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lunes, 7 de octubre de 2024

Las hojas que no dejaron ver el bosque

Quedó claro que el partido SEMILLA sólo cuenta con alrededor de 55 votos lo que deja una ajustada mayoría cualificada de 105 a la oposición

Tanto la selección como la elección de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, tuvieron una fijación sobre ciertos aspirantes. En análisis y debates era frecuente exponer que “lo importante era que no pasaran los afines al MP”, y se logró, porque ninguno entró. Esa fijación, especialmente por el partido oficialista y sus aliados en medios y redes, hizo que se desenfocaran en el proceso de elección y, finalmente, ingresaran alrededor de diez magistrados -de los 13- con cuestionamientos, y apadrinamientos de los habituales: rey del tenis, los Alejos -Gustavo y Felipe-, Gálvez y los habituales de la mafias en la judicatura.

Después del conformismo de las comisiones de postulación, cuyo mensaje fue: “elegimos lo mejor en las condiciones existentes, ahora le toca al Congreso”, la batalla de los pactos y la fijación contra el magistrado afín al MP, concentró la atención e hizo perder el equilibrio.

Se pudieron ver pactos entre todos, incluido SEMILLA-UNE; ceder espacios a magistrados muy cuestionados en beneficio de ingresar otros afines, y ese largo etcétera que representa una elección política -nada de judicial- para dejar claro de qué lado queda la prostituida y desajustada balanza de la justica, porque nada que ver por establecer un sistema neutral y técnico, como debería ser.

Varios diputados declaraban contar con la mayoría necesaria, pero se inició la votación cuando todos estaban convencidos de que ganarían, de lo contrario seguirían entrampados. Finalmente 10 de los electos cuentan con graves cuestionamientos y tres de los 13 actuales han sido reelegidos, a pesar de las críticas sobre sus pasadas resoluciones. Quedó claro que el partido SEMILLA sólo cuenta con alrededor de 55 votos cuando ellos y sus aliados se unen contra algo, lo que deja una ajustada mayoría cualificada de 105 a la oposición, algo a considerar para la votación del presupuesto 2025, la elección de mesa directiva en el Congreso, las leyes que quedan por votar y el pendiente antejuicio presidencial.

Además, y aunque se pregonó lo contrario, el partido más fragmentado en las votaciones de los 13 magistrados fue SEMILLA. El resto, aun con votos no unificados, presentaron porcentajes muchos menores en su división interna. En SEMILLA llego al 50% en las votaciones de los magistrados Galicia y Cifuentes, lo que no se observa en otro partido ¿Fueron engañados?, ¿Hubo libertad de voto? ¿Los convencieron? ¿Hubo dinero de por medio? Son algunas de las preguntas que hacen quienes no alcanzan a entender aquel partido unificado y unido que decían tener.

El descontento, a pesar de la condescendencia de ciertos medios y analistas con esta administración, se pudo ver rápidamente en redes sociales a través de los comentarios de personas que están fuera del país y que mostraron su contundente rechazo a esta nueva corte, al considerar que no es diferente a la actual. El propio Presidente Arévalo tuiteó sobre la responsabilidad de cada diputado por lo que hizo con su voto, y otros personajes fueron mucho más contundentes y críticos con el resultado, aunque quieran aceitarlo con suaves declaraciones.

Se demostró quien tiene el poder en el país y aquellos otros que no harán nada para que las cosas cambien, por más que digan que quieren cambiarlas. El MP quedará, ahora, subordinado a la nueva CSJ que lo está a su vez al Congreso y a los oscuros personajes que tradicionalmente dirigen la marimba nacional. Se elegirá una futura CC que integrará a parte de los magistrados actuales, y se esperará un 2026 sin sorpresa que agiten las aguas más de lo debió. 

Todo cambia para que nada cambie, en esta repetición habitual de la historia nacional.

lunes, 30 de septiembre de 2024

El PARLACEN, Rusia y el partido SEMILLA

Y mientras eso ocurría, el Presidente Arévalo, en su gusto y disfrute por la diplomacia más que por el Ejecutivo, se distraía por New York y alrededores 

Muy tangencialmente se conoció el ingreso de la Federación rusa en el PARLACEN. La propuesta, sorpresiva para la mayoría de los diputados, se presentó por la comisión de relaciones exteriores presidida por Manuela Alvarado, diputada del partido SEMILLA. La iniciativa habría sido del diputado Guillermo Daniel Ortega Reyes, un sandinista operador de la dupla dictatorial nicaragüense, y fue operada con apoyo de parlamentarios de aquel país, pero también de este. Poco más de un año después del ingreso de China en el mismo organismo, lo hace Rusia y en compensación -porque nada es gratis-, Nicaragua firma compromisos de cooperación “con iniciativas relacionadas con la modernización de infraestructura, el intercambio cultural y educativo; así como el fortalecimiento de la cooperación en áreas de seguridad regional y energía sostenible”.

