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martes, 27 de mayo de 2008

¿Mandamientos o plagas?

El gobierno hizo públicas diez medidas para enfrentar la “crisis económica”. La diferencia es que ya nadie cree en los magos ni mucho menos piensa que la fe mueve montañas. El enorme desencanto instalado en todas las capas sociales, es la tónica nacional, a pesar del corto periodo de esta administración.
El acuerdo voluntario para detener el alza de los precios, no deja de ser un pacto que, finalmente, pone los productos, desde ahora, más caros en el mercado en previsión de la posible subida a futuro. ¿Quién cree que alguien puede vender por debajo de los costos de producción?. Sin medidas, hubiese habido un incremento progresivo. Con ellas ya pagamos más y al terminar el plazo, la subida será brutal.
El control de la especulación y el acaparamiento, pasa por luchar contra el contrabando, cuando no contra la economía informal. Por cierto, practicada fundamentalmente en la zona rural que votó al mandatario y contra la que, evidentemente, no se piensa enfrentar, a pesar de sus promesas electorales de reducir el nivel de informalidad y así generar mejor recaudación.
La amortiguación del impacto social es sinónimo de asignación de mas recursos al famoso Consejo de Cohesión Social de ya sabíamos quién. La inversión social, no deja de ser un gasto inútil que potencia el populismo, la guevonez y que, después de años practicándola, queda demostrado que no sirve absolutamente para nada. Bueno si, para promocionar y favorecer a quienes la reparten. Es la versión local y perversa de la ayuda internacional.
Producir granos y alimentos básicos dentro de un plan de emergencia es ya demasiado. Ignoro cómo se obliga a la tierra, a las semillas y a la naturaleza a dar más de lo que ya hacen. Es posible que este gobierno, en alianza con el infinito (y más allá) pueda ser capaz. Como pactó con tantos y tan diversos, ¿lo habrá hecho con Aquel?. De ser así ¡estamos salvados!.
Energía disponible en mejores condiciones. Lamentablemente, las “mejores condiciones” suelen traducirse en subvenciones con el dinero de otros, algo que ya practican con verdadero entusiasmo. Producir, poco. Redistribuir, a manos abiertas.
Impulso a las alianzas público-privadas. Es decir: obligar a los que están en la legalidad y pagan sus impuestos a que hagan el esfuerzo que el gobierno no quiere hacer por el costo de popularidad que tiene incorporar a la economía formal a gran parte del área rural.
Mayor competencia, sin darse cuenta que para eso se requiere un mercado libre y no intervenido como se pretende, además del grado necesario de seguridad.
La conclusión, es que las medidas no servirán. Esto es, no solucionarán la denominada “crisis económica”, porque están focalizadas hacia un populismo ineficaz. La gente, sencillamente, no se cree nada y eso es realmente lo que importa. No ha habido un gobierno democrático que haya generado tanto desánimo y desilusión en tan poco tiempo. Es cierto que algunos factores han sido externos, pero otros, ganados a pulso. A Moisés le costó menos convencer a todos aquellos y eso que no había publicidad, aunque me parece que tuvo que estrellar, primeramente la vara y luego las propias tablas. ¿Qué harán ustedes?. ¿Por dónde comenzarán a quebrar las cosas?. Ah, ya, por el Congreso.

