Entradas populares

lunes, 30 de enero de 2023

Ciudadanía, civilidad y autoridad

Enfrascados en ese círculo vicioso y buscando al culpable, se nos va el tiempo sin educarnos, porque somos una sociedad carente de civilidad

Es reclamo frecuente del ciudadano los atascos por el tráfico y las horas devengadas dentro del vehículo, así como otras cuestiones que afectan y complican lo cotidiano por no ser eficazmente supervisadas por las autoridades. Parte sustancial del problema del tráfico es la mala planificación de la ciudad: falta de pasos a desnivel, ausencia de circunvalaciones, mal manejo policial, etc., sin embargo, hay cuestiones que no son culpa de aquellas: motos circulando por aceras, no respetar semáforos, bloquear cruces, circular contra la vía, obstaculizar carriles, detener el bus en lugares en los que cada uno desea abordarlo y no en las paradas regladas o cruzar la carretera por debajo de las pasarelas, entre otras. A estas alturas del problema no se sabe de quien es la mayor responsabilidad, y los mismos ciudadanos que nos quejamos del político -a quien votamos libre y democráticamente-, incumplimos las normas cuya observancia reclamamos sean impuestas por la fuerza ¡Un quilombo, como dirían algunos de cantarín acento!

Enfrascados en ese círculo vicioso y buscando al culpable, se nos va el tiempo sin educarnos, porque somos una sociedad -engloba a gobernantes y gobernados- carente de civilidad. Nos falta educación vial, respeto a la ley y a los derechos de los demás; simplemente hacemos lo que nos viene en gana y lo justificamos de mil formas. En otros países no es necesariamente la imposición legal y la sanción lo que primordialmente hace que el ciudadano sea respetuoso y actúe consecuentemente, sino la educación, la solidaridad, la responsabilidad y la civilidad. Aquí, contrariamente a lo que demuestra ese mundo que progresa, le seguimos otorgando a Hobbes un excesivo protagonismo, incluso mayor del que realmente reclamaba, y exigimos un “Leviatán” que nos ponga en orden, cuando podríamos hacerlo preferentemente de forma voluntaria y respetuosa si fuésemos consecuentes con lo que exigimos.

Un 60% de la población económicamente activa -o similar- está en la economía informal y le vale un bledo la irresponsabilidad de eludir el pago del ISR que asume desde esa posición; otros evitan o disimulan el pago del IUSI -legal aunque no guste- sin advertir su actuar fraudulento e insostenible en la democracia que anhelan ni ser consecuentes con las exigencias que reclaman. De otro lado, cuando la policía actúa es criticada, apaleada o sencillamente es expulsada del lugar de los hechos, y siempre hay excusas para justificar esos incívicos actos porque en el fondo persiste la anarquía y la impunidad a la que nos hemos acostumbrado y promovemos.

Carentes de respeto y educación cívica, alentamos o contratamos personas que invaden la calle frente a nuestro negocio con pequeños botes llenos de agua para reservar los parqueos, privatizando descarada e impunemente, en nuestro favor, el espacio público. Los más exquisitos colocan conos -seguramente sustraídos de alguna parte- para que nadie use ese parqueo público del que se apropian porque está frente a su puerta, al considerar -desconozco en base a qué derecho- que les corresponde; la zona 15 está llena de esa despreciable práctica. Los buses, por su parte, se detienen en el carril central y suben o bajan a personas que tampoco exigen que se detengan en la parada correspondiente, lo que las pone en peligro al igual que al resto de conductores.

Somos una sociedad incivilizada y abusiva, aunque moleste que nos lo digan y recuerden. Pedimos servicios de primera que no queremos pagar y reclamamos que otros -las autoridades- arreglen problemas que no estamos dispuestos a solucionar porque no gustamos de la observancia de las normas. 

¡Un absurdo social disfrazado de hipocresía, como en muchas otras cosas!


lunes, 23 de enero de 2023

¿De qué trata la estrategia electoral?

El sistema ofrecerá casi una treintena de posibilidades partidarias, pero quien ejerza el voto apenas conocerá tres o cuatro

El pasado viernes, el Tribunal Supremo Electoral dio el pistoletazo de salida para el inicio de la carrera a la presidencia del país, las alcaldías y los escaños en el Congreso. El ciudadano promedio debatirá, como es habitual, sobre el binomio presidencial y los alcaldes que le parezcan más oportunos, y en ese ejercicio retará a sus meninges durante los meses que faltan para la votación. A medida que se acerque la fecha, llegará a la conclusión de que ninguno es lo suficientemente bueno y terminará por aceptar, con parsimonia y ese conformismo genéticamente desarrollado, que hay que votar por el menos malo. Poco o nada, se debatirá sobre los méndigos diputados que cada partido incluya en sus listas ni tampoco sobre quiénes son los personajes que desde la sombra manipulan determinadas formaciones políticas.

