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lunes, 24 de febrero de 2020

Deconstruir una mentira

Nos satisface más ver la mentira vestida que la verdad desnuda, tal y como predijera Jean-Leon Gerôme en una preciosa fábula.

Vivir en una mentira es una actitud más frecuente de lo que podría pensarse. En lo individual, acudimos a esa forma de confrontar determinadas situaciones ingratas, y evadir cierto grado de culpa o responsabilidad. Pasamos los semáforos en rojo alegando miedo insuperable a ser asaltados, y justificamos tranquilamente nuestra irresponsable conducta. Llegamos tarde a las citas y culpamos de la impuntualidad al tráfico. Pensamos que los hijos de los demás son quienes beben o prueban la mariguana, pero jamás los nuestros. Nos convencemos de que no estamos gordos, cuando el espejo dice lo contrario, así que le echamos la culpa para tranquilizarnos. En definitiva: nos satisface más ver la mentira vestida que la verdad desnuda, tal y como predijera Gerôme en una preciosa fábula. Algunas técnicas de coaching saben mucho de eso.
En lo social, no somos diferentes. Organizamos instituciones y procesos que se sustentan en mentiras vestidas de legalidad, porque es necesaria la ley para refrendarlos y legalizarlos, aunque no necesariamente hacerlos justos. El actual proceso de elección de jueces y magistrados -por medio de las comisiones de postulación- es uno de ellos, quizá el más disfrazado.
Para manejar y manipular las comisiones se ha hecho de todo, ¡aunque siempre legal! Se crearon universidades fantasmagóricas para contar con representantes en dichas comisiones. La última de ellas, la universidad Regional, fundada por el delincuente Manuel Baldizón. Se han nombrado decanos ad hoc para los procesos de postulación con la finalidad de compincharse con otros y así contar con cierta cantidad de votos que permitan la trampa. Las tablas de gradación -de puntuación- se confeccionan en el momento previo a la selección con lo que incluyendo, aquí o allá, algunos méritos o bien ponderando la puntuación a gusto del consumidor, se puede promover tal o cual grupo o persona. Después de múltiples discusiones sobre la aplicación de dicha tabla a los expedientes de los postulantes, se establece un orden -lo más objetivo del proceso, sin ser totalmente fiable- y se elabora un listado por puntuación. Todo lo anterior, sin embargo, queda descalificado cuando -independientemente del orden establecido- los postuladores votan discrecionalmente por quienes integrarán la nómina definitiva que remitirán al Congreso, sin tener que observar la puntuación indicada, para la que tomaron horas de discusión y análisis. Entonces, ¿de qué sirvió todo aquello? Es de esa cuenta que la nomina final incluye aspirantes altamente puntuados, otros muy mediocres y algunos más que jamás deberían estar ahí.
En el Congreso ocurre algo similar. Llegado el listado, los diputados elegirán como deseen -arbitrariamente-y no siendo necesario observar ninguno de los criterios seguidos, se consumará lo pactado desde el principio: serán nombrados jueces y magistrados aquellos que estuvieron en el radar de quienes manejan los hilos de estas mentiras vestidas de legalidad.
Las alternativas de grupos que se dicen promotores de la reforma judicial, no pasan de quitar un calzón a esa mentira nacional y ponerle otro, porque al final ninguna de esas propuestas apuesta por la objetividad y todas permiten que alguien o algunos elijan a los jueces, en lugar de poner una barrera de conocimientos, experiencia y honorabilidad y quienes la superen sean designados en función de la calificación más alta o bien por sorteo. Estas dos últimas formas, las más objetivas, no se incluyen en ninguna propuesta porque se perdería lo que todos persiguen: nombrar a sus jueces, a los que como grupo creen mejores que los del contrario. 
Y para vergüenza nuestra, seguimos con la verdad desnuda escondida y la mentira vestida de traje de fiesta.

lunes, 17 de febrero de 2020

¿Un día para celebrar el amor?

El amor llega sin que se le espere, pero también se marcha sin esperarlo. No hay fórmulas para retenerlo, aunque nos empeñemos

