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lunes, 9 de octubre de 2023

Algunos se equivocan por temor a equivocarse

Semilla no tiene representación popular mayoritaria -error presentarlo así-, sino que Arévalo dispone de una mayoría relativa

Los errores políticos son más fáciles de amortiguar cuando se tiene mayoría significativa de apoyo ciudadano, y más complicados de absorber cuando se está en precariedad.

En esta situación convulsa el Presidente electo ha cometido algunos, fáciles de evidenciar y con grave incidencia en la dinámica político-social del momento, lo que repercute en pérdida de confianza. El primero fue asistir a la reunión de Grupo de Puebla, consorcio de personajes de marcada izquierda latinoamericana. El segundo -interpretando un tuit de Luis von Ahn- viajar a Washington en avión pagado por el empresario guatemalteco residente en los USA, y lo coloca en el punto de mira de quienes siempre han criticado el uso de medios “donados” por empresarios, aunque en este caso hay un sospechoso o cómplice silencio mediático. Otro ha sido alentar, promover y aplaudir la protestas, pero sobre todo los bloqueos que se han transformado en espacios violentos de reivindicaciones politizadas: lucha de clases sociales, indigenismo, pobreza, desigualdad y cuestiones muy alejada de la solicitud de dimisión de la Fiscal General, que era el origen. El cuarto, promover, desde los USA y con apoyo oficial de políticos de aquel país, ataques velados a sectores empresariales, mensaje que, a pesar de las declaraciones de todos ellos, sigue siendo un arma arrojadiza por parte de algunas autoridades norteamericanas y ruidosos personajes afines a esa política falaz e insidiosa. El último, la propuesta del partido Semilla -incluido el Presidente electo- de un proyecto de ley para apoyar a desplazados internos, cuyo artículo 30 contempla la desjudicialización de casos que impliquen a personas denunciadas por ocupación de propiedades, es decir a los invasores de fincas y propiedad privada.

Hay una equivocada percepción del poder real con el que cuenta el gobierno electo, al tomar la parte por el todo, sin que corresponda a la realidad, lo que ha podido generar un falso triunfalismo o, como vulgarmente se dice, un “atracón de poder”. Todos los partidos políticos tienen su ala radical, y de momento Semilla refleja más esa postura que la moderada, dialogante y equilibrada del binomio presidencial electo, y eso tiene su costo político que puede afectar gravemente al partido. 

Semilla cuenta con una veintena de diputados -14.4%-, fuerza que los ciudadanos libre y democráticamente le otorgaron en las pasadas elecciones generales, al igual que únicamente con dos alcaldes. El binomio presidencial ganó por dos factores concurrente: la alternativa -Sandra Torres- y la oferta de luchar contra la corrupción, gran valor agregado del Presidente electo. Semilla no tiene representación popular mayoritaria -error presentarlo así-, sino que Arévalo dispone de una mayoría relativa -por el porcentaje del total- fundamentalmente para combatir la corrupción. 

Por lo tanto, la carencia de una amplia mayoría contrasta con los errores cometidos que no serían tales si realmente contasen con ese voto ciudadano mayoritario que les fue negado en el Congreso: representante de la soberanía nacional, aunque no en la Presidencia, representación de la unidad nacional, dos conceptos distintos que se confunden y alteran. Quizá sea por eso por lo que no se llevan las actuales reivindicaciones al Congreso -donde debería abordarse la discusión- sino que se prefiere hacer en las calles, donde el ruido no siempre se corresponde con la correlación de fuerzas votadas libremente en la urnas hace apenas tres meses. Si a eso sumamos que los tradiciones partidos políticos de izquierda: URNG-MPL (CODECA)-WINAQ serán anulados por no tener representación o apenas cuenta con uno o dos diputados, se puede entender la deriva temática hacía la lucha ideologizada que complica la realidad de la confrontación contra la corrupción y genera desconfianza y suspicacias que deben de transparentarse.

lunes, 2 de octubre de 2023

¿Nos engaña nuestro juicio?

Parto de la tesis de que los resultados del proceso electoral no tienen marcha atrás. No es posible cambiarlos ni muchos menos modificarlos

Pensar fuera del huacal, de la caja o de lo normal, son expresiones que señalan formas de razonar que no siguen pautas tradicionales o mediáticamente posicionadas, que, además, suelen ser mayoritariamente aceptas, a veces impuestas y generalmente  únicas. No se trata solamente de elucubrar sobre supuestos irracionales sin sustento, sino que responde a elaborar escenarios posibles que la mayoría de las personas no atina a describir.

