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lunes, 28 de agosto de 2023

Arévalo y los 300 espartanos

Con solo un Efialtes que integre la lista, pertenezca a los “tradicionales del pasado” o meta la pata, serán señalados de ser como los demás 

El “sistema democrático se expresó” y hay que hacer honor a los resultados electorales. Pero esa realidad no debe de ocultar otra, y me atrevo a afirmar -sin riesgo a equivocarme- que para la mayoría de los ciudadanos, el partido Semilla y el binomio presidencial no estaba prevista la actual situación. Ante ese reto, deberán conseguir unos trescientos espartanos de confianza que se quieran inmolar en puestos claves de gobierno, a los que deben de agregar -con sumo cuidado- decenas de periecos e ilotas, tanto por su valía como por su rectitud moral. Pero ¿podrán hacerlo sin equivocarse? Temo que hay un alto riesgo que tienen que asumir, y que los ciudadanos debemos de asimilar. Con solo un Efialtes que integre la lista, pertenezca a los “tradicionales del pasado” o meta la pata, serán señalados de ser como los demás, lo que les generará un nivel de descrédito que no pueden permitirse.

Simultáneamente tendrán que lidiar con “jóvenes semilleros” quienes, chamuscados en patrio ardimiento, querrán tomar decisiones progres que seguramente confrontarán la madurez del mandatario, mucho más centrado, ponderado y equilibrado que la mayoría de los impúberes políticos que integran el partido. Hete ahí la segunda etapa, no menos complicada. Y por si fuera poco, les toca construir una vía de diálogo con un Congreso en el que las dos terceras partes no comparten su visión, e incluso tienen una muy opuesta. Sin embargo, serán quienes les aprueben los presupuestos -con sus correspondientes candados- o permitan las modificaciones legales para poder ejecutar cambios, y no veo, entre los jóvenes diputados, figuras capaces de promover acercamientos y construir consensos, por lo que la situación crece en complejidad.

Además, en los dos primeros años de gestión no corresponde nombrar a ninguna autoridad ni cambiar instituciones, excepción del incierto futuro de la Corte Suprema de Justicia. El resto será a partir de 2026 por lo que estarán absolutamente solos durante 2024 y 2025. Con una veintena de diputados y únicamente dos alcaldes, será complejo conseguir apoyo del Legislativo ni contar con incidencia en los COCODES y COMUDES que son los que gestionan una importante cantidad del presupuesto en el ámbito municipal. Por lo tanto, sería bueno bajar la expectativas, centrarse en lo que realmente es posible, y hacerlo a la velocidad que permita la particular idiosincrasia nacional. 

En cambio podrán -si el presupuesto no tiene muchas trabas- emprender acciones en seguridad, prisiones, construcción de infraestructura, en materia económica y contratar personal sin plazas fantasma. Quizá algo en agricultura y en programas sociales, pero desde ahí demostrar que pueden gestionar sin favores, pago de comisiones ni corruptela. Les será muy difícil lidiar con mafias y sindicatos de salud y educación -en ocasiones son lo mismo- especialmente en pactos colectivos, contrataciones, chantajes diversos, compra de libros, útiles escolares y medicamentos ¡Atenea los agarre confesados!

La confrontación ideológica no tendrá efectos porque la elección no lo ha sido por esa razón, sino para luchar contra la corrupción. A partir de enero los votantes exigirán lo que realmente les preocupa: mejoras en la economía, trabajo, empleo y reducir la carestía de la vida, dando por hecho que la corruptela “será resuelta” porque para eso los votaron. Hay que apostar por el mayor grado posible de consenso, diálogo y debate, además de actuar con principios éticos. Cualquier giro drástico, inoportuno o no pactado puede mandar al garete el trabajo en pro de acuerdos razonables.

Aquellos espartanos que cerraron las Termópilas tuvieron arrojo, valor y estaban entrenados. A pesar de ello fueron traicionados y finalmente vencidos por Jerjes y sus aliados. Esperemos no reescribir la Historia. 

lunes, 21 de agosto de 2023

Después de la tempestad, ¿vendrá la calma?

Se optó entre dos soluciones minoritarias que la mayoría no quería -¡que contraste!- y se seleccionó, como siempre, la “menos mala”

Finalmente salimos de dudas. Las encuestas acertaron y los números se ajustaron a los resultados tanto del ganador como de la perdedora ¡Una marcada diferencia!

Muchos se preguntan qué pasó en estas elecciones y creo que tiene fácil explicación o, sacando el ego de la ecuación, digamos que no es difícil entenderlo. De entrada -y eso se olvida frecuentemente- un 25% -uno de cada cuatro votantes- dijo que “no quería a nadie”, por eso votaron nulo o en blanco. Eso significa que, en una democracia real, se debería de haber atendido a la mayoría que decidió repetirlas. Pero no fue así, porque los políticos no gustan de ser desechados. Se optó entre dos soluciones minoritarias que la mayoría no quería -¡que contraste!- y se seleccionó, como siempre, la “menos mala”. 

