La ineficacia gubernamental, el gasto público desmesurado y opaco, el mangoneo de los peludos y otras marrullerías propias de personajes detrás del poder -porque el legalmente constituido ha brillado por su ausencia- no son las únicas razones de la dramática, preocupante y comprometida situación en la que nos encontramos. Falta (siempre faltó) un equipo de trabajo con ideas claras y capacidad para ponerlas en práctica y se suma la ausencia de un programa de gobierno. Se sentaron en la poltrona sin planes, sin ganas y sin ideas, excepto la de arrasar desde la oscuridad y ese ha sido el eje central de toda esta perdición.
Ahora, la discusión se ha trasladado a lo interno del partido. La incorporación de los tránsfugas de la GANA y el intento de reposicionamiento de los peludos, ha desatado una guerra interna que apunta al estropicio final. Primero fue la huida de los Baldizón-boys, ahora la salida del Secretario General y en el ínterin, la pérdida de influencia de quienes se creían todopoderosos desde sus Secretarias. En el centro de la discusión, el tema de si la esposa del presidente, quien cuenta con un altísimo índice de rechazo en las encuestas, es o no la opción electoral acertada.
Les preocupa cómo salvar la cara cuando no tengan el poder dentro de un par de años y la justicia (y CICIG) cuente con carta blanca para poder sacar a la luz, siguiendo el modo políticamente interesado de algunos casos, cierta información de que disponen. En poco tiempo, el interés de los uneinistas se reducirá a intentar salvar la piel cuando magistrados independientes y efectivos comiencen a pedir cuentas de las omisiones o acciones de su “gestión”. Enfrentamos un espectáculo de supervivencia personal en el que, a la voz de “mariquita el último”, muchos ensayan como abandonar el barco o subirse al palo mayor para aguantar la zozobra.
Son conscientes, cada vez más, de que doña Sandra no es garantía de éxito para los próximos comicios y, a estas alturas, sólo pueden buscar alternativa entre bufones, peludos vengativos o desacreditados y desconocidos. Mientras, el resto, pactan para salvar su “carrera política”. Es decir, no tienen a nadie y, sobre todo y mucho más grave, no tienen nada que ofrecer como mínimamente exitoso durante su gestión de gobierno y sí mucho que tapar. Otra administración UNE, sin cambio de liderazgo y sin debate ideológico profundo, más allá de esa tapadera de “socialdemocracia” adquirida por osmosis, sería como el Agatha tras el Stan: un desastre de proporciones incalculables. Deben llevar a cabo una catarsis profunda, más allá del manipuleo interesado que han promovido hasta el momento y pocos pueden darle ese giro necesario.
Lo peor de todo, es el daño que por inoperantes todavía pueden hacer en el tiempo que les queda y en lugar de combatirse los unos a los otros terminen por salpicarnos, algo así como lo ocurrido en el parqueo del hotel Tikal Futura cuando fueron a detener a unos criminales. Nos tienen acostumbrados a esos daños colaterales que ni prevén, ni planifican y no sé si les interesan. Son improvisadores profesionales que vinieron a perpetuarse mientras articulan un discurso acomodado que pensaban les generaría réditos. ¡Nada que ver! Si algo hay que destacar del proceso electoral anterior es que las personas dejaron la bobería a un lado y hoy meditan su voto y reconocen al lobo, aunque se esconda tras la piel de oveja o bale, en lugar de aullar.
Este es un blog personal donde se editan las columnas de opinion (y otras) que semanalmente publico en el diario PRENSA LIBRE de Guatemala. La idea es generar un espacio de debate y opinión con los lectores, de forma que la libertad de expresión sea en doble sentido.
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lunes, 27 de septiembre de 2010
lunes, 20 de septiembre de 2010
Hello!
Ojeé una de esas publicaciones denominadas “del corazón” en las que agraciados, desconocidos y desocupados personajes llenan páginas de fotografías a todo color en impresionantes fiestas o en lujosas mansiones y lucen modelos de tal o cual afamado diseñador. Aparentan dibujar una sonrisa de simulada felicidad que más pareciera fingidamente interesada para promover la adquisición de esas revistas y seguir haciéndose millonarios, mientras, en compensación, nos cuentan sus versátiles amores trimestrales, sus complicados embarazos de bebés rubitos con ojitos azules o las tristezas que padecen cuando se divorcian. Un espectáculo picante de alegrías y penas que se simultanea entre las decenas de páginas vacías de contenido, más allá de esa superflua y estéril existencia.
Encontramos también, princesas y príncipes que nunca reinarán y que afanosamente buscan pareja en ese limitado círculo de frívolos aristócratas que se embarcan en sus veleros durante el verano o se deslizan con esquís de marca por las pistas más famosas, durante el invierno. Las menos jovencitas, narran con detalle cómo se esfuerzan por decorar sus lujosas viviendas con ese toque de elegancia tan especial y burgués que las caracteriza, a costa, por supuesto, de la revista que les posibilita su azarosa y relajada vida. Caben igualmente, en ese conglomerado de farándula, los denominados artistas. Algunos, tienen que ser identificado con la desconocida serie que hicieran, la película que alguna vez grabaron o el cuadro incompresible que pintaran, con el fin de que el lector no se pierda y pasen desapercibidos, salvo aquellas que enseñan alegremente sus retocados senos operados en cualquier afamada clínica norteamericana, mientras contienen la respiración para evitar en la instantánea esas partes que compusieron pero que regresaron a su sitio y afean la toma. O la más reciente historia del cantante famoso que se casa por la iglesia después de estar divorciado, tener cinco hijos y 20 años de convivencia con su pareja ¡Toma ya! ¿Qué otro humano puede conseguir tal favor religioso?
Un mundo contrahecho y artificialmente sostenido por los lectores de esos semanarios que promueven sueños lascivos e intentan trasportarte a un paradisiaco edén donde los carros último modelo, los apartamentos lujosos o las casas con decenas de habitaciones y sus correspondientes cuartos de baño, son una realidad. Vividores profesionales, sostenidos por aburridos trabajadores que envidian ese tipo de vida que nunca llegarán a “disfrutar”. En aquel instante pensé, ¿a qué hora trabajarán todos esos? , y ¿qué harán para mantenerse sin dar golpe si no son políticos? Al no encontrar explicación alguna, concluí que son sus lectores quienes los sostienen al adquirir esas revistas. Construyen y, lo peor, financian un mundo ideal que nunca disfrutarán pero que le regalan a otros para que periódicamente les den envidia con sus fotos, sus lanchas y sus motos de agua o les refrieguen esas rubias angelicales o esos torsos masculinos musculados. Por cierto, nadie sabe muy bien dónde o qué estudiaron y la verdad es que no importa mucho. De escarbar en su curriculum es posible que no encontremos mucho contenido.
Supongo que todo eso tiene parte de culpa en que avancemos tan poco y vivamos una ficción que termina por opacar la realidad mucho más dura, pero más agradable, desafiante y emprendedora. Me rebelo y me niego a comprar semanarios que permitan vivir del cuento a tanto caradura y a otros que luego se reúnen en un estudio de TV a comentar a gritos lo que usted y yo leemos o meditamos en la soledad de nuestro cuarto de baño.