Como viene ocurriendo últimamente, nos sorprenderán y clavarán antes de advertir que el poder no está en aquellos cargos de los que nos preocupamos, sino que se concentra precisamente en quienes ignoramos.

El sistema ofrecerá casi una treintena de posibilidades partidarias, pero quien ejerza el voto apenas conocerá tres o cuatro y, además, no tendrá claro que el voto nulo es una opción de rechazo a un sistema inservible y que disgusta. Así que la pregunta que surge es: ¿para qué tantos partidos políticos si más de veinte binomios no son conocidos ni en su casa a la hora de comer? La respuesta solo tiene sentido si se comprende que la estrategia electoral no es colocar un binomio presidencial -ni siquiera un alcalde- sino contar con el mayor número posible de diputados, o con un número suficiente que sirva para sumarlos a grupos que requieran mayorías para la aprobación de normas legales. Con ello, el voto de pocos diputados -en momentos en que sea necesaria una determinada mayoría- puede generar enormes réditos.

Portillo como Baldizón, hacen lo propio, y dicen que no optarán a cargo alguno, no porque no puedan, ya que ambos son convictos, sino porque desde bambalina manejan cierto número de diputados que utilizarán para negociaciones posteriores en el Congreso ¡Ahí es donde radica el poder!

Lo anterior es precisamente lo que viene ocurriendo desde 2008, cada vez de una forma más evidente y atomizada. Si en aquel entonces tres partidos podían alcanzar mayorías suficientes porque contaban con alto número de diputados, en la presente administración, excepto tres partidos que tenían más de 10 congresistas: UNE con 52 (luego se fraccionó), VAMOS que obtuvo 17 escaños y UCN con 12, el resto (16 partidos) contaba con menos de una decena. De esa cuenta, se ha tenido que conformar un club específico para cada toma de decisión en el Legislativo, lo que ha significado incluir a más de diez partidos porque todos tienen muy poco caudal de diputados. Eso ha encarecido enormemente la negociación política, incrementado el precio y, consecuentemente, aflorado y evidenciado más patentemente la corrupción. Recuerde como, en este gobierno, a muchos partidos/diputados les repartieron un área de la administración para explote y disfrute económico de sus dirigentes.

Si usted no tiene claro su voto, lo mejor es que opte por el nulo y no entregue votos a esa infinidad de partidos, porque únicamente servirán para consolidar la estrategia indicada. Por lo tanto, no es importante quien sea Presidente ya que no podrá gobernar sin el concurso de los parlamentarios opositores, y deberá plegarse a los juegos del Congreso, lo que nos costará, de nuevo, un dineral y generará la tradicional perversión.

A partir de ahora, no diga que no sabía, salvo que sea cómplice y se vea beneficiado de ello.

lunes, 16 de enero de 2023

El nauseabundo ambiente político

Mismos procedimientos y mañas en épocas distintas, aunque con idénticas intenciones.

El proceso electoral que se avecina está cada día más activo y descolorido, y en lugar de contar con más posibilidades de opciones reales y nuevas -algunas hay- se reciclan personajes lúgubres de la politiquería tradicional. De aquel gobierno del FRG persisten Portillo y Zury Ríos, ahora “divorciados”, aunque en su momento hicieron mancuerna en un periodo oscuro de la vida pública nacional. El primero, cual pulga saltarina, ha buscado -al menos en cuatro partidos- espacio donde colocar a diputados que sirvan para negociaciones posteriores, y obtención de rentas. La segunda, sigue entre bambalinas sin asomar la cabeza, vaya a ser que aparezca la Dalila de la UNE, o sus socios,  y la decapiten antes del reparto del pastel.

Sandra Torres insiste contumazmente en ser presidenta. Si aquel fraude del divorcio para ser candidata no fue suficiente, se presenta con un vicepresidente que se aparta súbitamente de la predica religiosa para no infringir la prohibición constitucional. Mismos procedimientos y mañas en épocas distintas, aunque con idénticas intenciones. Además, cuatro de sus hijos y un hermano ocuparán candidaturas para consolidar aquello de “mi familia progresa”, y por si les sale mal nuevamente el conteo de votos. 

Manuel Baldizón -como “Matrix renovado”- insiste en ocupar un espacio en un ambiente político que ya le negó el pase a una segunda vuelta. Desde prisión domiciliar emitirá un programa en redes y apoyará la candidatura de sus cachorros que aspiran -como todo hijo inútil de político- a seguir los pasos de su progenitor. Olvida decir que lo expulsaron de EE.UU. después de cumplir condena por lavado de dinero y que aquí tienes dos casos abiertos por graves delitos ¡Otro delincuente en política!

