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lunes, 27 de septiembre de 2021

Migración, política y libertad

Quizá, y solo quizá, el fenómeno de la migración, en su más amplia dimensión, no tiene una solución suficientemente aceptable

En la frontera mexicano-norteamericana hay varados unos 20 mil haitianos. Más al sur, en la frontera mexicano-guatemalteca, alrededor de 40 mil migrantes esperan qué hacer y parece que el futuro será parecido al de miles que fueron enviados a sus países de origen a través de Guatemala. Analistas y escritores han abordado el tema de la migración bajo diferentes puntos de vista: Walzer, Miller, Huntington, Cole, Nozick, Schwatz, Pogge, etc., y casi todos ellos han coincido en algo, aunque también tienen discrepancias considerables.

Suelen estar de acuerdo en que no existen razones morales para impedir la migración y que cualquier refugiado -aquel que es perseguido en su país- debe de ser acogido. Sin embargo, no todos concuerdan cuando, desde diversos ángulos, abordan el derecho del migrante voluntario y no perseguido: aquel que en la búsqueda de un mejor futuro cambia libremente de país por diversas razones. En ese caso, se generan distintas reflexiones y se posicionan diferentes soluciones, todas ellas razonables y justificadas. Hay quienes aceptan la migración temporal sin ciudadanía plena, para evitar que puedan transformar el país que los recibe a través de la política; otros, estiman que hay peligro de aculturización desde varios enfoques: religioso, idiomático o étnico, y que el cambio de valores pone en peligro a la comunidad; un tercer grupo plantea la seguridad como tema central, por el riesgo a recibir criminales o incluso terroristas y, finalmente, también hay debates sobre los costos económicos que deben de asumir las sociedades receptoras de migrantes -especialmente en salud, educación y ayuda social- y cómo repercuten negativamente en el Estado de bienestar construido y pagado -por años- por los ciudadanos del lugar.

Muchos de los autores son norteamericanos y es evidente que su pensamiento y concepción filosófico-moral del asunto ha permeado el actuar de esa sociedad y de sus gobernantes, así como el accionar político en sus fronteras, a través de la fuerza de ideas que muchos no advierten. Quizá, y solo quizá, el fenómeno de la migración, en su más amplia dimensión, no tiene una solución suficientemente aceptable, porque abarca un extenso y complejo abanico de aspectos, muchos de ellos mutuamente excluyentes: derechos individuales y grupales, protección/seguridad y libertad, costos a absorber por contribuyentes y solidaridad, y otras cuestiones que llevan a la conclusión de que sencillamente no hay una única solución convincente. De esa cuenta, mientras se debate y “se busca la misma”, se tiende a mantener la protección en nombre de la seguridad nacional, y reducir el riesgo percibido para evitar incidir negativamente en la calidad de vida que se disfruta en el país al que desean llegar los migrantes, especialmente en “tiempos de terror”. A lo sumo, se establece un sistema de cuotas de ingreso bajo estricto control del gobierno.

“Las sociedades liberales, en general, ofrecen a sus miembros suficiente libertad de movimiento”  que es lo que David Miller considera puede ser una especie de solución o resumen del análisis del tema. Es decir: sólo parece haber soluciones puntuales, momentáneas o coyunturales, y eso es lo que refleja la actual situación descrita al inicio.

Educados desde pequeños en modelos nacionalistas y patrióticos, promovidos desde el estatismo del que algunos tanto gustan, es complicado ser empáticos con extranjeros migrantes. Y mientras Kukathas apuesta por “repensar el Estado de bienestar” y Rawls, con su teoría del “velo de la ignorancia”, hace una buena aproximación al tema, aunque sin ofrecer la solución definitiva, el resto aceptamos condescendientemente que vengan, mientras sean otros quienes los atiendan y se hagan cargo de ellos ¡Esa corrección política, tan liberadora, de la doble moral!

lunes, 20 de septiembre de 2021

Un poco de su propia medicina

Lo triste es ver como ciertos ciudadanos siguen defendiendo regímenes como el cubano bajo argumentos de que aquí están peor que en la isla

El dictador Díaz-Canel, cachorro y heredero de los también dictadores Castro, y perpetuador del régimen criminal cubano, recibió varios tirones de orejas en lo que, pensaba, era feudo propio consolidado: la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC.

El presidente de Uruguay, primero, y posteriormente los de Ecuador y Paraguay, le dijeron verdades silenciadas por esa corrección política que envuelve las reuniones de alto nivel. En resumidas cuentas recordaron al opresor cubano que en la isla no hay democracia y que lo que se debería de hacer en esas cumbres -lejos de comunicados superficiales vacías de contenido- es promover el espíritu democrático y no permitir la censura, consentir el encarcelamiento de la oposición o callar el silenciamiento de quienes cuestionan a los mandatarios. Lecciones de democracia ausentes en esas reuniones desde…, siempre.

