Entradas populares

lunes, 28 de marzo de 2022

Esa nuestra “cultura judicial”

Las pruebas no eran importantes porque desde que se publicaba el nombre había una condena implícitamente aceptada por parte de la ciudadanía

Que la justicia no funciona en Guatemala como quisiéramos y corresponde a un Estado de Derecho no es, lamentablemente, nada nuevo. De hecho, más de la mitad de los presos lo son de forma preventiva sin que hayan tenido un juicio condenatorio, y algunos cumplen más tiempo detenidos del que finalmente pueden ser condenados. Eso que pone los pelos de punta, al ser profusamente difundido en medios y redes sociales: persecuciones, acusaciones falsas, exilio, denuncias espurias que se agilizan, etc., ha sido una constante por años, aunque pareciera no haber preocupado antes con la misma intensidad que ahora. 

Es lamentable, muy lamentable, que el sistema judicial esté en predicamento en mayor medida, incluso, que el putrefacto sistema político, al que ha terminado por anclarse y del que se nutre, al igual que el narcotráfico y el crimen organizado ¿Cuánta culpa tenemos los ciudadanos por aceptarlo y permitirlo, cuando no alentarlo? El sistema ha terminado por diseñarse -o ha evolucionado- para obtener los resultados que se observan, y la irresponsable actuación de ciertos jueces, fiscales y magistrados es algo sobre lo que debemos de reflexionar seriamente, porque es la única forma de cambiar lo podrido, suficientemente detectado. 

Con la llegada de Cicig, la ciudadanía generó ciertas expectativas y esperanza de cambio, pero también nos acostumbramos a vitorear capturas, allanamientos, acusaciones y shows mediáticos con aquellas exposiciones y comparecencias de autoridades que determinaban quién era culpable, mucho antes de ser juzgado. El odio, la sed de venganza, el rechazo y ciertos añadidos ideológicos, permearon demasiadas actuaciones, las permitieron, las elevaron a rango de definitivas y era difícil llevar la contraria salvo que se asumiese el riesgo de ser señalado de corrupto, algo que sigue ocurriendo. Oficialmente se desató la “persecución correcta” de todo aquel que se consideraba, por determinados sectores, un peligro histórico.

La institución internacional hizo publicaciones en las que señalaba, denigraba y presionaba a jueces, abogados, fiscales, magistrados y otras personas, y no siempre con motivos. Las pruebas no eran importantes porque desde que se publicaba el nombre había una condena implícitamente aceptada por parte de la ciudadanía, sin mayor discusión ni análisis. El vespertino La Hora decía (2009) bajo el titular “CICIG da pruebas contundentes contra los magistrados electos”: “Los señalados por Castresana, con todo y pruebas, hoy fueron: [varios nombres]…., Thelma Esperanza Aldana”, y añadía sobre ella: “…, en méritos de proyección humana que comprende participación en organizaciones y asociaciones en defensa del Estado de Derecho; Pro Derechos humanos; y defensa y promoción de multiculturalidad obtuvo cero puntos. Luego fue fiscal general alabada y condecorada ¿Cuántos otros de aquellos vilipendiados nunca fueron acusados ni condenados judicialmente? La Cicig desapareció, pero cierta sed de venganza y resquemor siguen presentes, incluso en mayor medida, y se continúan allanando, deteniendo y encerrando a personas que, con señalamientos ficticios, son alegre y públicamente acusados. Y es que seguimos en las mismas, sin haber arreglado el problema ni hecho reformas que impidan que esas cosas ocurran. 

¿Estamos por el cambio o gustamos más de shows, ruidos, señalamientos de quienes nos disgustan y actuaciones más viscerales que racionales? Ese sería el debate a promover en pro de alcanzar paz social, pero sobre todo justicia, y sacar de la ecuación a quienes disfrutan con denuncias espurias o uso del poder como herramienta de ataque y presión al contrario. Me da, sin embargo, que hemos elevado la irracionalidad y la visceralidad a virtudes nacionales y lo que realmente queremos es que prevalezca nuestro criterio, pero no la justicia ni mucho menos adecuados marcos legales.


lunes, 21 de marzo de 2022

De comisiones, hermetismos y procesos

Si algo caracteriza al actual proceso -guste o no el fondo, los aspirantes o lo que se quiera- es justamente la transparencia

Un medio escrito publicaba recientemente sobre el hermetismo de la comisión postuladora que selecciona a los aspirantes a fiscal general. Aunque soy crítico de las Comisiones de Postulación, y de los errores cometidos, no puedo estar más en desacuerdo con dicha apreciación. 

