El Presidente anunció a bombo y platillo, ¡como los grandes!, otro despilfarro de Q3 millones destinado a la compra de instrumentos musicales. No basta con el gasto desatinado en tenis, juguetes y barbies con el logo de cohesión social, ahora compran trombones, marimbas y alguna que otra guitarra. La música siempre aplacó a las fieras.
Probaron con los comedores solidarios y, además de ser una competencia desleal con todos los que tenían cantinas en la zona y tuvieron que cerrarlas, no han solucionado nada. El hambre les ha aparecido a esos planificadores en otros lugares del país. Para distracción del pueblo, ponen a los chicos a tocar la flauta y a promover eso que bastamente denominan “cultura”. ¡Qué bonito!.
Mientras eso ocurre, promueven una reforma fiscal, ahora retirada y en “profundo estudio” y el Congreso aprueba, a petición del Ejecutivo, préstamos millonarios porque no les alcanza el dinero para hacer un buen derroche. El que tienen lo despilfarran en los “programas inteligentes” que ejecuta cohesión social, por cierto, como el cáncer, cada vez más extendida y menos eficiente en la función de gobierno.
A los improvisados grupos musicales se unen los “niños cantores”, quienes corean que la carga fiscal es la menor de América y por eso estamos tan mal. Podrían añadir al estribillo que el día que paguemos más en lugar de gastarse aquellos millones serán capaces de dilapidar el doble. Subamos impuestos y tendremos trompetas, violines y, por aparte, más muñequitas lloronas y meonas y muchas más cositas insignificantes con el logo del gobierno o de cohesión social que serán graciablemente entregadas cuando a la dama le convenga aparecer y promover esa gansada de programa para salir de la pobreza. El otro día, al visitar una localidad, dijo que no había hambruna, sino “desnutrición crónica”. ¡Sutil, verdad!.
Todo es un plan para quedarse con más recursos y emplearlos en boberías improductivas que solo parchean y crean fantasiosas expectativas en gente que babea por unas migajitas creyéndolos todopoderosos. Se disfrazan con vestidos típicos o según la costumbre del lugar visitado y hacen entrega del lote correspondiente el día y hora que les conviene. El show mediático siempre ha sido el arma de los populistas, de los dictadores, o de ambos.
¡Ea pues!, todos contentos con el tamborcito, hasta que se rompa el palito, con la flautita que seguro se le tapona algún agujerillo o con la guitarra que terminará sin cuerdas. Para entonces ya no estarán en el gobierno o habrán inventado otros programas de esos que nos sacan de la miseria y del subdesarrollo, mientras sueñan con pasar a la historia como insignes dignatarios, sin darse cuenta que hay lugares apropiados para las payasadas, pero deben pintarse la cara, emplear la inteligencia y sobre todo tener arte, mucho arte, algo que no está al alcance de cualquiera.
Por su parte, los “cuatro fantásticos” (PDH, USAC y representares de ambas iglesias), siguen promoviendo inútiles alianzas. Al igual que hicieran con la seguridad, ahora hacen con el hambre. Ya no saben cómo promover sus espurios intereses y hacerse notar, aunque su eficiencia deja mucho que desear. ¿Dónde está, ¡chicos listos!, el acuerdo nacional de seguridad que nos vendieron meses atrás?. Mejor dejen de tocarnos los cachinflines para que otros puedan tocar la marimba. Si no saben hacerlo, y esta demostrado que no, ahorren unos y callen los otros, no se aventuren, especialmente en tiempo de crisis. El circo ruso, ese que vetaron en el interior del país, busca personal y muchos califican.
Este es un blog personal donde se editan las columnas de opinion (y otras) que semanalmente publico en el diario PRENSA LIBRE de Guatemala. La idea es generar un espacio de debate y opinión con los lectores, de forma que la libertad de expresión sea en doble sentido.
Entradas populares
-
Llevamos demasiado tiempo repitiendo el mismo ritual: cambian los nombres, los partidos y los eslóganes, pero conservamos intacta la esperan...
-
Lo que ocurre en la Universidad Pública (USAC) se llama descaro y desvergüenza. Por segunda vez en el año está cerrada a la fuerza. Las pred...
-
El problema no es “farmear aura”, sino que comienza cuando necesitamos la aprobación del grupo para sentir que valemos. “Farmear aura” es un...
-
Un funcionario puede ser honrado y ser incompetente, lo que nos conduce a una pregunta incómoda: ¿de qué sirve que lleguen los buenos si no ...
-
Una cosa es controlar la fuerza del Estado y otra incapacitarla hasta convertir al policía en espectador de su propia agresión La pregunta p...
-
¿Tienes entre 18 y 24 años? De ser así, el gobierno acaba de endilgarle la obligación de realizar 728 horas de servicio cívico ¿Alguien te c...
-
Rescatan ideas caducas que se demostraron fracasadas y utilizan la interpretación y el melodrama para confundir cada vez más a la audiencia....
-
Los ciudadanos no eligen gobiernos para escuchar justificaciones durante cuatro años, sino para resolver problemas. Hay gobiernos que transf...
lunes, 31 de agosto de 2009
lunes, 24 de agosto de 2009
Tesis y privados
Miles de estudiantes universitarios, con sus estudios felizmente concluidos, se encuentran atrancados, algunos por años, en un proceso que no termina de evolucionar por culpa del inmovilismo, la falta de ideas y la incapacidad de cambio de quienes pueden promoverlo.
Muchas universidades del país -la mayoría- exigen a sus graduados, antes de otorgarles el correspondiente título de licenciatura, realizar un privado y/o elaborar la necesaria tesis. El examen privado, termina siendo una interacción con dos o tres profesores que interrogan al alumno sobre todo lo que debió de ver en su carrera. La tesis, por su parte, consiste en la elaboración de un trabajo original siguiendo unos determinados parámetros. Ambos, no son requerimientos para obtener el grado de licenciatura en Estados Unidos y en la mayoría de universidades europeas. Aquí, por el contrario, seguimos anclados en el más tradicional paradigma del escolasticismo, lo que nos hace, entre otras cosas, menos competitivos y más vulnerables.
Habría que preguntar por qué un alumno que supera cinco años de carrera, alrededor de 60 diferentes cursos, cientos de horas presenciales, de estudio y de prácticas, exámenes por decenas e interactúa con más de una cincuentena de profesores, se atora y no pasa los privados o no es capaz de escribir una monografía fin de carrera. La única explicación no está en la incapacidad del graduando, sino en la falta de bondad del sistema. ¿Qué hace que un alumno no pueda finalizar todo el proceso?. ¿No será que no aprendió lo que debía?. ¿Por qué no se quedó en primer o segundo año y llegó hasta el final del programa?. Las respuestas no apuntan hacia el estudiante, más bien destapan un sistema permisivo, poco adecuado al proceso de aprendizaje moderno, incapaz de evolucionar, acomodado a parámetros tradicionales o caducos, desconfiado de lo que hace y que frustra a profesionales que terminan anclados al fracaso porque no superan el privado o escriben la tesis. ¿Los habían preparado para ello?.
En otros lugares del mundo -y en una Universidad del país- que solemos tomar como referencia de éxito, esta práctica arcaica no existe o tiende a desaparecer. El estudiante que supera el programa de estudios y llega exitosamente al final, sencillamente es graduado y pasa inmediatamente a forma parte del cuadro de profesionales, compitiendo con el resto de compañeros de profesión. Aquí, quienes cierran deben dedicar un año, dos o media vida a cumplir con los complejos requisitos que, aunque pudieron servir en el pasado, hoy no tienen sentido. También, y no nos engañemos, termina por servir para regular la competencia y promueven colectivos o grupos de presión.
Algunos frustrados profesionales que tuvieron que dedicar años de su vida para aprender algo, aunque sea a recitar de memoria un artículo de no importa qué código, muestran sus “capacidades” delante de los novatos examinandos para que ellos lo reciten en ese preciso instante, sin darse cuenta de lo que a él le costó o desean que escriban la tesis que el mismo nunca fue capaz de hacer.
