Entradas populares

lunes, 6 de agosto de 2018

Silencio de corderos


Me confieso harto de marrulleros vendedores de humo, de políticos basura y de ciudadanos pasivos

La ausencia de debate político sobre temas trascendentes para el país, se ha convertido en la norma. Lo excepcional -también faltante- es que se aborde alguna mínima discusión sobre problemas nacionales. Los partidos políticos -que no lo son- siguen más preocupados por continuar en la sombra cómplice de la conspiración permanente que en la palestra, y sus integrantes más acongojados porque se hablen de ellos que por hacer su trabajo por el que mensualmente les pagamos. En fin: un silencio preocupante que nos tiene sumidos en la mayor inacción de los últimos años.
Aprovechando ese mutismo, cerca de ochenta diputados están ofuscados porque no podrán reelegirse en la convocatoria de 2019 y calladamente intentan revertir la norma que lo imposibilita ¡Para eso si son vivos! Sin embargo, aquellos otros que están en ley seguramente se opondrán y no por principios o respeto a la norma, algo que les viene del norte, sino por pura competencia política de sacarlos legalmente del tablero político nacional y reducir la oposición ¡Al pelo aquello de “no hay mal que por bien no venga!
Esta pasividad política desaparecerá, sin embargo, en poco tiempo. En la medida que se vayan destapando los candidatos para el proceso electoral venidero, se escucharán nuevamente promesas y “soluciones” para arreglar la debacle económica, social, educativa, sanitaria, etc. que el país arrastra por décadas y que cada cuatro años pretenden corregir inescrupulosos vendedores de humo que luego callan por otros tantos. De esa cuenta, no escuchamos cual es la posición de los partidos de la oposición respecto, por ejemplo, al desastre vial, al deficiente sistema de salud pública, a la encarecida compra de medicamentos, a la precaria situación de la educación, o a los actos de secuestros de alcaldes o robo de armas a policías por turbas de delincuentes sociales, entre docenas más. Tampoco sobre la desproporcionada solicitud de subida salarial de jueces y magistrados o la exigencia magisterial de más dinero para el pago de maestros que no incrementan una décima la calidad educativa ni reducen los índices de analfabetismo. Ya verán como en dos meses todos tienen la solución que ahora callan y cómo la ofrecen como remedio eficaz para promover “el desarrollo social que el país necesita, ¡ah!, y la justicia social”.
Después de veinte años residiendo en Guatemala, me confieso harto e incrédulo de tantos marrulleros vendedores de humo, de políticos basura y de ciudadanos pasivos y cómplices. He llegado al convencimiento de que tenemos poco arreglo porque sencillamente muchos se sienten cómodos con esta situación y sobre todo, porque falta el coraje necesario para acometer una profunda reforma que nos obligaría a cambiar de actitud y valores. No nos engañemos más: no queremos cambiar, y no porque no seamos conscientes de lo mal que estamos sino porque no nos atrevemos o nos sentimos cómodos esperando que algúna llegará “nuestro” turno de estar en la parte que envidiamos o deseamos. Una suerte de ley de péndulo que hemos terminado por asimilar, consentir y promover.
Cada quien tiene lo que se merece y nunca mejor se puede aplicar el dicho. Hay sociedades, mucho más pequeña que la nuestra, que han resurgido y tomado conciencia de que o empujas o te entierras: Israel, Croacia, Taiwán…, son ejemplos de países cuyo coraje social -si es que eso existe- los aúpa exitosamente por encima de otros. Las sociedades son lo que ellas permiten que sea y la guatemalteca carece del ardor necesario para actuar en la dirección correcta, suficientemente diagnosticada. Así que no nos quejemos más mientras sigamos en la sinuosa senda del silencioso y acobardado cordero.

lunes, 30 de julio de 2018

¿Privatizar como solución?


La privatización o concesión de ciertos sectores consigue reducir precios e incrementar la calidad