Encontramos también, princesas y príncipes que nunca reinarán y que afanosamente buscan pareja en ese limitado círculo de frívolos aristócratas que se embarcan en sus veleros durante el verano o se deslizan con esquís de marca por las pistas más famosas, durante el invierno. Las menos jovencitas, narran con detalle cómo se esfuerzan por decorar sus lujosas viviendas con ese toque de elegancia tan especial y burgués que las caracteriza, a costa, por supuesto, de la revista que les posibilita su azarosa y relajada vida. Caben igualmente, en ese conglomerado de farándula, los denominados artistas. Algunos, tienen que ser identificado con la desconocida serie que hicieran, la película que alguna vez grabaron o el cuadro incompresible que pintaran, con el fin de que el lector no se pierda y pasen desapercibidos, salvo aquellas que enseñan alegremente sus retocados senos operados en cualquier afamada clínica norteamericana, mientras contienen la respiración para evitar en la instantánea esas partes que compusieron pero que regresaron a su sitio y afean la toma. O la más reciente historia del cantante famoso que se casa por la iglesia después de estar divorciado, tener cinco hijos y 20 años de convivencia con su pareja ¡Toma ya! ¿Qué otro humano puede conseguir tal favor religioso?
Un mundo contrahecho y artificialmente sostenido por los lectores de esos semanarios que promueven sueños lascivos e intentan trasportarte a un paradisiaco edén donde los carros último modelo, los apartamentos lujosos o las casas con decenas de habitaciones y sus correspondientes cuartos de baño, son una realidad. Vividores profesionales, sostenidos por aburridos trabajadores que envidian ese tipo de vida que nunca llegarán a “disfrutar”. En aquel instante pensé, ¿a qué hora trabajarán todos esos? , y ¿qué harán para mantenerse sin dar golpe si no son políticos? Al no encontrar explicación alguna, concluí que son sus lectores quienes los sostienen al adquirir esas revistas. Construyen y, lo peor, financian un mundo ideal que nunca disfrutarán pero que le regalan a otros para que periódicamente les den envidia con sus fotos, sus lanchas y sus motos de agua o les refrieguen esas rubias angelicales o esos torsos masculinos musculados. Por cierto, nadie sabe muy bien dónde o qué estudiaron y la verdad es que no importa mucho. De escarbar en su curriculum es posible que no encontremos mucho contenido.
Supongo que todo eso tiene parte de culpa en que avancemos tan poco y vivamos una ficción que termina por opacar la realidad mucho más dura, pero más agradable, desafiante y emprendedora. Me rebelo y me niego a comprar semanarios que permitan vivir del cuento a tanto caradura y a otros que luego se reúnen en un estudio de TV a comentar a gritos lo que usted y yo leemos o meditamos en la soledad de nuestro cuarto de baño.
domingo, 12 de septiembre de 2010
Independencia….
Honraremos con boato, grandilocuencia y la correspondiente publicidad gubernamental, “un año más de independencia”. Lo que realmente termina importando es el purrum del día, la paga sin trabajarlo porque es feriado y lucir banderitas color azul cielo y blanco acá y allá que demuestren el “patriotismo” que nos invade. Puro folclore que esconde una realidad muy diferente opacada interesada y conscientemente.
Unos, dependen del gobierno en ayudas, aportes, empleo o influencias para poder hacer sus negocios. Otros, dependen del cuello que pueda tener tal o cual funcionario corrupto, pero amigo, para apropiarse de un trozo del pastel que frecuentemente reparten. Algunos más, dependen de los jueces o fiscales mafiosos y del tiempo que pueden tapar o esconder su caso para que nunca llegue a juicio. Reclusos, que dependen de ciertos empleados de presidios para contar con privilegios en su celdas donde lo que pueden pagar es susceptible de ingresar. Mujeres casadas, que dependen de hombres machistas que no las dejan sacar la nariz al sol o les reducen el “donativo mensual” con el que deben hacer frente a los gastos de la casa. Hijos, que dependen de sus padres porque eso de vivir solos en un país con tanta inseguridad no es bueno y el hogar los acoge hasta que se casan o se cansan. Políticos, que dependen de financistas a menudo interesados, poco pulcros y hasta criminales que requieren, a su vez, un ambiente laxo en material de seguridad. Enfermos, dependientes de asignaciones presupuestarias a un sistema de salud inexistente y pequeños e ilusos escolares, pendientes de que les construyan escuelas que dicen que existen y nadie sabe donde están edificadas.
Diputados, que dependen del humor de alguna dama para seguir en su puesto y altos cargos, que dependen del dedo de algún otro más alto cargo para continuar en su siempre servil puesto. Fiscales, magistrados y contralor que dependen de que CICIG les dé el visto bueno y los grupitos de la sociedad civil los acepten. Pobres saltimbanquis, dependientes de la limosna de los conductores que se detienen en los semáforos y tienen la suerte de no ser asaltados o baleados en los mismos por otros, que dependen de la droga o de lo que recauden a punta de pistola. Ciudadanos honrados, que dependen de la suerte de cada día para regresar indemnes a sus casas después del trabajo.
Alumnos de la universidad estatal, que dependen de que unos pocos encapuchados delincuentes les dejen libre el paso para continuar con sus estudios y tener un mejor mañana que les permita ser realmente independientes; administrativos, que también dependen de la “buena voluntad” de esos barbaros que bloquean al paso y el correspondiente pago salarial. Comunidades enteras, que se han hecho dependientes de la asignación dadivosa de Cohesión Social o de laminitas que diputados distritales u otras “altas autoridades” de gobierno les entregan mientras el agua les llega hasta la médula o termina matándolos. Agricultores, que dependen del fertilizante regalado que los mismos de siempre distribuyen y cobran a precio de oro. Detentores de poder o cercanos al mismo, que dependen de que la información de sus bajos vicios que otros tienen, no salga a la luz pública y los inhabilita paran hablar porque les han agarrado por donde más duele.
¿Y todavía celebramos la “independencia” cuando cada vez dependemos de más cosas y perdemos más libertad? ¿No será que nos tenemos que independizar de verdad? ¡Adelante pues!, es momento para reflexionar y avanzar en esa positiva dirección.
Unos, dependen del gobierno en ayudas, aportes, empleo o influencias para poder hacer sus negocios. Otros, dependen del cuello que pueda tener tal o cual funcionario corrupto, pero amigo, para apropiarse de un trozo del pastel que frecuentemente reparten. Algunos más, dependen de los jueces o fiscales mafiosos y del tiempo que pueden tapar o esconder su caso para que nunca llegue a juicio. Reclusos, que dependen de ciertos empleados de presidios para contar con privilegios en su celdas donde lo que pueden pagar es susceptible de ingresar. Mujeres casadas, que dependen de hombres machistas que no las dejan sacar la nariz al sol o les reducen el “donativo mensual” con el que deben hacer frente a los gastos de la casa. Hijos, que dependen de sus padres porque eso de vivir solos en un país con tanta inseguridad no es bueno y el hogar los acoge hasta que se casan o se cansan. Políticos, que dependen de financistas a menudo interesados, poco pulcros y hasta criminales que requieren, a su vez, un ambiente laxo en material de seguridad. Enfermos, dependientes de asignaciones presupuestarias a un sistema de salud inexistente y pequeños e ilusos escolares, pendientes de que les construyan escuelas que dicen que existen y nadie sabe donde están edificadas.
Diputados, que dependen del humor de alguna dama para seguir en su puesto y altos cargos, que dependen del dedo de algún otro más alto cargo para continuar en su siempre servil puesto. Fiscales, magistrados y contralor que dependen de que CICIG les dé el visto bueno y los grupitos de la sociedad civil los acepten. Pobres saltimbanquis, dependientes de la limosna de los conductores que se detienen en los semáforos y tienen la suerte de no ser asaltados o baleados en los mismos por otros, que dependen de la droga o de lo que recauden a punta de pistola. Ciudadanos honrados, que dependen de la suerte de cada día para regresar indemnes a sus casas después del trabajo.
