Entradas populares

lunes, 29 de noviembre de 2021

¡Manos al bolsillo, esto es un atraco sindical!

La cantidad que se incrementa en el presupuesto es rápidamente acaparada por élites depredadoras sindicales

Los dos últimos meses de cada año son propicios para el aumento de la delincuencia sindical, factor no incluido en los indicadores de criminalidad y que propongo se haga. Los sindicatos aprovechan el adormecimiento de las celebraciones prenavideñas y se recetan discrecionalmente diferentes bonos. Este año el OJ ha sido uno de los primeros -al menos conocido-, y de una solicitud de Q6,000 por persona la CSJ ha otorgado la mitad ¡Qué buenos son los magistrados perpetuos de esa corte!

La justificación para tal dispendio es que los empleados de dicho organismo “han padecido mucho por la pandemia”. Se obvia, en esa manipuladora argumentación, que los más afectados son aquellos que tienen una empresa y deben de pagar la nomina correspondiente, además de los impuestos pertinentes. En estos duros tiempos, muchos negocios han cerrado, demasiadas personas han perdido sus trabajos y algunas empresas no han podido hacer frente a la planilla, cuando no han tenido que solicitar préstamos o pactar convenios de pago. Sin embargo, no ha habido una sola suspensión o rebaja en el salario de los funcionarios. Por consiguiente, deberían ser ellos -a quienes pagamos los contribuyentes- los que dieran un bono a los que de verdad han soportado la crisis del COVID-19, aunque la cosa es al revés en este microcosmos estatal.

Los pillos depredadores de educación no han sido menos hábiles y protestaron encabezados por su perpetuo Ali Babá -el tal Joviel- para redefinir el pacto colectivo y que, nuevamente, una ingente cantidad de dinero público -del presupuesto recién aprobado- vaya a parar a los bolsillos de sus huestes. Es curioso que durante los dos últimos años, perdidos en educación estatal, no hayan emitido un sonido audible sobre cómo ha fallado el sistema a cientos de miles de alumnos, y que transcurrieran todo ese tiempo sin ser capaces de adoptar una medida medianamente sensata que impida que parte de la juventud sea absolutamente inoperante dentro de unos años.

En definitiva: ni la salud, ni la justicia ni la educación se han mejorado, más bien algunas de ellas -o todas- están igual o peor que antes, y en todos esos rubros hay pillaje para que el funcionario cuente con su pavo encima de la mesa, aunque pagado por paupérrimos trabajadores que han dejado de cobrar por meses o se han contentado con lo que la encerrona de la epidemia les deparaba. 

En todo caso, y tristemente, este es un argumento recurrente cada año. Al igual que aquellos saben que es tiempo de hacer piñata de lo público, el resto -quienes pagamos los impuestos-, también sabemos que es hora de quejarse, aunque no nos hagan mucho caso ni nosotros pongamos demasiado de nuestra parte para que las cosas cambien. Una especie de aquellos dos minutos del odio orweliano en 1984, que no servían para nada pero que desahogaba mucho.

Con esa forma de repartir -que no es si no un chantaje entre políticos y sindicatos- no hay dinero que alcance. La cantidad que se incrementa en el presupuesto es rápidamente acaparada por élites depredadoras sindicales y con quejas injustificadas o presión política, terminan por hacer negociaciones oscuras y secretas que tienen un elevado costo social que pagamos el resto.

Detrás de esos buitres vendrán otros y, aunque se justifique que lo hacen con fondos propios que no gastaron -entonces que los devuelvan o no los presupuesten- afectará la calidad del servicio que deberían de prestarnos a los ciudadanos. En el fondo, somos una sociedad conformista que nos quejamos pero no avanzamos un milímetro, y esos fulleros lo saben, y se aprovechan. 


lunes, 22 de noviembre de 2021

La errada geopolitica USA en Centroamérica

El error de POTUS es que pareciera no diferenciar entre lo que aconseja la geoestrategia y lo que promueven ciertos personajes de su partido

El post 9/11 desvió la atención de la política exterior norteamericana hacia zonas muy lejanas del hemisferio. Los esfuerzos políticos y militares de los USA se centraron en Irak y Afganistán y “abandonaron” la histórica y tradicional tutela que ejercían sobre el continente, consecuencia de la doctrina Monroe. Era preciso una respuesta contundente y ejemplar a las actuaciones de Al Qaeda para dejar claro que el mundo continuaba siendo monopolar después de la desaparición de la URSS, pero, en su fijación, no advirtieron que Rusia y China despertaban del letargo y comenzaban a tomar posiciones geoestratégicas y geoeconómicas.

