Entradas populares

lunes, 21 de agosto de 2017

El sistema en jaque

                        
El sistema penitenciario es un desastre del que nadie quiere ocuparse

Continuamente se conoce de jueces que permiten el ingreso en prisión de ciertos utensilios: televisores, microondas, refrigeradoras, etc. Ahora se ha sabido que tanto Daniela Beltranena como Anabella de León han salido -o lo hacen periódicamente- a visitar a sus familiares. La primera de ellas, regreso de su última visita “con olor a licor”. Por si no fueran suficiente, un juez autorizó a solicitud del Sistema Penitenciario y con el beneplácito del INACIF, el traslado de un peligroso reo al hospital Rooselvet. Su violenta liberación ocasionó la muerte de siete personas, varios heridos y el pánico general. Todo eso merece una seria reflexión sobre el sistema, las autorizaciones, la responsabilidad de las instituciones y la nula cooperación interinstitucional.
Un preso como el huido, no debería haber sido conducido jamás a un hospital salvo para una extrema urgencia. Hay clínicas móviles capaces de atender a los detenidos en el lugar en que están internados. Si además lo fue para una extracción de sangre y únicamente iba custodiado por tres guardias, la insolencia se torna irresponsabilidad muy grave.
El sistema penitenciario es un desastre del que nadie quiere ocuparse. El asesinato en prisión de Byron Lima dejó en entredicho la inteligencia penitenciaría y el desmadre allí existente, especialmente al analizar las armas y explosivos que se introdujeron y cómo, según el MP, ocurrieron los hechos. Las autoridades encargadas deben prestar atención a lo que hacen, pero sobre todo asumir la responsabilidad en el desempeño de su cometido. Eso de autorizar alegremente salidas a hospitales o conceder ciertos privilegios debe pasar a la historia.
Quizá el problema radique en la organización. Si se han abierto fiscalías especiales para casi todo, creo que un organismo de vigilancia y supervisión del sistema penitencio, integrado por jueces, funcionarios de prisiones y delegados de la PDH, se hace necesario. Lo ideal sería que la dirección de cada centro de detención fuese colegiada e integrase representantes de las instituciones citadas. Ninguna orden de salida o ingreso debería cumplirse sin autorización de ese órgano. Se entiende fácilmente: la dirección colegiada es más difícil de corromper, promueve más debate antes de adoptar una decisión y visualiza los problemas de forma integral ¿Por qué no se hace?, pues porque no hay voluntad de cambiar lo que hasta ahora ha sido una mezcla de “patito feo” y “negocio productivo”, explotado por muchos e ignorado por no menos.
Someter a control al 10% de reos que representan aquellos que pertenecen a pandillas y a organizaciones criminales, no debería ser un problema, pero hay que tomarse las cosas en serio. El error fundamental en el planteamiento, y la consecuente “complejidad” para resolverlo, estriba en pensar que hay que crear algo integral que permita la reinserción social del detenido. La forma de abordar el asunto puedes ser mucho más simple y pasa, posiblemente, por aceptar que el sistema penal primordialmente -o de forma única- sirve para aislar de la sociedad al infractor y recluirlo por el tiempo que la ley determine. Lo demás -la reinserción- debe ser producto de la actitud de aquel y no obligación estatal. Definir el origen de lo que hay que hacer, genera soluciones más ágiles y simples. Mientras en USA la ciudadanía no se cuestiona la detención y aislamiento del Chapo o ha dejado de debatir sobre Guantánamo, aquí queremos “salvar” a reos mientras nos asesinan cada vez que pueden.

No es necesario activar la pena de muerte sino el sentido común, posiblemente algo mucho más difícil ¡Despertemos de una vez!

