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lunes, 9 de noviembre de 2020

¿Ganó Biden o perdió Trump?

Don Donald llegó a cantar victoria en las primeras horas del miércoles, antes de que el “ingrato” Estado de Wisconsin le diera la espalda

El señor Trump ha mantenido en vilo a muchos entusiastas de la política, demócratas acérrimos, seguidores fieles, republicanos despistados y medio mundo. Acongojados andaban unos y otros durante toda la mañana del pasado miércoles y días siguientes porque el estrecho margen momentáneo de la victoria de Biden-Harris no permitía que la camisa llegara al cuerpo. Aquellas encuestas que proclamaban al demócrata, por no recuerdo que cantidad de puntos, tornaron una y otra vez y don Donald llegó a cantar victoria en las primeras horas del conteo, antes de que el “ingrato” Estado de Wisconsin le diera la espalda.

A pesar de las críticas contra mister Trump -a las que me sumo porque es un perfecto mentecato, un político extravagante y un individuo absurdo- es preciso recordar que llegó al poder hace cuatro años de forma democrática y por razones muy bien expuestas por el historiador Niall Ferguson. Ganó las elecciones tras ocho años de gobierno demócrata que integró precisamente el señor Biden. ¿Qué llevó a los ciudadanos norteamericanos a votar a un empresario tan particular y excéntrico para que fuera el 45º presidente de los Estados Unidos? Para algunos sería el fracaso económico, para otros la perdida de liderazgo en política exterior, para muchos más el incumplimiento de promesas en temas de migración, de retiro de tropas en el extranjero o el cierre del centro de detención en Guantánamo ¡A saber que llevó a cada cual a elegir libremente a un personaje extraño y tosco respecto del político tradicional! En todo caso, muchas cosas que se pueden resumir en cansancio acumulado después de ocho años de administración Obama-Biden, y seguramente la sensación de que no lo hicieron bien y había que dar oportunidad a la oposición ¡Y vaya la que buscaron!

¿Qué está pasando en el mundo que se eligen/reeligen autoridades que luego traen malas experiencias? Creo que nada diferente a lo ocurrido en otras épocas. Hugo Chávez llegó democráticamente al poder, también Hitler y muchos otros. Vemos una dictadura en Nicaragua proveniente de un proceso democrático; en Argentina se establecieron por años los Kirchner; en España se eligió a un gobierno que ha terminado pactando con políticos separatistas y extremistas que pretenden destruir la nación; en Bolivia ocurrió algo similar y ahora puede que estén de vuelta, y muchos otros ejemplos.

Los personajes exóticos aparecen cuando los ciudadanos están sorprendidos o decepcionados de cómo está la política en su país o en su entorno, y terminan haciendo realidad la frase de Levitsky y Zibblat en su libro “Cómo mueren las democracias”: “Las democracias pueden morir a manos no de generales, sino de líderes elegidos, presidentes o primeros ministros, que subvierten el mismo proceso que los llevó a ellos al poder. O aquella otra de Ortega y Gasset: “La confusión va aneja a toda época de crisis […] No sabemos lo que nos pasa, y esto es precisamente lo que nos pasa, no saber lo que nos pasa…”.

¿Qué ocurre en el siglo XXI con la democracia que parece haber atolondrado al votante? Quizá, y habrá que debatirlo, el modelo que sirvió para erradicar dictaduras en el siglo XX se ha vuelto sustancialmente inoperativo. No creo que por falta de liderazgo sino porque los capaces y decentes pueden estar escondidos y no participar en política, pero también porque el sistema no responde a la forma cultural, tecnológica y de valores sociales modernos, además de a otras cuestiones de la vida cotidiana. Mientras, en USA, pierde curiosamente quien más odia a los perdedores, y gana el de antes ¡Vaya pues!


lunes, 2 de noviembre de 2020

El pescado, la caña y otras cosas

Delegamos nuestra responsabilidad y no es necesario asumir nuestro destino, declarar nuestros objetivos ni mucho menos dar la cara

Se usa frecuentemente el proverbio “Dale un pez a un hombre, y comerá hoy. Enséñale a pescar y comerá el resto de su vida”, con la idea de transmitir la mayor rentabilidad al animar a las personas para que puedan obtener, generar o producir por sí mismas lo que necesitan y no depender de lo que otros les den. Una especie de canto al emprendimiento, a la responsabilidad y a tomar el destino en manos propias, más que a esperar continuamente a que alguien les resuelva la vida con dádivas caprichosas o ayuda prolongada. 

