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lunes, 11 de febrero de 2019

¿Para qué tantos años de conflictos?


Ahora, ninguno de esos movimientos -FMLN, FSLN y URNG- cuenta con notoria representación social

El FMLN de El Salvador obtuvo un escaso porcentaje de votos en el pasado proceso electoral y deja el gobierno con un paupérrimo índice de aceptación. Dicho de otra manera: su acción política ha sido un fracaso o muy poco exitosa si usted todavía quiere pensar en positivo. Nada diferente, por otra parte, de lo que el FSLN de Nicaragua suscita. La perpetuación en el poder de los Ortega-Murillo se ha tornado una dictadura igual o peor que aquella que en su momento combatían con las armas. Por último, la URNG guatemalteca no ha conseguido nunca más de un 5% de votos en las urnas y a lo sumo agregado al Congreso uno o dos diputados. Se puede concluir que todos esos grupos regionales -de origen subversivo- cuentan con escasa aceptación social y, algunos, incluso con fuerte rechazo e indignación. En las décadas de los setentas, ochentas y principios de los noventas, fueron, sin embargo, protagonistas sociales con voces que se escuchaban en muchos lugares del mundo, desde donde se les apoyó económica y políticamente. Luchaban contra el poder constituido y sostenían sus discursos sobre la base de la defensa del proletariado y del indigenismo, confrontaban las dictaduras o hablaban con soltura -no siempre con conocimiento o razón- contra las oligarquías dominantes a las que había que combatir y aniquilar. Era la época del rancio e inútil comunismo soviético que se extendió por la zona, apresó la mente de muchos e hizo matar a no pocos bajo una militancia que se mostró cruel y equivocada con el tiempo, además de sumamente inútil para resolver problemas.
Décadas de conflicto armado que dejaron miles de muertos, desaparecidos y provocaron el éxodo de una parte importante de la población. Ahora, ninguno de esos movimientos cuenta con notoria representación social. “La gente no los quieren” y surge preguntas: ¿Dónde está aquel apoyo social que decían tener? ¿En qué momento cambiaron su discurso y se prostituyeron con actitudes autoritarias? ¿Dónde quedaron los principios que decían defender? Un enorme cúmulo de cuestiones afloran y la mente contrasta la perorata del momento con la realidad medible -y triste- que vivimos. A pesar de ello, los liderazgos de esos movimientos todavía apuestan por dictaduras -como la cubana, la venezolana o la nicaragüense- que bajo el pomposo nombre de socialismo del siglo XXI, campean a sus anchas por la Región. Visitan y apoyan a los dictadores, se fotografían con ellos -Pablo Monsanto o Rigoberta Menchú- y defienden lo que realmente practican: el autoritarismo y la imposición de una forma de ser trasnochada, apagada, inútil para el desarrollo y manipuladora de pobres. Es increíble lo que la dictadura nicaragüense deja ver sobre los auténticos fines de estos movimientos o el nulo éxito electoral de la URNG cuando promueve un discurso vacío y huero sobre indigenismo y pobreza. Quizá, en orden a la honestidad, el FMLN haya sido, en el fondo, el menos impúdico y deshonesto de todos ellos.
Aprendido de aquello que no funcionó -aunque no estoy muy seguro de ello- pasamos de una lucha ideológica cuestionada e inútil a otra de valores, principios y ética en el quehacer. Algunos toman similar partido como en aquella ocasión y pretenden acallar la confrontación contra la corrupción. A ver si dentro de unos años pasa como ahora y comprobamos que los vicarios del discurso nacionalista, de la dignidad, y de la soberanía terminan por llevarnos a un inútil espacio de confrontación sin conseguir, como los subversivos, el cambio que afanosamente proclamaron.
¿Aprendemos de la historia o estamos listos para repetirla?, ahí está la decisión.

lunes, 4 de febrero de 2019

Esos perfectos desconocidos


En un sistema presidencialista sin reelección el presidente pierde valor el día que toma posesión del cargo