Si en la década de los sesenta la crisis de los misiles de Cuba, y la posterior proyección del comunismo hacía Centroamérica desde la isla, fue una estrategia de penetración, ahora sólo es necesario pactar con Nicaragua -seguramente más adelante con Honduras- para desde ahí incidir en los USA. Una suerte de sustitución exitosa del hard power por el soft power que se torna mucho más eficiente y rentable.

Y eso ocurre con la colaboración especial de la diputada Alvarado y del también diputado de SEMILLA Ruddy Girón, un lobo con piel de oveja colaborador del criminal confeso “Pirulo” que posteriormente fue denunciado y vilipendiado por aquel (cría cuervos…). Girón tuiteó a favor de lo que hizo la diputada Alvarado y afirmó que “SEMILLA no votó la propuesta”, lo que nunca desmintió la diputada Alvarado en radio ConCriterio, y que no es posible comprobar porque el voto en el PARLACEN es secreto. Parece ser que tampoco lo creyó Alessandro Mecca -asesor del gobierno- quien tuiteó: “El partido y este gobierno somos los primeros molestos con esto. Es una desviación inaceptable de la línea del partido y del Ministerio de Exteriores en materia de política exterior”.  

Y mientras el Presidente Arévalo, en su gusto y disfrute por la diplomacia más que por el Ejecutivo, se distraía por New York y alrededores entrevistandose con Biden y Zelensky y apostando discursivamente por la paz, “sus” diputados daban luz verde al ingreso de la Duma rusa en el PARLACEN. El canciller guatemalteco tampoco fue consultado, y la política exterior nacional se ve manchada por esa actitud de los semilleros parlamentarios de quienes, por cierto, el gobierno no ha dicho nada, con un silencio que muestra irresponsabilidad más que corresponsalía, pero también incapacidad y falta de control del partido y de sus integrantes. En la votación, los diputados de El Salvador se apartaron, con un silencio preocupante -o cómplice- mientras otros nacionales y hondureños permitían el dictamen favorable.

Seguramente los norteamericanos -despistados hasta que salta la liebre- tomarán nota de estas “lealtades” guatemaltecas que añade a las dos dictaduras antagónicas a USA un espacio en el parlamento,  y que ya cuentan con un centro de monitoreo satelital y con acuerdos entre medios y periodistas en la región, para promover información afín o manipulada. Un sutil y estratégico golpe al tablero de ajedrez norteamericano que sufre el acoso permanente de esas potencias y que pareciera no darle respuesta la actual administración demócrata, dirigida por alguien que apenas recuerda su nombre. 

Circunscritos al ámbito nacional, sería de esperar una postura del gobierno, pero me temo que nuevamente el Presidente saldrá de viaje, esta vez para departir con autoritarios y dictadores latinoamericanos invitados por la presidente electa de México a su toma de posesión.

¡Parece que lo que florece es la ideología radical!


lunes, 23 de septiembre de 2024

La indolencia como fenómeno nacional

Somos una sociedad indolente, es decir despreocupada, indiferente y apática. No solemos levantar las posaderas, y muchos menos mover los pies

La inteligencia artificial, útil para muchas cosas, define la indolencia como “la cualidad de ser indolente, es decir, perezoso, flojo, abandonado, apático, despreocupado, o indiferente. También puede significar un hábito de pereza, especialmente cuando se trata de evitar el trabajo” ¿Le suenan los términos cuando mira a su alrededor? Pues a mi si, y me convencen.

Somos una sociedad indolente, es decir despreocupada, indiferente y apática. No solemos levantar las posaderas, y muchos menos mover los pies, a pesar de que nos abusen permanentemente, pero siempre esperamos que venga alguien que lo haga por nosotros. Nos habituamos a padecer no importa que encarnizamiento, con la estoicidad propia del conformista; del cobarde le denominarían algunos.

Para compensar tan practicada costumbre solemos quejarnos con frecuencia, pero siempre de forma prudente, vaya a ser que alguien nos escuche y háganos pagar tal osadía. Así que en círculos íntimos, de amigos, familiares o después de que don Baco se cebe con nosotros, son momentos en los que la sensatez suele aparecer momentáneamente, aunque con efecto poco duradero.

No nos inmutamos muchos por los casi tres mil homicidios anuales, los más de sesenta mil -¡oyó bien!- embarazos de madres adolescentes hasta 19 años -casi 2,300 de menores de 14 años-, la enorme cantidad de accidentes de tráfico que consume una sustancial parte del presupuesto de salud pública, la falta de internet en la inmensa mayoría de las escuelas públicas del país -más de 20,000- o los socavones que encuentra usted y las llantas y amortiguadores de su vehículo, tanto en carreteras como en la ciudad.