martes, 20 de mayo de 2008

Hagan sus deberes

Suficientemente conocido y experimentado es el bajísimo grado de eficacia del sistema de justicia. Escasamente se detiene al personal que delinque. Las investigaciones cuentan con un importante índice de falta de rigor y, los jueces, no terminan por convencer en sus decisiones. El sistema da lástima y el seguimiento a los reclusos, en general, es algo de ciencia ficción que pareciera se resolverá en el próximo siglo. Estamos mal, muy mal, realmente mal.
Proponer soluciones salomónicas con resultados concretos en el corto plazo, es difícil. Mejor sería establecer una serie de prioridades porque los recursos son escasos e insuficientes para acometer los cambios que se necesitan. De todo el engranaje judicial, pareciera que hay algunos eslabones “más sencillos” que otros y, sobre todo, de menor costo. Me refiero, en este caso, al Sistema Penitenciario. Es necesario dejar claro, dentro de nuestro esquema de justicia, que el delincuente condenado cumplirá certeramente su pena en las condiciones que determina la ley. De no ser así, todo el esfuerzo anterior (detención, investigación y condena) quedaría sin sentido.
Tras los sucesos de hace algunos días donde los reclusos asesinaron y se ensañaron con funcionarios de un penal, es preciso elevar una voz contundente para que el Congreso se ponga de acuerdo en cambiar ciertas normas y dotar al Sistema Penitenciario de un presupuesto y un marco legal, acorde con las necesidades. No es admisible que para este año se cuente con menos recursos que en pasado.
Por otra parte, también hay que hacer notar hasta qué punto el Estado es responsable de la reinserción y no solo del estricto cumplimiento de la pena. Sin entrar en debate, lo que debe primar es esto último y, después, ya se verán las posibilidades de reinserción. Los más optimistas calculan que no más del 20 o 30 por ciento de la población reclusa pudiera hacerlo exitosamente.
El sistema falló y colapsó y es preciso cambiar las normas legales al respecto, si no hay acuerdo de los partidos políticos, seguiremos igual de mal. Lo peor, es que un día nos vamos a despertar con una prisión tomada por grupos de narcos o mareros, que liberarán a cientos de presos peligrosos o, la intervención policial o militar, terminará por generar muchos muertos. Será entonces cuando nos lamentemos de no haber cambiado algo que ya se ha evidenciado suficientemente. Cualquier solución pasa por un pacto político y, sobre todo, por entender que la resultante beneficiará a todos. Son de esas cosas en las que deberíamos estar de acuerdo sin más comentarios que la acción, pero que no se ven visos de solución a corto plazo.
En el receso de una entrevista televisiva el pasado año, le pregunté al ahora presidente cuales eran las razones (si las había) de no arreglar de una vez por todas el Sistema Penitenciario. Ninguna, me contestó sin titubear. Es pues un buen momento de aplicar aquellos criterios de cuando era candidato. La rentabilidad que se obtenga será alta y el servicio al país incidirá en el nivel de gobernanza.
De seguir como hasta ahora, solo podemos esperar más lamentaciones en el futuro. Creo que ya han sido suficientes y quienes trabajan en el entorno merecen respeto, apoyo y una oportunidad.

martes, 13 de mayo de 2008

¿Publicidad o propaganda?

Llama poderosamente la atención ciertos anuncios aparecidos en prensa escrita donde el vicepresidente de la República, el Procurador de los Derechos Humanos y el binomio presidencial (presi y vice, no sean mal pensados), felicitaban a los trabajadores. A mí eso de las felicitaciones que cada cual hace a cada quien me parece muy bien. Lo que no comprendo es por qué lo hacen con recursos públicos. Primero, nos quita un porcentaje de los ingresos con los impuestos y luego, ponen anuncios en prensa donde nos felicitan. ¿No sería más fácil, más barato y menos bobo que uno mismo se felicite cuando le de la real gana?, sobre todo a ese precio.
Nuestros gobernantes creen que pueden disponer del dinero de todos como les venga en gana. No entienden que lo que deben hacer, con precisión y eficacia, es gastarlo en aquello con lo que el Estado debe cumplir. Evidentemente, nada que ver con la burda propaganda en su exclusivo beneficio.
Seguí la prensa escrita por unos días y me di cuenta que las felicitaciones eran solo un botón de muestra. Aparecieron, en menos de una semana, dos anuncios a todo color para decirnos que ahora ondean tres banderas en el Palacio Nacional (¡importante, verdad!), otros tres, donde el famoso Consejo de Cohesión Social, ese que no maneja fondos, informa del número de personas que cuentan con mejor atención médica o de los niños y niñas que van a una escuela digna, otro, sobre la importancia de “exprimir la energía” y dos más para felicitar a las madres. Me pregunto: ¿qué aporta realmente toda esa superflua información?.
Pongamos un ejemplo para que puedan hacerse una idea de cuánto desperdician. Con lo que cuesta un anuncio en color de una página podríamos tener un policía nacional civil por un año. ¿Se da ahora cuenta de la dimensión?. O bien, contratar por el salario mínimo y durante veinte meses, a un pobre de esos que todos quieren salvar o finalmente, disponer de dos maestros por seis meses. Las “buenas intenciones” con las que pretenden confundirnos, son puras pajas, porque no se corresponden con el despilfarro de los recursos económicos de que hacen galas nuestras “autoridades”; viajes de diputados no incluidos, ni propaganda en radio y televisión contabilizada.
Los congresistas, por su parte, regalan a sus secretarias una memoria para computadora y no sé qué ingenio para incienso, todo para ellos quedar bien: ¡gracias licenciado, usted siempre tan fino!, sin reparar que el pisto no es del tal licenciado sino de los pobres esos por los que se “preocupan tanto” y que siempre tienen en la punta de la lengua en sus discursos. Algunos del organismo judicial, para no ser menos, invitan a sus secretarias, también con nuestro dinero, a un almuerzo de celebración. Nos quejamos de que no imparten justicia como debieran, pero ¡coño, como devoran el lomito término medio!. También puede ver propaganda de la Universidad pública, del Instituto de la Seguridad Social, del Ministerio de Comunicaciones, del Ministro de Trabajo y de otros muchos que dilapidan recursos sin otro valor que resaltar el ego de tan insignes autoridades. No estoy en contra de la publicidad, sino de la propaganda abusiva y descarada.¡Tiempos de Solidaridad!. ¡Vamos por el rumbo correcto!. ¿Seguro?. ¡Vaya desfachatez!.