Parto de la tesis de que los resultados del proceso electoral no tienen marcha atrás. No es posible cambiarlos ni muchos menos modificarlos, así que una lucha frontal contra lo que la ciudadanía decidió libre y voluntariamente, no pasa de estrellarse contra un sólido muro. Por lo tanto, hay que preguntarse la razón por la que el MP ha allanado diferentes sedes en las que el TSE guarda información. La opinión casi unánime  -y mediáticamente posicionada- es que intentan bajarse la candidatura del Presidente electo y/o de los diputados de Semilla, o que pretenden erosionar el proceso electoral e intimidar, hipótesis probables, pero no únicas. O los del MP son muy inútiles y contumaces o pueden andar buscando cosas diferentes a lo que se piensa.

Partamos de quienes serían los afectados con una administración del señor Arévalo. La respuesta es simple: los mafiosos que controlan las aduanas -sindicatos y otros grupos-, aquellos que viven de las coimas en la construcción de infraestructura, diputados que no podrán hacer marranadas con obras incluidas en el presupuesto, ni contar con plazas fantasmas que engrosan sus salarios, y otras “bellezas” similares en los ministerios de Salud y Educación donde depredan dinero públicos, además de los fondos asignados a ciertas ONGs o a testaferros políticos. Ellos, y nadie más, están en una feroz lucha porque una nueva administración cortaría, sin duda, esos lazos criminales que han hundido el país por años, además de los pagos del narcotráfico y del crimen organizado por liberar rutas terrestres o hacerse los sordos respecto de la aéreas y marítimas ¿Qué pueden hacer todos ellos?, pues oponerse a que Semilla llegue al poder. No encuentro mucha discusión en ese debate.

Como el conteo de votos es -insisto- irreversible y los resultados incuestionables, buscan otras cosas, sin mostrar siquiera la punta del iceberg. Recordemos que pocos días antes de las elecciones The New Yok Times público que una magistrada del TSE había confesado, en dependencias de la embajada norteamericana, cómo sus colegas recibían mensualmente una grosera cantidad de dinero del Ejecutivo. No hubo nombres para confirmar esos hechos y la magistrada lo desmintió, pero desde ese día el TSE cambió absolutamente de actitud y pasaron a ser los héroes de una narrativa de villanos que venían siendo durante el proceso de inscripción de candidatos. Pensando fuera del guacal, y escuchando malas lenguas que hablan fuera de la caja, parece confirmarse, y se puede deducir que igual pudo haber otros pagos para inscribir a ciertos candidatos, a pesar de que tenían diversos problemas, desde condenas por narcotráfico, hasta causas judiciales pendiente. 

¿Qué ocurriría si el MP descubre que realmente se hicieron esos u otros pagos? ¿Evidenciaría un proceso electoral, correcto en los resultados y puestos electos, pero con una corrupción inicial difícil de eludir? ¿Cuál sería el escenario final de una hipótesis como la descrita? 

Hay muchas preguntas por responder, pero también una inusual insistencia en la versión predominante y adaptada a una realidad publicada. Eso mismo paso en MINUGUA con la versión única e indiscutible del asesinato del obispo Gerardi, y  Kennedy murió como oficialmente se determinó, y parece que no hay forma de cambiarlo, aunque todo huela un poco extraño.


lunes, 25 de septiembre de 2023

Hacia un nuevo pacto social

Los Acuerdos de Paz se pueden tomar como ese último “pacto social” que generó un punto de inflexión en la dinámica de la confrontación del momento

El concepto “pacto social” se ha utilizado desde hace tiempo como sinónimo de un acuerdo ciudadano plasmado en diferentes normas, especialmente en la constitución. Ciertamente no siempre ha sido “acuerdo” y mucho menos “ciudadano”, sino más bien producto de pactos elitistas que, en cada momento, han proyectado ese constructo social como una forma -artificialmente creada- de unión objetivos comunes. Como quiera que sea es algo aceptado, aunque la mayoría no haya participado en su construcción, y va evolucionando con el tiempo por múltiples cambios: sociales, económicos, generacionales, etc.

Los Acuerdos de Paz se pueden tomar como ese último “pacto social” -hecho por élites- que generó un punto de inflexión en la dinámica de la confrontación del momento. Se desarrollaron, aunque distintas razones hicieron que no fuese posible hacerlo en su totalidad. No solo faltó voluntad política, sino también se hizo un mal cálculo del crecimiento económico nacional, hubo un “no” a la consulta para cambiar la constitución y otras cuestiones no menores que los llevaron a un callejón sin salida.

Aquel sinuoso camino, emprendido en 1996, conduce a la actualidad en la que se ha producido un nuevo detonante que puede servir para repensar otro “pacto social”, porque la actualización de los fines y objetivos sociales es algo dinámico que requiere de momentos político-sociales oportunos, y todo apunta a que estamos en uno de ellos. Asuntos como la desnutrición infantil, la violencia, la salud, la educación, la reforma a la LEPP, la implementación plena de la ley servicio civil y la reforma de la justicia, son, entre otros, temas transversales a cualquier ideología política. Por tanto, debería ser muy simple ponerse de acuerdo en arreglar esas cuestiones y dejar el debate ideologizado para otros temas como la paridad de género, las políticas fiscal y económica o el papel del Estado, en beneficio de impulsar aquello en lo que se coincide.