El partido oficial propone a Manuel Conde, secretario general de otro partido, lo que deja entrever el oportunismo, pero también el fraude a la democracia y el engaño a los electores, y deja claro que cual mercenario responde a intereses personales.

La izquierda radical y autoritaria, próxima a dictaduras ya conocidas, incorpora a Jordán Rodas en un partido sostenido por una organización señalada de delinquir y con dirigentes acusados y condenados por robo de electricidad, retenciones y agresiones. Hay que recordar que Thelma Cabrera fue elogiada por Thelma Aldana en el proceso electoral 2019 ¡Como que se desprende un tufillo del porqué CODECA ha campeado libre e impunemente y cometido múltiples fechorías en pasadas administraciones!

La otra izquierda, la que se dice moderada -Winap, Semilla y URNG- converge en la alcaldía de la ciudad capital con Foppa quien seguramente se quejará de ser excluido de la contienda, silenciando que está procesado por un delito de falsedad ideológica con agravación electoral, el mismo que reconocieron varios de sus compañeros de fórmula -como Anibal Argüello, exCicig- y por el que fueron condenados a tres años de prisión conmutables.

Para darle más sabor al caldo, la escisión de la UNE -ahora VOS- incorpora, como coordinador del plan de gobierno, al oportunista Manuel Villacorta -expresidenciable de Winaq-, lo que radicalizará las propuestas y las acercará al autoritarismo venezolano que tanto venera; y el secretario general del partido “Mi Familia” es ligado a proceso, y enfrentará cargos por los delitos de falsedad ideológica y casos especiales de estafa. 

Por si no ve opciones, puede votar por populistas, con Arzú al frente, quien manifiesta reiteradamente su deseo de fusilar a medio país -Presidente incluido-, llenar de militares las calles y ofrece medicinas baratas, posiblemente de sus financistas argentinos.

No me diga usted que el voto nulo no es una excelente opción con este nauseabundo panorama electoral, porque en esta ocasión, hasta difícil será encontrar al menos malo.

lunes, 9 de enero de 2023

Narcopolíticos, elecciones y futuro

Si el votante no admite que es cómplice de lo que elige, no será posible modificar un esquema cada vez más incrustado en la administración

La reciente solicitud de extradición, por parte de tribunales norteamericanos, de dos diputados y dos alcaldes guatemaltecos señalados de narcotraficantes debe de encender, aún más, las alarmas naciones de cara a las próximas elecciones, y a quienes nos gobiernan. La “vergüenza nacional” de haber votado por dirigentes acusados de narcoactividad se prolonga después de la acusación, detención y condena de otros personajes que en su momento fueron juzgados en aquel país. No estamos muy lejos del “esplendor” colombiano o mexicano, cuyo Estado se ha visto en jaque después de la detención del hijo del Chapo Guzmán y los disturbios ocasionados por grupos armados que abiertamente allí operan y desafían al Estado. 

CICIG señaló en su momento al narcotráfico de financiar una parte importante del proceso electoral guatemalteco, aunque nunca les entraron a esos “grupos ilegales y paralelos”, quizá por el alto costo que ello suponía. De entonces a nuestros días, los estudios indican que el financiamiento electoral se genera mayoritariamente entre lo que se desvía de dinero público -apropiación directa o comisiones que se cobran por adjudicación de bienes y servicios- y la contribución del narcotráfico. Poco, muy poco, es el dinero aportado por simpatizantes o afiliados a partidos políticos.

Lo que hacen es una inversión, una apuesta por el gobierno -local o nacional- que pueda surgir de las urnas y los beneficios que obtendrán posteriormente. Además, y mucho más grave e hipócrita, es que ciertos partidos y candidatos, suficientemente conocidos en sus localidades, sean votados por ciudadanos inescrupulosos que permiten, consiente, alientan y sostienen el modelo que se ha incrustado en la política. Si de algo no hay duda es que las elecciones en este país han respondido al voto libre del ciudadano. Ahora bien, lo que no se sabe -porque el voto es secreto- es cuántos de esos votantes apuestan por un modelo de gobierno de narcos, y sobre todo quienes se benefician del mismo. Si el votante no admite que es cómplice de lo que elige, no será posible modificar un esquema cada vez más incrustado en la administración.

Además esas autoridades -como es el caso del diputado Ubico- ocupan puestos directivos en comisiones como Defensa, Gobernación y Justicia o forman parte de esquemas de seguridad nacional, algo absolutamente surrealista. Si a eso sumamos el número creciente de uniformados -policiales y militares- relacionados con el esquema de crimen organizado, el final no es otro que un narco-Estado cada vez más consolidado.

