¿Qué está ocurriendo en Cuba y en Venezuela?. ¿Por qué Chávez cambia a quince ministros al mismo tiempo que Castro lo hace con más de diez?. ¿Cuál fue el error que cometieron y por el que piden perdón Lage y Pérez Roque?.
Tras regresar Raúl Castro de su visita oficial a Rusia, o quizás es mejor decir de su encuentro con Putin ¿ex? KGB, y el consiguiente viaje rápido, sorpresivo y urgente, de Chávez a la isla, se produjo la reestructuración primero, del gobierno cubano y, posteriormente, del venezolano. Fueron cesados importantes altos funcionarios, entre ellos el secretario del Consejo de Ministros y el ministro de relaciones exteriores de la dictadura isleña, piezas claves por años, y también destacados chavistas.
¿Qué información compartieron Putin, Castro y Chávez que destapó toda esta debacle?. Un primer y más probable escenario, hace pensar que algunos funcionarios cubanos quisieron promover una transición en Cuba y tuvieron encuentros con personas de países “amigos”, lo que pudo provocar la ira del dictador hermano y prolongarse a la del venezolano al verse traicionado por sus dos mejores interlocutores. Esto no es nada nuevo, ya fue intentado por Aldana, Ochoa o Robaina, que vieron en la perestroika cubana la solución al castrismo. Todos fueron defenestrados, fusilados o empijamados.
¿Se prestaron Lage y Roque para buscar una solución negociada en el corto plazo y amarrar su futuro político y, de paso, subieron al carro a algunos ministros venezolanos?. Ello hubiese permitido generar una alternativa de cambio conjunto: Cuba-Venezuela, sustentada en personajes que ejercían y conocían el poder y que podían iniciar modificaciones del agrado de quienes están pensando, desde hace tiempo, que ya es el momento de reemplazar la nomenclatura cubana, último eslabón de la cadena evolutiva de la democracia latinoamericana y, antes de que sea tarde y peor, el régimen venezolano. Los calificativos de “traidor” y “ambicioso” que Fidel dedicó a los dos y la pronta dimisión hecha efectiva en sendas cartas casi idénticas, parece sustentar esta reflexión. Recordemos que muchos observadores están esperando la reacción del presidente Obama y su Administración en torno a cuál será la relación con Cuba y es posible que la próxima reunión con el presidente Lula sirva de catalizador al proceso.
Sin embargo, esa no es la única respuesta. Conocedores de la capacidad manipuladora y maquiavélica de la eterna dictadura de los Castro, pudiera ser que Lage, Roque y otros, dimisionarios del Comité Central del Buró político y del partido comunista cubano, puedan crear y promover una especie de “oposición” y de “alternativa” fantasma al poder absoluto actual, de forma que el régimen esté engañando la percepción externa y promoviendo un avance hacia una “democracia” controlada e inexistente, cuya alternativa sería la opción liderada por dos clásicos y convencidos comunistas cubanos, que llevan años sirviendo eficazmente al partido y a los hermanos. Lage sabe, conoce, es capaz, tiene carisma y experiencia. Es decir, es presidenciable y alternativa.
Será necesario esperar a ver la evolución de los acontecimientos y cómo se produce el reacomodo de todo este novelón, nunca mejor dicho, al mejor estilo venezolano. O estamos ciertamente asistiendo a una significativa divergencia desde arriba o el trío: dictador moribundo, gobernante a cargo y el zar tropical, quieren implementar una estrategia de engaño que les permita acometer su “reforma” sin que realmente cambie nada. Es preciso tomarse un tiempo, pero no perder la atención.
¡Por cierto!, a esos son a quienes visitan y condecoran nuestras autoridades.
Este es un blog personal donde se editan las columnas de opinion (y otras) que semanalmente publico en el diario PRENSA LIBRE de Guatemala. La idea es generar un espacio de debate y opinión con los lectores, de forma que la libertad de expresión sea en doble sentido.
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domingo, 8 de marzo de 2009
lunes, 2 de marzo de 2009
Bola...., de cristal
Llevamos más de un año de gobierno, sin embargo no hay una sola política pública que se pueda tomar como tal. No hay plan en Comunicaciones e Infraestructura. Tampoco en Salud Pública, salvo la tercera prórroga de concesiones a los proveedores de siempre y ahora la apertura a las vacunas. En Seguridad y Defensa, ya han orado a todos los dioses y hasta las iglesias le han hecho la tarea, sin que se vean mejoras (nuevamente hay que esperar hasta junio). En Educación todo se ha reducido a congelar el cumplimiento de la sentencia de JA y a vendernos la idea de que hay escuelas nuevas y en condiciones: las fotos ya mostraron la realidad. La vivienda y el empleo que ofrecieron por miles, no aparecen ni por unidades. Las cárceles, puros centros de ocio y entretenimiento. Los muertos, en incremento exponencial. Y así, puede auscultar los planes de gobierno en el tiempo que llevamos, o en el que se avecina, y verá el vacío como contenido. Simplemente nos engañaron. Ni hubo, ni hay, ni habrá.
La única preocupación del gobierno, con excesivo afán e interés, ha sido contar con dinero público para gastar a su capricho. Vimos una marcada presión y negociaciones a cualquier precio con tal de que se levantaran los candados que había al mayor presupuesto de la historia y a la contratación de nueva deuda. Una vez logrado, se alcanzó el objetivo. Durante 2009 continuarán gastando a manos llenas en programas ineficientes y no sometidos a la Controlaría, como ya su titular dejó claro. A pesar del discurso de la trasparencia, la opacidad es la norma y, con cualquier pretexto, seguridad incluida, niegan el destino de los fondos que se manejan por personas que no pueden ser fiscalizadas. Cuando se pide información, sencillamente no se da y todos los financistas cuentan con descarados favoritismos que les reintegran sus inversiones. La propaganda del régimen se encarga de hacernos ver lo contrario.
Atención. El partido en el poder cuenta con una infraestructura local que ya hemos visto como moviliza interesadamente personas para apoyar “espontáneamente” actividades de gobierno. El descomunal despilfarro en programa “sociales” termina comprando la voluntad de aquellos a los que se destina. Finalmente, el proyecto de ley de lugares sagrados, ofrecerá a las comunidades indígenas un discurso que, solapadamente, no es otra cosa que la legalización de la expropiación. Se armó la masa social para la siguiente fase.
En 2010/2011, se convocará un referéndum que promoverá algunas reformas constitucionales “necesarias” e interesadas y, de camino, es posible que empaqueten el tema de Belice. ¿Qué cambios se propondrán y para qué?.¿Quién cree usted que se postulará ?. ¿Cuál será el resultado del referéndum con el despliegue arriba indicado?.
Conclusión. Están mirando al Sur y aprendiendo lo que hacen. La visita a Cuba no es circunstancial, ni el acercamiento a Chávez, tampoco. ¿Cree que los políticos hacen el ridículo gratuitamente?. Se equivoca. Todo tiene un fin, un propósito, y hay un encadenamiento lógico y secuencial que dejamos de ver por ese optimismo enfermizo que nos caracteriza. En 2013/2015 nos estaremos quejando de la opresión, de los años que llevan en el poder, de las propiedades perdidas, de las empresas nacionalizadas, de la reducción en la calidad de vida y de la escasez. O, muy probablemente, no nos quejaremos de nada, porque no habrá libertad de expresión o estaremos muertos o exiliados.
Ellos seguirán riendo nuestra incapacidad de reacción, nosotros lamentando nuestra desgracia. Esta historia no es nueva, pero parece que no la aprendemos. ¿Bola?.