Tómese el tiempo de ver las propuestas de binomios -presidente/vicepresidente- que para las próximas elecciones han hecho algunos partidos políticos y tenga en cuenta otras que se barajan para los que tienen pendiente tal tarea. Seguramente un alto porcentaje de los nombres -y caras- no le sonarán; no los ha escuchado antes ni ha oído hablar de ellos. En estas elecciones, a diferencia de otras, hay mucho desconocido. En las pasadas, la mayoría eran caras habituales y alguno nuevo, sin embargo ahora es a la inversa ¿A qué obedece esta particularidad?
Pudiera ser que el ambiente -sobra decir que revuelto- amilane a algunos de los que nos hubiese gustado ver ahí y que, contrariamente, anime a caras nuevas a salir a la palestra, sin olvidar el grupo de quienes piensan que “si Jimmy pudo, él también”. Una última suposición -de eso se trata- es que todo esto obedezca a una casualidad o a una estrategia planificada, algo que un conocido mío ilustra cuando dice que los políticos son tan retorcidos que no se puede pensar en casualidades, aunque tan torpes que no le daría la cabeza para grandes planes estratégicos.
Con motivo de las modificaciones a la ley electoral y de partidos políticos, al estricto control del financiamiento del dinero invertido en las elecciones y a la mayor “garra” del TSE, muchos partidos se han visto disuadidos de promover una campaña para dar a conocer a sus candidatos y alcanzar la presidencia. De esa cuenta, los binomios presidenciales no son importantes ni trascendentes -más allá de servir para temas de publicidad electoral- y “cualquiera” puede ser incluido en una propuesta aunque de entrada sea perdedora. Los partidos apuestan realmente por el poder en el Legislativo y, los que pueden,  complementarlo con el poder local, razón por la que usted no conoce a la mayoría. Han entendido que en un sistema presidencialista sin reelección -como el guatemalteco- el presidente pierde valor el día que toma posesión del cargo, algo así como cuando usted saca un carro nuevo de agencia que se devalúa en la puerta. Por tanto, contar con un capital humano de diputados dispuestos a negociar con otros en similares condiciones, es una oportunidad de oro en el momento actual, y concentra el poder real de este sistema. Baste remitirse a las pruebas de lo hecho por este Congreso cuando una bancada paupérrima del FCN -en sus inicios- terminó por aglutinar a todo un #PactoDeCorruptos, primero con tránsfugas y luego con aliados y arrimados unidos con un mismo fin: saltarse las trancas de la justicia, servir fines perversos y perpetuar la actual debacle. De esa cuenta, muchos partidos de un determinado espectro ideológico podrán incorporar al Congreso dos o tres diputados cada uno y, aunque de procedencia distinta, formar una sólida unión que empuje la agenda de la discusión política nacional y de camino “secuestren” a un posible Ejecutivo no afín a sus intereses. Nos distraemos y prestamos demasiada atención a los presidenciables -excepción hecho de partidos con posibilidades como la UNE, VAMOS o SEMILLA si finalmente incluye a Thelma Aldana- pero el análisis hay que hacerlo escarbando en las listas de diputados y alcaldes para entender el verdadero fondo del asunto: la estrategia de control desde el Legislativo.
Hágase la pregunta -sobradamente sabida- de quienes confeccionan esos listados de diputados y proponen los binomios para la presidencia ¿La bases del partido dice usted?, eso no ha ocurrido en este país jamás y ahora no es excepción, pero además, en este momento, se ha convertido en la forma más segura de seguir ostentando el poder.

lunes, 28 de enero de 2019

Ética y dinero público


Todo “gratis” porque se paga con dinero público y no hay ofensa suficiente que indigne ni ponga fin al desmadre

Seguramente usted ha escuchado, imaginado o incluso experimentado alguna vez, esa escena en la que descubre a su hijo sacándole dinero de la billetera o tomándolo de la mesa donde lo puso. Indignación, rechazo, malhumor o compasión, serían algunas de las emociones que podrían describir su reacción. Es presumible que hablaría con su muchachito y le haría ver que esa actitud no es correcta por muchas razones: pierde la confianza que tiene en él, no es una relación aceptable en la familia o incluso hacerle ver que es un delito, todos ellos argumentos que utilizaría en su determinante bronca al patojo.
Sin embargo, esa misma lógica que es universal y responde a la ética del comportamiento humano, la soslayamos cuando el dinero es público. Es más, la aplaudimos y justificamos con vehemencia, cuando no la practicamos. Alcaldes que se recetan jugosas dietas que duplican su salario, políticos que se aprueban seguros de vida y de accidentes, sindicatos que pactan bonos extraordinarios en cualquier fecha del año, instituciones que hacen lo propio -recuerde la CC- con pagas complementarias, dirigentes sindicalistas y políticos que se quedan con parte de esa negociación colectiva justificada “para beneficio de sus afiliados”, carros, celulares, computadoras…, todo “gratis” porque se paga con dinero público y no hay ofensa suficiente que indigne ni ponga fin al desmadre.
No obstante, esa doble moral entre el manejo de lo público y lo privado, aún siendo tan evidente, no nos escuece lo suficiente. No hay año ni gobierno en que la desfachatez y el abuso no se constate con suficientes evidencias como para haber cambiado hace tiempo. Vimos recientemente a la SAAS gastar una grosera cantidad de dinero en poporopos o hace unos meses comprar joyas, mentas, flores, pagar masajes y adquirir costosas lentes de marca para el presidente o su entorno. Más recientemente, se reveló como otra institución -la USAC- gastó dinero público para regalar a los miembros del consejo superior universitario botones y anillos de oro sin que haya habido indignación suficiente ni renuncias necesarias. Finalmente, el caso del hijo del diputado Lau -un exsindicalista- refleja como un vehículo oficial puede usarse un sábado por la noche -a gusto del consumidor- por el retoño de quien lo tiene asignado y con una arma en su interior denunciada como robada unos días antes ¿Que pasó?, pues que la policía tuvo que cambiar su parte original y donde “dice digo, dijo Diego” y “felices los cuatro”, porque para eso está el poder y la autoridad. Recuerde: ¡mando que no abusa, pierde prestigio!
Creo que la conclusión es clara, obvia y evidente pero también colectivamente consentida. No advertimos o soslayamos, con esa particular y laxa moral nacional, que todo esos gastos -más los onerosos pactos colectivos- salen de nuestros bolsillos, de quienes trabajamos y pagamos impuestos directos -pocos, y quizá eso sea parte del problema- e indirectos ,y que al final terminamos por aplaudir, sin “darnos cuenta”, al muchacho que nos saca el dinero de la cartera o se queda con el que dejamos en la mesita de noche.
No hay sociedad que cambie para bien cuando la ética de lo público se conduce de esa forma ni país que progrese cuando las “dignas autoridades” dispendian lo poco que hay. Muchos han olvidado el discurso de la ética y se han centrado en pedir un incremento del gasto público, sin advertir -o quizá si- que eso para lo único que sirve es para multiplicar las oportunidades de perfeccionar el robo que es realmente lo que ocurre.
¡En muy mal camino seguimos!, y sin muchas esperanzas de cambio.