Las empresas privadas exitosas lo son porque además de eficaces son eficientes. En cualquier negocio, los beneficios económicos, producto de una buena gestión empresarial, constituyen el principal estimulo para continuar. Sin son escasos, reducen el interés; las perdidas lo hacen insostenible; no proveer un buen servicio -bien recibido por los consumidores- o no hacerlo al mejor precio posible, hace que el negocio quiebra inevitablemente en el corto plazo.
La gestión de lo público -contrariamente a lo privado- no genera normalmente utilidades. El burócrata gestor -independientemente de la gestión que haga- no cuenta con el aliciente de ganar más porque tiene un salario predeterminado y, consecuentemente, la búsqueda de la eficiencia no suele estar entre sus objetivos. Respecto a la eficacia -caso de un servicio público monopólico-  puede que tampoco la persiga ya que el cliente (ciudadano) deberá necesariamente que remitirse al único servicio existente: el estatal. La USAC o el IGSS, son ejemplos nacionales que muestran lo dicho.
Entre las dos opciones citadas, existe un modelo intermedio: la gestión publico-privada, en la que el Estado privatiza o, junto con la empresa, gestiona diferentes partes de un todo. En esos casos se concesionan ciertos servicios a lo privado y se dejan otros a lo público.
Además de la rentabilidad económica, puede haber, en ambos sectores, otras motivaciones: voluntad de servicio, cumplimiento del trabajo, satisfacción propia e incluso ascensos o mejoras. En la medida que se exige y los estímulos se incrementan se puede hablar, en el sector público, de funcionario más competente, dedicado, probo, etc., aunque nunca existirá el ánimo de lucro y el reparto de beneficio que siempre es un horizonte superior en el negocio privado. Ese inexistente objetivo en lo público -el lucro- es una diferencia sustantiva que hace que la gestión tienda a ser siempre mejor -al tener más alicientes- en lo privado y que un restaurante, un hospital, un servicio de transporte, etc., gestionado privadamente sea sustancialmente mejor que uno público, la experiencia lo demuestra y es un hecho generalizado con escasas excepciones.
Por tanto, la discusión sobre privatización -o concesión- de ciertos servicios debería partir de ese marco conceptual perceptible y buscar permanentemente la reducción de costos y la mejora de la calidad. Una línea aérea nacional, por ejemplo, suele tener un precio fijo y una atención que difícilmente mejora si no hay competencia o se gestiona de forma privada; el servicio público de transporte, entre otros, tiene perdidas por la inexistente gestión económica y se presta sin ajustarlo al costo real. La privatización o la concesión -no la mercantilización- de ciertos sectores consigue siempre reducir precios e incrementar la calidad, de lo contrario deberán cerrar por ser mejor la competencia. Sostener conceptualmente otro argumento es apoyarlo en una ciega base ideología sin racionalidad ni cálculo económico.
Muchos estatistas convencidos citan ejemplos de servicios públicos que “funcionan” en países desarrollados, y llevan razón. Son eficaces porque satisfacen la demanda ciudadana, pero en modo alguno está demostrado -porque no hay estudios- que sean eficientes, es decir se presten el mínimo costo. El motivo: no hay gestión económica con ánimo de lucro y de esa forma nadie gestiona de forma que se mejoren los números fiscales ni muchos menos la demanda ciudadana.
Ahora que el debate se reactiva, piense en todo esto antes de decidir ciegamente. Podemos seguir con servicios blicos de tercera o dar un paso gigantesco, pero no alegar ignorancia de cómo se pueden mejorar las cosas.

lunes, 23 de julio de 2018

¿Duele Nicaragua a todos?


-->
Ortega siempre fue un déspota, un autoritario y un violador sexual, no se haga el ignaro

El dictador Daniel Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, permiten que la policía nicaragüense y grupos paramilitares asesinen brutal y vilmente a ciudadanos cansados de represión que confrontan el régimen del FSLN y piden elecciones prontas como salida a la crisis. Es inconcebible que en pleno siglo XXI sucedan todavía esas cosas, y no solamente ahí.
Mientras la UE y los EE.UU. han pedido insistentemente el cese de la violencia, la OEA ha llegado tarde, como suele ser habitual, aunque con idéntica solicitud. Lamentablemente los gobiernos latinoamericanos de izquierda y aquellos subvencionados con dinero o petróleo venezolano, votaron en contra o sencillamente se ausentaron o abstuvieron: Venezuela, El Salvador, Bolivia, Belice y la mayoría de países caribeños ¿Cómo que no tiene sentido hablar de ideologías? En determinados momentos y para algunos, son más importantes que la vida humana.
Los gobiernos mencionados no han sido los únicos que se han solidarizado -directa o indirectamente- con la dictadura nicaragüense. El grupo parlamentario de izquierda del PARLACEN hizo una bochornosa declaración que alienta, apoya y reconoce el actuar sandinista; el resto de grupos guardó silencio complaciente. El partido político guatemalteco URNG-Maíz tuiteó que reconoce “el legítimo derecho a la defensa, ejercido por el gobierno sandinista frente a las agresiones perpetradas en su contra por los lacayos del imperio”, y justifica miserablemente la represión desde el Estado que es lo que condenan, precisamente, del actuar del ejército durante el conflicto armado interno ¡Enmarquemos el tuit, para recordarle esa contradicción cuando pidan el voto en 2019!
El Congreso de la República, por su parte, tampoco aprobó un comunicado de rechazo ¿La razón?, los votos en contra de la UNE y CREO, la ausencia de los partidos de izquierda: Convergencia, Winaq y URNG y el voto en contra de otros “honorables” congresistas ¡Ahí quiero ver a los diputados de la dignidad emitiendo un comunicado que echo en falta! Las iglesias, también están ausentes en esta necesaria condena fratricida.
Entre los aduladores del régimen asesino de Nicaragua, sorprende el presidente de la fundación contra el terrorismo quien escribió en su Twitter: Hubo un tiempo en el que Ortega orientó de manera correcta a Nicagua (sic) y le aplaudí…”. Darle ese benéfico de la duda -como hizo en varias ocasiones y declaraciones de adulación al tirano- deja claro que cuando conviene se relativizan valores democráticos y principios éticos. No señor, Daniel Ortega siempre fue un déspota, un autoritario y un violador sexual, no se haga el ignaro ni utilice lisonjas que contrastan hipócritamente con diatribas permanentes: vamos camino a ser como Venezuela o la constante fustigación a la izquierda guatemalteca, mientras reconoce ndidamente haber aprobado, elogiado y agradecido a ese otro revolucionario, sobradamente autoritario y delincuente. Mucha inmadurez, incongruencia o intereses, suelen ser razones suficientes para no haber condenado desde el principio las actitudes criminales del nicaragüense. Personajes “gallo-gallina” -más de lo segundo que de lo primero- que cacarean permanente en medios pero terminan mostrando su naturaleza totalitaria. De ser candidato en 2019, habrá que tener en cuenta también su debilidad por el despotismo y la tiranía, como la de URNG-Maíz y otros del mismo hato.
No olvidemos que en Nicaragua muchas personas son asesinadas con el beneplácito, el silencio o la aquiescencia de quienes desprecian la vida. Lo descrito arriba, no son más que distintas formas de expresión de un fenómeno desideologizado: el autoritarismo ¡Vergonzosos y canallas esos extremistas!