La única preocupación del gobierno, con excesivo afán e interés, ha sido contar con dinero público para gastar a su capricho. Vimos una marcada presión y negociaciones a cualquier precio con tal de que se levantaran los candados que había al mayor presupuesto de la historia y a la contratación de nueva deuda. Una vez logrado, se alcanzó el objetivo. Durante 2009 continuarán gastando a manos llenas en programas ineficientes y no sometidos a la Controlaría, como ya su titular dejó claro. A pesar del discurso de la trasparencia, la opacidad es la norma y, con cualquier pretexto, seguridad incluida, niegan el destino de los fondos que se manejan por personas que no pueden ser fiscalizadas. Cuando se pide información, sencillamente no se da y todos los financistas cuentan con descarados favoritismos que les reintegran sus inversiones. La propaganda del régimen se encarga de hacernos ver lo contrario.
Atención. El partido en el poder cuenta con una infraestructura local que ya hemos visto como moviliza interesadamente personas para apoyar “espontáneamente” actividades de gobierno. El descomunal despilfarro en programa “sociales” termina comprando la voluntad de aquellos a los que se destina. Finalmente, el proyecto de ley de lugares sagrados, ofrecerá a las comunidades indígenas un discurso que, solapadamente, no es otra cosa que la legalización de la expropiación. Se armó la masa social para la siguiente fase.
En 2010/2011, se convocará un referéndum que promoverá algunas reformas constitucionales “necesarias” e interesadas y, de camino, es posible que empaqueten el tema de Belice. ¿Qué cambios se propondrán y para qué?.¿Quién cree usted que se postulará ?. ¿Cuál será el resultado del referéndum con el despliegue arriba indicado?.
Conclusión. Están mirando al Sur y aprendiendo lo que hacen. La visita a Cuba no es circunstancial, ni el acercamiento a Chávez, tampoco. ¿Cree que los políticos hacen el ridículo gratuitamente?. Se equivoca. Todo tiene un fin, un propósito, y hay un encadenamiento lógico y secuencial que dejamos de ver por ese optimismo enfermizo que nos caracteriza. En 2013/2015 nos estaremos quejando de la opresión, de los años que llevan en el poder, de las propiedades perdidas, de las empresas nacionalizadas, de la reducción en la calidad de vida y de la escasez. O, muy probablemente, no nos quejaremos de nada, porque no habrá libertad de expresión o estaremos muertos o exiliados.
Ellos seguirán riendo nuestra incapacidad de reacción, nosotros lamentando nuestra desgracia. Esta historia no es nueva, pero parece que no la aprendemos. ¿Bola?.
lunes, 23 de febrero de 2009
Amor desnudo
Eligió el presidente la semana del amor y la amistad para coquetear con el tirano Fidel Castro. Aunque en otros discursos se refería exclusivamente a la pasión que le profesaba a doña Sandra, resulta que su adoración platónica, además, apuntaba hacia el dictador. Indescifrables y enigmáticos son los sentimientos humanos aunque los “cientistas sociales” quieran hacernos ver lo contrario.
Hace un año, el presidente pedía ayuda externa para enseñar a los del partido que era eso de la socialdemocracia a la que acababa de adscribirse. Hoy, ideológicamente desnudo y fuera del closet, aparece como un amante perdido del socialismo de la vieja escuela y viaja a Cuba, igual que el vice, para coquetear con el dictador que somete a un ilustre, respetable y admirado pueblo: el cubano.
Honró al que asesina, corrompe, esclaviza, vilipendia, impone y somete y no a los sufridos ciudadanos privados de libertad. Fue un homenaje explicito, público y meditado a quien practica la violencia, desdeña la democracia y se pasea por el mundo con un régimen de vergüenza que ya dura 50 años y que solo ha apilado corruptos y miseria a su alrededor, amén de muchos cadáveres. Al condecorar a Castro, quien ni caso hizo, se galardonó la maldad, la tiranía, se aplaudió la ausencia de democracia, la pobreza, la escasez y la miseria humana. Lo demás, incluido el deseo no cumplido de foto para la posteridad y los nietos, son puros formalismos que llenaron una singular, improvisada y mal elaborada agenda política.
Si fue a buscar el apoyo que otros mandatarios le han negado al no visitarlo, perdió el tiempo. No lo recibió Castro algo que si ocurrió con otros presidentes y parece que con alguien de este país; el sector empresarial organizado responsablemente decidió no acompañarlo; quienes fueron notaron que con una dictadura no es posible hacer negocios porque hay que aceptar la corrupción del gobierno y no hay banco que te sirva de intermediario. La guinda al pastel la puso la bendición al referéndum chavista y la petición de perdón que hizo en la Universidad de la Habana, de ello mejor ni hablar: silencio y vergüenza. Si algún viaje fue extremadamente inútil, criticado y puesto en tela de juicio, ha sido precisamente ese. Cancillería suele hacerlo mejor, así que otros deben ser los responsables del desastre.
La Orden del Quetzal la tienen otros indeseables. Eso no es excusa para que en pleno siglo XXI con la boca llena de democracia, libertad, derechos humanos y otras muletillas, se la esté endilgando a uno de los opresores más crueles de todos los tiempos. Con esta maniobra, el gobierno ha creado un clima de tensión interna para distraer la atención de problemas importantes y propiciado un ambiente ideal para pactos interesados de izquierdas. Además, se ha lanzado a los brazos de quienes promueven el chavismo: ¿acaso alguien más nos va a prestar atención o tomar en serio?. Ese amor desnudo y no correspondido, define el liderazgo político que premia, galardona y enaltece a dictadores y va victimizándose y pidiendo perdón por el mundo. El vocero dice que es de valientes, yo creo que es de atrevidos y de interesados. Los dueños de la finca se lo agradecerán. De regreso, la mejor política pública ha sido nuevamente la oración, con la esperanza de que Dios haga lo que el político no es capaz. Esto es muy preocupante y ya sabemos a qué atenernos. No hay excusa ni pretexto en el futuro.
El amor ha sido el único en poder descubrir tanta mediocridad. ¡Bendito sea!.
Hace un año, el presidente pedía ayuda externa para enseñar a los del partido que era eso de la socialdemocracia a la que acababa de adscribirse. Hoy, ideológicamente desnudo y fuera del closet, aparece como un amante perdido del socialismo de la vieja escuela y viaja a Cuba, igual que el vice, para coquetear con el dictador que somete a un ilustre, respetable y admirado pueblo: el cubano.
Honró al que asesina, corrompe, esclaviza, vilipendia, impone y somete y no a los sufridos ciudadanos privados de libertad. Fue un homenaje explicito, público y meditado a quien practica la violencia, desdeña la democracia y se pasea por el mundo con un régimen de vergüenza que ya dura 50 años y que solo ha apilado corruptos y miseria a su alrededor, amén de muchos cadáveres. Al condecorar a Castro, quien ni caso hizo, se galardonó la maldad, la tiranía, se aplaudió la ausencia de democracia, la pobreza, la escasez y la miseria humana. Lo demás, incluido el deseo no cumplido de foto para la posteridad y los nietos, son puros formalismos que llenaron una singular, improvisada y mal elaborada agenda política.
Si fue a buscar el apoyo que otros mandatarios le han negado al no visitarlo, perdió el tiempo. No lo recibió Castro algo que si ocurrió con otros presidentes y parece que con alguien de este país; el sector empresarial organizado responsablemente decidió no acompañarlo; quienes fueron notaron que con una dictadura no es posible hacer negocios porque hay que aceptar la corrupción del gobierno y no hay banco que te sirva de intermediario. La guinda al pastel la puso la bendición al referéndum chavista y la petición de perdón que hizo en la Universidad de la Habana, de ello mejor ni hablar: silencio y vergüenza. Si algún viaje fue extremadamente inútil, criticado y puesto en tela de juicio, ha sido precisamente ese. Cancillería suele hacerlo mejor, así que otros deben ser los responsables del desastre.