El presidente Lacalle, extendió su contundente comentario a Nicaragua y Venezuela, otras dos dictaduras sostenidas y defendidas por algunos -y algunas- que se dicen defensores de derechos humanos, actitud hipócrita suficientemente conocida en la región y que tiene nombres y apellidos. Pero no sólo se confrontó a la dictadura más antigua de la región -Cuba- y a su “comandante en jefe”, sino que también dejó en ridículo al régimen del veleidoso y anfitrión del cubano, el presidente Andrés Manuel López Obrador, que enmudeció y desinfló las esperanzas puestas en una convocatoria purificadora de su nefasto actuar político en México, algo que medio salvo su canciller.

Lo triste es ver como ciertos ciudadanos siguen defendiendo regímenes como el cubano bajo argumentos de que aquí están peor que en la isla, dejando siempre de lado -no puede ser de otra forma- lo que le recordó el presidente Lacalle al lacayo Díaz-Canel: “…, cuando desde el poder se usa el aparato represor para acallar las protestas, cuando se encarcelan opositores, cuando no se respetan los derechos humanos…”. Es cierto que en las democracias imperfectas -que tenemos o que construimos- hay gravísimos problemas, pero las dictaduras -Cuba, Venezuela o Nicaragua- anulan la libertad y asesinan y torturan directamente, y eso no tiene justificación alguna, salvo para desalmados o hipócritas ¡Ojo con Bukele!

El problema de esa tolerancia -política y ciudadana- es que por falta de permanente condena se intenta reproducir en otras partes, como ocurrió en Bolivia, Ecuador, Argentina y ahora Perú ¡Qué bueno que esos presidentes tuvieran el coraje de poner a los dictadores en su sitio que es lo que nos falta a la mayoría de los ciudadanos! Becas de estudios en Cuba o médicos esclavizados en muchos países del mundo, silencian voces de quienes se autodenominan “defensores de derechos humanos” y de muchas de sus organizaciones, a quienes les importa un soberano carajo los doctores que son enviados a la fuerza por el mundo bajo amenazas de castigos o presión a sus familias, mientras los gobiernos pagan a Cuba una cantidad que nunca verán reflejada en sus cuentas.

El hecho de que lo anterior haya ocurrido en este mes de la independencia de América Latina, dice mucho más de lo que se pueda apreciar. Algunos han optado por el discurso de que “no hay nada que celebrar” mientras silencian esas dictaduras criminales que por años presionan a sus ciudadanos y promueven idéntica ideología en la región. Aquí, ciertos grupos y personas son afines a esos regímenes y desearían se implementara en Guatemala, pero con ellos en el poder, razón por la que no migran a esos “paraísos socialistas”. De hacerlo, formarían parte de los dominados y ellos -deseosos del autoritarismo- también añoran el poder, porque sin él entienden perfectamente eso de la dictadura y sus consecuencias.


lunes, 13 de septiembre de 2021

El laberinto del Ministerio Público

En dicha institución se manejaban dos registros independientes y desconectados: el de cierta fiscalía y el general, además de otro “en la nube”

Sucesos recién pasados en el MP invitan a reflexionar sobre la justicia, particularmente sobre el proceso de investigación y los derechos ciudadanos. Se supo que en dicha institución se manejaban dos registros independientes y desconectados: el de cierta fiscalía y el general, además de otro “en la nube”: declaraciones recibidas y no registradas en ninguno de ellos ni conocidas por auxiliares o agentes fiscales. Por tanto, cualquier persona que estuviese siendo investigada y quisiera conocer ese extremo, no podría saberlo posiblemente porque dentro del MP la información disponible no estaba interconectada. Eso vulnera derechos al impedir acceder a información pública sobre el interesado y lo que la administración de justicia pudiera estar haciendo, aunque el detalle sea reservado. Agregar que esas investigaciones pueden estar activas por años -o indefinidamente- estableciéndose un amarre permanente a las veleidades fiscales.

Además, hasta que el caso no es judicializado -primera declaración- el sujeto investigado no conoce su causa, las actuaciones que sobre él se hacen ni mucho menos si se le vulneró algún derecho, porque la información simplemente no estaba totalmente disponible, no aparecía en el sistema, producto de esos particulares registros, y no me refiero al detalle de la investigación -eso es confidencial- sino al hecho de tener abierta una. Sumemos a lo anterior que si el sujeto no está disponible a la acción de la justicia -porque está huido- no puede acceder al expediente, procedimiento implementado con la finalidad de que se allane, y que supone una interpretación extensiva de la norma, puesta en práctica en la época de CICIG con la aquiescencia y el visto bueno de la CC anterior, aunque ahora parece resultar incómodo.