Eso sí, somos buenos para quejarnos -siempre con la discreción antes apuntada- por las dos horas de tráfico para llegar al trabajo y de las otras dos para regresar a casa, y sin pestañear olvidamos que votamos a los mismos alcaldes que descuajeringaron el transporte público, que por cierto era malísimo. Ahora, la escasez de autobuses ha hecho que aparezcan los “taxis piratas”, muchos de ellos controlados por las maras, y en los que se viola, abusa y roba. También solemos lamentarnos -con cautela- de los abusadores motoristas que circulan sin luces, entre los vehículos o por las aceras, pero cerramos bien las ventanillas y no nos atrevemos a censurar su comportamiento, esperando, como es habitual, a que otro lo haga y corrija lo que uno no es capaz de hacer por prudencia, o cobardía. Es posible que don Jorge Manrique tuviera alguna vida anterior por estos lares, particularmente antes de escribir “Coplas por la muerte de su padre”, porque el verso en el que indica: “…contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando…”, es difícil que lo hubiera escrito sin esta triste experiencia de la indolencia social que practicamos.

Repetimos, continua y contumazmente, a los mismos políticos, a quienes elegimos sin compasión propia. Permitimos idéntico chapuz en la selección y posterior designación de jueces y magistrados, y cada cuatro años practicamos nuestros dos minutos del odio, pero mucho más discretamente que en la propuesta orweliana ¡Ni eso lo hacemos bien!

Supongo que para compensar celebramos ruidosamente el mes de la independencia, seguido por el de la revolución. De ahí a Navidad, un pequeño paso que nos hace terminar el año para comenzar diseñando una lista de intenciones incumplibles que nos lleve a otro periodo de tiempo en el que es muy probable, como marca la historia, que no hagamos nada por cambiar, justamente por la indolencia.

Y es que la libertad conlleva acción y la consecuente responsabilidad de los actos, y me da que no estamos dispuesto a lo segundo.


lunes, 16 de septiembre de 2024

Sperisen y la “justicia” suiza

Suiza es el país que ha enjuiciado cuatro veces al exdirector de la PNC, Edwin Sperisen, lo que llama poderosamente la atención al profundizar en el caso

Suiza es la cuna de la Cruz Roja Internacional fundada para paliar los horrores de la guerra, especialmente con los heridos, y promotora de los Convenios de Ginebra que regulan el Derecho Internacional Humanitario. El país europeo es conocido por su neutralidad en los conflictos bélicos, y es referente internacional de pacifismo, orden, justicia y derechos humanos.

Sin embargo, también Suiza es el país que ha enjuiciado cuatro veces al exdirector de la PNC, Edwin Sperisen -por hechos cometidos en Guatemala-, lo que llama poderosamente la atención al profundizar en el caso. En el primero de los juicios fue condenado a cadena perpetua -como autor directo- sentencia anulada posteriormente por el Tribunal Federal. En el segundo, se le condenó a prisión de por vida por la corte de apelación, y fue nuevamente anulado por el Tribunal Federal. En el tercero, sentenciado a 15 años -aunque no se le declaró siquiera coautor-, también se anuló la resolución judicial por falta de imparcialidad de la presidenta del tribunal de justicia de Ginebra, a raíz de la sentencia emitida por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos que considero “que el demandante podía temer razonablemente que el juez tuviera una idea preconcebida sobre su culpabilidad”. La cuarta vista inició el pasado 2 del presente mes y en pocos días fue condenado a 14 años, sin testimonios nuevos y con participación de jueces contaminados en procesos anteriores. La sentencia parece ser una “solución salomónica” para evitar, seguramente, el pago de la indemnización solicitada por el afectado al gobierno, y que no tenga que volver a prisión. Las sentencias fueron publicitadas en su momento como un éxito de CICIG, aunque posteriormente -después de las correspondientes anulaciones- tuvieron escasa difusión mediática, a pesar de ser catalogadas por medios internacionales como una vergüenza judicial. No es para menos: mismo error en tres ocasiones, y eso sucedía en Suiza “paraíso de los derechos humanos y paladín de la justicia”.

Detrás de todo este embrollo una ONG -TRIAL International- y algunos de sus socios, integrantes o simpatizantes: fiscales y jueces que, directa o indirectamente, construyen su “prestigio” internacional por medio del ofrecimiento de logros judiciales en los países en que actúan, y así consiguen financiamiento. Nada nuevo ni diferente para quienes, desde hace tiempo, analizamos el funcionamiento de mercenarios internacionales que lucran y se afaman consiguiendo condenas en sus respectivos países, sin importar realmente la justicia ¿Recuerda el juicio por genocidio aquí?, pues eso.