La Orden del Quetzal la tienen otros indeseables. Eso no es excusa para que en pleno siglo XXI con la boca llena de democracia, libertad, derechos humanos y otras muletillas, se la esté endilgando a uno de los opresores más crueles de todos los tiempos. Con esta maniobra, el gobierno ha creado un clima de tensión interna para distraer la atención de problemas importantes y propiciado un ambiente ideal para pactos interesados de izquierdas. Además, se ha lanzado a los brazos de quienes promueven el chavismo: ¿acaso alguien más nos va a prestar atención o tomar en serio?. Ese amor desnudo y no correspondido, define el liderazgo político que premia, galardona y enaltece a dictadores y va victimizándose y pidiendo perdón por el mundo. El vocero dice que es de valientes, yo creo que es de atrevidos y de interesados. Los dueños de la finca se lo agradecerán. De regreso, la mejor política pública ha sido nuevamente la oración, con la esperanza de que Dios haga lo que el político no es capaz. Esto es muy preocupante y ya sabemos a qué atenernos. No hay excusa ni pretexto en el futuro.
El amor ha sido el único en poder descubrir tanta mediocridad. ¡Bendito sea!.
lunes, 16 de febrero de 2009
Turnismo y depredación
Se entiende por turnismo el pacto que, a finales del siglo XIX, hicieran dos partidos políticos españoles con el fin de mantener la debilitada monarquía, de forma que la alternancia en el poder les permitiese cumplir con tal objetivo.
Ese concepto de turnismo impregna actualmente la política nacional. Los partidos políticos esperan su turno hasta que en algún momento le llega su hora. Entonces, desde el poder, depredan cuanto pueden. Hasta ese instante y aletargados, se mantienen en la oposición sin hacer prácticamente nada. Los “líderes” que disputan la presidencia durante un proceso electoral, quedan mudos después de aquel y únicamente renacen cuando se da la nueva contienda. En el ínterin, el silencio, la pasividad y la inacción es la tónica dominante. Se trata, como en la más simple de las emboscadas, de situarse, esperar y, en el momento oportuno, lanzarse al sillón todopoderoso.
A los partidos les importa un bledo arregla los problemas del país, terminar con la pobreza, con la corrupción, con la inseguridad o generar condiciones para la inversión. Ese no es su proyecto ni su programa ni su fin. La única idea es mantener el status quo y la fuerza necesaria para alcanzar el poder y ahí se terminó. Por ello, su duración es efímera y nunca se reelige el mismo grupo. El partido no trabaja ni siquiera en pro del propio partido. Líderes de ciertos movimientos no han apoyado a su “sucesores” y, aún estando en el poder, han perdido los siguientes comicios.
Esa es la razón de que todo sea transable. Se compran y se venden obras, comisiones, diputados, se tapan corruptelas y trapos sucios y se consiente un manejo de los fondos públicos con total opacidad. La justicia ni funciona ni es necesario que lo haga, la impunidad proporciona el necesario oxigeno. El Ejecutivo actúa de la misma manera. Favorece a financistas con una frescura propia del absolutismo más descarado, otorga cargos con el dedo índice, antes o después de haberlo puesto en la nariz y el organigrama público se llena de amigos y familiares con total descaro. Muchos “ciudadanos”, por su parte, se conforman con estar en algún momento en el bando ganador, ocasión que aprovecharán para pedir a sus representantes políticos cualquier clase de favor con la esperanza de que a todos les llegue su turno y tengan su oportunidad.
Mientras, el país se desangra porque no hay voluntad de arreglar nada, absolutamente nada. Lo mejor es que todo siga como está y así cada cual tendrá su trocito del pastel en algún momento, llegado el cual, la autoridad se convierte en autoritarismo y el siervo en poderoso. Ambos manejarán a su antojo la parcela que les toque y por la que tanto tiempo pacientemente esperaron. Hay que seguir con el amiguismo porque si son los más capaces quienes llegan a esos puestos, no habrá posibilidad de recuperar las “inversiones” ni poder multiplicarlas a través de ONG,s que manejan fondos o de empresas fantasmas que solo suministran millonarias compras al gobierno, siempre de urgencia nacional, amén de los grandes financistas que arrasan grosera y permanentemente con todo.
Y así, con conceptos del siglo XIX que teóricamente ya deberían estar superados y con esa necia fe que nos ciega creyendo que esto se arreglará “porque somos los mejores”, seguimos esperando al arcángel armado con la espada de fuego que ponga orden y nos acostamos con las mismas quejas, decepciones y desilusiones con las que amanecemos al día siguiente. Son las tribulaciones de quienes no quieren ser nada más ni aspiran a nada mejor: nosotros.
Ese concepto de turnismo impregna actualmente la política nacional. Los partidos políticos esperan su turno hasta que en algún momento le llega su hora. Entonces, desde el poder, depredan cuanto pueden. Hasta ese instante y aletargados, se mantienen en la oposición sin hacer prácticamente nada. Los “líderes” que disputan la presidencia durante un proceso electoral, quedan mudos después de aquel y únicamente renacen cuando se da la nueva contienda. En el ínterin, el silencio, la pasividad y la inacción es la tónica dominante. Se trata, como en la más simple de las emboscadas, de situarse, esperar y, en el momento oportuno, lanzarse al sillón todopoderoso.
A los partidos les importa un bledo arregla los problemas del país, terminar con la pobreza, con la corrupción, con la inseguridad o generar condiciones para la inversión. Ese no es su proyecto ni su programa ni su fin. La única idea es mantener el status quo y la fuerza necesaria para alcanzar el poder y ahí se terminó. Por ello, su duración es efímera y nunca se reelige el mismo grupo. El partido no trabaja ni siquiera en pro del propio partido. Líderes de ciertos movimientos no han apoyado a su “sucesores” y, aún estando en el poder, han perdido los siguientes comicios.
Esa es la razón de que todo sea transable. Se compran y se venden obras, comisiones, diputados, se tapan corruptelas y trapos sucios y se consiente un manejo de los fondos públicos con total opacidad. La justicia ni funciona ni es necesario que lo haga, la impunidad proporciona el necesario oxigeno. El Ejecutivo actúa de la misma manera. Favorece a financistas con una frescura propia del absolutismo más descarado, otorga cargos con el dedo índice, antes o después de haberlo puesto en la nariz y el organigrama público se llena de amigos y familiares con total descaro. Muchos “ciudadanos”, por su parte, se conforman con estar en algún momento en el bando ganador, ocasión que aprovecharán para pedir a sus representantes políticos cualquier clase de favor con la esperanza de que a todos les llegue su turno y tengan su oportunidad.
Mientras, el país se desangra porque no hay voluntad de arreglar nada, absolutamente nada. Lo mejor es que todo siga como está y así cada cual tendrá su trocito del pastel en algún momento, llegado el cual, la autoridad se convierte en autoritarismo y el siervo en poderoso. Ambos manejarán a su antojo la parcela que les toque y por la que tanto tiempo pacientemente esperaron. Hay que seguir con el amiguismo porque si son los más capaces quienes llegan a esos puestos, no habrá posibilidad de recuperar las “inversiones” ni poder multiplicarlas a través de ONG,s que manejan fondos o de empresas fantasmas que solo suministran millonarias compras al gobierno, siempre de urgencia nacional, amén de los grandes financistas que arrasan grosera y permanentemente con todo.
Y así, con conceptos del siglo XIX que teóricamente ya deberían estar superados y con esa necia fe que nos ciega creyendo que esto se arreglará “porque somos los mejores”, seguimos esperando al arcángel armado con la espada de fuego que ponga orden y nos acostamos con las mismas quejas, decepciones y desilusiones con las que amanecemos al día siguiente. Son las tribulaciones de quienes no quieren ser nada más ni aspiran a nada mejor: nosotros.
lunes, 9 de febrero de 2009
La espiral del silencio
La CICIG presentó la pasada semana un expediente de cargo contra el ex fiscal Matus. De los cuatro delitos que le imputaban, únicamente se estimaron dos de ellos y por orden del juez, quedó libre bajo fianza.