El dicho, empleado repetidamente, parece que se obvia para ciertos temas y puntualmente para el de la justicia, en que pareciera no gustarnos eso de qué nos “enseñen a pescar”, y preferimos que nos regalen el peje de cada día. Por varios años, tuvimos una misión de Naciones Unidas en Guatemala, para arreglar supuestamente ciertas cuestiones relacionadas con los acuerdos de paz: policía, ejército, derechos indígenas, desarrollo rural y agrario, justicia, y otras cuestiones contenidas en los mismos. Como no fuimos capaces de avanzar mucho, pedimos que viniera una comisión internacional contra la impunidad, y tuvimos CICIG por más de un decenio. 

En un momento determinado -aunque de forma abrupta- dejamos de contar con esa comisión, algo que debería suceder en algún momento, porque no es admisible ni deseable un tutelaje indefinido. Ahora, incapaces de arreglar la justicia -o mejor, incompetentes y con falta de voluntad para hacerlo- se vuelven a levantar voces pidiendo que regrese el ente internacional o que los Estados Unidos señalen a políticos corruptos que nosotros no somos capaces de enfrentar. Creo que daría más resultado poner una vela a San Judas Tadeo -patrón de las causas imposibles- para solucionar lo que como ciudadanos no queremos, porque no nos da la gana tomar el país en serio y en nuestras manos. De tal cuenta, seguimos mendigando ese pescado, esa ayuda, e imaginando personajes todopoderosos capaces de hacer lo que nosotros no estamos dispuestos: enfrentar a los corruptos, denunciar a los malos jueces o presionar para que haya un sistema de justicia acorde con lo que nos merecemos. 

Invocamos cual espíritus a esos seres, porque son designados mediando un silencioso lobby internacional, y terminan haciendo lo que algunos desean hacer, pero sin llamar la atención. Delegamos nuestra responsabilidad en ellos y no es necesario asumir nuestro destino, declarar nuestros objetivos e ideología ni mucho menos dar la cara. En el fondo nos da pena decir lo que pretendemos hacer y mostrarnos tal como somos, escondiéndonos en el miedo, en “no digas eso que te van a matar” o nos volvemos especialistas en tirar la piedra y esconder la mano, aunque cada vez se nos ve más el plumero. Hipócrita, creo que es la palabra más precisa y contundente para definir nuestra actitud, además de carecer de los bemoles para asumir nuestro destino, a pesar de tantos años de ayuda externa. 

Somos una sociedad mentalmente pobre en el sentido de qué preferimos que otros manejen nuestro futuro porque la mayoría está acomoda comiéndose el pescado que nos regalan en lugar de asumir la responsabilidad de comprar la caña, buscar la carnada, levantarse temprano y correr el riesgo de ir a pescar. No estamos dispuestos a eso porque evidentemente gustamos de mendigar, y parece que continuaremos por mucho tiempo más. Desde 1944 -por lo menos- meten la mano en el país y sonreímos o nos lamentamos según el bando en que estemos, mientras esperamos que la siguiente vez el pescador sea de “los nuestros” ¡Claro que así nos vas!


lunes, 26 de octubre de 2020

¿Ciudadanos cansinos o cansados?

Necesitamos un buen codazo -un pescozón que diría el castizo- para sacarnos de nuestro egoísmo en el sentido más miserable de la palabra

Tradicionalmente había dos formas de pretender solucionar tanto las debacles como los aciertos políticos: golpe de estado o revolución. En América latina hay sobrados ejemplos de unos y de otras que, por cierto, no llevaron a casi nada bueno. Los primeros se perpetuaron como forma de tomar el poder y las segundas terminaron siendo peor que los males que querían enmendar. En general, no pasaron de cantados fracasos.

Actualmente no es factible acudir a ninguno de los dos para finalizar una situación que “no sirve o no gusta”. En ciertos lugares, ciudadanos descontentos han querido reconducir el rumbo de sus países y posiblemente sin querer, los han llevado a extremismos de los que terminan arrepintiéndose. Nicaragua, Venezuela, Bolivia, USA, México, El Salvador o España -para que no digan- son lugares en los que la ley del péndulo se ha instalado: los políticos electos no sirven, y la oposición tampoco; lo oficial no funciona, pero no existen alternativas; el gobernante es un desastre, mientras otras opciones no son mejores. En esos escenarios los mediocres, los populistas, los habladores o los extremistas encuentran espacios perfectos para llegar al poder con falsas promesas, culpa en parte de un ciudadano desilusionado, pero más cansino que cansado, que ha estado generalmente ausente de la política, y de ahí las cosas. No aprendemos, somos contumaces, necios y apostamos por una incierta suerte pensando que los problemas son estructurales, coyunturales o cualquier otro calificativo grandilocuente que muchos emplean para describir lo que no entienden, aunque tampoco se molestan lo más mínimo en comprender. 

