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lunes, 20 de agosto de 2018

El camino hacia Venezuela


Son visceralmente agresivos e incomprensiblemente hay incautos que les siguen y respaldan
  
Se ha convertido en costumbre -mala, por cierto- que grupos minoritarios o insignificantes se adjudiquen la potestad de representar “a la mayoría de guatemaltecos” y de esa manera justifiquen sus reivindicaciones de forma violenta, soez, autoritaria o fuera de lugar, cuando no de ley. CODECA y sus adláteres desean nacionalizar la energía eléctrica, quedarse con un trozo del territorio nacional y otras veleidades que pregonan cuando deciden, sin oposición gubernamental, paralizar el país. Del otro lado del espectro, la Fundación contra el terrorismo y sus secuaces hacen lo propio defendiendo a corruptos, boicoteando actos públicos o poniendo amparos sin éxito para socavar la lucha contra la corrupción. Unos, impiden el ejercicio de derechos individuales; otros, desde el Congreso o el Ejecutivo, norman a favor de delincuentes. Los primeros roban luz; los segundos justifican sobresueldos en la cúpula militar.  Ninguno es republicano, demócrata ni respetuosos de los derechos ajenos y ambos pretenden imponer sus formas, reglas y caprichos. Distinto fondo, pero idénticos modos y fines.
En Venezuela, un grupo de militares, aliados con el narcotrmblea constitusambleacticizoppt´irlas entre sus amigos. Su sucesos, Maduro, toma de lugar.áfico y el crimen organizado, controlan el país. Desde el poder, Chávez nacionalizó empresas, expropió bienes y los distribuyó entre sus amigos. Su sucesor, Maduro, tomó al asalto el Congreso, copó el poder judicial, activó una ilegal asamblea constituyente y repartió la patria junto a otros delincuentes. En Guatemala, grupos extremistas -como los citados- siguen idéntico proceder, aunque descoordinados porque son ideológicamente opuestos. Los primeros desean nacionalizar casi todo; los segundos apuestan por subvertir el orden legal con el apoyo de políticos corruptos. Sume las acciones de unos y otros y obtendrá el “monto total” de lo que pasa en Venezuela, porque los radicales utilizan idénticas formas y medios para acceder al poder: el autoritarismo, la intimidación y la violación de los derechos individuales. Sobran ejemplos de populismo o dictaduras en la historia regional y hemisférica para comprender cómo operan, qué pretenden y las secuelas que por años padecen los países en los que tienen éxito.
Los recientes sucesos en la sede del TSE protagonizados por instigadores trastornados, entre otros: el director de un cuestionado medio televisivo quien alardea tener una fotografía con el dictador venezolano -mucho más alto que él, por cierto-, una cubana residente en Miami de oficio activista rabanera en redes -que curiosamente abuchea la “injerencia extranjera”- y el vocinglero abogado de la Fundación contra el terrorismo, muestran cómo operan esos desestabilizadores que pretenden imponer sus posturas desde la exigencia de sus derechos, además de buscar reacciones violentas -como hace CODECA- para victimizarse, justificar más alharaca y arremeter contra quienes “les agreden”. Una continua provocación que ensayan hasta conseguir resultados que les sirvan. De la dupla enemiga tradicional Robinson-Aldana pasan ahora a censurar la de Arreaga-Porras, pero será con cualesquiera que no se les plieguen o sirvan sus espurios intereses, porque no gustan del orden, de la legalidad ni mucho menos del Estado de Derecho. Son visceralmente agresivos y entre ellos hay, incompresiblemente, incautos que les siguen y respaldan.
Estamos ante una cruzada declarada por extremistas antagónicos. La reflexión, la serenidad, el buen juicio, el respeto por los derechos individuales, el Estado de Derecho y la consolidación de las instituciones, son, entre otros, el remedio más eficaz para terminar con ellos. El socialismo del siglo XXI pretende invadirnos, pero el añejo fascismo del XX hace lo propio desde la orilla opuesta.
¡Al carajo con ambos! No permitamos que hundan más al país ni que impongan sus tiranos métodos.

lunes, 13 de agosto de 2018

Armemos el rompecabezas


La diputada Montenegro, en el Congreso, era un referente que comienza a evaporarse