Celebramos recientemente el día del cariño, del amor o de la amistad, según versión de cada quien. El amor es un vector transversal y permanente en la vida; no hay vida sin amor, es imposible que exista. Cambia con el tiempo y se torna de pasional a reflexivo, a espiritual, incluso platónico. Hay quienes dedican su amor a una deidad, a su pareja, a la familia, al prójimo o al trabajo. Es infinito y puede ofrecer idénticas dosis a muchos; se puede amar por igual a hijos, padres, familiares o amigos.
El amor establece prioridades difíciles de cambiar y comprender, salvo por amor. Para una madre, sus hijos ocupan un indiscutible primer puesto, para un padre suele ser su pareja, sin que los hijos queden relegados. Los abuelos son capaces -también por amor- de superar el que tienen a sus propios hijos, incluso para discutir con ellos, y ofrecerles una porción mayor -o distinta- a los nietos, en una peliaguda búsqueda de equilibrio que los tacha de malcriadores y alcahuetes, aunque todo lo hagan con amor.
El amor te hace abandonar todo, literalmente. Puede nublar los ojos y la mente e impulsarte a emprender inciertos y complejos caminos. No tiene precio ni es posible comprarlo, más allá de la simulación del amor, especie de sucedáneo con el que algunos construyen equivocada y artificialmente su vida. Tampoco tiene gusto definido, edad, género o sexo. Cuando se ama libremente no hay muro capaz de detener; una fuerza arrolladora que no atiende a razones ni a realidades, a prejuicios o costumbres, a ruegos o hábitos ¡Cuántas cosas hemos hecho por amor, y cuántas más nos quedan por hacer!
El amor al prójimo promueve una sociedad respetuosa y complaciente; el amor a los hijos un trato deferente y cariñoso; el amor a la pareja respeto, consideración y diálogo; el amor a los amigos, camaradería, apoyo y lealtad; el amor al trabajo perfección y servicio. Es, sin embargo, voluble, caprichoso y no está sujeto a control, razón o medida, y también el amor puede destruir, cuando se pervierte. Los celos o el desamor derivan en rechazo y conducen al odio, a la frustración o a la violencia. El despecho suele ser el peor motivo y razón frecuente de la conducta colérica. 
El amor llega sin que se le espere, pero también se marcha sin esperarlo. No hay fórmulas para retenerlo, aunque nos empeñemos en amarrarlo. Aumenta con el tiempo, y se torna más amigable y desinteresado. Una sonrisa o una mirada llenas de amor en un momento de la vida carecen de significado en otras ocasiones. Una palabra o un gesto amoroso, puede representar todo lo que algunos son capaces de ofrecer, porque el perdón está ausente en su vocabulario. No hay baremo para medir o valorar el amor. Es callado en ocasiones o muy visible en otras; se vive con felicidad plena o con frustración permanente; hay necesidad de manifestarlo o se resguarda silenciosamente en el alma o aprisiona en el corazón ¡El amor rompe todas las reglas!
Pocas cosas hay en la vida tan simples y complejas a la vez, en cualquier edad, momento o situación. Alguien dijo aquello de que “el corazón tiene razones que la razón desconoce”, así que mejor no cuestionarlo más. Celebremos al amor mientras lo tengamos, el día que desaparece todo se torna vacío y sin sentido, profundamente oscuro y desesperanzador; quedamos huérfanos de pasión y de ilusión. 
Sin duda, el amor es el motor de la vida y hay que festejarlo permanentemente mientras se pueda.

lunes, 10 de febrero de 2020

El siglo del populismo

El sistema de pesos y contrapesos les genera desgaste y no están dispuestos a debatir porque su concepción autoritaria no lo permite