La UNE de Torres representa el continuismo del sistema corrupto, voraz, depredador y mafioso que ha gobernado el país. Semilla, de Arévalo, está “sin contaminar”, y en la balanza inclinó el plato a su favor. En casi idéntico porcentaje votaron jóvenes, adultos y mayores; letrados e iletrados; derecha izquierda, lo que explica que la elección -entre dos partidos de izquierda- no haya sido ideológica, sino sobre decencia política. Digámoslo así: ha sido sobre la diferencia de honestidad percibida por el votante.

El partido Semilla no era muy conocido, mucho menos su binomio presidencial. Sin embargo, esos grupos de forajidos y mafiosos dedicados a generar fricción social tuvieron “la brillante idea” de hacer una campaña sucia y promover dinámicas de odio, lo que, en un juego de suma cero -como son las elecciones- terminó favoreciendo notablemente al contrario ¡Tontos que hacen el idiota y no se dan cuenta de los lelos que son!, pero como dicen en mi pueblo: “lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible”.

En ciertas organizaciones -especialmente en instituciones jerarquizadas- hay un principio que dice que se debe asesorar al jefe directa, abierta y creativamente hasta que tome su decisión. A partir de ese momento, ya no cabe más debate ni oposición, sino que hay que asumir como propia la idea de quien dirige, y llevarla a cabo. En democracia ocurre algo similar, hay que saber ganar o perder, y entender que en un sistema de votación de mayorías triunfa quien más votos tiene, y punto. Eso es lo que queda por hacer ahora. Ganó Arévalo y hay que cerrar filas en torno a un proyecto -guste o no- y ver cómo se puede empujar hacia adelante o quitarse de en medio y no estorbar. 

Pero ojo, el optimismo desmesurado tampoco debe dibujar horizontes imposibles. Seamos realistas porque Presidente es solo una parte del sistema. No esperemos cambios profundos en los próximos cuatro años. No se saldrá de la pobreza ni del bajo desarrollo, pero se pueden establecer pilares de decencia sobre los que construir en el futuro. Gastar bien el dinero público, expulsar a sindicalistas depredadores, no volver a contratar a empresas que prestan servicios animadas por el chantaje o la corrupción, generar vectores de profesionalismo en el funcionario y otras “pequeñas” cosas, servirán para transmitir la imagen de honradez que espera la ciudadanía.

Con esta votación, el ciudadano -simple en sus argumentos- considera que ya puso al frente a quienes lucharan contra la corrupción. A partir de ahora exigirá que se arreglen las carreteras, funcione el sistema de salud, el dinero de educación no se dilapide y la justicia sea pronta y cumplida, entre otras cuestiones vitales.

No lo tiene fácil el binomio electo, pero debe de contar con apoyo y siempre con el beneficio de la duda.

lunes, 14 de agosto de 2023

Piñata en tiempos de crisis

Las democracias se construyen, no se generan espontáneamente, y para ello la clave es un ciudadano preparado, comprometido y exigente 

El problema de no exigir debates entre candidatos a puestos públicos y votarlos sin haber leído y analizado sus propuestas de gobierno es que pagamos muy caro el atrevimiento. En democracia, una mayoría que no lee, analiza, cuestiona, entiende o vende su voto, termina por elegir a presidentes, diputados y alcaldes por lo que balbucean en los mítines. No advierten que la mayor parte de las ofertas suelen ser imposibles de cumplir, algo que comprueban a alto costo cuando ya están en el poder. No en vano, al difunto Cabral se le ocurrió aquello de: “Los pendejos son peligrosos, porque al ser mayoría, eligen hasta el presidente”.

Seguramente muy pocos hayan leído las propuestas económicas de los dos partidos que llevan a su candidatos presidenciales a la segunda vuelta. Presumiblemente tampoco lo hicieron en la primera, sobre todo porque la UNE todavía no la había hecho pública. 

Sandra Torres, en cada mitin, y acorde con la idiosincrasia del lugar, abre la boca para dilapidar, en una sentada, millones que no son suyos.  Promete todo lo que se le ocurre: Q5 mil para los pensionados, becas para los estudiantes, préstamos “a la palabra” -solo ella sabe qué es eso-, bolsas de deporte “con pelota incluida”, además del equipamiento deportivo, y similares linduras. Miles de millones en promesas salariales, de equipamiento, infraestructura o donaciones, incluidas en 261 inútiles páginas propias de una paca política populista. 