Muchas personas al plantearse este problema preguntan qué pueden hacer. La respuesta compleja suele ser la reflexión de ciertos “analistas”, pero mucho más sencilla, contundente y efectiva es la de: no vote por ningún partido que incluya como candidatos a personas relacionadas con el crimen organizado, el narcotráfico o delitos de alto impacto ¿Qué queda entonces?, agregan algunos desesperados. Pues lo que el sistema permite: el voto nulo. 

Hay quienes descalifican la alternativa del voto nulo -no les quito parte de la razón- pero es lo único que haría que se repitiese el proceso y, aunque todo al final fuese igual, al menos nos daríamos como sociedad la oportunidad de probar algo que puede cambiar un sistema cerrado a las mafias partidarias. Lo que está claro, y con poca discusión, es que votar por el menos malo siempre nos ha conducido a elegir al peor, pero hay una puerta que, aunque en el largo plazo lleve a lo mismo -algo por comprobar- al menos es una esperanza de cambio que no se debería de descartar. 

Lo otro: seguir haciendo lo mismo para buscar resultados diferente, que es lo que definió Einstein como estupidez humana.


lunes, 2 de enero de 2023

2023, ¿año nuevo o más de lo mismo?

El 2023 será una expresión más clara y evidente de las miserias nacionales que hemos construido por acción, omisión y dejadez. 

Iniciamos -principiamos diría aquel- un año nuevo. Volvemos, en este mes de enero y por arte de birlibirloque, a ser los ingratos que fuimos hasta noviembre del 2022, después de limpiar el alma, con infantil fantasía, en un diciembre lleno de “amor y paz” que permitió olvidar penas por unos días en una especie de acto de caridad para uno mismo.

En este 2023 tendremos unas elecciones generales con los mismos candidatos pelmazos que tradicionalmente concurren a estos comicios. Encontraremos perfiles como el de esos cuatro pillos recientemente reclamados por narcotráfico en los USA, y que -aunque duela- fueron votados por muchos y aupados democráticamente a los puestos que ostentan, aunque nadie quiera responsabilizarse de ello. El político -dejémonos de engaños que ya pasaron las fiestas navideñas- es el reflejo de la mayoría de una sociedad, y los “nuestros” no son diferentes a “nosotros”, por mucho que queramos separarnos de ellos, especialmente cuando vemos de qué son capaces. Para escapar de esa hiriente responsabilidad, creamos una barrera artificial entre la realidad y el ideal sin advertir el poder del voto que, sin ser lo único que permite cambiar ciertas cosas, es lo más poderoso en una democracia.

En este anno Domini, seguiremos con una Corte Suprema de Justicia ilegalmente consolidada en el poder judicial, y sostenida por un Congreso de nefastos personajes que se reparte el dinero público con inusual descaro. El sindicalismo depredador hará de las suyas y nuevos pactos colectivos exprimirán las arcas públicas como suele ser habitual. Las invasiones de fincas continuarán y serán justificadas por inescrupulosos ideologizados que ven en ello la forma de recuperar el “despojo histórico”. Los grupos armados ilegales operarán en determinadas zonas aunque ciertos medios hablen de “problemas históricos entre poblaciones vecinas”. La delincuencia continuará acechando a sus víctimas y llenando las redes de videos con crímenes impunes a la luz del día. La corrupción reaparecerá victoriosa en este espectáculo circense que es la política nacional. El narcotráfico y el crimen organizado repetirán las actuaciones colombianas y mexicanas de los ochenta y se enraizará en el poder local por medio del dinero, la extorsión, la presión y el miedo. Se “descubrirán” súbitamente grandes superficies de plantaciones de droga que parecieran emerger de la noche al día, y serán defendidas por pobladores locales que enfrentarán a las fuerzas del orden, mientras se justifican con envolturas de históricas luchas campesinas o problemas estructurales de larga data. Los gringos se enojarán con nosotros, y seguramente los europeos también, porque dicen -y llevan razón- que no hacemos mucho por cambiar el país. Ciertos diplomáticos acreditados reclamarán más gasto público y subida de impuestos mientras, al pagar, muestren su tarjeta de exención del IVA y padezcan menos carga impositiva sobre lo que cobran en sus respectivas organizaciones que lo que desean que hagamos los demás. La migración seguirá en alza y los “amigos” del norte pretenderán demostrar lo humanos que son mientras cierran la puerta a quienes huyen de la miseria. Seguiremos ahogados en el tráfico con paciencia del santo Job, y protestaremos para adentro sin hacer mucho más.

En definitiva, el 2023 será una expresión más clara y evidente de las miserias nacionales que hemos construido por acción, omisión y dejadez. Quizá este año tampoco veamos la oportunidad que tenemos para cambiar lo que no funciona y de lo que nos quejamos permanentemente, mientras escapamos a ese mundo avatar que nos anestesia un poquito de lo mal que otros hacen y de lo que, por supuesto, somos ajenos.

