Con frecuencia se habla de ingobernabilidad o de falta de gobernanza en ciertos países y, como no, en Guatemala. Para ello se echa mano del índice correspondiente del Banco Mundial que, a su vez, está construido sobre seis variables diferentes, dos de la cuales son el Estado de Derecho (rule of law) y el control de la corrupción.
Pues bien, si usted toma los datos disponibles (1996-2007) y los ordena, comprobará que todos los países de la región tienen las más bajas calificaciones en esas dos variables. Los gobiernos se han olvidado de construir un auténtico Estado de Derecho y del deber de luchar contra la corrupción. En otras palabras, se ha hecho caso omiso de que la sociedad moderna se organiza en torno a esa ficción jurídica que es el Estado para obtener seguridad y justicia.
¿Qué ha ocurrido?. Sencillamente, el gobernante se ha dedicado a otras cosas y olvidado su principal razón de ser (civil servant o public servant). Con un discurso basado más en la emotividad que en el razón (Sartori lo expone en alguna de sus obras), el mensaje político ha tomado cierta deriva y se ha conducido rumbo a la cohesión social, la educación, la salud, los pobres, los colectivos marginados, el transporte público y gratuito, el ambientalismo y otros mensajes que la ciudadanía percibe con el corazón pero que no siempre tienen eco en la razón. No es casualidad, es producto de ciertas tendencias filosóficas posmodernistas, donde la razón fue desplazada y otras cosas ocuparon su lugar (J.J. Sebreli lo cuenta muy bien en El Olvido de la Razón).
Sin embargo, la racionalidad matemática comprueba que el fallo es continuo y sistemático. El Estado no cumple con sus cometidos y no proporciona el necesario grado de seguridad y justicia que permita, posteriormente, que el resto de condiciones se den por añadidura. No hay desarrollo social y superación de la pobreza, sin justicia. No hay salud o no sirve para mucho, si asesinan a los jóvenes porque nadie combate el alto índice de criminalidad. No hay medioambiente, si la propiedad privada no se asegura y respeta, mucho menos si se es permisivo ante las ocupaciones ilegales o incluso se justifican con argumentos irracionales. De nada vale la educación si no puede ejercerse la profesión o los costos de la inseguridad y la falta de justicia son tan elevados que impiden obtener la rentabilidad necesaria. En conclusión, nada sirve si la seguridad y la justicia no son valores que priman en la sociedad y se respetan los derechos del individuo por encima de todo, especialmente de los intereses de grupos.
Por desgracia, los Estados siguen gastando fortunas en no hacer mucho porque olvidaron su primer deber: proporcionar seguridad y justicia. Seguir tirando el presupuesto en otros rubros, sin arreglar primero aquellos, es abrir agujeros en el suelo, para luego volver a llenarlos de tierra. No hay convicción racional de esto y sí mucho de populismo emotivo que termina exaltando a las masas orteguianas y limitando el horizonte de lo estratégico al final del día.
¿Olvido, necedad o interés?. Quizá un poco de todo, aunque prime alguno de los argumentos en ciertos momentos. Lo que está claro es que ya llevamos mucho tiempo sin hacer bien las cosas y no parece que apuntemos a nada mejor. La recuperación de la razón frente a otros patrones de conducta, además de la ética, por supuesto, marcan el camino más adecuado.
Este es un blog personal donde se editan las columnas de opinion (y otras) que semanalmente publico en el diario PRENSA LIBRE de Guatemala. La idea es generar un espacio de debate y opinión con los lectores, de forma que la libertad de expresión sea en doble sentido.
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