Los chinos se hacían con el continente africano y una cantidad importante de recursos minerales, y penetraba lenta pero segura -tradicional en ellos- en América latina, al igual que lo hacía Rusia. De hecho, durante una breve conversación con un embajador ruso me dijo: “yo estoy aquí para recuperar el tiempo perdido”, lo que dejaba claras las intenciones del Kremlin y la estrategia hacia el continente americano.

Iniciaron por donde se lo pusieron más fácil: Venezuela, y continuaron ascendiendo a través de Panamá, Costa Rica, Nicaragua y El Salvador: compra de deuda externa, ruptura de relaciones con Taiwán, millonarios proyectos de infraestructura, centros de control espacial, donaciones, apoyo político, arma, y un largo etcétera del que Washington parecía no enterarse o faltarle agresividad. En poco tiempo, el control indirecto estaba listo y Centroamérica, en particular, casi dominada. La geopolítica rusa y china convergen con malos e ineficientes gobiernos locales, además del narcotráfico y del crimen organizado, y el conjunto se mezcla, realza y confunde. El resultado: un todo que difícilmente se desgrana en sus partes para analízalo, entenderlo y confrontarlo.

La administración Biden parece no diferenciar todos esos elementos que convergen -y algunos más- y determinados asesores ven la situación empaquetada, sin advertir que Guatemala es el único eslabón, aunque de una cadena oxidada, y la meten en el mismo paquete que sus pares. El error de POTUS -o de sus asesores- es que pareciera no diferenciar entre lo que aconseja la geoestrategia y lo que promueven ciertos personajes de su partido que toman decisiones desde el activismo político, y mezclan todo. Eso se traduce en un trato por igual a todos los centroamericanos, lo que de nuevo puede representar otro error no muy distinto de los cometidos en épocas pasadas, y cuya evidencia muestra la historia reciente. 

Si Guatemala diera un giro hacia China o generara un acercamiento a Rusia -lo han hecho otros- seguramente se encenderían las alarmas, pero no habría marcha atrás, y todo se tornaría de un color diferente. La política USA se ha equivocado al plantear el tema de la migración, en la retirada de Afganistán, en el control del Pacífico -desbancando a Francia- y seguramente en el trato con Centroamérica. No es cuestión de admitir planteamientos ilegales, pero si de abordar la política como un elemento de arreglo de conflictos entre partes y dejar la soberbia impositiva como herramienta eficaz para doblegar gobiernos, que ya se ha visto que no funciona.

Hay que reducir la testosterona de ciertos consejeros presidenciales norteamericanos y llenar la mesa de más estrategas relajados, porque de lo contrario habrá mucho ruido, pero pocas nueces, y si algo ha quedado suficientemente claro es que los países terminan haciendo aquello que su liderazgo político determina, a pesar de la presión de “los grandes”. Una sesión de brainstorming en el Departamento de Estado es el mejor consejo que se me ocurre y, además que regalen un pachón de tila a la entrada y otro de té de pericón a la salida.


lunes, 15 de noviembre de 2021

El papel que todo lo aguanta

La tal Ley RENACER fue votada afirmativamente por más republicanos que demócratas y se opusieron a ella 6 republicanos y 29 demócratas

Hace poco -durante una entrevista en un medio radial- escuche a un abogado decir que había cierta candidata con intención de perpetuarse en el poder ocho o incluso doce años. Se refería a Zury Ríos y la conversación se desarrollaba en el contexto de ese mantra amañado, artificialmente construido y persistente de que “somos como Nicaragua”, especialmente ahora que muchos de los que condenan aquel régimen han adoptado una postura más contundente de la de hace unos años, más permisiva con el “comandante”. 

Ser abogado -en este país de abogados- siempre ha sido peculiar. Lo que ignoraba hasta ahora es que además del titulo -títulos- de “Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Abogado y Notario”, otorgan -quizá como extra- la especialidad de “pitonisa con bola”, y no precisamente de cristal. En el contexto del debate era necesario generar esa imagen de la candidata que se perpetuará -según el conspicuo leguleyo- para posteriormente concluir que por eso nos parecemos a Nicaragua. Una de las muchas falacias argumentativas que amplia y pérfidamente utilizan en aquel gremio.

No se si Zury Ríos podrá -o querrá- ser candidata, y sobre todo desconozco la postura que adoptará la CC en relación con el tema, aunque hay antecedentes. De lo que estoy seguro es de lo ocurrido en dos ocasiones pasadas en las que se postuló. En una participó, porque cuando la CC debió conocer al amparo ya se habían producido las elecciones; en la otra, el Registro de Ciudadanos le negó la participación en función de lo establecido en la constitución, e impidió su candidatura. 

