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lunes, 13 de enero de 2020

14 de Enero: día de la esperanza nacional


El nuevo gobierno cuenta con un crédito corto, pero suficiente, y deberá adoptar medidas contundentes

Hoy es un día en el que cada cuatro años repetimos sensaciones y emociones moteadas por la desilusión del tiempo perdido. El proceso de cambio presidencial se produce con menos fe -si todavía queda- y con reducida dosis de esperanza en la medida que posteriormente nos desilusionamos con las nuevas autoridades políticas. Una especie de efecto repetitivo, de repitencia escolar por superar ese curso que se nos complica y que pareciera no haber forma de aprobarlo.
El ciudadano chapín puede tener muchos defectos, pero la virtud de la esperanza, ese estado anímico optimista en que una persona espera un resultado favorable a su causa, la tiene más desarrollada que la mayoría de las habitantes del planeta. En todas las tomas de posesión se resalta el momento histórico que se vive y la oportunidad para generar cambios políticos, económicos y sociales en el país. Y es verdad, aunque más tarde nada de eso ocurre.
Me desilusioné con muchos gobernantes, pero admito que fue Pérez Molina quien más desazón me produjo porque lo creí capaz de hacer las cosas diferentes, y ahora Jimmy Morales que desaprovechó la mejor oportunidad histórica de este país -en su era democrática- para asentar bases suficientes de progreso. Sin embargo, perdió el tiempo y retrocedió sensiblemente ¡Cuatro años desaprovechados! Le dimos poder y supimos cómo era.
Comienza hoy una nueva andadura y debo reconocer lo que creo que son virtudes de Alejandro Giammattei y de su Vicepresidente Guillermo Castillo. Hay capacidad, ideas claras e intención manifiesta de hacer cambios radicales. Nada es perfecto, pero admito un alto grado de sentido común en muchas de las propuestas del binomio y confío en que se den pequeños pero necesarios pasos. No obstante, y creo que es un sentimiento compartido con muchos, hemos sido golpeados con el desengaño en múltiples ocasiones y todo lo anterior se cubre de un barniz de prudencia que nos hacer ser más cautos que en otros momentos.
De lo que no se puede volver atrás es de la ola de cambios que se desató en el país hace un lustro. Cada vez es más difícil robar, corromper, cobras coimas o hacer fullerías, aunque se siguen haciendo, y comienzo a respirar un ligero olor a decencia que todavía sabe a poco pero que progresivamente se instala en el ambiente. Muchas sociedades han atravesado momentos como estos y fueron capaces de superarlos. Aquí no somos tan diferentes y debemos comenzar a construir nuestro futuro.
El nuevo gobierno cuenta con un crédito corto, pero suficiente, y deberá adoptar medidas contundentes contra ciertas formas anómalas de proceder, así como tomar decisiones que no serán fáciles pero que son necesarias. Acometer con fuerza y constancia dos o tres proyectos por año: Ley servicio civil, ordenamientos servicio exterior, LEPP, modificación del sistema de justicia o hacer eficientes los ministerios de salud y educación, entre otros, es necesario porque “quien mucho abarca poco aprieta” y flaco favor harían al país -y a ellos mismos- si no son capaces de emprender los cambios necesarios.
Con la nueva administración la anterior saldrá de toda preeminencia pública, prioridad en el tráfico, portada en los medios y privilegios y pasará a la historia como una de las más incapaces, con alta desaprobación y una deuda social enorme. Un relevo más que da paso a la ilusión y a la esperanza y dibuja, aunque sea en nebulosa, un horizonte posible de futuro a medio plazo. Esperemos que los pocos niveles de tolerancia no disminuyan con los años por venir pero de momento la esperanza prima.

lunes, 6 de enero de 2020

Corrupto, inútil e incompetente.