Pero lo peor es que la capacidad logística y operativa de las Universidades no puede con la demanda. Por cada privado o tesis se requieren dos o tres profesores que entiendan del tema y sean capaces de abordarlo con garantías pero ¿qué Universidad cuanta con el doble o el triple de profesores que de estudiantes para hacer esto en tiempo y con garantía?. La respuesta: ninguna. La conclusión: así les va a algunos miles. La esperanza: que se renueve el sistema de una vez y todo esto evolucione.
Muchas universidades del país -la mayoría- exigen a sus graduados, antes de otorgarles el correspondiente título de licenciatura, realizar un privado y/o elaborar la necesaria tesis. El examen privado, termina siendo una interacción con dos o tres profesores que interrogan al alumno sobre todo lo que debió de ver en su carrera. La tesis, por su parte, consiste en la elaboración de un trabajo original siguiendo unos determinados parámetros. Ambos, no son requerimientos para obtener el grado de licenciatura en Estados Unidos y en la mayoría de universidades europeas. Aquí, por el contrario, seguimos anclados en el más tradicional paradigma del escolasticismo, lo que nos hace, entre otras cosas, menos competitivos y más vulnerables.
Habría que preguntar por qué un alumno que supera cinco años de carrera, alrededor de 60 diferentes cursos, cientos de horas presenciales, de estudio y de prácticas, exámenes por decenas e interactúa con más de una cincuentena de profesores, se atora y no pasa los privados o no es capaz de escribir una monografía fin de carrera. La única explicación no está en la incapacidad del graduando, sino en la falta de bondad del sistema. ¿Qué hace que un alumno no pueda finalizar todo el proceso?. ¿No será que no aprendió lo que debía?. ¿Por qué no se quedó en primer o segundo año y llegó hasta el final del programa?. Las respuestas no apuntan hacia el estudiante, más bien destapan un sistema permisivo, poco adecuado al proceso de aprendizaje moderno, incapaz de evolucionar, acomodado a parámetros tradicionales o caducos, desconfiado de lo que hace y que frustra a profesionales que terminan anclados al fracaso porque no superan el privado o escriben la tesis. ¿Los habían preparado para ello?.
En otros lugares del mundo -y en una Universidad del país- que solemos tomar como referencia de éxito, esta práctica arcaica no existe o tiende a desaparecer. El estudiante que supera el programa de estudios y llega exitosamente al final, sencillamente es graduado y pasa inmediatamente a forma parte del cuadro de profesionales, compitiendo con el resto de compañeros de profesión. Aquí, quienes cierran deben dedicar un año, dos o media vida a cumplir con los complejos requisitos que, aunque pudieron servir en el pasado, hoy no tienen sentido. También, y no nos engañemos, termina por servir para regular la competencia y promueven colectivos o grupos de presión.
Algunos frustrados profesionales que tuvieron que dedicar años de su vida para aprender algo, aunque sea a recitar de memoria un artículo de no importa qué código, muestran sus “capacidades” delante de los novatos examinandos para que ellos lo reciten en ese preciso instante, sin darse cuenta de lo que a él le costó o desean que escriban la tesis que el mismo nunca fue capaz de hacer.
Pero lo peor es que la capacidad logística y operativa de las Universidades no puede con la demanda. Por cada privado o tesis se requieren dos o tres profesores que entiendan del tema y sean capaces de abordarlo con garantías pero ¿qué Universidad cuanta con el doble o el triple de profesores que de estudiantes para hacer esto en tiempo y con garantía?. La respuesta: ninguna. La conclusión: así les va a algunos miles. La esperanza: que se renueve el sistema de una vez y todo esto evolucione.
lunes, 17 de agosto de 2009
¡Democracia!
Muchos de los acontecimientos que acaecen en el presente siglo nos están desbordando y, a falta de palabras para describirlos, acudimos a viejas definiciones y a estereotipos ya superados.
Hablamos de guerras, pero hace más de 50 años que no se declara formalmente ninguna; de víctimas civiles, cuando los conflictos ya no enfrentan solamente a ejércitos; de golpes de Estados, pero lo que ocurre es otra cosa que en nada se parece a antiguas asonadas y, cómo no, de democracia, para designar no importa qué modelo de gestión política. A ese superficial concepto de democracia, solo hay que añadirle algún calificativo para que el resultado responda a los intereses del promotor. La democracia de partido único, como la cubana, es la guinda de esa genialidad político-arquitectónica. En tiempos postmodernos, donde el relativismo valida cualquier cosa, se permite esa generalización conceptual que nos sitúa inmediatamente fuera de la lógica y de la razón.
Damos por sentado que ciertos vocablos significan lo mismo para todos los receptores o emisores de un mensaje y, sin embargo, ¡qué distinta es la realidad!. De tanto hablar de democracia, hemos envilecido el término. La forma y la influencia mediática se han posicionado sobre el fondo y la sustancia. La emotividad descrita por Sartori, frente a la racionalidad, nos aproxima a la masa orteguiana y cumplimos aquel postulado que propuso el mismo Ortega: “la mayor parte de los hombres, no tienen opinión…”.
Es preferible (y necesario) hablar del modelo de Estado, del fondo más que de la forma, de la esencia y del horizonte a alcanzar, más que de lo superficial y anecdótico, cuando no intrascendente.
Hay pilares básicos para construir un Estado sólido y duradero. El Estado de Derecho, con leyes generales, iguales para todos y sobre todo que se cumplen, es uno de los primordiales. No hay que confundirlo con el Estado de legalidad que llena la vida de normas, muchas destinadas a favorecer a ciertos colectivos. Buscar el equilibro no consiste en sustituir la discriminación negativa por la positiva, como algunos hacen, sino más bien en suprimirla. La justicia pronta y la actuación honesta y profesional de jueces probos y capaces, donde nada hay que esperar del favor ni temer de la arbitrariedad, fortalece al primero.
No se trata de aceptar el imperio de las mayorías, concepto etéreo y manoseado que ha justificado barbaries. Es esencial el respeto a los derechos individuales por sobre todo. La libertad, entendida como la posibilidad de poder elegir sin coacción, es fundamental para un esquema duradero: libertad, para el ejercicio de los derechos con responsabilidad.
La consolidación de partidos políticos fuertes y representativos y no oficinas comerciales por cuatro años y la alternancia en el poder son importantes pilares, tanto que vemos como los hacen desaparecer de muchas constituciones, permitiendo la perpetuidad del político absolutista. La pluralidad política, las elecciones periódicas, la descentralización en la gestión pública, la transparencia en el manejo de fondos públicos, el ejercicio honrado de la política, el rechazo al transfuguismo que traiciona los intereses de quien elige a sus representantes, la revocación del mandato presidencial, que permite despedir al gobernante cuando no cumple con su cometido, la división de poderes y comprender la diferencia entre el derecho público y el privado, son aspectos trascendentales.
Si lo que construimos sobre esos principios le queremos llamar democracia, me puedo sumar a la idea, aunque habría que pensar en hablar de República. Caso contrario, hay que acudir, para mayor aclaración, nuevamente a Ortega: “Una estupidez, no puede dominar, sino es con otra.
Hablamos de guerras, pero hace más de 50 años que no se declara formalmente ninguna; de víctimas civiles, cuando los conflictos ya no enfrentan solamente a ejércitos; de golpes de Estados, pero lo que ocurre es otra cosa que en nada se parece a antiguas asonadas y, cómo no, de democracia, para designar no importa qué modelo de gestión política. A ese superficial concepto de democracia, solo hay que añadirle algún calificativo para que el resultado responda a los intereses del promotor. La democracia de partido único, como la cubana, es la guinda de esa genialidad político-arquitectónica. En tiempos postmodernos, donde el relativismo valida cualquier cosa, se permite esa generalización conceptual que nos sitúa inmediatamente fuera de la lógica y de la razón.
Damos por sentado que ciertos vocablos significan lo mismo para todos los receptores o emisores de un mensaje y, sin embargo, ¡qué distinta es la realidad!. De tanto hablar de democracia, hemos envilecido el término. La forma y la influencia mediática se han posicionado sobre el fondo y la sustancia. La emotividad descrita por Sartori, frente a la racionalidad, nos aproxima a la masa orteguiana y cumplimos aquel postulado que propuso el mismo Ortega: “la mayor parte de los hombres, no tienen opinión…”.