El siglo XX fue el de los dictadores, el fascismo, el nazismo, el comunismo y el socialismo. Ningún país escapó a alguna de esas tendencias, la mayoría aupadas por ciudadanos cansados de absolutismos monárquicos que no dejaban mucho margen de actuación política ni aires de libertad. No fue si no hasta el último cuarto del pasado siglo que la mayoría de países occidentales tornaron a sistemas democráticos más o menos eficientes que abrieron paso a lo que se denominó democracia liberal.
Sin embargo, la llegada del siglo XXI evidenció aquello de que la libertad se gana cada día y que nada de lo conseguido es permanente. En el particular caso de América latina, aparecieron personajes como Chávez, seguido por otros: Correa, los Kitchner, Evo Morales y más recientemente Bolsonaro, Trump, AMLO y Bukele. Una suerte de autoritarios que, subidos al burro del populismo, han aprovechado la frustración de millones de ciudadanos cansados de sistemas democráticos que no satisfacen sus expectativas. Todo ello hace renacer la tesis de Juan Linz sobre los sistemas presidencialistas y su fracasado diseño.
Los autoritarismos populistas se han caracterizado por, al menos, dos cosas: el acaparamiento del poder y la presencia religiosa -extrema o conservadora- en la mayoría de las ocasiones. Ya en el siglo pasado tanto Fujimori, en Perú, como Serrano Elías, en Guatemala, dieron muestras de esas tendencias que ahora se perciben más habituales y acomodadas a los tiempos, pero que tienen el mismo efecto devastador. Entre el actuar de los personajes citados y la dictadura más férrea solo es cuestión de tiempo, tal y como muestra Venezuela, un ejemplo a no seguir que permite visualizar hacia donde caminan ciertos liderazgos.
El modus operandi ha sido igualmente seguido por todos: la llegada al poder en momentos de crisis y la promesa de acciones contundentes propuestas desde una tribuna nacionalista, sea en temas de seguridad o en desarrollo económico. La presencia divina en los discursos, las oraciones como elemento de comunión ciudadana y la exaltación patriótica, también son ejes sobre los que se ha construido el modelo, además del desprecio y condena a los medios de comunicación para evitar que evidencien tales barbaridades; todos, además, cruzaron la línea del respeto a valores y principios democráticos. En Venezuela, Chávez implementó la ley de habilitación, antigua forma de tomar el poder total que Hitler adoptó, y el resto de personajes citados han seguido la misma ruta de pasar, directa o indirectamente, por encima de los poderes Legislativo y Judicial. El sistema de pesos y contrapesos les genera desgaste y no están dispuestos a debatir porque su concepción autoritaria no lo permite.
El caso más reciente, el de Bukele en El Salvador, es más de lo mismo con el agregado del llamado emocional por medio de redes sociales y el uso del aparato militar-policial para ingresar a una Asamblea Legislativa legitimada igualmente en la urnas, “defecto” del que Linz advirtió en su análisis sobre la configuración de los sistemas presidencialistas. Por su parte la ciudadanía, exaltada por esa interminable espera de un líder que solucione los problema, grita y se enaltece sin advertir que en el próximo menú político ellos serán el plato principal del almuerzo, y para ser Nicaragua apenas hay un paso más. El debate regional sobre el tema sigue pospuesto y los organismos internacionales duermen plácidamente el sueño de los justos al cerrar los ojos a una frecuente realidad. Al final, una debacle anunciada será seguramente el punto de indignación de lo que ya se sabe ocurrirá.
El siglo XXI ya tiene su propio estigma: el de los populismos.

lunes, 3 de febrero de 2020

Golondrinas en el Congreso

Quizá una golondrina no haga verano pero se le oye trisar a lo lejos y muchos miran a ver si el estío se aproxima

Vicenta Jerónimo, diputada del MLP, no aceptó el almuerzo -pagado con nuestros impuestos- que se ofrece a los congresistas durante las sesiones del mediodía, y alegó -con razón- que hay otras horas mejores para esas reuniones. Otros diputados decidieron no suscribir el seguro médico -también pagado con impuestos- que igualmente ofrece el Legislativo a los parlamentarios en vez del IGSS, seguro de salud estatal que ellos promueven, regulan y supervisan.
Esas actitudes generan la pregunta de si renunciar a ciertos privilegios hace la diferencia entre los políticos. En puridad conceptual pareciera que no, porque el trabajo final debería ser el resultado sobre el que evaluar al legislador. Sin embargo, la política es cada vez más emotiva y visceral que racional y sensata y, en un país harto de tanto político mañoso, corrupto, delincuente, narcotraficante o prófugo, es normal que esos detalles aporten valor a la discusión y sean percibidos como muy positivos.
Sea un acto populista, popular o genuino, lo cierto es que el ciudadano ve con buenos ojos el hecho de que un grupito se separe de esa tónica de disfrute de privilegios que se recetan políticos y sindicalistas en connivencia y apoyo mutuo. Un país en el que todavía mueren de hambre muchos niños o quedan desnutridos y afectados de por vida, no puede permitirse esa forma de vida que se dan la mayoría de autoridades. O son sueldos que sobrepasan los de países con renta per cápita triple que la nacional o bien privilegios que terminan por encarecer el funcionario a niveles difícilmente evaluables. No es casualidad el interés por ocupar ciertos cargos o por mantenerse en ellos, a pesar de que los aparentes salarios no deberían de provocar tales angustias al perderlos o generar ilusiones por alcanzarlos.
El funcionario, además de ingresar por oposición a cualquier puesto, debería tener un salario único basado en competencias, responsabilidad, riesgo y especialización. Sus gastos en salud, seguro de vida, gasolina para el carro o pantagruélicas comidas con finos licores, tendría que salir de su peculio, al igual que ocurre con el resto de personas, pero jamás de erario público que debería utilizarse para otros fines.
Igualmente, los sindicatos estatales deberían desaparecer, puesto que si la labor de los mismos es mediar entre el patrón y los trabajadores, no tiene sentido que el “patrón Estado” negocie con aquellos que lo extorsionan y cuyo costo no es asumido por él sino por resignados ciudadanos pagadores de impuestos que siempre quedan al margen de la negociación. Dicho en román paladino: se produce una suerte de chantaje/soborno de unos a otros que se soluciona con un pacto cómplice en beneficio de ambos, y cuyo costo pagamos el resto.
Quizá una golondrina no haga verano pero se le oye trisar a lo lejos y muchos miran a ver si el calor es más intenso y el estío se aproxima. En esta ocasión, los diputados que han renunciado a privilegios de comidas o seguros médicos han llamado la atención del elector y rentabilizado su imagen a bajo costo. Eso, además de ser una inversión política para el futuro, supone un acto de honestidad y una iniciativa que seguramente traerá otros debates sobre el uso adecuado del dinero público y cómo debe gastarse para los fines establecidos, y no para pagar desmanes de algunos impresentables, como aquel que gastó una grosera cantidad en mariscos.
Los grandes cambios inician con pequeñas muestras que construyen y jalonan el camino hacia la decencia, aunque algunos todavía prefirieran contumazmente seguir en el barro.