Alumnos de la universidad estatal, que dependen de que unos pocos encapuchados delincuentes les dejen libre el paso para continuar con sus estudios y tener un mejor mañana que les permita ser realmente independientes; administrativos, que también dependen de la “buena voluntad” de esos barbaros que bloquean al paso y el correspondiente pago salarial. Comunidades enteras, que se han hecho dependientes de la asignación dadivosa de Cohesión Social o de laminitas que diputados distritales u otras “altas autoridades” de gobierno les entregan mientras el agua les llega hasta la médula o termina matándolos. Agricultores, que dependen del fertilizante regalado que los mismos de siempre distribuyen y cobran a precio de oro. Detentores de poder o cercanos al mismo, que dependen de que la información de sus bajos vicios que otros tienen, no salga a la luz pública y los inhabilita paran hablar porque les han agarrado por donde más duele.
¿Y todavía celebramos la “independencia” cuando cada vez dependemos de más cosas y perdemos más libertad? ¿No será que nos tenemos que independizar de verdad? ¡Adelante pues!, es momento para reflexionar y avanzar en esa positiva dirección.
lunes, 6 de septiembre de 2010
Cascarón de huevo
Vivimos preocupantes momentos. Los hacedores políticos han construido una fachada de aparente gestión pública tras la cual nunca hubo nada o casi nada, para que los más optimistas y sensibles no se vean afectados en su percepción y entusiasmo. Ministerios vacíos de contenido, sin planes, sin programas ni mucho menos estrategias. Contrariamente o lo que debiera ser, algunas estructuras paralelas son las que manejan el presupuesto asignado a aquellos que sistemática y descaradamente lo trasladan al famoso saco financiero sin fondo de Cohesión Social, desde donde han reparado caminos, distribuido bolsas de comida, creado comedores solidarios y hasta promovido clínicas móviles, cuando no repartido juguetes, zapatitos color fresa, muñequitas meonas o cubiletes con la imagen del gobernante y de su esposa, por no hablar del fiasco aquel de ¡vamos a la playa! o el otro de ¡limpiemos el lago! Todo con un único objetivo, pocos logros, manifiesta ineficiencia y nula trasparencia.
Alimentan y sostienen un gobierno ilegal en la sombra que derrocha los recursos públicos bajo el argumento jurídico de no poder fiscalizarlos porque no son, precisamente, un ente gubernamental. Todo un interesado juego de palabras que sirve para hacer la fiesta política de quienes lo controlan con sus desconocidos, pero cada vez más visibles, intereses políticos y electorales. Promueven y alientan presupuestos sin candados que hace posible gastos con dudosos fines y sin inspección ni control, algo que ha caracterizado, desde el principio, a esta Administración a pesar de haber creado algunas inútiles y fracasadas entidades para querer demostrar lo contrario.
Pareciera, también, haber marcado interés en generar tensión al suspender los pagos a los funcionarios públicos con el argumento de que no hay dinero, mientras algunos Ministros trasladan fondos millonarios a Cohesión Social y argumentan no tener efectivo para atender proyectos propios, por lo que muchas consultas de hospitales han sido cerradas, por no citar el deplorable estado de las carreteras, la infraestructura destruida o las deprimentes escuelas públicas ¡De seguridad, ni hablemos! Todo un desastre de gestión política, aunque culpan a Agatha o a las pertinentes lluvias, ¡como si en otros lugares del mundo no lloviese! Se han atrincherado en el discurso que promueve, sustenta y justifica la mediocridad, la inacción o la incapacidad y lo publicitan con todo lujo de medios ¡Para eso si hay dinero!, al igual que para promover grupos de manifestantes profesionales que les hacen el trabajo sucio y confrontativo.
Solo queda esperar unos meses finales de año plenos de actividades promotoras de confusión que parece ser la única propuesta de algunos. Miedo hobbesiano que engendre apáticos ciudadanos y justifique el ejercicio de la violencia desde el poder o el fomento de la anarquía que sostiene el autoritarismo de pequeños y descontrolados grupitos que hacen cuanto les viene en gana (véase USAC). El Presidente se queja frecuentemente del miedo que tiene a un golpe de estado, sin reparar ni mucho menos admitir y reconocer que el complot pareciera que se oficializa más cada vez, pero justamente contra el indefenso ciudadano. El aparente temor del mandatario nunca tiene fundamento ni pruebas. No hay ningún hecho que lo sustente y solo queda suponer que es producto de su frenesí. Por el contrario, de la penuria jurídica, económica, de infraestructura y desgobierno que padecemos, entre otras, cada día hay más pruebas que se pueden constatar.
Solo queda el cascarón pero se desconoce donde están realmente los huevos ¿O estos eran los de la “inteligencia”? ¡Realmente, ya no me recuerdo!
Alimentan y sostienen un gobierno ilegal en la sombra que derrocha los recursos públicos bajo el argumento jurídico de no poder fiscalizarlos porque no son, precisamente, un ente gubernamental. Todo un interesado juego de palabras que sirve para hacer la fiesta política de quienes lo controlan con sus desconocidos, pero cada vez más visibles, intereses políticos y electorales. Promueven y alientan presupuestos sin candados que hace posible gastos con dudosos fines y sin inspección ni control, algo que ha caracterizado, desde el principio, a esta Administración a pesar de haber creado algunas inútiles y fracasadas entidades para querer demostrar lo contrario.
Pareciera, también, haber marcado interés en generar tensión al suspender los pagos a los funcionarios públicos con el argumento de que no hay dinero, mientras algunos Ministros trasladan fondos millonarios a Cohesión Social y argumentan no tener efectivo para atender proyectos propios, por lo que muchas consultas de hospitales han sido cerradas, por no citar el deplorable estado de las carreteras, la infraestructura destruida o las deprimentes escuelas públicas ¡De seguridad, ni hablemos! Todo un desastre de gestión política, aunque culpan a Agatha o a las pertinentes lluvias, ¡como si en otros lugares del mundo no lloviese! Se han atrincherado en el discurso que promueve, sustenta y justifica la mediocridad, la inacción o la incapacidad y lo publicitan con todo lujo de medios ¡Para eso si hay dinero!, al igual que para promover grupos de manifestantes profesionales que les hacen el trabajo sucio y confrontativo.
Solo queda esperar unos meses finales de año plenos de actividades promotoras de confusión que parece ser la única propuesta de algunos. Miedo hobbesiano que engendre apáticos ciudadanos y justifique el ejercicio de la violencia desde el poder o el fomento de la anarquía que sostiene el autoritarismo de pequeños y descontrolados grupitos que hacen cuanto les viene en gana (véase USAC). El Presidente se queja frecuentemente del miedo que tiene a un golpe de estado, sin reparar ni mucho menos admitir y reconocer que el complot pareciera que se oficializa más cada vez, pero justamente contra el indefenso ciudadano. El aparente temor del mandatario nunca tiene fundamento ni pruebas. No hay ningún hecho que lo sustente y solo queda suponer que es producto de su frenesí. Por el contrario, de la penuria jurídica, económica, de infraestructura y desgobierno que padecemos, entre otras, cada día hay más pruebas que se pueden constatar.
Solo queda el cascarón pero se desconoce donde están realmente los huevos ¿O estos eran los de la “inteligencia”? ¡Realmente, ya no me recuerdo!
lunes, 30 de agosto de 2010
Autoridad y autoritarismo
Confundimos, temo que interesadamente, la autoridad con el autoritarismo y, asociadamente, la democracia con el libertinaje. Para contar con una “buena” democracia se argumenta la necesidad del consenso y del diálogo, algo que no objeto y además suscribo como necesario. Sin embargo, no se puntualiza con el mismo énfasis que cuando el diálogo no tiene sentido o sustento, hay sentencias jurídicas que lo encauzan o la norma (la ley) determina que las cosas son de forma distinta, el diálogo debe dejar paso a la acción, al ejercicio de la autoridad.