Así estamos en Guatemala, a punto de caer en el abismo -más profundo todavía- en el que seguramente terminará “liderando” el país una suerte de populistas o de radicalistas de los muchos que postean a diario sus disparates en redes. Luego, vendrá la subida de impuestos para promover “la gratuidad” de los servicios, el recorte de libertades para escapar de críticas que no gustan y la apropiación de la justicia para hacer cualquier barbaridad. Según el bando, e independientemente del escenario, querrán estatizarlo o mercantilizarlo todo y así poder medrar, que en el fondo es lo que persiguen. En medio -o mejor encerrados- quedamos millones de ciudadanos indolentes que no leemos, no entendemos o no hacemos absolutamente nada por salir de este atolladero.

Hacemos lo mejor que sabemos hacer que coincide con lo primero que hizo el “hombre bíblico”: echarle la culpa otro, sea la Conquista, la historia o múltiples factores -el miedo entre ellos-, mientras desde la dialéctica inconformista nos quejamos y lamentamos de lo que no queremos arreglar por temerosos, desmañados o porque nos importa un bledo la vida en sociedad, la justicia y todo lo que suene a orden. Necesitamos un buen codazo -un pescozón que diría el castizo- para sacarnos de nuestro anarquismo y egoísmo en el sentido más miserable de la palabra, ni siquiera en el noble que Ayn Rand utiliza en su libro “La virtud del egoísmo” 

¡A la porra, no vamos a cambiar!, parecer ser el lema y la solución que queda, y que sea el más fuerte quien salga adelante, y el último que cierre la puerta ¿Así queremos construir patria?

Aunque la frase abra la puerta a ser tachado de machista o heteropatriarcal, no encuentro otra ahora que venga al pelo como aquella reprimenda de la sultana Aixa a su hijo, el rey Boabdil el Chico: “llora como mujer lo que no supiste defender como hombre”. En poco más de tres años la recordaré cuando el desastre populista o el extremismo radical esté democráticamente implantado y nos lamentemos, como de costumbre.


lunes, 19 de octubre de 2020

La captura de las cortes supremas

La justicia ha perdido -o está perdiendo, si quiere ser más optimista- la búsqueda del equilibrio razonable, racional y justo

El control de las cortes supremas comienza a ser objetivo de muchos gobiernos. En España vemos como la coalición gobernante -partido socialista y los radicales de unidas podemos- pretende suprimir la mayoría cualificada -actualmente en ley- para nombrar a los magistrados del poder judicial. La idea es reducirla a mayoría simple y así no tener que consensuar la designación con otros partidos.

En los Estados Unidos, durante el debate Pence-Harris, se pudo advertir como la candidata demócrata no contestó al señalamiento insistente del actual vicepresidente sobre la pretensión de Biden de ampliar el número de jueces en la corte suprema para, si ganan las elecciones, poder nombrar jueces y “equilibrar” lo que sienten como una desventajas respecto de los designados por los republicanos. En otros países latinoamericanos ha ocurrido algo similar.  El kirchnerismo en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Bukele en El Salvador o Maduro en Venezuela, han hecho lo propio para “moldear” el poder judicial y de esa forma darle barniz legal a las tropelías que promueven. Una forma de prostituir valores democráticos y promover el autoritarismo ¿Deduce algo? Exacto: son gobiernos de izquierda o populistas.

Aquí, más modestamente, intentan hacer lo mismo “unos y otros”. Pareciera que observar la esencia de la justicia no es tan importante como quiénes nombran a los jueces y cuáles de ellos son designados. Unos hablan de jueces “contra la corrupción”, mientras otros señalan a sus oponentes porque quieren elegir “jueces ad hoc” para sus fines ideológicos. En medio de este insípido pero ideologizado debate, vemos a un magistrado de la CC cuya familia solicita que sea desligado de sus funciones por estar seriamente afectado en su salud, pero las peleas dentro de la corte llevan la discusión al plano político-judicial en perjuicio de la persona que parece no importarles a ninguno de ellos ¿Cuántas manifestaciones de grupos y personajes que se autodenominan defensores de derechos humanos ha visto o leído usted a favor del magistrado Aldana? ¡Pues eso!

La justicia ha perdido -o está perdiendo, si quiere ser más optimista- la búsqueda del equilibrio razonable, racional y justo. Lo que realmente persiguen algunos es materializar la visión personal de lo que entiende por justo, e imponerlo a la fuerza, con toda suerte de apaños, justamente lo que hicieron o intentan hacer los gobernantes antes indicados.  El anulado juicio por genocidio contra Ríos Montt se sigue utilizando como un hecho consolidado, cuando fue revocado porque las prisas en alcanzar un veredicto dejaron en el camino recursos sin resolver ¿Se buscaba justicia o rapidez; determinados resultados o decisiones sostenidas en hechos comprobados; un final correcto o un final interesado? 