Si algo caracteriza al actual proceso -guste o no el fondo, los aspirantes o lo que se quiera- es justamente la transparencia. Todas las actuaciones han sido públicas y desde el inicio uno de los decanos funge como portavoz y atiende a los medios, además de responder las preguntas que se le formulan. La concentración de la vocería es positiva al llevar la línea de comentarios de una manera institucional y no particular, dispersa y confusa.

Consecuencia de lo anterior, los postuladores no han aceptado entrevistas personales ni han consentido reunirse con grupos, personas u organismos, evitando el riesgo de ser presionados, convencidos o criticados por el hecho de atender a ciertos interesados en el proceso. La forma está siendo guardada en todos sus aspectos -al menos de momento-, se puede acceder a las actuaciones internas y las respuestas si se buscan se obtienen en el vocero.

Lo que no ha habido en esta ocasión -quizá de ahí el “disgusto” de algunos- son declaraciones diferentes de cada postulador para luego contrastarlas, confrontarlas o desdecirlas, lo que ha permitido en otros momentos presentar discrepancias internas, intereses de grupitos formados en el seno de la comisión o señalar a tal o cual decano como cercano a cierto aspirante o corriente, cuando no crear interesadas narrativas. Algo aprendieron con la experiencia y ese orden reglado es evidente que no gusta a quienes desean comprometer porque no deja muchas brechas por donde emprender la acometida.

Respecto de las tachas es oportuno hacer un poco de memoria histórica. En esta convocatoria se recibieron un total de 33, aunque Claudia Paz y Paz recibió -ella sola- en el proceso en qué se presentó para la reelección, treinta. Así que el ruido del alto número parece no hacer honor a la estadística de otros momentos. A pesar de las lecciones aprendidas en situaciones pasadas, se siguen presentando impedimentos basados en meros recortes de prensa o comentarios en redes sociales que son desechados, a pesar de que algunos consideran que cualquier manifestación aunque no esté demostrada es suficiente para deslegitimizar al aspirante. Los hechos que quedarán para la discusión, y que levantarán pasiones y titulares, serán los del “plagio de la tesis” y “la inclusión en la lista Engels”, además del perfil de un candidato relacionado con una constructora.

En relación con todas estas sensaciones, animo a ver la película “Confirmation”. En ella, un joven Joseph Biden preside una comisión del senado norteamericano que analiza la denuncia de una mujer contra un aspirante a magistrado de la corte suprema de justicia de aquel país. Entre dimes y diretes, la conclusión de casi todos -perdón por el adelanto- es que el debate no termina por esclarecer si lo denunciado ocurrió o no y únicamente deja la opción de apostar por creer a una o al otro. Los hechos no pudieron demostrarse, lo que, en valoración de analistas y políticos, no aportó al proceso más que polarización y confrontación, ¿le suena? “O conmigo o contra mi”, pareciera ser la dicotómica selección que nos proponen. Lo importante parece ser por quién apuesta usted o a quien maldice, sin entrar a analizar situaciones concretas ni mucho menos a debatir con fundamento. Y es que cada día estamos más cerca de atrofiar el poco nivel de razonamiento que nos va quedando, y parece que lo aceptamos con gusto o resignación.


lunes, 14 de marzo de 2022

¿Radicales, ignorantes o distractores?

Es un atentado a la libertad y un grave insulto a la razón, prohibir que se hable o enseñe sobre la normalidad de conductas distintas a la heterosexualidad

Cuando se legisla “en paquete” y se mezclan temas, se corre el riesgo de que el resultado sea una amalgama compleja y contaminada. Es el caso de la ley para la protección de la vida y la familia, que incorpora asuntos como la protección a la vida, la familia y la diversidad sexual. Un galimatías que da mucho de que hablar y será vetado o judicialmente anulado. A favor de ella votaron 101 diputados, 8 en contra y perdidos en lo políticamente correcto 51 ausentes ¡Qué vergüenza desaparecer en momentos críticos!

En los considerandos se habla de “prácticas incongruentes con la moral cristiana”, lo que provoca el primer llamado de atención, ya que la laicidad estatal debería ser un hecho, a pesar del desafortunado inicio constitucional de “Invocando el nombre de Dios”. La iglesia católica se ha decantado por la protección civil de las parejas del mismo sexo, así que hay que aclarar el significado de “moral cristiana” dañada. Desde luego no la mía.

Todos conocemos a personas de la diversidad sexual, seguramente tenemos familiares, y hemos podido comprobar que la conducta sexual no se adopta graciosamente sino que, desde temprana edad, es consustancial con la esencia humana.  Es un atentado a la libertad y un grave insulto a la razón, prohibir que se hable o enseñe sobre la normalidad de conductas distintas a la heterosexualidad. Inculco a mis hijos, y ellos advierten,  que la preferencia sexual no es un capricho al que se acoge cada uno en el momento que le apetece, sino que surge naturalmente en la medida que despierta la sexualidad. Como profesor, enseño que cada persona puede compartir su vida con quien desee, porque la libertad está por encima de legislaciones vacías, erradas, hueras, opresoras, intolerantes. 