Bernardo Arévalo, en menor espacio, tampoco convence con sus propuestas económicas. Sobre la base de un crecimiento anual igual o superior al 4.2% del PIB pretende obtener recursos para financiar la acción de gobierno de SEMILLA. El texto evita comentar que en los últimos 24 años únicamente se ha igualado o superado ese porcentaje en 6 ocasión -una de ellas después de la pandemia- y las otras 18 veces el incremento ha sido menor. Por lo tanto, el contexto económico probable haría imposible sus deseos y aspiraciones, sin que medie otra solución que obtenerlo de “lo que se roba”, concepto ampliamente utilizado pero indefinido, y tan elástico que dentro del mismo cabe hasta la propuesta de la gestión económica de un gobierno.

A los planteamientos anteriores -poco o nada cuestionados por los votantes- se añade que la recaudación fiscal, aunque crezca, estará en torno a los Q90/95 mil millones anuales, lo que deja una presupuesto desfinanciado en un 20/25% según el partido, el año y el cálculo, y que, acorde con expertos, aproximadamente el 85% -si no más- del presupuesto nacional está comprometido. Es decir, no quedará de otra que endeudarnos, subir los impuestos o, sencillamente, no cumplir los compromisos adquiridos porque en la disputa electoral cualquier promesa, por estúpida que parezca, tiene sentido para atraer votantes. Tampoco dicen nuestros candidatos cómo piensan lidiar con la voracidad sindical -salud y educación en especial, aunque hay otros depredadores- cuyos dirigentes han chantajeado por años a los diferentes gobiernos, ni cómo lidiaran con mafias tradicionales que se benefician de estructuras establecidas para la contratación pública, entre otras.

No dudo de las buenas intenciones -aquellas que pavimentan el camino al infierno- pero mientras la ciudadanía no exija cuentas claras y un cálculo económico mínimamente racional, seguiremos con esa democracia formal ausente de debates, propuestas posibles y concretas y, sobre todo, de votantes interesados e informados. Las democracias se construyen, no se generan espontáneamente, y para ello la clave es un ciudadano preparado, comprometido y exigente. Por ahora, falta de todo, pero especialmente el interés real por construirla y la responsabilidad del votante de ejercerla. Naturalmente cada cuatrienio nos cae lo que tenemos.

lunes, 7 de agosto de 2023

Uniformados: entre el odio y el olvido

No son perfectos, son humanos, pero merecen respeto, dignidad, atención y cierta dosis de adhesión, cariño y respeto ciudadano 

Llevo más de 20 años en el país y cuento con los dedos del codo, o de la rodilla, las veces que he leído una buena opinión o un análisis extenso, analítico y desapasionado sobre la policía o el ejército. El Estado -que tiene el monopolio del uso de la fuerza- cuenta con dos instituciones para hacer frente a las amenazas interiores y exteriores, y el ciudadano confía sus bienes, su seguridad y su integridad a uniformados públicos -policías y militares- a quienes paga a través de impuestos para que cuiden el territorio nacional, su persona y bienes.  

Escucho con frecuencia -seguramente con algo de razón- vilipendiar a personas que trabajan veinticuatro horas, cuando el resto lo hacemos ocho; que salen a la calle sin saber si van a beber algo caliente para paliar el frío o un poco de agua cuando aprieta el calor, porque nadie presta atención a esas necesidades básicas; que son transportados cual ganado en palanganas de pick up, sin importar el clima, el cansancio después del servicio o incluso si son heridos en acción, en lugar de utilizar un cómodo microbús que es cómo los hoteles distinguen a sus clientes o las empresas a sus asociados.  

Nos acostumbramos a exigir derechos, prestaciones, garantías y buena atención, pero pagamos poco y criticamos mucho, sin poner nada de nuestra parte por mejorar las condiciones de personas -seres humanos como nosotros- que integran esos colectivos. Se exige que confronten a narcotraficantes, a criminales de cuello blanco, asesinos, mareros y otros delincuentes que nos provocan pánico solamente con nombrarlos, pero difícilmente nos acercamos a estrechar su mano, invitarlos a un café o exigir al gobierno de turno que les mejore las condiciones básicas de vida. 

Visite una comisaría, observará colchones raídos y sucios, almohadas manchadas, sábanas inexistentes, cuartos de baño malolientes desprovistos de productos básicos para la higiene personal: papel higiénico, jabón, toallas o secador de manos, no digamos agua caliente para que quien está veinticuatro horas patrullando pueda tomar una ducha y descansar, que es lo que todos hacemos. Deberían ser actores sociales, pero los excluimos, y hacemos que parezcan antisociales.

Este tipo de columnas de opinión generan efectos contrapuestos entre quienes despiertan de un letargo ciudadano, por no haber prestado atención a lo que se dice, y aquellos otros que rescatan en lo más profundo de su corazón un odio desmedido e injustificado contra los uniformados ¡Allá cada uno con su conciencia!  En la vida terminamos necesitando de, al menos, dos apoyos, independientemente de nuestra condición: un pastor para los últimos óleos y un policía al que acudir cuando tenemos problemas.  

