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lunes, 5 de marzo de 2018

Atrévase a cruzar la línea


No se donde está usted, pero le animo a atreverse a cruzar la línea de la decencia

Los numerosos hechos revelados por la justicia y la corta memoria nacional, acumulan en el baúl de los recuerdos efemérides que amplifican la nefasta acción gubernamental, iniciada aquel 14 de enero de 2016 y refrendada cum laude desde mediados de 2017.
El principio de acción-reacción es la forma de actuar de quienes se siente acorralados y toman insensatamente decisiones. El pasado 21 de Enero se revelaba el caso Odebrech y detenía en Miami al excandidato presidencial Baldizón; el 26 se arrestaba al exministro de la Defensa Nacional -Mansilla- e ipso facto se cesaba al ministro de Gobernación. El Presidente no asimiló que fuera enjuiciado quien le concediera un inmoral bono de Q50,000 mensuales; la ilegalidad sigue pendiente.
Con ministro nuevo comenzó Febrero y se sucedieron otros acontecimientos. El 16 se destapó el caso del general Melgar Padilla, aun por resolver después de graves omisiones por parte del Alto Mando; el 22 se registraron oficinas de lo que se ha conocido como caso EMPAGUA”; el 23 se detuvo al abogado López Villatoro -rey del tenis- en un control policial y el 24 se hizo un allanamiento en vacío porque posiblemente hubo filtraciones y huyeron los señalados. El 26, un mes después de cambiar al ministro, se destituyó a la cúpula de la policía para “oxigenar” la institución, concepto no explicado por el nuevo funcionario de gobernación y mucho menos a quienes sirve ese oxigeno, más necesario para aquellos que están en “cuidados intensivo judiciales” que a la situación de mejora que reflejan las cifras en relación con la actuación de la PNC. Además,  ¿qué sistema aguanta jubilar a comisarios de policía con 38 años?
Causas que llevaron a consecuencias irreflexivas y evidencias contundentes de que el gobierno no está por arreglar las cosas -escenario posible a inicios de año- sino que por el contrario ha tomado la ruta de la confrontación, y mientras los presidentes del Ejecutivo y del Legislativo desvían la atención hablando de desarrollo económico o de propuestas de futuro, son incapaces de abordar los auténticos problemas del presente. El Presidente Morales cedió la iniciativa al clan Arzú  y la política toma un preocupante rumbo que alimenta el golpe de estado técnico, con esa elegante forma de arrebatar las instituciones aplicando barniz de legalidad, forma de proceder de “golpistas democráticos” que han creído que el poder es suyo y que los votos legitiman cualquier acción ¡Vamos, tal cual nos decían que ocurría en Venezuela y querían evitar que sucediera aquí! No se donde está usted, pero le animo a atreverse a cruzar la línea de la decencia.
A pesar -o quizá por ello- de que de ocho presidentes vivos de la era democrática guatemalteca, dos estén en prisión, uno ya cumplió condena en USA, dos más pendientes de antejuicios y un tercero huido a Panamá, el país es referente internacional en la lucha contra la corrupción. La formación del Frente ciudadano contra la corrupción muestra que el problema hay que abordarlo desde todos los sectores y dejar de lado el falso discurso de la lucha ideológica. Necesitamos un gobierno de transición -y no es este- que implemente pilares de decencia: ley de servicio civil, contrataciones claras, justicia eficiente, etc. ¡Bases sobre las que construir el futuro!
A mediados de Febrero pronostiqué la remoción de la cúpula policial, ahora me atrevo a augurar un mal futuro para la actual Comisión de Postulación y varias sorpresas poco halagüeñas para Semana Santa. Al igual que entonces: veamos si el tiempo me vuelve a dar, lamentablemente, la razón.

lunes, 26 de febrero de 2018

Emplasto en el Alto Mando


Ese jueguecito al “teléfono descompuesto” no es aceptable ni admisible la militancia deliberante