Casos recientes como el de los ocupas-encapuchados universitarios o el de invasores de fincas u otros que nos cortan de vez en cuando las carreteras, son ejemplos a no seguir. Se puede -se debe- ejercer el derecho individual hasta que se limita o coarta el de los demás. En ese preciso momento se deja de tener razón y el diálogo debe rechazarse como elemento de distensión porque realmente se está empleando como medio de dilatación o de presión. La democracia es el sistema de gestión política que requiere mayor grado de autoridad, que no de autoritarismo. Argumentaba un alto cargo comunista español que no hay democracia sin autoridad. Autoridad que, por cierto, proviene de las leyes y no de personas, como sería el autoritarismo. Autoridad para aplicar las normas con contundencia, decisión y sin fisuras. Autoridad que precisamente encumbra la democracia al lugar de honor que ocupa frente a otros sistemas donde el capricho y la arbitrariedad del gobernante o el libertinaje de grupos de interés terminan por imponerse y hacer sucumbir el imperio de la ley.
Padecemos, lamentablemente, esa situación en el país. Grupos de descontrolados y delincuentes organizados (o terroristas) imponen sus formas violentas, sus argumentos fuera de contexto y sus bajos intereses frente a la incapacidad del Gobierno de aplicar precisamente la ley de forma contundente. Envidiamos el famoso eslogan de “tolerancia cero” que tanto éxito tuvo en New York, pero somos incapaces de exigir la aplicación de medidas para que los buses lleven todas las luces, no obstaculicen el tráfico o no se parqueen donde les ronque la gana. Tampoco evitamos que se invadan fincas o que se retornen estas a sus propietarios antes de que pase menos de un año ocupadas por grupos de inconformes. No digamos del cierre de carreteras por otros manipulados que con pancartas que apenas saben leer, por un almuercito o pocos quetzales, impiden la libre locomoción.
No se ha entendido la democracia. Se ha contrapuesto a la autoridad y pareciera que hablar de la primera supone desechar la segunda cuando justamente es el perfecto complemento frente al libertinaje de los de siempre y el autoritarismo de grupos violentos que con cara tapada y haciendo gala de la más perfecta cobardía hacen lo que quieren. La culpa la tienen políticos y funcionarios, lamentablemente apoyados por instituciones que debieran velar por los derechos de todos. Creen poder esgrimir el discurso de la razón y del predominio del diálogo por sobre principios básicos muchos más altos en la escala de valores, como es la autoridad y los derechos del ser humano. Convierten la democracia en una pantomima interesada de aquellos que con postulados ideológicos trasnochados pretenden utilizarla en beneficio propio y seguir haciendo lo que aprendieron y practicaron de por vida: el autoritarismo más deleznable que, por supuesto, condenan y no permiten en otros. Todo un planteamiento que conviene aclarar contundentemente a los funcionarios tibios y a los farsantes bochincheros.
Casos recientes como el de los ocupas-encapuchados universitarios o el de invasores de fincas u otros que nos cortan de vez en cuando las carreteras, son ejemplos a no seguir. Se puede -se debe- ejercer el derecho individual hasta que se limita o coarta el de los demás. En ese preciso momento se deja de tener razón y el diálogo debe rechazarse como elemento de distensión porque realmente se está empleando como medio de dilatación o de presión. La democracia es el sistema de gestión política que requiere mayor grado de autoridad, que no de autoritarismo. Argumentaba un alto cargo comunista español que no hay democracia sin autoridad. Autoridad que, por cierto, proviene de las leyes y no de personas, como sería el autoritarismo. Autoridad para aplicar las normas con contundencia, decisión y sin fisuras. Autoridad que precisamente encumbra la democracia al lugar de honor que ocupa frente a otros sistemas donde el capricho y la arbitrariedad del gobernante o el libertinaje de grupos de interés terminan por imponerse y hacer sucumbir el imperio de la ley.
Padecemos, lamentablemente, esa situación en el país. Grupos de descontrolados y delincuentes organizados (o terroristas) imponen sus formas violentas, sus argumentos fuera de contexto y sus bajos intereses frente a la incapacidad del Gobierno de aplicar precisamente la ley de forma contundente. Envidiamos el famoso eslogan de “tolerancia cero” que tanto éxito tuvo en New York, pero somos incapaces de exigir la aplicación de medidas para que los buses lleven todas las luces, no obstaculicen el tráfico o no se parqueen donde les ronque la gana. Tampoco evitamos que se invadan fincas o que se retornen estas a sus propietarios antes de que pase menos de un año ocupadas por grupos de inconformes. No digamos del cierre de carreteras por otros manipulados que con pancartas que apenas saben leer, por un almuercito o pocos quetzales, impiden la libre locomoción.
No se ha entendido la democracia. Se ha contrapuesto a la autoridad y pareciera que hablar de la primera supone desechar la segunda cuando justamente es el perfecto complemento frente al libertinaje de los de siempre y el autoritarismo de grupos violentos que con cara tapada y haciendo gala de la más perfecta cobardía hacen lo que quieren. La culpa la tienen políticos y funcionarios, lamentablemente apoyados por instituciones que debieran velar por los derechos de todos. Creen poder esgrimir el discurso de la razón y del predominio del diálogo por sobre principios básicos muchos más altos en la escala de valores, como es la autoridad y los derechos del ser humano. Convierten la democracia en una pantomima interesada de aquellos que con postulados ideológicos trasnochados pretenden utilizarla en beneficio propio y seguir haciendo lo que aprendieron y practicaron de por vida: el autoritarismo más deleznable que, por supuesto, condenan y no permiten en otros. Todo un planteamiento que conviene aclarar contundentemente a los funcionarios tibios y a los farsantes bochincheros.
lunes, 23 de agosto de 2010
Encapuchados
Lo que ocurre en la Universidad Pública (USAC) se llama descaro y desvergüenza. Por segunda vez en el año está cerrada a la fuerza. Las predicas de los derechos que defienden o que promueven ciertos grupos, son pura charlatanería. Tampoco las instituciones destinadas a defender los mismos, desde la PDH hasta la última de las creadas que ya suman decenas, se pronuncia contundentemente contra esos delincuentes. Resumen: unos flojos incapaces de confrontar a otros descarados.
El interés colectivo que tanto promulgan y defienden, se lo pasan debajo de la pernera cuando realmente tienen que dar la cara y adoptar una posición concluyente en un difícil ambiente. Es de interés general que se respete, tanto el derecho individual como que no prime el interés de grupitos sobre el colectivo. Sin embargo, un puñado de pendejitos irresponsables con cara tapada (¿de vergüenza?) decidió que hay que cerrar la USAC para promover sus descaradas propuestas, incluida la de modificar las condiciones de acceso (a la baja por supuesto) o la de incrementar el número de veces que un estudiante puede perder un curso (tres actualmente). No quieren estudiar y aprendieron a vivir eternamente del esfuerzo de los demás.
Las autoridades de la USAC, con el discurso tibio e ineficaz acostumbrado, optan por no defender los derechos de la mayoría de estudiantes que no pueden acceder al campus porque aquellos encapuchados se lo impiden. Adolecen de la catadura moral y del coraje suficiente para ocupar esos puestos porque no solo no ejercen su autoridad en pro de la justicia, sino que juegan a medias tintas para mantenerse en puestos políticos -no académicos- desde donde promover sus intereses o los de otros. Ese es el auténtico mal de la universidad pública: las externalidades negativas del poder. Cualquier reforma constitucional debe sacar de su articulado las referencias a la USAC. No más poder político que ha terminado por opacar la preocupación académica y prácticamente desplazado la inquietud por la educación, por el análisis ponderado, por el debate constructivo y por la enseñanza, algo que milagrosamente todavía sigue vivo en el corazón de muchos profesores y alumnos.
