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lunes, 18 de enero de 2010

Lo que Rosenberg desnuda

La “resolución” del caso Rosenberg deja muchos interrogantes en el aire. El primero, es lo insólito del caso. Al parecer, una auto ejecución que supera los guiones más imaginativos y sofisticados de Hollywood, aunque existe una película basada en un caso similar. El segundo, más allá de ese por ahora “final”, es la génesis de la trama. Es decir, la búsqueda del motivo del asesinato del señor Khalil Mussa y su hija Marjorie, a fin de cuentas la razón que origina la “inmolación” del abogado y donde podrían encontrarse motivos suficientes para interpretar ese y otros escenarios de diferente manera. ¿Cómo va esa investigación?. Pareciera que lo urgente se paralizó y cedió el protagonismo a lo importante o impactante. ¿Dejadez jurídica o interés de otro tipo?.
Pero, es el tercer aspecto el que merece una atención todavía más particular, porque a fin de cuentas es el primer problema que le preocupa a la ciudadanía, se manifiesta continuamente en las encuestas y es donde el Gobierno protagoniza un fracaso absoluto continuamente puesto de manifiesto: la inseguridad. ¿Por qué ha pasado por alto, sin aparente alboroto, que con una llamada telefónica se pudiera contactar una banda de sicarios, muchos de alta en la PNC, y planificar y ejecutar un crimen con esa celeridad?. Es decir, cualquiera tiene a la mano, como si de urgencias se tratase, y por una módica cantidad, la posibilidad de que le resuelvan su afán de venganza. Esto es como esos teléfonos de citas que nadie publicita, pero que todos conocen o como ese lugar donde se compran cosas robadas, incluso se encuentran las propias, y se sigue consintiendo la venta con el beneplácito y la aquiescencia de todos, autoridades incluidas.
Funcionarios públicos que deberían velar por nuestra seguridad se dedican, en horas de asueto o incluso de trabajo, a delinquir y contribuyen a incrementar el número de asesinatos, de por sí preocupantemente alto. Cualquier problemilla que usted tenga puede ser solventado por la vía del tiro en la cabeza con una simple llamadita, una rápida sentada en cualquier establecimiento de comida rápida y un pago diferido perfectamente asumible. ¿Sabe lo que eso significa?. Estamos reconociendo y aceptando, con una pasmosa tranquilidad, que el crimen organizado forma parte de nuestra agenda telefónica, está incrustado en las estructuras de las instituciones de seguridad y, para colmo, en nuestra mente. Un Ministro de Gobernación que no sabía que tenía en casa (¿o tendrá todavía?) asesinos a sueldo. Un director de la PNC que desconocía, ¡dicen!, lo que hacían sus oficiales en horas de trabajo o incluso ignoraba las actividades “extraescolares” de los mismos y, en definitiva, un gobernante que es ineficiente en conseguir el mínimo grado de seguridad en las calles, admite el nombramiento de esas autoridades (a pesar de las advertencias que le hicieron) y no emprende la limpieza y enjuicia a quienes deberían impedir, pero no cometer, crímenes. Lo peor, una ciudadanía no ajena a todo ello. ¿A donde hemos llegado?. La omisión, el silencio, el que se conozcan teléfonos de bandas de asesinos y no se denuncien, la complicidad manifiesta y otros delitos similares son los que el abogado, suicidado o asesinado, ha dejado en evidencia. Esto es, el Estado desastre, aunque no fallido, en el que vivimos y que consentimos. Menos jactarse y más ejercicio de la responsabilidad por desconocer lo que pasa o por no actuar contundentemente contra lo que, resulta ahora, era evidente.
¡Cuánto irresponsable en el mismo guacal!.

1 comentario:

esamjfreak dijo...

Una verdad que toos sabíamos pero no queríamos q se supiera.