Y aunque se encargaron de difundir suficientes prejuicios sobre el caso, e independientemente de que considere al imputado culpable o inocente, es inconcebible que un país “altamente desarrollado” se “equivoque” en tres ocasiones al impartir justicia, lo que ha evidenciado el tribunal europeo; la cuarta parece ser más de lo mismo, y en unos meses veremos el resultado. Además -y esto agrega mucho- han mantenido en prisión a una persona por años, consumiendo vida, espíritu y entorno ¿Es eso lo que se esperaría de Suiza? El contraste lo ponen las absoluciones de quienes, al igual que él, fueron acusados en Austria y España, dos países en los que no se puede decir que la justicia no cuenta con suficiente grado de credibilidad.

El caso Sperisen evidencia la realidad de una justicia politizada por grupos de poder en forma de ONGs, y la cantidad de influencias que mueven, además del dinero que facturan. Cuestionamos mucho a los políticos, y con toda razón, pero cada vez hay más certeza de que el poder judicial padece la misma miseria de la corrupción que los otros dos, eso sí con una barniz legal que lo disimula.

lunes, 9 de septiembre de 2024

Vergüenza internacional

El mundo está de cabeza y la vergüenza de los políticos - perdida hace tiempo-, ha sido reemplazada por la picaresca más burda y descarada

Lo que sucede en Venezuela no es más que el reflejo de una realpolik que los propios políticos no terminan de aceptar públicamente. Se llena las bocas de condenas, rechazos, señalamientos, pero finalmente negocian con dictaduras como China, Venezuela, Nicaragua o Cuba y oxigenan a los autoritarios con concesiones o pierden el tiempo con eso tan políticamente correcto de “buscar soluciones para la salida a la crisis”, que no es otra cosa que dilatar el tiempo para normalizar la situación. Así ha ocurrido en Cuba por más de 60 años y ya supera la veintena en Venezuela.

Los extremistas de izquierda como Lula, Obrador o Petro se encogen de hombros y con su hipócrita actitud permiten que el enfermo de Maduro continúe asesinando, aunque esos hijos de mala madre actúan como aquellos otros que cierran los ojos ante el aborto y el asesinato de no nacidos. Es el empleo del neolenguaje de forma interesada para justificar la barbaridad de turno. Los más hábiles, como el presidente del gobierno español, por intermediación de alguien que debería ser procesado por tribunales internacionales, como es el asesor venezolano Zapatero, asilan al presidente electo y legítimo, y lo publicita como un logro, cuando deberían de haberlo hecho con el dictador.

La extrema izquierda, consentida por muchos medios de comunicación social, sigue haciendo destrozo humanos en el mundo, mientras es aplaudida por grupos de analfabetas que viven de migajas en forma de becas, ayudas, subvenciones, ONGs o apoyos sociales, en lugar de trabajar y asumir riesgos y responsabilidades.  Es difícil bajar de ese burro al ciudadano -no menos bestia- del siglo XXI que introduce su cabeza en el mismo agujero que ya lo hicieran sus antepasados del siglo XX, aquellos que permitieron con su conducta dos guerras mundiales.

No sé qué necesita el mundo -además de muchas más educación, capacidad de análisis y menos redes sociales- para aprender de la historia y de sucesos recién pasados. No entiendo la tozudez y falta de criterio de no pocos que siguen defendiendo a monstruos de la categoría de Ortega Murillo o su esposa, una suerte de dupla de delincuentes, de violadores que campan a sus anchas en una Centroamérica desecha. Se me escapa la sagacidad de unos USA, interventores hasta la médula en la Guerra Fría, que ignoran o no aciertan con la debacle que se avecina en este espacio geopolítico de interés estratégico para ellos.

El mundo está de cabeza y la vergüenza de los políticos -perdida hace tiempo- ha sido reemplazada por la picaresca más burda y descarada. La región se llena de populistas y dictadores: Bukele, Murillo, Xiomara Castro, López Obrador, Maduro, Lula, Petro, Diaz-Canel, todos ellos aceptados en la comunidad internacional a pesar de no contar con parámetros mínimos de demócratas. Tampoco escapa el Papá que parece apostar más por la actitud de Pio XII que por la de Juan Pablo II, y otorga mientras calla.

Las civilizaciones tienden a su fin, como ha ocurrido con muchas a lo largo de los tiempos, y justamente inician con esa pérdida de valores éticos, de respeto a los demás y de principios generales convivencia. No es nada nuevo que no se haya visto antes, y esta ignorancia supina del siglo XXI, nos conduce aceleradamente y de nuevo a que dentro de algunos siglos nos vean como torpes del pasado que no supieron leer los tiempos.