lunes, 27 de enero de 2020

El síndrome de los prejuicios

Pareciera ser que padecemos una especie de mal endémico que promueve crítica constantes, al margen de la razón 

Una sociedad extremadamente conservadora -como esta- no se ajusta bien a no importa qué cambio y necesita tiempo de calibración que en ocasiones es superior al siguiente cambio que debe asimilar. Hartos del anterior gobierno, seguimos con la inercia de la descalificación o de la falta de apreciación de lo que la nueva administración hace. Si decreta estado de prevención en ciertos lugares, se cuestiona por qué ahí y no en otro sitio; si anula infaustos nombramientos del servicio exterior que los anteriores hicieron con los pies, que por qué en lugar de doce no son más; si propone cambios a leyes sobre calificación de las pandillas o mayor protección a la actuación de la PNC, surgen idénticas apreciaciones negativas y si cambia la cúpula policial, recuperando la que el anterior ministro de gobernación escabechó, no se le hace el ruido suficiente de admiración y aprecio. 
Pareciera ser que padecemos una especie de mal endémico que promueve críticas constantes, al margen de la razón que, por otra parte, se echa de menos en los comentarios. Hay demasiada visceralidad y, sin importar el asunto, se utiliza la descalificación sistemática sin sustento en hechos y razones. “Este será lo mismo que el otro”, “es un corrupto”, “no hace nada”,…, y así nos vamos día tras día repitiendo como cotorras frases que ya pueden considerarse síntomas naturales de ese síndrome de los prejuicios.
No nos hemos acostumbrado a valorar acciones y cambios que, por otra parte, son necesarios. El problema principal, a mi entender, es que no tomamos conciencia de lo sumamente mal que estamos y seguimos queriendo parchear cualquier cosa en lugar de comprender que hay que hacer cambios muy radicales y, como en todo, comenzar es especialmente difícil cuando el problema supera cualquier dimensión previsible. Además de otras acciones contra la delincuencia organizada, se han realizado más de 60 allanamientos por el MP en los tres municipios en los que se aplicó el estado de prevención, lo que nos debería decir algo porque no son actuaciones que se planifique de uno momento a otro.
Es cierto, también, que hay errores en algunas decisiones de gobierno, y no se pueden tapar, esconder ni disimular. Quizá sea ahí donde haya que poner la energía suficiente para, destacando algunas cosas bien hechas, se traslada al gobernante la necesidad de reconducirse en otras cuestiones, como por ejemplo el nombramiento del Comisionado Presidencial para los Derechos Humanos.
En política las percepciones representan, en ocasiones, la única valoración que hace el ciudadano, independientemente de la realidad que ocurra. Es importante promoverlas porque el sentir diario es bastante descorazonador y se requiere de mucho ánimo y entusiasmo para soportar las dificultades diarias: violencia, tráfico, corrupción, violaciones, niños que mueren de hambre o prepotencia de algunos políticos, entre muchísimas otras. Debemos tomarnos un tiempo -quizá 3 o 6 meses- para ver si se endereza el rumbo de cosas que nos preocupan a diario y desde siempre y, sobre todo, evaluar y analizar las actuaciones de gobierno con números, datos, hechos y razones. No podemos seguir despotricando lo que se quiere cambiar porque no nos gusta adaptarnos y asimilar que el ser humano es plural y qué hacer las cosas de otra forma no es tan importante como que se produzcan los cambios necesarios.
Yo le doy tiempo a este gobierno y mientras leo un libro o veo cine, porque refugiarme en los combates de boxeo entre alcaldes mediocres me termina matando las neuronas necesarias para atender lo importante en la vida. Usted haga lo que considere oportuno, pero recuerde que el país está en juego.