Quiero tomar este espacio, en tensos momentos electorales, para resaltar cómo el ejército y la policía han estado a la altura de las circunstancias, como mandan las normas, y han sido obedientes y no deliberantes, y actuado con la corrección propia de su dignidad personal e institucional. Pero, por si fuera poco lo dicho, no les permitimos votar por razones que no soportan un somero análisis en los tiempos actuales, y los tratamos como ciudadanos de segunda a pesar de exigirles que resguarden el proceso electoral, lo garanticen y protejan ¡Pedimos mucho pero damos muy poco!

Yo que sigo teniendo mi corazón uniformado, creo que como ciudadanos deberíamos meditar y reflexionar sobre aquellos que, mientras descansamos, se preocupan por velar por nuestra tranquilidad y nos permiten realizarnos en nuestros quehaceres. No son perfectos, son humanos, pero merecen respeto, dignidad, atención y cierta dosis de adhesión, cariño y respeto ciudadano. Es bueno exigir efectividad, pero comencemos por entregar un mínimo de dignidad.

lunes, 31 de julio de 2023

Democracia prostituida

La culpa no es exclusiva de los políticos, sino también de aquellos que lucran con su voto, ambos actos censurables y delictivos

Increíble que un partido como la UNE obtuviera la mayor cantidad de votos en primera vuelta sin haber publicado un programa político que pudiera leerse y analizarse. Los electores de los verdes -y no son los únicos- votaron sin conocer ni mucho menos analizar la propuesta de Sandra Torres. Pudieron hacerlo por fe, convencimiento, atracción por la señora o cualquier otro motivo que escapa de lo racional, pero no por estar de acuerdo con el inexistente plan.

Por otra parte, charlas con líderes de distintos departamentos -y varias denuncias- confirman la compra de votos, lo que establece un clientelismo entre el político que paga y el ciudadano que vende, con la esperanza de que si es electo le volverá a pagar en el futuro. Una prostitución del voto de la que muchos exculpan a “los más pobres”, como si fueran los únicos. En democracia todos los votos valen lo mismo, porque el derecho es universal para cualquier ciudadano, por lo tanto, no es concebible exonerar a quienes exigen iguales privilegios, pero eluden la responsabilidad de ejercerlos honestamente. La culpa no es exclusiva de los políticos, sino también de aquellos que lucran con su voto, ambos actos censurables y delictivos. Esos “pobres” -que algunos suelen justificar- tienen clarísimo que están vendiendo su derecho y libertad a elegir, y conscientemente lo hacen. Si eso se justifica por necesidad, cualquier otra cosa: prostitución, robo, atraco o similar, podrá ser igualmente justificable ¡No nos engañemos! Lo que hay que promover -teniendo como principio no cuestionable el voto universal- es que quienes elijan lo hagan con responsabilidad o, de lo contrario, sean condenados con igual contundencia que quienes les pagan. No hay que callar ni ser débil para decirlo porque ninguno es víctima, y ambos son delincuentes.

Lo que reflejan los hechos descritos es que hay un lupanar de la democracia. El ciudadano, exigente de derechos, ha olvidado la responsabilidad de ejercerlos con ética, porque le importa un soberano bledo el programa político de los candidatos y es feliz si se embolsa una cantidad de dinero, aunque sea prostituyéndose con el voto. No nos quejemos luego de los resultados, porque aquel que pagó a quien lo votó, necesita depredar recursos públicos para resarcirse y volver a pagar a otros, que se sumarán a esa subvención encubierta. 

El comportamiento no es más que el reflejo de una extensa hipocresía nacional que mientras sea silenciosa no perturba, no molesta. Llenamos el país de moteles para ocultar infidelidades, pagamos parte del salario en nómina o factura y otro poco en cash, para eludir deberes fiscales, y compramos el carro o la casa a nombre de la empresa para desgravar impuestos. Un país con demasiada ciudadanía de doble moral -y poca ética- capaz de hacer todo lo anterior mientras se rasgan las vestiduras en público para mostrar el enojo que producen “los corruptos”, y grita reclamando -pero a otros- decencia, dignidad y buen gobierno. De tal cuenta, nunca acertamos a seleccionar bien a los gobernantes por razones como las citadas, aunque no falta aquello de culparlos continuamente.

Como es habitual, en esta ocasión deberemos elegir entre bandidos o inexpertos. Seguramente apostemos por la decencia -aunque ya veremos la cantidad de votos que consiguen los otros- y dedicaremos una administración más a aprender como gobernar “bien” el país. En 2027, el debate no será muy diferente, porque volverán los mercaderes de votos con proyectos de infraestructura, canastas, bolsas solidarias, becas…, para seguir desanimando al reducido grupo que va quedando de “honestos a toda costa”. 

