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lunes, 2 de septiembre de 2024

En el mes de la Independencia

Es evidente que nos despegamos burocráticamente de un imperio del otro lado, pero seguimos encadenados a otro más cercano y a nosotros mismos

Max, mi perro, está en casa sin collar. Quiero que se siente libre, cómodo, sin ataduras. Sin embargo, nada más abrir la puerta de la casa, busca afanosamente la cuerda de la que “se” atará para sus paseos diarios, y se prende a ella con la boca. No gusta ni sabe, salir a la calle sin estar amarrado, con la seguridad -o la dependencia- de que en el otro extremo estoy yo. Max desconoce lo que es ser libre, pero lo más interesante del asunto es que no le importa y parece preferir estar encadenado a alguien que diariamente le proporciona la comida y el agua, lo baña, cuida, desparasita, educa, vela por su salud, da un hogar y le busca el mejor entorno de vida. Max se siente feliz en su Estado del bienestar perruno y lo refleja con saltos y carantoñas cuando entro en la casa -desconozco si de alegría o de agradecimiento- porque creo que percibe que mientras me vea disfrutará de esas ventajas.

El ser humano, a diferencia de Max,  puede elegir, discernir, pensar y asumir la responsabilidad que conlleva una decisión libre, y las implicaciones que tiene. Decidir es arriesgar, y no todos estamos preparados para hacerlo ni mucho menos para aceptar las consecuencias, de ahí que sea tan popular promover el aborto, un asesinato tras la equivocación de dos actores libres. Da la sensación, cada vez más, de que hay gente que prefiere la seguridad de algo que la libertad de conseguirlo. El problema es que “ese algo” no siempre es lo que uno desea, y aumenta cada día persiguiendo un horizonte infinito e imposible satisfacer. 

Conmemoramos este año uno más de “Independencia”, cuando realmente somos más dependientes que nunca. Es evidente que nos despegamos burocráticamente de un imperio del otro lado, pero seguimos encadenados a otro más cercano y a nosotros mismos, lo que no es mucho mejor. No fuimos ni somos -veremos si en el futuro cambia- capaces de autogestionarnos como sociedad porque ello requiere sacrificio, honestidad, decencia, ética, capacidad, valor y acción responsable, y durante estos doscientos y pico años no se ha construido mucho, o incluso se ha destruido lo que pudo haber habido.

Si los conquistadores vencieron fue porque aprovecharon un mundo dividido en el que algunos querían aniquilar a sus vecinos, y únicamente hubo que ponerlos de acuerdo y dirigirlos a la batalla. Hoy -al igual que entonces- la polarización existente no buscar un consenso para una mejor gobernanza -cuento chino ya muy trillado-, sino como dominar al grupo contrario. Artimañas sobran por doquier, pero también mala leche y falta de ética, como se ha demostrado en estos últimos años de mi corta memoria histórica.

Lo curioso -que suele coincidir con lo facilón- es que aprendimos aquello de “echarle la culpa a otros”, y lo convertimos en el deporte nacional ¡Siempre son los otros! Aquellos que son comprados a la hora de votar, o “mi gente” que no sabe hacer las cosas o “el indio”, como el gran Asturias reflejara en sus tesis de graduación. No importa, siempre hay un “chairo” o uno del “pacto de corruptos” que es culpable.

De aquella “Independencia” nos quedamos solamente con la “pendencia”, en cualquiera de sus acepciones de la RAE, porque todavía queda mucho por construir, aunque creo que no seremos capaces de hacerlo. Así que, frente a la incapacidad, inventamos el positivismo enfermo para justificar cómo haremos “ahorita” lo que desplazamos diariamente, a pesar de que debimos haberlo hecho el día anterior. 

Voy a pasear a Max, al menos él es consecuente con lo que hace.

lunes, 26 de agosto de 2024

La extrema izquierda no existe

La dictadura cubana, la nicaragüense y la venezolana, son de izquierdas -de extrema izquierda- por más que se silencien lo términos dictadura y extrema izquierda

El reciente proceso electoral en Venezuela ha puesto de manifiesto lo que la mayoría de los medios, periodistas y analistas se niegan en reconocer: la postura extremista de Lula, Petro y López Obrador, con relación al fraude electoral venezolano, que evidencia cómo el Grupo de Puebla y el Foro de Sao Paulo son parte del apoyo y sustento a esa extrema izquierda que hiere y deja morir periódicamente a millones de ciudadanos de ciertos países latinoamericanos.

La dictadura cubana, la nicaragüense y la venezolana, son de izquierdas -de extrema izquierda- por más que se silencie los términos dictadura y extrema izquierda. Es vergonzoso como algunos medios de comunicación tachan abiertamente de extrema derecha a Milei o Trump, pero son incapaces de hablar de dictaduras, autoritarismos o extremismos radicales de izquierda, que es exactamente lo que representan aquellos gobiernos.