lunes, 20 de enero de 2020

Lo fácil es reaccionar, lo difícil es empezar

Dar continuidad a políticas requiere de una decisión firme, pero implementar nuevas políticas públicas es todo un acto de valentía

Tenemos nuevo gobierno desde hace una semana, una administración pública renovada. Superada -y casi olvidada- la vergüenza que nos hizo pasar el saliente hasta el último día: retraso en el relevo, toma de posesión de cargos en el PARLACEN con nocturnidad para mantener la inmunidad y otras cuestiones no menores, la ciudadanía pasa de aquellos inútiles para concentrarse en lo importante: el porvenir de todos y de país que integramos.
El Presidente Giammattei había anunciado que tomaría decisiones contundentes y trascendentes desde el primer día, y no ha dejado de hacerlo. Ha roto relaciones diplomáticas con Venezuela sin tibieza que es lo que hay que hacer con las dictaduras y no jugar -como es costumbre hemisférica- con medias tintas y retóricas de sumisión. El Ministro de Relaciones Exteriores ha derogado la norma sobre política de rotación y traslados que dejara su antecesora y anunciado el relevo de la caterva de inútiles, aprovechados y parientes de quienes les hicieron favores en su momento, y que conforman una parte del plantel diplomático nacional en el exterior. Solo queda esperar a que sean cesados y regresados al país y a sus casas, porque su capacidad no les permite ocupar puestos públicos. Declaró el estado de prevención en dos municipios con altos índices de criminalidad -extorsiones en concreto- y lo hizo temprano, sin que le temblara la voz y justificando claramente la acción que, a la postre y en política, tiene un valor preeminente entre los factores que concurren en la toma de decisiones. No ha hecho uso del Twitter ni de las redes sociales, como es costumbre en otros, pero ha dejado claro que seguirá actuando a pesar de que algunas cuestiones puedan criticarse, comentarse o afinarse.
No faltaron, sin embargo, quienes han censurado la acción de persecución contra grupos criminales organizados en Mixco y San Juan Sacatepéquez ¡Una pena que personajes cercanos a la izquierda ideológica -porque ahí militan- mantengan esos discursos trasnochados que tanto daño han hecho en muchos lugares, y de los que la historia da muestras suficientes! Y es que siempre están presentes aquellos que se manejan crítica y mediáticamente con descalificaciones permanentes.
Dar continuidad a políticas requiere de una decisión firme, pero implementar nuevas políticas públicas es todo un acto de valentía. Debemos tomar conciencia de que estamos realmente mal en muchas cosas y sin tener que echar mano justificativa del pasado, tenemos que emprender acciones difíciles a futuro. La delincuencia campa a sus anchas por la mayoría de los municipios del país, la economía informal -que no paga impuestos directos- es norma de conducta para muchos, la educación está estancada por un sindicato corrupto y depredador -al igual que la salud y otros sectores- y lo que nos pueda parecer más avanzado no supera límites aceptables en muchos lugares.
Es tiempo de empujar o jalar -según el lugar del carro en el que se sitúe- pero hay que dejar de quejarse y justificar que todo podría ser mejor si hubiese pasado tal o cual cosa. Esos argumentos, por cierto, esgrimidos en la conformación de la Junta Directiva del Congreso, nos anclan en el dilema nacional perpetuo: elegir entre dos males, sin darnos cuenta de que de ahí solo se sale evidenciando a los inútiles y provocando condiciones para que ellos mismos se vayan o el sistema los rechace.
¡Hagamos lo difícil: empezar a ser nosotros mismos! Es hora de mirar hacia adelante con esperanza y prudencia y focalizar las energías en proposiciones y no en críticas, aunque no haya que dejarlas a un lado definitivamente para no perder el buen rumbo.

lunes, 13 de enero de 2020

14 de Enero: día de la esperanza nacional


El nuevo gobierno cuenta con un crédito corto, pero suficiente, y deberá adoptar medidas contundentes