El debate y los señalamientos se reactivan después de las elecciones en Nicaragua y tras la aprobación por la administración norteamericana de la Ley RENACER que recoge una serie de medidas contra el régimen de los Ortega-Murillo. Quienes dicen que nos parecemos, o somos, como Nicaragua -en un claro afán de presentar al país como una dictadura- obvian que los dictadores del momento son socialistas: Cuba, Nicaragua y Venezuela, y que el populista por excelencia -Bukele- militó en el FMLN. Es decir, por si no ha quedado suficientemente claro: el autoritarismo del siglo XXI en el continente llega de la mano de la izquierda radical y revolucionaria, esa que promueve la “resistencia” a no se qué muy bien, y admiró o practicó la lucha armada por años. Sin embargo, ponen empeño en confundir al ocultar que esos partidos de ideología de izquierda radical -de la que muchos profesan- tienen a aquellos países bajo la bota dictatorial y criminal, y no estos otros “de derecha”, como gustan tildarlo, que siendo ineficientes y poco exitosos no alientan -al menos todavía- la debacle que padecen los ciudadanos de aquellas latitudes. También callan interesadamente -los que advierten que “somos como Nicaragua”- que la tal Ley RENACER fue votada afirmativamente por más republicanos que demócratas y se opusieron a ella 6 republicanos y 29 demócratas. Curioso -o coincidente- que aquellos que no aprueban la ley contra el régimen de Nicaragua, pertenecen en su mayoría al ala más radical del partido demócrata, como la destacada Alexandria Ocasio-Cortez.

Hay grupos ideológicos que son excelente manipuladores con discursos monolitos y falaces que repiten al mejor estilo Goebbels -otro nacionalsocialista- hasta que algunos terminan creyéndolos. Definitivamente no somos Nicaragua -por eso puedo seguir escribiendo y disintiendo- y quienes desean que nos parezcamos son justamente aquellos que pregonan ese discurso mientras aplauden revoluciones, guerrillas, subversiones, resistencia y ahora, además, son capaces de leer el futuro de la debacle que se nos viene. Por ¡Por favor licenciado, más seriedad y menos militancia!


lunes, 1 de noviembre de 2021

Nicaragua, El Salvador y Guatemala

 Muchos de los que hablan de ese fenómeno de “nicaraguación”, y establecen tal paralelismo, suelen admirar a Bukele o lo aplauden

Cada vez es más frecuente escuchar eso de: “estamos como Nicaragua” o “vamos en camino de convertirnos en otra Nicaragua”, con el ánimo de presentar en Guatemala un sistema opresor que impone la dictadura orteguista en el país vecino. Sobre aquel dicho de: “todas las comparaciones son odiosas”, podemos elaborar el discurso que queramos, y reflexionar para que incluso lo heterogéneo parezca igual, total el papel, las redes y los irracionales todo lo aguantan. Muchos de los que hablan de ese fenómeno de “nicaraguación”, y establecen tal paralelismo, suelen admirar a Bukele o aplauden -o lo hicieron, porque ahora es mucho pedir- a los camaradas sandinistas ¡Qué anacronismo y cuánta inconsistencia argumentativa la que mantienen algunos, todavía anclados en fracasadas añoranzas de los setenta!

En Nicaragua un revolucionario -además de violador- como es Ortega y sus atláteres, convencieron en su momento de que la revolución armada iba a solucionar los grandes problemas sociales y económicos del país. Con aquel discurso -aplaudido y sostenido por muchos allí, y por no menos por aquí- se perpetuaron en el gobierno del que ahora no quieren apearse, y tomaron control de todos los poderes del Estado, mientras persiguen a quienes los confrontan desde diferentes tribunas ¡Se acabó la libertad y la democracia!

En El Salvador, el FMLN -antiguo partido de Bukele- y los partidos tradicionales -ARENA especialmente- no pudieron conducir el país por un rumbo de satisfacción social mínima, lo que aupó al poder a un populista que ha mostrado de lo que es capaz para permanecer en el poder, que es lo que todos persiguen. Se ha hecho igualmente con todos los poderes y maniobra como le viene en gana, hasta que consiga sus objetivos y, entonces, quizá inicien tardíamente protestas sociales, lo que no servirá para mucho, como en Nicaragua.

En Guatemala surgen bukelistas que pretende conformar un partido como el que llevó a aquel al poder, pero también radicales de izquierda que aplauden -ahora más calladamente- la “resistencia” el “alzamiento” y la “lucha de clases”, movimientos con alto grado de incivilidad, cuando no de delincuencia organizada, y que nos conducirán, inevitablemente a ser “otra Nicaragua”.

Eso de que la URNG -y sus acólitos que los hay- no hayan conseguido en 25 años de política más que dos o tres diputados por legislatura, no contenta a quienes siguen creyendo que aquella confrontación armada dividió al país en partes iguales, sin entender que fueron un puñado de personajes, cuyo nulo poder político y aceptación social se muestra en el tiempo que llevan haciendo política. Algo similar, y eso no lo soportan, a lo que hacen otros partidos del mismo espectro, que los conducen a arrimarse a postulados orteguistas o bukelistas para llamar la atención.