Pensamos que lo tenemos todo, y resulta que cada vez tenemos menos de lo esencial. Quizá nos sobra tecnología pero hay que desarrollar mucho más la razón, a fin de cuentas lo que nos diferencia de los animales.


lunes, 2 de septiembre de 2024

En el mes de la Independencia

Es evidente que nos despegamos burocráticamente de un imperio del otro lado, pero seguimos encadenados a otro más cercano y a nosotros mismos

Max, mi perro, está en casa sin collar. Quiero que se siente libre, cómodo, sin ataduras. Sin embargo, nada más abrir la puerta de la casa, busca afanosamente la cuerda de la que “se” atará para sus paseos diarios, y se prende a ella con la boca. No gusta ni sabe, salir a la calle sin estar amarrado, con la seguridad -o la dependencia- de que en el otro extremo estoy yo. Max desconoce lo que es ser libre, pero lo más interesante del asunto es que no le importa y parece preferir estar encadenado a alguien que diariamente le proporciona la comida y el agua, lo baña, cuida, desparasita, educa, vela por su salud, da un hogar y le busca el mejor entorno de vida. Max se siente feliz en su Estado del bienestar perruno y lo refleja con saltos y carantoñas cuando entro en la casa -desconozco si de alegría o de agradecimiento- porque creo que percibe que mientras me vea disfrutará de esas ventajas.

El ser humano, a diferencia de Max,  puede elegir, discernir, pensar y asumir la responsabilidad que conlleva una decisión libre, y las implicaciones que tiene. Decidir es arriesgar, y no todos estamos preparados para hacerlo ni mucho menos para aceptar las consecuencias, de ahí que sea tan popular promover el aborto, un asesinato tras la equivocación de dos actores libres. Da la sensación, cada vez más, de que hay gente que prefiere la seguridad de algo que la libertad de conseguirlo. El problema es que “ese algo” no siempre es lo que uno desea, y aumenta cada día persiguiendo un horizonte infinito e imposible satisfacer. 

Conmemoramos este año uno más de “Independencia”, cuando realmente somos más dependientes que nunca. Es evidente que nos despegamos burocráticamente de un imperio del otro lado, pero seguimos encadenados a otro más cercano y a nosotros mismos, lo que no es mucho mejor. No fuimos ni somos -veremos si en el futuro cambia- capaces de autogestionarnos como sociedad porque ello requiere sacrificio, honestidad, decencia, ética, capacidad, valor y acción responsable, y durante estos doscientos y pico años no se ha construido mucho, o incluso se ha destruido lo que pudo haber habido.

Si los conquistadores vencieron fue porque aprovecharon un mundo dividido en el que algunos querían aniquilar a sus vecinos, y únicamente hubo que ponerlos de acuerdo y dirigirlos a la batalla. Hoy -al igual que entonces- la polarización existente no buscar un consenso para una mejor gobernanza -cuento chino ya muy trillado-, sino como dominar al grupo contrario. Artimañas sobran por doquier, pero también mala leche y falta de ética, como se ha demostrado en estos últimos años de mi corta memoria histórica.

Lo curioso -que suele coincidir con lo facilón- es que aprendimos aquello de “echarle la culpa a otros”, y lo convertimos en el deporte nacional ¡Siempre son los otros! Aquellos que son comprados a la hora de votar, o “mi gente” que no sabe hacer las cosas o “el indio”, como el gran Asturias reflejara en sus tesis de graduación. No importa, siempre hay un “chairo” o uno del “pacto de corruptos” que es culpable.

De aquella “Independencia” nos quedamos solamente con la “pendencia”, en cualquiera de sus acepciones de la RAE, porque todavía queda mucho por construir, aunque creo que no seremos capaces de hacerlo. Así que, frente a la incapacidad, inventamos el positivismo enfermo para justificar cómo haremos “ahorita” lo que desplazamos diariamente, a pesar de que debimos haberlo hecho el día anterior. 

Voy a pasear a Max, al menos él es consecuente con lo que hace.

lunes, 26 de agosto de 2024

La extrema izquierda no existe

La dictadura cubana, la nicaragüense y la venezolana, son de izquierdas -de extrema izquierda- por más que se silencien lo términos dictadura y extrema izquierda

El reciente proceso electoral en Venezuela ha puesto de manifiesto lo que la mayoría de los medios, periodistas y analistas se niegan en reconocer: la postura extremista de Lula, Petro y López Obrador, con relación al fraude electoral venezolano, que evidencia cómo el Grupo de Puebla y el Foro de Sao Paulo son parte del apoyo y sustento a esa extrema izquierda que hiere y deja morir periódicamente a millones de ciudadanos de ciertos países latinoamericanos.

La dictadura cubana, la nicaragüense y la venezolana, son de izquierdas -de extrema izquierda- por más que se silencie los términos dictadura y extrema izquierda. Es vergonzoso como algunos medios de comunicación tachan abiertamente de extrema derecha a Milei o Trump, pero son incapaces de hablar de dictaduras, autoritarismos o extremismos radicales de izquierda, que es exactamente lo que representan aquellos gobiernos.

