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lunes, 19 de junio de 2017

Sepultando a Obama

A buen entendedor con pocas palabras debería bastarle, pero somos duros de oído

El señor Trump dejó claro en campaña que desmantelaría el legado Obama, y está cumpliendo. Ha anulando el acuerdo con Cuba que, dicho sea de paso, no ha servido para mucho, al menos no para mejorar en la isla la democracia, los derechos humanos y el Estado de Derecho. La esencial criminal de los Castro es genética y la brutal dictadura seguirá asesinando hasta que desaparezca Raúl y sus adláteres, aunque esto ya se podía haber imaginado.
Los países centroamericanos, sin embargo, tenían esperanza en aquello que comenzó denominándose “Plan de la alianza para la prosperidad” y que traía consigo una millonaria ayuda norteamericana para cuestiones relacionadas con la cooperación, el desarrollo, la seguridad y otras. Los gobiernos de por aquí, pedigüeños recalcitrantes y ávidos de dinero, hicieron planes y proyectos de esos que justifican el desvío posterior y algunas ONG,s vislumbraron su futuro con la alegría de quienes ven saneadas las finanzas. Cuando mister Trump ganó las elecciones y desmoralizó a los apegados al partido del “burro” -demócratas- todavía posicionaron el mensaje aquel de: “la política norteamericana para la región no cambiará”, y con esa sencilla pero emotiva reflexión, se complacieron hasta hace poco.
La recién concluida Conferencia de Miami se alejó de la corrección y aclaró contundentemente que la política exterior norteamericana es aquella que don Donald dijo que sería. Los portavoces gubernamentales -el vicepresidente Pence, entre ellos- dejaron claro que el fin que persiguen los USA cambia el nombre de “Plan de la alianza para la prosperidad” por el dePlan de la alianza por MI seguridad y TU prosperidad, y que cada quien haga su parte. Los norteamericanos desean más seguridad para proteger su territorio y requieren que los países del triangulo norte y México vigilen las fronteras y promuevan desarrollo para contener la emigración, así todos contentos y “asociados”. Apoyarán, pero con $300 millones menos de lo inicialmente dicho, solo para que vayamos prestando atención al cambio.
Está claro -tomemos nota- que es preciso hacer la tarea pendiente y dejarse de babosadas relacionadas con ayudas, cooperación, colaboración, apoyo y sonrisas a/de la administración USA. Cada país tiene lo que se merece y aquí, que llevamos un año debatiendo -y aún sin resolver- si el alcalde Arzú debe o no presentarse al juzgado, tenemos lo nuestro. Allí, un juez gringo mandó detener al cantante Luis Miguel, más famoso y conocido que don Álvaro, y le impuso un millón de dólares si quería libertad condicional, mientras lo procesa ¡Ah!, y en mucho menos tiempo ¡Abismales diferencias que marcan el estilo!
Trump, es un loco pragmático, un irreverente que entiende de finanzas -a su manera- y un emprendedor acostumbrado a tomar decisiones en el límite. Podrá no gustar -a mi tampoco- pero es lo que hay y nos advierte que tenemos que salir de la zona de confort -Honduras parece haberlo entendido- dejar la corruptela y comenzar a promover inversión y desarrollo utilizando alianzas público-privada para acelerar procesos, además de hacerlos más eficientes y baratos.
La alternativa es espera cuatro años más -u ocho- a ver si doña Hillary llega al poder tras insistir -como Sandra- y esperar a que el derrame de la cooperación, no “neoliberal” en este caso, vuelva a tener efectos en la región por medio de donaciones, alianzas y mesas de concertación. El problema es que esarmula ya lleva años siendo fallida.

¡Pilas pues! a ver si somos más naturales y creativos, y capaces de diseñar el futuro.

lunes, 12 de junio de 2017

Hermanados en el pisto

La solución pasaría por fijar un salario único y pagar por él los impuestos

La dificultad de los diputados para ponerse de acuerdo en decisiones importantes para el país, quedó superada cuando debatieron si debían recibir los bonos 14 y navideño sobre el salario base o sobre la totalidad de ingresos que perciben. Como no podía ser de otra forma, optaron por la cifra mayor, aun contradiciendo prácticas habituales que se hacen para otros trabajadores en dicha institución y, de forma general, para quienes tienen ingresos por varios rubros Se puede aceptar la discusión, pero ¿creen que con todo lo pendiente y el déficit de credibilidad que tiene el Congreso es momento para hacerlo? ¿Activaron un detonante?
Los diputados tienen un sueldo base de Q9,550 y sumadas dietas y gastos de representación, totalizan Q29,150. Se puede percibir rápidamente la conveniencia del ajuste por el total y no por el sueldo. Sin embargo, si pagan impuestos por todo, no se comprende por qué no consolidan la cantidad indicada y siguen con esos innecesarios rubros que terminan generando confusión a la Contraloría, a la ciudadanía y son motivos de crítica permanente. La solución pasaría por fijar un salario único y pagar por él los impuestos correspondiente. Sobre el mismo, se harían los cálculos posteriores y desaparecerían el resto de fondos, dietas y otros innecesarios agregados que terminan siendo mal utilizados o son abono para mal uso y corruptela. En todo caso, cualquier aprobación de mejoras salariales o ventajas, debería tener efecto en la siguiente legislatura, así no serían juez y parte en lo que se decide.
Para eventos muy puntuales, se podría destinar un fondo centralizado -en junta directiva o en la dirección del Congreso- para agua y café en reuniones que puedan tener con visitas y desechar de una vez por todas comidas en restaurantes, pago de combustible o camuflar bajo el epígrafe indefinido de consumos de alimentos licores y otros espirituosos que suelen correr en reuniones que podrían hacerse fuera de las horas de comidas, como ocurre en otros trabajos.
Tampoco es de recibo que un diputado -o cualquier funcionario público- cuente con seguro médico privado pagado por la ciudadanía. El Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) debe ser el único a utilizar -o pagar de sus bolsillos otro lugar privado- en consonancia con lo que promulgan y defienden como servicios públicos, y tienen la obligación de verificar, sostener y mejorar su funcionamiento. El mejor ejemplo de coherencia, es que ellos mismos asistan y se beneficien de esos grandes logros que normalmente dicen promover.
En relación con el antejuicio, otro privilegio parcialmente innecesario, cualquier diputado podría ser investigado si hay sospecha de delito, pero no procesado en tanto en cuanto un órgano predeterminado por ley lo autorice. El hecho de ser investigado no merma en absoluto ninguna de sus funciones ni “lo perturba”, con lo cual se consigue el fin último sin hacer que la investigación se imposibilite.

