugitivo sí fue extraditado de México y sus abogados se amparan en ello para evitar que lo pasaporten a USA. La razón que antes justificó la libertad, es ahora una sinrazón para sostener la no extradición al país del norte. Toda una obra de ingeniería jurídico-política que únicamente se ajusta a un sistema político-judicial tan maleable como el que impera por estos lugares. Al parecer aquí los jueces se conforman con el pollo mientras los gringos tienen los huevos, especialmente el fiscal Bharara, ¡cosas del TLC, supongo!.
El gallito de pelea, travestido en gallina de corral, espera que las “autoridades” decidan qué hacer. Mientras, descarada e impunemente, acondiciona su celda como apartamento privado: microondas, TV, DVD y otros utensilios que le envían sus amigos, entre ellos el diputado del bigotito, aquel bajito que con la cara cobardemente cubierta, animaba a las huestes para que con palos y objetos incendiarios atacasen a las personas decentes durante la impune y criminal jornada del jueves negro. Muchos se alegran de que Quique el gavilán esté enjaulado, aunque sea lujosa jaula de periquita australiana, pero pocos se sienten culpables por haberlo votado. Recordemos que llegó al poder elegido por una mayoría de ciudadanos que conocían su trayectoria de charlatán, matón de pueblo y prófugo de la justicia. Aun así, lo votaron. ¿Habrá servido de lección o en las próximas elecciones corremos el riesgo de votar por otro/a candidato/a con similar perfil y aptitudes para después lamentarnos de nuestra irresponsable actuación?.
La elección de autoridades políticas es mucho más seria que un simple día sin alcohol en el que debemos hacer fila en la escuelita de turno y marcar una papeleta. Se trata del futuro de todos, de la seguridad y de la justicia, de la gestión de nuestros recursos, del futuro de nuestras propiedades, de destruir la metástasis de la corrupción y de no aguantar a diario actitudes prepotentes y discursos amañados de planificadores y “defensores del pueblo” o de vengadores de la historia, cuando no sabedores de todo o irresponsable manifiestos.
Aprendamos de la experiencia y meditemos sobre que esperar de quienes se niegan a dar información de cómo dilapidan el dinero público; de aquellos que promueven marchas y manifestaciones bajo presión o con exigencia de intereses muy particulares y no siempre claros; de los que se asocian con mafiosos, narcos, criminales y cuadrillas parecidas o no hacen nada por reducir la violencia; de quienes negocian a cualquier precio privilegios o benefician a sus financistas y de los que viven del gobierno, en lugar de vivir para gobernar. Esos descarados son los que han quedado evidenciados, al igual que sus viles intenciones, sus descerebrados propósitos y toda una suerte de malas mañas. Pensemos sobre ello, en lugar de regocijarnos por tener al plumífero prófugo entre rejas, algo que no creo dure mucho, y decidamos qué debemos hacer para no volver a errar de semejante forma.