El neolenguaje y lo políticamente correcto, terminan por imponer un discurso amañado, ideologizado y manipulador que normaliza las dictaduras del continente -como la cubana, después de 65 años- y permiten que tiranos asesinos, como Maduro y su grupo de delincuentes, continúen consolidando el poder por medio de la violencia y la imposición más descarada.

Es realmente vergonzoso que presidentes como el colombiano, el brasileño o el mexicano no se hayan expresado con la contundencia y claridad con la que lo hizo el chileno Boric, y exijan claramente, sin modelos forzados de negociación, que se respeten los resultados electorales que el régimen se niega a mostrar para evitar reconocer el fraude.

Las dictaduras únicamente pueden existir porque hay países que las consienten y no las condenan, como ha sido el caso de la criminal cubana, la no menos delirante nicaragüense y la más reciente venezolana. Las “sanciones” de medias tintas, como son esas insulsas de la UE o de los USA y la “búsqueda de soluciones alternativas” que proponen quienes no tienen el coraje de condenar al dictador, aunque se vendan como defensores de derechos humanos, hacen posible que esos criminales de la política permanezcan en el cargo por décadas y asesinen o lleven a la pobreza a millones de ciudadanos.

Vivimos en un mundo hipócrita en el que ciertos políticos de extrema izquierda son igualmente culpables de los crímenes que comenten los autoritarios. Hay que dejar de ser “prudentes” y señalar -como lo han hecho varios Presidentes- al criminal de Maduro, pero también al binomio Ortega-Murillo y a Diaz Canel. Sin embargo, y lejos de eso, los USA liberaron a un personaje del régimen venezolano sin juicio ni condena y conceden visa a un dirigente comunista cubano -Manuel Menéndez Castellanos- que por años participó de matanzas y ejecuciones en Cuba. Es imposible, con esa forma de actuar, que quienes se perciben inmunes no crean también ser impunes.

Además, esas medias tintas que utilizan ciertos medios de comunicación asociados a la izquierda, generan una opinión publicada en la que el ciudadano, poco acucioso en la búsqueda de la verdad, termina por aceptar y normalizar que la extrema izquierda no es la que hace daño a este continente a pesar de sostener a varios dictadores. 

Es mentira que pretenden el bien del pueblo, la lucha por los derechos humanos o el progreso y el desarrollo, al menos mientras muestren su apoyo esos regímenes y no condenen las actuaciones que se hacen en aquellos tres países, y ahora particularmente en Venezuela. Lula, Petro y López Obrador son unos auténticos hipócritas, pero además cómplices de la violencia y las desapariciones en esos lugares, y representan una extrema izquierda asesina de la que hay que comenzar a hablar sin miedo.

lunes, 19 de agosto de 2024

Irresponsabilidad impositiva

Somos una sociedad callada que acusa los golpes silenciosamente, se queja en voz baja y permite el abuso por costumbre y por temor

Parto de la base del cuestionamiento ético que supone que el Estado meta la mano en mi bolsillo en función de lo que una mayoría de legisladores decida según el momento político y sus intereses. Sin embargo, aceptando -como lo hago- la necesidad de un Estado mínimo, en la concepción de Nozick, y de la responsabilidad que conlleva lo que se predica, hace falta una cierta cantidad de dinero para que ese Estado pueda funcionar. 

El caso de defraudación fiscal evidenciado por el SAT presenta tres aristas sobre las que es necesario reflexionar. Una se refiere a la falta de ética y valores de los personajes implicados. Ciudadanos que votan, opinan, participan en la política, pero que les importa un soberano banano el bienestar colectivo -al que dicen contribuir con sus empresas- o la responsabilidad que conlleva la vida en sociedad. Seguramente son vecinos nuestros que se quejan de que el país no avance, mientras huyen de la responsabilidad fiscal y muestran la miseria moral con la que actúan. Otra se centra en el delito cometido al no pagar los impuestos que les corresponden, despreocupados por los millones que evaden y que son necesarios para ese Estado del que viven y al que venden sus productos. La tercera y última, apunta a la sospecha de que de los Q6,400 millones adquiridos por el Estado es presumible que también se hayan apropiado de una jugosa cantidad y que realmente no vendieran nada o solamente parte de lo que dicen.

Somos un Estado fracasado por falta de valores individuales y de responsabilidad, y eso se construyen en la familia, en el grupo cercano y se perfecciona en la vida social. Mientras sigamos aplaudiendo al “chispudo” no avanzaremos ni un milímetro en desarrollo. Algunos roban o abusan porque el resto -quizá la mayoría- se lo permitimos. El prepotente lo es porque el débil se lo autoriza con su actitud, y esa maldita justificación del miedo únicamente encubre la falta del ejercicio responsable que a cada uno le toca.