lunes, 7 de agosto de 2017

Con El Taquero haz tacos

El Taquero no ha heredado el poder que supuestamente lograría

Si un servicio de inteligencia, o un conspirador eficiente y profesional, tuvieran que haber elegido a alguien para asesinar a Byron Lima, hubiese sido, sin duda alguna, a El Taquero. Un personaje condenado a más de 800 años de prisión es el protagonista perfecto para no importa que escena de riesgo. No tiene nada que perder, cualquier cosa le puede servir para mejorar las condiciones de vida que le esperan en la cárcel hasta su muerte y no importa que culpa o acción se le endilgue ya que será abalada por una sociedad que rechaza contundentemente a esos personajes.
El Taquero, por su parte, sabía que con Lima en prisión tendría siempre un competidor, un contrincante. Alguien con quien convivir en condiciones de desigualdad, lo que no le permitiría la libertad de acción a que aspiraba para acomodar su triste futuro de ocho siglos de condena. De esa cuenta, cualquier oferta para hacerlo desaparecer sería bienvenida porque se podían matar -nunca mejor dicho- dos pájaros de un tiro: anular la competencia y quedar bien con quienes ordenaban el “servicio”.
Si se acepta que los señalados fueron capaces de introducir las armas y los explosivos sin ayuda externa y que se pudo asesinar a Lima y diez de sus guardaespaldas -con solo dos bajas del contrario- amén de desaparecer las armas, cambiar los cadáveres y obviar cuatro informes de inteligencia que avisaban de ello, resulta que deberían disolver la unidad de investigación policial y contratar a esos delincuentes que fueron capaces de burlar el sistema por meses y actuar con una precisión difícilmente igualable.
El caso Lima terminará, seguramente, en igual nivel en el que se dio por finalizado el de monseñor Gerardi. Es decir, con la detención de los “autores materiales” del crimen pero no los intelectuales, y será percibido -lo es ya- con la desconfianza de la solución que dieron al caso Rosenberg o con la imperceptible crítica a la nula investigación en el caso Musa ¡Cosas veredes -repetidas- amigo Sancho!
Lima era odiado por muchos. La administración del PP dejó claro quienes eran y qué perseguían. Conocía información detallada de tumbes de droga, asesinatos de narcos y apoyo al crimen organizado por parte de políticos y “amigos” de antaño. Tenía enemigos por doquier y no debe descartarse de la investigación una estrategia externa de buscar como amigo al enemigo de mi enemigo. Parece ser que El Taquero y sus “tigres” fueron quienes asesinaron a Lima, pero de apretar el gatillo contra un personaje muy protegido -y condenarse a muerte desde ese instante por los seguidores de Lima- a planificar una operación de eliminación de alguien que sabía demasiado, controlaba prisiones y podía hacer imposible la vida a muchos que hoy están dentro, hay un abismo a cuyo fondo parece que no llegará nunca la justicia. Es posible que los capturados por el asesinato de Byron Lima y otras personas, no sean más que autores intermedios. Por el grado de perfección y consecuente planificación con qué se ejecuto, pareciera ser que hay autores intelectuales de mucho mayor nivel y sofisticación.
Pero, si se “superó” el caso Gerardi, este no lo será menos. Ya cuenta con investigación aclaratoria, culpable, modus operandi y causas. Se detalla como se asesinó Lima pero no convencen las intenciones porque El Taquero no ha heredado el poder que supuestamente lograría ¿Entonces para qué lo hizo? 
Fin del acto ¡A otra cosa mariposa!

lunes, 31 de julio de 2017

Maduró el golpe de Estado

No hay tal cosa llamada socialismo del siglo XXI, es el socialismo de siempre

El domingo pasado, en plena era de la tecnología, asistimos en vivo y en directo a un golpe de Estado. Antes, nos enterábamos cuando ya era un hecho. Ahora, estamos tan informados, y saturados a la vez, que nos distraemos con otras cosas -futbol incluido- pero el resultado es el mismo: tiranos, asesinos y autoritarios que llegan al poder y se perpetúan impunemente con la pasividad -o cobardía- que tradicionalmente el ciudadano honesto ha mostrado con ellos.
Las organizaciones internacionales, por su parte, tampoco hacen mucho. Elocuentes discursos de tribuna o tibias declaraciones oficiales que permiten el realismo político que practican ciertos sinvergüenzas, tiranos y delincuentes -Maduro es uno de ellos- y les permite consolidarse en el poder de forma manifiestamente fraudulenta.
Días antes del golpe de Estado en Venezuela, en la USAC -la monopólica universidad estatal guatemalteca- unos pocos personajes se dedicaron a ensalzar el régimen y a justificar, consecuentemente, la violencia. Apología de las dictaduras disfrazada de “magistrales” arengas que no dejan dudas de que quienes las apoyan son tan culpables como aquellos otros que ejecutan los crímenes. Así las cosas, empezamos una nueva semana como si no hubiera pasado nada, como si 32 millones de venezolanos, 12 millones de cubanos y el doble de norcoreanos no padecieran permanentemente la tiranía de quienes quitan vidas e ilusiones y destruyen el futuro de generaciones.
Muchos -y muchas que son más- de los que escriben en prensa nacional, y se hacen llamar defensores de derechos humanos, no han dicho nada -ni lo van a hacer- sobre esa dictadura venezolana en la era de la tecnología de la información. Activistas de pluma que hablan periódicamente de victimización, agresión a mujeres, discriminación y vulneración de derechos y, sin embargo, ignoran lo que ocurre en esos países. Lo único que les inquietó fue cuando los militares sacaron a Zelaya en Honduras, pero aplauden o callan -que es lo mismo- cuando civiles, ansiosos de poder, manchados de sangre y ávidos de autoritarismo, utilizan la policía o el ejército para matar a ciudadanos. Lo que molesta es el militar autoritario, no tanto el civil golpista y bribón con el que plácidamente adormecen la mano y anestesian el cerebro, mientras se llenan la boca de defender derechos ¿A cuáles se referirán o de quienes serán?
No hay nada más hipócrita, que poclamar defender la libertad, la democracia o el respeto al prójimo y evadir la responsabilidad de criticar, condenar y señalar acciones delictivas de políticos como los Castro, Maduro, Cabello o de Kim Jong-un. La tibieza y la cobardía sirven de caldo de cultivo a esos militantes del periodismo que se unen al silencio, complicidad y falta de contundencia de países que no condenan acciones autoritarias o desconocen a esos gobiernos. Ah, y no sirven pomposas y diplomáticas declaraciones que evidencian falta de carácter y de claro compromiso con la democracia y la paz.
No nos engañemos, no hay tal cosa llamada socialismo del siglo XXI, es el socialismo de siempre, el tradicional, el autoritario, el que ha hundido y empobrecido a millones de personas, el que practican claramente algunos y en el que militan muchos más. Tampoco se han terminado las ideologías, todo lo contrario, están más presentes que nunca y se evidencia con lo que ocurre.

¡A mi no me tiembla el pulso para denominarlos por su nombre: criminales!