Un Presidente corrupto que se apoyó en delincuentes bajo el paraguas del partido FCN que lo llevó al poder

En una semana, el gobierno más inútil e incompetente de la era democrática guatemalteca -¡y mira que hay candidatos!- terminará sus funciones. Tomo un párrafo de noticias de la BBC que se puede completar y apenas condensa el necesario desahogo que muchos necesitamos sobre la sensación que se tiene a solo siete días de que ¡por fin! se vayan: Ha habido gobernantes homicidas, como Nerón o Gengis Kan; incompetentes, como Eduardo II de Inglaterra (1284-1327); completamente indignos de confianza, como Carlos I de Inglaterra y Escocia (ejecutado en 1649); o amables pero inadecuados, como Luis XVI, el último rey de Francia, o Nicolás II, el último zar de Rusia. [Aquí sus apreciaciones sobre Jimmy Morales]
Cuando se elige a un mal comediante como gobernante -y a un vicepresidente compinche y holgazán- es normal que las cosas tengan un final dramático. Con aquel lema de “ni corrupto ni ladrón” embaucó a muchos que lo percibieron la opción menos mal del momento. Sin embargo, no prestaron atención a cómo la RAE define parte de su lema electoral: Corrupto. Que se deja o ha dejado sobornar, pervertir o viciar. 
Un Presidente corrupto que se apoyó en delincuentes -algunos prófugos- bajo el paraguas del partido FCN que lo llevó al poder, y que durante la legislatura se ha asociado a lo peor de la clase política ¡Solo hay que ver a quienes designaron de candidatos a la Presidencia en las pasadas elecciones! Un corrompido que recibió por varios meses -hasta que los medios de comunicación lo evidenciaron- un sobresueldo del Ministerio de la Defensa, a pesar de ser uno de los mandatarios mejor pagados del mundo. Un inmoral que se dejó comprar lentes caras de marca y otras frivolidades con fondo asignados a la SAAS y que de no ser por los medios de comunicación -nuevamente- jamás nos hubiésemos enterado. Un perfecto protervo que permitió que un general acusado de parricidio continuara al frente de una unidad militar porque es hermano de uno de sus principales asesores. Un absoluto licencioso que dejó que el servicio exterior guatemalteco se llenase de indeseables, negados, ineptos o manicuras porque pagó favores a diferentes personajes que le adularon sus torpes acciones. Un incompetente que ridiculizó al país con el intento de compra de aviones Pampa III o apocadamente esconde lo que firmo con USA sobre tercer país seguro…. En definitiva: alguien con nula capacidad política, escasísimo sentido de la razón y arbitrario quehacer que ha atorado el país económica, política y socialmente.
Ha hundido más de lo que estaba el país de nuestros hijos, pero también de los suyos, ¡que no se le olvide!, y no ha evitado la muerte de muchas personas por su corruptela e inacción. No vuelva a decir que no es corrupto porque ahora sabe cómo se define esa palabra. Sin embargo, la culpa no es suya. El mundo está lleno de incapaces como usted, pero también de otros que creen que alguien así les va a resolver sus problemas, y estúpidamente lo votan. Mucha gente lo eligió y ahora debemos asumir las consecuencias de los errores, y no volver a cometerlos.
Usted es una de las peores cosas que le ha podido pasar a este país y a su juventud ¡Vaya con Dios!, y aunque se refugie temporal y cobardemente en el PARLACEN, encontrará seguramente detrás de usted a la justicia durante el resto de sus días que serán suficientes para darse cuenta del daño que ha hecho, y pagar las consecuencias de utilizar un traje le que quedó enorme.

lunes, 30 de diciembre de 2019

Cuerpos que venden, redes que compran

La frivolidad para vender publicidad se ha convertido en algo permitido, poco criticado y foco de atención y trabajo

