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lunes, 20 de julio de 2009

Jardin de infancia

Son como niños y actúan según la neurosis pueril del momento. Empujan, golpean, amenazan, dicen mentirijillas, lanzan agua unos a otros o se llaman por el apodo. Lo lamentable es que cobran como adultos, tienen un montón de asesores, gran responsabilidad y, encima, hacen leyes que los demás tenemos que cumplir.
A los de prepa, cuando hacen escándalo, los llevan a la dirección y llaman a sus papas, en un afán por educarlos y corregir esas salidas tempranas e inapropiadas de tono. A esos “honorables”, en su adultez, no hay manera, salvo despedir a muchos de ellos por, ridículos, choleros, vulgares y aprovechados, cuando no deshonestos.
Ese cuchubal de la zona 1 tiene todo tipo de socios. Están los sordos y mudos. Una suerte de colectivo que apenas sabe leer y escribir, mucho menos hablar, pero que alguien les compró la plaza y el voto y devengan mensualmente el salario de tres años de uno de esos pobres que “salvan” todos los días. Incluye también a los “operadores políticos”, quienes destacan por ser siempre los mismos, aunque se postulan por partidos diferentes en cada legislatura, lo que refleja su catadura moral. El grupo de los cara duras no pueden faltar. Se quedan irregularmente con dinero de viáticos y no los devuelven o les cuesta un montón. Hacen de los viajes su agosto o cambian de partido más que de calzones, traicionando al electorado. No faltan aquellos cuyos nombres salen siempre a la palestra cada vez que se habla de carteles de droga, mafias o crimen organizado. Afortunadamente, el listado se completa con algunos pocos de personas honradas, capaces y creíbles.
Se hacen llamar los “padres de la patria”, por la que, desde ahora, inauguro el club de hijos de madre-patria soltera. Quieren “dignificar” el Congreso, pero se comportan frecuentemente de forma indigna. De cuando en cuando, organizan un show cuyos protagonistas son los mismos payasos de siempre y van agregando a unos u otras nuevos, según sea el acto circense o la pendejada en cuestión.
Desde las gradas, un grupo de embajadores tuvo el privilegio de ver el estreno de la última obra. Abochornados, abandonaron el lugar exclamando, más o menos y traducido al chapín: ¡cuando dejarán de hacer el idiota y de verdad harán algo por este país!. Sin haber reparado que cada día asesinan a un montón de personas, lo que agrava todavía más el comportamiento que tuvieron. Sin embargo, mis amigos, y no se ofendan, ustedes tienen parte de culpa por darles ayuda, dinero y apoyo, lo que les permite seguir viviendo del cuento, del presupuesto y del escándalo. ¡Déjenlos hacerse mayores solitos y salir del kínder político en el que se encuentran!.
Se excusarán sin ningún tipo de vergüenza y continuarán preparando su próximo espectáculo o vagando por el hemiciclo perfeccionando esa carrera inútil y descabellada y sin hacer nada fructífero por este país al que dicen amar o llenaran su boca con elogíos a la bella nación que conformamos, mientras pactan y jinetean cualquier proyecto en función de sus mezquinos intereses.
A mí, personalmente, el espectáculo me dio vergüenza, pero mucha más repugnancia. A los honestos, entre quienes señalo a doña Nineth, les invito a que se vayan o a que los echen. Si eso es mucho pedir, al menos que los evidencien por descerebrados o que promuevan la elección directa. El país cada vez está peor y con el rumbo que llevamos vamos irremediablemente al fondo y, a esos, les importa un bledo. No aman a su patria y tampoco son buenos funcionarios público. ¡Ignórenlos y no los voten mas!.

2 comentarios:

Luis Eduardo Barrueto dijo...

Pedro, yo creo que tanto usted como yo como los guatemaltecos que tienen al menos 2 dedos de frente se pueden dar cuenta que esta porquería no debería funcionar así. ¿Por qué entonces la mayoría de personas pone objeciones a los únicos proyectos de reformar el sistema que existen en la actualidad? Léase: ProReforma.

De por sí, los embajadores no tienen absolutamente nada que estar haciendo en el Congreso de la República. Eso está claro, pero nuestros políticos casualmente hacen un espectáculo digno de un circo el día que ellos llegan.

Luis Eduardo Barrueto dijo...

Pedro, tanto usted como yo como cualquier persona con 2 dedos de frente se da cuenta que esta porquería no funciona así.

Ni los embajadores tienen nada que estar haciendo en el Congreso, ni los congresistas deberían de hacer semejante circo en pleno hemiciclo. ¿Es ese grupo de despreciables quienes están representando al pueblo? Aparentemente, lo es.

Tengo una pregunta: ¿Qué pasa con la clase de intelectuales y gente preparada para dirigir el país? La mayoría de personas con ciertas capacidades se abstienen de participar en la política. Pienso que se debería conformar y fortalecer una clase política de intelectuales y líderes positivos, pero aparentemente hay una renuencia a la participación partidaria. ¿Por qué es eso?

Me llama la atención el hecho de que el único partido político que ha mantenido su número de diputados desde el inicio del período es el FRG. Entiendo que es un partido con directrices establecidas y un liderazgo (no uno positivo, pero un liderazgo) fuerte.