¡Vaya semana la pasada! Insight Crime publicó un reportaje titulado “El dinero de los Zetas y la campaña de Colom en Guatemala”, en el que relata cómo la UNE recibió la nada despreciable suma de 11.5 millones de dólares del grupo de narco depredadores “los Zetas”, para financiamiento electoral de su campaña política. Un día después, el MP solicitó levantar el antejuicio al Presidente Morales y a la diputada Nineth Montenegro por financiamiento electoral ilícito de los partidos FCN y EG, de los que ambos fueron secretarios generales y responsables, según la ley.
Varios interrogantes se plantean con esos nuevos sucesos. El primero es cómo Insight Crime cuenta con datos, fechas y cantidades sobre el financiamiento de un partido tan cuestionado como la UNE y la fiscalía correspondiente no, más allá estar investigando al diputado Orlando Blanco aunque no por los hechos que describe el medio digital, más graves por provenir de fondos ilícitos. El segundo es el nuevo antejuicio al Presidente que lo sitúa, otra vez, en la picota del debate político, al igual que al Congreso que seguramente no reunirá los votos necesarios para levantarle la inmunidad, como ocurrió en pasadas ocasiones. De nuevo mostrarán el descarado pacto entre personajes oscuros -y corruptos- que prefieren soslayar el delito y crear un de club de tramposos que sirva para acogerse cuando la justicia los aborde, como sucede con el diputado Alejos, entre otros. Lo tercero es la caída de un símbolo -Nineth- y su partido -Encuentro por Guatemala- ya que, cómo todos, sucumbieron en el lodazal del financiamiento ilícito, no reportado, incorrecto o como se le quiera denominar y también por actos tendientes a obstaculizar el control de fiscalización. La diputada Montenegro, en el Congreso, era un referente que comienza a evaporarse. El hecho de ser señalada, independientemente del monto económico o de las personas que llevaron a cabo la actividad ilegal en el partido, la apea de la tribuna de credibilidad en la que se mantenía. Finalmente, debe reflexionarse sobre la candidatura de Thelma Aldana y los contactos establecidos con ciertos grupos políticos para formar una coalición, entre ellos Encuentro por Guatemala ¿No sabía la exfiscal general que el partido con el que mantuvo acercamientos era investigado desde diciembre de 2016 por una de sus fiscalías o lo ignoró? Hay que recordar que la ahora presidenciable Aldana comentó públicamente -sin que nadie le mencionará nombre alguno- que con CREO nunca establecería un acuerdo ¿Por qué no fue tan contundente con Encuentro por Guatemala si estaba siendo investigado y había indicios de delito? Finalmente y quizá lo más trascendente, es que la nueva Fiscal General ha dado la cara y tomado postura, algo que ha enojado a golpistas y extremistas -a veces coinciden- que hubiesen preferido una fiscal más cordial con sus descarados actos de apoyo a mafias, delincuentes, crimen organizado y narcotraficantes.
El ambiente queda sumamente enrarecido y evidenciada la forma de financiamiento político que utilizaban los partidos -sin excepciones- tal y como se viene confirmando, de ahí el mutismo guardado por todos ellos. El proceso electoral que se avecina será diferente y con un parteaguas entre la vieja y la nueva forma de hacer política, sin muchas esperanzas de que la última esté libre de virus. La mala noticia es que hay grupos que siguen intentando ese golpe de estado que el vicepresidente Cabrera irresponsablemente comentó, aunque no por parte de los que él nunca señaló, sino por quienes están cerca del poder y seguramente conoce y escucha.  
¡Y es que la batalla final se avecina!

lunes, 6 de agosto de 2018

Silencio de corderos


Me confieso harto de marrulleros vendedores de humo, de políticos basura y de ciudadanos pasivos

La ausencia de debate político sobre temas trascendentes para el país, se ha convertido en la norma. Lo excepcional -también faltante- es que se aborde alguna mínima discusión sobre problemas nacionales. Los partidos políticos -que no lo son- siguen más preocupados por continuar en la sombra cómplice de la conspiración permanente que en la palestra, y sus integrantes más acongojados porque se hablen de ellos que por hacer su trabajo por el que mensualmente les pagamos. En fin: un silencio preocupante que nos tiene sumidos en la mayor inacción de los últimos años.
Aprovechando ese mutismo, cerca de ochenta diputados están ofuscados porque no podrán reelegirse en la convocatoria de 2019 y calladamente intentan revertir la norma que lo imposibilita ¡Para eso si son vivos! Sin embargo, aquellos otros que están en ley seguramente se opondrán y no por principios o respeto a la norma, algo que les viene del norte, sino por pura competencia política de sacarlos legalmente del tablero político nacional y reducir la oposición ¡Al pelo aquello de “no hay mal que por bien no venga!
Esta pasividad política desaparecerá, sin embargo, en poco tiempo. En la medida que se vayan destapando los candidatos para el proceso electoral venidero, se escucharán nuevamente promesas y “soluciones” para arreglar la debacle económica, social, educativa, sanitaria, etc. que el país arrastra por décadas y que cada cuatro años pretenden corregir inescrupulosos vendedores de humo que luego callan por otros tantos. De esa cuenta, no escuchamos cual es la posición de los partidos de la oposición respecto, por ejemplo, al desastre vial, al deficiente sistema de salud pública, a la encarecida compra de medicamentos, a la precaria situación de la educación, o a los actos de secuestros de alcaldes o robo de armas a policías por turbas de “delincuentes sociales”, entre docenas más. Tampoco sobre la desproporcionada solicitud de subida salarial de jueces y magistrados o la exigencia magisterial de más dinero para el pago de maestros que no incrementan una décima la calidad educativa ni reducen los índices de analfabetismo. Ya verán como en dos meses todos tienen la solución que ahora callan y cómo la ofrecen como remedio eficaz para promover “el desarrollo social que el país necesita, ¡ah!, y la justicia social”.
Después de veinte años residiendo en Guatemala, me confieso harto e incrédulo de tantos marrulleros vendedores de humo, de políticos basura y de ciudadanos pasivos y cómplices. He llegado al convencimiento de que tenemos poco arreglo porque sencillamente muchos se sienten cómodos con esta situación y sobre todo, porque falta el coraje necesario para acometer una profunda reforma que nos obligaría a cambiar de actitud y valores. No nos engañemos más: no queremos cambiar, y no porque no seamos conscientes de lo mal que estamos sino porque no nos atrevemos o nos sentimos cómodos esperando que algún día llegará “nuestro” turno de estar en la parte que envidiamos o deseamos. Una suerte de ley de péndulo que hemos terminado por asimilar, consentir y promover.
Cada quien tiene lo que se merece y nunca mejor se puede aplicar el dicho. Hay sociedades, mucho más pequeña que la nuestra, que han resurgido y tomado conciencia de que o empujas o te entierras: Israel, Croacia, Taiwán…, son ejemplos de países cuyo coraje social -si es que eso existe- los aúpa exitosamente por encima de otros. Las sociedades son lo que ellas permiten que sea y la guatemalteca carece del ardor necesario para actuar en la dirección correcta, suficientemente diagnosticada. Así que no nos quejemos más mientras sigamos en la sinuosa senda del silencioso y acobardado cordero.