Se sustraen medicamentos de salud con el silencio cómplice de quienes lo saben y no lo denuncian. Se contratan plazas fantasmas en el Congreso con autorización callada de aquellos que dicen “no querer problemas”, pero que con su actitud cobarde los consienten. Se forman segundas y terceras filas en el tráfico porque siempre hay alguien que cede ante esos energúmenos abusadores. 

Y es que la omisión termina siendo tan perjudicial como el actuar delincuencial, irresponsable o abusivo. Somos una sociedad callada que acusa los golpes silenciosamente, se queja en voz baja y permite el abuso por costumbre y por temor. Incapaces de salir del cascarón del silencio pretendemos, sin embargo, que otros hagan las cosas por nosotros, como en esta ocasión lo ha hecho el SAT, y que sea él y su entorno quienes asuman el riesgo.

Un país no progresa con cobardes -por muy duro que suene- mucho menos con pusilánimes que huyen del momento en el que la vida nos coloca a todos tarde o temprano. Cada uno debe de ejercer su responsabilidad, que en muchas ocasiones ni siquiera imaginas cual será ni en qué momento llegará. Es hora de dejar a un lado la justificación miedosa, porque eso es precisamente lo que aprovechan los autoritarios, los delincuentes, los mafiosos y todos esos personajes que nos matan poco a poco, y destruyen el futuro de nuestros hijos.

Una loa al SAT, no sólo por el caso públicamente denunciado, sino por el arrojo que ha tenido en asumir la responsabilidad histórica en la que la vida lo ha puesto.

¡Mis respetos señor!

lunes, 12 de agosto de 2024

La normalización del autoritarismo

Los dictadores -todos diferentes pero con idéntico espíritu autoritario- lo saben y su estrategia es muy sencilla: resistir al tiempo

La mayor parte del debate político internacional, durante estas semanas, se ha centrado en Venezuela. Un fraude electoral -a todas luces visible- que entrona nuevamente a Maduro y a sus secuaces para perpetuarse en el poder. La “indignación” patente en medios, redes y declaraciones, se deja sentir con fuerza -aunque no con unanimidad- y confronta dialécticamente a la dictadura y a los dictadores.

Paralelamente tenemos normalizado el modelo cubano que por 65 años hace exactamente lo mismo que ahora el venezolano, y también el nicaragüense, aunque cada vez se comente menos -el Papá especialmente- sobre la brutal persecución en Nicaragua, especialmente a los sacerdotes, y poco o nada sobre los abusos y crímenes diarios en Cuba. El ciudadano y ciertas élites políticas han normalizado el modelo cubano, al igual que el chino, a los que ni siquiera denominan dictaduras. La mente y el vocabulario se han adaptado a los autoritarismos clásicos, y únicamente parecen sorprender los emergentes.

Aprendimos a convivir con esos personajes que violan los mismos derechos humanos que decimos preservar dentro de nuestras fronteras -o en lugares “de moda”- y no hay empacho en negociar con China o Cuba, a pesar de que irrespetan continuamente los principios que “defendemos”. Desarrollamos un comportamiento absolutamente disociado sin advertir de nuestra propia contradicción que somos capaces de asumir y hasta de justificar. De hecho, no advertimos como El Salvador va precisamente en la misma dirección autoritaria de los países indicados, y se aplauden decisiones de Bukele que, con el tiempo, pesarán en la conciencia.

Somos seres adaptativos, sin importar el lugar, el clima, las condiciones o los golpes que podamos recibir. Es un principio de evolución y únicamente el tiempo coloca todo en su lugar. Los dictadores -todos diferentes pero con idéntico espíritu autoritario- lo saben y su estrategia es muy sencilla: resistir al tiempo. En estos momentos Venezuela vive lo que superó Nicaragua, China o Cuba: el tiempo de discusión del régimen. Una vez transcurra este mes, y no digamos cuando lleguemos a noviembre con las elecciones USA o a diciembre con la Navidad, Maduro se consolidará e iniciará el 2025 con miles de promesas hechas en otros cientos de intervenciones y el silencio hipócrita de la comunidad internacional.

Todo esos dictadores, casi sin excepción, afirmaron inicialmente que no eran comunistas ni mucho menos de izquierda, sino progresistas que buscaban el “bien del pueblo”, frase que utilizan y que muchos más creen todavía, mientras les otorgan el poder sin advertir sus intenciones. Como ciudadanos terminamos siendo “más animales” que políticos”, algo que al gran Aristóteles se le olvido diferenciar, y nos alejamos voluntariamente de nuestros propios deseos de libertad por no asumir el costo de la correspondiente responsabilidad.