Es preferible (y necesario) hablar del modelo de Estado, del fondo más que de la forma, de la esencia y del horizonte a alcanzar, más que de lo superficial y anecdótico, cuando no intrascendente.
Hay pilares básicos para construir un Estado sólido y duradero. El Estado de Derecho, con leyes generales, iguales para todos y sobre todo que se cumplen, es uno de los primordiales. No hay que confundirlo con el Estado de legalidad que llena la vida de normas, muchas destinadas a favorecer a ciertos colectivos. Buscar el equilibro no consiste en sustituir la discriminación negativa por la positiva, como algunos hacen, sino más bien en suprimirla. La justicia pronta y la actuación honesta y profesional de jueces probos y capaces, donde nada hay que esperar del favor ni temer de la arbitrariedad, fortalece al primero.
No se trata de aceptar el imperio de las mayorías, concepto etéreo y manoseado que ha justificado barbaries. Es esencial el respeto a los derechos individuales por sobre todo. La libertad, entendida como la posibilidad de poder elegir sin coacción, es fundamental para un esquema duradero: libertad, para el ejercicio de los derechos con responsabilidad.
La consolidación de partidos políticos fuertes y representativos y no oficinas comerciales por cuatro años y la alternancia en el poder son importantes pilares, tanto que vemos como los hacen desaparecer de muchas constituciones, permitiendo la perpetuidad del político absolutista. La pluralidad política, las elecciones periódicas, la descentralización en la gestión pública, la transparencia en el manejo de fondos públicos, el ejercicio honrado de la política, el rechazo al transfuguismo que traiciona los intereses de quien elige a sus representantes, la revocación del mandato presidencial, que permite despedir al gobernante cuando no cumple con su cometido, la división de poderes y comprender la diferencia entre el derecho público y el privado, son aspectos trascendentales.
Si lo que construimos sobre esos principios le queremos llamar democracia, me puedo sumar a la idea, aunque habría que pensar en hablar de República. Caso contrario, hay que acudir, para mayor aclaración, nuevamente a Ortega: “Una estupidez, no puede dominar, sino es con otra.
lunes, 10 de agosto de 2009
Obstinados
¡Se llama contumacia, a la persistencia en el error!, gritaba un viejo profesor ante la insistencia de algunos alumnos tercos que utilizaban, una y otra vez, el mismo equivocado argumento. Continuar con el actual modelo policial es exactamente eso: contumacia.
Los Acuerdos de Paz generaron una importante desinstitucionalizacion de la inteligencia y de la seguridad y hoy sufrimos las consecuencias de aquellos improvisados y atrevidos experimentos. Casi de un día para otro, se sustituyeron instituciones por organizaciones disfuncionales, sin otro fin que destruir el modelo existente por inservible (argumento válido), pero no contemplaron el necesario cambio progresivo y no resentido como alternativa. Prefirieron la rapidez y crearon entes nuevos de los que algunos inexpertos principiantes se convirtieron en destacados asesores. Diseñaron programas de estudios, editaron con sus ONG,s manuales para impartir clases en la Academia de Policía, promovieron inútiles estudios de largo plazo y sus audaces consejos fueron machaconamente transmitidos por los medios de comunicación, lo que les permitió cobrar grandes sumas de dinero.
Hoy, solo los insensatos defienden el modelo torpe, corrupto e ineficiente de una PNC viciada desde su origen, porque fue creada precipitadamente y a imagen y semejanza de quienes viven de todo este entramado de la ayuda internacional y de los apoyos externos. Sin embargo, nadie se quiere hacer cargo del desaguisado que organizaron. Ahí están los folletos que publicaron, las hemerotecas y las páginas webs que todavía contienen “grandes ideas” para conformar una policía “moderna y democrática”.
Promovieron un Cuerpo donde la corrupción es la meta y la delincuencia la forma de ir escalando puestos, arrasando con lo que se presente. Para muestra, un botón de dos operaciones antidroga. La primera al registrar una bodega y la más cercana al incautar un camión. En ambas, se perdió droga en cantidades que no se puede precisar. También en las dos, no trascendió quién era el propietario de la bodega o el dueño del camión, entre otros personajes anónimos. En una y otra ocasión se destituyeron mandos y, a bombo y platillo, que es la forma en que el gobierno anuncia sus torpezas, se cambiaron comisarios, y otros “importantes cargos”. Esta última vez el presidente dijo que había dado la orden de destituir al director de la PNC, sin reparar que fue él quien autorizó y permitió su designación a pesar de las advertencias del pasado dudoso de aquel. Siempre la culpa es de otros y aquí nadie asume la necedad perpetuada de prorrogar un inútil modelo y de no contar con una política pública de seguridad.
En democracia nadie es culpable de los miles de asesinados cada año ni de las decenas de miles de delitos que se cometen. La democracia ha sido el mejor instrumento que pueden emplear los políticos inútiles, y otros vividores, para envolver toda esa miseria que proyectan a los demás y que ellos terminan por ignorar cuando no permitir.
Más de doce años después de la firma de la denominada paz, contamos con índices desmedidos de inseguridad y con un modelo policial absolutamente inoperante. No obstante, el objetivo de gobernantes y de algunas organizaciones de la sociedad civil no es arreglar el problema, más bien vivir de él mientras se pueda y echar la culpa a los demás, al fin de cuentas es lo que saben hacer y han venido perfeccionando toda su vida. Son contumaces y, además, un tanto improductivos e incapaces, pero como los muertos los ponen otros, no hay prisa. ¡Para mañana, cambio de comisarios y a discutir como arreglamos ese inservible modelo, pero con inteligencia, muchá, con inteligencia, como siempre lo hacemos!, dirá alguno.
Los Acuerdos de Paz generaron una importante desinstitucionalizacion de la inteligencia y de la seguridad y hoy sufrimos las consecuencias de aquellos improvisados y atrevidos experimentos. Casi de un día para otro, se sustituyeron instituciones por organizaciones disfuncionales, sin otro fin que destruir el modelo existente por inservible (argumento válido), pero no contemplaron el necesario cambio progresivo y no resentido como alternativa. Prefirieron la rapidez y crearon entes nuevos de los que algunos inexpertos principiantes se convirtieron en destacados asesores. Diseñaron programas de estudios, editaron con sus ONG,s manuales para impartir clases en la Academia de Policía, promovieron inútiles estudios de largo plazo y sus audaces consejos fueron machaconamente transmitidos por los medios de comunicación, lo que les permitió cobrar grandes sumas de dinero.
Hoy, solo los insensatos defienden el modelo torpe, corrupto e ineficiente de una PNC viciada desde su origen, porque fue creada precipitadamente y a imagen y semejanza de quienes viven de todo este entramado de la ayuda internacional y de los apoyos externos. Sin embargo, nadie se quiere hacer cargo del desaguisado que organizaron. Ahí están los folletos que publicaron, las hemerotecas y las páginas webs que todavía contienen “grandes ideas” para conformar una policía “moderna y democrática”.
Promovieron un Cuerpo donde la corrupción es la meta y la delincuencia la forma de ir escalando puestos, arrasando con lo que se presente. Para muestra, un botón de dos operaciones antidroga. La primera al registrar una bodega y la más cercana al incautar un camión. En ambas, se perdió droga en cantidades que no se puede precisar. También en las dos, no trascendió quién era el propietario de la bodega o el dueño del camión, entre otros personajes anónimos. En una y otra ocasión se destituyeron mandos y, a bombo y platillo, que es la forma en que el gobierno anuncia sus torpezas, se cambiaron comisarios, y otros “importantes cargos”. Esta última vez el presidente dijo que había dado la orden de destituir al director de la PNC, sin reparar que fue él quien autorizó y permitió su designación a pesar de las advertencias del pasado dudoso de aquel. Siempre la culpa es de otros y aquí nadie asume la necedad perpetuada de prorrogar un inútil modelo y de no contar con una política pública de seguridad.