Siento que la realidad sea tan dura de describir, aunque ni siquiera así despertamos.

lunes, 24 de julio de 2023

Hoja de ruta en época de guerra

Esta sociedad tiene, entre sus males, uno muy remarcado: la incapacidad de hablar, debatir racionalmente y escuchar

Una enorme confusión permea el ambiente, y la fricción extrema -antesala de la violencia- se deja ver en demasía. Desatada la debacle, los extremista habituales -que Dios los recoja pronto- queman sus últimos cohetes y muestran su vileza, truhanería y desesperación. Como los espacios no suelen quedarse vacíos, surgen otros -extremistas- progres con similares formas y modos. Una suerte de péndulo con oscilaciones que cada vez tienen picos más altos, y ocasionalmente se da la vuelta y aparece por el lado opuesto. Hay demasiados radicales -desesperados o eufóricos, según miremos, pero fanáticos al fin y al cabo- y el ambiente aconseja un llamado a la cordura en lugar de tensar la cuerda, con riesgo de romperla. El sistema está tan presionado que es preciso que cada uno asuma su papel para reducir la probabilidad. 

Arévalo debería de emitir un mensaje de sosiego y paz, y capitalizar la imagen conciliadora que ello representa. Sandra Torres podría dejar de avivar el fuego con comentarios desesperados y populistas, y apostar por la racionalidad. El MP tiene que comprender que el proceso electoral hay que respetarlo y abstenerse de realizar acciones fuera de lugar. El TSE continuar con lo que ya le han dicho: llevar a cabo la segunda vuelta. La CC no soltar las riendas del país que, aunque no le corresponde, a eso nos acostumbramos hace años, y lo aceptamos con jurídica resignación. A la CSJ le compete suspender inmediatamente al juez Orellana, para evitar esos frecuentes desmadres judiciales. El PDH tiene que asumir su papel y denunciar la vulneración de derechos humanos, además de promover la convivencia y la legalidad. El gobierno, lo mejor que puede hacer es dimitir en pleno y salir corriendo. El Congreso emitir una declaración institucional en la que apoye el proceso democrático y exija respeto a las normas constitucionales. Los activistas, disfrazados o no de periodistas, dejar de azuzar, provocar, falsear noticias irresponsablemente y buscar “likes”, en beneficio de un clima necesario de paz y tranquilidad. Por su parte, colectivos empresariales, agrupaciones de la sociedad civil, instituciones en general y mayoría de ciudadanos, han hecho lo que deben: ponerse del lado correcto de la historia y hacerlo público.

Esta sociedad tiene, entre sus males, uno muy remarcado: la incapacidad de hablar, debatir racionalmente y escuchar. No es nuevo, y la historia lo evidencia en más de una ocasión. Guste o no, ha llegado el momento de que los sediciosos acepten que “no pasarán” y reconduzcan sus intenciones. A los golpistas hay que sacarlos de la ecuación, pero al mismo tiempo evitar que entren otros similares en la medida que salen los primeros. 

Apostamos el futuro en un órdago electoral, y los resultados se hicieron ver, aunque nada está escrito en piedra y falta una segunda vuelta definitoria, en la que muchos -de varios bandos- han puesto toda la carne en el asador. En la victoria hay que ser humilde y en la derrota hay que tener dignidad, y reivindicar la lucha por valores y principios, más que por personas o partidos, además de respetar las reglas de la democracia previamente aceptadas. 

Cada personaje, institución, organización y ciudadano tienen un papel en todo esto, y no deben de esperar a que alguien dé el pistoletazo de salida, sino actuar inmediatamente. Está en juego la incipiente democracia y la convivencia pacífica, pero sobre todo el futuro de nuestros hijos que no puede quedar en manos de narcotraficantes, criminales, golpistas de cuello blanco o progres con pelo alborotado. La revolución violenta no conduce a ninguna parte, pero la pasividad tampoco.

lunes, 17 de julio de 2023

“No hay democracia sin determinación”

Ser demócrata se muestra en el fracaso, cuando los elegidos no son de su preferencia, porque ensalza el valor superior de reglas previamente establecidas

Me atrevería a decir que ni siquiera en 2015 hubo un acuerdo nacional tan amplio. En esta ocasión faltaron únicamente los sediciosos habituales, a quienes no hay que nombrar para que se vayan vaporizando al estilo orwelliano, y sean inmediatamente condenados al ostracismo. Esos extremistas delincuentes, atentaron abiertamente contra el modelo democrático, pero particularmente contra lo que dicen defender: el futuro de nuestros familias, especialmente de nuestros hijos, y en general contra las aspiraciones de muchos jóvenes. Intentan desesperadamente promover “los dos minutos de odio” con trasnochados discursos, cuando lo que persiguen realmente es mantener el control mafioso de instituciones desde las que depredan recursos públicos por años.