Llevo tiempo siguiendo en redes el particular e interesado uso de ciertos perfiles por parte de personas que se ofrecen como influyentes. La interacción más intensa se produce entre mujeres atractivas y anónimos perfiles masculinos que utilizan la compasión, la adulación o el cortejo directo. Ellas, las influencers, sabedoras de que fotografías en ropa ligera y con foco de atención en los senos atrae a innumerables desesperados, las utilizan sin pudor para el fin perseguido: conseguir muchos likes. Son las estadísticas que presentarán posteriormente a quien pague por el espacio para promocionar productos de ropa interior, deportiva, cremas y otros que pueden mostrarse en esas particulares condiciones de visualización corporal porque si se muestran más recatadas y con menos descoco, apenas reciben algún comentario o se marca significativamente la diferencia respecto de aquellas otras en los que el bikini, la transparencia o la ropa corta son el centro de la imagen. Además, para mantener la atención constante de sus seguidores, los despiertan o mandan a dormir, con lemas como: “buenos días -o buenas noches- mis amores” o “un beso amigo”, más la correspondiente sonrisa y expresivo emoticono.
La frivolidad para vender publicidad se ha convertido en algo permitido, poco criticado y foco de atención y trabajo para un elevado número de mujeres, y muy escasos hombres. Cuando son ellos quienes ponen su fornido torso o el six-pack muscular -en ocasiones más doble litro- suelen recibir críticas relacionadas con sus preferencias sexuales y no cuentan normalmente con los adeptos suficientes para ser contratados como difusores de bienes y servicios que se acoplen a ese tipo de propaganda.
Entiendo que cada quién tiene la libertad de hacer las cosas como considere, y ciertas empresas anunciarse así, justamente en el ejercicio libre de sus derechos. Sin embargo, me parece que hay un juego permitido que se lleva a cabo en un fino espacio entre lo deontológico, lo ético y lo erótico y merece ser presentado, analizado y debatido por cuanto no deja de promover actitudes que son criticadas en otras ocasiones y espacios, pero permitidas, sin embargo, en redes sociales.
De entrada creo que provoca y fomenta ese machismo condenado en otros comportamientos y actitudes. Quien ligera de ropa se presenta con un “disfruta la vida” está queriendo generar deliberadamente respuestas, actitudes, comentarios e interacciones justamente en ese indefinido espacio que, cuando se sobrepasa, molesta y se rechaza. No es de recibo provocar dinámicas perversas pero exigir que no pasen el límite que, por cierto, no está fijado; como tampoco es de recibo que la excitación justifique la agresión o el abuso. Nos desplazamos a ambos lados de una la línea fina sin saber muy bien en qué lugar estamos en cada instante.
En el fondo, lo que persiguen quienes así actúan es contar con muchos seguidores y vender su perfil para promover e “influenciar” a determinados sectores. Los seguidores, por su parte, se suscriben y cuentan con imágenes gratuitas y gratificantes de su particular erotismo y con un espacio para explayarse con comentarios de todo tipo. Lo que nunca me quedó claro es que ganan quienes ahí se anuncian y cómo pueden convencerse de que un grupo de coquetas, seguidas por otro más numeroso de desesperados, promueven eficazmente lo que anuncian, cuando la interacción realmente se produce por otras cuestiones. Supongo que deberé seguir con la observación para ver si consigo entenderlo en algún momento.
Por cierto feliz 2020, a solamente catorce días -¡apenas dos semanas!- para que finalice el peor gobierno de la era democrática de este país.

lunes, 23 de diciembre de 2019

Nostalgia: "ser y estar" en Navidad

“Estamos”, pero no “somos” y se pasa por alto una triste realidad que desconocemos sin implicarnos en ella