En democracia nadie es culpable de los miles de asesinados cada año ni de las decenas de miles de delitos que se cometen. La democracia ha sido el mejor instrumento que pueden emplear los políticos inútiles, y otros vividores, para envolver toda esa miseria que proyectan a los demás y que ellos terminan por ignorar cuando no permitir.
Más de doce años después de la firma de la denominada paz, contamos con índices desmedidos de inseguridad y con un modelo policial absolutamente inoperante. No obstante, el objetivo de gobernantes y de algunas organizaciones de la sociedad civil no es arreglar el problema, más bien vivir de él mientras se pueda y echar la culpa a los demás, al fin de cuentas es lo que saben hacer y han venido perfeccionando toda su vida. Son contumaces y, además, un tanto improductivos e incapaces, pero como los muertos los ponen otros, no hay prisa. ¡Para mañana, cambio de comisarios y a discutir como arreglamos ese inservible modelo, pero con inteligencia, muchá, con inteligencia, como siempre lo hacemos!, dirá alguno.
lunes, 3 de agosto de 2009
Hemiplejia moral
El descubrimiento de que ciertas armas empleadas por las FARC para atacar, destruir y matar en Colombia proceden de Venezuela, país al que le fueron vendidas por Suecia, ha suscitado una gran polémica. Sin embargo, la trascendencia y el análisis se quedaron cortos, no en relación con la conducta de Chávez, algo que obedece a los habituales impulsos de un maníaco totalitario, sino al doble rasero del gobierno y de la política exterior sueca y de otros países.
Se exhiben como países prósperos, con alto índice de desarrollo humano y otros abrumadores datos, pero disimulan, y esto es lo relevante, su industria armamentista y los pingües beneficios que por ello reciben. Apaciguan su conciencia, de existir, a base de donaciones, ayudas internacionales y usando la teatralidad en torno al pacifismo. En esta parte ignorante del mundo, propagan el discurso de los derechos humanos, la lucha contra la violencia y otros similares, como angelical e ingenua tarjeta de presentación. Sin embargo, más al Sur, venden armas a gobiernos tan inescrupulosos como ellos que luego las utilizan para asesinar a ciudadanos que nada tienen que ver con el sucio negocio del conflicto.
Pero, junto a esos nórdicos, hay otros que también se “hacen los suecos”, aunque sean holandeses. Ambos países están entre los diez primeros exportadores de armas e inundan a los latinoamericanos de ayudas económicas y consejos para el desarrollo, sin darse cuenta que el mejor de todos es dejar que cada cual despierte por sí mismo y la ayuda más eficaz la de no vender armas a dictadores para que las usen o las deriven a otros asesinos. Interesante observar como ambas embajadas son hiperactivas, al menos en Guatemala, donde realizan constantemente declaraciones públicas y observan un inusual protagonismo, cuando no injerencia, alguna hasta prepotente, grosera y de mal gusto.
Nos quieren educar a “ser más civilizados”, desarmarnos y promover el diálogo y la paz, siguiendo al pie de la letra aquella cita bíblica de que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda, agregando la hipocresía, también bíblica, del fariseo. Compran voluntades, escritores, analistas, ONG,s y promueven fundaciones para mostrar los buenos, honestos, pacíficos y “lideres en cultura democrática” que son sus desarrollados pueblos. Una vez al año, hasta otorgan premios nobel de la paz, con el ánimo de erigirse en referente de altruismo y bondad.
No terminamos de ver, de entender ni mucho menos de aprender casi nada. Seguimos pendientes de las migajas y nos abruman las declaraciones de “importantes embajadores” que saben mucho y se permite dar lecciones de moral, mientras sus gobiernos sostienen parte de la violencia por el mundo y callan conciencias con limosna, producto del fomento de la barbarie. A fin de cuentas siempre tenemos a los afamados gringos para echarles la culpa y acordarnos de los malvados y viles que son, olvidando anónimos protagonistas.
Esos vikingos, y otros centroeuropeos, se quitaron los cuernos del casco y los pusieron sobre nuestras cabezas, sin que nos hayamos dado cuenta de la jugada. Lo peor de todo, es que les rendimos pleitesía, los tenemos como modelo y aguantamos la presión diplomática de sus “acertados” consejos, aunque no nos acompañen a ver si la bala que mata diariamente a muchos latinoamericanos es made in Suecia o made in Países Bajos. Mientras, algunas organizaciones nacionales, de esas que dicen luchan por la paz y la justicia, siguen financiadas por la cooperación de esos países para promover la despistolización, la lucha contra la violencia y la búsqueda de la paz. ¿Denunciaran esto o seguirán viviendo del cuento?.
Se exhiben como países prósperos, con alto índice de desarrollo humano y otros abrumadores datos, pero disimulan, y esto es lo relevante, su industria armamentista y los pingües beneficios que por ello reciben. Apaciguan su conciencia, de existir, a base de donaciones, ayudas internacionales y usando la teatralidad en torno al pacifismo. En esta parte ignorante del mundo, propagan el discurso de los derechos humanos, la lucha contra la violencia y otros similares, como angelical e ingenua tarjeta de presentación. Sin embargo, más al Sur, venden armas a gobiernos tan inescrupulosos como ellos que luego las utilizan para asesinar a ciudadanos que nada tienen que ver con el sucio negocio del conflicto.
Pero, junto a esos nórdicos, hay otros que también se “hacen los suecos”, aunque sean holandeses. Ambos países están entre los diez primeros exportadores de armas e inundan a los latinoamericanos de ayudas económicas y consejos para el desarrollo, sin darse cuenta que el mejor de todos es dejar que cada cual despierte por sí mismo y la ayuda más eficaz la de no vender armas a dictadores para que las usen o las deriven a otros asesinos. Interesante observar como ambas embajadas son hiperactivas, al menos en Guatemala, donde realizan constantemente declaraciones públicas y observan un inusual protagonismo, cuando no injerencia, alguna hasta prepotente, grosera y de mal gusto.
Nos quieren educar a “ser más civilizados”, desarmarnos y promover el diálogo y la paz, siguiendo al pie de la letra aquella cita bíblica de que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda, agregando la hipocresía, también bíblica, del fariseo. Compran voluntades, escritores, analistas, ONG,s y promueven fundaciones para mostrar los buenos, honestos, pacíficos y “lideres en cultura democrática” que son sus desarrollados pueblos. Una vez al año, hasta otorgan premios nobel de la paz, con el ánimo de erigirse en referente de altruismo y bondad.
No terminamos de ver, de entender ni mucho menos de aprender casi nada. Seguimos pendientes de las migajas y nos abruman las declaraciones de “importantes embajadores” que saben mucho y se permite dar lecciones de moral, mientras sus gobiernos sostienen parte de la violencia por el mundo y callan conciencias con limosna, producto del fomento de la barbarie. A fin de cuentas siempre tenemos a los afamados gringos para echarles la culpa y acordarnos de los malvados y viles que son, olvidando anónimos protagonistas.
Esos vikingos, y otros centroeuropeos, se quitaron los cuernos del casco y los pusieron sobre nuestras cabezas, sin que nos hayamos dado cuenta de la jugada. Lo peor de todo, es que les rendimos pleitesía, los tenemos como modelo y aguantamos la presión diplomática de sus “acertados” consejos, aunque no nos acompañen a ver si la bala que mata diariamente a muchos latinoamericanos es made in Suecia o made in Países Bajos. Mientras, algunas organizaciones nacionales, de esas que dicen luchan por la paz y la justicia, siguen financiadas por la cooperación de esos países para promover la despistolización, la lucha contra la violencia y la búsqueda de la paz. ¿Denunciaran esto o seguirán viviendo del cuento?.
lunes, 27 de julio de 2009
El Sombreron
Sigue con su insistente peregrinar y con querer retornar al país que lo sacó por corrupto, abusivo, prepotente y delincuente, mientras sus amigos no cesan de fustigar. Primero, fue el comandante Chávez al enviar un avión a sobrevolar el espacio aéreo hondureño en una temerosa pantomima de acrobacia circense, por cierto, sin don Mel quien se quedó escondido en tierra nicaragüense. Ahora, es el comandante Ortega el que incita a manifestantes para provocar incidentes en la frontera. Ambos, únicamente quieren alguno que otro muerto (o mejor si son muchos) y violencia extrema para justificar un casus belli que les permita desatar el odio violento que acumulan e invocar el empleo de la fuerza y nuevamente promover una reacción internacional que esta vez se justificaría apelando a cualquiera de todos esos tratados y convenios que nunca sirven para nada, salvo para invocarlos y manipularlos en situaciones como esta. No cejan en su cometido expansionista y para esos déspotas el fin justifica siempre los medios, tal y como lo han demostrado en el ejercicio político en sus respectivos países.