El autor de la frase que titula la columna es Julio Anguita, un encomiable paisano cordobés y comunista, y empuja la necesidad de destacar -en ese “espontáneo consenso”- a dos grupos que sobresalieron por omisión o acción. El primero incluye al Ejecutivo y al Congreso. Del Presidente no se puede esperar mucho, salvo que termine su tiempo, se largué y engrose la lista de ilustres despreciables nacionales, pero el Vicepresidente y su silencio no tienen perdón ni justificación, así como la de los ministros. Por cierto, dos renunciaron. Del Congreso se hubiese esperado que algún partido político -¡alguno!- presentará una declaratoria para condenar lo ocurrido, pero lejos de eso todos ellos y la mayoría de los diputados -cobarde o interesadamente- callaron.  Y si, son los mismos partidos y diputados que pedían el voto hace apenas una semanas y prometían un futuro feliz, aunque son incapaces de promover una declaración institucional o dar la cara frente a lo que sucedió ¡Mi desprecio a todos ellos!, y también a la mayoría de los alcaldes.

El segundo grupo es más censurable porque fueron activos, y me refiero a ciertas iglesias evangélicas. Desde púlpitos muy reconocidos -y otros muy ignorados- se promovieron mensajes de rechazo, condena y odio al candidato Arévalo, en un marcado afán por satanizarlo, endemoniarlo y presentarlo como el maligno. Algunos de esos pastores tienen intereses partidarios y hasta hijos diputados, y otros han sido cuestionados por lavado de dinero en sus respectivas iglesias, pero ¡solo es casualidad! Desde la fe, que maneja y manipula a muchas personas, no es aceptable ese discurso destructor, utilizado también, por cierto, por sectores católicos contra proyectos hidroeléctricos o de minería. Quienes condenan desde la militancia religiosa terminan validando a aquel enemigo de las confesiones: “la religión es el opio del pueblo”.

Serviles políticos, manipuladores pastores y el grupito de golpistas profesionales son los únicos que han estado en pro de este intento de rompimiento constitucional o golpe a la democracia. El resto: cámaras empresariales, organizaciones de la sociedad civil, grupos de apoyo nacionales y extranjeros y la activa ciudadanía, se mostraron contrarios a la acción de inescrupulosos mafiosos que pretenden seguir moviendo los hilos en el país. También se ha demostrado que estamos muy lejos de Nicaragua, Venezuela o Cuba. Lo aquí ocurrido -imposible en aquellos países- lo pone de manifiesto, sin ser menos cierto que hay quienes, vestidos de salvadores fariseos, empujan en esa dirección autoritaria. 

Ser demócrata se muestra en el fracaso, cuando los elegidos no son de su preferencia, porque ensalza el valor superior de reglas previamente establecidas. En agosto hay que aceptar a quien la mayoría decida en la urnas. No hacerlo, demostrará una preocupante sintomatología golpista por parte de esperpentos sin valores ni principios que pretenden sacrificar eternamente a nuestros hijos en beneficio de sus delincuenciales aspiraciones. Esta vez, los ciudadanos, la última línea de defensa, pero la más efectiva, nos encargaremos de mandarlos al carajo.

lunes, 10 de julio de 2023

El pintoresco diseño institucional

Con un sistema así diseñado no es de extrañar que estemos permanentemente radicalizados, enojados, furibundos, polarizados, asqueados

Si fuésemos una sociedad autocrítica -que no lo somos- y tuviéramos espíritu de superación, de mejora y de perfeccionamiento -que tampoco lo tenemos- estaríamos regocijándonos por la primera parte cumplida del proceso electoral, pero cuestionándonos a la vez por qué se ignora al 17% de ciudadanos que expresaron su deseo de repetir las elecciones -voto nulo- y otro 7% de votos blancos que podrían significar lo mismo. El voto nulo es un rechazo a las ofertas electorales -a los candidatos- no al proceso democrático, y debería pensarse en cambiar la ley. En lugar de llamarle voto nulo tendría que sustituirse en el futuro -para dejar las cosas claras- por una casilla que diga “repetir las elecciones”, que en definitiva es lo que expresa.

Sin embargo, aquellos que aplauden la democracia y la vitorean permiten que se ignore a la mayoría de los ciudadanos cuando deciden desechar, libre y responsablemente, las ofertas electorales. Claro, como a esa mayoría se le rechaza, no queda de otra que votar siempre por los que quedan, porque la repetición electoral está excluida como opción ¡Es impresionante la incongruencia con la que vivimos!, no solo en temas relacionados con la política y la democracia, sino en infinidad de aspectos, y así nos va.