España fue un excelente ejemplo con los “Pactos de la Moncloa”, por cierto también superados, porque el momento político es otro; Chile está haciendo una catarsis similar, y seguramente Colombia aspiraba a ello, aunque parece ser que Petro no es la persona capaz de generar dinámicas de consenso, sino más de bien de confrontación, así que deberán esperar.

El nuevo gobierno ha sido elegido -y suficientes análisis y encuestas lo evidencian- para terminar con la corrupción, y es sobre ese elemento fundamental que debe de pivotar el resto de las cuestiones no resueltas. No se atiende lo importante porque lo urgente es depredar los fondos públicos en el menor tiempo posible, fundamentalmente a partir del segundo año de gobierno, y se aparcan cuestiones que, además de avergonzarnos por su no resolución -como la desnutrición infantil- proyectan un futuro poco alentador y la aparición permanente, como país, en los puestos más bajos de los diferentes indicadores sociales.

Si la gestión publica se hace sin corruptela -principal reto del nuevo gobierno- es presumible que el debate se oriente hacia los temas fundamentales y pendientes, no solo por voluntad política, sino muy especialmente por presión ciudadana. Cada país tiene sus momentos en la historia que puede o no aprovechar para dar ese golpe de timón necesario. A Guatemala se le presentará el próximo año, y es tiempo de comenzar a construir ese diálogo social con alcaldes, partidos, ciudadanía, empresarios, grupos sociales y con todos aquellos que vean y entienden la necesidad de un pacto apropiado para construir un mejor país en el futuro a corto plazo.

El reto es si la mayoría lo verá así o la desidia y las chambonadas nos consumirá otros muchos años.

lunes, 18 de septiembre de 2023

¡Guatemala feliz...! que tus aras

Vivo aquí hace 25 años y no ha habido momento -política y socialmente hablando- en que se haya respirado un instante de paz, relax y esperanza racional

¿Cuál debería de ser el calificativo adecuado para un país que lleva 202 años de independencia y todavía pide a gritos ser tutelado? No importa si es un organismo internacional, otro país o personas elegidas, pero Guatemala no avanza en la Historia sin un lazarillo que, como el de Tomes, la guie, pero también promueva la picaresca, una forma de actuar entre mendigar y robar. Chispudos le dicen, porque al cambiarle el nombre el sonido hace más amigable la realidad.

Después de tanta antorchas patrias, desfiles patrios, himnos nacionales, fiesta patriótica, redobles de tambor y desfiles marciales, la coyuntura nos recibe de regreso con un bofetón, para seguir enfrascados en esa perenne y polarizada discusión cantinflesca entre “verdes y azules”, mientras los chispudos parten el pastel patrio para revertir elecciones democráticas o aplicar normas a capricho.

Pensar que los jóvenes a los 18 años son responsables y los animamos a buscar su propio destino, mientras seguimos encerrados, 202 años después, en el baúl de los recuerdos de la Conquista, la revolución del 44…, y poco más ¿Qué mal fario tiene América Latina que no se zafa de la Doctrina Monroe ni del Destino Manifiesto, no despega de la cola del desarrollo, supera la confrontación fratricida o el golpismo perpetuo?

Vivo aquí hace 25 años y no ha habido momento -política y socialmente hablando- en que se haya respirado un instante de paz, relax y esperanza racional, porque la enfermo-optimista está presente a diario. Siempre buscando al líder que no llega, en vez de creer en uno mismo; en el partido que no se organiza -ni los de futbol traen alegría-; en la justicia que juega al escondite detrás de mafiosos, narcotraficantes, criminales diversos o políticos desviados ¿Qué maldición pudo proferir Ah Puch desde el inframundo para matarnos un poco cada día? 

Países con menos tiempo de independencia han logrado cotas muy altas de prosperidad ¿Será por el respeto entre sus ciudadanos, la educación, la observancia de los derechos individuales y la justicia que pone en orden a quienes saltan la valla sin permiso? ¿Quizá porque creen más en ellos que en los liderazgos de ficción que algunos venden? ¿O posiblemente porque la eterna primavera no les afecta las meninges, y el raciocinio se impone a la fantasía, la verdad al cuento y la responsabilidad al capricho? En todo caso, el dinosaurio siempre está ahí, duermas o despiertes, y gustamos tenerlo cerca.

Con esa actitud estamos derrotados de antemano, y huimos de la responsabilidad exigiéndole a otros que controlen lo que nosotros no estamos dispuestos a hacer. Le damos la razón a Hobbes pero le modificamos el estado de naturaleza, que lejos de ser competitivo y de fricción, lo tornamos pusilánime y huidizo. Clamamos al leviatán, no para que ordene nuestras ambiciones desmedidas, sino para que controle nuestra cobardía manifiesta.