Algo más sobre lo que reflexionar es cómo se enviaban y constituían casos en algunos juzgados de mayor riesgo. La ley determina que la fiscal general es la única que puede solicitarlo, y la CSJ concederlo. Pero como eso resultaba engorroso y restaba poder, se encontró una forma de vulnerar los filtros, y consecuentemente los derechos. De esa cuenta, autorizado un caso como de mayor riesgo -siguiendo el procedimiento legal descrito- se enlazaban otras investigaciones con el mismo y se “adjuntaban” a aquel, generando un expediente encadenado artificial o interesadamente, y con múltiples casos enlazados al inicial aunque algunos supuestos delitos no tuviesen nada que ver con mayor riesgo, pero aseguraban direccionarlo al juzgado “amigo”. Otro fraude de ley para eludir la necesidad de solicitar el oportuno permiso a otras instancias en beneficio de la observancia de derechos individuales.

En nombre de la justicia, no se pueden cometer injusticias; en nombre de la verdad no se debe andar mintiendo, y en nombre de la seguridad no hay que permitir el secretismo. Si por conveniencia lo hacemos, promoveremos un gobierno de personas y no de principios, leyes e instituciones. El riesgo, como no escapa al entendimiento, es que según sea la persona, la justicia, la verdad o la seguridad tendrán una dimensión diferente y un efecto muy distinto, y esa es la razón por la que -por siglos- filósofos políticos y jurídicos han apostado por construir instituciones de justicia sobre sólidos principios universales, generales e iguales para todos, y no para los amigos o los enemigos, según el momento o la situación. En contraposición, algunos crearon -y otros sostuvieron- aquello de: “ a los amigos todo, a los enemigos palo y a los indiferentes la ley”. Seguro que cualquier atrevido estudiante de Derecho decide apelar esos desmadres y termina por ganar en la corte.

¡Al tanto si no!

lunes, 6 de septiembre de 2021

Dos más dos siempre son cuatro

No hay ayudas “gratuitas”, transporte “gratuito”, escuelas “gratuitas” o salud “gratuita” porque sencillamente todo tiene un alto costo

La situación que vive Venezuela, Nicaragua, Honduras, Perú o El Salvador, por citar algunos ejemplos de muchos, no es producto del azar sino de las condiciones políticas, sociales, jurídicas y económicas creadas por gobiernos y políticos que generan un ambiente de rechazo, confusión e ineficacia. Descontentos que hartan al votante y lo hacen tomar decisiones promovidas por pasión más que en razón; electores que prefieren optar por quienes les prometen solucionar problemas que otros crearon, sin advertir que pueden caer en un agujero mucho más profundo, algo que se oculta en discursos emocionales y se acepta por el hastío y el cansancio de años de frustración.

Desde 2010, aproximadamente, el poder adquisitivo de los ciudadanos latinoamericanos ha ido en disminución. La pandemia ha venido a reducir el número de personas de clase media y ha hecho crecer -en todos los países- la brecha entre ricos y pobres, generando además, un incremento de la desigualdad y deteniendo la reducción de la pobreza, o incluso incrementándola, en ciertos países. El cierre de pequeñas y medianas empresas (PYMES), consecuencia del COVID, refuerza el escenario y lo sustenta.

Motivado por lo anterior, la población exige a los gobiernos soluciones a sus innumerables problemas: desempleo, poder adquisitivo, precios, educación, salud, y un sinfín de cuestiones, sin advertir que eso no es posible y que únicamente complica la labor de la administración, incrementa los impuestos y facilita el nivel de corruptela, que es lo que se ha visto en muchos lugares. No hay ayudas “gratuitas”, transporte “gratuito”, escuelas “gratuitas” o salud “gratuita” porque sencillamente todo tiene un alto costo. Sólo con impuestos pueden los gobiernos cubrir los desorbitados costos de esas exigencias, así que el reclamo, por quienes consideran tener derechos sin responder a obligaciones es, además de irreflexivo, inútil.

Entre gobiernos que no sirven y ciudadanos que exigen lo imposible, surge un espacio de crecimiento para el discurso radical, en sus versiones extremista o populista. Es la razón de la aparición y sostenibilidad de radicalismos -de derecha o de izquierda- en prácticamente todo el mundo, pero también de populistas de diferente corte. Los extremos, históricamente hablando, han tenido éxito justamente en momento difíciles: crisis económicas, fin de guerras, revoluciones, etc., y los resultados que la historia nos refleja, han sido catastróficos: revolución rusa, fascismo, nacionalsocialismo, franquismo, castrismo, chavismo, orteguismo, etc. El ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, por tanto es sencillo comprender la razón de caer una vez tras otra en esos crueles paréntesis históricos, pero cuando no se lee ni se toma tiempo para razonar, es muy simple la explicación.