martes, 6 de mayo de 2008

En lo profundo del abismo

Estamos demasiado preocupados por cuestiones cotidianas como para pensar en grupos de seres humanos que se encuentran ubicados en el “fondo del abismo”, o cercanos a él. Entre esos grupos está el de los niños con lesión cerebral. Seres entrañables cuyo cerebro ha terminado por jugarles la mala pasada de no poder ser socialmente presentados como “normales”. Muchas veces, la medicina tradicional silenciosamente los desahucia, a través de una dilatada e incluso eterna espera que es el mensaje más frecuente que reciben sus familiares. Otras, el desconocimiento paterno los condena al mutismo de por vida, a la incomunicación o la inmovilidad frustrante. Finalmente, algunas parejas optan por el tradicional masaje en miembros superiores e inferiores, sin logros suficientes, porque es en el cerebro y no en la periferia donde se encuentra el problema. Obvio aquellos padres que los esconden o, miserablemente, los maltratan.
Mientras tanto, los que tienen hijos “normales” terminan por no sentir el problema ajeno o no ser suficientemente sensibles al mismo pensando, equivocadamente, que como nació “bien” no puede ser objeto de accidentes, enfermedades u otras razones que terminan por producir esa clase de daño.
Fuera de los tradicionales protocolos médicos, existen otras posibles soluciones al problema. The Institutes for the Achievement of Human Potential de Filadelfia, lleva más de cincuenta años, exitosamente, tratando a personas de todos los continentes que padecen daño cerebral. A través de un curso previo, se prepara a los padres para que puedan enfrentar los cambios necesarios, tanto en su vida, como en su actitud, aspecto este último mucho más importante y resolutivo para alcanzar logros significativos. Con ejemplos en vivo se puede comprobar como un niño con parálisis corporal de alto nivel es capaz de leer un libro en poco tiempo y comunicar el resumen o contestar a preguntas por medios nada convencionales pero suficientemente inteligibles para los padres y el entorno inmediato.
Si creía que había sido feliz alguna vez en su vida, todavía no ha experimentado esta nueva sensación que no tiene límites Nada más maravilloso que ver a una madre cuando su hijo le devuelve una sonrisa que nada tiene que ver con las clásicas; ni el nivel de relación y afecto que se establece entre padres e hijos; también es admirable el entusiasmo y la esperanza con que se recibe una simple mirada, un gesto nuevo o el movimiento de un dedo. La naturaleza ha compensado determinadas carencias con un elevado plus en ciertos estados de satisfacción que no pueden describirse, si no que es necesario experimentarlos. Si pensó alguna vez que había vivido plenamente el amor, le aseguro que no se puede imaginar el espacio que le queda por recorrer.
Hay que creer en el ser humano, en su potencialidad, en su capacidad de desarrollo cerebral y motor y, sobre todo, en que es el centro del mundo y desde ahí se irradia el resto de la vida grupal. Es justo elogiar a quienes hacen posible estos logros y encender una llama de una esperanza en muchas familias. Volver del fondo del abismo, es posible y real.

martes, 29 de abril de 2008

¿Eficiencia, eficacia y hueveo?