Siempre me gustó esa agudeza del idioma español que cuenta con dos verbos: ser y estar, para lo que otros idiomas emplean uno solo: être o to be. De ahí que sea difícil para muchos que no dominan la lengua de Cervantes distinguir cuando se “es” y cuando se “está”. Ser, implica fusión con el entorno, formar parte de algo de forma sustantiva, integrada, plena. Estar, por su parte, no pasa de posicionar a alguien sin que necesariamente se funda con cuanto lo rodea y lo tome como propio, incluso puede que el entorno le pase desapercibido. Sutilezas semánticas que lejos de ser intrascendentes tienen enorme implicación cuando se usan apropiadamente para expresarse con precisión ¿Qué harán francófonos y anglófonos para superar tal vacío?
Hoy que es Nochebuena recuerdo -con cierta melancolía- cómo se vivía más intensamente la Navidad cuando era pequeño. Se “era” Navidad porque se formaba parte del ambiente, del entorno. Hacíamos belenes o se montaba el arbolito como cada quien entendía y podía porque no siempre se disponía de materiales apropiados. Visitábamos a amigos y familiares e íbamos engordando en la medida que se engullían mazapanes y mantecados, algo propio de esas fechas porque no estaban disponibles el resto del año. Esperábamos con ilusión el pavo navideño que en muchos hogares era la única vez que se asomaba a la cocina de gente humilde -como era mi casa- y cantábamos villancicos con panderetas y carracas porque, además de la radio, no había otra distracción. Más tarde, llegó la televisión, y con un único canal que terminaba a medianoche, aumentó el jolgorio festivo de esos días especiales.
Nunca tiempos pasados fueron mejores, pero son los que uno recuerda. Ahora que estamos en Navidad, muchos se quedan en ese verbo y situación. Viajes, diversiones, convivios, licor…, y vivimos el entorno sin darnos cuenta de lo que nos rodea. “Estamos”, pero no “somos” y se pasa por alto una triste realidad que desconocemos sin implicarnos en ella. Decenas de niños mueren de hambre a nuestro alrededor y cientos de niñas violadas en estos días quedan embarazadas, por no contar el centenar largo de asesinados. Llenamos las iglesias de cánticos, posadas, loas, plegarias y besa pies de la imagen de Jesús niño, pero al terminar la ceremonia evidenciamos ese divorcio entre fe y vida que Juan Pablo II censuró. Y es que cuando “estamos” únicamente formamos parte del decorado. Si “fuésemos”, seguramente viviríamos la realidad, tomaríamos conciencia y nos dolería todo lo que ocurre que además es perfectamente evitable. Los niños se mueren porque el sistema -del que formamos parte- no los atiende; la niñas son violadas porque el sistema -que construimos- no educa, disuade ni actúa; se comenten homicidios porque el sistema -que no cambiamos- genera enorme impunidad.
Yo quisiera retornar unos minutos al pasado, aquel en el que felices y dichoso, con alma cándida de niño o de joven, caminábamos varias cuadras a buscar almendras o castañas calentitas, para sonreír sin importar lo que pasara. Pero cada época tiene sus notas particulares y no hay que dejar de vivirla y disfrutarla aunque no es tarde para ese necesario llamado de atención sobre la falta de visibilidad de un entorno que ha dejado de doler, si es que alguna vez lo hizo, y la necesidad de fijarse metas de cambio en cosas que no son ideológicas ni de sectores específicos. Superar la pobreza, cuidar a la niñez y el respeto a la vida, son cuestiones generales en las que deberíamos estar todos de acuerdo. 
Dicho eso, muy Feliz Navidad para todos.

lunes, 16 de diciembre de 2019

Parasitosis del movimiento feminista

Las antiheteropatriarcales se han impuesto a los grupos feministas a través de la violencia y el odio feroz al macho heterosexual