Como diría humorística y familiarmente un buen mexicano: ¡Feliz 2023 cabrones! (póngale usted el tonito).

lunes, 26 de diciembre de 2022

El fenómeno Al Capone “come back”

Estamos atrapados entre los extremos de una nefasta inercia pendular que da pie a la venganza, al odio y a la injusticia consentida.

A Capone fue un gánster que la justicia norteamericana llevó a prisión por evasión de impuestos, al no poder demostrársele otros crímenes más graves cometidos durante la década de los veinte. Un delito menor, probado y aceptado, puso punto final a una ardua persecución policial y cerró un caso notorio. Salvando la distancia y el tiempo, pero tomando el referente estratégico, vemos como pasan cosas “similares” a aquello de principios del pasado siglo.

Un ejemplo de lo relatado lo protagonizó el juez Baltazar Garzón y le puso final el Tribunal Supremo de España que lo inhabilitó por realizar escuchas que "sólo se encuentran en los regímenes totalitarios", para conseguir "la información que interesa al Estado". Naturalmente él lo justificó en nombre de la justicia que aplicaba y de su fama de persecutor de grupos de narcotraficantes y terroristas, pero cruzó la legalidad y erró. Por su parte, EE.UU. mantiene activo un Guantánamo con reclusos no juzgados, y viola la ley en nombre de la misma ley que pretende defender, lo que es injustificable. 

Aquí hay, sin duda, una colérica persecución a personas que en su momento hicieron un buen trabajo, al igual que antaño la hubo a quienes no resolvían conforme determinaba el poder de entonces. Y es que estamos atrapados entre los extremos de una nefasta inercia pendular que da pie a la venganza, al odio y a la injusticia consentida.

El fiscal Sandoval mantuvo un registro paralelo -quizá dos- al del MP para que no hubiese filtraciones de “sus investigaciones”, lo que produjo indefensión y sorpresa de muchos. La jueza Aifán permitió encadenar casos para que cada nuevo eslabón estuviese controlado por personas afines, en vez de seguir los procedimientos regulados para los de mayor riesgo. El juez Gálvez “inventó” y aplicó la prisión provisional, que aunque figura en la constitución, la ley desarrolla como prisión preventiva una vez se ha escuchado al encartado, y no antes. José Rubén Zamora fue “sorprendido” entregándole una suma importante de dinero a un delincuente para que se la bancarizara. Y la exfiscal Laparra tomó atribuciones que no le correspondían al incumplir la ley que determina cómo hacer las denuncias contra jueces.

Independientemente de la encomiable labor que esas -y otras- personas pudieran haber realizado en el ejercicio de sus funciones cuando ocupaban determinados cargos, y de que es evidente que hay una constante agresión de mercenarios de las denuncias aliados con parte del poder político, hay cosas mal hechas en su proceder y justamente el “fenómeno Al Capone” encontró nuevamente espacio un siglo después.

El Derecho penal del enemigo es normalmente utilizado en diferentes versiones y los ejemplos citados ilustran parte de ello. No se puede aplaudir el actuar de quienes vulneran la ley por el referente de lo que hicieron o la fama mediática que se les ha atribuido. No es aceptable violar el Estado de Derecho en nombre de la justicia, tal y como se ha demostrado especialmente en países que luchan contra el terrorismo. Hay que ser escrupuloso con las formas, los detalles, las acciones y el cumplimiento de la norma.

Sin embargo, la opinión publicada ha convencido a muchos de quienes son los “buenos y los malos”, y sin analizar sus resoluciones o escudriñar sus actos, juzgamos en función del nombre o el direccionamiento informativo que aconseja el momento. Esa actitud no deja de ser una manipulación consentida, además de una sustancial falta de criterio en materia de principios y valores que siempre deben de estar por encima de las personas, especialmente de quienes ocupan cargos públicos o ejercen autoridad. 

lunes, 19 de diciembre de 2022

De juicios, resoluciones y desacuerdos

Lo que se puede probar se juzga y el resto es imposible por muy “evidente y claro que parezca” a algunos.

Con poca diferencia temporal se han sentenciado los casos “La Línea” y “Virginia Laparra”. En ambos, hay un antes, un después y una enorme presión que condiciona o desvirtúa la lectura jurídica, y están mediáticamente posicionados lo que dificulta comprenderlos sin sustraerse del filtro de la militancia política, el activismo periodístico o la irracional emoción al ponerse “de parte de…”.