Con las disputas en la CSJ y la CC pasa lo mismo. Al inicio se rechazó la tabla de gradación porque no se ajustó a ciertas “necesidades”. Más tarde se detuvo el proceso por intereses de otros. El resultado: todos fastidiados, y ni  para adelante ni para atrás. Lo más lamentable es que la mayoría de ciudadanos, ajenos a estas pugnas, ven paralizada la actuación de la justicia por culpa del interesado pleito de unos pocos.

En conclusión: no mejoramos porque somos ciudadanos chambones. Gustamos de que otros arreglen nuestros problemas o de hacer escándalos, pero difícilmente nos implicamos -directa o indirectamente- en los problemas nacionales ¿Qué tenemos?, un sistema que se parece a nosotros: caótico, inservible, manipulado -y manipulador- y al que hay que saber como entrarle. ¿Qué queremos?, pues un “ sistema de justicia” a nuestro servicio y capricho, de ahí que no salgamos del atolladero ni superemos pleitos barriobajeros.


lunes, 12 de octubre de 2020

Al rescate de Noelle Neumann

Lo importante, en un mundo interconectado, es lo mismo que en aquel otro de los setenta: ser aceptado por otros

George Orwell publicó en 1949 -no sin dificultades- su novela “1984” en la que describió, anticipadamente y con lujo de detalles, lo que sería el comunismo en la Unión Soviética. Una crítica mordaz que desnudaba la dictadura y su forma de operar. Veinticinco años después (1974), vio la luz “La espiral del silencio”, de Noelle Neumann, una obra menos conocida pero igualmente adelantada a su tiempo, y especialmente al de las redes sociales que hoy vivimos. En su obra, la alemana describe el comportamiento de las personas ante la opinión pública y la dominación de éstas por los medios de comunicación y los líderes de opinión.

En definitiva, Neumann explica lo que ahora padecemos que no es otra cosa que el anclaje mental de muchas personas -de la masa que describe Ortega y Gasset- a opiniones elaboradas o posicionadas por otras, independientemente de la veracidad del contenido. Se ha pasado de reflejar la opinión pública -lo que antes hacían los medios, a la construcción de aquella. En estos días, no es tan importante contar la verdad o proponer el debate para buscarla, sino aferrarse a un discurso imperante, estruendoso, construido frecuentemente de forma artificial, y sobre todo no desviarse del mismo.

La disposición de un individuo a exponer públicamente su punto de vista varía según su apreciación y las opiniones dominantes en su entorno social, así como las tendencias -al alza o baja- que caracterizan la suerte de esas opiniones. Las redes han venido a potenciar esa afirmación con los “likes” o los “retuits” y en la medida que se alcanza reconocimiento socio-virtual nos autocomplacemos. La autora, al igual que Orwell, describe un comportamiento de su época que hoy se repite más intensamente, sin conocer la realidad de un presente que para ella era incierto futuro. Neumann sostiene el argumento de que para las personas es más fácil repetir lo que escuchan, y con ello contar con la aprobación social del rebaño, que llevar la contraria y ser señaladas como chivos expiatorios o parias en un mundo uniformado. No se distancia mucho de la línea argumentativa de Orwell al crear en su novela el ministerio de la verdad, la policía del pensamiento o la neolengua.

Leemos diariamente afirmaciones que deciden -ni siquiera cuestionan- quienes son “buenos y malos”, “perseguidos o ignorados”, “atacantes o atacados”, pero somos incapaces de sentarnos a reflexionar si lo que se afirma está sustentado en hechos, realidades o comprobaciones. Tuiteamos o pulsamos “me gusta” con la facilidad de la irresponsabilidad no castigada, el permisivo anonimato encubridor o respondemos al sentimiento del momento; nada que ver con la razón ¡Y ni siquiera nos avergonzamos!

Lo importante, en un mundo interconectado, es lo mismo que en aquel otro de los setentas: ser aceptado por otros, con el agregado de que ahora ni siquiera los conocemos. Cualquier estupidez toma forma y se multiplica en el espacio virtual, mientras anónimos o desconocidos personajes repiten lo que alguien con muchos seguidores sugiere o está de moda, así evitan ser ignorados o peor: insultados y desprestigiados. Permitimos cercenar nuestra individualidad responsable y nos dejamos llevar por el qué dirán de los “influenciadores”, como si a aquellos les importara siquiera un pito lo que pensamos.

Lejos de avanzar, hemos retrocedido y siendo Neumann desconocida se lee muy poco, vaya a ser que nos cambie las costumbres y mañana, sin suficientes “like” a mi “post”, vuelva a ser un don nadie ¡Qué pena de años de evolución humana, de sumisión de criterio y de perdida de libertad!


lunes, 5 de octubre de 2020

¿Fortuito duelo de titanes?