Hoy es un día en el que cada cuatro años repetimos sensaciones y emociones moteadas por la desilusión del tiempo perdido. El proceso de cambio presidencial se produce con menos fe -si todavía queda- y con reducida dosis de esperanza en la medida que posteriormente nos desilusionamos con las nuevas autoridades políticas. Una especie de efecto repetitivo, de repitencia escolar por superar ese curso que se nos complica y que pareciera no haber forma de aprobarlo.
El ciudadano chapín puede tener muchos defectos, pero la virtud de la esperanza, ese estado anímico optimista en que una persona espera un resultado favorable a su causa, la tiene más desarrollada que la mayoría de las habitantes del planeta. En todas las tomas de posesión se resalta el momento histórico que se vive y la oportunidad para generar cambios políticos, económicos y sociales en el país. Y es verdad, aunque más tarde nada de eso ocurre.
Me desilusioné con muchos gobernantes, pero admito que fue Pérez Molina quien más desazón me produjo porque lo creí capaz de hacer las cosas diferentes, y ahora Jimmy Morales que desaprovechó la mejor oportunidad histórica de este país -en su era democrática- para asentar bases suficientes de progreso. Sin embargo, perdió el tiempo y retrocedió sensiblemente ¡Cuatro años desaprovechados! Le dimos poder y supimos cómo era.
Comienza hoy una nueva andadura y debo reconocer lo que creo que son virtudes de Alejandro Giammattei y de su Vicepresidente Guillermo Castillo. Hay capacidad, ideas claras e intención manifiesta de hacer cambios radicales. Nada es perfecto, pero admito un alto grado de sentido común en muchas de las propuestas del binomio y confío en que se den pequeños pero necesarios pasos. No obstante, y creo que es un sentimiento compartido con muchos, hemos sido golpeados con el desengaño en múltiples ocasiones y todo lo anterior se cubre de un barniz de prudencia que nos hacer ser más cautos que en otros momentos.
De lo que no se puede volver atrás es de la ola de cambios que se desató en el país hace un lustro. Cada vez es más difícil robar, corromper, cobras coimas o hacer fullerías, aunque se siguen haciendo, y comienzo a respirar un ligero olor a decencia que todavía sabe a poco pero que progresivamente se instala en el ambiente. Muchas sociedades han atravesado momentos como estos y fueron capaces de superarlos. Aquí no somos tan diferentes y debemos comenzar a construir nuestro futuro.
El nuevo gobierno cuenta con un crédito corto, pero suficiente, y deberá adoptar medidas contundentes contra ciertas formas anómalas de proceder, así como tomar decisiones que no serán fáciles pero que son necesarias. Acometer con fuerza y constancia dos o tres proyectos por año: Ley servicio civil, ordenamientos servicio exterior, LEPP, modificación del sistema de justicia o hacer eficientes los ministerios de salud y educación, entre otros, es necesario porque “quien mucho abarca poco aprieta” y flaco favor harían al país -y a ellos mismos- si no son capaces de emprender los cambios necesarios.
Con la nueva administración la anterior saldrá de toda preeminencia pública, prioridad en el tráfico, portada en los medios y privilegios y pasará a la historia como una de las más incapaces, con alta desaprobación y una deuda social enorme. Un relevo más que da paso a la ilusión y a la esperanza y dibuja, aunque sea en nebulosa, un horizonte posible de futuro a medio plazo. Esperemos que los pocos niveles de tolerancia no disminuyan con los años por venir pero de momento la esperanza prima.

lunes, 6 de enero de 2020

Corrupto, inútil e incompetente.

Un Presidente corrupto que se apoyó en delincuentes bajo el paraguas del partido FCN que lo llevó al poder