Cuentan que los cubanos “son felices” en su paraíso socialista, que muchos fuera de él alaban pero que no se atreven a vivirlo; los chinos se nos venden “como la mayor economía y desarrollo”; los nicaragüenses ofrecen “seguridad y ausencia de violencia” y don Bukele “haber terminado con las maras”. Y muchos ciudadanos del mundo, cada vez menos leído y con una limitada capacidad de razonamiento básico, creen todas esas ofertas, aunque la mayoría no conoce siquiera uno de esos lugares, mientras los oligarcas autoritarios, profesionales del crimen organizado en aquellos países, difunden sus “bondades”.

El ser humano ha tenido una constante en su historia: la adaptación, y ahora parece que surge otra hermana de la anterior: la normalización. Lo triste es que únicamente advertimos el desastre cuando estamos dentro de él, y a veces ni eso, sino cuando ya es muy tarde para cambiar las cosas.


lunes, 5 de agosto de 2024

Política: ¿amigos o intereses?

La realidad es que cada quien jala para su molino, y sobre todo priman sus intereses, importando un soberano carajo el resto de la humanidad

La farsa electoral, promovida por la dictadura venezolana, pone nuevamente sobre la mesa el viejo debate sobre la preeminencia en política de los intereses sobre la amistad. En época de tranquilidad, los gobernantes se besan, abrazan y proclaman la “amistad entre los pueblos”, se “hermanan ciudades” y se recibe a los “mandatarios amigos” con lujo y boato, en ese afán de mostrar un inexistente principio que requiere disimularse. En el fondo, cada político se mira el ombligo en el espejo -primero el suyo y luego el del país al que representa- aunque haga muestras hipócritas para regocijo de una parte sustancial de la ciudadanía idealista que aplaude fogosamente su propia ignorancia.
La realidad -por más que huyamos de ella con piadosos pensamientos- es que cada quien jala para su molino, y sobre todo priman sus intereses -personales o de grupo- importando un soberano carajo el resto de la humanidad. Se vio durante el COVID-19 con el tema de las vacunas, y como las grandes potencias acapararon todo lo que pudieron. Más tarde “donaron” lo que les sobró, en un acto de caridad política que subrayaba la hipocresía en tiempos de crisis.
El tema venezolano no es muy diferente. Las grandes potencias intentan hacerse -directa o indirectamente- con los recursos energéticos del país y pactan, acuerdan o rubrican secretamente tratados con el dictador, sin ningún tipo de escrúpulos. Externamente hacen grandilocuentes discursos pero no se cortan en eliminarlos de la política cuando ya no les son útiles -como con Sadam Hussein- encumbrando a otro que terminen sirviendo sus particulares intereses. Los “no imperialistas” no son muy distintos, y actúan guiados por los mismos intereses o asociados a modelos ideológicos de izquierda radical. Brasil, México o Colombia -todos liderados por acentuados izquierdistas- son la prueba de esta reflexión, y su tibia actuación frente a la crisis venezolana los evidencia. Determinadas organizaciones internacionales también se suman a estas componendas, como ha hecho la OEA, incapaz de aprobar una resolución porque 16 de los 33 países estuvieron ausentes o se abstuvieron, remarcando la complicidad con el autoritarismo y las dictaduras, aunque se hagan ruidosamente presente en otros países -como ocurrió aquí en el 2023- para “defender la democracia”. En el fondo instituciones de gobiernos que siguen las directrices de quienes pagan la infraestructura o los lineamientos políticos que son tendencia en el momento. Solo así se explica un dictadura cubana de casi 70 años, otra venezolana de unos 25 y la más reciente nicaragüense. Tres naciones que “inexplicablemente” son dirigidas por criminales con aquiescencia internacional.
Y es que el ciudadano, ese “zoon politikón” aristotélico, deja claro que es mucho más animal que político, y dos milenios después, sigue creyendo en sus dirigentes y en las promesas de quienes elige al frente de sus instituciones. No hemos despertado de un letargo de siglos, a pesar de que han sonado suficientes alarmas históricas, y seguimos plácidamente repitiendo los errores que han quedado sobradamente expuesto en innumerables lugares.
El caso venezolano, demostrado, evidenciado, suficientemente ilustrado e internacionalmente difundido en redes sociales, parece que tampoco será el último. Rusia y China, por una parte, o Brasil, México y Colombia por otra, además de una tibia UE y unos USA -con un presidente incapaz- lo perpetuarán. En 1930, una Europa liderada por ilusos idealistas, permitió la expansión de un loco que condujo a la II Guerra Mundial. Hoy, un mundo conducido por torpes, enfermos o tibios ignorantes, puede ponernos al borde de otro conflicto internacional. Mientras, los “animales políticos” parece que necesitamos más tiempo para entender lo evidente.

lunes, 29 de julio de 2024

¿En serio esperaban otra cosa?