Estamos en ese límite en el que un paso más nos puede llevar, en pocos años, a que algún personajes de esas características termine gobernando el país, y luego vean a Bukele y su reelección. Puede ser un extremista o un populista, no es tan importante a fin de cuentas, porque el desastre para los años venideros será similar. Siempre existe la posibilidad, en la mente de algunos, de que no será así y tal persona o cual revolución harán cambiar las cosas para bien, aunque no es lo que dice la experiencia histórica. Quienes votarán dentro de dos años, y especialmente los jóvenes, deben de recordar que pueden destruir a su generación, porque esas cosas vienen a quedarse por años, así que mejor meditar sobre el futuro. A los que ya no veremos muchos de esos desastres, solicitarles idéntica responsabilidad, porque dos más dos siempre son cuatro y luego de nada vale quejarse.

lunes, 30 de agosto de 2021

Cuento chino, mamushka rusa y Disney World

El puerto de Santo Tomás simplemente no puede ceder terreno a rusos. La explicación está en su localización estratégica

El repetido e insistente mensaje de que vienen los rusos a quedarse con un puerto y mineral nacional no es producto de la casualidad. Me sorprende que durante dos semanas -y todavía queda- un medio estuviera constantemente machacando -y otros replicando- la idea de que los “rusos” vienen a babosearnos. Dos cosas se quieren posicionar en el imaginario social, porque en ellas se ancla la estratégica idea-fuerza: “rusos y corrupción”.

El puerto de Santo Tomás simplemente no puede ceder terreno a rusos. La explicación está en su localización estratégica -cerca de Honduras-Nicaragua- porque facilitaría el control de El Caribe y seguro incordiaría, también, a los aliados del 10 de Downing Street. El gobierno ruso ha sido un eficiente proveedor de armas a Nicaragua, particularmente un batallón de tanques T-72B1, que representa un serio desequilibrio de fuerza en la región, además de misiles antiaéreos, entre otras. Pero lo más preocupante desde la perspectiva estratégico-operacional es la estación “Chaika”, un sistema alternativo al GPS que concede cierto grado de libertad de acción al tradicional enemigo USA, y dentro de su espacio de influencia. 

China introduce en su esfera a El Salvador y Rusia a Nicaragua; Honduras está perdida con el narcotráfico y veremos que rumbo toma, así que en Langley seguro se preguntan: What is this? ¡El único país con el que todavía hablamos se nos llena de rusos!, y activan el 7º de caballería. Fotografían los aviones de los empresarios, los vigilan, acopian información y, sobre dos hechos -verdad, media verdad o mentirijilla- se organiza el plan operativo mediático; Watergate y las armas químicas en Irak, fueron dos hechos con cierto grado de similitud. No son periodistas investigadores quienes hacen las averiguaciones -perdón por la tristeza que diría Joaquín Sabina- sino profesionales en inteligencia que la filtran dosificada para defender intereses del norte, y concurrentemente los de algunos empresarios que exportan mercancías por el muelle flotante, también parte de la ecuación. A lo anterior se suma la historia -verdad, media verdad o mentirijilla- de la famosa alfombra de dinero, algo bien burdo -aunque conociendo a “mi gente” no es de descartar- y el exfiscal Sandoval la pone sobre la mesa, con evidente impulso norteamericano, tal y como sucedió con el tema del excarcelamiento de Gustavo Alejos.  

Pasamos de la Guerra Fría a la Bronca Tibia, pero con dos frentes: ruso y chino. La lección no aprendida por los norteamericanos es que cuando se distraen en Oriente Medio, aquellos dos aprovechan para colarse en el patio trasero, que fue lo que hicieron en Venezuela y Nicaragua -Cuba ya la tenían- y terminan por darles matarile con lenta reacción de Washington. Los rusos son más directos, los chinos más sutiles, pero ambos persiguen lo mismo, que no es diferente a lo de los estadounidenses. Vean el anclaje de los rusos en Venezuela y el reciente de los chinos en Montenegro, y cómo pretenden -por impago de una deuda- controlar un puerto en aquel país europeo.