Un juez solicitó al Ministerio de la Defensa que le hiciera llegar una orden de comparecencia al general Melgar Padilla. Algunos consideran que la policía debería haberlo arrestado en la base militar -tenía orden de aprehensión- sin embargo, al ser la máxima autoridad y por tanto a quien había que solicitarle permiso para ingresar a las instalaciones, ya suponía un hándicap -además de otros riesgos- lo que, a mi entender, torna la decisión adoptada por el juzgador como la más sensata.
El ministro del ramo manifestó en diversas comparecencias que cursó la orden el viernes por la tarde, cuando el general ya se había retirado y que presumiblemente el martes a mediodía cuando regresara -¡en el Ejército la semana tiene 5 días y medio!- tomaría la decisión más oportuna, puesto que es al acusado a quien corresponde resolver. Intentó hablar con el general pero no le respondió, agregó. El militar no se incorporó y presentó un amparo porque dijo ser juez militar y contar con antejuicio. El miércoles apareció y casualmente su orden de captura fue suspendida por la jueza Domínguez. Días después difundía un video cuestionando instituciones del Estado.
El ministro no puede “obligar” al general a que se presente al juzgado porque la responsabilidad penal es individual, pero lo puede cesar de su cargo por razones suficientemente justificadas. Una, por desobedecer y menoscabar el honor de la institución con su conducta; otra, por “desaparecer” durante cuatro días (apareció al quinto), algo insólito en un jefe de unidad militar que debe estar localizado y presto 24/7 para emergencias, valor primordial de la institución; la tercera por emitir declaraciones públicas. Esas situaciones fueron ignoradas por el ministro y su omisión es censurable. Debería saber que la inacción es incompatible con el ejercicio del mando y el general conocer que las órdenes no se comentan ni se discuten sino que se cumplen. Ese jueguecito al “teléfono descompuesto” no es aceptable ni admisible la militancia deliberante en una institución jerarquizada como la militar, brazo armado del Estado.
Ese punto de ineptitud y/o complicidad hubiese requerido la actuación superior: la del Presidente, a la sazón comandante supremo del Ejército. Él nombró al ministro ineficiente y ascendió al general que abandonó su puesto, responsables de dejar en evidencia a la institución y a muchos veteranos que sufren pasivamente ese descrédito en el que se cuestiona el honor, la lealtad, la disciplina y la subordinación. El ministro no ha ejercido el liderazgo esperado y el Presidente tampoco, ya que debería haberlo cesarlo al tiempo que al otro. Vergonzoso que esto ocurra cuando se pretende otorgar mayores poderes al Ejército en material de inteligencia y se hace un llamado a las armas por energúmenos y sicópatas, además de la detención de un coronel en un operativo antidrogas, la captura de otro teniente coronel -guardaespaldas de un narcotraficante extraditado- y los Q50,000 mensuales que recibía el Presidente como bono extraordinario.
No se aborda el tema de los delitos que le endilgan al general relacionados con el asesinato de su padre y el robo de propiedades. Enfocar exclusivamente el tema desde el punto de vista militar es suficiente para poner en evidencia el cúmulo de marrullerías. Una oportunidad perdida para recuperar el demérito que padece la institución armada y que afecta el prestigio y honor de quienes sirvieron en sus filas sin servirse de ella y dejaron su vida, sus ilusiones, su nobleza. Y es que al unir política con milicia, ésta deja de ser esa religión de hombres honrados que preconizó Calderón de la Barca.

lunes, 19 de febrero de 2018

La fauna nacional


El problema no es judicial sino político y desde ahí debe visualizarse la solución

Las acusaciones de CICIG/MP de los últimos años, han puesto de manifiesto que pocos colectivos están exentos de haber actuado equivocada o delictivamente, tal como se suponía en una hipótesis inicial. Entre los señalados hay empresarios, políticos, jueces, ricos y pobres, hombres, mujeres y jóvenes, ladinos e indígenas, militantes de derecha e izquierda y personas de cualquier estrato social. Todos ellos metidos en embrollos que precisan de explicaciones a la justicia pero sobre todo a la ciudadanía honesta. Tienen en común haber utilizado las arcas públicas en beneficio propio. Una suerte de comportamiento delictivo cuasi cultural e integrador, ya que parece no excluir a nadie. Las ONG,s no se han quedado al margen y se vio a Madre Selva pagar a manifestantes por asistir a bochinches, se arrestó al presidente de la Coordinadora Nacional Indígena y Campesina (CONIC) que pretendía sacar ilegalmente dinero del país y se capturó al presidente internacional de OXFAM. Se evidencia una metástasis nacional en la que, por acción u omisión, la contaminación ha llegado a un punto álgido, ¡y eso que aún faltan casos de alto impacto!
Ese contexto no ha surgido por generación espontánea ni es de exclusiva responsabilidad de los señalados. Lo que aflora es una forma de ser y actuar que permea el comportamiento y que, aunque no guste escucharlo, es aceptada, aplaudida y practicada por demasiados. La recomendación se acepta como la forma de alcanzar privilegios otorgados por quienes se eligen fraudulentamente con dinero público que financia procesos electorales o compra de voluntades. La sumisión y la pleitesía son maneras de ocupar espacios especialmente diseñados para los colaboradores eficaces del establecido sistema corrompido ¡No nos pongamos ahora de tiros largos y queramos ser más decentes que nadie! La culpa es de todos y lo que pasa da mas vergüenza que pena, aunque quienes delinquieron tuvieron, al menos, la oportunidad de elegir libre y voluntariamente lo que hacían. Al resto, nos queda resignarnos y padecer las consecuencias de lo que impidieron sus acciones criminales.
Es tiempo de cambiar esa forma perversa de actuar, y también necesario. El problema no es judicial sino político y desde ahí debe visualizarse la solución, aunque no llegará inmediatamente. Los sindicatos deben hacer su propia catarsis, los empresarios también. Los políticos acostumbrarse a rendir cuentas y dejar de promover componendas y chanchullos. Los jueces hacer su trabajo con ética, en el tiempo estipulado y sin esperar beneficios extraordinarios ni concederlos. La mayoría de ciudadanos, practicar principios correctos y no colarse en las filas, querer ser más “chispudos” que lo demás o pretender obtener por la vía de la astucia lo que no corresponde por el camino de la capacidad.
No más salvadores de la patria ni saqueadores de recursos que pregonan “desvivirse por el pueblo”, mientras roban lo que está a su alcance. Excluyamos la mentira como forma de seducción política y el soborno o la maña como medio de búsqueda de la justicia. Hay que diseñar -comenzando por uno mismo- espacios de respeto a los derechos de los demás como si fueran propios. Aparquemos la ambición que usa los privilegios, la posición, el estatus o las ventajas como vehículo, y no los méritos. Nadie lo hará por nosotros. Ni “el pueblo salva al pueblo” ni llamar al uso de la fuerza desde la exaltación permanente de unos pocos psicópatas logran objetivos de paz y desarrollo. Dejémonos de cuentos chinos y pongamos las barbas en remojo.
¡A trabajar pues!, el futuro no dará muchas más oportunidades.