La situación, aunque se corresponda con una triste realidad nacional, no es permisible. Financiamos con nuestros impuestos esas barrabasadas y sostenemos a quienes las consienten. Grupos, no siempre de oligarcas como muchos predican, sino diversos y ocultos, son los que manejan el país y echan continuos pulsos a la justicia. La solución es bien fácil: aplicar las leyes e imponer la autoridad en un lugar público que todos pagamos. El discurso de los implicados tiene el mismo tufo dinosaurista de siempre y responden a modelos fracasados que creíamos ya superados. No solo derrochan cientos de millones de quetzales en un país de pobres por el que dicen luchar, sino que estos últimos (los pobres) les importan una soberana calabaza y los dejan atemorizados en la puerta de entrada mientras ellos, los “valientes” encapuchados, defienden intereses difusos cuyo fin es sostener en el poder a los de siempre para que sigan haciendo lo de costumbre: nada. Muchos de ellos llevan años matriculados y con su pobre actuar de alumnos o la permisividad de malos catedráticos, permiten que la USAC, aunque sea de las primeras universidades de América Latina en cantidad de alumnos, no supere los últimos lugares en calidad educativa. ¿Así queréis levantar al país que decís amar?, ¿Así queréis luchar por la pobreza y el desarrollo?
¡Hala pues: ¡Id y enseñad a todos!, a ver quien os entiende y escucha.
El interés colectivo que tanto promulgan y defienden, se lo pasan debajo de la pernera cuando realmente tienen que dar la cara y adoptar una posición concluyente en un difícil ambiente. Es de interés general que se respete, tanto el derecho individual como que no prime el interés de grupitos sobre el colectivo. Sin embargo, un puñado de pendejitos irresponsables con cara tapada (¿de vergüenza?) decidió que hay que cerrar la USAC para promover sus descaradas propuestas, incluida la de modificar las condiciones de acceso (a la baja por supuesto) o la de incrementar el número de veces que un estudiante puede perder un curso (tres actualmente). No quieren estudiar y aprendieron a vivir eternamente del esfuerzo de los demás.
Las autoridades de la USAC, con el discurso tibio e ineficaz acostumbrado, optan por no defender los derechos de la mayoría de estudiantes que no pueden acceder al campus porque aquellos encapuchados se lo impiden. Adolecen de la catadura moral y del coraje suficiente para ocupar esos puestos porque no solo no ejercen su autoridad en pro de la justicia, sino que juegan a medias tintas para mantenerse en puestos políticos -no académicos- desde donde promover sus intereses o los de otros. Ese es el auténtico mal de la universidad pública: las externalidades negativas del poder. Cualquier reforma constitucional debe sacar de su articulado las referencias a la USAC. No más poder político que ha terminado por opacar la preocupación académica y prácticamente desplazado la inquietud por la educación, por el análisis ponderado, por el debate constructivo y por la enseñanza, algo que milagrosamente todavía sigue vivo en el corazón de muchos profesores y alumnos.
La situación, aunque se corresponda con una triste realidad nacional, no es permisible. Financiamos con nuestros impuestos esas barrabasadas y sostenemos a quienes las consienten. Grupos, no siempre de oligarcas como muchos predican, sino diversos y ocultos, son los que manejan el país y echan continuos pulsos a la justicia. La solución es bien fácil: aplicar las leyes e imponer la autoridad en un lugar público que todos pagamos. El discurso de los implicados tiene el mismo tufo dinosaurista de siempre y responden a modelos fracasados que creíamos ya superados. No solo derrochan cientos de millones de quetzales en un país de pobres por el que dicen luchar, sino que estos últimos (los pobres) les importan una soberana calabaza y los dejan atemorizados en la puerta de entrada mientras ellos, los “valientes” encapuchados, defienden intereses difusos cuyo fin es sostener en el poder a los de siempre para que sigan haciendo lo de costumbre: nada. Muchos de ellos llevan años matriculados y con su pobre actuar de alumnos o la permisividad de malos catedráticos, permiten que la USAC, aunque sea de las primeras universidades de América Latina en cantidad de alumnos, no supere los últimos lugares en calidad educativa. ¿Así queréis levantar al país que decís amar?, ¿Así queréis luchar por la pobreza y el desarrollo?
¡Hala pues: ¡Id y enseñad a todos!, a ver quien os entiende y escucha.
lunes, 16 de agosto de 2010
¡No nos dimos cuenta!
Lejos, como algunos piensan, de que el actual mundo está desideologizado, estamos en idéntica situación que durante la segunda mitad del pasado siglo. Es el mismo bailarín, pero con diferente vestuario. Así como el principio de conservación de la material: cambia, pero no se destruye ni desaparece.
Aquel aparente alegrón de burro de la revolución bolchevique y el triunfo de la revolución cubana, años después, se puede constatar que únicamente trajo (y trae), opresión, pobreza, autoritarismo, prisión y muertes, demasiadas muertes. Capricho, todas ellas, de un loco y sus amigos al frente del poder. Era imposible en el siglo XXI, en la era de la tecnología, seguir vendiendo aquel modelo criminal como una alternativa política. Sin embargo, la mutación ha sido posible y el sucedáneo chavista es lo mismo pero con una diferente forma de venta. No ha cambiado el color rojo o verde del uniforme, la denominación de comandante, los discursos ricos-pobres o proletariado-oligarquía ni las momias que los sostienen. Únicamente variaron las formas para que los más incrédulos dejen de ver el fondo totalitario y perciban un modelo ajustado a parámetros democráticos que puede resultar una alternativa. Se equivocaron entonces, y se equivocan mucho más ahora.
Antes eran violentos, rápidos y buscaban soluciones por la vía de la involución directa. Ahora son aparentemente pacíficos, más lentos y manipulan las vías que la democracia les permite. Combatían con fusil y cara tapada y ahora presentan cara amigable, inocentona y hasta sonríen simpáticamente. Cooptan las instituciones, manipulan los procesos, compran o imponen a jueces o diputados y terminan por hacerse con el poder. En Venezuela, Nicaragua y otros lugares se muestran, con el tiempo, tal cual son: totalitarios, absolutistas y dictadores de la peor calaña.
Aquí, en Guatemala, vivimos un proceso que tiende exactamente a eso. Gran parte de aquellos “combatientes” del conflicto que nunca pudieron alcanzar puestos de liderazgo político porque estuvieron escondidos o bien porque nadie los votó, ahora son asesores gubernamentales (algunos con antecedentes penales muy graves), ocupan puestos claves o desde la sombra, amañan y promueven interesadas estrategias. Manipulan, que es lo que han sabido hacer toda su vida. Nunca fueron, y ahora tampoco lo son, alternativas políticas dentro de la democracia. Tienen, como en los ejemplos anteriores, ideas totalitarias. Vienen a quedarse, pero con todo el país y por tiempo indefinido. Es posible que como la URSS, setenta años después o Cuba, más de cincuenta más tarde, o como ahora Venezuela, nos demás cuenta del problema muy tarde. Esa sentencia de que quien no aprende de la historia está condenado a repetirla, es ahora más válida que nunca.
En aquellos países no se dieron cuenta de lo que se les venía. Una vez llegó la avalancha, perdieron sus propiedades, fueron cerradas empresas, se confiscó y expropió todo cuanto el dictadorzuelo consideró y los únicos que prosperaron fueron los que se encontraban en ese entorno podrido, miserable y corrupto del poder. La lección a aprender es que todos, sin excepción, terminan siendo devorados: empresarios, pobres, ricos, rurales, urbanos…, no importa. Nadie se libra porque pueda negociar o congraciarse con ellos, muchos menos los tibios, los acomodados o quienes los vean como buenos. Aunque aquellos no se dieran cuenta, nosotros no tenemos esa excusa. Está pasando. Ocurre todos los días. Luego no se diga que no hubo advertencia. ¿Qué piensa usted hacer? Una opción es seguir siendo víctima, otra no cerrar los ojos.