Así es muy difícil avanzar. De hecho es imposible, y 202 años -que es mucho tiempo- lo demuestran. No queda más que terminar el año implorando -llorando que suena más vergonzoso- para ver si la comunidad internacional nos salva de las garras de Camazotz, para aupar al líder supremo a quien seguramente terminaremos por sacrificar al poco tiempo, para expiar nuestro permanente descontento e inacción.

“Solo” hemos perdido dos siglos en el intento de no saber qué hacer, mientras buscamos culpables históricos -o presentes- para ensañarnos con ellos. Una o dos veces al año -como en estos días- no encendemos en patrio ardimiento y volamos más alto que el cóndor y al águila real, cerramos los ojos y olvidamos los mundanos asuntos terrestres, para luego desplomarnos nuevamente.

lunes, 11 de septiembre de 2023

El trauma designado

Pareciera haberse reactivación el trauma del conflicto que enfrentó a dos bandos que, al igual que ahora, dejaron aprisionados a la población entre ellos

Vamik Volkan define -en su libro Psicología de las sociedades en Conflicto- los conceptos “tiempo colapsado” y “trauma designado”, en relación con ciertos traumas -bélicos o no- que se transmiten generacionalmente y pueden reactivarse con el tiempo. De alguna forma reviven y pueden llegar a inflamar situaciones del subconsciente a través de entrelazar recuerdos del pasado con los actuales.

La teoría de Volkan parece estar presente en la situación postelectoral nacional. Los resultados electorales activan, cada día más, ese subconsciente de la polarización del pasado conflicto armado -cuando no de épocas anteriores- con discursos de izquierdas-derechas que pretende establecer una sociedad dicotómica y emergen odios, señalamientos y visceralidades que se creían superadas. Surgen temas como la lucha de clases, la reforma agraria, la propiedad de la tierra, el enemigo ideológico, la expropiación, y cuestiones no menores relacionadas con creencias religiosas transmutadas, con el agregado de ideologías modernas como las de género, entre otras.

Pareciera haberse reactivación el trauma del conflicto que enfrentó a dos bandos que, al igual que ahora, dejaron aprisionados a la población entre ellos, y que pretenden que nos definamos respecto del extremo que cada uno presenta como referente. Pues bien, ni en uno ni en el opuesto encontramos la forma de superar los conflictos. Unos, esperan que el cambio que se pueda venir sea una regresión al pensamiento de 1944; los otros ven 1954 como la mejor solución para reducir el riesgo que proyectan sus oponentes. Olvidan ambos que aquella década estuvo inmersa en un contexto sociopolítico propio, doméstico, nacional, pero también en un ambiente internacional muy diferente al actual, y poco analizado por cierto.

La mayor libertad de prensa, la multiplicidad de redes sociales, la desaparición del mundo bipolar, el pluralismo político, la globalización, la educación y la consolidación de valores democráticos, son aspectos que dibujan un escenario distinto al de hace 80 años, aunque nos quieran presentar situaciones similares. Es deber del ciudadano no dejarse llevar por cuestiones que deberían estar superadas, aunque siguen incrustadas en ese “tiempo colapsado” en forma de trauma, que aparece sin darnos cuenta, pero al que podemos enfrentar con las herramientas propias del conocimiento y la razón.

Hay que comprender que no podemos dar marcha atrás -lo que es muy conveniente- ni tampoco saltar por encima de valores y principios de democracia liberal que permiten un mundo más previsible. Los “que llegan” tiene un reducido margen de maniobra político sujeto a la capacidad real de cambio social, que a su vez está determinada por la economía, la globalización, los valores de la democracia, el tiempo y la idiosincrasia. A los que pretenden dejarnos atascados en una burbuja arcaica repleta de falsedades, hay que hacerles ver que la fuerza no es la vía de transformación porque nunca ha cambiado mentalidades, sino robustecido posiciones. Todos, en general, debemos sacudirnos traumas del pasado que al brotar de nuestro subconsciente, desconfiguran la realidad, volviéndonos optimista enfermizos o pesimistas trágicos.

Evitemos sustituir la realidad por el “realismo mágico”, aceptemos que los cambios pueden ser buenos, porque nos obligan a contrastar ideas propias con otras formas de hacer las cosas, y que la manera correcta de oponerse a ellos es ofrecer mejores alternativas a la gestión efectiva de lo público. No es necesario encender nuevamente la llama de la confrontación que es fácil de entender que no conduce a parte alguna, más allá de matar a muchos, beneficiar a muy pocos y provocar lamentos generacionales.