En otro apartado, la ley tacha de anormal la conducta no heterosexual, aunque el diccionario de la lengua española contempla tres acepciones para “anormal”: 1) Que accidentalmente se halla fuera de su natural estado o de las condiciones que le son inherentes; 2) Infrecuente y 3) Persona cuyo desarrollo físico o intelectual es inferior al que corresponde a su edad. La primera no es aplicable, porque no es “accidentalmente” que alguien se encuentra fuera de su estado, sino natural e incontrolablemente. La segunda, pudiera serlo en la medida que fijemos un porcentaje de frecuencia y quizá desde esta perspectiva se pudiera incluir el término, pero al tener acepciones peyorativas no parece adecuado. La tercera está totalmente fuera de contexto. 

Finalmente, las madres solteras -amplio colectivo en el país- no pueden ser familia nuclear, y quedan desprotegidas y estigmatizadas ¡Vaya legisladores!, y que pena quienes huyeron del voto en contra Inadmisible que el radicalismo se sobreponga a la razón o las creencias religiosas a la realidad y a la ciencia.

No soy homosexual pero pude haberlo sido, o alguno de mis hijos. Tengo amigos homosexuales a quienes respeto profundamente y admiro por la lucha constante frente a demasiados intransigentes. Comparto con alumnos que lo son y a quienes voy a seguir enseñando sus derechos y, al resto, a debatir racional y sensatamente este tema para evitar que el autoritarismo irracional, el radicalismo religioso o la intransigencia política los condenen, y peor aún los expongan a ser agredidos. 

Esta norma viola derechos y coarta la libertad, pero sobre todo desnuda el nivel de cortedad discursiva de quienes la proponen, apoyan o vitorean. Estamos gobernados por dinosaurios, extremistas disfrazados de conservadores, cobardes que huyen, analfabetas funcionales e hipócritas irredentos que se disparan en el pie porque muchos son homosexuales o conforman la antítesis de la familia modélica que pregonan.

lunes, 7 de marzo de 2022

El pintoresco orden internacional

A la fecha, las sociedades occidentales no están por la pelea, y dos no discuten cuando uno no quiere

Una vez finalizado cualquier conflicto se suelen extraen lecciones aprendidas. En el de Ucrania, se pueden deducir muchas cosas cuando apenas ha comenzado. El realismo político se impone nuevamente al idealismo. Aquello de “quien golpea primero, golpea dos veces” se convierte en la forma de accionar que genera resultados más rápidos, y muchos de ellos duraderos. Las peticiones de paz en el mundo, las sutiles amenazas de occidente o las protestas ciudadanas, no disuaden a Putin de alcanzar sus objetivos político-estratégicos. El silencio de China se traduce en apoyo velado enmarcado en aquel viejo trabalenguas: “los enemigos de mis enemigos son mis amigos”, y ya veremos Irán por donde sale.

Europa se ha acostumbrado a estar bajo la sombra de USA y no desarrolla un sistema de seguridad propio y efectivo con el que enfrentar amenazas. Se habituó a que sea Estados Unidos quien lidere y financie, y eso no es sostenible ni conveniente por mucho más tiempo, algo evidenciado por Trump pero a lo que pocos prestaron atención. Cada uno debe de asumir la responsabilidad de su seguridad y Europa evita ese debate social en el que hubiese fracasado antes de la invasión a Ucrania, y seguramente ahora también.

Las economías interconectadas es otra de las variables de la crisis, porque las sanciones afectan tanto a quienes las imponen como a aquellos que las “sufren”. Se puede cortar/limitar la cadena de suministros al oponente, pero cuando aquel proporciona petróleo y gas en abundancia es difícil hacer algo contundente sin perjudicarse, más allá de decisiones maquilladas o políticamente correctas. Este tema generará en el futuro propuestas estratégicas de desglobalización.

El concepto “guerra” es otra cuestión. No hay guerras, conceptualmente hablando, desde la segunda mundial. Me parece acertada -y curiosa- la denominación utilizada por el ministro ruso de relaciones exteriores: “conflicto militar especial”. Los rusos pagarán el precio de la reconstrucción ucraniana y no están por la destrucción total, algo que tampoco sería admitido por una sociedad que vive en directo las operaciones militares. Alcanzar al menor costo posible objetivos estratégicos que permitan la rendición o la negociación con el contrario, pareciera ser lo deseable. La destrucción o la persecución del enemigo son términos desaparecidos de los manuales militares.