Las dictaduras existen porque las democracias lo permiten y a esos personajes, sencillamente hay que aislarlos política y económicamente, y dejarse de medias tintas

Ha sido distraído, pero frustrante, leer y escuchar comentarios de expertos y opinadores en relación con las elecciones venezolanas. Algunos creyeron que habría un cambio ¡Ilusos! No entienden que los dictadores cruzan una línea de no retorno, y Maduro y su gentuza no tienen a donde ir; para ellos ganar es una lucha por la sobrevivencia. Se deshicieron en analizar lo que decían las encuestas y en elaborar escenarios de futuro, pero de uno que nunca llegará mientras viva el dictador. Venezuela es copia del régimen cubano y se sostiene, igual que aquel, con apoyos de potencias como Rusia y China, y por la torpeza norteamericana.

La comunidad internacional también es culpable de lo que ocurre en Venezuela -como en Cuba- porque ese espíritu idealista de las relaciones internacionales -que ha sido inútil en situaciones críticas, y la venezolana lo es- pretende dialogar con una manada de gorilas lo que es imposible a todas luces. La administración Biden, es particularmente culpable, por haber puesto al frente de las negociaciones a un izquierdista consumado, como el ahora cesado Juan González, quien no solo fracasó en su acercamiento y negociación con el dictador -o quizá no-, sino que además USA devolvió a Alex Saab a Venezuela, a cambio de diez estadounidenses secuestrados por el régimen, un chantaje que oxigenó a Maduro. 

Las dictaduras existen porque las democracias lo permiten, y a esos personajes sencillamente hay que aislarlos política y económicamente, y dejarse de medias tintas que permiten, casi 70 años después, que Cuba siga a cargo de un tunante político sostenido por esqueletos vivientes.

Ciertos medios de comunicación también tienen su responsabilidad. Los mismos que no se cortan al hablar de extrema derecha son incapaces de llamar dictador a Maduro, y es que en el fondo hay un sentimiento ideológico que impide el uso de determinados vocablos mientras utilizan plácidamente otros ¡Una vergüenza gremial que el corporativismo periodístico silencia!

Los dictadores y autoritarios no siempre llegan al poder por la fuerza. Hitler lo hizo por la vía democrática, igual que los que sobresalen en América Latina, como Bukele. Poco a poco se afianzan y cambian las normas, pagan favores y prebendas, crean ilusiones y fantasías, y demasiados ciudadanos atolondrados o corrompidos -aunque no lo quieran admitir- aplauden a sus futuros verdugos sin notar que propician el ambiente del autoritarismo. Cuando se dan cuenta, como ocurre en Venezuela, ya es tarde, y al dictador le importa un soberano bledo todo lo que no sea su vida, riqueza, bienestar y el de quienes lo sostienen artificialmente en la cúpula.

Así que mientras se sigan elaborando escenarios ficticios, la comunidad internacional no aplique la contundencia necesaria y las democracias dejen de apoyar a las dictaduras, no habrá cambio alguno a pesar de que se pasen generaciones protestando, lamentándose o esperando cada cierto tiempo que, como ocurre en Cuba y Venezuela, el régimen cambie, porque nada va a cambiar.

Es vergonzoso que en pleno siglo XXI, en el que nos llenamos la boca de derechos humanos, democracia y cuestiones similares, carezcamos de la capacidad de entender algo tan simple como que las dictaduras mientras se les oxigene se irán construyendo o reconstruyendo, y que la única solución es el pragmatismo realista que significa el aislamiento internacional absoluto, total y sin fisuras. Todo lo demás son sueños oníricos de quienes no tienen las cosas claras o pretende seguir esperanzados -no sé cuántos años más- en que los cambios serán espontáneos. 

Si a estas alturas no han entendido la cubanización de Venezuela, ¿qué más se les puede pedir que no sea seguir quejándose?

lunes, 22 de julio de 2024

¿Recordará Biden su renuncia?

El señor Biden, desde que reconoce no estar en condiciones de reelegirse, asume, al menos en parte, que tampoco lo está para continuar desde ese momento