Siempre entendí el movimiento feminista como un necesario reclamo de derechos de la mujer olvidados por siglos e ignorados por una significativa mayoría de hombres, y también de otras mujeres. Una exigencia que había que evidenciar porque desde la ley Sálica -que impedía al acceso al trono de mujeres- hasta la sujeción marital, estaban absolutamente desenfocadas y fuera de contexto y de razón. Y fue así como el reclamo de igualdad de derechos y oportunidades fue liderando las reivindicaciones sociales en el transcurso del siglo XX y en el actual. Una de las muchas “deudas históricas” de la civilización. Pero los tiempos están raros, complicados, perdimos la razón y la estupidez se ha empoderado de tal manera que cada vez es más difícil establecer una línea clara que separe cordura de locura.
Todo movimiento -el feminista no es excepción- corre el riesgo de ser parasitado en beneficio de otras causas. En este caso, la corriente de las antiheteropatriarcales (AHP) ha terminado por ser más visible que aquel. Una suerte de gritonas violentas que se han ido manifestando por diferentes lugares y generado una imagen frívola pero también amenazante. La inexistente palabra “heteropatriarcal” aclara de qué se trata. Se puede luchar contra los patriarcas, entendidos como aquellos que dirigen e imponen normas sociales o de comportamiento, aunque en ese caso se ignoren las sociedades matriarcales -escasas, eso sí- que suelen desempeñar el mismo papel, pero rechazar lo “hetero” es una categórica soplapollez. 
Existe una corriente político-ideológica que es el motor de quienes integran o apoyan a los grupos AHP. Posiblemente gusten de un mundo unisexual, homosexual o asexuado, con comportamientos similares a los que Orwell esbozó en 1984, y que se persiga y castigue las relaciones afectivas que crean vínculos “peligrosos” y dan continuidad a un mundo en el que se sienten excluidas o incómodas. Lo peor de todo, a mi parecer, es que las AHP se han impuesto a los grupos feministas a través de la violencia y el odio feroz al macho heterosexual -cualquiera que sea este o el lugar en que habite- y son más visibles, insidiosas e influyentes. Han conformado una clan de “femimachis” y modulado un lenguaje y comportamiento similares a los que critican y desdeñan. Además, han generado una sensación social de que hay que perseguir a cualquier hombre que contacte a una mujer y más allá del natural rechazo y condena a la violación o al abuso -algo que queda fuera de todo comentario- persiguen cualquier conducta afectiva que se pueda dar entre dos personas, siempre que sean mujer y hombre heterosexuales, porque de otras conductas desconozco críticas y condenas a pesar de que existe el acoso y el abuso en esas relaciones.
El problema para las AHP son las amistades heterosexuales y afectivas que promueven un modelo heterosexual, es decir aquel que aglutina a la inmensa mayoría de seres humanos y, bajo finas capas de camuflaje, parasitan otros movimientos que les permiten promover vectores de interés que se incorporan a diversos marcos legales. Entiendo, en un modelo democrático y de libertad, la conformación de dichos grupos pero rechazo que no se presenten como lo que son realmente y tengan que esconder o enmascarar sus acciones.
Puede o no estar de acuerdo con lo dicho o dedicarse a insultar a quien así lo presenta, otra de las técnicas de las AHP: la descalificación sistemática y el señalamiento de machistas a quienes hacen -hacemos- críticas a sus reclamos, pero en bien del debate, de la claridad y de la razón perdida: ¡esto se tenía que decir y se dijo! 

lunes, 9 de diciembre de 2019

Bukele, China y las redes sociales


Juvenal nunca intuyó que su famoso “panem et circenses” llegaría al siglo XXI de esta pintoresca forma.


Que el Presidente Bukele es una “mago de las redes” está fuera de duda. Un tuitero milenia que sabe como encandilar al ciudadano moderno, más pendiente de lo inmediato que active sus emociones que de reflexionar algunos minutos, lo que seguramente le cobrará el futuro.
Vivimos una época de políticos tuitero-populistas que, aunque con modos diferentes, pretenden -y consiguen- el mismo fin: llamar poderosamente la atención. El pionero fue Trump, pero luego se subieron al carro mediático-festivo Bolsonaro, López Obrador, Bukele y más recientemente Evo Morales, o nuestra estrella nacional: Neto Bran. Saben que el ciudadano promedio dedica a pensar un tiempo similar al que utiliza para cepillarse los dientes, y el resto son emociones que se pueden manejar. De esa cuenta, se despide a funcionarios por Twitter, se explica la salida del país de foros internacionales en el Facebook o el impeachment se conoce a través del Instagram. Juvenal nunca intuyó que su famoso “panem et circenses” llegaría al siglo XXI de esta pintoresca forma.
Es así como el Presidente de El Salvador anunció su colaboración con China y mostró algunos ofrecimientos del país asiático que contribuirán “al desarrollo y al progreso social”, famosa frase que gusta a no importa qué político. Sus seguidores -y tiene 1,2 millones- entran en éxtasis y aplauden los logros políticos de su líder a la vez que refutan cualquier argumento de sus oponentes. En definitiva, gustan reconocer y considerar cómo un país comunista -¡si, de esos que se imponen autoritariamente a sus ciudadanos!- termina por doblarle el codo a uno de los “pulgarcitos del mundo” con ofertas tales como edificarles un estadio o una biblioteca con grandes ventanales ¡Oh maravilla!, tanto repetir lo del plato de lentejas entre Esaú y Jacob y dos milenios después lo único que cambio fue la legumbre por llamativas y modernas construcciones.
China es una dictadura comunista, a ver si terminamos de entender las cosas. Justamente uno de esos regímenes que la mayoría de gobernantes rechazan por antidemocráticos, aunque solamente, y al parecer, durante la campaña electoral. Los mismos que imponen a sus ciudadanos normas medievales o salarios de miseria, además de un fiel adoctrinamiento. Gobiernos que matan a disidentes previos juicios sumarísimos sin ninguna garantía de ley o les dicen cuantos hijos tener o qué hacer con los “sobrantes”. Estados que cierran sus fronteras y crean una prisión llena de habitantes a quienes presionan, imponen y conducen. En definitiva, una especie de genocidio político consentido del que no gusta hablar desde el de la revolución rusa que exterminó a 20 o 30 millones de personas, cifra aún sin definir, lamentablemente. De la China, se sabrá en su momento, quizá allá por 2100 al ritmo que vamos.
Es curioso como progres que se autoproclamados socialdemócratas y antineoliberales, resulta que argumentan justamente el poder económico chino como referente para negociar. No entienden que a un mercado de 1,500 millones de habitantes no le interesa para nada un país pequeño de apenas 6 millones  de los que un tercio son migrantes en  USA, además de no tener capacidad de producción masiva. Lo que China busca es un espacio geopolítico que le sirva para confrontar a los EE.UU., como antes lo hizo la URSS -analicemos aquella Europa del Este- y así lograr un posicionamiento geoestratégico ventajoso, con base militar incluida. Cuando los tuiteros salvadoreños se enteren -o quizá sus hijos o nietos- no habrá mucho qué hacer como ocurre en otros países latinoamericanos y especialmente africanos.
Pero bueno, igual suben esto al Twitter para que los apasionados le den “like” o se encabronen ¡Vivan las redes y las emociones!