A partir de ahí se desataron voces de protesta contra el juzgador que determinó la libertad y contra la fiscalía que consideró parcialmente los delitos. Grupos defensores de derechos humanos hicieron declaraciones conjuntas sobre la corrupción de la justicia y la burla que suponía que no se hubiese considerado el caso tal cual fue presentado. Columnistas, expertos y otros colectivos se sumaron al grito uniforme por idénticas razones y condenaron al juez, a los fiscales y al sistema. Alguno, excepcionalmente, consideró que la CICIG podría haberse adelantado o exhibido insuficientes pruebas. ¿Qué buscamos: legalidad plena y certeza jurídica o linchamiento emocional por cansancio?.
Comparto que la justicia nacional funciona mal. Es más, confirmo que no funciona y que hay un enorme grado de corrupción en ella, pero no se puede investigar los poderes paralelos bajo presión. Antes de que el señor Matus, a quien no conozco ni sé si es culpable, se presentara en tribunales ya estaba condenado y sentenciado. Esos grupos de presión, tan paralelos como los que quieren eliminar, habían decidido que las pruebas era buenas y suficientes, sin ser jueces y sin haberlas analizado, ¿o debemos suponer que sí?.
Reflexionemos sobre la teoría de la espiral del silencio (Noelle-Neumann) donde la masa prefiere escudarse en la opinión mayoritaria, aunque sea errónea, antes que ser rechazada o cuestionada por oponerse. ¿Por qué otorgarle más crédito a unas organizaciones (con sus intereses) que al dictamen del juez “corrupto”?. La justicia está muy mal, ya lo reconocí, pero conozco jueces éticos, intachables, insobornables y excelentes profesionales, por lo que no hay valor absoluto que pueda defenderse.
Lo que estamos viendo -y me salgo de la espiral- son grupos de interés paralelos al Estado, que ostenta un alto grado de poder difuso y quieren imponer su voluntad por encima de todo. ¿Esa es la justicia que pretenden, es decir, tener siempre la razón, la tengan o no?. Creo que estamos juzgando a martillazos y empleando el mismo método que queremos erradicar. Parece que la justicia se admite como buena y efectiva en tanto obedezca a los dictámenes previos del grupillo que genera opinión pública porque es a quienes se les consultan como expertos en la temática. El resto, asiente con la cabeza por razones variadas y difusas todas ellas incluidas en la teoría citada.
No pretendo defender al ex fiscal, ni al juez ni a nadie. Ni hacer una crítica al trabajo de la CIGIG que seguro es respetable, sin embargo, estamos asistiendo a un recalentamiento del ambiente que a nada bueno puede llevar. Los procesos deben observarse o corregirse utilizando la razón y no la emoción, de lo contrario mañana otro grupo de presión nos hará lo mismo y seremos nosotros los perjudicados. ¿Acaso hay poderes paralelos buenos y malos?. De todos los críticos, ¿quienes han tenido en sus manos las pruebas que dan por buenas y válidas?. ¿Queremos un Estado de Derecho, o hacer el “Estado de Derecho” que queremos?. La presión, venga de donde venga, no es aconsejable y los defensores de causas nobles, no siempre son nobles ni tienen causa. Cambio, si, pero con certeza de no ir al otro lado del péndulo, no se puede cambiar una tiranía por otra. Seriedad, paciencia y razón, que nos jugamos el futuro.
A partir de ahí se desataron voces de protesta contra el juzgador que determinó la libertad y contra la fiscalía que consideró parcialmente los delitos. Grupos defensores de derechos humanos hicieron declaraciones conjuntas sobre la corrupción de la justicia y la burla que suponía que no se hubiese considerado el caso tal cual fue presentado. Columnistas, expertos y otros colectivos se sumaron al grito uniforme por idénticas razones y condenaron al juez, a los fiscales y al sistema. Alguno, excepcionalmente, consideró que la CICIG podría haberse adelantado o exhibido insuficientes pruebas. ¿Qué buscamos: legalidad plena y certeza jurídica o linchamiento emocional por cansancio?.
Comparto que la justicia nacional funciona mal. Es más, confirmo que no funciona y que hay un enorme grado de corrupción en ella, pero no se puede investigar los poderes paralelos bajo presión. Antes de que el señor Matus, a quien no conozco ni sé si es culpable, se presentara en tribunales ya estaba condenado y sentenciado. Esos grupos de presión, tan paralelos como los que quieren eliminar, habían decidido que las pruebas era buenas y suficientes, sin ser jueces y sin haberlas analizado, ¿o debemos suponer que sí?.
Reflexionemos sobre la teoría de la espiral del silencio (Noelle-Neumann) donde la masa prefiere escudarse en la opinión mayoritaria, aunque sea errónea, antes que ser rechazada o cuestionada por oponerse. ¿Por qué otorgarle más crédito a unas organizaciones (con sus intereses) que al dictamen del juez “corrupto”?. La justicia está muy mal, ya lo reconocí, pero conozco jueces éticos, intachables, insobornables y excelentes profesionales, por lo que no hay valor absoluto que pueda defenderse.
Lo que estamos viendo -y me salgo de la espiral- son grupos de interés paralelos al Estado, que ostenta un alto grado de poder difuso y quieren imponer su voluntad por encima de todo. ¿Esa es la justicia que pretenden, es decir, tener siempre la razón, la tengan o no?. Creo que estamos juzgando a martillazos y empleando el mismo método que queremos erradicar. Parece que la justicia se admite como buena y efectiva en tanto obedezca a los dictámenes previos del grupillo que genera opinión pública porque es a quienes se les consultan como expertos en la temática. El resto, asiente con la cabeza por razones variadas y difusas todas ellas incluidas en la teoría citada.
No pretendo defender al ex fiscal, ni al juez ni a nadie. Ni hacer una crítica al trabajo de la CIGIG que seguro es respetable, sin embargo, estamos asistiendo a un recalentamiento del ambiente que a nada bueno puede llevar. Los procesos deben observarse o corregirse utilizando la razón y no la emoción, de lo contrario mañana otro grupo de presión nos hará lo mismo y seremos nosotros los perjudicados. ¿Acaso hay poderes paralelos buenos y malos?. De todos los críticos, ¿quienes han tenido en sus manos las pruebas que dan por buenas y válidas?. ¿Queremos un Estado de Derecho, o hacer el “Estado de Derecho” que queremos?. La presión, venga de donde venga, no es aconsejable y los defensores de causas nobles, no siempre son nobles ni tienen causa. Cambio, si, pero con certeza de no ir al otro lado del péndulo, no se puede cambiar una tiranía por otra. Seriedad, paciencia y razón, que nos jugamos el futuro.
lunes, 2 de febrero de 2009
Los Estrategas
No sé si tomar con sorpresa o cinismo la propuesta “estratégica” en materia de seguridad que ciertas entidades han hecho al gobierno. Se me caería la cara de vergüenza si un año después de haber accedido al poder y tras más de ocho para poder preparar un adecuado plan de acción, alguien me hiciera entrega de una estrategia y mucho menos en relación con la seguridad, labor primordial del gobernante, pero ahí está el hecho. No es orgullo, es decencia.
Ante la inoperancia gubernamental de poner en práctica cualquier plan de seguridad, por insignificante que este sea, las iglesias católica y evangélica, la USAC y la PDH elaboran su programa “estratégico” de seguridad pública. Desconozco el pensum que tendrán ahora los sacerdotes en el seminario o aquel que los pastores toman para acceder a tal cargo o cómo se prepara el rector de la USAC o el Procurador para ser los proponentes de tal documento. Lo lamentable es que nadie más en todo el gobierno haya sido capaz de hacer algo coherente y propositivo que, como política pública, se implemente.