No vamos a terminar siendo Nicaragua por lo que dicen que harán otros, sino porque ahí nos pretenden conducir ciertos grupos extremistas. Es una caduca aspiración esa de tomar el poder revolucionario para mejoría del pueblo, aunque ya vemos como tratan a ese pueblo cuando fanáticos o populistas llegan al poder, y no es únicamente en esos dos países.

No, definitivamente no estamos como Nicaragua, ni nos parecemos siquiera, aunque algunos repitan el mantra. Aún puedo escribir esta columna, hablar frente a los micrófonos o decir abiertamente lo que pienso. La deuda pública es una tercera parte de la del Salvador y no hay voluntad de reelección presidencia, entre otras cosas. Eso si, estamos muy jodidos, pero no perdamos por eso la capacidad de pensar, razonar y ver la realidad como es, ni nos de miedo decirlo.

lunes, 25 de octubre de 2021

Violencia prefabricada y sostenida

No nos gusta que nos lo recuerden, y preferimos culpar a La Conquista o a los Mayas y sus costumbres

Somos una sociedad violenta, muy violenta, y lo manifestamos en múltiples dimensiones: social, política, económica, personal…, aunque pareciera que no nos damos cuenta o, al menos, no tomamos suficiente conciencia de ello, a pesar de que reproducimos continuamente el modelo. Aparcamos donde nos da la real gana sin respetar lugares reservados o prohibidos; “construimos” el carril que se nos apetece cuando hay una fila que guardar; agredimos al policía si nos llama la atención en lugar de reflexionar sobre  la infracción cometida; nos manifestamos vulnerando derechos de otros, bajo la excusa de reclamar los nuestros; golpeamos a la pareja, cuando no la matamos y dejamos tirada en algún lugar; compramos y vendemos voluntades con absoluto desprecio de valores y principios…, y permitimos -porque los elegimos democráticamente- que los políticos roben y abusen, mientras recibamos prebendas. Todo lo justificamos, consentimos, toleramos y permitimos, aunque nos quejamos frecuentemente como catarsis que limpia conciencias encallecidas o podridas. No nos gusta que nos lo recuerden, y preferimos culpar a La Conquista o a los Mayas y sus costumbres, aunque después de siglos deberíamos pensar en nuestra ineptitud, falta de tolerancia, además de ausencia de educación y capacidad de vivir en paz y en democracia.

Observamos manifestaciones “pacíficas de campesinos e indígenas” con comportamientos vandálicos, que no son muy diferentes a lo que hicieron la pasada semana un grupo de  “veteranos militares” o “pobladores de El Estor”,  amén de otras similares vividas con anterioridad y repetidas frecuentemente. Los cadáveres aparecen descuartizados, mutilados, esparcidos, como si la muerte por sí misma no fuese suficiente para satisfacer esas perversas y desviadas pasiones de quienes asesinan. No importa si son mujeres, ancianos, niños u hombres -87%, por cierto- porque en el fondo reproducimos un problema de absoluta falta de respeto, de desprecio al prójimo. 

En contraste con lo anterior, no debe de haber muchos países con las iglesias -católicas o protestantes- repletas en días de culto ni cantos y predicas que no se escuchen tan fuerte desde el exterior, además de contribuir con ese diezmo purificador que avala la satisfacción del deber cumplido. Tampoco verá muy a menudo, fuera de las fronteras, esos constantes rezos, cánticos y alabanzas para que Dios resuelva los problemas con los que, poco más tarde, se enlodan los orantes. Una cadena que comienza en la propia constitución al iniciar invocando el nombre de Dios, continúa con iglesias que promueven leyes para castigar la homosexualidad y finaliza con la contundente lectura de un párrafo bíblico por parte de la reciente electa presidenta del Congreso ¡Vaya futuro que nos espera! En español castizo: somos un jodido desastre, y sumamente hipócritas.

Del otro lado están los optimistas permanentes quienes dejaron de tener los pies en el suelo hace tiempo y levitan cuál ilusionista. Permanecen deslumbrados con frases magistrales, encantadores gurús o libros de cómo alcanzar los mil y un éxitos, y construyen un mundo de felicidad virtual que los aleja de la realidad que vivimos, y de la que nos resistimos a escapar. 

