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lunes, 28 de noviembre de 2016

Feminismo y estadísticas

Cuando se desea posicionar argumentos, hay que hacerlo con la razón que otorga la realidad

Es preciso reconocer que ciertas políticas públicas para atajar hechos de violencia contra la mujer han sido conquista de movimientos feministas. Sin embargo, como otras muchas políticas, se han sustentado muchas veces en emociones más que en realidades, y el resultado final es el desvío de dinero público para activar soluciones que no contemplan el fondo del problema. La emoción, manipulada mediáticamente con inusual y hembrista algarabía, opaca la razón y obnubila al ciudadano confiado.
Leemos casi a diario columnas de opinión relacionada con la violencia contra la mujer -especialmente a niñas- referidas tanto a agresiones física como sexuales. Los números del INACIF indican que entre 2011-2015 fueron asesinadas 2,820 mujeres, pero también 22,601 hombres (700% más) y que aparecieron 135 cuerpos desmembrados/decapitados: 47 de mujeres y 88 de hombres (90% más).
La reflexión inmediata -no ideologizada ni repleta de emoción- es preguntarse qué sentido tiene continuar abriendo fiscalías de delitos contra la mujer en lugar de ser más eficientes e invertir en fiscalías que investiguen delitos contra la vida, que es precisamente el problema del país.
Ahora que se debate sobre la justicia indígena, también es preciso presentar algo que tampoco leerá  en esas columnas de opinión. En lo que se refiere a agresiones y violencia sexual, en el mismo periodo de tiempo, hubo 28,046 contra mujeres y 3,330 contra hombres (12%). Lo que no se agrega es que el porcentaje de hombres agredidos creció 200% respecto del 100% de mujeres. Tampoco comentan que, excluyendo el Departamento Central, de los siete con mayores índices de violencia sexual y agresión, cinco cuentan con mayoría de población indígena, según el censo del INDE: Quezaltenango, Alta Verapaz, Chimaltenango, Quiché y Huehuetenango. Habría que preguntarse y analizar si la justicia indígena está siendo eficaz en combatir ese tipo de delitos o hay algún “desajuste” en relación con las tradiciones ancestrales. Se sabe que muy esporádicamente azotan al culpable o lo destierran, algo muy alejado de estándares internacionales en relación con el tema ¿Seguimos cerrando los ojos mientras nos engañan con verdades a medias? ¿Pueden -o quieren- las autoridades ancestrales enfrentar los feminicidios y la violencia física y sexual en sus comunidades?
Cuando se desea posicionar argumentos, hay que hacerlo con la razón que otorga la realidad y el número de denuncias. El gasto público debe enfocarse sobre lo que nos agobia: la violencia, no sobre caprichos de género, modas, victimización o grupos que se abastecen con donaciones y fomentan campañas mediáticas y ejercicios de interpretación artificial de una realidad que no se corresponde con las estadísticas. Es preciso recordar, porque se sigue olvidando, que el continente con más casos de homicidios de mujeres respecto de hombres es Europa  con  un 27% -Global Study on Homicide 2011, página 64- y, en particular, son los países nórdicos -Dinamarca, Finlandia y Suecia- los líderes en la clasificación de violencia machista. Por cierto, algunos los que más “ayudan” con sus donaciones para “solucionar” aquí justamente los problemas que ellos mismos padecen gravemente.

Centrémonos en el tema, pero con seriedad. Somos un país muy violento, y eso es precisamente lo que hay que combatir. Lo demás son modas, presiones de grupos de interés, hembristas desbocadas que repiten un discurso incoherente y otras cuestiones que para nada contribuyen a mejorar la situación ¡Dejémonos de pamplinas! y si queremos contribuir a mejorar el país seamos serios y hagamos el reclamo adecuado, y sin manipular datos.

martes, 22 de noviembre de 2016

Los absolutos “No” y “Si”

