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viernes, 15 de mayo de 2009

Video killed the radio star

La aparición sorpresiva de un video y otros documentos del abogado asesinado Sr. Rosenberg, ha puesto al gobierno en un jaque difícil de describir y superar. La grabación presenta a un ciudadano que teme por su vida y, como prueba póstuma, registra su versión de los ciertos sucesos acaecidos antes y después del asesinato de un prestigioso industrial y su hija, implicando en los crímenes al presidente, a su esposa, al secretario privado y a un banquero, entre otros.
En relación con el tema, el canal televisivo CNN entrevistó al presidente de la República y el más piadoso calificativo que se le puede adjudicar a la conversación es el de “patética”. Vimos a un mandatario perdido, sin vocabulario, sin frases hiladas, sin coherencia y donde la duda, la repetición y la falta de argumentos eran la tónica dominante. Miraba continuamente de reojo, supongo que a sus asesores y no pudo responder la pregunta sobre si pensaba que el abogado se había inmolado, además de olvidar muchas cosas, entre ellas que era Secretario General de la UNE cuando dijo desconocer con cuánto dinero había contribuido el banquero implicado a su campaña. Una imagen penosa de alguien que sigue refugiándose en la conspiración.
Esta crónica de una muerte anunciada evidencia que los denominados poderes ocultos lo son en la medida que cada uno nos tapamos los ojos y no queremos ver la realidad de lo que sucede en el país. Se sabe el nombre de los capos del crimen organizado, qué vehículos conducen o tienen en sus innumerables fincas, también detectadas. Se conocen las propiedades que adquieren, cuando salen y entran del país, con que jueces o fiscales compadrean y a quienes compran, sobornan o amenazan. Se sabe todo, pero cerramos los ojos y a ese panorama oscuro y artificialmente resultante, le denominamos torcidamente poderes ocultos. Si ocultos, pero para nuestra propia irresponsabilidad.
Para elevar la tensión, se trajeron (que no vinieron) a la capital, en aviones y helicópteros privados, a todos los alcaldes y gobernadores del país, forzándolos a dar su apoyo al mandatario. También se organizaron manifestaciones interesadas, para competir con aquellas otras voluntarias que pedían su dimisión.
No es posible una investigación independiente y eficiente con el mandatario, su esposa y su secretario en los puestos de poder, real o difuso, que ahora ocupan. Se debería aplicar aquella frase tan manoseada por los defensores de la CICIG: quien no deja la puerta libre es porque apoya al crimen organizado. Cayeron en su propia trampa dialéctica, aunque siguen retorciendo el argumento en su beneficio. Los diversos análisis no han enfatizado en el fracaso del sistema judicial nacional y el pobre, por no decir nulo, papel del Congreso. Estamos en un sistema que ha colapsado. No podemos esperar más de algo que no puede dar más de sí. Esto se acabó y parece que han sido los jóvenes quienes se han dado cuenta.
Sr. Espada, usted es un hombre exitoso y un excelente y prestigioso profesional reconocido y admirado, como otros muchos. Sin embargo, el tiempo, caprichosamente, selecciona y pone en determinados momentos a ciertas personas en el trance de tener que tomar grandes decisiones que pasarán a la historia y desvelarán realmente el carácter y la madera de qué están hechos. Hemos llegado al límite. Ahora o nunca. Si dejamos pasar esta ocasión, aquí puede ocurrir en el futuro cualquier cosa.
¿Usted, ciudadano, qué piensa hacer al respecto?, además de abrir los ojos.

1 comentario:

Luis Eduardo Barrueto dijo...

Yo he firmado la petición de renuncia a Colom que está circulando pero tengo una gran duda: ¿qué tan perjudicial es el vacío de poder que quedaría tras la abdicación del presidente? Es decir, el ejecutivo quedaría en manos de Espada, quien no ha demostrado ser precisamente un líder político y ha pasado desapercibido durante 15 meses. El legislativo está presidido por el hermano de uno de los implicados en el escándalo y el judicial ni siquiera tiene una cabeza visible ya que no se han podido poner de acuerdo en las dichosas elecciones.