lunes, 2 de diciembre de 2019

La tragedia del atropello de las niñas

¿Justicia para quién?, es la pregunta ha hacerse ¿Para ese concepto abstracto de sociedad que todo lo justifica? 

La condena a 26 años de Jabes Meda, un joven que atropelló a unas estudiantes -mató a una e hirió a otras cuatro- ha suscitado opiniones diversas sobre la justicia, la venganza, el sistema legal y cuestiones relacionadas.
El MP solicitó 90 años y todavía 5 más -95 en total- la acusación particular promovida por una ONG; el tribunal impuso 26 años al no encontrar dolo en la actuación del encartado. En redes, demasiados manifestaron que Jabes se debería haber quedado de por vida en prisión; los menos, que la condena estuviese acorde con parámetros menos apegados a venganza o emotividad que a razón. Las familias de las víctimas habían negociado -y recibido- cierta cantidad de dinero con la que teóricamente quedaban “satisfechas” sus expectativas de reparación; la persecución pública, sin embargo, atendía más a razones legales y normadas que a procesos de diálogo, arbitraje y negociación. Y así se fue el caso Jabes, sin que realmente haya tenido, en mi opinión, el impacto deseado ni el pertinente debate jurídico.
Considero que la esencia de la discusión -ausente- se sustenta en varios pilares. Uno de ellos es si hubo dolo o culpa -marcada intención o simplemente negligencia- y el tribunal dejó claro que fue lo segundo: una imprudencia que podía haberse evitado, lo que representa el soporte de la condena posterior. Pero hay otros factores, algunos como el señalamiento del fervor religioso del joven o el porqué estaban allí las alumnas cuando deberían estar en el colegio, que solamente  agregan pasión a la discusión; y otros que si deben ser tenidos en cuenta. Una sociedad que pide a gritos justicia debe plantearse un debate serio sobre qué entiende por eso que solicita insistentemente. Para algunos sistemas y propuestas, la reparación adecuada del daño es justamente la justicia que se solicita y, en este caso, guste o no, la familia se “conformó” con una indemnización ofrecida por el ofensor ¡Es delito de acción pública!, gritan algunos, y justifican que el Estado, independientemente de la compensación recibida y de la conformidad de los ofendidos, continúe persiguiendo al agresor ¿Justicia para quién?, es la pregunta pertinente ¿Para ese concepto abstracto de sociedad que todo lo justifica? ¿Persecución pública para satisfacer qué interés en concreto? Pero así está en la ley y el positivismo jurídico de los litigantes no pasa de esa estricta interpretación normativa ¡Es natural!, la facultades de Derecho de este país gradúan a licenciados en ciencias jurídicas y sociales, abogados y notarios, en vez de filósofos jurídicos capaces de analizar, comprender y reflexionar sobre cómo debe ser la justicia en una sociedad moderna. 
Demasiado tecnócratas para aplicar normas con puntos y comas que cambian o desaparecen con el tiempo, y muy pocos filósofos del Derecho que realmente tengan la capacidad de hacer converger el pensamiento propio y el de otros destacados juristas. De esa cuanta, se discute la norma como pilar inamovible y no la filosofía como elemento dinamizador ¡Claro que así nos va! El caso Jabes debería ser un punto de inflexión -como lo han sido otros- para reflexionar si, atendiendo a los hechos, 90 años de cárcel a un joven es “justicia”. 
Algunos me dicen: ¿y que dirías si fuese tu hija?, y les contesto: ¿qué harías tu si fueses el papá de Jabes? En todo caso hay una respuesta más sería fuera de esa nadería: cuando no existe “el velo de la ignorancia” que promueve John Rawls, es muy difícil hacer normas ¿Qué quién es ese y qué es eso?  Justamente ahí está la clave: la mayoría de abogados del país no lo ha leído.

