En reciente sentencia la CC anula el proceso de selección del Fiscal General y deja materia para reflexionar por algún tiempo. Sobre el supuesto de “recuperar la institucionalidad”, en palabras del presidente de la Corte, se anula todo lo actuado, aunque en su momento la propia CC estimó que lo único que había que hacer era discutir la honorabilidad, algo que se hizo. Posteriormente, el Presidente seleccionó, de entre una lista de seis, a uno de ellos. Ejecutado todo el proceso anterior, debería ser el propio mandatario quien tomara la oportuna decisión de mantenerlo o cesarlo.
La CC ha salvado al Presidente de tener que explicar las desconocidas razones de su elección y también del ejercicio de la responsabilidad de destituirlo si se había equivocado o se presentaban pruebas en su contra. Sin embargo, la decisión salomónica, aunque en mi opinión forzadamente ajustada a Derecho, soslaya todas esas actuaciones de la presidencia que sí eran institucionales y hubieran contribuido a construir esa supuesta “institucionalidad” que se pretende salvar. Si la CC se acostumbra a arreglar lo que estima no es correcto dentro de la esfera política y no judicial, incluso forzando ciertas decisiones, no nos lamentemos de que en el futuro se emitan otras sentencias que sigan la misma línea. Ocurre que en este caso gusta y es popular lo que se ha hecho y parece que “soluciona el problema”, pero no es diferente de aquella otra que permitió la candidatura de Ríos Montt (y entonces no gustó) o de cualquiera futura que pueda promover cambios inesperados o preocupantes, siempre bajo la misma etérea finalidad. Lo bueno suele ser enemigo de lo perfecto ¡Atención!
Por evitar politizar la justicia se ha optado por judicializar la política y salvarle la cara al Presidente, cuando en realidad se debería haber exigido la responsabilidad de la designación que hizo ¡Eso si que hubiera construido institucionalidad! y no el surgimiento del pretorianismo de siempre que termina por poner en manos de alguien la decisión de todos. Se echa en falta un artículo constitucional (por cierto promovido por Pro Reforma) sobre la recisión del mandato presidencial en situaciones concretas y definidas. Esto es, la posibilidad de convocar un referéndum cuando se agotan ciertas vías y el sistema no funciona, algo que contienen muchas Constituciones y resuelve problemas como estos o presiona para que los resuelva quien debe.
¿Quién asegura que la repetición del proceso va a dar resultados diferentes? ¿Quién que la próxima elección presidencial será la “adecuada”? Nadie. Es por eso que la institucionalidad no se ha salvado, únicamente se ha desviado el cauce de ingobernabilidad mientras se toma tiempo y respiro para volver a repetir lo mismo. El "gatopardismo" de que es ”necesario que todo cambie para que todo siga igual”.
El tiempo que queda es corto y las consecuencias pueden ser peores. Dilatar los problemas, ahora que tenemos muchos y el mundial de futbol se inicia, es una estrategia de corto plazo y de malos resultados.
Se ha cuestionado por muchos analistas quien mandaba realmente en este país, ahora hay que preguntarse además quién, cómo y hacia dónde lo dirige y conduce. Al fin de cuentas, para la mayoría de ciudadanos, el tema terminará pasando desapercibido y para los postuladores será toda una debacle, no porque deben comenzar, eso no es tan importante, más bien porque se perderán los encuentros del mundial. ¡Acaso hay en estos días algo de mayor interés!. Pues vale. Cada cual con su selección.
Este es un blog personal donde se editan las columnas de opinion (y otras) que semanalmente publico en el diario PRENSA LIBRE de Guatemala. La idea es generar un espacio de debate y opinión con los lectores, de forma que la libertad de expresión sea en doble sentido.
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