Me parece que en todo esto lo único azaroso es la muerte de Quino y la orfandad de Mafalda y sus amigos.

La pasada semana se filtró un chat en el que el Vicepresidente hacía ciertos reclamos/observaciones al Presidente, algo que me parece sumamente grave. Las hipótesis al respecto señalan que pudo hacerlo cualquier de los dos, un tercero de los incluidos en la conversación o una escucha externa. En cualquier caso es preocupante que conversaciones privadas entre los más altos cargos de la nación, tenga trascendencia mediática. Si realmente hay diferencias sustanciales es preciso que se corrijan o solucionen de inmediato. Si son irreconciliables o hay de por medio vulneraciones legales, deberá buscarse una solución por la vía política o judicial. Pero lo que no es de recibo en el “país de las bolas” es generarlas al más alto nivel ni mucho menos que la desinformación sea un elemento sobre el que construir un debate nacional.  Si pone a trabajar las neuronas y desecha la bilis -no siempre fácil- puede establecer escenarios y tomar postura respecto de la controversia. 

La filtración del chat ha permitido construir y consolidar una conjetura, aceptada y replicada en un mundo altamente mediático, dirigido más por el hígado que por la cabeza, y con activistas en redes que la promueven y moldean a su interés: el Presidente quiere deshacerse del Vicepresidente. Sin embargo, esa suposición hay que contemplarla como aceptable y no se puede desechar la posibilidad de su existencia, pero también hay otra que parece no querer plantearse: el Vicepresidente quiere deshacerse del Presidente ¿Cuál de ellas puede ser más consistente en estos momentos, y quiénes apoyarían una y otra?

Si hacemos un análisis lo más desapasionado posible, vemos que en el primer caso al Presidente le bastaría con ignorar al Vice, y asunto terminado. Quedaría anulado y no es necesaria otra actuación para desplazarlo y dejarlo inoperativo. No obstante, en el segundo caso se requiere necesaria y obligatoriamente que el primero renuncie o sea apartado, lo que demanda, sin duda, muchas más actuaciones, presión y estrategia, además de concurrencia de variados grupos de interés. De ahí que, planteadas ambas, habría que ver quienes podrían estar detrás de cada una -ejercicio también de ficción- para comprender que fuerza las mueve, dando por buenos -lo que no necesariamente es cierto- ambos escenarios. En todo caso, sin apoyos internos y externos muy fuertes no es posible la segunda de ellas.

En el momento que todo esto ocurre concurren otras circunstancias que no debemos dejar fuera de la reflexión, vaya a pasar como en 1944/1954. En ese tiempo, lo sucedido fue con conocimiento, permiso o acción directa norteamericana, aunque analizamos normalmente lo interno sin visualizar lo externo, y me da la impresión de que en esta ocasión ocurre algo similar, porque nuestro localismo mira excesivamente el ombligo y piensa más en la casualidad que en la causalidad.

La inexplicable caravana “espontánea” de migrantes hondureños en tiempos de pandemia, las próximas elecciones norteamericanas, el cambio de embajador USA, la presión intensa en redes contra la Fiscal General, la crisis del sistema judicial, las vacantes no cubiertas en la CC, personajes políticos que azuzan desde las redes, diputados abiertamente confrontados con el Ejecutivo y otras que usted puede agregar son elementos que “fortuitamente” concurren en esta crisis y que se comentan en redes de forma similar pos mismos, ya conocidos. Me parece que en todo esto lo único azaroso es la muerte de Quino y la orfandad de Mafalda y sus amigos. Los años no pasan gratis, y llevo demasiado tiempo en el país como para desechar teorías de la conspiración o no ser capaz de identificar a algunos de los que suelen estar detrás de ellas.


lunes, 28 de septiembre de 2020

Estado fallido o sociedad fracasada

Este país no deja de ser un avatar surrealista en el que nadie hace nada para todos quejarnos de todo

No somos un Estado fallido, a lo sumo un Estado frágil, y en ocasiones podríamos hablar incluso de un Estado fuerte y con potencialidad: poco endeudamiento, buena macroeconomía, población joven, variada biodiversidad, recursos naturales y pluralidad cultural ¡No hay problema!

Ahora bien, somos una sociedad fracasada que además nos quejamos más de la cuenta: la culpa es de la Conquista y de los españoles, discurso repetitivo y monólogo en la cabeza de muchos que obvian 200 años de autogestión.  Y quienes superan la traba, buscan culpables entre la clase política para condenar la corruptela a la que nos han llevado. Pareciera que nos dormimos -como la Blancanieves del cuento o el personaje de Monterroso- y despertamos, dos siglos después, para encontrar situaciones de las que estuvimos ausentes. Evocamos a Pilatos y nos lavamos las manos a la primera oportunidad. “Si no me acuerdo no pasó”, tarareamos inconscientemente en nuestra cabeza, y pretendemos escapar de esos demonios que nos aturden y confrontan con nosotros mismos al ver la organización social que hemos construido ¡Si, hemos, no han!