La renuncia del Presidente Biden como candidato electoral por el partido demócrata para las próximas elecciones, genera un debate nuevo e inédito en la política norteamericana. La primera, oportuna y muy  interesante solicitud, la hizo el Presidente de la Cámara de Representantes, quien pidió al gobernante su renuncia alegando que "Si Joe Biden no es apto para postularse para la Presidencia, tampoco lo es para ejercerla".
Los ciudadanos, en acto de complacencia y perdón infinito al político -especialmente a “sus” políticos-, han asumido que aquellos no necesitan cumplir requisitos básicos que se les pide a cualquier otro empleado público, y contando únicamente con sus derechos políticos, es suficiente para asumir el cargo. Así que locos, asesinos, seniles, enfermos psiquiátricos o traumados psicológicos, han dirigido naciones a lo largo de la historia en países democráticos, porque en dictaduras es normal esa clase de “desajustados”. Aproveche y dele una lectura al artículo 185 constitucional, y verá que si es guatemalteco de origen, ciudadano en ejercicio y mayor de cuarenta años puede ser Presidente y contar con innumerables ventajas, entre otras el mayor salario de América Latina ¡Ya me dirá si en su casa, empresa o entorno se contrata a alguien tan ágilmente en esas condiciones y por cuatro años, sin posibilidad de echarlo. La pregunta inmediata es ¿entonces por qué somos tan permisivos para contratar a quienes dirigen para el país?
El señor Biden, desde que reconoce no estar en condiciones de reelegirse, asume, al menos en parte, que tampoco lo está para continuar desde ese momento, e invita a reflexionar sobre cuánto tiempo lleva en esas condiciones. Ha sido más que visible su estado de salud a través de su errática conducta, pero hételo ahí, al frente del país más poderoso y armado del mundo.
Aunque no sólo ha sido eso, recordemos que alguno de sus asesores -pienso en Juan González, aunque no es el único- generaron dinámicas perversas en varios países. Aquí lo intentó, pero nunca llegó a venir porque la metedura de pata fue advertida a tiempo. En Venezuela fue enlace con la dictadura, y ya vemos los resultados: un Maduro fortalecido y retador de los USA que es posible que continúe llevando a los venezolanos al abismo más profundo, con el beneplácito de organizaciones internacionales cómplices,  países callados y gobernantes hipócritas. Con los conflictos en Ucrania e Israel, no lo han hecho mejor.
La apuesta por Trump no lo es por sus virtudes -un populista alocado- sino porque tiene ciertas cosas de las que carecen los demás: carácter y capacidad de confrontar a otros, aunque pueda equivocarse en identificar oponentes, como hizo recientemente con El Salvador. La ciudadanía está harta de pusilánimes, tibios, calzonazos y mandilones que, en nombre de una falsa prudencia, quieren estar bien con Dios y con el diablo, y no toman decisiones más allá de las que provocan sonrisas, fotos o declaraciones amistosas. Gobernantes que han aprendido a no gobernar pero sonríen, viajan o tuitean -ahora muy de moda-, y no comprometen un milímetro de su integridad ni mucho menos de su carácter, para enfrentar la solución de aquellos problemas que prometieron abordar. 
Trump, guste o no, tiene claro que hará lo que dice -quizá hasta un poquito más- y posiblemente esa sea la razón de su éxito. Con Milei pasó igual, y con el autoritario de Bukele tres cuartos de lo mismo, asi como con Uribe en su momento.
La nueva forma de hacer política se sustenta en la capacidad de convencer de que se cumplirá con lo prometido, cualquiera que sea el mensaje. A ver si vamos aprendiendo.

lunes, 15 de julio de 2024

Los descubrimientos de la izquierda

Ha sido un gobierno de izquierdas el que ha advertido el daño que se hace a determinadas instituciones al abrir la boca de más cuando se está en la oposición.

En España, a mediados de los años 80, el partido socialista obrero español (PSOE), junto con sus aliados de izquierda -partido comunista y otros- tuvieron en mente la disolución de la Guardia Civil y de la Legión española. Ambas instituciones fueron tachadas de franquistas y su desaparición parecía ser la hoja de ruta de aquellos partidos políticos. Sin embargo, a principios de los años 90, las operaciones de paz y el conflicto en la antigua Yugoslavia, demandaban fuerzas militares y policiales para participar en aquellos lugares. Súbitamente, la izquierda política española “descubrió” a la Legión, como fuente inagotable de participación en dichas misiones y a la Guardia Civil, como una de las tres policías que la OTAN empleó en operaciones, junto con los Carabineros (italianos) y la Gendarmería (francesa). La izquierda acababa de establecer dos pilares fundamentales de acción exterior, todavía hoy vigentes.

Aquí la historia se repite. De una crítica tóxica al Ejército nacional y un desprecio más que evidente al empresariado, de pronto -cuando la necesidad aprieta como ocurrió en el viejo continente- se sublima a los militares y se les ordena actuar, y junto con el sector empresarial, al que se le solicita colaboración, les encomiendan aquello en lo que el gobierno no puede, no sabe, no quiere,  o carece de capacidad para resolver. Después de 30 días con una autopista semicerrada y otros contratiempos, serán esos dos actores, vilipendiados por quienes ahora los utilizan, los que definitivamente solucionen un problema nacional ¡Cómo es la política y cuántos inescrupulosos! 

