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lunes, 27 de febrero de 2017

Sembrando conflictividad

Hay una oligarquía ecológico-ambientalista dispuesta a hundir el país y llevarlo a un infierno

La pasada semana circuló un video en el que con inusual desprecio y aburrimiento -y sin medidas de higiene- el señor José Cruz, del Colectivo MadreSelva, entregaba un pan a cada participante de los que se habían manifestado en la capital contra las hidroeléctricas. Mientras el reparto del condumio ocurría, una dama tomaba los datos de los asistentes y recogía las oportunas firmas que quizá sirvan para muchas cosas, además de para que el donante pueda justificar "el almuerzo" de decenas de acarreados que asistieron al “espontáneo y reivindicativo” evento. De esa forma, seguramente, la cooperación noruega (proyecto QZA-15/0477-106-MS- Climate Resilience) pueda cerrar el expediente de colaboración con una ONG de un país centroamericano -que la mayoría de los hábitantes nórdicos no pueden identificar en el mapa- y continuar "transformando el mundo" y relajando la conciencia mientras promueven, por medio de organizaciones locales, la conflictividad y el deterioro del país. Otro de los videos -mismo día y manifestación- recoge declaraciones de uno de los asistentes -y nuevamente las actas que elaboró MadreSelva- y reconoce que cada uno recibió Q200 y la comida para asistir a ese “cándido” evento indígena-campesino contra las hidroélectricas.
No he leido, escuchado ni visto condena de defensores, defensoras ni defensores de defensoras de DDHH contra tal monstruosidad, abuso y utilización de personas indígenas, aunque a menudo se rasgan sus fariseas vestiduras con el manido discurso de "la opresión, el racismo y la deuda social" para con esos pueblos. Ahora que una organización afín -MadreSelva- queda al descubierto con estas modernas encomiendas -similares al tráfico de personas- callan y no tienen los arrestos, pero tampoco la dignidad, para confrontar y condenar ese abuso que practican muchos de sus oenegeros amigos.
La realidad, tantas veces denunciada, es que cierta cooperación internacional y determinadas organizaciones, se unen para fines perversos, delincuenciales y violentos, además de que manipulan la verdad e inventan conflictos utilizando personas indígenas. Esgrimen el discurso de la defensa de la diversidad, las costumbres o la naturaleza pero en realidad alientan una forma de vida entre su directiva y militantes que son realmente quienes salen beneficiados con jugosos salarios y otras prebendas, mientras “trafican con humanos”. Una oligarquía ecológico-ambientalista que vende una imagen falsa mientras hunde el país poco a poco y lo lleva a un infierno en el que se queman, primordialmente, aquellos que dicen defender. Mientras promueven el subdesarrollo lucrativo, niegan sus cuentas, se eximen de impuestos -aunque promueven que otros los paguen- y ocultan el dinero que reciben.
Desgraciadamente no es puntual este documentado caso. Los antiextractivitas, antimineria, antihidroeléctricas, antimonocultivos y muchos otros, incitan al conflicto y, en algunos casos, han sido señalados de violencia extrema contra personas y patrimonio. Los videos aludidos son un ejemplo que debe servir para la persecusión judicial, pero sobre todo para dimensionar la situación real -no la ficticia y creada- de lo que ocurre en el interior del país y de los verdaderos intereses detrás de esas fabricadas protestas. El acarreo de personas, la compra de voluntades, el pago de favores y el pago de alimentación -escasa en esta ocasión- demuestran la manipulación, el abuso y el desprecio por el ser humano, amén de la falsedad de lo reclamado. Es hora de poner las cosas en su sitio y de denuciarlos.
PS. Uno de los carros que utilizaron para el reparto (P-464-FZK) tiene dos remisiones por superar limites de velocidad, señal de que tambien violan repetidamente normas básicas de convivencia.

¡MadreSelva se llama la ONG!