No vamos a cambiar. Para hacerlo se requiere de mucha más autocrítica, reflexión interna y voluntad individual de cambio, además de educación permanente y acción contundente contra quienes no desean agarrar la senda de los buenos hábitos sociales y del respeto a los demás, pero no estamos dispuesto a ello. Así que, entre lamento, quejas y culpas a otros -en lo que somos expertos- repetimos el modelo una y otra vez, sin advertir lo profundo que cavamos el hoyo.

lunes, 18 de octubre de 2021

Populismo: el efecto de la democracia enferma

Frente al constatado desastre, continúan surgiendo populistas que prometen “regalar” cualquier cosa

Desde la creación del Estado de bienestar, bajo el lema: “dedícate a trabajar que el Estado se encargará de tus necesidades”, la igualdad -de oportunidades, derechos y deberes- ha sido una constante inquietud de la democracia liberal. La preocupación siempre ha estado ahí, por eso la previsión social, las escuelas públicas y las universidades estatales -entre otras- tienen como fin universalizar el acceso a salud y a la educación para aquellas personas que carecen de medios económicos. 

Sin embargo, el Estado de bienestar no ha sabido ponerle límite ni fecha de caducidad a las subvenciones y progresivamente se ha tornado tan caro que no hay sistema impositivo que lo sostenga. Me explico: ¿a cuántas generaciones hay que becar en una universidad estatal para que los egresados sean capaces de sostenerse por si mismos y no sigan absorbiendo recursos del Estado? En muchas partes del mundo hay abuelos, padres, hijos y nietos que han utilizado el sistema público de educación, sin que ninguna generación haya sido capaz de superar aquel estado de pobreza inicial que los introdujo al mismo, y hacerse responsable de las siguientes absorbiendo el costo y no difiriéndolo al gasto público. De ahí el descontento generalizado reflejado en el informe Latinobarometro 2021, donde se aprecia un preocupante descenso en relación con el apoyo y preferencia por la democracia en la mayoría de los países latinoamericanos. Las ayudas, sobre todo para educación y salud, son una exigencia social permanente para subvencionr a ciertas clases medias y altas que podrían pagar el servicio -y que tuvieron varias generaciones para poder hacerlo- pero que prefieren “la gratuidad”. De esa cuenta se llega al absurdo de que no se trata de apoyar a un grupo vulnerable -esencia de la subsidiaridad- sino de que el Estado pague a todos sus ciudadanos estudios desde kínder a doctorado, además de cubrir permanentemente la salud, lo que económicamente es inviable.

La mayoría de los partidos políticos, sin explicar -o entender- qué es democracia y para qué sirve o puede ofrecer, promueven “gratuidad” sin limites, lo que termina por presionar impositiva e insosteniblemente a las clases medias o cargar la mano contra esos grupos que “más ganan” bajo la permanente sospecha de que “roban al pueblo”. Siendo la democracia más emocional que racional, se puede comprender como diferentes personas/grupos exigen irracionalmente subvenciones, ayudas al desempleo o salud y educación “gratis”. Nadie cuestiona como pagarlo, lo que incentiva a los depredadores de fondos estatales.

Políticos y progres abordan la necesidad de la “gratuidad “de los servicios públicos. El discurso, sin ser exclusivo, está en el genética de partidos de izquierda que mientras cuentan con recursos: petróleo en Venezuela o ayuda rusa en Cuba, dilapidan miles de millones que los sostienen temporalmente, hasta que se acaban los fondos. Frente al constatado desastre, continúan surgiendo populistas que prometen “regalar” cualquier cosa -Bukele-, mientras la muchedumbre entusiasmada corea aquello de “ese es mi líder”. Años después, los problemas resurgen agravados porque no se entiende que: "Cuanto más rica es una comunidad menos servicios benéficos necesita, pero más puede proporcionar; cuanto más pobre, más ayuda necesitan sus habitantes, pero menos puede darles" (Henry Hazlitt).

Falta, además de razón, entender que todo cuesta dinero. Así que cuando tenga la oportunidad de estudiar, porque el “Estado se la ofrece”, intente pagar la educación de sus hijos y dejar esos fondos para quienes realmente los necesitan. De esa forma no haría falta incrementar constantemente los impuestos y cada uno asumiría su responsabilidad, aunque me da que es mucho pedir en una sociedad habituada a recibir.


lunes, 11 de octubre de 2021

La semilla que quiso crecer en secreto

Entiendo que Semilla no ha podido pactar con una UNE voraz que cree poder seguir manejando los hilos de los que ha sido desconectada

Cuando en las pasadas elecciones se presentó el partido Semilla, se sintió un aire fresco de gente mayormente joven en la política. Esté o no de acuerdo con sus planteamientos, la juventud siempre puede aportar innovación, fuerza, credibilidad y nuevas ideas. En lo personal, desde la perspectiva ideológica y asumiendo el error, los situé en un centroizquierda -por “donde” la UNE- y en un espacio, no siempre idéntico al que pudo tener Encuentro por Guatemala: socioliberalismo o socialdemocracia “suave”.