Es oportuno también reflexionar sobre aquel principio bélico de “voluntad de vencer”, como firme propósito sin el cual es imposible acometer un enfrentamiento. A la fecha, las sociedades occidentales -las europeas más que las americanas- no están por la pelea, y dos no discuten cuando uno no quiere. La sociedad occidental es pacifista, dialogante y acostumbrada a una forma de vida que descarta cualquier violencia, y parece “no comprender” las razones de otras formas de idiosincrasia en las que por convencimiento o manipulación se usan las armas. Muchos dan por consolidada la democracia y la libertad sin advertir que hay que tener empeño y decisión, pero también ejércitos y armamento, para disuadir o confrontar a los desquiciados que aparecen por el mundo.

Finalmente, el liderazgo decidido y el carácter -o la ausencia de estos- son determinantes en situaciones clave, y en esa ocasión se percibe falta de liderazgo europeo, debilidad en USA y un Putin desafiante. Las potencias luchan por su preeminencia y quizá vivimos un cambio de orden mundial en el que ocurrirá lo mismo de siempre, pero dirigido por otros. Controlar las zonas de influencia es clave para el ejercicio del poder, y lo mismo que ocurrió con la crisis de los misiles de Cuba en los sesenta y ahora vemos la de Ucrania, posiblemente la próxima sea frente al mar de la China ¡Al tanto!


lunes, 28 de febrero de 2022

Colombia: aborto y “triunfo feminista”

El nonato, o como quieran denominarle para desproveerlo de personalidad, tiene madre y padre, además de vida propia

Quienes tenemos hijas nacidas con 24 semanas de embarazo sabemos, por experiencia, que tienen vida plena y muchas de ellas culminan una carrera universitaria en ciencias exactas, de esas que les cuesta cursar a algunos que agotaron el tiempo de gestación. Un parto fortuito y prematuro las puso en esta vida y la lucha fue dura por momentos, pero la alegría de verlas desarrollarse es algo muy gratificante que nunca entenderán, seguramente, quienes festejan terminar con vidas a esa temprana edad, como recientemente se aprobó en Colombia. Es vergonzoso que en una sociedad -supuestamente con valores- ciertas personas se alegren de que se pueda asesinar a seres humanos con 24 semanas -con cualquier tiempo- especialmente cuando la mayoría de los abortos proceden de relaciones consentidas. Puede que equivocadas o fallidas, pero permitidas por ambos padres, y es aquí donde surge otro tema: la paternidad responsable.

El nonato, o como quieran denominarle para desproveerlo de personalidad, tiene madre y padre, además de vida propia. Sin embargo, reivindicaciones feministas -quizá hembristas- se han apoderado de un discurso del que el hombre -cobardemente hay que señalar- ha preferido ausentarse. Si “nosotras parimos, nosotras decidimos” es un lema femenino, habría que promover otro paralelo masculino: “el hijo también es mío”. Es imposible concebir a un ser humano -violación excluida- sin que dos se pongan de acuerdo. Por tanto, desde que hay libre consenso para tener relaciones sexuales surge una responsabilidad que ambos deben de asumir, y no eludir, y si no utilizan algún método anticonceptivo o éste falla, puede haber un embarazo no deseado y ser progenitores de una criatura ¡Eso se sabe!, y asumen el riesgo. 

Sin embargo, el hombre huye cobardemente de sus responsabilidades -y derechos- y por conveniencia deja en manos de la mujer el “problema”, que se resuelve destruyendo una vida con el aplauso de muchos y la aquiescencia estatal. Y todos contentos, porque el inconveniente queda resuelto y los nonatos no reclaman, opinan, demandan judicialmente ni votan. En ciertos lugares pretenden, incluso, que eso se haga con dinero público y sean ciudadanos responsables quienes paguen las fechorías de otros. Lo de siempre: políticas asistencialistas aplaudidas por insensatos y escasas políticas de sensatez de las que pocos gustan.

Se elude en el debate social y se diluye en las protestas, la responsabilidad de ambos padres, además del derecho a la vida del ser humano concebido, y “se embarazó” es la expresión impersonal más adecuada del neolenguaje utilizado para evitar otra que conlleve exigencia ¡Qué contrasentido más grande que movimientos ciudadanos contra la pena de muerte y la crueldad con los animales deleiten a sus integrantes con estos “logros” contra humanos!

Miren ustedes damas con “derecho a su cuerpo” y hombres pusilánimes y ausentes: muchos miramos con dignidad, respeto y amor a nuestros hijos nacidos con ese tiempo y nos sentimos enormemente orgullosos de verlos con vida y no haberlos asesinado. No voy a decir que ustedes dan pena, sino repulsión, porque matar a un ser indefenso sobre la base de que no están dispuestos a asumir la responsabilidad de un embarazo que ustedes mismos provocaron, no puede ser mas que deleznable, condenable y punible. Sin embargo, la vida va por otros derroteros y quizá quienes así pensamos no hemos sabido ser tan modernos y progresistas.