Por aquí, a lo tortrix y tropicalizados, nos distraemos discutiendo si la alfombra estaba llena de billetes o no era alfombra, o que la empresa quería paga 1 dólar en lugar de 4 por metro cuadrado, como si eso importara a quienes manejan miles de millones de dólares. Nos quedamos en lo superficial mientras con cuentos, mamushkas o Disney adormecen nuestra infantil actitud y escaso razonamiento crítico. Enojados los unos con los otros, se despelotan de risa de nuestro infantilismo y capacidad de manipulación, y desde sus cuarteles generales planifican la próxima, de la que tampoco nos enteraremos ¡Viva el Bicentenario!

lunes, 23 de agosto de 2021

Ética, democracia y legalidad

Las normas son para cumplirse y existe una necesidad de que sean justas para todos aquellos que están sometidos a ellas

Cada vez es más triste y desafiante ver cómo el Congreso -y otros poderes- se salta la ley con absoluta impunidad y verdulera desfachatez. El “honorable” presidente de tal organismo dejó claro de qué clase de cuero está hecho cuando -de forma privilegiada- se internó en el Centro Médico Militar por padecer COVID, mientras el resto de los ciudadanos buscaban donde ser acogidos o morían en sus casas porque no encontraban plaza en hospitales públicos. Un auténtico caradura, pero también un déspota inmoral. Alguien a quien le viene grande el cargo y la posición que ocupa, y que ejemplifica eso de que “donde acaba la ley comienza la tiranía” (William Pitt).

Debiendo saber que la constitución exige conocer dentro del plazo de tres días el estado de calamidad decretado por el Ejecutivo, busca excusas, deja de cumplir la ley y escarbar en el estercolero de la dialéctica y la impunidad jurídica. Una -otra- sinvergonzonería de esas que viene haciendo en los últimos años, desde que accediera a presidir el organismo legislativo y avergonzara a propios y extraños con su conducta. Nos acercamos a pasos agigantados a aquello de “el principio esencial del totalitarismo consiste en promulgar leyes que sean imposibles de obedecer” (Hitchens).

Estamos acostumbrándonos a vivir en un estado de ilegalidad permanente y eso es muy grave, y autodestructivo. La gobernanza del país está por los suelos porque un grupos de diputados pasivos, mediocres o delincuentes -normalmente dos de tres- coluden para dejar de observar principios legales que están suficientemente claros en las normas vigentes. No designan magistrados a la Corte Suprema, a pesar de llevar dos años en el “proceso”, o desde la mesa presidencial se imponen formas y silencio a voces disonantes que es justamente la razón de ser de la democracia. Pequeños autoritarios que creen poder hacer constantemente lo que quieren mientras se ríen de una ciudadanía crispada que terminará por justificar actos violentos porque hay demasiada sordera en esta política putrefacta.

Las normas son para cumplirse y existe una necesidad de que sean justas para todos aquellos que están sometidos a ellas. Es la idea que ha desarrollado Occidente y permeado la literatura jurídica de los países que han adoptado el modelo de democracia liberal. No puede ser que en el índice de capacidad para combatir la corrupción (2021), de 14 variables que contempla, la calificada más baja sea la referida a “procesos legislativos y de gobierno y la democracia”, y que el grupo peor puntuado sea el referido a “las instituciones políticas”, tampoco que hayamos estado cayendo desde 4.55 en 2019 a 3.84 en la actualidad.

De seguir así, es cuestión de tiempo que la agresión sea justificada ante un Estado/Gobierno incapaz de comprender la dimensión del diálogo y de no observar las normas que nos hemos dado. Algunos de los que están en la política no han leído más allá de algún folleto de esos que reparten a la salida del super, pero, al menos, deberían atender un principio presentado por Bastiat hace tiempo: “Cuando la ley y la moral se contradicen una a otra, el ciudadano confronta la cruel alternativa de perder su sentido moral o perder su respeto a la ley”. Ante ese dilema, es posible que no se actúe como muchos congresistas -y en especial como suele hacer el Presidente de dicho organismo- y se apueste por mantener la moral. Así que a poquito que deduzca, si la borrachera de poder se lo permite, comprenderá la dimensión de adónde nos está llevando, y lo que puede venir 

¿Les suena Nicaragua, Honduras y El Salvador?, pues eso.


lunes, 16 de agosto de 2021

Élites y pueblo en la neolengua

Hay arduo interés en presentar una realidad artificial como opinión publicada -que no pública- porque los hechos muestran las cosas de otro modo

Es frecuente referirse a élites y pueblo como sustantivos colectivos que engloban grupos indefinidos de personas. “Élites” proyecta una sensación negativa en la que se engloba a personas poderosas, además,  quienes endilgan ese término suelen mezclarlo -como refuerzo- con “oligarcas”. “Pueblo”, por su parte, refleja un concepto positivo de un colectivo oprimido y explotado, representado por una ciudadanía pobre y sumisa. Las palabras tienen significados y percepciones que no siempre coincide, aunque la neolengua trata de aproximarlos con emociones, que siempre son manipulables.

En el país hay élites ladinas e indígenas, élites económicas y élites políticas, y hasta un elitismo social que se adjudica la representatividad de esa masa imprecisa y maleable de “pueblo”. Hay oligarcas en todos lados, porque en el fondo “oligarquías” no son más que grupos pequeños que mandan, y que encontramos en la capital y a más de 300 kilómetros de ella. No toda la élite es mala ni todo el pueblo es bueno, y muchos del “pueblo” resultan ser élites sin saberlo.