Si analizamos los hechos, veremos que, habiendo sacado a Mel del país o habiéndolo dejado detenido, la situación a la fecha sería, institucionalmente hablando, la misma. Se le habría sustituido en el poder, tal como ha ocurrido, el presidente sería el mismo que ahora hay y el resto de cosas continuarían igual. Por tanto, para los que justifican el regreso como la necesidad de “volver a la institucionalidad”, el razonamiento no tiene sentido, ya ha ocurrido y gracias a ella las cosas están bien. La única diferencia que existiría es que estaría recluido en una prisión o con alguna medida sustitutiva. De no haber actuado como se hizo, la consecuencia previsible es que narraríamos revueltas, hablaríamos de muertos y veríamos a diario manifestaciones violentas. Eso es lo que hay que poner finalmente en la balanza y no el tema institucional que, como queda aclarado, no sería absolutamente distinto. En resumen: irregularmente sacado del país, pero constitucional y legalmente relevado del poder.
La “comunidad internacional”, que convierte a un delincuente en mártir y a unos dictadores en defensores de la democracia, debe saber que el proceso es irreversible. Reponer al ex presidente en el poder no solo generaría un estado de calamidad mayor, sino que traería consecuencias imprevisibles. El diálogo y la negociación son los únicos vectores posibles y cualquier solución debe desechar la vuelta al poder de Zeleya.
Es por ello que algunos países comienzan a desbancarse de esas propuestas, lo que seguramente, generará un importante efecto dominó en el futuro próximo. Insulza criticó el protagonismo chavista en este asunto, mientra Costa Rica y Estados Unidos también han cuestionado la bufonada del intento de entrar por la frontera con Nicaragua.
Al igual que en la leyenda del Sombrerón, parece aplicable aquella frase de: "estoy al mal tan hecho que desde aquí mi amor perdí, que el mal me parece bien y el bien es mal para mí”, algo que sin duda piensa o recita don Mel desde el exilio en tierra sandinista. Y, como eso de las leyendas dicen que termina por parecerse a la realidad más de lo debido, de la misma forma puede aplicarse la aparición permanente, al recordar a su “amada Honduras”, de las (o los) cuatro mulas: Chávez, Correa, Castro y Ortega, aunque en este caso la leyenda se quedó corta porque si afinamos la vista podemos ver algunas mas. Como ven toda una premonición de aquel Sombrerón de leyenda chapina que hoy termina por transformarse en realidad y superar la ficción.
Si analizamos los hechos, veremos que, habiendo sacado a Mel del país o habiéndolo dejado detenido, la situación a la fecha sería, institucionalmente hablando, la misma. Se le habría sustituido en el poder, tal como ha ocurrido, el presidente sería el mismo que ahora hay y el resto de cosas continuarían igual. Por tanto, para los que justifican el regreso como la necesidad de “volver a la institucionalidad”, el razonamiento no tiene sentido, ya ha ocurrido y gracias a ella las cosas están bien. La única diferencia que existiría es que estaría recluido en una prisión o con alguna medida sustitutiva. De no haber actuado como se hizo, la consecuencia previsible es que narraríamos revueltas, hablaríamos de muertos y veríamos a diario manifestaciones violentas. Eso es lo que hay que poner finalmente en la balanza y no el tema institucional que, como queda aclarado, no sería absolutamente distinto. En resumen: irregularmente sacado del país, pero constitucional y legalmente relevado del poder.
La “comunidad internacional”, que convierte a un delincuente en mártir y a unos dictadores en defensores de la democracia, debe saber que el proceso es irreversible. Reponer al ex presidente en el poder no solo generaría un estado de calamidad mayor, sino que traería consecuencias imprevisibles. El diálogo y la negociación son los únicos vectores posibles y cualquier solución debe desechar la vuelta al poder de Zeleya.
Es por ello que algunos países comienzan a desbancarse de esas propuestas, lo que seguramente, generará un importante efecto dominó en el futuro próximo. Insulza criticó el protagonismo chavista en este asunto, mientra Costa Rica y Estados Unidos también han cuestionado la bufonada del intento de entrar por la frontera con Nicaragua.
Al igual que en la leyenda del Sombrerón, parece aplicable aquella frase de: "estoy al mal tan hecho que desde aquí mi amor perdí, que el mal me parece bien y el bien es mal para mí”, algo que sin duda piensa o recita don Mel desde el exilio en tierra sandinista. Y, como eso de las leyendas dicen que termina por parecerse a la realidad más de lo debido, de la misma forma puede aplicarse la aparición permanente, al recordar a su “amada Honduras”, de las (o los) cuatro mulas: Chávez, Correa, Castro y Ortega, aunque en este caso la leyenda se quedó corta porque si afinamos la vista podemos ver algunas mas. Como ven toda una premonición de aquel Sombrerón de leyenda chapina que hoy termina por transformarse en realidad y superar la ficción.
lunes, 20 de julio de 2009
Jardin de infancia
Son como niños y actúan según la neurosis pueril del momento. Empujan, golpean, amenazan, dicen mentirijillas, lanzan agua unos a otros o se llaman por el apodo. Lo lamentable es que cobran como adultos, tienen un montón de asesores, gran responsabilidad y, encima, hacen leyes que los demás tenemos que cumplir.
A los de prepa, cuando hacen escándalo, los llevan a la dirección y llaman a sus papas, en un afán por educarlos y corregir esas salidas tempranas e inapropiadas de tono. A esos “honorables”, en su adultez, no hay manera, salvo despedir a muchos de ellos por, ridículos, choleros, vulgares y aprovechados, cuando no deshonestos.
Ese cuchubal de la zona 1 tiene todo tipo de socios. Están los sordos y mudos. Una suerte de colectivo que apenas sabe leer y escribir, mucho menos hablar, pero que alguien les compró la plaza y el voto y devengan mensualmente el salario de tres años de uno de esos pobres que “salvan” todos los días. Incluye también a los “operadores políticos”, quienes destacan por ser siempre los mismos, aunque se postulan por partidos diferentes en cada legislatura, lo que refleja su catadura moral. El grupo de los cara duras no pueden faltar. Se quedan irregularmente con dinero de viáticos y no los devuelven o les cuesta un montón. Hacen de los viajes su agosto o cambian de partido más que de calzones, traicionando al electorado. No faltan aquellos cuyos nombres salen siempre a la palestra cada vez que se habla de carteles de droga, mafias o crimen organizado. Afortunadamente, el listado se completa con algunos pocos de personas honradas, capaces y creíbles.
Se hacen llamar los “padres de la patria”, por la que, desde ahora, inauguro el club de hijos de madre-patria soltera. Quieren “dignificar” el Congreso, pero se comportan frecuentemente de forma indigna. De cuando en cuando, organizan un show cuyos protagonistas son los mismos payasos de siempre y van agregando a unos u otras nuevos, según sea el acto circense o la pendejada en cuestión.
Desde las gradas, un grupo de embajadores tuvo el privilegio de ver el estreno de la última obra. Abochornados, abandonaron el lugar exclamando, más o menos y traducido al chapín: ¡cuando dejarán de hacer el idiota y de verdad harán algo por este país!. Sin haber reparado que cada día asesinan a un montón de personas, lo que agrava todavía más el comportamiento que tuvieron. Sin embargo, mis amigos, y no se ofendan, ustedes tienen parte de culpa por darles ayuda, dinero y apoyo, lo que les permite seguir viviendo del cuento, del presupuesto y del escándalo. ¡Déjenlos hacerse mayores solitos y salir del kínder político en el que se encuentran!.