Cada vez que se crucen con alguien o incluso se miren al espejo, piensen que en cada grito que emiten de apoyo al aborto, o con el silencio que guardan por no reclamar el derecho a la paternidad, hay un ser humano que pudo ser, seguramente muy superior moralmente a ustedes.

lunes, 21 de febrero de 2022

La justicia: ¿medio o fin para quién?

La preocupación norteamericana por el control regional pasa, incluso, por congraciarse con un gobierno del entorno del Foro de Sao Paulo

En menos de 24 horas ocurren “casualmente” tres hechos: la publicación de graves señalamientos contra el presidente Giammattei en El Faro; la solicitud de extradición por parte de USA del expresidente hondureño; y la aparición de un testigo que desmiente parte de lo publicado en aquel medio y denuncia al exfical Sandoval y a la jueza Aifán de presionarlo y manipularlo. Lo anterior “coincide” en un trascendente momento político-social como es la elección de fiscal general, y en el año de otros dos procesos importantes: elección del PDH y del Contralor General ¡La tormenta perfecta! En política hay más causalidades que cosas fortuitas, y esas jugadas parecen impulsarse activamente desde una administración norteamericana que da palos de ciego frente a notorios fracasos por el control geopolítico regional y la migración. 

Tras movimientos geoestratégicos de China y Rusia, Estados Unidos reacciona para intentar recuperar el poder perdido y, de paso, dignificar sistemas judiciales que no responden a sus ciudadanos. Sin embargo, la celeridad con la que piden extraditar al expresidente hondureño silencia y contrasta con la cantidad de “nuestros” delincuentes, acogidos por los USA, que circulan libremente por su territorio e impiden que sean juzgados aquí. La reciprocidad pareciera no ser parte de las relaciones diplomáticas y las reglas del juego ser diferentes ¡Bienvenidos al realismo político!

La preocupación norteamericana por el control regional pasa, incluso, por congraciarse con un gobierno del entorno del Foro de Sao Paulo, como el de Xiomara Castro, y apretar las tuercas al guatemalteco, los dos únicos países centroamericanos que no tienen relaciones con China, lo que no deja de ser arriesgado. En Honduras -y en Centroamérica en general- entenderán el mensaje de que finalizada la presidencia te pueden llevar gratis a Disney, y personajes que en su momento se acercaron peligrosa al chavismo pondrán ojo avizor. Sin embargo, arreglar las cosas en Guatemala requiere construir algo más duradero, y quizá encontraron otra solución. 

Por ahora no hay un candidato para las elecciones 2023 que cuente con simpatía en USA ni mucho menos con cantidad de votos suficientes para ser legitimado -más bien todo lo contrario- lo que parece condenarnos, como siempre, a votar por el menos malo. Si se logra designar a un fiscal general allegado que anule las barreras judiciales y permita el regreso de Thelma Aldana, sería de aprovechar el caudal de votos que tiene y potenciar su imagen a través de grupos, organizaciones locales y medios afines -usados como ruido social para otras cosas y ocasiones- y, automáticamente, tendremos -en un país que adora los caudillismos- la candidata perfecta. En cuatro años, será ella quien designe al nuevo fiscal general y, cuando acordemos, la estrategia de control indirecto -ahora debilitada- estará consolidada. El poder es el fin; la justicia el medio…, y felices los cuatro.

Puede gustar o no de la idea conspirativa, pero sería muy apropiada para una administración norteamericana -con activa efervescencia ideológica doméstica- que pretende recuperar el control en la región para evitar, como en la Guerra Fría, la presencia de potencias hostiles y de paso conformar una justicia que, sin negar que sería mejor para cada país, sirva primordialmente a los intereses de quienes mandan. 

Relájese, licue todo lo anterior y hágase su juguito mañanero. Reflexione, intente encajar las piezas y decida que pinta usted como ciudadano con derechos en todo esto. Yo lo hice hace días y llegué a la conclusión del emoticón del gato: “la ignoración”. Y es que, aunque nos creamos algo, no somos más que peones desechables, y como dijo Rousseau: “…, todo hombre nacido para esclavo nace para la esclavitud…”

lunes, 14 de febrero de 2022

¿Instituciones o personas?

En ese simplismo, los “buenos” nunca hacen cosas malas y los “malos”, evidentemente, no llevan a cabo actuaciones correctas

Seguramente usted no sabe -y tampoco lo haya escuchado- que el presidente de la Confederación suiza se llama Ignazio Cassis, el jefe de estado austriaco es Alexander Van der Bellen o que Claire Hédon es la Defenseure de droits en Francia. Pero tranquilo, no se desanime, es muy probable que tampoco lo sepan los suizos, los austriacos o los franceses. Y es que las democracias exitosas, las sociedades organizadas sobre principios y valores, exigen que las instituciones funcionen y no se preocupan tanto por quien está al frente de ellas. Se trata, en definitiva, de apostar por la institucionalidad y no por el personalismo, como forma contrapuesta a la anterior. 

