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lunes, 15 de enero de 2018

Tín marín de dos pingüé

Si a usted no le ruboriza la nueva directiva del Congreso, a mí me rechina

La nueva junta directiva del Congreso es una cuadrilla pintoresca: un neófito, un sobornador de periodistas, un exsindicalista del OJ, un “padre de..”, dos diputados electos por LIDER y dos leales a delincuentes encarcelados del gobierno anterior ¡Vistosos representantes de la nación; honorables que les dicen!
A pesar de su potencial valía, el nuevo presidente tiene la hoja de vida más limpia de entre las opciones manejadas desde hace meses. Apenas cuenta con una línea curricular: ser hijo del alcalde capitalino, aunque ha sido capaz de votar a favor de aquellos decretos de la impunidad y se ha hecho notar lo suficiente para intuir cual será la trayectoria que seguirá, direccionada desde la Muni y por el infausto entorno de consejeros presidenciales.
Poca casualidad y demasiada causalidad. No hay más que remontarse unos años y recordar a Patricia Arzú intentando, desde diferentes tarimas, hacer mítines políticos que aprovechaba su marido: el sempiterno alcalde capitalino. Aquel ridículo pudo evitarse si las ansias de poder de Álvaro Arzú hubiesen estado supeditadas al pundonor de presentar a una respetable dama para que hiciera el ridículo, y él lo sabía. Vimos recientemente como se nombraba a Roberto Arzú embajador ad honorem para promover las relaciones comerciales con países de América del Sur, como si no hubiera diplomacia capaz en el país o suficientes empresarios exitosos ¡Veremos cómo termina la cosa! Su hijo Diego, es diputado en el PARLACEN, y el sábado pasado el “junior” -Álvaro- era elegido presidente del Congreso. Hay muchos antejuicios pendientes, demasiados fideicomisos por auditar y años potenciales de prisión en juego y es preciso tomar medidas para doblar el brazo de la justicia y que no llegue a ciertos personajes de la farándula política.
Como esperpento complementario de la junta directiva encontramos al diputado Galdámez, quien intentó sobornar a un periodista y es fiel servidor de los intereses del extinto partido patriota: la administración más podrida -de momento- de la política en este país. No hay que ignorar a la diputada Alejandra Carrillo, fiel a la vicepresidenta Baldetti y joyita heredada también del PP. Se puede seguir con Hernández, padre del jefe de la bancada oficialista y Alejos que suele estar en casi todo…, pero en todo lo que no hay que estar. En total, 92 cómplices por acción y muchos más culpables por omisión. Coincidencia o advertencia es que poco antes de elegirse la junta directiva del Congreso la justicia detuviera al diputado Julio Juárez, señalado de asesinato y que apenas semanas atrás fuera vitoreado por el Presidente Morales quien pidió un aplauso para tan insigne disputado ¡Qué maravilla!
De tres posibles escenarios respecto del rumbo que la política tomaría en 2018, han escogido aquel en que todo va a seguir igual o peor. Por esa ruta terminaremos empujados al abismo como consecuencia de la corruptela política, tal y como han venido intentando grupos de miserables desde el pasado año. Pero aunque estemos más cerca del precipicio veremos todavía actuaciones que pasan el límite de la legalidad, la corrección o la justicia. En respuesta -o en previsión- es posible que el tal Magnitsky aparezca nuevamente para dar un toque de atención a personajes que ven la tormenta y no abren el paraguas.

Lo bueno, si lo hay, es que han activado nuevamente la indignación ciudadana. Los diputados, son altamente culpables de que este país no se desarrolle pero nosotros también, por permitírselo. La opinión está dada, sin embargo es necesario esperar un tiempo para juzgar los resultados en los que algunos todavía creen.

lunes, 8 de enero de 2018

Entre pitos y flautas

Atraer inversiones pasa por generar espacio de seguridad y certeza, y un clima de tranquilidad

La heterogénea composición del Ejecutivo -ministros dimitidos, unos fieles al presidente y otros a saber a quien- la diversidad del Legislativo -diputados huidos de la justicia, algunos honestos y muchos más procesados- y la tardanza del Judicial -partitura legal con más largos que adagios- son los pilares que soportarán otra vez el embate del año nuevo.
Dicen que la elección del nuevo fiscal general es el tema más importante de 2018. Sin contravenir lo anterior, creo que hay otros de mayor trascendencia que nos mantienen en esa reflexión permanente sobre lo “urgente” y lo “importante”, algo que aflora en momentos en que convergen situaciones complejas como ocurre a menudo. El año próximo será de elecciones y sin una ley electoral y de partidos políticos que flexibilice el sistema actual, permita la votación directa de representantes y rompa el monopolio de partidos políticos, otra ley de contrataciones del estado que haga viable y agilice el gasto público eficiente y una tercera de servicio civil que termine de una vez con el favoritismo y pago político a amigos y familiares, es muy difícil definir un horizonte medianamente decoroso.
Las previsiones sobre crecimiento económico terminan a la baja al final de cada año y no permiten despegar siquiera mínimamente porque, además, son absorbidas por el alto crecimiento demográfico. El 6% anual de incremento del PIB -contemplado en los Acuerdos de Paz como el mínimo necesario- nunca se ha logrado y el desarrollo está estancado. Las empresas siguen produciendo e incluso en algunos sectores ha habido crecimiento, pero es insuficiente y está sometido a vientos impredecibles.
Muchos son los factores que afectan al estancamiento y es preciso desatorar el congestionamiento si no queremos caer en algo peor que el subdesarrollo: la rebelión y el desorden, producto del descontento social y la incapacidad de dar respuesta a problemas perfectamente definidos. No es posible continuar con grupos delincuenciales como CODECA que colapsan el país, hurtan fluidos -forma elegante de denominar al robo- o accionan con presión, amenazas y fuerza. Tampoco es de recibo la tardanza judicial que impide aclarar situaciones y casos que deberían resolverse s ágilmente para avanzar o cambiar el rumbo, según proceda, tanto en el ámbito penal como administrativo, fiscal y civil. No se puede seguir con pasividad sin definir un rumbo político que defina los objetivos a alcanzar y promueva y proyecte seguridad para atraer inversiones, muchos menos con un Congreso capaz de tomar decisiones de un día para otro -con total impunidad y descaro- que benefician a colectivos o personas señalados por la justicia. No hablemos de la reticencia de algunos a mejorar la formación magisterial y elevar el capital humano tan cualitativamente escaso. Imposible que maestros-bachilleres puedan generar ese cambio -no ocurre en ningún lugar del mundo- y la experiencia debería ser suficiente para promover inmediata y contundentemente la reforma. Finalmente, las arcas públicas no pueden seguir soportando el desfalco sistemático de depredadores que hacen piñatas, consentidos por políticos mediocres mientras aúpan a chantajistas profesionales refugiados en el sindicalismo.