Igual que  en el viejo continente, ha sido un gobierno de izquierdas el que ha advertido el daño que se hace a determinadas instituciones al abrir la boca de más cuando se está en la oposición, o por proponer campañas populistas y de desprestigio, con discursos polarizadores y agresivos, de los que ahora no les queda de otra que desdecirse. También hay grupos de hinchas de esos políticos, de quienes toman las consigna o les hacen la campaña de multiplicársela con hasthtag contra el sector empresarial, sobradamente conocidos y aquellos otros que rechazan lo que denominan fútilmente “intervencionismo militar” 

El rechazo militar y empresarial es sin duda político-ideológico y aunque nada es perfecto, sería de esperar que este cambio de dirección sea el punto de partida de unas nuevas relaciones civiles-militares, así como el giro en la percepción sobre el sector empresarial, generador de riqueza y poseedor de capacidades que pueden ser utilizadas en momentos de necesidad, en la que la voluntad y el empleo de maquinaria pesada para trabajos complejos no son las únicas. Ambas instituciones han dado un paso al frente y/o aportado recursos cuando ha sido necesario: COVID-19, erupción del volcán de fuego, apoyo helitransportado durante inundaciones, búsqueda de desaparecidos en excursiones y otros eventos que abarcan plantación de árboles o limpieza de cursos de agua.

Una sociedad madura debe de aprovechar esos espacios de reducción de brechas entre sectores y ser ecuánime y racional. Tenemos instituciones útiles y capaces, otra cosa es que no estén suficientemente consolidadas, pero justamente estos momentos históricos permiten cambiar el rumbo de desprecio y rechazo por otro de aceptación e inclusión. En el caso nacional estamos en ese momento en el que debemos situarnos por encima del odio ideologizado que algunos destilan. 

La razón se impone con el tiempo; el crédito hay que otórgaselo a quien corresponde, y al igual que ocurriera en la España de los 90, la Guatemala de los veinte del presente siglo debe reconocer la voluntad de servicio de sus empresarios y de su Ejército.



lunes, 8 de julio de 2024

2025: ¡A como dé lugar!

Por lo tanto, 2025 es el año de la batalla final, ya que desde ambos extremos -y sin entrar a valorarlos- no queda de otra que la desaparición del contrario.

Durante la Guerra Fría la estrategia de “coexistencia pacífica” tuvo mejores resultados que aquella otra de “destrucción mutua asegurada”. Era preferible respetar la parcela del contrario y convivir con él que abrir una puerta al conflicto nuclear que hubiese acabado con el mundo. Las potencias dominantes dejaron a un lado el orgullo y la soberbia para no entrar en un campo de batalla con consecuencias más que previsibles. A estas alturas, algunos parecen no haber leído nada sobre aquello y prefirieron lanzar misiles sin advertir que, una vez pulsado el botón, no hay marcha atrás. Decisiones precipitadas, presiones, inexperiencia, sed de venganza, ineptitud política o una dosis de todo ello, encaminó la política nacional en una determinada dirección.

Escenario1: Póngase del lado del gobierno. En 2026 será la designación del nuevo Fiscal General y es presumible que el Presidente elija a alguien de su confianza. La nueva autoridad abrirá, seguramente, expedientes judiciales a los actuales integrantes del MP y a un amplio entorno de “colaboradores” asistentes, auxiliares, abogados, jueces, magistrados, diputados, etc., por diferentes señalamientos.

Escenario 2: Póngase del lado de los afines al MP. Sitiados con múltiples sanciones por la UE, USA y otros países, no pueden moverse de Guatemala y ven en 2026 un horizonte poco halagüeño que los puede llevar ante tribunales cuanto menos, y posiblemente a prisión.

Por lo tanto, 2025 es el año de la batalla final, ya que desde ambos extremos -y sin entrar a valorarlos- no queda de otra que la aniquilación del contrario. 

Para “destruir” al entorno del MP se requiere llegar al 2026, y seguir el procedimiento regulado. Sin embargo, para echar a andar el escenario 2 es preciso alinear muchas cosas. Una es contar con causas judiciales para procesar al binomio presidencial; otra, un Congreso que esté alineado y vote mayoritariamente por el desafuero; la tercera, unas Cortes que respondan a las decisiones necesarias en cada momento; finalmente una comunidad internacional, especialmente el Departamento de Estado norteamericano, que no presione. Cuando todo eso ocurra -si es que ocurre, y no será antes de noviembre de este año- se darán las condiciones para activar el escenario descrito. A partir de ahí se configurará una nueva dirección en el gobierno que establecerá una transición 2026-2028 sin aspavientos, emociones no previstas ni acciones no planificadas.