Estamos atorados en un punto a partir del cual no somos capaces de avanzar

Dos temas ocupan -y copan- la agenda política nacional, también la de grupos tradicionales de poder y algunos emergentes que luchan por figurar a toda costa, a pesar de no contar con los simpatizantes que hubiesen esperado hace un año. Las reformas constitucionales, referidas al sector justicia y la concesión de TCQ, son discusiones de trascendencia. En ambas, hay ansiosos porque las cosas queden como están o únicamente se modifiquen como ellos proponen. No gustan del debate claro, franco y abierto, de ahí que sea difícil apoyarlos. Lo absoluto en esta ocasión, no parece lo más recomendable.
Las reformas al sector justicia son necesarias. Sobran razones, y la experiencia ha demostrado abundantemente que el actual sistema funciona sobre la base de la tradicional corrupción y manoseo. El cambio debe de darse o seguiremos sin modificar la sustancia, y se repetirá la situación que casi destruye al país. Eso no significa que “la propuesta” sobre la mesa deba de aprobarse directamente. Es preciso definir con claridad qué debe de plasmarse en la constitución, qué cosas es preciso introducir a través de legislación y cuáles otras deben de aclararse y precisarse con detalle.
Por su parte, la concesión de TCQ es fundamental para desmonopolizar los procesos operativos en puertos, hacerlos eficientes y competitivos, salir de un sindicalismo que carcome el país y utilizar una infraestructura instalada. Desaprovechar esta oportunidad será motivo de anclaje comercial y económico, lo que se traduce en más retraso y menos desarrollo. No es necesario entregarlo o donarlo, sino que hay que buscar la fórmula que permita la explotación con reversión de lo que corresponda.
En ambos casos vemos grupos de interés que no desean cambios. En el tema judicial, algunos juristas, ciertas asociaciones y “nuevos” partidos políticos, abogan por aprobar lo que ellos mismos  dispusieron y eso puede llevar a enfrascarnos, en poco tiempo, en otra reforma. En el tema portuario, ciertos grupos políticos descompuestos, determinadas empresas tradicionales que operan en la zona de la EPQ y algunos sindicatos, no desean soltar poder ni privilegios, y ponen todo tipo de trabas a una competencia que desnudaría la forma tradicional de administración viciada y rapiña.
Estamos atorados en un punto a partir del cual no somos capaces de avanzar. Surgen los que abogan por el “si” y quienes apuestan por el “no”, sin más razones que los discursos chirriantes, estruendosos que opacan la razón y apuestan, como es tradicional en un país de corta memoria, por emociones vacías de contenido. Con el miedo a la privatización portuaria y la obligación de incluir la justicia indígena, venden parcialmente productos de mucho más calado que el aparente. Es curioso, además, el contrate porque quienes desean un resultado negativo para las reformas, apoyan uno positivo para la concesión portuaria, y viceversa. De nuevo la ideologización pasa por encima del discernimiento. Los dinosaurios siguen en el país y no es posible avanzar con esa carga de exaltación que condena sistemáticamente el desarrollo y no gusta de la mejora económica ni del estado de derecho.
Sin saber que ocurrirá en el corto plazo, hay que desechar los absolutos y detenerse a saborear la discusión de cada punto, de forma que prive ese interés general del que todos se llenan la boca bajo la denominación de bien común, pero que sustituyen por el personal a la primera oportunidad.

Es preciso, más que nunca, un debate de altura ¿Nos apuntamos?

lunes, 14 de noviembre de 2016

Trumpistas y trumpudos

En EEUU habrá seguramente un antes y un después de noviembre 2016

Las elecciones presidenciales en EEUU dejaron boquiabiertos a muchos. Algunos siguen embelesados mientras asimilan su frustración, desencanto y, sobre todo, rechazo ideológico.
El fortísimo lobby demócrata y parte de la izquierda tradicional -en ocasiones lo mismo- empoderados en medios de comunicación y redes sociales, daban por sentado un resultado que se tornó y evidenció el make-up al que habían sometido encuestas, opiniones y análisis. Para aparentar más contundencia, lo adornaron con pánico financiero, apocalipsis militar y deportaciones masivas, insistiendo en el supuesto muro que construirá Trump para evitar entradas pero obviando los de salida existentes en Cuba y Venezuela ¡Lo importante, al parecer, es el sentido de la circulación, no el hecho! No simpatizo con don Donald, pero hasta en la política hay que ser mínimamente serios y guardar un cierto grado de decencia.
Lo que realmente ocurrió -de ahí el desengaño- fue una debacle estrepitosa de doña Hillary, culpa del fracaso de la política de Obama -especialmente con Cuba, seguro médico, trato a migrantes y política exterior- y otro tanto de ella misma. La experiencia de la dama no sirvió para desplazar a un neófito bocón -eso es difícilmente asimilable- probable razón que la noche del triunfo republicano no lo reconociera ni diera la cara a sus votantes. Sin Clinton, desaparecen las aspiraciones de ahondar en EEUU el giro gubernamental a la izquierda, pero también el sostén de muchos de los subvencionados “movimientos sociales” latinoamericanos. De ahí cientos de columnas que devuelven favores y lamentan los resultados.
Los EEUU son, salvando deficiencias de todo sistema, una de las sociedades más libres y responsables que existen y un referente en la gestión pública. Con su voto, la ciudadanía norteamericana -guste o no, esa es otra discusión- ha dicho no al aborto, a exigencias de colectivos de la diversidad sexual, a prebendas de minorías, a gastos sociales -populistas y no reales- que impactan en el bolsillo de la clase media, a que la UE y Medio Oriente sigan sin pagar sus gastos de seguridad y sobre todo a la deriva ideológica que tomaba el país. Nada es perfecto y hay cosas de las ideas del electo presidente y de su forma de expresarla que pueden criticarse, pero ha sido la decisión ciudadana y de eso trata la democracia, aunque algunos tachen a lo votantes de ineptos o los acusen de llevar al país por mal rumbo, algo que no habría ocurrido seguramente de haber salido electa la candidata “esperada”.
Quedan evidenciados ciertos medios de comunicación, determinados analistas y elaboradores de encuestas, expertos en marketing político, cadenas de TV y medios escritos -allí y en otras parte del mundo, aquí incluido- que “vendieron” -¿interesadamente?- otro escenario. Habría que preguntarse, ahora que está de moda eso de la “cooptación”, cuantos de ellos y del lobby imperante malinterpretaron o falsificaron una realidad expresada diferente en las urnas. Se evidencia también que las redes sociales son mejor manejadas por lobistas del entorno de los abortistas, la diversidad sexual, los antipena de muerte, oenegistas, feministas y otros, pero el mensaje que difundieron masivamente no coincide con el que expresaron libremente los norteamericanos.

Se requiere en todo el mundo urgentes modificaciones en la forma tradicional de hacer política. Quizá con ellas mejore el sistema y se acabe con la excesiva ideologización del mismo. Por ahora, los “trumpudos” están aprendiendo a asimilar los resultados y a disfrutar lo que significa vivir en democracia que es, finalmente, lo que afanosamente pregonan en sus discursos ¡Viva la libertad pues!