Aquel aparente alegrón de burro de la revolución bolchevique y el triunfo de la revolución cubana, años después, se puede constatar que únicamente trajo (y trae), opresión, pobreza, autoritarismo, prisión y muertes, demasiadas muertes. Capricho, todas ellas, de un loco y sus amigos al frente del poder. Era imposible en el siglo XXI, en la era de la tecnología, seguir vendiendo aquel modelo criminal como una alternativa política. Sin embargo, la mutación ha sido posible y el sucedáneo chavista es lo mismo pero con una diferente forma de venta. No ha cambiado el color rojo o verde del uniforme, la denominación de comandante, los discursos ricos-pobres o proletariado-oligarquía ni las momias que los sostienen. Únicamente variaron las formas para que los más incrédulos dejen de ver el fondo totalitario y perciban un modelo ajustado a parámetros democráticos que puede resultar una alternativa. Se equivocaron entonces, y se equivocan mucho más ahora.
Antes eran violentos, rápidos y buscaban soluciones por la vía de la involución directa. Ahora son aparentemente pacíficos, más lentos y manipulan las vías que la democracia les permite. Combatían con fusil y cara tapada y ahora presentan cara amigable, inocentona y hasta sonríen simpáticamente. Cooptan las instituciones, manipulan los procesos, compran o imponen a jueces o diputados y terminan por hacerse con el poder. En Venezuela, Nicaragua y otros lugares se muestran, con el tiempo, tal cual son: totalitarios, absolutistas y dictadores de la peor calaña.
Aquí, en Guatemala, vivimos un proceso que tiende exactamente a eso. Gran parte de aquellos “combatientes” del conflicto que nunca pudieron alcanzar puestos de liderazgo político porque estuvieron escondidos o bien porque nadie los votó, ahora son asesores gubernamentales (algunos con antecedentes penales muy graves), ocupan puestos claves o desde la sombra, amañan y promueven interesadas estrategias. Manipulan, que es lo que han sabido hacer toda su vida. Nunca fueron, y ahora tampoco lo son, alternativas políticas dentro de la democracia. Tienen, como en los ejemplos anteriores, ideas totalitarias. Vienen a quedarse, pero con todo el país y por tiempo indefinido. Es posible que como la URSS, setenta años después o Cuba, más de cincuenta más tarde, o como ahora Venezuela, nos demás cuenta del problema muy tarde. Esa sentencia de que quien no aprende de la historia está condenado a repetirla, es ahora más válida que nunca.
En aquellos países no se dieron cuenta de lo que se les venía. Una vez llegó la avalancha, perdieron sus propiedades, fueron cerradas empresas, se confiscó y expropió todo cuanto el dictadorzuelo consideró y los únicos que prosperaron fueron los que se encontraban en ese entorno podrido, miserable y corrupto del poder. La lección a aprender es que todos, sin excepción, terminan siendo devorados: empresarios, pobres, ricos, rurales, urbanos…, no importa. Nadie se libra porque pueda negociar o congraciarse con ellos, muchos menos los tibios, los acomodados o quienes los vean como buenos. Aunque aquellos no se dieran cuenta, nosotros no tenemos esa excusa. Está pasando. Ocurre todos los días. Luego no se diga que no hubo advertencia. ¿Qué piensa usted hacer? Una opción es seguir siendo víctima, otra no cerrar los ojos.
lunes, 9 de agosto de 2010
Vida tras la muerte
Ha muerto un gran hombre. Dicho así, tan simple, dice poco, al fin y al cabo grandes seres humanos fallecen cada día. No todos, sin embargo, dejan una impronta tan especial y tan marcada en varias generaciones. A fin de cuentas, el recuerdo radica en las obras, como la Biblia acertadamente profetiza.
Algunos de su generación poseen idénticas cualidades a las que él mostraba a diario: tesón, sentido del humor, capacidad crítica, sensatez, humanidad, humildad y un claro ideario de valores y de metas. Fue (son) el referente para muchos que quisiéramos, alguna vez, llegar a cumplir los ochenta con todo ese bagaje de valores que en otros pareciera que el tiempo va desgastando.
Nunca desfalleció en la lucha por un ideal esencial: la libertad. Su curiosidad le llevó a preguntarse por qué unos son más exitosos que otros o cuál es la fórmula “secreta” que hace que ciertos pueblos sean más ricos y prósperos que aquellos que siguen siendo pobres. Indagó en lo más profundo del ser humano y exploró por doquier para encontrar esa especie de oráculo que respondiera a sus preguntas de curioso empresario, amante de su país, pero sobre todo de los seres humanos que lo conforman.
Junto con otros amigos tuvo la brillante idea de poner en marcha una Universidad, un tanque de pensamiento que fuera capaz de promover la educación sobre principios de la libertad. Libre para pensar, libre para actuar, libre para emprender, libre, en definitiva, para buscar por uno mismo esa felicidad que continuamente anhelamos y pretendemos alcanzar o deseamos disfrutar a lo largo de nuestra vida. Era, como algunos lo han definido, un campeón de la libertad.
La constancia y el entusiasmo eran las bisagras del cofre que atesoraba sus innumerables cualidades. Hizo realidad un sueño: una institución en un país sin instituciones y emprendió otros. Uno finalizó con la propuesta de Pro Reforma, criticada por algunos, vilipendiada por otros pero que hasta el momento es la única alternativa presentada al caduco modelo de convivencia que todavía tenemos. Ni siquiera sus críticos, como en las grandes batallas, fueron capaces de contravenir los desafiantes postulados que, gusten o no, están suficientemente sustentados. Si algo caracterizó a Muso fue su capacidad de argumentar, de pensar, de ponderar, de evaluar y de proponer la decisión más adecuada.
Aún contra corriente de algunos opositores que continúan con esa nefasta práctica nacional y heredada de la crítica inservible y destructiva, deja toda una escuela de pensamiento que articuló en torno a la justicia y a la libertad y que es seguida por un buen número de generaciones -que enarbolan la bandera de la libertad con responsabilidad- con presencia en diferentes foros, áreas y disciplinas. Generaciones de jóvenes (y no tan jóvenes) que aprendieron como hacer las cosas con ilusión y entusiasmo y que hoy están repartidos por toda la geográfica y conforman un entramado social que imprime positivos cambios al país.
Mi cariño al emprendedor, mi admiración por el maestro, mi homenaje al decano y, sobre todo, mi esperanza por saber que existe una impresionante multitud, tal cual el soñaba, capaz de promover una sociedad más próspera: No tenemos que seguir siendo pobres para siempre, titulaba uno de sus libros. La muerte no es el final y en este caso, solamente es la continuación de un proyecto sin Muso presente, algo imperturbable porque la ideas permanecen y la obra queda.
¡Mis respetos Muso! Hoy las lágrimas son más libres que nunca.
Algunos de su generación poseen idénticas cualidades a las que él mostraba a diario: tesón, sentido del humor, capacidad crítica, sensatez, humanidad, humildad y un claro ideario de valores y de metas. Fue (son) el referente para muchos que quisiéramos, alguna vez, llegar a cumplir los ochenta con todo ese bagaje de valores que en otros pareciera que el tiempo va desgastando.
Nunca desfalleció en la lucha por un ideal esencial: la libertad. Su curiosidad le llevó a preguntarse por qué unos son más exitosos que otros o cuál es la fórmula “secreta” que hace que ciertos pueblos sean más ricos y prósperos que aquellos que siguen siendo pobres. Indagó en lo más profundo del ser humano y exploró por doquier para encontrar esa especie de oráculo que respondiera a sus preguntas de curioso empresario, amante de su país, pero sobre todo de los seres humanos que lo conforman.