Por estos lares hablamos de jueces, fiscales o políticos con nombre y apellidos y se ataca o defiende a la persona, la mayoría de las veces sin entrar a analizar otros asuntos. Si se llama de tal manera es bueno y defendible, pero si responde a otro nombre, entonces se le condena, independientemente de las razones. En ese simplismo, los “buenos” nunca hacen cosas malas y los “malos”, evidentemente, no llevan a cabo actuaciones correctas. El fondo de la cuestión no importa porque la forma es lo esencial, nada diferente a la hipocresía nacional en otros ámbitos. El país, la región, el hemisferio parecen estar diseñados para guardar las apariencias y que sean los menos posibles quienes se enteren de la realidad, aunque eso sea lo verdaderamente importante.

En lo cotidiano ocurre lo mismo, independientemente de que el ambiente sea urbano o rural. Se habla de tal familia o apellido y eso importa muchísimo a la hora de establecer relaciones. La persona no es tan importante como su abolengo, en esta sociedad conservadora, rígida, arcaica hasta cierto punto, y la “promo” sustituye a la meritocracia. Desconozco -aunque puedo intuirlo- que esa forma de actuar se ancla en la particular independencia que tuvo el continente y los caudillos del momento. Hasta ahí es comprensible y justificable, pero 200 años después es para que hubiésemos evolucionado. 

Este trauma invisible confunde a muchos que terminan por votar a personajes, no a programas políticos; a planillas encabezada por un determinado atractivo en la primera posición, en vez de analizar la propuesta, y discuten sobre jueces, fiscales, magistrados o autoridades, según el nombre que tengan, importando poco el análisis de los que juzgan o como hacen las cosas. La institución es neutra, el caudillismo personal. La primera desarrolla un determinado comportamiento aceptado por mayoría, por lo que no importa quien esté al frente; el segundo está a capricho del cabecilla que determina qué o cómo hacer, y sus veleidades se imponen a la norma. Quizá sea una de las razones de que el presidencialismo sea, en la mayoría de los países que tienen tal sistema político, un fracaso frente a los parlamentarismos de sociedades desarrolladas. En América, que está llena de tales formas de gobierno, generan sonadas desilusiones sin importar la ideología, porque en el fondo el problema principal que aflora es justamente el de la persona al frente: Kirchner, Ortega, Castro, Zelaya, Uribe, Bachelet, Evo, Correa, y un largo etcétera de personajes que gustan a unos u otros, pero que no siempre consolidan instituciones.

Guatemala no es una excepción sino un ejemplo más a incluir en esa relación. Nos debatimos entre Porras, Aifanes, Thelmas, Menchús, Arzús o Torres, dejando el tema de la institucionalidad al margen porque la persona es lo morboso de la discusión. No aprender nos lleva al fracaso continuado, así que mejor buscar quien será el próximo líder, al mejor estilo norcoreano ¡Ellos si saben de eso!


lunes, 7 de febrero de 2022

Contumacia y comisiones de postulación

El sentido común, la razón y el buen proceder deberían ser suficientes para arreglar las cosas ¿Por qué no se hace?

Repetimos periódicamente un insustancial debate sobre cómo mejorar las comisiones de postulación, pero nada se concreta. Un vez tras otra se cometen los mismos “errores” que ya son familiares, y se insiste en idéntica actuación: amparos, críticas, señalamientos, reproches…, ineficacia finalmente. Ya sabemos qué significa aquello de “querer cambiar las cosas haciendo lo mismo” y cómo nos convierte, cuento menos, en inútiles. Los hechos parecen indicar que no queremos renovarnos, porque mientras haya un margen de subjetividad en los procesos se podrán acomodar a criterios particulares, y así elegir a conveniencia a jueces, magistrados, fiscales o contralor.