Los dictadores los pusieron otros y los presidentes de la era democrática fueron elegidos entre salvadoreños y mexicanos, porque no encuentro quien reconozca haber votado a cualquiera de los mandatarios de este país que están encausados, han sido procesados o condenados, que son la mayoría. También pareciera que los partidos políticos ganan elecciones con millón y medios de votos de saber quién, porque al día siguiente de tomar el poder inician las criticas promovidas por cualquier hijo de cristiano que use Twitter, Facebook, Instagram, Tinder o Tic Toc. Este país no deja de ser un avatar surrealista en el que nadie hace nada para todos quejarnos de todo. Eso si, callamos que pedimos trabajo por cuello, porque no queremos una ley de servicio civil; buscamos quien conozca al juez que lleva nuestro caso, pero antes intentamos un “acercamiento” -¡cómo me gusta esa palabra!- para explicarle nuestro problema; pagamos coimas para cobrar o que nos paguen, hacer obras o registrar medicamentos que luego vendemos a precios desorbitados o llamamos al amigo del amigo del vecino que tiene un compadre que todo lo arregla.

No cumplimos las leyes, porque no es necesario ya que nadie las cumple ¡Amén! Y en el mes patrio ponemos banderas nacionales en el carro, la casa, el trabajo o corremos portando la antorcha mientras nos desgañitamos en proclamar cuánto amamos a nuestra bella Guatemala, la tierra del quetzal, en la que muchos niños mueren de hambre o son sexualmente agredidos ¡Huy, eso no! ¿Y la deuda del Estado al IGSS?, eso que lo paguen otros. Pero al día siguiente, volvemos a las andadas del irrespeto sin consecuencias, el incumplimiento de la ley sin castigo o la crítica hacia otros porque no es mi culpa. La política la hacen los demás, no yo; las decisiones las toman otros, pero no cuentan conmigo; las leyes las hacen ellos, y a mi me marginan, así que señalamos por acción a los demás y silenciamos -para disimular- la cobarde omisión propia ¡Qué chispudos somos, y qué irresponsables!

Nuestros retoños -jóvenes e ilustrados- observan y aprenden, y salen los hijos de los aquellos con idénticas ínfulas y peroratas reivindicativas, autoritarias o del tipo que sea, ¡qué más da! Y así, con paso firme y decidido, marchamos hacia el precipicio -con tambor cuando nos dejan- mientras nos quejamos de que otros se han paseado en nuestra bella Guatemala ¡Porque yo no fui. Yo no!

¡Cómo me falta en la escritura poder mostrar bruscamente un dedo de la mano mientras dejo doblados los otros!


lunes, 21 de septiembre de 2020

Y tu, ¿cuántos años tienes?

El incierto valor del futuro -al menos teóricamente- será siempre superior a la constatada realidad del pasado

Todos hemos utilizado alguna vez la frase del título de esta reflexión. Se emplea para conocer la edad cronológica del cuestionado, es decir, cuando años lleva de vida. 

Hace unos días, alguien me hizo ver que lo correcto sería hablar de los años que te quedan por vivir y no de los que ya pasaron. Algo así como: “cuantos años tienes…, por delante”. Cuando me lo explicaron, no comprendí la dimensión real de la propuesta, hasta que reflexioné sobre la trascendencia de poner tu cerebro en modo pasado o futuro. Según se coloque “esa palanca” te puedes alegrar más por lo vivido -y lo celebras- que por el devenir. Se ponen en la piñata lo logros de la vida, pero se soslayan los venideros, además de todas las ilusiones y esperanzas que eso representa. Si pusiéramos en una balanza el pasado y el futuro, independientemente de los años que correspondan, veríamos como se inclina hacia el porvenir porque es únicamente ahí donde caben lo anhelos, los proyectos, los deseos…, que siempre serán mayores que lo pasado, por muy importante y trascendente que haya sido.

La sugerencia, válida en cualquier momento pero seguramente más comprensible cuando se han vivido algunos años, requiere establecer un horizonte de vida y, lo más importante, cómo quieres vivirla. No es suficiente contestarle a quien pregunta datos de los años pasados, quemados, vividos, irrecuperables y muchas veces olvidados. Es más constructivo y alegre pensar en los que te pueden quedar, con la ilusión de cómo los vivirás y qué piensas hacer. Representa, sin duda, un ejercicio de imaginación que incluye la experiencia de lo pasado para construir un futuro -aunque nebuloso- sobre qué quieres hacer o cómo deseas cambiar o vivir lo que tienes por delante. 