Hay que aterrizar a los diputados -a los funcionarios en general- y que pongan los pies en el suelo. Hacerlos “más humanos”, más ciudadanos y sufridores -o beneficiarios- de las condiciones que ellos mismos crean desde el poder, y que de una vez por todas dejen de abusar de privilegios pagados por ciudadanos que parecieran trabajar para aquellos que les deben servir ¿Qué es eso de que nos sorprendan con el disfrute de ventajas superiores a los que sostenemos su forma de vida? Un absurdo del que hay que salir. Tenemos el debate servido y la oportunidad de tomar acciones.

lunes, 5 de junio de 2017

Mr. Trump y sus cosas

Afligidos porque USA sale del Acuerdo de Paris y atascados por la contaminación nacional

Vaya movida, y calentada de medio ambiente, provocó don Donald al anunciar la salida de USA del Acuerdo de París. No se sabe si están más molestos los demócratas que todavía no han asimilado la derrota, los ecologistas que ven como peligran ayudas económicas al sector del ecohistrionismo o ambos y algunos más.
Hace tiempo manifesté mi percepción sobre el Presidente norteamericano. Decía entonces -y sostengo ahora- que Trump es nacionalista y mercantilista con dosis populista, lo que no resta razón a alguna de sus propuestas. Hizo promesas electorales -por las que fue elegido- y llama poderosamente la atención que las cumpla, de ahí las reacciones que provoca y la preocupación entre lobistas que buscan subvenciones estatales para causas relacionadas con la ecología, las energías limpias y similares porque pareciera ser que la nueva administración no va a proveer los fondos esperados ¿Por qué extrañarse ahora si el actuar norteamericano es habitualmente doble moralista?
Estados Unidos hizo una intensa campaña de presión para que muchos países -recuerdo Colombia y Guatemala- firmaran el Estatuto de Roma, aunque ellos no se han adherido al mismo ni piensan hacerlo. De igual forma, hay grupos -y financiamiento- del norte que “luchan incansablemente” por aplicar cuanto recoge el Convenio 169 de la OIT, pero a pesar de tener población indígena -descendiente de la poca que dejaron viva los colonos- les viene más del norte el tal convenio y no son parte de él.  Si navegamos por el marco jurídico-legal que conforma el espacio de las relaciones internacionales, podemos hacer un extenso listado de convenios, acuerdos, tratados y pactos sobre niñez, DDHH, seguridad, trabajo, etc. de los que USA se excluye a pesar de presionar para que otros países los firmen, lo que delata la genuina moral en el actuar político.
Dejemos de engañarnos por un día. La administración norteamericana tiene claro -muchos de nosotros no- que la política exterior, en cualquiera de sus manifestaciones: cooperación, ayuda, préstamos, acuerdos internacionales, acción militar, etc., sirve a un único fin: la política interior y el nuevo destino manifiesto en su versión reloaded. Es decir, todo el esfuerzo externo obedece a intereses internos por mejorar la calidad de vida, el desarrollo o, en general, favorecer -otra cosa es que lo logren- los intereses del norte. Si los demás pensáramos igual las cosas cambiarían seguramente. Quizá la simbología ofrezca pistas al analizar cómo los republicanos tienen de logo un elefante -pesado, aplanador, enorme- y los demócratas un burro, del que sobran descripciones y comentarios.
Mr. Trump cumple promesas de campaña y eso es inusual en un político. Ha dejado claro que cada país debe asumir los gastos que le corresponden en defensa, seguridad, medioambiente y otras cuestiones, y no gusta. Muchos se olvidaron que el efecto Y2K -aquel que iba a paralizar computadoras, y el mundo, al inicio del nuevo siglo- costó al contribuyente miles de millones de dólares que se repartieron alarmistas, científicos, ONG,s, proyectos varios y movimientos diversos. Hagan números e intenten, por un lado, entender al populista Trump y su desmarque del calentamiento global y, por el otro, a gobiernos sorprendidos porque deberán gastar más y lobistas frustrados que ven como las subvenciones se difuminan.

En todo caso, con razón o sin ella, para quienes piensan que la discusión ya estaba superada, hay que advertirles que cuando se termina el debate, termina la ciencia y comienza la fe ciega o el fundamentalismo, al parecer enfermedades del nuevo siglo.