lunes, 25 de noviembre de 2019

“Otrismo”: la normalización de la miseria

El otro no tiene el mismo espacio que uno y se le recuerda con excesiva frecuencia, con actitud imperturbable, cuando no arrogante

Desde que Octavio Paz me acercara al concepto de otredad, cada vez estoy más seguro que desconocer al otro tiene al país patas arriba. “El otrismo” es mucho peor que el racismo, el machismo o el sexismo, porque termina por ignorar a todos, indistintamente de particularizar raza, etnia, sexo, genero o cualquier otro aspecto. Viene a ser la negación absoluta del ser humano -más allá del “yo”- y crea ese imaginario espacio de vacío social en el que nadie existe, salvo uno mismo.
Como es un contrasentido la vida social unitaria, terminamos por crear grupos que incluyen a esos otros que real o inconscientemente desplazamos a virtuales cajas del olvido. El lenguaje coloquial tiene variados ejemplos cuando se habla de “los aquellos”, “nuestra gente” o esos ignorantes a quienes hay que organizarles la vida porque “son incapaces” o “no pueden” tomar decisiones informadas y propias. Evidentemente, de todos esos grupos escapan quienes los organizan, y quedan aislados y fuera de ese imaginario guacal.
Ignoramos al otro cuando paseamos en el centro comercial seguidos de la niñera uniformada que empuja el carro del bebé que más parece suyo que nuestro; al servir la ración de comida que deben ingerir las personas que realizan un trabajo doméstico en la casa pero que en modo alguno comen lo mismo que nosotros ni mucho menos en idéntica cantidad; cuando se utiliza la mesa de al lado para sentar a niños y sirvientes en una especie de club infantil ajeno a la auténtica reunión familiar que se celebra o al descargar el peso de la conciencia entregando tiernamente la comida que nos sobró a un pobre en los semáforos o en la calle, en lugar de invitarlo a comer a nuestro lado. El otro no tiene el mismo espacio que uno y se le recuerda con excesiva frecuencia, pero sobre todo con actitud imperturbable, cuando no arrogante ¿Recuerdan aquella que no quería bajar la vista y regalaba champurradas? Pues eso.
La indiferencia llega al punto de aceptar centenas de muertes homicidas al año sin mover un solo dedo o peor aún, ignorar que miles de niños mueren o se estancan en su crecimiento por desnutrición, además de las menores de edad que anualmente quedan embarazadas por violaciones atribuibles, en su mayoría, a personas cercanas. En las encuestas publicadas aparecen problemas como la inseguridad, la falta de empleo, el rechazo a los políticos o la poca fe en las instituciones públicas, pero de la desnutrición crónica y aguda o de las niñas-mamás no verá referencias de opinión o preocupación social. Simplemente el problema no existe para el ciudadano, aunque sean decenas de miles de casos.
¿Dejadez, despreocupación, alto nivel de tolerancia, habitualidad…? Quizá de todo un poco, y en todos, porque no es un tema de clases sociales ya que el mismo comportamiento se observa por doquier. El otro simplemente no es igual que uno, y eso genera una diferencia sustantiva que, consciente o inconscientemente, manifestamos a diario al ignorar lo que la falta de empatía no asume.
El colmo mayor es que las iglesias se llenan todos los fines de semana, se hacen ruidosas loas a Dios y se da piadosamente la paz al prójimo. Se canta al amor, se practica la caridad, se ensalza la compasión e incluso esporádicamente se pueden observar atisbos de indignación, pero a la salida del culto se continúa ignorando al otro mientras miramos el suelo o al ombligo para no ver más allá de unos centímetros de cada cual.
“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”, creo que fueron parte de Sus últimas palabras.