Con el tiempo, como en todo partido, parece dibujarse otro rumbo, producto del natural choque entre las distintas personas y corrientes, o del oportunismo. Como consecuencia de lo anterior, pero también del momento político y de la pandemia, tres propuestas de Semilla me llamaron la atención y definido esa dirección que ahora percibo. Una, aquella alternativa de presupuesto -el único partido que la hizo, hay que decirlo- que no supieron explicar más allá de rasgos generales, y que nunca aclaró si generarían más deuda que era uno de los aspectos que criticaban del presupuesto no aprobado para este año. Otra, más preocupante, fue el intento de cargar costos a ciertas empresas -telefónicas y eléctricas principalmente- derivados del supuesto impago que iba a provocar la crisis por COVID. En ella, se apreciaba una perverso intervencionismo estatal en perjuicio de unos -y natural beneficio del “pueblo”- sustentado en un populismo financiero que no ofrecía soluciones racionales al problema, más allá de que las empresas asumieran los costos y redujeran sus beneficios, añejo y trasnochado discurso de una izquierda tradicional. El último -por discutirse esta semana- se refiere a un proyecto de legislación que crea una empresa estatal de venta de medicamentos. Al inicio de la lectura puede parecer un buen esfuerzo por modificar la ya existente red de más de 250 farmacias públicas. Sin embargo, de la lectura de ciertos artículos se abre una amplia puerta a la estatización de la venta de medicinas y a la inyección indefinida y discrecional de dinero público a esa nueva empresa que, por cierto, no entrega beneficios al Estado ¡Vamos, aquello de “socializar las perdidas y privatizar los beneficios” de lo que tantos se quejan!

Los precios de las medicinas son abusivos y el sistema de compras -uno de cuyo artículos modifica la norma- es un desastre y suele estar amañado. Eso, que es una realidad innegable, no puede servir de excusa para promover una estatización encubierta so pretexto de que hay que abaratar medicamentos y romper las mafias farmacéuticas. Lo eficaz sería cambiar el sistema de compras y contrataciones y atacar las causas, suficientemente definidas. Es decir: promover el libre mercado en vez de estatizarlo.

Entiendo que Semilla no ha podido pactar con una UNE voraz que cree poder seguir manejando los hilos de los que ha sido desconectada y, por convicción o necesidad, se ha acercado a esa izquierda más radical y a partidos tradicionales allí situados. En política se requieren votos y apoyos porque de lo contrario no se puede hacer mucho. Eso es comprensible, aunque no es necesario modificar el posicionamiento ideológico y presentar el partido con cierto grado de radicalismo, muy alejado del centroizquierda moderado en que pudo percibirse inicialmente. Pero, sobre todo, no es de recibo plantear proyectos estatistas e interventores salvo que deseen definirse como tales, lo que aconseja hacerlo de frente y sin medias tintas.

En política hay costos que asumir y el tema ideológico, visible a través de las propuestas, es importante dejarlo claro y no jugar al gato y el ratón, porque entonces la semilla puede crecer desviada o no germinar.

lunes, 4 de octubre de 2021

Where is Kamala Harris?

Recordemos que la vicepresidenta visitó el país y generó una serie de expectativas que, a la fecha, han quedado relegadas

Al inicio de la administración Biden se observó la existencia de dos corrientes políticas dentro del partido demócrata, la más a la izquierda era, sin duda, la de su vicepresidenta Harris. Es posible que siguiendo aquel supuesto de que “Biden es demócrata para los republicanos, pero demasiado republicano para los demócratas”, el presidente fuese asesorado sobre como aparcar a quien le hizo sombra por unos meses, especialmente antes e inmediatamente después de la toma de posesión. La mayoría de los medios presentaban a una exitosa mujer, exfiscal y lideresa de una nueva y extrema corriente de pensamiento liberal -izquierda- dentro de la política norteamericana, aupada por un socialista como Sanders. Sin embargo, el protagonismo no duró mucho. Encargada, primero, del tema de migración -algo difícil/imposible de solucionar- y, después, de la retirada de las tropas norteamericanas de Afganistán -un patente fracaso-, la vicepresidenta Harris parece haber desaparecido del mapa, o quizá está en proceso de reinvención, como todo político. Dos medios escritos españoles evidenciaron ese hecho con titulares como: “Kamala Harris tiene un problema de popularidad” (ElPais)  y “¿Dónde está y qué hace Kamala Harris mientras Biden casi no da abasto?” (La Vanguardia). Harris, además, aparece con la más baja popularidad de un vicepresidente en el último medio siglo, rondando una media ligeramente superior del 50% (YouGovAmerica), aunque mayor en menores de 30 y mayores de 45 años.