Quizá la propuesta pasa por dejar de provocar manifestaciones y de crispar a los fieles en la zona de San Marcos, algo que ciertos obispos hacen de maravilla o por detener los abusos de los encapuchados que cada Semana Santa roban, pinta, detienen y asaltan comercios y ciudadanos con la escusa de que hay que “aportar” recursos para la huelga de dolores. También se puede profundizar en si la PDH comprenderá mejor la actuación de los agentes de policía o del ejército cuando deben enfrentarse con turbas o ingresan a un motín carcelario y luego son acosados o perseguidos, hasta la saciedad, por funcionarios de aquella institución. Los doce puntos, algunos de tanto “calado y trascendencia” como depurar la PNC o cambiarle el nombre al ministerio, se podrían haber reducido a uno: que ellos colaborasen mucho más en los asuntos de seguridad interna e hicieran lo que por ahora no hacen tan bien. Un acto de reflexión y constricción de cada institución hubiese sido una excelente ayuda a cualquier plan de seguridad.
¿No hay nadie más en el país que pueda proponer un plan de seguridad?. ¿Tiene que ser la iglesia y el rector de la universidad pública quienes se dediquen a estudiar estos temas?. ¿Ocurre eso en todos los países o solamente en aquellos que no hacemos la tarea por haraganes o desvergonzados?. ¿Vamos, de verdad, en el rumbo correcto?. Es posible que la respuesta de gobernación sea organizar la próxima conferencia episcopal o revisar los pensum de licenciatura así, con ese cambio de papeles, nadie sabe quién es responsable de qué.
Mientras siguen asesinando a pilotos y a peatones, la plegaria se torna la mejor oferta y casi la única solución para los graves problemas que padecemos, sin darnos cuenta de que bastantes apuros tiene Dios como para molestarlo con los nuestros. El responsable de activar la política pública de seguridad es el gobierno y no está por hacer mucho cuando después de un año pidiendo paciencia sigue con los brazos cruzados o buscando al inteligente que lo haga. ¡Zapatero, a tus zapatos!.
Podemos seguir orando, esperando que otros hagan las cosas por nosotros o confiando en ese todopoderoso Estado que nos arregle la situación, sin darnos cuenta que el defecto está en nosotros mismos y en nuestra incapacidad de asumir las responsabilidades que no se pueden delegar, como ya dejó claro la CC. Si el ora pro nobis es lo mejor que tenemos, bien jodidos vamos. Amén.
Ante la inoperancia gubernamental de poner en práctica cualquier plan de seguridad, por insignificante que este sea, las iglesias católica y evangélica, la USAC y la PDH elaboran su programa “estratégico” de seguridad pública. Desconozco el pensum que tendrán ahora los sacerdotes en el seminario o aquel que los pastores toman para acceder a tal cargo o cómo se prepara el rector de la USAC o el Procurador para ser los proponentes de tal documento. Lo lamentable es que nadie más en todo el gobierno haya sido capaz de hacer algo coherente y propositivo que, como política pública, se implemente.
Quizá la propuesta pasa por dejar de provocar manifestaciones y de crispar a los fieles en la zona de San Marcos, algo que ciertos obispos hacen de maravilla o por detener los abusos de los encapuchados que cada Semana Santa roban, pinta, detienen y asaltan comercios y ciudadanos con la escusa de que hay que “aportar” recursos para la huelga de dolores. También se puede profundizar en si la PDH comprenderá mejor la actuación de los agentes de policía o del ejército cuando deben enfrentarse con turbas o ingresan a un motín carcelario y luego son acosados o perseguidos, hasta la saciedad, por funcionarios de aquella institución. Los doce puntos, algunos de tanto “calado y trascendencia” como depurar la PNC o cambiarle el nombre al ministerio, se podrían haber reducido a uno: que ellos colaborasen mucho más en los asuntos de seguridad interna e hicieran lo que por ahora no hacen tan bien. Un acto de reflexión y constricción de cada institución hubiese sido una excelente ayuda a cualquier plan de seguridad.
¿No hay nadie más en el país que pueda proponer un plan de seguridad?. ¿Tiene que ser la iglesia y el rector de la universidad pública quienes se dediquen a estudiar estos temas?. ¿Ocurre eso en todos los países o solamente en aquellos que no hacemos la tarea por haraganes o desvergonzados?. ¿Vamos, de verdad, en el rumbo correcto?. Es posible que la respuesta de gobernación sea organizar la próxima conferencia episcopal o revisar los pensum de licenciatura así, con ese cambio de papeles, nadie sabe quién es responsable de qué.
Mientras siguen asesinando a pilotos y a peatones, la plegaria se torna la mejor oferta y casi la única solución para los graves problemas que padecemos, sin darnos cuenta de que bastantes apuros tiene Dios como para molestarlo con los nuestros. El responsable de activar la política pública de seguridad es el gobierno y no está por hacer mucho cuando después de un año pidiendo paciencia sigue con los brazos cruzados o buscando al inteligente que lo haga. ¡Zapatero, a tus zapatos!.
Podemos seguir orando, esperando que otros hagan las cosas por nosotros o confiando en ese todopoderoso Estado que nos arregle la situación, sin darnos cuenta que el defecto está en nosotros mismos y en nuestra incapacidad de asumir las responsabilidades que no se pueden delegar, como ya dejó claro la CC. Si el ora pro nobis es lo mejor que tenemos, bien jodidos vamos. Amén.
lunes, 26 de enero de 2009
Democracia
Con frecuencia nos quejamos de la democracia y, sobre todo, de lo poco que nos sirve. Esta idea general subyace y se plasma en diversos informes institucionales donde las estadísticas muestran que dos de cada tres ciudadanos guatemaltecos estarían dispuestos a apoyar otra forma de gestión política con tal de que solucionase los problemas que nos agobian.
La realidad es que no hemos dejado de ser súbditos en el sistema ni alcanzado el grado de ciudadanía que nos corresponde. De parte del gobernante, porque sigue utilizando un trato déspota, abusivo y prepotente, creyendo que puede hacer lo que le venga en gana, sin darse cuenta que la norma es limitante. De la nuestra, porque no exigimos derechos ni responsabilidades y frecuentemente no llamamos opresor al que lo es hasta que se muestra como dictadorzuelo, cuando ya es tarde, tal y como Cuba y Venezuela nos demuestran. Somos demasiado tolerantes, por ignorancia o miedo.
El concepto de soberanía popular, que engloba a todos y no a unos pocos, se ha confundido o la mayoría se ha apropiado de él y en su nombre se imponen decisiones, aún por sobre los derechos del individuo. Esa soberanía popular de las mayorías, tiene su punto más oscuro en la Revolución Francesa y se muestra peligrosamente en el régimen chavista. Es el absolutismo despótico del monarca ejercido por la gran masa orteguiana. La voluntad general no es la mera suma de las voluntades individuales ni muchos menos la de la mayoría. Aquella, únicamente se corresponde con el respeto irrestricto a los derechos de cada persona que es lo único que impide la tiranía.
Sin embargo, hemos querido construir la democracia antes que el Estado de Derecho y hacerlo sobre un campo estéril y sin la plataforma adecuada. El sucedáneo ha sido el Estado de Legalidad y, aún con todo ese enorme desacierto, tampoco hemos perfeccionado ni siquiera este último. El Estado de Derecho se estructura sobre la base de leyes generales que no contemplen privilegios para ningún colectivo y, además, que se cumplan, lo que conlleva el respeto a los derechos individuales. Por ahora, se sustituyen por otras particulares que dictan grupos, mayoritarios o no, lo que conduce inexorablemente a la tiranía. El Estado de Derecho, sin corriente partidaria, ha sido sustituido por el Estado social y democrático de Derecho, que nada tiene que ver con el primero y además está preñado de ideología. Nos quedamos, en el mejor de los casos, con democracias formales que malamente funcionan y proclamando el igualitarismo nos pretenden uniformar, cuando cada cual es distinto a otro por muy diversas razones.