El neolenguaje y lo políticamente correcto, terminan por imponer un discurso amañado, ideologizado y manipulador que normaliza las dictaduras del continente -como la cubana, después de 65 años- y permiten que tiranos asesinos, como Maduro y su grupo de delincuentes, continúen consolidando el poder por medio de la violencia y la imposición más descarada.

Es realmente vergonzoso que presidentes como el colombiano, el brasileño o el mexicano no se hayan expresado con la contundencia y claridad con la que lo hizo el chileno Boric, y exijan claramente, sin modelos forzados de negociación, que se respeten los resultados electorales que el régimen se niega a mostrar para evitar reconocer el fraude.

Las dictaduras únicamente pueden existir porque hay países que las consienten y no las condenan, como ha sido el caso de la criminal cubana, la no menos delirante nicaragüense y la más reciente venezolana. Las “sanciones” de medias tintas, como son esas insulsas de la UE o de los USA y la “búsqueda de soluciones alternativas” que proponen quienes no tienen el coraje de condenar al dictador, aunque se vendan como defensores de derechos humanos, hacen posible que esos criminales de la política permanezcan en el cargo por décadas y asesinen o lleven a la pobreza a millones de ciudadanos.

Vivimos en un mundo hipócrita en el que ciertos políticos de extrema izquierda son igualmente culpables de los crímenes que comenten los autoritarios. Hay que dejar de ser “prudentes” y señalar -como lo han hecho varios Presidentes- al criminal de Maduro, pero también al binomio Ortega-Murillo y a Diaz Canel. Sin embargo, y lejos de eso, los USA liberaron a un personaje del régimen venezolano sin juicio ni condena y conceden visa a un dirigente comunista cubano -Manuel Menéndez Castellanos- que por años participó de matanzas y ejecuciones en Cuba. Es imposible, con esa forma de actuar, que quienes se perciben inmunes no crean también ser impunes.

Además, esas medias tintas que utilizan ciertos medios de comunicación asociados a la izquierda, generan una opinión publicada en la que el ciudadano, poco acucioso en la búsqueda de la verdad, termina por aceptar y normalizar que la extrema izquierda no es la que hace daño a este continente a pesar de sostener a varios dictadores. 

Es mentira que pretenden el bien del pueblo, la lucha por los derechos humanos o el progreso y el desarrollo, al menos mientras muestren su apoyo esos regímenes y no condenen las actuaciones que se hacen en aquellos tres países, y ahora particularmente en Venezuela. Lula, Petro y López Obrador son unos auténticos hipócritas, pero además cómplices de la violencia y las desapariciones en esos lugares, y representan una extrema izquierda asesina de la que hay que comenzar a hablar sin miedo.

lunes, 19 de agosto de 2024

Irresponsabilidad impositiva

Somos una sociedad callada que acusa los golpes silenciosamente, se queja en voz baja y permite el abuso por costumbre y por temor

Parto de la base del cuestionamiento ético que supone que el Estado meta la mano en mi bolsillo en función de lo que una mayoría de legisladores decida según el momento político y sus intereses. Sin embargo, aceptando -como lo hago- la necesidad de un Estado mínimo, en la concepción de Nozick, y de la responsabilidad que conlleva lo que se predica, hace falta una cierta cantidad de dinero para que ese Estado pueda funcionar. 

El caso de defraudación fiscal evidenciado por el SAT presenta tres aristas sobre las que es necesario reflexionar. Una se refiere a la falta de ética y valores de los personajes implicados. Ciudadanos que votan, opinan, participan en la política, pero que les importa un soberano banano el bienestar colectivo -al que dicen contribuir con sus empresas- o la responsabilidad que conlleva la vida en sociedad. Seguramente son vecinos nuestros que se quejan de que el país no avance, mientras huyen de la responsabilidad fiscal y muestran la miseria moral con la que actúan. Otra se centra en el delito cometido al no pagar los impuestos que les corresponden, despreocupados por los millones que evaden y que son necesarios para ese Estado del que viven y al que venden sus productos. La tercera y última, apunta a la sospecha de que de los Q6,400 millones adquiridos por el Estado es presumible que también se hayan apropiado de una jugosa cantidad y que realmente no vendieran nada o solamente parte de lo que dicen.

Somos un Estado fracasado por falta de valores individuales y de responsabilidad, y eso se construyen en la familia, en el grupo cercano y se perfecciona en la vida social. Mientras sigamos aplaudiendo al “chispudo” no avanzaremos ni un milímetro en desarrollo. Algunos roban o abusan porque el resto -quizá la mayoría- se lo permitimos. El prepotente lo es porque el débil se lo autoriza con su actitud, y esa maldita justificación del miedo únicamente encubre la falta del ejercicio responsable que a cada uno le toca.