En el caso “La Línea” se inducía desde redes sociales la “necesidad” de una condena para los personajes principales implicados: Pérez Molina y Rosanna Baldetti -aunque había una treintena de señalados totalmente ignorados- y desde el inicio se presionó e incluso dudó de la capacidad del tribunal para sentenciarlos. Sin embargo, las tres juezas explicaron detalladamente las razones de su decisión y apreciaron ciertos delitos, condenando a determinadas personas y absolvieron a otras. Sintetizo lo que manifestó la jueza presidente: hay hechos que no se pueden evitar y otros que no se deben suponer, pero el prejuicioso ciudadano no está dispuesto a comprender -o le cuesta- que la verdad judicial no siempre coincide con la verdad real o incluso con lo que presenta el sistema mediático. Lo que se puede probar se juzga y el resto es imposible por muy “evidente y claro que parezca” a algunos.

El caso de Virginia Laparra fue similar. También desde temprano se presentó mediáticamente como persecución política o manipulación judicial; un juicio que había que anular y liberar a la encartada. Sin embargo, la jueza razonó y concluyó que efectivamente hubo un delito continuado de abuso de autoridad, por mucho que se cuestione lo contrario, o no guste la condena ¡Dura lex, sed lex!

En dichos casos, la opinión publicada y la narrativa difundida, quedaron desvirtuadas -al menos parcialmente- y las juzgadoras explicaron detalladamente sus razones. Otra cosa es querer comprenderlo, más allá de la emoción imprimida -cuando no el frenesí-, por personas y organizaciones que, en ambos casos, tienen condicionantes ideológicos o políticos, y en menor medida genuino interés judicial.

Las redes y la militancia mediática nos han habituado a ser jueces, abogados, doctores -durante la pandemia- o catedráticos universitarios. Cada cual tiene su opinión -racional o inducida- y no asumimos que solemos carecer de información -y formación- suficiente para aceptar que aquello que “se nos ocurre” no suele ser la verdad. Somos, además, una sociedad muy crítica pero poco autocrítica, y perfeccionamos a diario la capacidad de señalar lo que otros hacen sin advertir lo que nosotros hacemos. Una especie de soberbia social que la democratización de las redes ha alimentado en la medida que hemos puesto “nuestra tribuna” a la par de tribunas más cualificadas.

Se señala, con razón, el sistema y se reclama la República añorada -mensaje ahora de moda y en boca de quienes nunca utilizaron tal palabra- sin entender ni aceptar que en ese modelo republicano las instituciones son lo importante, que es precisamente lo que se cuestiona con la presión individual -o de grupos- que se pretende imponer por encima de aquellas.

Cambiar las cosas implica modificar el modelo, pero también aceptar que la fricción, la polarización, la venganza ideológica y otros factores presentes en esta sociedad, no son razones que sustenten la búsqueda de objetivos sociales comunes. Seguimos enfrentados porque es mentira que busquemos un pacto social; únicamente pretendemos posicionar nuestro interés. La venganza se confunde con la justicia y no somos capaces de abandonar ese círculo pernicioso que muchos alimentan desde adentro o del exterior. 

Seguimos siendo manipulados e incapaces de formarnos una opinión propia y cualificada, y bailamos, como casi siempre, al ritmo que otros imponen.

lunes, 12 de diciembre de 2022

Entre bomberos no se pisan la manguera

Se constata que, efectivamente, hay una “teoría de complot ideológico”, basada en una realidad más visible y evidente que ya no se niega .

Que el gobierno de Pedro Castillo iba a ser un desastre fue algo sobradamente anunciado y suficientemente visible durante la campaña electoral peruana, bastaba analizar a los personajes, los discursos y la propuestas que se manejaban. Aun así, los ciudadanos de aquel país decidieron libremente equivocarse y hete ahí las consecuencias y sus resultados ¡Cosas de la democracia que algunos pagan más caro que otros!

Después del burdo golpe de Estado en Perú, Petro -el presidente colombiano -de cuerda ideológica similar al peruano- intentó defender y justificar a Castillo desde distintos ángulos: “que si era profesor y lo arrinconaron desde el principio” o pidió medidas cautelares a la CIDH. Por su parte, López Obrador dio instrucciones a su canciller -aunque Ebrard se hiciera el loco- para que Castillo fuese acogido y refugiado en la embajada de México, haciendo gala, sin pudor alguno, de esa tradicional condescendencia mexicana con delincuentes, propios y extraños.  Nicolás Maduro, desde Venezuela, y para no ser menos, alegó que Castillo vivió una “persecución sin límites”, a pesar de haber sido el descarado autor de un delito de rebelión. Todos ellos decidieron justificar, apoyar, sostener y acoger a un presidente delincuente que la mayoría de la comunidad internacional, y los ciudadanos de su país, condenaron desde que ocurrieron los hechos.

En medio de ese mar de insensateces, Lula, otro izquierdista reelecto por una ciudadanía que parece reclamar también su derecho a equivocarse, le da un papel protagónico a su esposa -¿quién la votaría?- en el proceso de transición de poder en Brasil, y pretende dejar fuera del presupuesto de la nación la millonada que prometió entregar a quienes le votaran, porque “ahora advierte” que con el gasto público regular no le llega.

