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lunes, 19 de febrero de 2024

Nuevo gobierno, nuevas oportunidades

Es inconcebible, pero sobre todo inadmisible, que un país deje morir de hambre o permita que sus niños no alcancen el desarrollo mínimo

La desnutrición infantil alcanza cuotas inimaginables en Guatemala. Un asunto pendiente por años que rasga el alma, pero que parece no sensibilizar suficientemente a ciertas autoridades. Se han “diseñado” programas gubernamentales, analizado la situación, presupuestado fondos y hasta solicitado un crédito de 100$ millones en 2017 del que no se sabe nada, pero que deberemos pagar sin que hayan disminuidos los altos índices de desnutrición. Es decir: la dinámica natural de casi todas las políticas sociales de este país, al menos hasta ahora.

Parte del sector privado -señalado por muchos activistas de “los males” nacionales- ha hecho justo lo contrario: hablar poco y actuar eficientemente. El pasado año, Castillo Hermanos, presentó y emplazó el primer Campamento Nutrimóviles en la zona de Huehuetenango, nueve unidades móviles que prestan distintos servicios -gratuitamente porque no se paga con fondos públicos-, y que provee consultas diarias como registro y toma de signos vitales, atención médica, nutricional y exámenes de laboratorio. Ayudan a suplir la deficiente acción pública en atención primaria de salud, soporte nutricional, agua y saneamiento ambiental, acceso a alimentos y fortalecimiento de la economía familiar, en localidades donde la distancia, los medios o las personas encargadas no responden a las exigencias ciudadanas.

Menos de un año después de aquel logro y esfuerzo, el segundo campamento está listo y quizá lo haya podido ver en la plaza del Obelisco durante algunos días que ha estado expuesto al público. En esta ocasión los municipios de San Pedro Soloma y Santa Eulalia -tambien en Huehuetenango- contarán con servicios sociales que serán los primeros para muchos de sus habitantes.

Es inconcebible, pero sobre todo inadmisible, que un país deje morir de hambre o permita que sus niños no alcancen el desarrollo mínimo. No se trata siquiera de corrupción -algo absolutamente deleznable- sino de falta de sensibilidad, piedad y sentido mínimo de lo que significa un ser humano. Los índices de desnutrición crónica y aguda son significativos y no se ve a los partidos políticos exponiendo el tema permanentemente para que esté posicionado en la mente -y corazón- del votante. De hecho, entre los problemas nacionales, el ciudadano detecta la corrupción, la falta de empleo o la carestía de la vida, pero no hay conciencia social de la cantidad de menores que crecerán limitados o morirán por dedicar el esfuerzo político a otras cosas “más importantes”.

Debe hacerse, también, un llamado de atención a quienes satanizan a las empresas privadas que dentro de sus objetivos invierten parte de sus ganancias en ayudar al prójimo sin esperar ser electos, proclamados o pedir la bendición de masas que ignoran el problema. Estas inversiones de Castillo Hermanos dan forma a un programa que asegura un futuro mejor y más saludable para quienes no tienen la oportunidades siquiera del ciudadano medio. Y no es la única empresa que se enfoca en ayudar a los demás.

Es necesario replantearse los objetivos sociales, el pacto russoniano caduco o desconfigurado de la vida en sociedad, y la búsqueda del bien común. No es necesario que lo hagan otros para comenzar a colaborar, incluso puede sumarse a este proyecto si lo desea, y colaborar desde esa plataforma ciudadana que promueve y representa la responsabilidad individual en la búsqueda de un mundo mejor, sin necesidad de alarde, ruido ni reclamo de vítores. Este gobierno tiene una enorme oportunidad de multiplicar la iniciativa.

Cuando lo privado suple a lo público, es momento de pensar qué clase de sociedad hemos organizado y qué podemos hacer por mejorarla. De entrada: aprender, respetar y aplaudir iniciativas como la indicada que buscan progreso y desarrollo humano.

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