Así las cosas, se han elaborado enrevesadas constituciones donde ese ente difuso y etéreo que es el Estado, es el responsable de proporcionarnos casi todo: la educación, la salud, el trabajo, la vivienda y un larguísimo etcétera y cada vez que se escribe una nueva suprema norma se incrementa y complica el listado. Al final ha ocurrido lo que era de prever, hemos dejado de lado nuestra propia responsabilidad por alcanzar una mejor vida y aquel ente en el que depositamos nuestras esperanzas no lo ha hecho, porque no queremos entender que está gestionado por personas que buscan sus intereses y que no tienen capacidad de entender los que cada uno deseamos en los distintos momentos de nuestra vida.
Terminamos deseducándonos, en lugar de profundizar sobre estas nociones básicas. Mientras pasa la vida y nos quejamos, esperamos que alguien nos salve y nos abandonamos en manos de otros que prometen y no cumplen, porque simplemente es imposible con ese modelo.
La realidad es que no hemos dejado de ser súbditos en el sistema ni alcanzado el grado de ciudadanía que nos corresponde. De parte del gobernante, porque sigue utilizando un trato déspota, abusivo y prepotente, creyendo que puede hacer lo que le venga en gana, sin darse cuenta que la norma es limitante. De la nuestra, porque no exigimos derechos ni responsabilidades y frecuentemente no llamamos opresor al que lo es hasta que se muestra como dictadorzuelo, cuando ya es tarde, tal y como Cuba y Venezuela nos demuestran. Somos demasiado tolerantes, por ignorancia o miedo.
El concepto de soberanía popular, que engloba a todos y no a unos pocos, se ha confundido o la mayoría se ha apropiado de él y en su nombre se imponen decisiones, aún por sobre los derechos del individuo. Esa soberanía popular de las mayorías, tiene su punto más oscuro en la Revolución Francesa y se muestra peligrosamente en el régimen chavista. Es el absolutismo despótico del monarca ejercido por la gran masa orteguiana. La voluntad general no es la mera suma de las voluntades individuales ni muchos menos la de la mayoría. Aquella, únicamente se corresponde con el respeto irrestricto a los derechos de cada persona que es lo único que impide la tiranía.
Sin embargo, hemos querido construir la democracia antes que el Estado de Derecho y hacerlo sobre un campo estéril y sin la plataforma adecuada. El sucedáneo ha sido el Estado de Legalidad y, aún con todo ese enorme desacierto, tampoco hemos perfeccionado ni siquiera este último. El Estado de Derecho se estructura sobre la base de leyes generales que no contemplen privilegios para ningún colectivo y, además, que se cumplan, lo que conlleva el respeto a los derechos individuales. Por ahora, se sustituyen por otras particulares que dictan grupos, mayoritarios o no, lo que conduce inexorablemente a la tiranía. El Estado de Derecho, sin corriente partidaria, ha sido sustituido por el Estado social y democrático de Derecho, que nada tiene que ver con el primero y además está preñado de ideología. Nos quedamos, en el mejor de los casos, con democracias formales que malamente funcionan y proclamando el igualitarismo nos pretenden uniformar, cuando cada cual es distinto a otro por muy diversas razones.
Así las cosas, se han elaborado enrevesadas constituciones donde ese ente difuso y etéreo que es el Estado, es el responsable de proporcionarnos casi todo: la educación, la salud, el trabajo, la vivienda y un larguísimo etcétera y cada vez que se escribe una nueva suprema norma se incrementa y complica el listado. Al final ha ocurrido lo que era de prever, hemos dejado de lado nuestra propia responsabilidad por alcanzar una mejor vida y aquel ente en el que depositamos nuestras esperanzas no lo ha hecho, porque no queremos entender que está gestionado por personas que buscan sus intereses y que no tienen capacidad de entender los que cada uno deseamos en los distintos momentos de nuestra vida.
Terminamos deseducándonos, en lugar de profundizar sobre estas nociones básicas. Mientras pasa la vida y nos quejamos, esperamos que alguien nos salve y nos abandonamos en manos de otros que prometen y no cumplen, porque simplemente es imposible con ese modelo.
lunes, 19 de enero de 2009
Víctimas civiles
En los últimos conflictos, ejemplo el de Israel-Gaza, se ha seguido utilizando, por muchos medios de comunicación, cierta terminología que genera una opinión pública un tanto sesgada, interesada o distorsionada.
Se suele utilizar el término “victima civil” asociado a la muerte de niños, ancianos, mujeres y colectivos no militares, lo que termina por incidir fuertemente en la percepción del espectador y en su sensibilidad. En ocasiones, además, se presentan fotografías impactantes, se alude al también concepto de “daño colateral” y se evita el comentario de otras víctimas, las uniformadas, por ejemplo.
Ciertos medios no han terminado de entender, y posiblemente muchos ciudadanos tampoco, que los conflictos que se viven actualmente nada tienen que ver con aquellos otros clásicos que se dieron hasta casi finales del siglo pasado. Quienes entonces se batían eran dos o más ejércitos en campos de batalla que no siempre incluían los núcleos urbanos. Cuando así era, se solía evacuar la población civil que eran los no combatientes. Los civiles solían quedar al margen.
Hoy, el enfrentamiento ha dejado a un lado aquel formalismo y abarca un sin número de manifestaciones y formas. El terrorismo, las maras, la guerra con carteles de narcotraficantes y un etcétera importante es la forma asimétrica de confrontación. Vemos a terroristas que combaten vestidos de civil, sin uniforme ni distintivo visible, no están organizados en grupos ni portan armas (aspectos incluidos en las Convenciones de Ginebra y la Haya). Hay niños, mujeres o ancianos que rodean su cuerpo de explosivos y se inmolan en la vía pública, dentro de un edificio o en un transporte, tal y como hemos visto en Israel, Irak, Madrid o Londres. Otros, operan en pequeñas células aisladas que no obedecen a una autoridad concreta, sino a un fin general, difuso y poco especifico que interpretan a su manera. Algunos más se refugian o esconden en hospitales o en escuelas y así una larga casuística. El actual campo de batalla no es concreto ni definido y cualquier espacio y entorno es válido.
Deberíamos entender esta nueva forma de manifestación de la violencia y de la confrontación, para no enardecer ánimos con el empleo de un vocabulario caduco e interesado. Los conceptos utilizados nada tienen que ver con los conflictos del presente. ¿Se puede considerar victima civil a un ciudadano que voluntaria y democráticamente ha elegido a Hamas aún a sabiendas de su propósito terrorista?. ¿Cómo diferenciar civiles de combatientes dentro de un pequeño espacio donde todos apoyan a todos y hay un único enemigo común?. ¿Cómo distinguir a un terrorista vestido de civil que lleva una mochila de explosivos para inmolarse de otro que lo apoya públicamente, lo esconde o aplaude el suceso?.
Parece necesaria una adaptación del léxico mediático a los procedimientos actuales. Nos ha vuelto a superar la realidad sin la capacidad de adaptarnos a las nuevas formas, expresiones y conceptos de conflictos que cuesta entender y que se salen del marco tradicional de los convenios o de otras normas y usos de la guerra. Por cierto, a pesar de seguir denominando guerra a ciertas contiendas, hace décadas que ningún país declara una, procedimiento político-jurídico que suele ser responsabilidad de los Parlamentos o Congresos.
Esta reflexión no pretende justificar ninguna víctima, pero es necesario no abrir siempre las tumbas del mismo lado de cementerio y tener la habilidad de dimensionar los problemas en el contexto en que estos se desarrollan y no de forma marginal, con perspectivas sesgadas o con marco conceptuales ya caducos.