En una semana, el gobierno más inútil e incompetente de la era democrática guatemalteca -¡y mira que hay candidatos!- terminará sus funciones. Tomo un párrafo de noticias de la BBC que se puede completar y apenas condensa el necesario desahogo que muchos necesitamos sobre la sensación que se tiene a solo siete días de que ¡por fin! se vayan: Ha habido gobernantes homicidas, como Nerón o Gengis Kan; incompetentes, como Eduardo II de Inglaterra (1284-1327); completamente indignos de confianza, como Carlos I de Inglaterra y Escocia (ejecutado en 1649); o amables pero inadecuados, como Luis XVI, el último rey de Francia, o Nicolás II, el último zar de Rusia. [Aquí sus apreciaciones sobre Jimmy Morales]
Cuando se elige a un mal comediante como gobernante -y a un vicepresidente compinche y holgazán- es normal que las cosas tengan un final dramático. Con aquel lema de “ni corrupto ni ladrón” embaucó a muchos que lo percibieron la opción menos mal del momento. Sin embargo, no prestaron atención a cómo la RAE define parte de su lema electoral: Corrupto. Que se deja o ha dejado sobornar, pervertir o viciar. 
Un Presidente corrupto que se apoyó en delincuentes -algunos prófugos- bajo el paraguas del partido FCN que lo llevó al poder, y que durante la legislatura se ha asociado a lo peor de la clase política ¡Solo hay que ver a quienes designaron de candidatos a la Presidencia en las pasadas elecciones! Un corrompido que recibió por varios meses -hasta que los medios de comunicación lo evidenciaron- un sobresueldo del Ministerio de la Defensa, a pesar de ser uno de los mandatarios mejor pagados del mundo. Un inmoral que se dejó comprar lentes caras de marca y otras frivolidades con fondo asignados a la SAAS y que de no ser por los medios de comunicación -nuevamente- jamás nos hubiésemos enterado. Un perfecto protervo que permitió que un general acusado de parricidio continuara al frente de una unidad militar porque es hermano de uno de sus principales asesores. Un absoluto licencioso que dejó que el servicio exterior guatemalteco se llenase de indeseables, negados, ineptos o manicuras porque pagó favores a diferentes personajes que le adularon sus torpes acciones. Un incompetente que ridiculizó al país con el intento de compra de aviones Pampa III o apocadamente esconde lo que firmo con USA sobre tercer país seguro…. En definitiva: alguien con nula capacidad política, escasísimo sentido de la razón y arbitrario quehacer que ha atorado el país económica, política y socialmente.
Ha hundido más de lo que estaba el país de nuestros hijos, pero también de los suyos, ¡que no se le olvide!, y no ha evitado la muerte de muchas personas por su corruptela e inacción. No vuelva a decir que no es corrupto porque ahora sabe cómo se define esa palabra. Sin embargo, la culpa no es suya. El mundo está lleno de incapaces como usted, pero también de otros que creen que alguien así les va a resolver sus problemas, y estúpidamente lo votan. Mucha gente lo eligió y ahora debemos asumir las consecuencias de los errores, y no volver a cometerlos.
Usted es una de las peores cosas que le ha podido pasar a este país y a su juventud ¡Vaya con Dios!, y aunque se refugie temporal y cobardemente en el PARLACEN, encontrará seguramente detrás de usted a la justicia durante el resto de sus días que serán suficientes para darse cuenta del daño que ha hecho, y pagar las consecuencias de utilizar un traje le que quedó enorme.

lunes, 30 de diciembre de 2019

Cuerpos que venden, redes que compran

La frivolidad para vender publicidad se ha convertido en algo permitido, poco criticado y foco de atención y trabajo

Llevo tiempo siguiendo en redes el particular e interesado uso de ciertos perfiles por parte de personas que se ofrecen como influyentes. La interacción más intensa se produce entre mujeres atractivas y anónimos perfiles masculinos que utilizan la compasión, la adulación o el cortejo directo. Ellas, las influencers, sabedoras de que fotografías en ropa ligera y con foco de atención en los senos atrae a innumerables desesperados, las utilizan sin pudor para el fin perseguido: conseguir muchos likes. Son las estadísticas que presentarán posteriormente a quien pague por el espacio para promocionar productos de ropa interior, deportiva, cremas y otros que pueden mostrarse en esas particulares condiciones de visualización corporal porque si se muestran más recatadas y con menos descoco, apenas reciben algún comentario o se marca significativamente la diferencia respecto de aquellas otras en los que el bikini, la transparencia o la ropa corta son el centro de la imagen. Además, para mantener la atención constante de sus seguidores, los despiertan o mandan a dormir, con lemas como: “buenos días -o buenas noches- mis amores” o “un beso amigo”, más la correspondiente sonrisa y expresivo emoticono.
La frivolidad para vender publicidad se ha convertido en algo permitido, poco criticado y foco de atención y trabajo para un elevado número de mujeres, y muy escasos hombres. Cuando son ellos quienes ponen su fornido torso o el six-pack muscular -en ocasiones más doble litro- suelen recibir críticas relacionadas con sus preferencias sexuales y no cuentan normalmente con los adeptos suficientes para ser contratados como difusores de bienes y servicios que se acoplen a ese tipo de propaganda.
Entiendo que cada quién tiene la libertad de hacer las cosas como considere, y ciertas empresas anunciarse así, justamente en el ejercicio libre de sus derechos. Sin embargo, me parece que hay un juego permitido que se lleva a cabo en un fino espacio entre lo deontológico, lo ético y lo erótico y merece ser presentado, analizado y debatido por cuanto no deja de promover actitudes que son criticadas en otras ocasiones y espacios, pero permitidas, sin embargo, en redes sociales.
De entrada creo que provoca y fomenta ese machismo condenado en otros comportamientos y actitudes. Quien ligera de ropa se presenta con un “disfruta la vida” está queriendo generar deliberadamente respuestas, actitudes, comentarios e interacciones justamente en ese indefinido espacio que, cuando se sobrepasa, molesta y se rechaza. No es de recibo provocar dinámicas perversas pero exigir que no pasen el límite que, por cierto, no está fijado; como tampoco es de recibo que la excitación justifique la agresión o el abuso. Nos desplazamos a ambos lados de una la línea fina sin saber muy bien en qué lugar estamos en cada instante.
En el fondo, lo que persiguen quienes así actúan es contar con muchos seguidores y vender su perfil para promover e “influenciar” a determinados sectores. Los seguidores, por su parte, se suscriben y cuentan con imágenes gratuitas y gratificantes de su particular erotismo y con un espacio para explayarse con comentarios de todo tipo. Lo que nunca me quedó claro es que ganan quienes ahí se anuncian y cómo pueden convencerse de que un grupo de coquetas, seguidas por otro más numeroso de desesperados, promueven eficazmente lo que anuncian, cuando la interacción realmente se produce por otras cuestiones. Supongo que deberé seguir con la observación para ver si consigo entenderlo en algún momento.
Por cierto feliz 2020, a solamente catorce días -¡apenas dos semanas!- para que finalice el peor gobierno de la era democrática de este país.