Se sustraen medicamentos de salud con el silencio cómplice de quienes lo saben y no lo denuncian. Se contratan plazas fantasmas en el Congreso con autorización callada de aquellos que dicen “no querer problemas”, pero que con su actitud cobarde los consienten. Se forman segundas y terceras filas en el tráfico porque siempre hay alguien que cede ante esos energúmenos abusadores. 

Y es que la omisión termina siendo tan perjudicial como el actuar delincuencial, irresponsable o abusivo. Somos una sociedad callada que acusa los golpes silenciosamente, se queja en voz baja y permite el abuso por costumbre y por temor. Incapaces de salir del cascarón del silencio pretendemos, sin embargo, que otros hagan las cosas por nosotros, como en esta ocasión lo ha hecho el SAT, y que sea él y su entorno quienes asuman el riesgo.

Un país no progresa con cobardes -por muy duro que suene- mucho menos con pusilánimes que huyen del momento en el que la vida nos coloca a todos tarde o temprano. Cada uno debe de ejercer su responsabilidad, que en muchas ocasiones ni siquiera imaginas cual será ni en qué momento llegará. Es hora de dejar a un lado la justificación miedosa, porque eso es precisamente lo que aprovechan los autoritarios, los delincuentes, los mafiosos y todos esos personajes que nos matan poco a poco, y destruyen el futuro de nuestros hijos.

Una loa al SAT, no sólo por el caso públicamente denunciado, sino por el arrojo que ha tenido en asumir la responsabilidad histórica en la que la vida lo ha puesto.

¡Mis respetos señor!

lunes, 12 de agosto de 2024

La normalización del autoritarismo

Los dictadores -todos diferentes pero con idéntico espíritu autoritario- lo saben y su estrategia es muy sencilla: resistir al tiempo

La mayor parte del debate político internacional, durante estas semanas, se ha centrado en Venezuela. Un fraude electoral -a todas luces visible- que entrona nuevamente a Maduro y a sus secuaces para perpetuarse en el poder. La “indignación” patente en medios, redes y declaraciones, se deja sentir con fuerza -aunque no con unanimidad- y confronta dialécticamente a la dictadura y a los dictadores.

Paralelamente tenemos normalizado el modelo cubano que por 65 años hace exactamente lo mismo que ahora el venezolano, y también el nicaragüense, aunque cada vez se comente menos -el Papá especialmente- sobre la brutal persecución en Nicaragua, especialmente a los sacerdotes, y poco o nada sobre los abusos y crímenes diarios en Cuba. El ciudadano y ciertas élites políticas han normalizado el modelo cubano, al igual que el chino, a los que ni siquiera denominan dictaduras. La mente y el vocabulario se han adaptado a los autoritarismos clásicos, y únicamente parecen sorprender los emergentes.

Aprendimos a convivir con esos personajes que violan los mismos derechos humanos que decimos preservar dentro de nuestras fronteras -o en lugares “de moda”- y no hay empacho en negociar con China o Cuba, a pesar de que irrespetan continuamente los principios que “defendemos”. Desarrollamos un comportamiento absolutamente disociado sin advertir de nuestra propia contradicción que somos capaces de asumir y hasta de justificar. De hecho, no advertimos como El Salvador va precisamente en la misma dirección autoritaria de los países indicados, y se aplauden decisiones de Bukele que, con el tiempo, pesarán en la conciencia.

Somos seres adaptativos, sin importar el lugar, el clima, las condiciones o los golpes que podamos recibir. Es un principio de evolución y únicamente el tiempo coloca todo en su lugar. Los dictadores -todos diferentes pero con idéntico espíritu autoritario- lo saben y su estrategia es muy sencilla: resistir al tiempo. En estos momentos Venezuela vive lo que superó Nicaragua, China o Cuba: el tiempo de discusión del régimen. Una vez transcurra este mes, y no digamos cuando lleguemos a noviembre con las elecciones USA o a diciembre con la Navidad, Maduro se consolidará e iniciará el 2025 con miles de promesas hechas en otros cientos de intervenciones y el silencio hipócrita de la comunidad internacional.

Todo esos dictadores, casi sin excepción, afirmaron inicialmente que no eran comunistas ni mucho menos de izquierda, sino progresistas que buscaban el “bien del pueblo”, frase que utilizan y que muchos más creen todavía, mientras les otorgan el poder sin advertir sus intenciones. Como ciudadanos terminamos siendo “más animales” que políticos”, algo que al gran Aristóteles se le olvido diferenciar, y nos alejamos voluntariamente de nuestros propios deseos de libertad por no asumir el costo de la correspondiente responsabilidad.