Se excusarán sin ningún tipo de vergüenza y continuarán preparando su próximo espectáculo o vagando por el hemiciclo perfeccionando esa carrera inútil y descabellada y sin hacer nada fructífero por este país al que dicen amar o llenaran su boca con elogíos a la bella nación que conformamos, mientras pactan y jinetean cualquier proyecto en función de sus mezquinos intereses.
A mí, personalmente, el espectáculo me dio vergüenza, pero mucha más repugnancia. A los honestos, entre quienes señalo a doña Nineth, les invito a que se vayan o a que los echen. Si eso es mucho pedir, al menos que los evidencien por descerebrados o que promuevan la elección directa. El país cada vez está peor y con el rumbo que llevamos vamos irremediablemente al fondo y, a esos, les importa un bledo. No aman a su patria y tampoco son buenos funcionarios público. ¡Ignórenlos y no los voten mas!.
A los de prepa, cuando hacen escándalo, los llevan a la dirección y llaman a sus papas, en un afán por educarlos y corregir esas salidas tempranas e inapropiadas de tono. A esos “honorables”, en su adultez, no hay manera, salvo despedir a muchos de ellos por, ridículos, choleros, vulgares y aprovechados, cuando no deshonestos.
Ese cuchubal de la zona 1 tiene todo tipo de socios. Están los sordos y mudos. Una suerte de colectivo que apenas sabe leer y escribir, mucho menos hablar, pero que alguien les compró la plaza y el voto y devengan mensualmente el salario de tres años de uno de esos pobres que “salvan” todos los días. Incluye también a los “operadores políticos”, quienes destacan por ser siempre los mismos, aunque se postulan por partidos diferentes en cada legislatura, lo que refleja su catadura moral. El grupo de los cara duras no pueden faltar. Se quedan irregularmente con dinero de viáticos y no los devuelven o les cuesta un montón. Hacen de los viajes su agosto o cambian de partido más que de calzones, traicionando al electorado. No faltan aquellos cuyos nombres salen siempre a la palestra cada vez que se habla de carteles de droga, mafias o crimen organizado. Afortunadamente, el listado se completa con algunos pocos de personas honradas, capaces y creíbles.
Se hacen llamar los “padres de la patria”, por la que, desde ahora, inauguro el club de hijos de madre-patria soltera. Quieren “dignificar” el Congreso, pero se comportan frecuentemente de forma indigna. De cuando en cuando, organizan un show cuyos protagonistas son los mismos payasos de siempre y van agregando a unos u otras nuevos, según sea el acto circense o la pendejada en cuestión.
Desde las gradas, un grupo de embajadores tuvo el privilegio de ver el estreno de la última obra. Abochornados, abandonaron el lugar exclamando, más o menos y traducido al chapín: ¡cuando dejarán de hacer el idiota y de verdad harán algo por este país!. Sin haber reparado que cada día asesinan a un montón de personas, lo que agrava todavía más el comportamiento que tuvieron. Sin embargo, mis amigos, y no se ofendan, ustedes tienen parte de culpa por darles ayuda, dinero y apoyo, lo que les permite seguir viviendo del cuento, del presupuesto y del escándalo. ¡Déjenlos hacerse mayores solitos y salir del kínder político en el que se encuentran!.
Se excusarán sin ningún tipo de vergüenza y continuarán preparando su próximo espectáculo o vagando por el hemiciclo perfeccionando esa carrera inútil y descabellada y sin hacer nada fructífero por este país al que dicen amar o llenaran su boca con elogíos a la bella nación que conformamos, mientras pactan y jinetean cualquier proyecto en función de sus mezquinos intereses.
A mí, personalmente, el espectáculo me dio vergüenza, pero mucha más repugnancia. A los honestos, entre quienes señalo a doña Nineth, les invito a que se vayan o a que los echen. Si eso es mucho pedir, al menos que los evidencien por descerebrados o que promuevan la elección directa. El país cada vez está peor y con el rumbo que llevamos vamos irremediablemente al fondo y, a esos, les importa un bledo. No aman a su patria y tampoco son buenos funcionarios público. ¡Ignórenlos y no los voten mas!.
lunes, 13 de julio de 2009
¿Mensos o caras?
El titular de prensa: “Cohesión Social no es politiquería, es un concepto de gobierno”, presenta y promueve un nuevo modelo político digno de estudio concienzudo: el desgobierno. Se trata, no de hacer las cosas bien o mal o, incluso de no hacerlas, más bien, el objetivo del desgobierno es no hacer nada y, lo poco que hacen, hacerlo desastrosa o marcadamente peor que los otros. Es una pugna permanente por la inutilidad más manifiesta y por la ineptitud más absoluta.
A modo de ejemplo dos de los más impactantes y preocupantes problemas que nos asolan: la seguridad y las finanzas, aunque se podrían recorrer cualquiera de las políticas sectoriales para encontrar muestras ilustrativas suficientes, ejemplo la arriba enunciada. Comenzando por la segunda, decir que algo no es culpa de ellos, hay que ser honesto. La crisis económica no la crearon, aunque hubieran podido hacerlo de haber tenido la oportunidad. Con su propaganda goebbelsiana, nos narran en radio los malos momentos que vivimos para, inmediatamente después, recordarnos que es hora de aprobar mas deuda que les permita alcanzar los logros que prometieron. Exactamente lo contrario de lo que la experiencia nos dice que están haciendo y la razón aconseja. ¿Acaso el desgobierno tiene lógica o razón?. Quieren endeudarnos más de lo que estamos, pero ocultan como dilapidan millones en propaganda basura, por qué permitieron una deuda flotante en FONAPAZ y Comunicaciones cercana a los Q2500 millones sin que exista denuncia pública del hecho, cual es la razón de que no esté preso el responsable de la perdida de ochenta y pico millones cuando era diputado de la UNE y presidio el Congreso y a quienes la dama, según su elevado saber y conocimiento, les regala, antojadizamente, millones todos los meses, por no entrar en el mal manejo de contratas con ONG,s u otros “logros” similares. Este brillante panorama es decorado por los financistas que aprovechan cualquier oportunidad para llevarse millones en contratos del Estado y proveer servicios bajo el mercantilismo más bajo, descarado y miserable. ¿Mensos o caras?.
El segundo ejemplo es la seguridad. En 18 meses han nombrado con “escasa inteligencia“, a cuatro ministros de gobernación y a tres directores de policía, por ahora. El resultado más visible es el incremento de la violencia y de la criminalidad. Son los antiministros. En lugar de reducir los índices, los aumentan. Uno la deuda, otro el de villanos, siguiendo esa lógica mentecata del desgobierno. Detuvieron al Smile al que achacaban todos los males posibles, hicieron aquella inútil hoja de ruta que pactaron con otros que también querían protagonismo, sin que a la fecha haya servido para nada útil y permanentemente imploran para que la CICIG les haga el trabajo que los desgobernantes no tienen capacidad ni talento para hacer. Cual transformer, se ponen chumpas típicas según al pueblito al que van a contarles a muchos de nuestros compatriotas, lo simpáticos y buenos que son y lo diablos que somos quienes los criticamos. ¡Mas que mensos, son caras!.
Por eso no quieren proyectos como Pro Reforma ya que se implementaría, entre otras cosas, la revocación del mandato presidencial y, posiblemente, a estas alturas alguien estaría pensando hacerlo. Este desgobierno solo muestra la auténtica intención de lo que quieren hacer, algo así como aquella entrevista a Chávez en la que prometía no perpetuarse en el poder, y miren ahora
Eso sí, no son cletos del todo y, entre normas, comisiones, viajes, apaños de amigos, conectes con financistas, compra de voluntades y otras genialidades, nos dejan morir cada día o despilfarran nuestro dinero. Nada de mensos, definitivamente son caras y caras muy duras.