Son tiempos para sentarse, reflexionar y dominar esos “demonios” que aparecen en forma de traumas, y que únicamente conducen a una preocupante ceguera política.

lunes, 4 de septiembre de 2023

Pasamos la línea del no retorno

El Congreso, el MP, el sistema judicial y el partido UNE permiten que el sistema democrático esté en jaque porque no aceptan los resultados electorales

La línea o zona de no retorno se entiende como “el umbral crítico en el que una pequeña perturbación, puede alterar completamente el estado o el desarrollo de un sistema”. Cruzarla desencadena un cambio significativo en la manera de operar, y se puede saber que se ha pasado cuando los costos de regresar son mayores que los de continuar avanzando en esa equivocada dirección.

Se puede ver en los modelos políticos venezolano, nicaragüense o salvadoreño, en los que -aun siendo diferentes- quienes lideran esos países no pueden regresar a sistemas democráticos porque serían detenidos, procesados y seguramente condenados. Por lo tanto, no les queda de otra que seguir en el poder, perpetuarse, y “tirar para adelante” a pesar de los altos costos sociales, aunque para ellos siempre son menores que los que representarían los propios, al tener que confrontar a la justicia.

El caso nacional ha traspasado esa línea imaginaria. El Congreso, el MP, el sistema judicial y el partido UNE, amén de unos cuantos mafiosos descerebrados suficientemente identificados, permiten que el sistema democrático esté en jaque porque no aceptan los resultados electorales, las reglas del juego. Nada de esto ocurriría si el Presidente de la República estuviera del lado correcto de la ecuación. Sin embargo, y a pesar de mostrarse complaciente con la OEA -directamente o a través del canciller- permite, y quizá hasta alienta, las medidas de hecho que se toman y que debilitan gravemente el orden institucional.

Muchos se preguntan qué pueden perder los del lado oscuro, teniendo en cuenta que tanto el binomio ganador Arévalo-Herrera como los diputados electos de Semilla tienen corto margen de maniobra por no disponer de mucha fuerza política. Quizá en la respuesta se puedan encontrar razones para esta debacle.

Sin Ejecutivo, las rutas -terrestres y aéreas- del narcotráfico, en algún momento protegidas por parte de la policía y del ejército, quedarían controladas o difícilmente transitables; las entradas y salidas por los puertos sujetas al control fiscal y físico de las mercancías; la construcción de infraestructura libre de carga de coimas y sobornos; muchas medicinas bajarían de precio al perder el control monopolístico ciertos laboratorios e importadores; los sindicatos magisterial y de salud, terminarían por someterse al orden y dejar de chantajear al gobierno; los diputados dejarían de tener plazas fantasma en puestos de gobierno y tampoco contratarían obra pública con empresas afines, lo que les dificultaría recuperar la inversión hecha en su curul, y si continúa con el resto de ministerios y secretarias seguramente encontrará más razones para valorar las pérdidas económicas de muchos mafiosos. La UNE es posiblemente la más dañada, especialmente después de quince años con poder y tres elecciones presidenciales perdidas, lo que representa un importante número de compromisos incumplidos e innumerables deudas.

Ahí se puede visualizar el costo, en el corto plazo, de quienes luchan enconadamente por mantener privilegios para nombrar autoridades y formar parte de instituciones. El mejor ejemplo -aunque no el único- fue como durante el presente gobierno se entregó a un diputado el Insivumeh como pago de favores.

Demasiado tiempo haciendo piñatas con dinero público como para irse ahora del cumpleaños sin la bolsa repleta de caramelos. Pero no nos engañemos tampoco. Nos acostumbramos a elegir mafiosos, y luego explotarlos pidiéndoles puestos, regalos y prebendas. Muchos ciudadanos fueron -y son- cómplices y no víctimas de esos delincuentes de la política, y ahora toca apechugar con el costo y la responsabilidad. Querrán seguir para adelante pero es momento de llenar de obstáculos el camino para que eso no ocurra. La mejor barrera, sin duda, son el compromiso ciudadano y la responsabilidad, aunque lleguen tardíos.


lunes, 28 de agosto de 2023

Arévalo y los 300 espartanos

Con solo un Efialtes que integre la lista, pertenezca a los “tradicionales del pasado” o meta la pata, serán señalados de ser como los demás 

El “sistema democrático se expresó” y hay que hacer honor a los resultados electorales. Pero esa realidad no debe de ocultar otra, y me atrevo a afirmar -sin riesgo a equivocarme- que para la mayoría de los ciudadanos, el partido Semilla y el binomio presidencial no estaba prevista la actual situación. Ante ese reto, deberán conseguir unos trescientos espartanos de confianza que se quieran inmolar en puestos claves de gobierno, a los que deben de agregar -con sumo cuidado- decenas de periecos e ilotas, tanto por su valía como por su rectitud moral. Pero ¿podrán hacerlo sin equivocarse? Temo que hay un alto riesgo que tienen que asumir, y que los ciudadanos debemos de asimilar. Con solo un Efialtes que integre la lista, pertenezca a los “tradicionales del pasado” o meta la pata, serán señalados de ser como los demás, lo que les generará un nivel de descrédito que no pueden permitirse.

