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lunes, 9 de mayo de 2016

Dichos de redichos

ESTA COLUMNA FUE CENSURADA POR EL MEDIO

“Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio”

La nuevalengua orwelliana se expande con el tiempo, y la moda. Aunque cada día se utilizan nuevas palabras, el esnobismo ha invadido ciertas neuronas e imprimido un peligroso giro hacia lo “políticamente correcto”, rápidamente adoptado por determinados grupos en beneficio de no se muy bien qué, pero en perjuicio de la libre expresión y de la claridad expositiva.
La creación y proliferación de lenguaje rebuscado contrasta con la incapacidad de distinguir cualificación de calificación o confundir, sin compasión ni empacho, el Reino Unido con Inglaterra, una de las naciones que lo conforman. También se confunden los números cardinales: “llegó en el puesto once” y se termina por decir que “llego el onceavo” aunque sea fraccionario y signifique una parte de las once en que se divide un todo; lo correcto sería emplear un ordinal y decir en undécimo puesto o el decimoprimero ¡Vaya atrocidad y cacao mental!
Sin superar lo anterior -básico por cierto- optamos por expresiones más sofisticadas y frescas y nos subimos a la ola de la prosapia. De esa cuenta, al negro le llamamos “moreno”, aunque al blanco no le retocamos su refulgencia con vocablo más “prudente” y menos lustroso ¡Nunca entendí la razón de esa estupidez idiomática! Creo que solamente el idioma inglés tiene dos palabras para diferenciar “lo correcto de lo incorrecto” (black y nigger) y el español, al carecer de ellas, inventa esa de “morenito”.
Otros despropósitos se suman a lo anterior. La moda, que pareciera ser ley, utiliza esa tergiversación ideologizada de “criminalización de la protesta social” para designar el rechazo a la actitud punible de tropeles vándalos y energúmenos que trasgreden abiertamente la ley. A los delincuentes, hay que denominarlos así y dejarse de tonterías. Algo similar ocurre con los presos que cándidamente se les llama privados de libertad o a los jóvenes integrantes de maras y malhechores que comenten atropellos, a quienes se ha venido eufemísticamente en llamar “jóvenes en conflicto con la ley” ¡Cómo no van a estar en conflicto si la violan permanentemente!
A esas patochadas hay que sumar la candidez con la que nos referimos al basurero: “relleno sanitario”, palabra menos “repugnante” que la original y que transmite la sensación de que se hace algo más higiénico que procesar desperdicios. La “interrupción voluntaria del embarazo”, antes denominada aborto, pretende desligar la responsabilidad de quien realiza tal acto criminal con esa fantochada de la “interrupción” ¡No digamos aquello de sexoservidoras, cuando putas ha sido la denominación tradicional y castiza!
Pero lo que me animó a reflexionar sobre tanta cursilería fue lo escrito por un tuitero: “movilidad agrupada”. Ese rimbombante término se refería a una endiablada fila de vehículos que no avanzaba por motivos desconocidos. A partir de ahora, en lugar de encontrar un tráfico indecente y obsceno sufría un retraso sustancial pero justificable: “mi amor llego tarde porque me topé con una movilidad agrupada”. Lo de apiñada viene a describir el enorme follón que representa el caos vehicular que diariamente se origina por no respetar las normas de circulación, intentar crear nuevos carriles donde no los hay o circular en sentido contrario al marcado, cuando no por la acera.
Todo ese absurdo me recuerda aquel libro de física de mi primer año de carrera cuando el autor del mismo llegaba, tras ardua demostración matemática, a no recuerdo que fórmula y lo anunciaba alegre y floridamente así: “Y ¡oh maravilla!...”

¡Definitivamente la gilipollez no tiene limites!

1 comentario:

Antonio Perdomo dijo...

Muy bueno aunque no entiendo porque fue censurada su publicación.