Junto con otros amigos tuvo la brillante idea de poner en marcha una Universidad, un tanque de pensamiento que fuera capaz de promover la educación sobre principios de la libertad. Libre para pensar, libre para actuar, libre para emprender, libre, en definitiva, para buscar por uno mismo esa felicidad que continuamente anhelamos y pretendemos alcanzar o deseamos disfrutar a lo largo de nuestra vida. Era, como algunos lo han definido, un campeón de la libertad.
La constancia y el entusiasmo eran las bisagras del cofre que atesoraba sus innumerables cualidades. Hizo realidad un sueño: una institución en un país sin instituciones y emprendió otros. Uno finalizó con la propuesta de Pro Reforma, criticada por algunos, vilipendiada por otros pero que hasta el momento es la única alternativa presentada al caduco modelo de convivencia que todavía tenemos. Ni siquiera sus críticos, como en las grandes batallas, fueron capaces de contravenir los desafiantes postulados que, gusten o no, están suficientemente sustentados. Si algo caracterizó a Muso fue su capacidad de argumentar, de pensar, de ponderar, de evaluar y de proponer la decisión más adecuada.
Aún contra corriente de algunos opositores que continúan con esa nefasta práctica nacional y heredada de la crítica inservible y destructiva, deja toda una escuela de pensamiento que articuló en torno a la justicia y a la libertad y que es seguida por un buen número de generaciones -que enarbolan la bandera de la libertad con responsabilidad- con presencia en diferentes foros, áreas y disciplinas. Generaciones de jóvenes (y no tan jóvenes) que aprendieron como hacer las cosas con ilusión y entusiasmo y que hoy están repartidos por toda la geográfica y conforman un entramado social que imprime positivos cambios al país.
Mi cariño al emprendedor, mi admiración por el maestro, mi homenaje al decano y, sobre todo, mi esperanza por saber que existe una impresionante multitud, tal cual el soñaba, capaz de promover una sociedad más próspera: No tenemos que seguir siendo pobres para siempre, titulaba uno de sus libros. La muerte no es el final y en este caso, solamente es la continuación de un proyecto sin Muso presente, algo imperturbable porque la ideas permanecen y la obra queda.
¡Mis respetos Muso! Hoy las lágrimas son más libres que nunca.
lunes, 2 de agosto de 2010
¡Vaya desastre!
Incrédulos, interesados, embusteros y personeros del gobierno (no incluidos anteriormente), integran el colectivo de los que todavía opinan que no hemos colapsado, que aún no tocamos fondo. No pertenezco a ninguno de esos colectivos y estoy convencido que hace tiempo que llegamos a ese punto.
En seguridad, el gobierno se ha mostrado ineficiente, incapaz, no ya de cortar la violencia sino de siquiera aminorarla; el modelo policial es un más que patente fracaso. En Sanidad se cierran hospitales por falta de recursos, mientras se suspendió un contrato supervalorado tras publicarlo la prensa, de lo contrario se habría suscrito, como ocurrió con otros. En medio ambiente podemos llegar al choque social si se cumplen las promesas de algún alcalde de traer a miles de campesinos a la capital para apoyar la decisión presidencial sobre Perenco. El sector justicia no avanza, está atorado. La nueva comisión de postulación para seleccionar candidatos a Fiscal General ha sido reactivada por la CC porque dormitaba perpetuamente. El presidente de la CSJ, quien la debe de presidir, favorece a una joven allegada -y al padre de la misma- con contratos de trabajo que denuncia la prensa y es señalado por algunas organizaciones de posibles delitos que pudo cometer en su anterior ejercicio profesional. La infraestructura del país está hecha un auténtico desastre y sin recursos para reconstruirla. El turismo se ha reducido significativamente por la inseguridad que padecemos y los negocios a él asociados se ven afectados por lo mismo. Los ataques a medios de comunicación, a la libertad de prensa y al ejercicio del derecho a la expresión, son más visibles que nunca y algunos comunicados gubernamentales y oficialistas han proferido graves amenazas. El documento de identificación está cuestionado y se teme que el próximo proceso electoral no se produzca con la transparencia requerida. El terrorismo ha hecho acto de presencia con atentados en buses. En resumen, estamos en el peor momento “democrático” de la historia reciente del país. La inacción y el silencio gubernamental es la respuesta más inteligente a los problemas del ciudadano y, cada día, la percepción es que estamos mucho peor que el día anterior. Los “grandes” esfuerzos políticos se orientan a mantener el poder, justificar lo inexcusable o arremeter contra quienes evidencian esa incompetencia.
Este análisis del panorama nacional, que tanto se niega desde el poder, es externamente evidenciado, entre otros, por el Barómetro Iberoamericano 2010 (www.cimaiberoamerica.com). El Presidente peor valorado (24%) es Álvaro Colom, decreciendo la valoración de su gestión de 21% en 2008 a 16% en 2010. El reconocimiento positivo a la labor de gobierno en materia de seguridad, economía, salud, educación y medio ambiente, oscila entre el 12 y 21%. El país ocupa los últimos puestos en confianza en casi todas las instituciones. Los ciudadanos dan un valor de aceptación medio del 18% a la gestión del gobierno en áreas como: corrupción, salud, desempleo, economía, educación y terrorismo, entre otros.
No es un Estado fallido, es un gobierno que falla. Llegó con aparentes promesas bajo el brazo, pero ningún plan. Han querido seguir sustentando el sistema en las personas y su habilidad para resolver los problemas, solo que en este caso, ni siquiera eso ha sido suficiente. Estamos colapsados y todavía queda demasiado tiempo para optar por otras vías. Paciencia, resignación, ¡aguántense!, es lo que queda, por eso aquellas inapropiadas declaraciones del Presidente. A fin de cuentas, la verdad de la situación y la única solución. Pero recuerde: ¡cualquier situación por mala que sea, es susceptible de empeorar!
En seguridad, el gobierno se ha mostrado ineficiente, incapaz, no ya de cortar la violencia sino de siquiera aminorarla; el modelo policial es un más que patente fracaso. En Sanidad se cierran hospitales por falta de recursos, mientras se suspendió un contrato supervalorado tras publicarlo la prensa, de lo contrario se habría suscrito, como ocurrió con otros. En medio ambiente podemos llegar al choque social si se cumplen las promesas de algún alcalde de traer a miles de campesinos a la capital para apoyar la decisión presidencial sobre Perenco. El sector justicia no avanza, está atorado. La nueva comisión de postulación para seleccionar candidatos a Fiscal General ha sido reactivada por la CC porque dormitaba perpetuamente. El presidente de la CSJ, quien la debe de presidir, favorece a una joven allegada -y al padre de la misma- con contratos de trabajo que denuncia la prensa y es señalado por algunas organizaciones de posibles delitos que pudo cometer en su anterior ejercicio profesional. La infraestructura del país está hecha un auténtico desastre y sin recursos para reconstruirla. El turismo se ha reducido significativamente por la inseguridad que padecemos y los negocios a él asociados se ven afectados por lo mismo. Los ataques a medios de comunicación, a la libertad de prensa y al ejercicio del derecho a la expresión, son más visibles que nunca y algunos comunicados gubernamentales y oficialistas han proferido graves amenazas. El documento de identificación está cuestionado y se teme que el próximo proceso electoral no se produzca con la transparencia requerida. El terrorismo ha hecho acto de presencia con atentados en buses. En resumen, estamos en el peor momento “democrático” de la historia reciente del país. La inacción y el silencio gubernamental es la respuesta más inteligente a los problemas del ciudadano y, cada día, la percepción es que estamos mucho peor que el día anterior. Los “grandes” esfuerzos políticos se orientan a mantener el poder, justificar lo inexcusable o arremeter contra quienes evidencian esa incompetencia.