Muchas de las promesas electorales del gobernante ya hemos visto que se catalogan ahora de “estrategia electoral”. Es decir, se mintió y es algo que no se piensa cumplir nunca. En esa línea, esperábamos tarde o temprano, la correspondiente clavada con la denominada reforma fiscal que, al fin de cuentas, se traduce en un incremento impositivo.
La capacidad de gasto del Gobierno no tiene límites. Cada año se gasta más y, sin embargo, los indicadores instituciones no reflejan una mejora sensible, ni en resultados generales ni, especialmente, en credibilidad y transparencia. Dicho de otra forma, nadie se cree que el gasto del Gobierno tiene una incidencia real en la eficacia de su gestión. No se trata de gasta más, sino de hacerlo mejor. Cualquiera es capaz de gastar, el arte está en hacerlo con efectividad y para eso si se requieren capacidades y cualidades.
El discurso del incremento impositivo, bajo la justificación de que somos el país con menor carga fiscal, es una paja que no se la cree ni el embajador de Holanda. Mientras los políticos europeos promueven bajar los impuestos -única formar de ganar las elecciones-, aquí se está en contra de aquella noble tendencia. Pedir más es fácil, exigir que se gaste con criterio y eficiencia es mucho más difícil y comprometedor y, por ello, algunos diplomáticos y otras organizaciones que viven de presupuestos ajenos, se avienen a apostar por lo primero en vez de tener ovoides para exigir lo segundo, quizás por las exenciones de que gozan tanto unos, como otros. ¿Qué más les da a ambos si están exentos de la carga fiscal, cualquiera que esa sea?.
En los presupuestos de este año se puede ver la millonaria subvención al transporte público, por cierto, un monopolio: liberalícenlo. Igualmente, hay ONG,s privilegiadas, sobre todo en el Petén (curioso ¡eh!), que reciben 28,5Q millones: no vuelvan a dárselos. La gremial del magisterio se ha hecho con un botín tras el pirateo sindical liderado por un abogado cercano a la esposa del presidente: mándenla al carajo (a la gremial, claro). Al Instituto Nacional para el Desarrollo Rural y la Competitividad le dan diez millones, ¿cómo va a promover la competitividad si nace subvencionado?. A la Asociación Desarrollo Local y Ambiental de Nuestra Gente, cinco y medio millones; ¿de qué gente, me pregunto?. Al Organismo Judicial le quitan cinco millones para la Asociación de Empresas de Autobuses urbanos de Quetzaltenango, ¡con lo bien que está la justicia!. Y, como si fuera de chiste, destinan diez millones para el financiamiento de Carreras Autofinanciables, jeje, ¿en qué quedamos, son o no autofinanciables?. Corolario: detrás de todos esos grupos vendrán otros que ya han aprendido la lección sobre qué deben hacer y cómo hacerlo.
La conclusión es que los güevones, los amigos de diputados, los familiares de algunas, los cuerudos, los culebras, los oenegistas y los sindicalistas mafiosos, entre otros, nos cuestan un ojo de la cara y un pistal del presupuesto. Ese dinero se despilfarra porque no hay bemoles para decir ¡ya basta!. Lo que se hace es pagar el silencio cómplice de colectivos opositores que se acercan a medrar, por supuesto, a costa del esfuerzo de los demás, algo que ocurre en muchos de esos países avanzados de Occidente. ¡Ya que copiamos, copiemos lo bueno, por lo menos!.
¿Cómo apoyar una reforzar con ese despilfarro de dinero, por no entrar analizar las Secretarías y otras Dependencias?. Además, no se había dicho, los más perjudicados son aquellos que todos quieren salvar y terminan hundiendo: los más pobres.