La tercera pata del banco la aporta Cristina Kirchner, condenada por corrupción y apoyada también por López Obrador y por el gobierno español, cuya vicepresidenta -igualmente de izquierda- viajó a Argentina para solidarizarse con la ahora convicta. En conclusión, las izquierdas se asocian y apoyan entre sus dirigencias políticas al estilo corporativista de la tradicional internacional socialista. Y es que lejos de descartar, como hacen muchos, ese discurso de "izquierdas y derechas", pareciera ser que está más vivo que nunca, y determinadas situaciones lo ponen de manifiesto.

Cada vez es más visible la existencia de una explícita red político-ideológica global -siempre la hubo- que aglutina un liderazgo capaz de criticar no importa qué cosa del contrario mientras impunemente acoge a dictadores y delincuentes con asombroso descaro, y sin mucho rubor, en tanto promuevan sus intereses. Hay que subrayar que, hasta el momento, se libra de toda esa complicidad el régimen chileno, igualmente sostenido por una coalición de izquierdas, pero con una madurez y sensatez digna de estudio sociopolítico, y cuyo presidente -Boric- ha actuado con un grado de responsabilidad que es necesario reconocer y destacar. Otros países, más descarados y con menos peso internacional, como lo son Cuba y Nicaragua, los sacan o incluyen en el club en la medida que interesa, sirve a sus propósitos o no enojan demasiado a las grandes potencias.

Se constata que, efectivamente, hay una “teoría de complot ideológico”, basada en una realidad más visible y evidente que ya no se niega. Una región con Maduro, Petro, Kirchner, Lula -más Ortega y Díaz-Canel- y otros personajes, y con unos EE.UU. cuyo régimen pugna entre moderados y radicales demócratas, el futuro de América apunta a una consolidación del poder de China y Rusia, y una vuelta al manoseo de décadas pasadas. 

Pareciera ser que como región estamos condenados al fracaso. Eso sí, con anuencia del democrático y libre electorado.


lunes, 5 de diciembre de 2022

¿Quién ganará?: fútbol y elecciones

Lejos de predecir el panorama electoral es mejor ofrecer parámetros para que cada uno emita su voto libre y responsablemente

Conversar unos minutos con alguien conduce a responder la pregunta que todos hacen: ¿quién ganará las elecciones del próximo año? Es más fácil imaginar quién triunfará en el mundial que señalar al político o el partido que alcanzarán el poder en el 2024. En el país de las bolas, pareciera haber desaparecido la más importante: la bola de cristal.

Un sistema solo genera que aquello para lo que fue diseñado, y el electoral se estira hasta donde lo permite su ajustado corsé, que no es mucho. Después de que la corte de constitucionalidad negará el amparo interpuesto por el CACIF, seguirá siendo imposible hacer campaña política antes del banderazo de salida. Es un absurdo que en política se impida hacer campaña permanentemente y no se permita conocer a los posibles candidatos y sus propuestas en detalle mucho antes de ese corto tiempo que la ley permite.

De casi treinta partidos inscritos -con previsión de que lleguen a cuarenta- es presumible que apenas pueda nombrar tres o cuatro posibles candidatos. Los demás están en la sombra porque no pueden exponerse a ser bloqueados por campaña anticipada. El absurdo legal se explica solo, pero acostumbrados como estamos a desenvolvernos en un sistema fantoche, no llama la atención más que otras estupideces legales que estoicamente soportamos.

Llegaremos al preámbulo electoral y entonces candidatos y partidos comenzarán a darse a conocer, lo que será imposible con el ceñido espacio que marca la ley, tanto en tiempo como en presupuesto, porque el sistema está hecho para dar ventaja a los conocidos. El resto, deberán posicionarse para dentro de cuatro u ocho años, y así estar en esa parrilla ventajosa de salida que configura la norma.

Cuando me preguntan quién ganará las elecciones, creo que por primera vez la respuesta es más difusa que en pasadas ocasiones. Lejos de predecir el panorama electoral -como aquel pulpo hiciera con un mundial de futbol- es mejor ofrecer parámetros para que cada uno emita su voto libre y responsablemente, lo que no es poca cosa. Al igual que en el mundial, no hay que tener únicamente nombre y fama, sino que es preciso anotar el día del partido. Todo lo demás es estadística.

Averigüe sobre los candidatos, mire de qué han vivido los últimos diez años y si ejercieron una profesión noble y correctamente. Pregúntese de dónde sacan el dinero que les permite ejercer como político sin trabajar en otra cosa y analice si el nivel de vida se corresponde con los ingresos. Relájese y ponga la canción “despacito” y al ritmo que le marque, léase el proyecto político que proponen. Si no está disponible, ignore esa opción porque no es la adecuada. Indague sobre los diputados que incluyen en sus listados, y vea cuántos han sido condenados o procesados; deseche la opción cuando encuentre alguno de ellos.