Dicho lo anterior -para precisar- es momento de reflexionar sobre las manifestaciones de los pasados días. Si tomamos en cuenta el estudio de opinión de Cid Gallup de julio pasado, el 12% consideraba que los problemas del país se resolvían cuando el Presidente renunciara. Sin embargo, una mayoría del 40% pensaba que todo estaría bien -o mejor- cuando se produjera un diálogo entre el gobierno y la sociedad civil, y juntos buscaran salidas a los problemas. Es justamente la relación presencial que se ha visto en esos bloqueos que algunos han presentado como “un éxito del pueblo”, cuando realmente ha sido un pequeño porcentaje de individuos que pretendía hacer más ruido del que realmente representan, aunque fuera en nombre del ese etéreo colectivo. El estudio de opinión citado incluye otras preguntas como: “qué opina de la situación política del país”, y a la que un alto porcentaje de entrevistados -coincidente con el 40% anterior- manifiestan que “no hay división en el país, pero sí muchas diferencias entre políticos”, seguido de un 28% que opina que “el país está dividido, pero los/las guatemaltecos/as podemos resolver nuestras diferencias pacíficamente.” De nuevo, únicamente el 18% asume el “enfrentamiento”.

Cada vez más, me da la impresión de que hay arduo interés en presentar una realidad artificial como opinión publicada -que no pública- porque los hechos muestran las cosas de otro modo. Parece que “el pueblo” no está con esa oligarquía que pretende tomar el poder a toda costa -sin importar el costo- y con discursos sacados de la manga, salvo que desechemos los estudios de opinión y tomemos como “neociencia” ciertas artificiosas tendencias en redes.

Necesitamos profundos cambios, pero no es con violencia como se lograrán. El consejo permanente de la conferencia episcopal ha sabido responder a tiempo y modular otros comunicados, aunque cierto sacerdote construyó su propio misil nuclear y se despachó desde el púlpito y en redes al mejor estilo de vocero oficial de la teología de la liberación. El canónigo acusó a algunos de no tener arrestos, lo que quizá habría que haberle exigido a él por no tirarse al monte, donde muchos murieron por ese estado de excitación inducida, producto de una doctrina extremista y fracasada, y de ese principio maquiavélico de: es mejor ser temido que amado.

Algunos no han asumido lecciones concretas del conflicto armado, pero siguen vivos. Muchos de ellos alentaron a otros a morir, mientras permanecían escondidos en la sombra de la imprenta o de la sacristía, eso sí ”defendiendo al pueblo” ¡Ojo porque los extremismos matan, independientemente de donde vengan, y aunque no den la cara!

lunes, 9 de agosto de 2021

“Mientras hay muerte, hay esperanza”

Podemos buscar a personas que nos gusten y desechar a aquellas que nos repelen o bien apostar por consolidar las instituciones

Las manifestaciones, bloqueos, cortes o bochinches de estos días transmiten mensajes -más allá de la movilización- que no hay que dejar pasar. Uno de ellos pone de manifiesto que el elitismo y los grupos de presión no son únicamente ladinos, sino que también existen en la organización indígena. En resumen: lo mismo que se cuestiona desde un sector aparece en el otro y las quejas de “criminalización de la protesta social” se reflejan en la “criminalización de discursos que no gustan”  ¡Mismas mañas!

Otra cuestión es la insistencia en mensajes sobre personas. Con nombres y apellidos se pide la renuncia de unos y se elogia a otros, pero nadie habla de instituciones. El modelo de “despedir a unos y contratar a otros” ya se ha hecho, y no ha resultado, aunque podemos insistir en repetir errores, lo que Einstein denominó estupidez humana. No hay propuestas y discusión sobre cambiar el sistema electoral o de comisiones de postulación, así que en un año, una, y en dos, el otro, repetiremos procesos con idénticas normas, lo que nos conducirá al tradicional y experimentado fracasado. Se podría debatir sobre cómo darle validez al voto nulo, elegir en una vuelta o hacerlo por un método diferente -ejemplo: elección por preferencias- pero no nos molestamos en ello. Las comisiones de postulación no funcionan, aunque seguimos insistiendo, y evidentemente los resultados serán los conocidos. La razón de tal obstinación no es otra que ver como contar con suficientes probabilidades para elegir “a los míos”, lo que incita a mantener el sistema y no buscar otro neutral que reste posibilidades al grupo.