Hemos podido tener hijos y seguramente nos sentiremos muy orgullosos, pero el futuro que esperamos para ellos es mucho más retador y expectante. Los nietos son venideros no del pasado, y si ya se tienen podemos esperar más en los años próximos o verlos crecer. Quizá haya pasado una excelente vida, compartida con la pareja de la que sigue enamorado, pero esperar continuar viviéndola mucho mejor de lo que fue, también junto a ella. En definitiva, el incierto valor del futuro -al menos teóricamente- será siempre superior a la constatada realidad del pasado, por muy bueno que aquel haya sido. Tendrá toda la razón quien a partir de ahora pregunte: y tu, ¿cuántos años tienes por delante? Pero como no vamos a cambiar un hábito extendido, es posible que nos quedemos únicamente con el pensamiento que genera la frase cada vez que hagamos, o nos hagan, la pregunta habitual. 

La mayoría de los seres humanos nos anclamos en el presente o en el pasado y dejamos el futuro apenas lineado, someramente esbozado. Celebramos los muchos años que tenemos, en lugar de pensar cuántos nos pueden quedar, sin advertir que todo cambia rápidamente. Tardamos demasiado en hacer lo que realmente deseamos pensando que habrá tiempo para hacerlo. Sin embargo, la vida demuestra permanentemente que todo es cuestión de un instante: pandemia, accidente, enfermedad, catástrofe, separación…, y cuando ocurre -ineludible en la vida de todos- notamos que es saludable hacer un alto y pensar en cómo vivir de la mejor manera posible esos años que tenemos por delante y hacer aquello que realmente nos apetece, algo que en demasiadas ocasiones no suele coincidir con lo que diariamente hacemos. Una especie de catarsis cumpleañera que nos plantee qué hacer con el futuro y cómo celebrarlo, en lugar de festejar el pasado, porque a lo mejor hasta da resultado.


lunes, 14 de septiembre de 2020

Independencia, aunque el autoritarismo sigue

Una vergüenza nacional más operada por apenas una docena de delincuentes que han encontrado en la política cómo evitar la justicia

La separación e independencia de los poderes del Estado es un antiguo y clásico principio sin el cual no se sostiene la democracia liberal. Sin esa separación no se concibe una moderna democracia, y los países que no la observan: Cuba, Venezuela, Nicaragua o Corea del Norte, no son considerados democráticos. En la medida que se ha profundizado y perfeccionado el republicanismo, se ha potenciado esa división que busca el adecuado equilibrio para una buena gobernanza.

A lo largo de la historia se ha utilizado el ejército para tomar el poder y consolidar regímenes totalitarios. Aquello, sin embargo, terminó y no es presumible que algo así tenga éxito hoy día. De esa cuenta, los moderno espíritus autoritarios han tomado el camino de apoderarse o anular a los otros poderes. Chávez empleó la misma forma que Hitler: la ley habilitante, mientras otros lo han hecho adueñándose del poder legislativo (Maduro) o del judicial, dándole forma legal a las irregularidades que cometen.

En Guatemala es justamente lo que ocurre. Parte del Legislativo -ciertos diputados- impiden que se cumpla con el plazo constitucional -ya vencido- de cambiar el poder judicial, por la simple razón de que sirven fielmente sus fines e intereses. Casi un año después de haberse tenido que cambiar la Corte Suprema de Justicia, ahí siguen los mismos que lo están porque sus resoluciones protegen a diputados que deberían ser investigados -o juzgados- al igual que a siniestros personajes que han perpetuado un sistema de pago de favores con cheques y prebendas. Eso, aunque no guste escucharlo a ciertos políticos, es un golpe de Estado técnico o moderno, según la extensa literatura existente al respecto.

Es triste y vergonzoso -pero significativo- escuchar a un diputado como Álvaro Arzú manifestar que “juró defender la constitución, no las resoluciones de magistrados que él considera que son ilegales”, actitud propia de absolutismos monárquicos de los siglos XVI-XVIII. Una especie de espíritu de “rey sol” que dinamita la frágil democracia chapina en el 199º aniversario de la independencia. Y es que mientras el espíritu y la capacidad cerebral de ciertos políticos no sobrepase el nivel de “yo creo, yo digo”, seguiremos en manos de despóticos que pretenden arrodillar al país, sostenidos por una ciudadanía pasiva y apática que los paga.

Vivimos un intento de golpe de estado técnico que se prolonga desde la administración de Jimmy Morales y que pretende someter el poder judicial a los caprichos de legisladores señalados de graves delitos, asociados a un financista tradicional como Gustavo Alejos o pertenecientes al club del narcotráfico y del crimen organizado, al que se suman -por eso de la condescendencia- algunos analfabetas que no saben, no entienden ni muchos menos se ilustran sobre conceptos básicos de filosofía jurídico-política.