Simultáneamente tendrán que lidiar con “jóvenes semilleros” quienes, chamuscados en patrio ardimiento, querrán tomar decisiones progres que seguramente confrontarán la madurez del mandatario, mucho más centrado, ponderado y equilibrado que la mayoría de los impúberes políticos que integran el partido. Hete ahí la segunda etapa, no menos complicada. Y por si fuera poco, les toca construir una vía de diálogo con un Congreso en el que las dos terceras partes no comparten su visión, e incluso tienen una muy opuesta. Sin embargo, serán quienes les aprueben los presupuestos -con sus correspondientes candados- o permitan las modificaciones legales para poder ejecutar cambios, y no veo, entre los jóvenes diputados, figuras capaces de promover acercamientos y construir consensos, por lo que la situación crece en complejidad.

Además, en los dos primeros años de gestión no corresponde nombrar a ninguna autoridad ni cambiar instituciones, excepción del incierto futuro de la Corte Suprema de Justicia. El resto será a partir de 2026 por lo que estarán absolutamente solos durante 2024 y 2025. Con una veintena de diputados y únicamente dos alcaldes, será complejo conseguir apoyo del Legislativo ni contar con incidencia en los COCODES y COMUDES que son los que gestionan una importante cantidad del presupuesto en el ámbito municipal. Por lo tanto, sería bueno bajar la expectativas, centrarse en lo que realmente es posible, y hacerlo a la velocidad que permita la particular idiosincrasia nacional. 

En cambio podrán -si el presupuesto no tiene muchas trabas- emprender acciones en seguridad, prisiones, construcción de infraestructura, en materia económica y contratar personal sin plazas fantasma. Quizá algo en agricultura y en programas sociales, pero desde ahí demostrar que pueden gestionar sin favores, pago de comisiones ni corruptela. Les será muy difícil lidiar con mafias y sindicatos de salud y educación -en ocasiones son lo mismo- especialmente en pactos colectivos, contrataciones, chantajes diversos, compra de libros, útiles escolares y medicamentos ¡Atenea los agarre confesados!

La confrontación ideológica no tendrá efectos porque la elección no lo ha sido por esa razón, sino para luchar contra la corrupción. A partir de enero los votantes exigirán lo que realmente les preocupa: mejoras en la economía, trabajo, empleo y reducir la carestía de la vida, dando por hecho que la corruptela “será resuelta” porque para eso los votaron. Hay que apostar por el mayor grado posible de consenso, diálogo y debate, además de actuar con principios éticos. Cualquier giro drástico, inoportuno o no pactado puede mandar al garete el trabajo en pro de acuerdos razonables.

Aquellos espartanos que cerraron las Termópilas tuvieron arrojo, valor y estaban entrenados. A pesar de ello fueron traicionados y finalmente vencidos por Jerjes y sus aliados. Esperemos no reescribir la Historia. 

lunes, 21 de agosto de 2023

Después de la tempestad, ¿vendrá la calma?

Se optó entre dos soluciones minoritarias que la mayoría no quería -¡que contraste!- y se seleccionó, como siempre, la “menos mala”

Finalmente salimos de dudas. Las encuestas acertaron y los números se ajustaron a los resultados tanto del ganador como de la perdedora ¡Una marcada diferencia!

Muchos se preguntan qué pasó en estas elecciones y creo que tiene fácil explicación o, sacando el ego de la ecuación, digamos que no es difícil entenderlo. De entrada -y eso se olvida frecuentemente- un 25% -uno de cada cuatro votantes- dijo que “no quería a nadie”, por eso votaron nulo o en blanco. Eso significa que, en una democracia real, se debería de haber atendido a la mayoría que decidió repetirlas. Pero no fue así, porque los políticos no gustan de ser desechados. Se optó entre dos soluciones minoritarias que la mayoría no quería -¡que contraste!- y se seleccionó, como siempre, la “menos mala”. 

La UNE de Torres representa el continuismo del sistema corrupto, voraz, depredador y mafioso que ha gobernado el país. Semilla, de Arévalo, está “sin contaminar”, y en la balanza inclinó el plato a su favor. En casi idéntico porcentaje votaron jóvenes, adultos y mayores; letrados e iletrados; derecha izquierda, lo que explica que la elección -entre dos partidos de izquierda- no haya sido ideológica, sino sobre decencia política. Digámoslo así: ha sido sobre la diferencia de honestidad percibida por el votante.

El partido Semilla no era muy conocido, mucho menos su binomio presidencial. Sin embargo, esos grupos de forajidos y mafiosos dedicados a generar fricción social tuvieron “la brillante idea” de hacer una campaña sucia y promover dinámicas de odio, lo que, en un juego de suma cero -como son las elecciones- terminó favoreciendo notablemente al contrario ¡Tontos que hacen el idiota y no se dan cuenta de los lelos que son!, pero como dicen en mi pueblo: “lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible”.