La tercera lección de las protestas es que hay que cambiar muchas cosas, y hacerlo pronto. El sistema educativo, el de salud, el de prisiones, el judicial…, no funcionan.; casi nada funciona, porque el sistema topó. En el mediano plazo se percibe un horizonte caótico, violento y de desasosiego, así que enfrentamos el reto de escucharnos y ponernos de acuerdo o llegaremos al punto en que nos destruiremos. Las lecciones por el mundo apuntan a que el cambio suele ser a peor cuando se dan esas circunstancias, por tanto estamos a tiempo de buscar fórmulas y diseñar el plan adecuado para hacerlo al ritmo posible, deseable y que lo permita la situación social y económica, o se impondrán unas condiciones que subirán el ánimo unos años para caer en la más profunda depresión en los siguientes, tal y como muestra Cuba, Venezuela o Nicaragua.

Podemos buscar a personas que nos gusten y desechar a aquellas que nos repelen -forma tosca de hacer las cosas- o bien apostar por consolidar las instituciones buscando ese cacareado bien común que la mayoría traduce equívocamente como interés particular o grupal. El reto está claro, las señales más que evidentes y el hartazgo a punto de llegar a su cenit.

Hay que cambiar lo que está mal: el sistema, y no focalizarse en las personas. El problema de no pensar así es que cuando el personaje no es de nuestra cuerda nos enoja, y despotricamos de todo aquel que lo defiende o no cuestiona. Clamamos ayuda a los USA para que sigan confeccionando listas de antidemocráticos, corruptos o similares, pero eso ocurrió en la era Trump y, los mismos que ahora piden ayuda, se quejaban entonces estruendosamente. Cuando nos gusta, alabamos a los del Norte; si nos disgusta, los acusamos de intervencionistas. Una especie de paranoia sin sentido que únicamente obedece a preferencias ideológicas o viscerales de cada quien y apunta a una única solución viable: desarrollar instituciones en vez de apostar por personas.


lunes, 2 de agosto de 2021

La crisis en el tablero de ajedrez

La destitución del FECI se ha convertido en bandera de grupos que han ido perdiendo piezas en este tablero de ajedrez político-judicial

El pasado jueves aconteció lo que algunos denominaron “paro nacional”. La conferencia episcopal hizo su trabajo con una declaración negativo-predictiva, algo que Nostradamus no hubiese refrendado. Por su parte, los 48 cantones, con cierto estilo autoritario que niega la libertad individual, expresaron en su comunicado que “…, se ha determinado una manifestación pacífica en la que participará toda la población totonicapanense…”, fijando varios puntos de bloqueo de carreteras. En otros lugares, grupos coordinados de unos 10/20 jóvenes se erogaron el derecho de atravesar buses, cerrar cruces viales o poner tablas con clavos en el suelo para forzar a la población a participar en un paro con el que, como se vio, no todos estaban de acuerdo. Por su parte, las redes sociales -mundo cerrado generador de ruido no siempre acorde con la situación- hicieron su trabajo antes y durante del evento; después, difuminaron la realidad para evitar reconocer que la opinión publicada no se correspondía con la opinión pública.

Que todos estamos hartos de la corrupción es algo únicamente negado por mafiosos, que los hay; que la gestión del gobierno en salud no ha sido buena es otro punto de poca discusión, y que la investigación que realiza el MP debería ser más rápida y oportuna, tampoco genera discrepancias. Y aunque todo eso es reprochable, no se puede pretender cambiar un mal gobierno con opciones violentas que vulneran derechos. Quedó claro, salvo para quienes se tapan los oídos, que la oposición política no tiene capacidad de convocatoria ni aceptación suficiente, incluso cuando promueve rechazo contra el actual gobierno. El sistema genera malos partidos -muy malos- y quienes son rechazados en votaciones no siempre son opciones reales de cambio. De hecho, en toda crisis se espera un liderazgo al frente, pero en el movimiento del pasado jueves nadie estaba presente porque hubiese hecho un estruendoso ridículo, lo que evidencia que no hay alternativas, por muy mal que percibamos lo que tenemos.

La disputa de fondo, sin embargo, no es otra que hacerse con el poder sin importar la forma y a cualquier precio. Una especie de maquiavelismo versión 2.0, de ahí que no viéramos a CODECA que seguramente organizará su propia marcha, para mostrar su fuerza después de separarse del resto que medio se puso de acuerdo. No hablamos de cómo construir una sociedad sustentada en valores, principios, democracia y estado de derecho -una República- sino en cómo tomar el poder para continuar con agendas interesadas, polarizadas, ideologizadas, financiadas y sumamente reducidas a la corta y particular visión de quienes brincan cuando tienen hilos que mover o se deprimen y enojan, cuando los pierden. En medio, quedamos atrapados millones de ciudadanos que desearíamos construir esa sociedad que otros secuestran. 