Lo que queda es un país cuestionado que no atraerá inversiones porque se está destrozando la certeza jurídica, o vendrán aquellos que saben que una parte sustancial de los réditos se deben utilizar para pagar sobornos a quienes controlan “el mecanismo”. Una vergüenza nacional más operada por apenas una docena de delincuentes que han encontrado en la política cómo evitar la justicia, y en una ciudadanía descuidada el calvo de cultivo en el que desarrollar sus maldades. Proyectamos negligencia por no tener los bemoles necesarios para evitar que una pandilla de criminales siga controlando el país y nos sometan a sus caprichos. En este aniversario de la independencia pareciera que aceptamos plácidamente aquello de “si ves que vienen a por ti, relájate, acéptalo y disfruta”. Bochorno colectivo debería de darnos, pero celebremos el 15 de Septiembre.


lunes, 7 de septiembre de 2020

Y los hijos se hacen hombres

Se siempre ético y correcto, te pondrán muchas veces a prueba y encontrarás piedras que dificultarán tu camino

Querido Pablo, amado hijo:

Hoy cumples 18 años. Como todo papá medité largamente qué era lo “adecuado” para regalarte en ese trance a la mayoría de edad. Pensé mucho, hasta advertir que la juventud de hoy tenéis de todo y es muy difícil encontrar algo que os sorprenda, así que llegué a la conclusión de que cualquier obsequio material estaría desfasado rápidamente por una nueva versión, y posiblemente desplazado al olvido. Decidí, por tanto, que debía buscar algo que permaneciera con los años y que en el futuro siguiera ahí, además de que fuese original y solamente yo te lo pudiera dar. Algo personal, duradero -ojalá eterno-, inmaterial, que no caduque y que te sirva para siempre. Así que opté por escribirte esta columna que supongo quedará eternamente en la hemeroteca.

Cruzas una línea imaginaria a la que inexorablemente el tiempo y la ley te empujan. Pasas a ser plenamente responsable de tus actos y nosotros, tus padres, quedamos legalmente al margen de tus decisiones y acciones ¡No es poco ese trascendental paso! Podrás -y deberás- decidir libremente qué hacer, pero tendrás que responsabilizarte totalmente de ello. Sin embargo, no tengas miedo de actuar, ten siempre fe en ti mismo y pon toda tu capacidad, esfuerzo, tesón y pasión en cuanto hagas. No hay sueños imposibles, que nadie te disuada de lo contrario ni mucho menos limite tu horizonte, por muy lejano que sea. Recuerdo un consejo que mi papá -tu abuelo- me dio más o menos con tu edad y que lo he tenido siempre presente: “Tu puedes con eso y con mucho más”, te lo paso para que nada te frene en la vida.

Cometerás errores, aprende de todos ellos, mira a los ojos -con la frente en alto- y pide disculpas las veces que sea necesario. Perdona siempre -sin límites- ahí encontrarás gran parte de la grandeza humana y acrecentarás tu humildad y tolerancia. En la vida hay tiempo para casi todo, especialmente para equivocarse varias veces y reconducirse. Se siempre ético y correcto, te pondrán muchas veces a prueba y encontrarás piedras que dificultarán tu camino. La vida es de largo plazo y se requiere un esfuerzo diario y continuado no un empujón puntual. La constancia genera más frutos que la inmediatez; la actitud rinde más que la aptitud; el dinero no lo es todo ni siempre lo más importante; el honor, una vez perdido, no se recupera jamás. Busca amigos y una pareja que sumen, apoyen, compartan y te quieran como eres sin fijarse en lo que tienes; lo material es variable, la esencia humana es para siempre.

Respeta al prójimo como quieres ser respetado y piensa que cualquier persona es como tú y tiene seguramente las mismas ilusiones y deseos que tú tengas. Sepárate de la violencia y de los violentos, y jamás olvides que el respeto a la vida es un valor absoluto muy superior a cualquier derecho. Viaja, conoce el mundo, estudia y aprende de otras culturas porque nadie tiene la verdad plena. Solamente una vez se cumplen 18 años pero también en una sola ocasión se puede tirar todo por la borda. 

Tu mamá, tus hermanos y yo te amamos y nos sentimos muy orgullosos de quién eres y especialmente de quien llegarás a ser, y aquí estaremos para ti, como siempre ha sido, independientemente de la edad que tengas, porque los hijos son eternamente hijos. 

En definitiva, hijo mío, sé un hombre adulto, responsable y correcto. Ríe siempre y disfruta la vida que te mereces, nosotros, tus papás, te amamos con todo nuestro ser ¡Feliz cumple Pableras!