lunes, 18 de noviembre de 2019

Fabricantes de impunidad

El narcotráfico y el crimen organizado tienen a muchos en sus nóminas y es evidente que les sirven con devoción

Todo ciudadano mayor de 40 debería asistir obligatoriamente, dos veces al año y durante un fin de semana, a una reunión para reflexionar y debatir sobre qué país deja a sus hijos. La brutal catarsis requeriría, seguramente, intenso apoyo psicológico durante los siguientes días, pero estimularía a evitar que por dejadez, miedo o “falta de tiempo”, las cosas sigan como están.
Quedan pocas dudas de que el sistema político actual es un desastre. No hay derecho que en pleno siglo XXI el “liderazgo” nacional haya estado representado por Sinibaldi, Baldizón, Barquín, Baldetti, Pérez Molina o Sandra Torres, entre otras joyas de la corona; todos ellos condenados o procesados por graves delitos. De no haber sido por CICIG y los USA, alguno de ellos sería Presidente y muy probablemente otro estaría electo y pendiente de asumir el poder en un par de meses. Si eso lo hubiese pronosticado un Walter Mercado allá por 1850, o incluso un siglo después, los intelectuales de la época se hubiesen descojonado ¡Para que usted vea!
La realidad, sin embargo, es otra. Tanto el Ejecutivo como el Legislativo, se han convertido en una eficiente fábrica de ilegalidades, y promueven y aprueban normas que salvan la cara a delincuentes y crean espacios de impunidad para los integrantes de ese club de amigos de Alí Babá que es el Congreso de la República, pero también el gobierno de la nación. Unos “honorables” que dejaron la ética a un lado en su más tierna infancia y que lo mejor que han hecho desde entonces ha sido gastar el dinero público en propio beneficio o triangularlo para que termine en sus bolsillos o en los de sus financistas. El narcotráfico y el crimen organizado tienen a muchos de ellos en sus nóminas y es evidente que les sirven con devoción.
El poder judicial tampoco se ha quedado rezagado de esa carrera por la corruptela. Jueces y magistrados salen a menudo a la palestra por tomar decisiones que desbaratan el poco Estado de Derecho existente o resuelven contra todo principio de lógica jurídica. El positivismo, el amiguismo y las mañas, son pilares sobre los que edifican demasiados abogados en el país, lo que genera sustanciales fortunas en determinados bufetes pero impunidad en la mayoría del país ¡Otro desastre!
Algunos que dicen no robar “un centavo al pueblo”, no logran comprender que no ser corrupto ni ladrón, no significa únicamente no robar sino que también incluye no recibir dinero del ministerio de la Defensa, no aceptar lentes de marca cara, mentitas, flores, joyas o licor, comprados por la SAAS o mantener en el cargo a ministros o generales corruptos o perseguidos por la justicia. En definitiva, el analfabetismo político impide comprender lo más elemental y como el papel todo lo aguanta, elaboran discursos grandilocuentes que serían reprobados en cualquier clase de bachillerato por madurez.
Sin embargo, como no se organiza esa reunión indicada el inicio, el ciudadano sigue en la nubes o perdido en la selva diaria del tráfico sin darse cuenta que dentro de unos años es probable que nuestros hijos terminen reclamándonos lo pasivos, dejados y apáticos que fuimos. Vamos, que faltaron bemoles para enfrentar una situación que vista desde fuera, causa asombro porque es difícil nombrar a algún político en los últimos treinta años que se salve de la hoguera.
¡Yo se de uno!, me dice un cuate, y puede que lleve razón, así que le contesto: “Dime entonces dos”, y  entonces me mira cabizbajo y descompuesto y me invita a tomar algo para superar la desazón y llorar las penas juntos.