lunes, 23 de diciembre de 2019

Nostalgia: "ser y estar" en Navidad

“Estamos”, pero no “somos” y se pasa por alto una triste realidad que desconocemos sin implicarnos en ella

Siempre me gustó esa agudeza del idioma español que cuenta con dos verbos: ser y estar, para lo que otros idiomas emplean uno solo: être o to be. De ahí que sea difícil para muchos que no dominan la lengua de Cervantes distinguir cuando se “es” y cuando se “está”. Ser, implica fusión con el entorno, formar parte de algo de forma sustantiva, integrada, plena. Estar, por su parte, no pasa de posicionar a alguien sin que necesariamente se funda con cuanto lo rodea y lo tome como propio, incluso puede que el entorno le pase desapercibido. Sutilezas semánticas que lejos de ser intrascendentes tienen enorme implicación cuando se usan apropiadamente para expresarse con precisión ¿Qué harán francófonos y anglófonos para superar tal vacío?
Hoy que es Nochebuena recuerdo -con cierta melancolía- cómo se vivía más intensamente la Navidad cuando era pequeño. Se “era” Navidad porque se formaba parte del ambiente, del entorno. Hacíamos belenes o se montaba el arbolito como cada quien entendía y podía porque no siempre se disponía de materiales apropiados. Visitábamos a amigos y familiares e íbamos engordando en la medida que se engullían mazapanes y mantecados, algo propio de esas fechas porque no estaban disponibles el resto del año. Esperábamos con ilusión el pavo navideño que en muchos hogares era la única vez que se asomaba a la cocina de gente humilde -como era mi casa- y cantábamos villancicos con panderetas y carracas porque, además de la radio, no había otra distracción. Más tarde, llegó la televisión, y con un único canal que terminaba a medianoche, aumentó el jolgorio festivo de esos días especiales.
Nunca tiempos pasados fueron mejores, pero son los que uno recuerda. Ahora que estamos en Navidad, muchos se quedan en ese verbo y situación. Viajes, diversiones, convivios, licor…, y vivimos el entorno sin darnos cuenta de lo que nos rodea. “Estamos”, pero no “somos” y se pasa por alto una triste realidad que desconocemos sin implicarnos en ella. Decenas de niños mueren de hambre a nuestro alrededor y cientos de niñas violadas en estos días quedan embarazadas, por no contar el centenar largo de asesinados. Llenamos las iglesias de cánticos, posadas, loas, plegarias y besa pies de la imagen de Jesús niño, pero al terminar la ceremonia evidenciamos ese divorcio entre fe y vida que Juan Pablo II censuró. Y es que cuando “estamos” únicamente formamos parte del decorado. Si “fuésemos”, seguramente viviríamos la realidad, tomaríamos conciencia y nos dolería todo lo que ocurre que además es perfectamente evitable. Los niños se mueren porque el sistema -del que formamos parte- no los atiende; la niñas son violadas porque el sistema -que construimos- no educa, disuade ni actúa; se comenten homicidios porque el sistema -que no cambiamos- genera enorme impunidad.
Yo quisiera retornar unos minutos al pasado, aquel en el que felices y dichoso, con alma cándida de niño o de joven, caminábamos varias cuadras a buscar almendras o castañas calentitas, para sonreír sin importar lo que pasara. Pero cada época tiene sus notas particulares y no hay que dejar de vivirla y disfrutarla aunque no es tarde para ese necesario llamado de atención sobre la falta de visibilidad de un entorno que ha dejado de doler, si es que alguna vez lo hizo, y la necesidad de fijarse metas de cambio en cosas que no son ideológicas ni de sectores específicos. Superar la pobreza, cuidar a la niñez y el respeto a la vida, son cuestiones generales en las que deberíamos estar todos de acuerdo. 
Dicho eso, muy Feliz Navidad para todos.