En ciertas organizaciones -especialmente en instituciones jerarquizadas- hay un principio que dice que se debe asesorar al jefe directa, abierta y creativamente hasta que tome su decisión. A partir de ese momento, ya no cabe más debate ni oposición, sino que hay que asumir como propia la idea de quien dirige, y llevarla a cabo. En democracia ocurre algo similar, hay que saber ganar o perder, y entender que en un sistema de votación de mayorías triunfa quien más votos tiene, y punto. Eso es lo que queda por hacer ahora. Ganó Arévalo y hay que cerrar filas en torno a un proyecto -guste o no- y ver cómo se puede empujar hacia adelante o quitarse de en medio y no estorbar. 

Pero ojo, el optimismo desmesurado tampoco debe dibujar horizontes imposibles. Seamos realistas porque Presidente es solo una parte del sistema. No esperemos cambios profundos en los próximos cuatro años. No se saldrá de la pobreza ni del bajo desarrollo, pero se pueden establecer pilares de decencia sobre los que construir en el futuro. Gastar bien el dinero público, expulsar a sindicalistas depredadores, no volver a contratar a empresas que prestan servicios animadas por el chantaje o la corrupción, generar vectores de profesionalismo en el funcionario y otras “pequeñas” cosas, servirán para transmitir la imagen de honradez que espera la ciudadanía.

Con esta votación, el ciudadano -simple en sus argumentos- considera que ya puso al frente a quienes lucharan contra la corrupción. A partir de ahora exigirá que se arreglen las carreteras, funcione el sistema de salud, el dinero de educación no se dilapide y la justicia sea pronta y cumplida, entre otras cuestiones vitales.

No lo tiene fácil el binomio electo, pero debe de contar con apoyo y siempre con el beneficio de la duda.

lunes, 14 de agosto de 2023

Piñata en tiempos de crisis

Las democracias se construyen, no se generan espontáneamente, y para ello la clave es un ciudadano preparado, comprometido y exigente 

El problema de no exigir debates entre candidatos a puestos públicos y votarlos sin haber leído y analizado sus propuestas de gobierno es que pagamos muy caro el atrevimiento. En democracia, una mayoría que no lee, analiza, cuestiona, entiende o vende su voto, termina por elegir a presidentes, diputados y alcaldes por lo que balbucean en los mítines. No advierten que la mayor parte de las ofertas suelen ser imposibles de cumplir, algo que comprueban a alto costo cuando ya están en el poder. No en vano, al difunto Cabral se le ocurrió aquello de: “Los pendejos son peligrosos, porque al ser mayoría, eligen hasta el presidente”.

Seguramente muy pocos hayan leído las propuestas económicas de los dos partidos que llevan a su candidatos presidenciales a la segunda vuelta. Presumiblemente tampoco lo hicieron en la primera, sobre todo porque la UNE todavía no la había hecho pública. 

Sandra Torres, en cada mitin, y acorde con la idiosincrasia del lugar, abre la boca para dilapidar, en una sentada, millones que no son suyos.  Promete todo lo que se le ocurre: Q5 mil para los pensionados, becas para los estudiantes, préstamos “a la palabra” -solo ella sabe qué es eso-, bolsas de deporte “con pelota incluida”, además del equipamiento deportivo, y similares linduras. Miles de millones en promesas salariales, de equipamiento, infraestructura o donaciones, incluidas en 261 inútiles páginas propias de una paca política populista. 

Bernardo Arévalo, en menor espacio, tampoco convence con sus propuestas económicas. Sobre la base de un crecimiento anual igual o superior al 4.2% del PIB pretende obtener recursos para financiar la acción de gobierno de SEMILLA. El texto evita comentar que en los últimos 24 años únicamente se ha igualado o superado ese porcentaje en 6 ocasión -una de ellas después de la pandemia- y las otras 18 veces el incremento ha sido menor. Por lo tanto, el contexto económico probable haría imposible sus deseos y aspiraciones, sin que medie otra solución que obtenerlo de “lo que se roba”, concepto ampliamente utilizado pero indefinido, y tan elástico que dentro del mismo cabe hasta la propuesta de la gestión económica de un gobierno.

A los planteamientos anteriores -poco o nada cuestionados por los votantes- se añade que la recaudación fiscal, aunque crezca, estará en torno a los Q90/95 mil millones anuales, lo que deja una presupuesto desfinanciado en un 20/25% según el partido, el año y el cálculo, y que, acorde con expertos, aproximadamente el 85% -si no más- del presupuesto nacional está comprometido. Es decir, no quedará de otra que endeudarnos, subir los impuestos o, sencillamente, no cumplir los compromisos adquiridos porque en la disputa electoral cualquier promesa, por estúpida que parezca, tiene sentido para atraer votantes. Tampoco dicen nuestros candidatos cómo piensan lidiar con la voracidad sindical -salud y educación en especial, aunque hay otros depredadores- cuyos dirigentes han chantajeado por años a los diferentes gobiernos, ni cómo lidiaran con mafias tradicionales que se benefician de estructuras establecidas para la contratación pública, entre otras.