Este análisis del panorama nacional, que tanto se niega desde el poder, es externamente evidenciado, entre otros, por el Barómetro Iberoamericano 2010 (www.cimaiberoamerica.com). El Presidente peor valorado (24%) es Álvaro Colom, decreciendo la valoración de su gestión de 21% en 2008 a 16% en 2010. El reconocimiento positivo a la labor de gobierno en materia de seguridad, economía, salud, educación y medio ambiente, oscila entre el 12 y 21%. El país ocupa los últimos puestos en confianza en casi todas las instituciones. Los ciudadanos dan un valor de aceptación medio del 18% a la gestión del gobierno en áreas como: corrupción, salud, desempleo, economía, educación y terrorismo, entre otros.
No es un Estado fallido, es un gobierno que falla. Llegó con aparentes promesas bajo el brazo, pero ningún plan. Han querido seguir sustentando el sistema en las personas y su habilidad para resolver los problemas, solo que en este caso, ni siquiera eso ha sido suficiente. Estamos colapsados y todavía queda demasiado tiempo para optar por otras vías. Paciencia, resignación, ¡aguántense!, es lo que queda, por eso aquellas inapropiadas declaraciones del Presidente. A fin de cuentas, la verdad de la situación y la única solución. Pero recuerde: ¡cualquier situación por mala que sea, es susceptible de empeorar!
lunes, 26 de julio de 2010
Seguridad y Libertad
No es caprichoso que la función esencial del Gobierno sea proporcionar seguridad y justicia. Sin ellas, la libertad y los derechos del ser humano se encuentran comprometidos, restringidos o anulados. No se puede ejercer la libre locomoción mientras se produzcan asaltos o asesinatos en cada esquina. Tampoco la libertad de expresión, si por ello te agreden y el delito queda impune. Mucho menos el libre intercambio de bienes y servicios, cuando las garantías jurídicas no existen y ni hablar del respeto a la propiedad privada si invade impunemente tu lugar de residencia. No es gratuito el permanente reclamo al Gobierno para que tome medidas urgentes que reduzcan los niveles ascendentes de criminalidad y concentre su atención en esa área de la gestión pública.
Invertir (tiempo y recursos) en seguridad y justicia tiene una reversión directa y concreta: la creación de un clima de percepción de tranquilidad que permita emprender intercambios libres sometidos a un marco legal que asegure la confianza y promueva un ambiente propicio para la inversión y el consecuente desarrollo. Sin embargo, la actual administración continúa desviando fondos a otras áreas y se recrean en esa diplomacia de la “agenda positiva” que niega la triste, nefasta y fracasada realidad, mientras publicitan lo “bueno y bonito” (que no barato) de su labor, sustentado en visiones fantasiosas y artificiales, cuando no falsas.
Escalar algunos niveles de seguridad y justicia, no es complejo. Implementen las extradiciones inmediatas, algo que temen los delincuentes organizados. No solo porque afuera los vayan a juzgar más duramente sino porque rompe sus redes mafiosas y se les desconecta de su entorno criminal. Pongan orden en las prisiones siguiendo una política transparente, sin privilegios y de cero tolerancia con los infractores y muden frecuentemente a los pandilleros de cárcel para que las clicas no estén juntas en los mismos centros. Denunciemos esa nueva clase social de la narco-oligarquía, personas sin oficio conocido que adquieren grandes mansiones, manejan vehículos de lujo o se pavonean de su riqueza en aldeas donde reina la pobreza. Corten el flujo injustificado de sumas de dinero de las que nadie conoce su procedencia y no puede justificarse. Hagamos cumplir y respetar las leyes. En resumen: hagan algo, más allá del autismo, la cobardía o la resignación de costumbre, ya que optaron por asumir la responsabilidad del ejercicio del poder.
No vale la inacción, la pasividad, la dejadez ni mucho menos la connivencia para que estos temas los arregle la comunidad internacional. La CIGIG ha evidenciado que se pueden hacer ciertas cosas, pero como no se ha fortalecido el engranaje nacional, se ha reducido el nivel de eficiencia porque las fiscalías y el sistema judicial terminan por esperar resultados de aquellos y se crea un clima en el que cada vez trabajan menos, esperando que otros lo hagan y evitando críticas a su labor o ceses. La solución no es la pena de muerte (ya mueren demasiados) ni los jueces sin rostro, que algunos reclaman, sino los jueces con huevos. Tampoco seguir pidiendo desde el gobierno paciencia, conformismo o más recursos cuando no se tienen iniciativas claras ni prioridades establecidas en esta área.
Debemos asumir que esto es trascendental para la libertad, el desarrollo y el ejercicio de los derechos del ser humano o seguiremos conformes con propuesta inútiles, ineficientes, descaradas, partidarias e interesadas, propias de charlatanes que llegaron sin planes, ideas y no cuentan con la inteligencia ni con la voluntad para superar el escollo ¡Aguántense!, no es la respuesta.
Invertir (tiempo y recursos) en seguridad y justicia tiene una reversión directa y concreta: la creación de un clima de percepción de tranquilidad que permita emprender intercambios libres sometidos a un marco legal que asegure la confianza y promueva un ambiente propicio para la inversión y el consecuente desarrollo. Sin embargo, la actual administración continúa desviando fondos a otras áreas y se recrean en esa diplomacia de la “agenda positiva” que niega la triste, nefasta y fracasada realidad, mientras publicitan lo “bueno y bonito” (que no barato) de su labor, sustentado en visiones fantasiosas y artificiales, cuando no falsas.
Escalar algunos niveles de seguridad y justicia, no es complejo. Implementen las extradiciones inmediatas, algo que temen los delincuentes organizados. No solo porque afuera los vayan a juzgar más duramente sino porque rompe sus redes mafiosas y se les desconecta de su entorno criminal. Pongan orden en las prisiones siguiendo una política transparente, sin privilegios y de cero tolerancia con los infractores y muden frecuentemente a los pandilleros de cárcel para que las clicas no estén juntas en los mismos centros. Denunciemos esa nueva clase social de la narco-oligarquía, personas sin oficio conocido que adquieren grandes mansiones, manejan vehículos de lujo o se pavonean de su riqueza en aldeas donde reina la pobreza. Corten el flujo injustificado de sumas de dinero de las que nadie conoce su procedencia y no puede justificarse. Hagamos cumplir y respetar las leyes. En resumen: hagan algo, más allá del autismo, la cobardía o la resignación de costumbre, ya que optaron por asumir la responsabilidad del ejercicio del poder.
No vale la inacción, la pasividad, la dejadez ni mucho menos la connivencia para que estos temas los arregle la comunidad internacional. La CIGIG ha evidenciado que se pueden hacer ciertas cosas, pero como no se ha fortalecido el engranaje nacional, se ha reducido el nivel de eficiencia porque las fiscalías y el sistema judicial terminan por esperar resultados de aquellos y se crea un clima en el que cada vez trabajan menos, esperando que otros lo hagan y evitando críticas a su labor o ceses. La solución no es la pena de muerte (ya mueren demasiados) ni los jueces sin rostro, que algunos reclaman, sino los jueces con huevos. Tampoco seguir pidiendo desde el gobierno paciencia, conformismo o más recursos cuando no se tienen iniciativas claras ni prioridades establecidas en esta área.
Debemos asumir que esto es trascendental para la libertad, el desarrollo y el ejercicio de los derechos del ser humano o seguiremos conformes con propuesta inútiles, ineficientes, descaradas, partidarias e interesadas, propias de charlatanes que llegaron sin planes, ideas y no cuentan con la inteligencia ni con la voluntad para superar el escollo ¡Aguántense!, no es la respuesta.
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