La destitución del FECI se ha convertido en bandera de quienes han ido perdiendo piezas en este tablero de ajedrez político-judicial, arrebatado, dicho sea de paso, por otros que se vieron privados de lo mismo tiempo atrás. Al final: Gloria Porras, Aldana, Sandoval…, parecen ser peones de grupos que los utilizan, en tanto en cuando son útiles, para después acogerlos y oxigenarlos desde lejos, y quizá volverlos a usar.

Da muchísima pena observar esa lucha visceral por el poder en la que el odio está a flor de piel y los diversos actores responden a intereses personales y no sociales. En nombre de la libertad, la destruimos, y reclamando el estado de derecho, lo vulneramos. No se busca democracia y la divergencia y pluralidad de opiniones es rechazada hepáticamente. Cocemos el caldo perfecto para el más rancio autoritarismo sanguinolento, y seguramente lo tendremos en breve.

lunes, 26 de julio de 2021

Manual para detectar desastres

El país sigue confrontado porque la lucha de intereses es profunda, y en medio, la corrupción y el narcotráfico hacen fiesta calladamente 

Dos hechos encadenados y sorpresivos sucedieron el fin de semana: la destitución del fiscal Sandoval -y sus declaraciones- y las explicaciones de la fiscal general. Tras la primera, desde vehículos generadores de opinión -como son las redes sociales- se esparcieron mensajes y hashtags; después de la segunda se unieron a los genuinos perfiles críticos otros recién creados, inactivos o anónimos. Los comunicados iban en dos direcciones: el apoyo al ahora exfiscal y la solicitud de dimisión de la fiscal general. Perfumó el ambiente declaraciones de algunos funcionarios USA que suelen hacerse notar en momentos especiales, al igual que hace unos años otros hicieron lo mismo en sentido contrario. Una suerte de activismo demócrata-republicano que suelen aprovechar para sus fines quienes se han tropicalizado en demasía.

El exfiscal Sandoval hizo graves declaraciones contra el actuar del MP y de su titular, y señaló interferencias en ciertas investigaciones, así como persecución y acoso a algunos fiscales. La fiscal general adujo que la FECI no registraba los casos en el sistema del MP y actuaba por su cuenta -según le parecía- sin informar ni seguir las instrucciones correspondientes. Los comentarios se decantaban por aquel que mejor caía porque en las redes no se vio el mínimo atisbo de debate o discusión sobre el fondo de los temas, característica propia de sociedades poco democráticas.

Mientras, yo me ocupaba de terminar un trabajo de “sociales” con mi hija porque la maestra tuvo el “atrevimiento” de pedirle que explicara si Guatemala es un país en construcción. Después de la “bibliografía visual” -producto del intercambio de acusaciones- creo que obtendremos buena nota en la redacción de ese trabajo escolar. Guatemala -esto no lo puso en su redacción- es un país genéticamente caudillista, profundamente visceral y sustancialmente anárquico. La identidad nacional que se proclama de muchas formas está ausente, y la ciudadanía, sin saberlo, reclama -y necesita- permanentemente un autoritario al frente que la ponga en orden, porque es incapaz de tomar las riendas de su propio destino. Las personas siguen siendo más importantes que construir la institucionalidad, y cada vez se ejemplifica más y mejor la basta literatura sobre el rol de las masas.

Con la facilidad del exterminador de cucarachas -y con idéntico sentir- se juzga, condena, destruye o justifica no importa que cosa. Lo trascendente es poder gritar -y fuerte- de vez en cuando, a modo de aquellos desahogos orwellianos del odio. No hay voluntad de contrastar opiniones, de analizar ni mucho menos de escuchar, valorar o identificar razones. Si lo dice “Juan”, y me satisface, enseguida lo tomo como letanía; si es “Pedro” quien lo afirma, sencillamente lo destruyo porque va en contra del mantra ¿Para qué perder el tiempo en buscar la verdad si lo importante es que me acoja el rebaño, o se incrementen los likes?

El país sigue confrontado porque la lucha de intereses es profunda, y en medio, la corrupción y el narcotráfico hacen fiesta calladamente. No queremos razones, porque gustamos de emociones, mucho más irresponsables y menos comprometidas, además de adaptables al momento. Tenemos malos, malísimos gobiernos, pero aquellos que pretenden sustituirlos están absolutamente desubicados, algo que también vemos en esos países con autoritarios emergentes. En el fondo, una sociedad en construcción en la que faltan albañiles, materiales e insumos varios. Nos gobiernan quienes se parecen a nosotros, pero estamos distraídos y muy lejos de hacer una catarsis medianamente sensata y profunda para cambiar porque es más divertido -y revolucionario- tocar tambores, componer letras espantosas, tuitear insultando o distraernos para superar -embolados, como decía el Nobel- la triste cotidianidad. ¡En dos días, hablaremos de otra cosa!