Entradas populares

lunes, 19 de febrero de 2018

La fauna nacional


El problema no es judicial sino político y desde ahí debe visualizarse la solución

Las acusaciones de CICIG/MP de los últimos años, han puesto de manifiesto que pocos colectivos están exentos de haber actuado equivocada o delictivamente, tal como se suponía en una hipótesis inicial. Entre los señalados hay empresarios, políticos, jueces, ricos y pobres, hombres, mujeres y jóvenes, ladinos e indígenas, militantes de derecha e izquierda y personas de cualquier estrato social. Todos ellos metidos en embrollos que precisan de explicaciones a la justicia pero sobre todo a la ciudadanía honesta. Tienen en común haber utilizado las arcas públicas en beneficio propio. Una suerte de comportamiento delictivo cuasi cultural e integrador, ya que parece no excluir a nadie. Las ONG,s no se han quedado al margen y se vio a Madre Selva pagar a manifestantes por asistir a bochinches, se arrestó al presidente de la Coordinadora Nacional Indígena y Campesina (CONIC) que pretendía sacar ilegalmente dinero del país y se capturó al presidente internacional de OXFAM. Se evidencia una metástasis nacional en la que, por acción u omisión, la contaminación ha llegado a un punto álgido, ¡y eso que aún faltan casos de alto impacto!
Ese contexto no ha surgido por generación espontánea ni es de exclusiva responsabilidad de los señalados. Lo que aflora es una forma de ser y actuar que permea el comportamiento y que, aunque no guste escucharlo, es aceptada, aplaudida y practicada por demasiados. La recomendación se acepta como la forma de alcanzar privilegios otorgados por quienes se eligen fraudulentamente con dinero público que financia procesos electorales o compra de voluntades. La sumisión y la pleitesía son maneras de ocupar espacios especialmente diseñados para los colaboradores eficaces del establecido sistema corrompido ¡No nos pongamos ahora de tiros largos y queramos ser más decentes que nadie! La culpa es de todos y lo que pasa da mas vergüenza que pena, aunque quienes delinquieron tuvieron, al menos, la oportunidad de elegir libre y voluntariamente lo que hacían. Al resto, nos queda resignarnos y padecer las consecuencias de lo que impidieron sus acciones criminales.
Es tiempo de cambiar esa forma perversa de actuar, y también necesario. El problema no es judicial sino político y desde ahí debe visualizarse la solución, aunque no llegará inmediatamente. Los sindicatos deben hacer su propia catarsis, los empresarios también. Los políticos acostumbrarse a rendir cuentas y dejar de promover componendas y chanchullos. Los jueces hacer su trabajo con ética, en el tiempo estipulado y sin esperar beneficios extraordinarios ni concederlos. La mayoría de ciudadanos, practicar principios correctos y no colarse en las filas, querer ser más “chispudos” que lo demás o pretender obtener por la vía de la astucia lo que no corresponde por el camino de la capacidad.
No más salvadores de la patria ni saqueadores de recursos que pregonan “desvivirse por el pueblo”, mientras roban lo que está a su alcance. Excluyamos la mentira como forma de seducción política y el soborno o la maña como medio de búsqueda de la justicia. Hay que diseñar -comenzando por uno mismo- espacios de respeto a los derechos de los demás como si fueran propios. Aparquemos la ambición que usa los privilegios, la posición, el estatus o las ventajas como vehículo, y no los méritos. Nadie lo hará por nosotros. Ni “el pueblo salva al pueblo” ni llamar al uso de la fuerza desde la exaltación permanente de unos pocos psicópatas logran objetivos de paz y desarrollo. Dejémonos de cuentos chinos y pongamos las barbas en remojo.
¡A trabajar pues!, el futuro no dará muchas más oportunidades.

lunes, 12 de febrero de 2018

Al asalto del Estado


Lo siguiente que preveo es la destitución de la cúpula policial que tantos logros ha alcanzado