En el ámbito interno norteamericano esos datos se interpretarán, seguramente, como una preocupación en tres direcciones: la consolidación, dentro del partido demócrata, de una rama más conservadora del poder, liderada por Biden, el alejamiento de un progresismo feminista, representado en Harris y, posiblemente, un urgente llamado de atención -aunque todavía queda mucho- sobre la necesidad de recobrar popularidad para poder resistir un embate republicano en las próximas elecciones, especialmente si es nuevamente contra Trump. Lo que está más cercano, e intranquiliza y puede generar más impacto, es la perdida del control del Senado -posible- o de la Cámara de Representantes -menos probable- en las elecciones legislativas del próximo año.

En el ámbito exterior -el que incide en la vida doméstica guatemalteca- presumiblemente también repercutirá. Recordemos que la vicepresidenta visitó el país y generó una serie de expectativas que, a la fecha, han quedado relegadas, especialmente las referidas a cierta ayuda al desarrollo y otras que fueron aireadas por quienes le precedieron en la visita o la rodean, relacionadas con aquella CICIG regional o temas de justicia y seguridad. Y es que en política todo cambia en función de las prioridades electorales, lo que no siempre va acorde con las necesidades o preocupaciones externas que no aportan votos ni candidatos. Dicho de otra forma: podemos ser importantes o de interés mientras seamos útiles en su política interna. De momento, el terrorismo islámico radical -yihadista- ha vuelto a preocupar a los amigos de norte -tal y como ha declarado Biden- mucho más que otras cuestiones que son de exclusivo interés local o regional centroamericano.

Habrá que ir viendo si ese cambio de mirada en otra dirección genera un olvido progresivo, lo que no es nada nuevo si se analiza la historia de las relaciones con los USA y se intenta comprender -lo que cuesta a algunos- como la política exterior no es más que el reflejo de las inquietudes internas y del consecuente rédito electoral. Me da que hay un inusual ruido forzado por quienes ven poco espacio de maniobra en el medio plazo y temen perder su influencia en esa enmarañada tela de araña que es la política USA y sus agencias, lobbies y personajes.

lunes, 27 de septiembre de 2021

Migración, política y libertad

Quizá, y solo quizá, el fenómeno de la migración, en su más amplia dimensión, no tiene una solución suficientemente aceptable

En la frontera mexicano-norteamericana hay varados unos 20 mil haitianos. Más al sur, en la frontera mexicano-guatemalteca, alrededor de 40 mil migrantes esperan qué hacer y parece que el futuro será parecido al de miles que fueron enviados a sus países de origen a través de Guatemala. Analistas y escritores han abordado el tema de la migración bajo diferentes puntos de vista: Walzer, Miller, Huntington, Cole, Nozick, Schwatz, Pogge, etc., y casi todos ellos han coincido en algo, aunque también tienen discrepancias considerables.

Suelen estar de acuerdo en que no existen razones morales para impedir la migración y que cualquier refugiado -aquel que es perseguido en su país- debe de ser acogido. Sin embargo, no todos concuerdan cuando, desde diversos ángulos, abordan el derecho del migrante voluntario y no perseguido: aquel que en la búsqueda de un mejor futuro cambia libremente de país por diversas razones. En ese caso, se generan distintas reflexiones y se posicionan diferentes soluciones, todas ellas razonables y justificadas. Hay quienes aceptan la migración temporal sin ciudadanía plena, para evitar que puedan transformar el país que los recibe a través de la política; otros, estiman que hay peligro de aculturización desde varios enfoques: religioso, idiomático o étnico, y que el cambio de valores pone en peligro a la comunidad; un tercer grupo plantea la seguridad como tema central, por el riesgo a recibir criminales o incluso terroristas y, finalmente, también hay debates sobre los costos económicos que deben de asumir las sociedades receptoras de migrantes -especialmente en salud, educación y ayuda social- y cómo repercuten negativamente en el Estado de bienestar construido y pagado -por años- por los ciudadanos del lugar.

Muchos de los autores son norteamericanos y es evidente que su pensamiento y concepción filosófico-moral del asunto ha permeado el actuar de esa sociedad y de sus gobernantes, así como el accionar político en sus fronteras, a través de la fuerza de ideas que muchos no advierten. Quizá, y solo quizá, el fenómeno de la migración, en su más amplia dimensión, no tiene una solución suficientemente aceptable, porque abarca un extenso y complejo abanico de aspectos, muchos de ellos mutuamente excluyentes: derechos individuales y grupales, protección/seguridad y libertad, costos a absorber por contribuyentes y solidaridad, y otras cuestiones que llevan a la conclusión de que sencillamente no hay una única solución convincente. De esa cuenta, mientras se debate y “se busca la misma”, se tiende a mantener la protección en nombre de la seguridad nacional, y reducir el riesgo percibido para evitar incidir negativamente en la calidad de vida que se disfruta en el país al que desean llegar los migrantes, especialmente en “tiempos de terror”. A lo sumo, se establece un sistema de cuotas de ingreso bajo estricto control del gobierno.