Hay cuestiones tan racionales que parece imposible que no sean incorporadas a la legislación, lo que abona la teoría anterior del interés particular y del manoseo. Una se refiere a la tabla de gradación, que debería estar publicada con años de antelación, de forma que los aspirantes sepan cuáles son las condiciones y no elaborarse al inicio del proceso, con el riesgo de adaptar las condiciones a los postulantes, al saberse quienes podrían ser. Otra es el voto, porque teniendo en cuenta que hay suficiente literatura en relación con el voto secreto -el que más libertad ofrece al votante- parece contraproducente que se exija público y comentado, lo que implica que quien lo haga tenga que enfrentar el rechazo, la crítica o el ruidoso y mediático castigo de aquellos que consideran que no eligió como ellos querían; una suerte de moderna inquisición. Una tercera se refiere a los decanos que participan. Algunos son nombrados días antes de que de inicio el proceso, con lo que se corre el riesgo de que puedan designarse para un fin específico y no para ocupar la dirección de la facultad, que debería ser el objetivo principal. Es sencillo arreglar este problema para evitar la picaresca: impedir la participación de decanos que no lleven, al menos, uno o dos años en el correspondiente cargo. Otra cuestión son las universidades que tienen únicamente una o dos facultades: derecho o economía, porque se organizaron precisamente para participar en estas comisiones. Sencillo: una universidad que no cuente con cierto tiempo de antigüedad y haya egresado al menos una promoción o carezca de cinco o seis facultades activas, no debería de participar en estas comisiones. 

Por último, es un sinsentido, una perdida de tiempo y de esfuerzos, además de una somera estupidez -salvo que el interés sea el de darle forma a un proceso para después hacer lo que se quiera- que tras arduo trabajo de clasificación de los aspirantes para colocarlos por orden de puntuación, se vote para seleccionar a otros diferentes. No creo que haya, en todo el proceso, hago más mentecato. Si establecer un orden por puntuación se puede considerar objetivo, ¿qué sentido tiene elegir después? Se puede, incluso y como parámetro neutral, agregar el sorteo como método de selección en caso de empate o para la designación definitiva.

En conclusión, la racionalidad es lo que menos impera en estos procesos y debería ser justamente lo que primara. John Rawls dio pistas hace muchos años con aquello del “velo de la ignorancia”, pero para quien no lo haya leído, el sentido común, la razón y el buen proceder deberían ser suficientes para arreglar las cosas ¿Por qué no se hace? La respuesta es muy simple: cada cual jala para su lado y no hay intención alguna de diseñar procesos impersonales y neutros ¡Miente quien diga lo contrario!, aunque se de golpes de pecho queriendo presentar modelos que dicen dejar a un lado la subjetividad pero permiten señalar con el dedo a su preferido.

lunes, 31 de enero de 2022

Esa “cosa” de la injerencia extranjera

A diferencia de la Guerra Fría, ahora hay un nuevo actor en todo este tinglado: China. El juego era antes de dos y ahora con tres se complica

A estas alturas de la vida puede seguir pensando cándidamente que la cooperación internacional consiste en la ayuda desinteresada de gobiernos o quizá haya madurado y comprenda que realmente es un vector de la política exterior de países que disponen de dinero. Así, hay naciones que invierte en reconstrucción arquitectónica, ayudan a determinados colectivos, apoyan a gobiernos o financian determinadas ONGs. En el fondo, el objetivo perseguido es el mismo: contar con cierto grado de influencia sobre gobiernos, grupos, personas o colectivos, a través de la diplomacia económica, 

Se oyen comentarios sobre el lobby en USA por parte de sectores empresariales o el pago de Taiwán en favor del gobierno guatemalteco, pero se obvia que hay organizaciones internacionales que contratan agencias de publicidad para promover en Twitter mensajes de interés o a personas que ahora viven o viajan frecuentemente a Washington para difundir sus propósitos. En resumen: todos hacen idéntico juego, aunque nos fijamos en los que nos disgustan para evitar hablar de aquellos con los que compartimos afinidad.

Rusia apoya a países de corte socialista-comunista: Cuba, Venezuela o Nicaragua, y los finanza de múltiples formas para que promuevan su ideología o sirvan de escudo o multiplicador de sus intereses geopolíticos. China hace lo propio y sustituye embajadas de Taiwán por las suyas en Costa Rica, Nicaragua o El Salvador, y con la finalidad de consolidarse en la región construye estadios, presta dinero o entrega vacunas, con el mismo objetivo que los rusos. Por su parte, Estados Unidos -que juega en el mismo tablero- reparte donaciones a ONGs, apuesta por tal o cual presidente, fiscal o juez, retira ayudas como castigo o crea listas para presionar a quienes no siguen sus dictados ¿Entiende el actuar concurren y similar de todas esas potencias o sigue dormido a esta hora del día? 

Lo que subyace es el ejercicio del poder, la voluntad de dominar y controlar un espacio geoestratégico -el centroamericano- de interés para esas potencias y en el que, desde hace años, se libran batallas -a veces silenciosas- en las que los habitantes del lugar nos desgastamos, morimos o padecemos las consecuencias. Aquella doctrina Monroe de “América para los americanos” -traducida realmente por “América para los norteamericanos”- enfrenta fuertemente cualquier injerencia extranjera y la confronta con los medios disponibles o utilizables en cada momento: violencia, invasiones, dictadores, dinero, tecnología o listados.