Se suele utilizar el término “victima civil” asociado a la muerte de niños, ancianos, mujeres y colectivos no militares, lo que termina por incidir fuertemente en la percepción del espectador y en su sensibilidad. En ocasiones, además, se presentan fotografías impactantes, se alude al también concepto de “daño colateral” y se evita el comentario de otras víctimas, las uniformadas, por ejemplo.
Ciertos medios no han terminado de entender, y posiblemente muchos ciudadanos tampoco, que los conflictos que se viven actualmente nada tienen que ver con aquellos otros clásicos que se dieron hasta casi finales del siglo pasado. Quienes entonces se batían eran dos o más ejércitos en campos de batalla que no siempre incluían los núcleos urbanos. Cuando así era, se solía evacuar la población civil que eran los no combatientes. Los civiles solían quedar al margen.
Hoy, el enfrentamiento ha dejado a un lado aquel formalismo y abarca un sin número de manifestaciones y formas. El terrorismo, las maras, la guerra con carteles de narcotraficantes y un etcétera importante es la forma asimétrica de confrontación. Vemos a terroristas que combaten vestidos de civil, sin uniforme ni distintivo visible, no están organizados en grupos ni portan armas (aspectos incluidos en las Convenciones de Ginebra y la Haya). Hay niños, mujeres o ancianos que rodean su cuerpo de explosivos y se inmolan en la vía pública, dentro de un edificio o en un transporte, tal y como hemos visto en Israel, Irak, Madrid o Londres. Otros, operan en pequeñas células aisladas que no obedecen a una autoridad concreta, sino a un fin general, difuso y poco especifico que interpretan a su manera. Algunos más se refugian o esconden en hospitales o en escuelas y así una larga casuística. El actual campo de batalla no es concreto ni definido y cualquier espacio y entorno es válido.
Deberíamos entender esta nueva forma de manifestación de la violencia y de la confrontación, para no enardecer ánimos con el empleo de un vocabulario caduco e interesado. Los conceptos utilizados nada tienen que ver con los conflictos del presente. ¿Se puede considerar victima civil a un ciudadano que voluntaria y democráticamente ha elegido a Hamas aún a sabiendas de su propósito terrorista?. ¿Cómo diferenciar civiles de combatientes dentro de un pequeño espacio donde todos apoyan a todos y hay un único enemigo común?. ¿Cómo distinguir a un terrorista vestido de civil que lleva una mochila de explosivos para inmolarse de otro que lo apoya públicamente, lo esconde o aplaude el suceso?.
Parece necesaria una adaptación del léxico mediático a los procedimientos actuales. Nos ha vuelto a superar la realidad sin la capacidad de adaptarnos a las nuevas formas, expresiones y conceptos de conflictos que cuesta entender y que se salen del marco tradicional de los convenios o de otras normas y usos de la guerra. Por cierto, a pesar de seguir denominando guerra a ciertas contiendas, hace décadas que ningún país declara una, procedimiento político-jurídico que suele ser responsabilidad de los Parlamentos o Congresos.
Esta reflexión no pretende justificar ninguna víctima, pero es necesario no abrir siempre las tumbas del mismo lado de cementerio y tener la habilidad de dimensionar los problemas en el contexto en que estos se desarrollan y no de forma marginal, con perspectivas sesgadas o con marco conceptuales ya caducos.
lunes, 12 de enero de 2009
Colon irritable
Hay muchas características no deseables en un político. La peor es la mentira, de la que ya se habló suficiente en el último año especialmente al analizar los supuestos planes de la UNE, sobre todo los relativos a la seguridad. Otra, es acudir a la teoría de la conspiración. Es decir, ver micos apareándose donde no los hay, para esconder cualquier desastre o desaguisado y ocultar la realidad, pretendiendo llevar a los oyentes a un lugar imaginario donde el complot, las escuchas telefónicas y otras elucubraciones similares le distraigan del principal problema. Una tercera, es la irritabilidad que saca de las casillas a quien la genera y le provoca desvarío. El mal humor y el sin sentido, además de la falta de educación tienden a ser la tónica dominante en ese estado. La pasada semana hemos asistido a la graduación, con honores, en las dos últimas de alguno de nuestros distinguidos políticos.
Nada de esto es nuevo y está en el “programa de estudios” de “insignes” líderes de otras partes del continente, como Chávez, Evo Morales o Rafael Correa, además del maestro Castro, que cuando no tienen nada mejor que hacer y meten la pata, cosa habitual, acuden al discurso sostenido de qué sufren una conspiración. Dicen que los quieren matar, USA los quiere invadir o la oligarquía hacerse con el poder. Cualquier majadería es buena, porque de lo que se trata es de ocultar una realidad que, de lo contrario, se evidenciaría
Me viene a la mente aquellas obras del Siglo de Oro español, donde el marido despechado se dedica a ir retando a quienes dudan de la honestidad y del honor de su dama, mientras ella pone y quita, decide, sanciona y gasta y hace todo lo que considera útil para sus fines y propósitos. De vez en cuando, en actos públicos de piedad, con cierto tufo de farsa, ponen cara de gato de Shrek y culpan a periodistas o a los de siempre y se refugian en el gastado discurso de los pobres y desposeídos, es decir, los colectivos que manejan y engordan porque es el natural caldo de cultivo de esa politiquería.
Todavía hay gobernantes que hablan de democracia, sin entender el significado del término. Para ellos, democracia es hacer lo que les da la gana, argumentado que fueron elegidos (nunca dicen por cuantos) y condenando a los demás cuando no les gustan las críticas. No terminan de entender lo que realmente son: gestores políticos al servicio de los ciudadanos, quienes tienen el derecho y la obligación de hacer las críticas que consideren pertinentes en orden a mejorar lo que hacen o a evidenciar lo que deshacen. Pareciera que es necesario recordarles con frecuencia quien les paga el salario mensual que reciben.
Los dictadores ya se acabaron, aunque El Señor Presidente de MA. Asturias sigue demasiado presente todavía, en la mente de algunos que, llegando al poder, se erigen sobre un púlpito que pareciera que les absuelve de pecados y del ejercicio responsable de la política.
Hay que poner a los políticos en su sitio, donde les corresponde. Señalemos los abusos y a quienes los permiten. En todo desaguisado, adulterio incluido, siempre hay un último en enterarse y aceptar las cosas como son. ¡Y esto, solo es el primer año!, ese que quieren dejar sin crítica con la escusa de la conspiración y la consecuente irritación. No se crispe, sea feliz, lea a Chesterton: El hombre que fue jueves, es mucho más divertido y menos ulceroso.
Nada de esto es nuevo y está en el “programa de estudios” de “insignes” líderes de otras partes del continente, como Chávez, Evo Morales o Rafael Correa, además del maestro Castro, que cuando no tienen nada mejor que hacer y meten la pata, cosa habitual, acuden al discurso sostenido de qué sufren una conspiración. Dicen que los quieren matar, USA los quiere invadir o la oligarquía hacerse con el poder. Cualquier majadería es buena, porque de lo que se trata es de ocultar una realidad que, de lo contrario, se evidenciaría
Me viene a la mente aquellas obras del Siglo de Oro español, donde el marido despechado se dedica a ir retando a quienes dudan de la honestidad y del honor de su dama, mientras ella pone y quita, decide, sanciona y gasta y hace todo lo que considera útil para sus fines y propósitos. De vez en cuando, en actos públicos de piedad, con cierto tufo de farsa, ponen cara de gato de Shrek y culpan a periodistas o a los de siempre y se refugian en el gastado discurso de los pobres y desposeídos, es decir, los colectivos que manejan y engordan porque es el natural caldo de cultivo de esa politiquería.