El golpe de Estado ha dejado de sustentarse en el tradicional uso de las armas y, como todo, se ha sofisticado. Modernamente se lleva a cabo de diferentes formas, especialmente tomando de forma subrepticia instituciones desde las que incidir en la vida o en la legislación. De tal cuenta, lo anormal o ilegal, se convierte en cotidiano y habitual.
Tras las actuaciones de CICIG/MP que pusieron al descubierto acciones delictivas de personas y grupos a través de instituciones, el embate contra la corrupción encontró rápidamente respuesta de quienes no desean ser acusados y se activaron operadores que desde irrelevantes fundaciones de pacotilla o con ruido coordinado en ciertos medios y redes, se encargan de desacreditar a no importa quien que se le atraviese en el camino. Para ellos, el fin justifica los medios. Pero, como nada les funciona porque la razón y la justicia no están ni remotamente de su parte -lo han intentado en Washington, ONU, en la comunidad judía y en el lobby religioso de oración- lo último de ese grupo de descerebrados ha sido insinuar un llamado a las armas que coloca al Ejército en un brete.
Los recientes cambios en el ministerio de Gobernación son parte de esos eslabones para tomar el poder mediante procedimientos de cuestionada legalidad, legitimidad y razón. En la primera actuación con las nuevas autoridades, la afinada colaboración interinstitucional entre el Ejército, el MP y la PNC se vio afectada y comprometida por filtraciones a un medio de comunicación, propiedad de huidos en busca y captura por la justicia, y se ha anunciado en redes sociales que se retransmitirán las acciones que MP-PNC puedan ejecutar en el futuro. Una advertencia que patentiza lo vulnerable e infiltrado del sistema y que pretende terminar -ese es el objetivo- con el hermetismo y la confidencialidad que propiciaron los logros alcanzados.
Complementa lo anterior la percepción de una tentativa de asalto a organismos de inteligencia y seguridad. Se hizo un intento en la propuesta de ley contra el terrorismo y se reiteró recientemente en la de creación de la Secretaría de Coordinación de Prevención de la Violencia. En ambos proyectos legales, se asigna un papel protagónico al Ejército en materia de inteligencia. Paralelamente, la nueva administración de Gobernación desea declarar a las maras grupos terroristas y se abrirá la puerta a algo similar. Por último, se hacen esfuerzos por revertir la norma que pone fin a la colaboración militar en seguridad ciudadana. Actuaciones concurrentes todas ellas tendientes a que las fuerzas armadas tengan mayor presencia y se empoderen en cuestiones que no le son propias pero que les daría un inusual poder en momentos delicados en los que la justicia actúa contra malandrines, algunos en sus filas.
Para mientras, la PNC hace su mejor esfuerzo y las fuerzas interinstitucionales de tarea han dado resultados que reflejan éxitos en la lucha contra la criminalidad común y organizada. Sin embargo no todo el mundo desea mantener ese nivel de logros y procuran minar el sistema que funciona para que, precisamente, deje de hacerlo.
Lo siguiente que preveo -el tiempo me dirá si tengo razón- es la destitución de la cúpula policial que tantos logros ha alcanzado. Profesionales altamente capacitados que emplean técnicas y procedimientos científicos para la lucha contra el crimen organizado, algo que los malosos que codician tomar el poder por la fuerza no están dispuestos a soportar, y pretenderán colocar a sus peones. Un golpe de estado técnico ad hoc para este preocupante gatopardismo nacional.

lunes, 5 de febrero de 2018

Lecciones históricas

Mientras no se superen las diferencias, seguiremos enrocándonos en posturas extremas

Siento vivir una experiencia similar a la que tuve hace 40 años. En la España de aquel entonces, y en un ambiente socialmente polarizado, se transitaba de la dictadura y a la democracia. Algunos, cuya vida había transcurrido durante el franquismo, no deseaban cambios porque se acomodaron al proceder del régimen y contaban con ciertas ventajas. La mayoría de personas, sin embargo, vio una oportunidad para modificar un modelo agotado y configurar nuevos y oxigenados espacios políticos. Se trataba, en definitiva, de construir un sistema -democrático- donde todos tendrían idénticos derechos y ejercerían la libertad en igualdad de condiciones.
La polarización que vivimos no difiere mucho de aquella, salvando distancias naturalmente. Allí, como aquí ahora, había grupos de personas en torno a las fuerzas armadas que demandaban su intervención para “salvaguardar el orden y el honor”. Entre ellos militares del viejo régimen y civiles cercanos a la institución armada que -como acá- nunca habían integrado las filas del ejército o en su juventud fueron enviados a estudiar al extranjero y estuvieron ausentes de las vivencias políticas de la dictadura. “Gente feliz” y acomodada que veía las cosas desde la privilegiada tribuna de la incitación pero que no tomaba parte activa porque eran revolucionarios de cafetín, esos que incitan a las masas mientras esperan a que otros den la cara o disparen primero, según el ardor del momento.
Los mensajes no diferían mucho de los que en este momento se leen en redes:caeríamos en manos del comunismo” o “perderíamos los valores tradicionales, lo que justificaba cualquier “patriótica” acción, violencia incluida. Con los años, la lección aprendida es que el comunismo nunca triunfó y el partido socialista aceptó y defiende la monarquía parlamentaria. El secreto fue un acuerdo político nacional observado por Adolfo Suarez, Felipe González y José María Aznar, tres líderes ideológicamente distintos que supieron conducir la política por el camino acordado. Entendieron que la base del desarrollo económico y social se sustenta en valores, principios, ética en el actuar, justicia y respeto, nada de ello asociado con ideología, militancia ni activismo político. Allá pasaron apenas 30 años para alcanzar el éxito, no sin problemas; aquí han transcurrido más de veinte desde la firma de los Acuerdos de Paz y seguimos en idéntica situación que en 1996: polarizados, enfrentados, aletargados y con estridentes llamados a adoptar posiciones extremas.
Las transiciones políticas se resuelven con liderazgo y diseño estratégico; con acuerdos políticos, sociales y económicos de largo plazo, para no estancarse en un discurso de desarrollo que nunca llega. Es preciso aproximar el debate desde los extremos emocionales a una zona de encuentro racional en la que estén presentes elementos ya citados y desechar, de una vez por todas, el descrédito como proceder, el odio como estrategia de comunicación o la instigación al llamado a las armas. En la España de entonces, al despertar, el dinosaurio no seguía allí, aunque se lidiaba con crueles grupos terroristas, a pesar de no tener ninguna fundación, lo que diferencia la situación con Guatemala.

Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible, decía un lema fijado en la pared de un lugar en el que estudié. Mientras no se superen las diferencias y se acepte que los valores, los principios, la ética y la legalidad deben conformar una base común y no tienen ideología, seguiremos enrocándonos en posturas extremas que solo conducen al desastre, independientemente de adonde se lleve la mano al cantar el himno nacional.