Al gobierno sólo le queda esperar que no se alineen las circunstancias señaladas, que Biden no se duerma en los debates y que la ciudadanía lo respalde. De ahí la necesidad de establecer un sistema clientelar con diferentes subvenciones para que cuando esa dependencia económica se vea en peligro, “el pueblo” defienda al proveedor, que no es otro que el propio gobierno. Pero esa estrategia de acumular capital ciudadano se ve contrarrestada con otra similar que empieza a visualizarse con la conformación de una masa diferente, también capturada mediante dádivas: las familias de exmilitares, a quienes ampliarán ayudas económicas desde el Legislativo y que, naturalmente, se utilizará si es necesario para llamar a defender su causa, y contraponerla a la otra masa popular gubernamental.

Las estrategias están servidas, los escenarios definidos y los actores involucrados moviéndose cada uno en su espacio y desde ahora porque no hay, de momento, otro escenario previsible que permita evitar la confrontación fratricida. Y es que no aprendemos del pasado y solemos repetirlo con resultados cada vez peores, porque la maldad se perfecciona.

No valoro ni una ni otra hipótesis -tampoco serviría para mucho- únicamente las describo, en espera de que algún genio puede evitar esa mutua destrucción asegurada que, como la otra, nos llevaría por delante a todos.

lunes, 1 de julio de 2024

La nueva casta primaveral

La casta se ve perdida, defraudada, abandonada y sin horizonte claro, porque las cosas no han salido como pensaron en su enfermizo optimismo

A pesar de las lluvias que destrozan a cachitos el país, la primavera ha entrado en el mundo de las cuatro estaciones, y en el de la política nacional, aunque se rija por otros parámetros. No deja de ser curioso, interesante a la vez y preocupante al mismo tiempo, la nueva secta de Semilla que florece diariamente en redes y medios de comunicación.

No importa si el Presidente viaja mucho, el ministro de Finanzas pide Q14,500 millones extraordinarios para pactar con diputados y alcaldes, la SAAS gasta dinero público en fotógrafo, carne carísima, ropa de cama de hotel de cinco estrellas, acondiciona la piscina de casa presidencial o el personal de seguridad cuenta con masajista para sus contracturas, porque la casta todo lo perdona. Un grupo, mayormente anónimo, que en redes se dedica -como hicieron “los otros”- a descalificar y atacar a quienes osen cuestionar esos desmanes no corregidos en este “nuevo y esperanzador” gobierno. Defienden su doctrina con virulencia y argumentos como: “antes no decían nada” o “no se puede comparar con lo que robaban los gobiernos anteriores”, cerrando los ojos y relegando la ética a realidades visibles.

Son los mismos que aplaudieron fervientemente cuando Thelma Aldana -con CICIG y los USA¬- cambio la ley del MP para perpetuarse y que nadie pudiera prescindir de ella, aunque ahora, después de haber vitoreado aquella barrabasada,  se rasgan las vestiduras porque no pueden sacar a la actual Fiscal General. No disimulan, como predijera Juan Gabriel, que “ la costumbre es más fuerte que el amor” y siguen haciendo de las suyas por lo que realmente se preocupan: el poder; en modo alguno el país. Es muy lamentable que se siga aprobando la corrupción de amigos mientras se castiga la de los enemigos, doble moral visible en demasiados comentarios, y que muestra de qué están hechas ciertas personas, y la razón principal de no progresar a pesar de años de independencia y gobiernos muy diferentes. 

La casta se ve perdida, defraudada, abandonada y sin horizonte claro, porque las cosas no han salido como pensaron en su enfermizo optimismo. La elección de jueces y magistrados se les ha torcido y las próximas elecciones en los USA corren peligro de dejar vacío un Departamento de Estado que apenas los escucha en estos momentos -porque como siempre ha sido los han utilizado- y ahora buscan sobrevivir a la locura republicana que se avecina. No saben que hacer, y ocultos detrás de perfiles y con el apoyo de algunos medios que les multiplican su narrativa, gastan sus últimos cartuchos.

Estoy convencido de que lo que venga puede ser mucho peor que lo que hay, pero no me disuade en absoluto que lo actual merezca la pena conservarlo, más allá de tener que tomar una decisión en un desesperado dilema en el que nos colocamos permanentemente por chambones, y por no respetar principios democráticos que quedaron evidenciados en las urnas al despreciar por mayoría la oferta política de hace un año.

El país tiene demasiado resentimiento y polarización que hace que desde un extremo se vea malo el otro sin advertir que son el mismo punto de un círculo que se presenta como segmento. Odio, venganza, rechazo, animadversión, rencor y violencia verbal, parecen ser los pilares sobre los que construyen el país, y las castas -porque la nueva no sustituye a la vieja- son peones y obreros de ese andamiaje.

No pasaremos de finales del 2025 -agenden- y nos autodestruiremos ante la incapacidad de hacer las cosas con respeto, ética, integridad y pensando en el bien común.