Si hizo todo lo anterior, seguramente se formará un criterio de las opciones convenientes. Vote por el partido o la persona que responda a esa calidad de perfil que nos merecemos. De lo contrario vote nulo, a pesar de que digan que no sirve para nada porque le están mintiendo. Usted es el encargado de marcar el gol del triunfo, aunque nadie se lo espere y las probabilidades señalen a otro como favorito. Su voto es crucial y contribuirá a la victoria que merecemos. No falle el penalti, porque nos condenamos a cuatro años más de espera. 

Por si le sirve de referente, en la China de Xi Jinping y en Irán los ciudadanos confrontan a sus gobiernos y logran resultados ¡La idiosincrasia de los pueblos, y su destino!


lunes, 28 de noviembre de 2022

Dictaduras consentidas y legalizadas

Las dictaduras existen porque las democracias lo consienten, y las legalizan con su actitud permisiva y condescendiente.

El régimen catarí es un emirato hereditario cuya falta de democracia ha sido especialmente expuesta a partir del presente mundial de futbol. Sin embargo, eso se sabía cuando la FIFA eligió el lugar como sede, y en aquel momento, seguramente, se debatió la falta de libertades que allí se observan. A pesar de todo, quienes votaron, ignoraron la importancia de los valores y principios democráticos en la toma decisiones. 

En estos días -con beneplácito norteamericano- se presiona a Ucrania para que negocie con Rusia, mientras México abre las puertas como sede para que el gobierno venezolano y la oposición se sienten a desbloquear unos miles de millones de dólares congelados en bancos extranjeros. Casi simultáneamente, el presidente Petro pacta con una facción de la guerrilla colombiana para que deje de matar. De la situación abusiva en Nicaragua, El Salvador o del histórico cubano, ni se habla.

Las dictaduras existen porque las democracias lo consienten, y las legalizan con su actitud permisiva y condescendiente. Frecuentemente excusan a los dictadores para que formen parte de un sistema democrático que decide por mayoría y consenso, excepto en sus países de procedencia. Validan que se sienten en mesas de negociaciones y formen parte de instituciones internacionales cuyos modelos de diálogo ignoran en sus respectivas naciones. No obstante, cuando esas dictaduras protegidas dejan de ser útiles a los promotores de turno -grandes potencias- la historia nos muestra que se dejan caer o se destruyen. Irak e Irán puede ser buenos ejemplos o las centroamericanas de los setenta y ochenta.

El liderazgo político internacional no tiene ningún pudor en estrechar la mano de Maduro -el presidente francés lo hizo recientemente- o en asistir a tribunas deportivas a ver la selección de su país -el rey de España hizo lo propio- ignorando que en esos lugares asesinan diariamente a sus ciudadanos y, en el mejor de los casos, tienen restringidas muchas expresiones de libertad. 

El ciudadano común tampoco advierte el daño que representa ese tipo de actitudes permisivas para quienes sufren regímenes autoritarios. Y mientras se conmueve y con una mano dona fondos para luchar contra la represión de la comunidad LGTBQ, proclama en Twitter la lucha por la igualdad de la mujer o la libertad de expresión, con la otra hace lo contrario, al permitir la presencia de dictadores en foros internacionales o validar regímenes que limitan expresiones de libertad, como el de Catar que acogerá millones de personas que “van al futbol” a un lugar con alto grado de despotismo y opresión gubernamental.

No deja de ser la expresión más evidente del fariseísmo político-social que vivimos, y del que formamos parte. Militamos intensamente en partidos de izquierda o derecha y apoyamos la democracia, en la medida que nos pica la espalda, pero desconocemos eso mismo en otros lugares sin que la conciencia nos alerte del daño que hacemos por omisión. 

Los regímenes autoritarios deberían ser desconocidos por esa comunidad internacional cuentista que mira sus intereses y menosprecia e ignora autoritarismos mientras no les afecten. Cuando quieren degradarlos, convocan ruidosas manifestaciones en pro de derechos humanos, de grupos o de minorías que, al poco tiempo, son obviados al sentarse complacientemente en foros internacionales con los dictadores que los generan.

Vivimos -así fue siempre- en un mundo enormemente hipócrita y de doble moral del que formamos parte activa o pasivamente, pero en el que nuestra actitud importa mucho. Sin advertirlo -o quizá si- consentimos muertes y desdichas por incoherencia con lo que pensamos, decimos y cómo actuamos.

Y es que arreglar el mundo requiere de más acciones y de menos palabrería.