Cuentan que los cubanos “son felices” en su paraíso socialista, que muchos fuera de él alaban pero que no se atreven a vivirlo; los chinos se nos venden “como la mayor economía y desarrollo”; los nicaragüenses ofrecen “seguridad y ausencia de violencia” y don Bukele “haber terminado con las maras”. Y muchos ciudadanos del mundo, cada vez menos leído y con una limitada capacidad de razonamiento básico, creen todas esas ofertas, aunque la mayoría no conoce siquiera uno de esos lugares, mientras los oligarcas autoritarios, profesionales del crimen organizado en aquellos países, difunden sus “bondades”.

El ser humano ha tenido una constante en su historia: la adaptación, y ahora parece que surge otra hermana de la anterior: la normalización. Lo triste es que únicamente advertimos el desastre cuando estamos dentro de él, y a veces ni eso, sino cuando ya es muy tarde para cambiar las cosas.


lunes, 5 de agosto de 2024

Política: ¿amigos o intereses?

La realidad es que cada quien jala para su molino, y sobre todo priman sus intereses, importando un soberano carajo el resto de la humanidad

La farsa electoral, promovida por la dictadura venezolana, pone nuevamente sobre la mesa el viejo debate sobre la preeminencia en política de los intereses sobre la amistad. En época de tranquilidad, los gobernantes se besan, abrazan y proclaman la “amistad entre los pueblos”, se “hermanan ciudades” y se recibe a los “mandatarios amigos” con lujo y boato, en ese afán de mostrar un inexistente principio que requiere disimularse. En el fondo, cada político se mira el ombligo en el espejo -primero el suyo y luego el del país al que representa- aunque haga muestras hipócritas para regocijo de una parte sustancial de la ciudadanía idealista que aplaude fogosamente su propia ignorancia.
La realidad -por más que huyamos de ella con piadosos pensamientos- es que cada quien jala para su molino, y sobre todo priman sus intereses -personales o de grupo- importando un soberano carajo el resto de la humanidad. Se vio durante el COVID-19 con el tema de las vacunas, y como las grandes potencias acapararon todo lo que pudieron. Más tarde “donaron” lo que les sobró, en un acto de caridad política que subrayaba la hipocresía en tiempos de crisis.
El tema venezolano no es muy diferente. Las grandes potencias intentan hacerse -directa o indirectamente- con los recursos energéticos del país y pactan, acuerdan o rubrican secretamente tratados con el dictador, sin ningún tipo de escrúpulos. Externamente hacen grandilocuentes discursos pero no se cortan en eliminarlos de la política cuando ya no les son útiles -como con Sadam Hussein- encumbrando a otro que terminen sirviendo sus particulares intereses. Los “no imperialistas” no son muy distintos, y actúan guiados por los mismos intereses o asociados a modelos ideológicos de izquierda radical. Brasil, México o Colombia -todos liderados por acentuados izquierdistas- son la prueba de esta reflexión, y su tibia actuación frente a la crisis venezolana los evidencia. Determinadas organizaciones internacionales también se suman a estas componendas, como ha hecho la OEA, incapaz de aprobar una resolución porque 16 de los 33 países estuvieron ausentes o se abstuvieron, remarcando la complicidad con el autoritarismo y las dictaduras, aunque se hagan ruidosamente presente en otros países -como ocurrió aquí en el 2023- para “defender la democracia”. En el fondo instituciones de gobiernos que siguen las directrices de quienes pagan la infraestructura o los lineamientos políticos que son tendencia en el momento. Solo así se explica un dictadura cubana de casi 70 años, otra venezolana de unos 25 y la más reciente nicaragüense. Tres naciones que “inexplicablemente” son dirigidas por criminales con aquiescencia internacional.
Y es que el ciudadano, ese “zoon politikón” aristotélico, deja claro que es mucho más animal que político, y dos milenios después, sigue creyendo en sus dirigentes y en las promesas de quienes elige al frente de sus instituciones. No hemos despertado de un letargo de siglos, a pesar de que han sonado suficientes alarmas históricas, y seguimos plácidamente repitiendo los errores que han quedado sobradamente expuesto en innumerables lugares.
El caso venezolano, demostrado, evidenciado, suficientemente ilustrado e internacionalmente difundido en redes sociales, parece que tampoco será el último. Rusia y China, por una parte, o Brasil, México y Colombia por otra, además de una tibia UE y unos USA -con un presidente incapaz- lo perpetuarán. En 1930, una Europa liderada por ilusos idealistas, permitió la expansión de un loco que condujo a la II Guerra Mundial. Hoy, un mundo conducido por torpes, enfermos o tibios ignorantes, puede ponernos al borde de otro conflicto internacional. Mientras, los “animales políticos” parece que necesitamos más tiempo para entender lo evidente.