No dudo de las buenas intenciones -aquellas que pavimentan el camino al infierno- pero mientras la ciudadanía no exija cuentas claras y un cálculo económico mínimamente racional, seguiremos con esa democracia formal ausente de debates, propuestas posibles y concretas y, sobre todo, de votantes interesados e informados. Las democracias se construyen, no se generan espontáneamente, y para ello la clave es un ciudadano preparado, comprometido y exigente. Por ahora, falta de todo, pero especialmente el interés real por construirla y la responsabilidad del votante de ejercerla. Naturalmente cada cuatrienio nos cae lo que tenemos.

lunes, 7 de agosto de 2023

Uniformados: entre el odio y el olvido

No son perfectos, son humanos, pero merecen respeto, dignidad, atención y cierta dosis de adhesión, cariño y respeto ciudadano 

Llevo más de 20 años en el país y cuento con los dedos del codo, o de la rodilla, las veces que he leído una buena opinión o un análisis extenso, analítico y desapasionado sobre la policía o el ejército. El Estado -que tiene el monopolio del uso de la fuerza- cuenta con dos instituciones para hacer frente a las amenazas interiores y exteriores, y el ciudadano confía sus bienes, su seguridad y su integridad a uniformados públicos -policías y militares- a quienes paga a través de impuestos para que cuiden el territorio nacional, su persona y bienes.  

Escucho con frecuencia -seguramente con algo de razón- vilipendiar a personas que trabajan veinticuatro horas, cuando el resto lo hacemos ocho; que salen a la calle sin saber si van a beber algo caliente para paliar el frío o un poco de agua cuando aprieta el calor, porque nadie presta atención a esas necesidades básicas; que son transportados cual ganado en palanganas de pick up, sin importar el clima, el cansancio después del servicio o incluso si son heridos en acción, en lugar de utilizar un cómodo microbús que es cómo los hoteles distinguen a sus clientes o las empresas a sus asociados.  

Nos acostumbramos a exigir derechos, prestaciones, garantías y buena atención, pero pagamos poco y criticamos mucho, sin poner nada de nuestra parte por mejorar las condiciones de personas -seres humanos como nosotros- que integran esos colectivos. Se exige que confronten a narcotraficantes, a criminales de cuello blanco, asesinos, mareros y otros delincuentes que nos provocan pánico solamente con nombrarlos, pero difícilmente nos acercamos a estrechar su mano, invitarlos a un café o exigir al gobierno de turno que les mejore las condiciones básicas de vida. 

Visite una comisaría, observará colchones raídos y sucios, almohadas manchadas, sábanas inexistentes, cuartos de baño malolientes desprovistos de productos básicos para la higiene personal: papel higiénico, jabón, toallas o secador de manos, no digamos agua caliente para que quien está veinticuatro horas patrullando pueda tomar una ducha y descansar, que es lo que todos hacemos. Deberían ser actores sociales, pero los excluimos, y hacemos que parezcan antisociales.

Este tipo de columnas de opinión generan efectos contrapuestos entre quienes despiertan de un letargo ciudadano, por no haber prestado atención a lo que se dice, y aquellos otros que rescatan en lo más profundo de su corazón un odio desmedido e injustificado contra los uniformados ¡Allá cada uno con su conciencia!  En la vida terminamos necesitando de, al menos, dos apoyos, independientemente de nuestra condición: un pastor para los últimos óleos y un policía al que acudir cuando tenemos problemas.  

Quiero tomar este espacio, en tensos momentos electorales, para resaltar cómo el ejército y la policía han estado a la altura de las circunstancias, como mandan las normas, y han sido obedientes y no deliberantes, y actuado con la corrección propia de su dignidad personal e institucional. Pero, por si fuera poco lo dicho, no les permitimos votar por razones que no soportan un somero análisis en los tiempos actuales, y los tratamos como ciudadanos de segunda a pesar de exigirles que resguarden el proceso electoral, lo garanticen y protejan ¡Pedimos mucho pero damos muy poco!

Yo que sigo teniendo mi corazón uniformado, creo que como ciudadanos deberíamos meditar y reflexionar sobre aquellos que, mientras descansamos, se preocupan por velar por nuestra tranquilidad y nos permiten realizarnos en nuestros quehaceres. No son perfectos, son humanos, pero merecen respeto, dignidad, atención y cierta dosis de adhesión, cariño y respeto ciudadano. Es bueno exigir efectividad, pero comencemos por entregar un mínimo de dignidad.