“Las sociedades liberales, en general, ofrecen a sus miembros suficiente libertad de movimiento”  que es lo que David Miller considera puede ser una especie de solución o resumen del análisis del tema. Es decir: sólo parece haber soluciones puntuales, momentáneas o coyunturales, y eso es lo que refleja la actual situación descrita al inicio.

Educados desde pequeños en modelos nacionalistas y patrióticos, promovidos desde el estatismo del que algunos tanto gustan, es complicado ser empáticos con extranjeros migrantes. Y mientras Kukathas apuesta por “repensar el Estado de bienestar” y Rawls, con su teoría del “velo de la ignorancia”, hace una buena aproximación al tema, aunque sin ofrecer la solución definitiva, el resto aceptamos condescendientemente que vengan, mientras sean otros quienes los atiendan y se hagan cargo de ellos ¡Esa corrección política, tan liberadora, de la doble moral!

lunes, 20 de septiembre de 2021

Un poco de su propia medicina

Lo triste es ver como ciertos ciudadanos siguen defendiendo regímenes como el cubano bajo argumentos de que aquí están peor que en la isla

El dictador Díaz-Canel, cachorro y heredero de los también dictadores Castro, y perpetuador del régimen criminal cubano, recibió varios tirones de orejas en lo que, pensaba, era feudo propio consolidado: la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC.

El presidente de Uruguay, primero, y posteriormente los de Ecuador y Paraguay, le dijeron verdades silenciadas por esa corrección política que envuelve las reuniones de alto nivel. En resumidas cuentas recordaron al opresor cubano que en la isla no hay democracia y que lo que se debería de hacer en esas cumbres -lejos de comunicados superficiales vacías de contenido- es promover el espíritu democrático y no permitir la censura, consentir el encarcelamiento de la oposición o callar el silenciamiento de quienes cuestionan a los mandatarios. Lecciones de democracia ausentes en esas reuniones desde…, siempre.

El presidente Lacalle, extendió su contundente comentario a Nicaragua y Venezuela, otras dos dictaduras sostenidas y defendidas por algunos -y algunas- que se dicen defensores de derechos humanos, actitud hipócrita suficientemente conocida en la región y que tiene nombres y apellidos. Pero no sólo se confrontó a la dictadura más antigua de la región -Cuba- y a su “comandante en jefe”, sino que también dejó en ridículo al régimen del veleidoso y anfitrión del cubano, el presidente Andrés Manuel López Obrador, que enmudeció y desinfló las esperanzas puestas en una convocatoria purificadora de su nefasto actuar político en México, algo que medio salvo su canciller.

Lo triste es ver como ciertos ciudadanos siguen defendiendo regímenes como el cubano bajo argumentos de que aquí están peor que en la isla, dejando siempre de lado -no puede ser de otra forma- lo que le recordó el presidente Lacalle al lacayo Díaz-Canel: “…, cuando desde el poder se usa el aparato represor para acallar las protestas, cuando se encarcelan opositores, cuando no se respetan los derechos humanos…”. Es cierto que en las democracias imperfectas -que tenemos o que construimos- hay gravísimos problemas, pero las dictaduras -Cuba, Venezuela o Nicaragua- anulan la libertad y asesinan y torturan directamente, y eso no tiene justificación alguna, salvo para desalmados o hipócritas ¡Ojo con Bukele!

El problema de esa tolerancia -política y ciudadana- es que por falta de permanente condena se intenta reproducir en otras partes, como ocurrió en Bolivia, Ecuador, Argentina y ahora Perú ¡Qué bueno que esos presidentes tuvieran el coraje de poner a los dictadores en su sitio que es lo que nos falta a la mayoría de los ciudadanos! Becas de estudios en Cuba o médicos esclavizados en muchos países del mundo, silencian voces de quienes se autodenominan “defensores de derechos humanos” y de muchas de sus organizaciones, a quienes les importa un soberano carajo los doctores que son enviados a la fuerza por el mundo bajo amenazas de castigos o presión a sus familias, mientras los gobiernos pagan a Cuba una cantidad que nunca verán reflejada en sus cuentas.

El hecho de que lo anterior haya ocurrido en este mes de la independencia de América Latina, dice mucho más de lo que se pueda apreciar. Algunos han optado por el discurso de que “no hay nada que celebrar” mientras silencian esas dictaduras criminales que por años presionan a sus ciudadanos y promueven idéntica ideología en la región. Aquí, ciertos grupos y personas son afines a esos regímenes y desearían se implementara en Guatemala, pero con ellos en el poder, razón por la que no migran a esos “paraísos socialistas”. De hacerlo, formarían parte de los dominados y ellos -deseosos del autoritarismo- también añoran el poder, porque sin él entienden perfectamente eso de la dictadura y sus consecuencias.