A modo de ejemplo dos de los más impactantes y preocupantes problemas que nos asolan: la seguridad y las finanzas, aunque se podrían recorrer cualquiera de las políticas sectoriales para encontrar muestras ilustrativas suficientes, ejemplo la arriba enunciada. Comenzando por la segunda, decir que algo no es culpa de ellos, hay que ser honesto. La crisis económica no la crearon, aunque hubieran podido hacerlo de haber tenido la oportunidad. Con su propaganda goebbelsiana, nos narran en radio los malos momentos que vivimos para, inmediatamente después, recordarnos que es hora de aprobar mas deuda que les permita alcanzar los logros que prometieron. Exactamente lo contrario de lo que la experiencia nos dice que están haciendo y la razón aconseja. ¿Acaso el desgobierno tiene lógica o razón?. Quieren endeudarnos más de lo que estamos, pero ocultan como dilapidan millones en propaganda basura, por qué permitieron una deuda flotante en FONAPAZ y Comunicaciones cercana a los Q2500 millones sin que exista denuncia pública del hecho, cual es la razón de que no esté preso el responsable de la perdida de ochenta y pico millones cuando era diputado de la UNE y presidio el Congreso y a quienes la dama, según su elevado saber y conocimiento, les regala, antojadizamente, millones todos los meses, por no entrar en el mal manejo de contratas con ONG,s u otros “logros” similares. Este brillante panorama es decorado por los financistas que aprovechan cualquier oportunidad para llevarse millones en contratos del Estado y proveer servicios bajo el mercantilismo más bajo, descarado y miserable. ¿Mensos o caras?.
El segundo ejemplo es la seguridad. En 18 meses han nombrado con “escasa inteligencia“, a cuatro ministros de gobernación y a tres directores de policía, por ahora. El resultado más visible es el incremento de la violencia y de la criminalidad. Son los antiministros. En lugar de reducir los índices, los aumentan. Uno la deuda, otro el de villanos, siguiendo esa lógica mentecata del desgobierno. Detuvieron al Smile al que achacaban todos los males posibles, hicieron aquella inútil hoja de ruta que pactaron con otros que también querían protagonismo, sin que a la fecha haya servido para nada útil y permanentemente imploran para que la CICIG les haga el trabajo que los desgobernantes no tienen capacidad ni talento para hacer. Cual transformer, se ponen chumpas típicas según al pueblito al que van a contarles a muchos de nuestros compatriotas, lo simpáticos y buenos que son y lo diablos que somos quienes los criticamos. ¡Mas que mensos, son caras!.
Por eso no quieren proyectos como Pro Reforma ya que se implementaría, entre otras cosas, la revocación del mandato presidencial y, posiblemente, a estas alturas alguien estaría pensando hacerlo. Este desgobierno solo muestra la auténtica intención de lo que quieren hacer, algo así como aquella entrevista a Chávez en la que prometía no perpetuarse en el poder, y miren ahora
Eso sí, no son cletos del todo y, entre normas, comisiones, viajes, apaños de amigos, conectes con financistas, compra de voluntades y otras genialidades, nos dejan morir cada día o despilfarran nuestro dinero. Nada de mensos, definitivamente son caras y caras muy duras.
lunes, 6 de julio de 2009
Club de Chiflados
Los sucesos de Honduras han hecho correr mucha tinta, alguna de interesada procedencia. Se habló, y se continúa hablando en menor medida, de un golpe de estado y de la ruptura del orden institucional. Empleamos palabras viejas para describir nuevos acontecimientos donde el uso interesado de los términos carga la emotividad, remonta a experiencias superadas y restringe la capacidad de interpretar los acontecimientos.
El presidente Zelaya decidió que, en contra del dictamen del TSE, de la Corte Suprema de Justica, del Fiscal General y de la mayoría de los ciudadanos, podía convocar a una Asamblea Constituyente, disfrazada de consulta o encuesta popular, para modificar la constitución en su beneficio. Hizo como sus vecinos del Sur y, con el apoyo de aquellos que imprimieron las boletas, sobrevolaron el espacio aéreo y enviaron asesores y agita masas, incumplió y dilató el tiempo hasta el límite. Irrumpió en una base militar y se llevó las urnas, el Congreso lo improbó por medio de una comisión de investigación, el jefe de las Fuerzas Armadas se negó a cumplir una orden ilegal y medio mundo le advirtió que cuanto hacía estaba fuera de la ley. ¡Todo le resbaló!. Su soberbia y algunos revolucionarios consejos, le hicieron creerse virrey.
Si se hubiera permitido “la encuesta”, es posible que con la manipulación existente y la ilegalidad manifiesta se habría terminado por justificar la Asamblea Constituyente y mucho más probable que el Presidente desconociera al resto de poderes y asumiera como única autoridad, que es lo que sus cofrades aconsejadores hicieron en esos otros países del ALBA.
Las Fuerzas Armadas, institución del Estado, cumplieron con la orden judicial de sacar al mandatario antes de que se llegara a un proceso irreversible, cediendo el poder inmediatamente, tal y como la constitución lo determina. ¿Fue un mal menor sacarlo del país para evitar violencia extrema?, eso es algo que nunca se sabrá y por lo que tendrá que responder judicialmente su comandante.
La presión mediática de los dictadores del ALBA se notó rápidamente. En poco tiempo se convocó una reunión de aquellos, otra de la OEA y una extraordinaria de la Asamblea General de la ONU, todas con un tufo a izquierda rancia y manipuladora que se siente rabiosa y perdedora viendo como el péndulo de la revolución bolivariana se torna hacia el otro extremo tras las elecciones en El Salvador, la derrota de la pareja presidencial argentina y el triunfo de la nueva visión panameña. La OEA, precipitadamente, dictó una resolución que no deja salida a la negociación, única vía para el arreglo de la crisis. ¿Quiénes apoyarán la reelección de Insulza?.Todo esto es el despropósito de una especie de dictadura cosmopolita que bajo la quimera de “comunidad internacional” representa exclusivamente a los jefes de algunos Estados donde la democracia está matando a la República y el populismo erigiéndose como absoluto soberano.
La solución, como siempre, está en manos de individuos responsables y capaces de tomar decisiones difíciles en momentos trascendentales, sin amedrentarse por golpistas que desaprueban los golpes, dictadores que defienden la democracia ni antimilitaristas que se hacen llamar comandantes y constantemente amenazan con el uso de la fuerza. Nadie debe estar por encima de la ley y cuando eso ocurre, hay que aplicar la ley y actuar sin miedo y contundentemente. Si algo ha quedado claro es que la ola despótica que se aproximaba se puede parar. ¡Oyeron todos!: se puede parar.
Esto debe ser un mensaje para quienes, estén donde estén, creían poder caminar por encima de las aguas.
El presidente Zelaya decidió que, en contra del dictamen del TSE, de la Corte Suprema de Justica, del Fiscal General y de la mayoría de los ciudadanos, podía convocar a una Asamblea Constituyente, disfrazada de consulta o encuesta popular, para modificar la constitución en su beneficio. Hizo como sus vecinos del Sur y, con el apoyo de aquellos que imprimieron las boletas, sobrevolaron el espacio aéreo y enviaron asesores y agita masas, incumplió y dilató el tiempo hasta el límite. Irrumpió en una base militar y se llevó las urnas, el Congreso lo improbó por medio de una comisión de investigación, el jefe de las Fuerzas Armadas se negó a cumplir una orden ilegal y medio mundo le advirtió que cuanto hacía estaba fuera de la ley. ¡Todo le resbaló!. Su soberbia y algunos revolucionarios consejos, le hicieron creerse virrey.
Si se hubiera permitido “la encuesta”, es posible que con la manipulación existente y la ilegalidad manifiesta se habría terminado por justificar la Asamblea Constituyente y mucho más probable que el Presidente desconociera al resto de poderes y asumiera como única autoridad, que es lo que sus cofrades aconsejadores hicieron en esos otros países del ALBA.
Las Fuerzas Armadas, institución del Estado, cumplieron con la orden judicial de sacar al mandatario antes de que se llegara a un proceso irreversible, cediendo el poder inmediatamente, tal y como la constitución lo determina. ¿Fue un mal menor sacarlo del país para evitar violencia extrema?, eso es algo que nunca se sabrá y por lo que tendrá que responder judicialmente su comandante.