Todavía hay gobernantes que hablan de democracia, sin entender el significado del término. Para ellos, democracia es hacer lo que les da la gana, argumentado que fueron elegidos (nunca dicen por cuantos) y condenando a los demás cuando no les gustan las críticas. No terminan de entender lo que realmente son: gestores políticos al servicio de los ciudadanos, quienes tienen el derecho y la obligación de hacer las críticas que consideren pertinentes en orden a mejorar lo que hacen o a evidenciar lo que deshacen. Pareciera que es necesario recordarles con frecuencia quien les paga el salario mensual que reciben.
Los dictadores ya se acabaron, aunque El Señor Presidente de MA. Asturias sigue demasiado presente todavía, en la mente de algunos que, llegando al poder, se erigen sobre un púlpito que pareciera que les absuelve de pecados y del ejercicio responsable de la política.
Hay que poner a los políticos en su sitio, donde les corresponde. Señalemos los abusos y a quienes los permiten. En todo desaguisado, adulterio incluido, siempre hay un último en enterarse y aceptar las cosas como son. ¡Y esto, solo es el primer año!, ese que quieren dejar sin crítica con la escusa de la conspiración y la consecuente irritación. No se crispe, sea feliz, lea a Chesterton: El hombre que fue jueves, es mucho más divertido y menos ulceroso.
lunes, 5 de enero de 2009
El embajador
Con la periodicidad acostumbrada, el embajador de Cuba en Guatemala hizo unas declaraciones sobre la revolución cubana y “sus logros”, algo que también resaltaron pocos columnistas a quienes les cautiva el sistema, aunque no viven allí, vaya a ser que las cosas no sean como las pintan.
La primera crueldad del diplomático es la respuesta a la pregunta sobre el salario medio de un campesino. Se despacha con un: ¡Son ricos, millonarios!, algo que solo puede afirmarse estando bien arrebujado con Baco o con sadismo salvaje, ya que humilla a miles de sus compatriotas a quienes otros burócratas matan literalmente de hambre. Podría haber declarado que no les va mal o que ganan lo suficiente, pero no, solo el desprecio por el ser humano le sustenta la grosería de hacer tal aseveración. Más adelante, aclara que los campesinos son los dueños de la tierra y claro, como ese es el Estado, pudiera llevar razón, porque quienes lo administran sí que son ricos, los pobres son los que eufemísticamente denomina “obreros agrícolas”. Seguro el embajador tiene un humor negro y acido que muchos nos terminamos de apreciar o es circunstancial, por la bulla de las fiestas.
Otro tema que apunta, también recurrente por los amantes de la revolución, es el educativo. Conviene dejar claro que las democracias occidentales cuentan con un índice de alfabetización cercano al cien y, además, con un plus: es libremente elegida, dispone de una amplia y variada oferta y los estudios son reconocidos y valorados en el mundo, cosas de las que adolece la castrista. Recordemos, para escarnio de don Omar, que no se convalidó el título de quienes se graduaron allá como médicos, algo común por el mundo con el resto de profesionales cubanos.
Continúa afirmando, en su profundización sobre las bondades del régimen, que en Cuba no hay clases y, ahí, debo darle la razón. Sus amigos revolucionarios hicieron a todos iguales: pobres, esclavos, sin propiedades, sin libertad de movimiento, ni de opinión, ni de nada. Ellos, los burócratas, no están en ese grupo de condenados. Prefieren dirigir, planificar y organizar al resto. A fin de cuentas solo hay una clase desposeída, gobernada a la fuerza por una banda que se cree mucho más lista y decide antojadizamente sobre los demás y sus vidas. Eso se llama despotismo o dictadura, aquí y en el resto del mundo.
Al embajador y a los apologistas, se les “olvidó” hablar de la represión, de las prisiones, de la escasez, de la falta de acceso a la propiedad, de la imposibilidad de contar con mínimas comodidades, de la falta de libertad y de los muertos, esos que se ahogan huyendo del “paraíso cubano” o los que el régimen y sus informantes asesinan porque se atreven a opinar, escribir o sencillamente discrepar. ¿Qué sería de ustedes, aduladores, si vivieran allá el día que quisieran expresarse de forma diferente?.
Don Omar, una vez caiga el régimen, ¡que caerá!, me gustaría verlo dando esas declaraciones en la Bodeguita del Medio. Es posible que sus paisanos entusiasmados, esos ricos y felices campesinos que usted señala, lo lanzaran por el malecón o igual, como han tenido humor y bemoles para enfrentar al dictador y a sus secuaces, todavía le ofrezcan un mojito y le bailen una salsa: ¡asuca!. Para ello es preciso saber si usted estará allí o hará como muchos altos funcionarios de los países comunistas de Europa del Este cuando estrepitosamente se desplomó la URSS. Como ve, don, no soy diplomáticamente correcto, pero la verdad, abruma. No más engaños.
La primera crueldad del diplomático es la respuesta a la pregunta sobre el salario medio de un campesino. Se despacha con un: ¡Son ricos, millonarios!, algo que solo puede afirmarse estando bien arrebujado con Baco o con sadismo salvaje, ya que humilla a miles de sus compatriotas a quienes otros burócratas matan literalmente de hambre. Podría haber declarado que no les va mal o que ganan lo suficiente, pero no, solo el desprecio por el ser humano le sustenta la grosería de hacer tal aseveración. Más adelante, aclara que los campesinos son los dueños de la tierra y claro, como ese es el Estado, pudiera llevar razón, porque quienes lo administran sí que son ricos, los pobres son los que eufemísticamente denomina “obreros agrícolas”. Seguro el embajador tiene un humor negro y acido que muchos nos terminamos de apreciar o es circunstancial, por la bulla de las fiestas.
Otro tema que apunta, también recurrente por los amantes de la revolución, es el educativo. Conviene dejar claro que las democracias occidentales cuentan con un índice de alfabetización cercano al cien y, además, con un plus: es libremente elegida, dispone de una amplia y variada oferta y los estudios son reconocidos y valorados en el mundo, cosas de las que adolece la castrista. Recordemos, para escarnio de don Omar, que no se convalidó el título de quienes se graduaron allá como médicos, algo común por el mundo con el resto de profesionales cubanos.
Continúa afirmando, en su profundización sobre las bondades del régimen, que en Cuba no hay clases y, ahí, debo darle la razón. Sus amigos revolucionarios hicieron a todos iguales: pobres, esclavos, sin propiedades, sin libertad de movimiento, ni de opinión, ni de nada. Ellos, los burócratas, no están en ese grupo de condenados. Prefieren dirigir, planificar y organizar al resto. A fin de cuentas solo hay una clase desposeída, gobernada a la fuerza por una banda que se cree mucho más lista y decide antojadizamente sobre los demás y sus vidas. Eso se llama despotismo o dictadura, aquí y en el resto del mundo.
Al embajador y a los apologistas, se les “olvidó” hablar de la represión, de las prisiones, de la escasez, de la falta de acceso a la propiedad, de la imposibilidad de contar con mínimas comodidades, de la falta de libertad y de los muertos, esos que se ahogan huyendo del “paraíso cubano” o los que el régimen y sus informantes asesinan porque se atreven a opinar, escribir o sencillamente discrepar. ¿Qué sería de ustedes, aduladores, si vivieran allá el día que quisieran expresarse de forma diferente?.
Don Omar, una vez caiga el régimen, ¡que caerá!, me gustaría verlo dando esas declaraciones en la Bodeguita del Medio. Es posible que sus paisanos entusiasmados, esos ricos y felices campesinos que usted señala, lo lanzaran por el malecón o igual, como han tenido humor y bemoles para enfrentar al dictador y a sus secuaces, todavía le ofrezcan un mojito y le bailen una salsa: ¡asuca!. Para ello es preciso saber si usted estará allí o hará como muchos altos funcionarios de los países comunistas de Europa del Este cuando estrepitosamente se desplomó la URSS. Como ve, don, no soy diplomáticamente correcto, pero la verdad, abruma. No más engaños.
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