Esa es la razón, y no otra, de la falta de legitimidad de los gobernantes desde el inicio de la era democrática. Se lo pongo en números que suena mejor aunque duela más: 1 de cada cuatro ciudadanos de los que votaron, 1 de cada seis de todos los que pudieron votar o 0.8 de cada diez habitantes de este país, eligieron no ya al presidente -que sería ridículo-, sino conjuntamente a los dos candidatos que pasan a segunda vuelta que es más caricaturesco. El Presidente, finalmente, será el “preferido” de prácticamente la mitad de los números anteriores, que son quienes votaron por alguna de las dos opciones ¡Ahora hablemos de democracia, de mayorías, de legitimidad y de otras cuestiones!, y luego echémonos a dormir, o nos descojonamos de risa.

Con un sistema así diseñado -que ignora a la mayoría que piden repetir las elecciones y paupérrimas minorías eligen a sus gobernantes- no es de extrañar que estemos permanentemente radicalizados, enojados, furibundos, polarizados, asqueados o, si pertenece a alguno de esos pequeños porcentajes citados: feliz, exaltado o encendido. Somos una sociedad muy mediocre en términos de calidad democrática, lo que evidencian todos los indicadores institucionales, y es imposible avanzar siquiera un milímetro sin superar la estupidez humana numéricamente visible. Es decir: estamos como estamos, porque somos como somos.

Con esas cifras ridículas, todavía algunos se permiten “profundos debates” sobre si hay o no que volver a contar los votos, como si, dados los porcentajes, se modificara esencialmente alguno de ellos. También están aquellos otros que hablan de “fraude” -mientras abren la boca más de la cuenta, como si con ello transmitieran un fraude mayor- sin advertir que desde que no se considera la voluntad de la mayoría el fraude democrático está consumado. Con la falta de legitimidad que los números expresan, hablar de fraude o de conteo es perder el tiempo en la inútil periferia del debate.

Nos quejamos de que no progresamos, nos estancamos, hay corrupción, los políticos no atienden los problemas nacionales y una larga retahíla sobradamente conocida. No advertimos -pobrecitos- que con este sistema seguiremos eternamente igual porque, en el fondo, y aunque no guste, muy pocos ciudadanos son los que (im)ponen a las autoridades al frente de este país. Lo demás son acciones derivadas de la causa principal: falta de autocrítica, capacidad de diálogo, entendimiento y seriedad.


lunes, 3 de julio de 2023

Toca resolver el dilema

Los discursos políticos son eso: discursos, y cuando se alcanza el poder no se suele actuar como en campaña electoral

Ganó el voto nulo por decisión de la mayoría de los ciudadanos, y de eso se trata la democracia, aunque no habrá una nueva elección. El sistema está mal diseñado y pasan a segunda vuelta los candidatos dos y tres, lo que vulnera el deseo mayoritario y expone un grave problema de diseño institucional. 

Aunque la UNE representa “lo tradicional”, hay que concederle los más de 800 mil votos obtenidos y quizá otros 200 mil derivados a VOS, y cuya suma es similar a los de 2019. Semilla se presenta como “nuevo y antisistema” aunque en la presente legislatura ha participado en el Congreso, y obtiene sorpresivamente un alto número de votos. El resto de partidos no ha sido desplazado por la “izquierda”, sino por el cansancio y el hartazgo de la corrupción. 

La pregunta sin respuesta es hacía dónde se encaminarán los votantes en la segunda vuelta. Suponiendo que quienes eligieron esas dos preferencias continúen con ellas, la participación baje al 40/45% y se reduzca el voto nulo que no tiene efecto práctico en esta oportunidad, habrá unos 2 millones de votos “disponibles” por atraer. Recordemos cómo en las pasadas elecciones Thelma Aldana apostó por Telma Cabrera, pero también Sandra Torres se alió con cualquier grupo en su voracidad por el poder. Muchas combinaciones son posibles, y hay que esperar a ver si el ciudadano se decanta por un partido tradicional y pragmático -UNE- o apuesta por algo nuevo y hasta cierto punto esperanzador -Semilla-

Ambos son de marcada izquierda económica -la UNE migró hacia el utilitarismo-, lo que representará un importante gasto público que pagará el contribuyente. Proponen proyectos sociales clientelares, intervencionismo estatal, subsidiariedad y temas de una agenda progresista con matices populistas, pero requieren de pactos, y Sandra -igual que en esta legislatura- lo tiene mejor con el Congreso electo. A Arévalo le será complejo, y abre una puerta a utilizar las manifestaciones populares como mecanismo de apoyo y presión. La UNE es socia de los partidos que han obtenido mayoría de diputados, mientras Semilla atraería votos de partidos minoritarios, con los que coquetea en el hemiciclo, aunque serán suficientes. Quizá haya que reflexionar sobre si es mejor tener amigos y aliados que enemigos con poder, y analizar el riesgo.

Hay que destacar, también, un voto más en línea en la UNE: presidencia, congreso y municipalidades, lo que optimiza teóricamente la gestión pública. No ocurre con Semilla que experimenta un fenómeno similar al del MLP en 2019: aceptación presidencial -y en el Congreso en este caso-, pero con un único alcalde en todo el país ¿Cuál opción generará más equilibrio de poder?