A diferencia de la Guerra Fría, hay ahora un nuevo actor en todo este tinglado: China. El juego era antes de dos y ahora con tres se complica. Rusia no se molesta tanto con China porque coinciden en otros lugares: Nicaragua, Venezuela y Corea del Norte, por ejemplo, y el único “enemigo” común es USA. Estos, un tanto perdidos en su política exterior desde la era Obama, “no advirtieron” la penetración de los otros en la región y se aturden al “descubrir” la situación. Nosotros, más humildes pero normalmente acobardados, nos debatimos -sin entender mucho- sobre a cuál de ellos preferimos o las bondades que podrían traer chinos, rusos, demócratas o ciertos grupos de entrometidos militantes, sin advertir que somos peones desechables, como en toda partida de ajedrez.

O apostamos por principios y descartamos cualquier injerencia que compre voluntades y silencio a través de dádivas o seguiremos como siempre: dominados, controlados y con gobiernos que ponen a unos u otros en función de sus intereses. Así están las cosas mientras usted debate si el G-13, el embajador sueco o los de Washington buscan el bien del país ¡Pareciera ser que no evolucionamos mucho y entendemos muy poco!

lunes, 24 de enero de 2022

Voto secreto o público: debate necesario

El voto únicamente tiene que ser público para los funcionarios que tienen que tomar decisiones y así poder ser fiscalizados

La Ciencia Política y el Derecho, han profundizado suficientemente en relación con el secreto del voto, y llegado a la conclusión de que es la mejor garantía en cualquier sistema electoral porque reduce el riesgo de que alguien externo pueda influir en el libre actuar del elector. El voto secreto es el que otorga mayor libertad e independencia a quien lo ejerce, y hay suficiente literatura al respecto. En el mundo occidental es algo resuelto, y aunque la constitución guatemalteca así lo contempla, al igual que en otras cuestiones formamos parte de ciertas excepciones. 

La teoría del cono de García Morente que trata y reflexiona sobre la forma más adecuada de dilucidar el derecho al secreto, contempla y sitúa el voto secreto en el puesto 9 de los 15 que establece y lo coloca por encima de los secretos de estado o de las deliberaciones en los tribunales de justicia. Que nadie conozca cómo vota otra persona, libera de presiones, amenazas, insinuaciones y, en general, concede el máximo grado de libertad. La discusión sobre el tema cobró fuerza en el país cuando se incumplió la ley de amparo y exhibición personal por parte del consejo Superior Universitario al designar a magistrados a la CC sin observar el voto secreto, tal y como manda la norma en su artículo 155, y se puede seguir vulnerando en el futuro. 

En un mundo de linchamiento virtual sin limites ni leyes que lo acoten, del incidir de grupos de interés y de presión o de países que desean influir en la política interna, manifestar públicamente por quién se vota, especialmente en sociedades polarizadas, es condenarse a ser señalado, estigmatizado y criminalizado, o ser incluido en una de esas listas que ciertos países -como los USA- elaboran como medio de presión, y de las que no hay forma de salir porque no hay acusación formal para confrontar o demostrar lo contrario. En otras palabras: una inquisición político-mediática aceptada y legalizada que permite tener injerencia en procesos que interesan a determinados actores o asociados que reciben donaciones o les financian proyectos.

Se puede comprender fácilmente la dificultad de cualquier rector o decano al momento de votar cuando es observado y sabe que será juzgado, criticado duramente, expuesto por quienes no gusten de su decisión, etiquetado despectivamente o vilipendiado. El voto únicamente tiene que ser público para los funcionarios -diputados, por ejemplo- que tienen que tomar decisiones y así poder ser fiscalizados por los votantes, lo que evidentemente no es el caso de quienes integran las comisiones de postulación. 

Asociar la transparencia con el voto público crea una interesada confusión porque representa exactamente la antítesis de aquella. El proceso debe de ser transparente en su convocatoria, aceptación de aspirantes, puntuación, análisis de expedientes, debates y cuestiones similares, pero si al final se requiere una votación -algo discutible cuando se ha hecho una clasificación por méritos- debe ser secreta que es la única manera de reducir la manipulación, evitar la coerción y garantizar la libertad, lo que es sobradamente aceptado en el mundo. El voto secreto de un jurado popular, en un juicio público, es el mejor ejemplo de cómo se evita la venganza posterior del enjuiciado, y no se vulnera la transparencia.

Aquí, quienes desean que las cosas se hagan a su particular forma y antojo, promueven “la publicidad del voto” para así poder condenar, amenazar, señalar, advertir o coartar a quienes hagan lo contrario de lo que ellos propugnen, lo que representa una forma de presión, disfrazada de transparencia, en su mas burda manifestación inquisitoria medieval.