Atraer inversiones pasa por generar espacio de seguridad y certeza, y un clima de tranquilidad del que carecemos. Este año 2018 es la oportunidad antes de entrar en otro torbellino electoral que nos lleve a lo mismo de siempre. No hacerlo deja sin sentido todo el esfuerzo iniciado en 2015. Eso parece ser lo importante y lo que debe absorber la mayor parte de energía del ciudadano responsable, especialmente cuando se es joven y no se acepta un deficiente legado sociopolítico.

viernes, 5 de enero de 2018

¿Qué sabe del salario mínimo?

Países con un índice mayor de desarrollo que Guatemala tienen fijada una cantidad menor

El Presidente Morales, no satisfecho con los regalos que nos hizo a lo largo de 2017, dejó un presente por Navidad: un nuevo salario mínimo. Un incremento del 3.75% sobre el existente que no es otra cosa que un invento progresista del que muchos hablan y sobre el que pocos reflexionan, aunque mantiene ocupados en estériles discusiones a sindicatos, trabajadores, patrones y políticos ¡Felices los cuatro!, que diría aquel.
La primera pregunta es por qué hay dos salarios diferentes si resulta que es “mínimo”. Como si las necesidades de unos trabajadores fueran diferentes a las de otros. Una incongruencia suficiente para desmontar el tópico que cada año promueve una improductiva pero interesada discusión. Sumado a lo anterior vimos como el INE no supo explicar el artificial y elevado costo de la “canasta básica”. La única razón que expusieron analistas económicos fue que se había sobrevalorado -descuidada o intencionalmente- pero que el precio era mucho más bajo y evidentemente no se podía tomar como referencia para hacer cálculos. Hablar del costo de dicha canasta, por tanto, no justifica el aumento.
Cuando la ley fija el salario mínimo, la planilla de cualquier negocio experimenta un incremento en los costos, algo muy simple de entender. El empresario debe valorar si pueda pagarla o, por el contrario, tiene que reducirlos, lo que le lleva ineludiblemente a despedir trabadores porque no puede gastar más y producir lo mismo ya que perdería competitividad. Otra forma de solucionar el problema -artificialmente generado- es incrementar el precio del producto, algo que no siempre es posible porque un libre mercado permite el ingreso de otros más baratos. La tercera opción es reducir las ganancias y, quizá, cerrar el negocio por no ser rentable. En resumen, se puede apreciar la alta probabilidad de impactar en la economía y provocar desempleo. Además, saca del mercado laboral a aquellas personas de muy baja cualificación que estarían dispuestas a trabajar por una menor cantidad. Es decir, los más pobre y menos preparados son los que inmediatamente pagan las consecuencias de ese malabarismo político, aunque siempre justificado en beneficio de ellos.
Si revisa los salarios mínimos en América Latina, comprobará cómo países con un índice mayor de desarrollo que Guatemala tienen fijada una cantidad menor: Chile, Brasil, Perú, México o Colombia -también la mayoría de los países de Este de Europa- lo que muestra que no existe una correlación entre el PIB/renta per cápita y el salario mínimo, quedando a criterio del político de turno -y sus amigos sindicalistas- determinarlo en función de sus intereses. Finalmente -seguro que le parece mucho más extraño- los países “amigos” referentes y muestra de progreso: Dinamarca, Finlandia, Suecia y Noruega, no tienen salario mínimo y además, en aquellos otros que dejan libre el mercado del trabajo, el desempleo es menor y los salarios son más altos.
Sin embargo, no hay como seguir la moda, entretener al público con sesudas negociaciones y determinar por medio de la ingeniería social cuánto debe recibir una persona para que viva dignamente”. Un cuento recitado por años que cala en el cerebro de quienes no dedican mucho sudor a pensar o producir ¡Esos si!: nada como luchar por la mejorar de la clase obrera, tan oprimida e ignorada, y serenar la conciencia.
Una serie de videos explicativos terminan siempre: Now, You know, así que si quiere seguir deslumbrándose con ese artificio político, queda a su criterio.

¡Feliz y artificialmente encarecido 2018!