La ciudadanía reclama cambios y está harta, de ahí que el ganador de estas elecciones sea el voto nulo, pero no todos comparten la forma de hacerlo. El dilema no es fácil porque la incertidumbre y el rechazo son los elementos principales. Lo que ocurra dependerá de muchos factores, algunos todavía desconocidos, y especialmente del sentir ciudadano en el momento de depositar su voto. Los discursos políticos son eso: discursos, y cuando se alcanza el poder no se suele actuar como en campaña electoral. Yo me fijaría, entre otras cosas, en el costo económico y social de la oferta, en los hechos, en el pasado y las acciones de cada candidato, en el sentir personal después de haber meditado responsablemente el voto y en lo que ocurre en el entorno político regional. Cualquiera puede equivocarse, pero quien no analiza la situación y se deja llevar por la emoción tiene muchas más posibilidades de errar, y de lamentarse luego.


lunes, 26 de junio de 2023

Catarsis postelectoral: el Kinder surprise

El voto nulo fue el ganador de este proceso, lo que representa un importante rechazo ciudadano a todo lo que ha venido ocurriendo

Que los resultados presidenciales se veían venir, fue algo erróneamente promovido en las pocas encuestas que se publicaron. El orden anunciado fue alterado por el único que tenía el poder para hacerlo, y que no se tuvo en cuenta: el voto ciudadano, que muchos consideraron, como era habitual, torpe o comprado. 

De la UNE se esperaba, de Semilla ni se veía venir, mucho menos por una diferencia tan estrecha. Por primera vez dos partidos de izquierdas competirán por la presidencia, aunque el control del Congreso haga que el ganador deba pactar con otras fuerzas políticas muy distintas y opuestas.

El voto nulo fue el ganador de este proceso, lo que representa un importante rechazo ciudadano a todo lo que ha venido ocurriendo: corrupción, mal manejo de fondos públicos, falta de justicia, etc. Zury podría haber sido opción, pero su arrime a mafiosos, mercenarios, aprendices de golpistas y personajes del gobierno anterior -además de una pésima campaña- la han relegado a un puesto inimaginable hace unas semanas. El hundimiento de CABAL merece una investigación más pausada. VAMOS y VIVA estuvieron cerca, y obtuvieron muchos más votos de los proyectados, lo que apunta a una presión e inversión millonaria en las alcaldías. VOS, URNG, MLP y Winaq están profundamente estancados y sus candidatos sufren nuevamente estrepitosas derrotas porque la población no ve en ellos la “esperanza” que pretenden trasladar. Ciertos populismos y otras alternativas también son desechados por el votante, hastiado de lo habitual y de personajes reciclados como Jimmy Morales o Baldizón.

Toca hacer predicciones para la segunda vuelta respecto de la dirección que tomará el votante. En resumen: apoyar o huir de Sandra Torres y experimentar algo nuevo. Tal y como ocurrió en las dos pasadas elecciones, y vistos los números, puede ser que Arévalo sobrepase a una Sandra atorada, aunque nada es seguro porque hay muchos votos en juegos buscando reacomodo. 

El Congreso sigue igual: repartido, atomizado y repleto de impresentables, con dudosa calidad moral de los partidos representados y de la mayoría de los ganadores. Con quórum de mañosos, deberán establecerse pactos -si es posible- que en esta política doméstica tropical se traducen en entregar parcelas de poder o conceder privilegio, todo ello a costilla del presupuesto público que no es otra cosa que el dinero de los impuestos. La alternativa puede ser la practicada en distintos países latinoamericanos: el freno o la anulación del ejecutivo desde el legislativo.

La alcaldía capitalina no cambia de manos -pendiente de impugnaciones-, a pesar de haber estado muy cerca “Canela”, lo que impedirá reformas más radicales, aunque el alcalde perpetuo deberá lidiar con concejales de varios partidos que seguramente mejorarán el diálogo y oxigenarán la administración municipal, algo necesario hace años.

Hay que esperar la reacción de quienes hablaban de fraude y decían que no había opciones, y ver si mantienen su discurso o terminan por aceptar que nunca contaron en sus elucubraciones con la idea de un votante más informado, libre y capaz de tomar decisiones sin la presión tradicional. Es muy probable que las narrativas cambien y se blanquee el proceso que ha estado descalificado desde el inicio por muchos de quienes ahora están posicionados en la parrilla de salida. En política parece que todo cabe, todo sirve, y las palabras se las lleva el viento apenas unos día después del triunfo, que finalmente es lo importante. Semilla dio la sorpresa, VAMOS no pudo sumar a pesar de la maquinaria estatal, VALOR y CABAL fueron grandes perdedores, y VIVA mantiene su posición. Ganó el voto nulo, pero sin consecuencias, aunque en democracia el votante es quien decide.