La presión mediática de los dictadores del ALBA se notó rápidamente. En poco tiempo se convocó una reunión de aquellos, otra de la OEA y una extraordinaria de la Asamblea General de la ONU, todas con un tufo a izquierda rancia y manipuladora que se siente rabiosa y perdedora viendo como el péndulo de la revolución bolivariana se torna hacia el otro extremo tras las elecciones en El Salvador, la derrota de la pareja presidencial argentina y el triunfo de la nueva visión panameña. La OEA, precipitadamente, dictó una resolución que no deja salida a la negociación, única vía para el arreglo de la crisis. ¿Quiénes apoyarán la reelección de Insulza?.Todo esto es el despropósito de una especie de dictadura cosmopolita que bajo la quimera de “comunidad internacional” representa exclusivamente a los jefes de algunos Estados donde la democracia está matando a la República y el populismo erigiéndose como absoluto soberano.
La solución, como siempre, está en manos de individuos responsables y capaces de tomar decisiones difíciles en momentos trascendentales, sin amedrentarse por golpistas que desaprueban los golpes, dictadores que defienden la democracia ni antimilitaristas que se hacen llamar comandantes y constantemente amenazan con el uso de la fuerza. Nadie debe estar por encima de la ley y cuando eso ocurre, hay que aplicar la ley y actuar sin miedo y contundentemente. Si algo ha quedado claro es que la ola despótica que se aproximaba se puede parar. ¡Oyeron todos!: se puede parar.
Esto debe ser un mensaje para quienes, estén donde estén, creían poder caminar por encima de las aguas.
lunes, 29 de junio de 2009
La ola
Vemos como llega desde lejos, con tiempo. Sin embargo, descuidamos la atención y termina por mojarnos los pies y, si nos dejamos, hasta nos jala a lo más profundo y oscuro del abismo. Cada vez se repite con más fuerza y frecuencia y terminará por salpicarnos, o arrastrarnos al fondo. No podemos cerrar los ojos ante lo que ocurre en Cuba, Venezuela, Nicaragua y otros países ni permitir que se pisotee y ataque permanentemente la libertad. Algunos socios, como Mel en Honduras, han intentado dar pasos torcidos en esa dirección, creyendo estar por encima de la ley y, a su capricho y antojo, modificar la constitución para continuar en el poder, propósito y fin último de todos esos tiranos y sus representantes.
Aquí, en casa, las cosas no van mejor. La pareja presidencial desdeña las críticas, menosprecia las opiniones de otros y hasta se permiten la grosería de insultar a quienes no comparten sus arbitrariedades ni los despilfarros que generan programas inútiles, por muy sociales que los quieran presentar. La jauría que los circunda aprovecha la situación para hacerse con la mayor cantidad de dinero y contratos posibles y así multiplica sustancialmente las inversiones de la campaña. Se nos avecina, y solo es cuestión de tiempo, una mojada como la hondureña, pero sin los errores burdos de aquella porque aprenden y se sofistican con el tiempo. Promoverán una consulta popular donde se mezclen peras con manzanas y terminaremos por aprobar un montón de cosas y, entre ellas, la perpetuación de la yunta y su inútil y torpe filosofía socialdemócrata.
Por aparte, los “intelectuales” afines machacan a través de medios y columnas de opinión el “no cambio”. Prefieren el status quo que les permite seguir cobrando de onegés internacionales que se prestan a este tipo de burlas. Cuando un representativo grupo de ciudadanos decide apoyar Pro Reforma, visceralmente se retuercen porque defienden su forma de vida. De cambiar las normas, dejarán de seguir viviendo de la sopa boba como han venido haciendo toda su vida. Critican, calumnian y derraman bilis, pero son incapaces de generar una alternativa de cambio. Su falta de honestidad les impide reconocer, al menos, el esfuerzo económico, intelectual y de difusión que han hecho aquellos, algo que ellos, “los demócratas” del diálogo y el consenso, no han sido capaces ni de promover ni de impulsar. Únicamente están por esos regímenes absolutistas, donde ellos dirijan o sean amigos de los dirigentes. Necesitan contar con un sistema autoritario con cuotas y privilegios que les permita seguir, como al dirigente magisterial, viviendo del aire. No están dispuestos a trabajar y no saben hacer otra cosa, por muy simpáticos y bufones que parezcan.
Se apoderaron del discurso de los derechos humanos y de los pobres, pero son quienes más lo vulneran; rechazan el militarismo y todos se denominan “comandantes”, paradojas de los regímenes políticos de izquierda en América Latina. Mientras, la ciudadanía aprende a surfear en ese agitado y artificial oleaje que provoca el extremismo de esos iluminados. A fin de cuentas luchan por su supervivencia dentro del único sistema que les permite vivir: el de las subvenciones, la ayuda internacional, las limosnas y el reparto de lo que no producen. No quieren cambiar, no sabrían vivir en un mundo de competencia, porque las concesiones ocultas y el mercantilismo es lo suyo. Necesitan cuotas para todo, porcentajes fijos de presupuesto, representación de género y muchas más patrañas, producto de la mediocridad de quienes no sabe competir ni tiene voluntad ni coraje para ello. Actúan cada vez con más descaro, como en Honduras. ¿Quiénes son los golpistas?.
Aquí, en casa, las cosas no van mejor. La pareja presidencial desdeña las críticas, menosprecia las opiniones de otros y hasta se permiten la grosería de insultar a quienes no comparten sus arbitrariedades ni los despilfarros que generan programas inútiles, por muy sociales que los quieran presentar. La jauría que los circunda aprovecha la situación para hacerse con la mayor cantidad de dinero y contratos posibles y así multiplica sustancialmente las inversiones de la campaña. Se nos avecina, y solo es cuestión de tiempo, una mojada como la hondureña, pero sin los errores burdos de aquella porque aprenden y se sofistican con el tiempo. Promoverán una consulta popular donde se mezclen peras con manzanas y terminaremos por aprobar un montón de cosas y, entre ellas, la perpetuación de la yunta y su inútil y torpe filosofía socialdemócrata.
Por aparte, los “intelectuales” afines machacan a través de medios y columnas de opinión el “no cambio”. Prefieren el status quo que les permite seguir cobrando de onegés internacionales que se prestan a este tipo de burlas. Cuando un representativo grupo de ciudadanos decide apoyar Pro Reforma, visceralmente se retuercen porque defienden su forma de vida. De cambiar las normas, dejarán de seguir viviendo de la sopa boba como han venido haciendo toda su vida. Critican, calumnian y derraman bilis, pero son incapaces de generar una alternativa de cambio. Su falta de honestidad les impide reconocer, al menos, el esfuerzo económico, intelectual y de difusión que han hecho aquellos, algo que ellos, “los demócratas” del diálogo y el consenso, no han sido capaces ni de promover ni de impulsar. Únicamente están por esos regímenes absolutistas, donde ellos dirijan o sean amigos de los dirigentes. Necesitan contar con un sistema autoritario con cuotas y privilegios que les permita seguir, como al dirigente magisterial, viviendo del aire. No están dispuestos a trabajar y no saben hacer otra cosa, por muy simpáticos y bufones que parezcan.
Se apoderaron del discurso de los derechos humanos y de los pobres, pero son quienes más lo vulneran; rechazan el militarismo y todos se denominan “comandantes”, paradojas de los regímenes políticos de izquierda en América Latina. Mientras, la ciudadanía aprende a surfear en ese agitado y artificial oleaje que provoca el extremismo de esos iluminados. A fin de cuentas luchan por su supervivencia dentro del único sistema que les permite vivir: el de las subvenciones, la ayuda internacional, las limosnas y el reparto de lo que no producen. No quieren cambiar, no sabrían vivir en un mundo de competencia, porque las concesiones ocultas y el mercantilismo es lo suyo. Necesitan cuotas para todo, porcentajes fijos de presupuesto, representación de género y muchas más patrañas, producto de la mediocridad de quienes no sabe competir ni tiene voluntad ni coraje para ello. Actúan cada vez con más descaro, como en Honduras. ¿Quiénes son los golpistas?.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)