martes, 22 de abril de 2008

El costo agregado de las mafias

Si llega a Guatemala en avión y desea tomar un taxi no se moleste en ir a negociar con el taxista, ya que le remitirá a un grupo de personas que, bajo un letrero que dice algo así como “servicio de taxi autorizado”, le pedirán por cualquier recorrido el doble o triple de su valor de mercado. Eso fue lo que me pasó hace unos días. Fue inútil acudir a otros taxistas, todos me enviaban al mismo lugar.
Como no estaba dispuesto a pagar ni a mafiosos ni a manipuladores, decidí telefonear a esa otra empresa color del banano que puntual y rápidamente me envió una unidad. Tras llevarme al lugar que le solicité , pagué la tercera parte de la cantidad que aquel grupo de atracadores pedía por el mismo servicio: ¡bien por la empresa y su gerencia!. En amena charla, el taxista me comentó que ellos no trabajan en el aeropuerto porque esos piqueteros se lo impiden y siempre han tenido problemas con ellos.
La conclusión, es que las gremiales del taxis, de los maestros, de los trabajadores del Congreso (diputado Taracena, ¿dónde están las plazas fantasma?), de los aparca carros de la zona diez, de los buseros, de los toma fincas, de los del campo y ahora de los empresarios que comienzan a rodear al presidente, además de otros colectivos similares (aunque no todos los gremios), nos “prestan un servicio” de mala calidad y al doble o triple del precio que estaría en un mercado libre. No busquen en muchos sitios, ahí está la pobreza del país. Los ciudadanos debemos pagarles su intermediación impuesta porque no queda de otra. El gobierno permite este tipo de situaciones que son evidentísimas y, por tanto, fácil de acabar con ellas.
Es así, como el señor presidente se aviene y firma el pacto colectivo con el sindicado de maestros, donde reza que usted no puede despedir a un sindicalista. ¿Oiga y si es un delincuente, golfo y vago?. Jódase mi amigo: tampoco lo puede hacer. ¿No dicen que la ley es para todos igual?. ¿Será una discriminación eso de beneficiar a los sindicalistas magisteriales sobre los demás?.
El chantaje de ciertas gremiales nos cuesta cientos de millones, encarece todo, coarta la libertad, nos empobrece y, encima, compra la voluntad y el favor de algunos políticos. Sin embargo, el gobierno parece que se contentan con que ciertas gremiales no sigan molestando y los dejen en paz, así nos podrán vender logros relacionados con la capacidad de diálogo y resolución de conflictos, la negociación eficiente, la reducción del nivel de crispación, los triunfos de los cien primeros días y otras carajadas similares, incluido el uso de ciertos aviones por parte del mandatario. Nunca nos dirán cuánto pagamos por el silencio cómplice y esos más que dudosos pactos.
Debe de quedar claro, que los mercenarios colectivistas se terminan vendiendo el mejor postor, como siempre han hecho y, dentro de poco, traicionarán a don Alvaro y se irán con aquel (o aquella) que tenga visos de ser el próximo “presi”, al igual que hicieron con él: “hola, don Alvaro, cuánto tiempo sin verlo por la Casa del Maestro”, le espetaba uno de esos bochincheros profesionales ya condenado pero sin ejecutoria.
Seguimos con la rosca de algunos gremios. Nos roban, nos pisan, nos ponen de rodillas, nos crean manifestaciones y relajos, aparecen como héroes, triplican el precio de las cosas y, encima, le reímos la gracia. Estamos en una espiral peligrosa de esas que cuestionan si es primero el huevo o la gallina. En este caso, está claro: lo primero son los huevos, pero hay que saber ponerlos sobre la mesa para cortar, de raíz, esta lacra delincuencial.

martes, 15 de abril de 2008

Sandrismo, machismo o nepotismo

El presidente Colom se despachó la pasada semana con unas declaraciones no muy afortunadas. La reacción desairada, se produjo cuando un grupo de periodistas le cuestionó el excesivo protagonismo de su esposa en la actual administración. Al no querer entrar al fondo de la discusión, perdida de antemano por otra parte, consideró que quienes así pensamos somos machistas.
El señor presidente no ha terminado de entender que la cuestionabilidad viene dada porque su señora esposa está coordinando entidades públicas que pueden y deben ser fiscalizadas por los ciudadanos y que no es posible hacerlo porque lo que ella hace está fuera del marco legal vigente. Es decir, no es ministro ni cargo público y, por tanto, no es posible fiscalizar a la dama, ni a su hermana, por cierto.
En política, las percepciones son fundamentales, pero los hechos también conforman el panorama. La percepción ciudadana, le guste o no a don Alvaro, es que su dama maneja más de lo que debiera y, además, lo hace de forma un tanto prepotente. Pero también es algo probado que determinados funcionarios, de no importa qué nivel de la administración, han tenido que entrevistarse con ella, para luego ser nombrados o considerados. No solo es una cuestión de percepción, sino de realidades contrastadas. Por si fuera poco, en algunas transcripciones de reuniones se puede observar que la señora realmente manda más de lo que le correspondería en cualquier sistema democrático. De eso, el señor presidente no se quiere dar cuenta y ahí está la prensa para advertírselo, le guste, o no.
El nepotismo no es algo nuevo ni exclusivo de este gobierno. Lo lamentable es que todavía algunas señoras piadosas y prohombres no terminan de entender esto de la democracia y excusan a doña Sandra porque es una “primera dama diferente” o porque “hace mucho por los pobres”. Ese no es el argumento, ni el punto. Por los pobres quien más hizo fue la madre Teresa de Calcuta y, afortunadamente, todas las primeras damas son diferentes, así que tampoco tiene nada de especial. Lo esencial en esta discusión es que el nepotismo no puede servir de soporte a un sistema democrático y eso lo debería de haber entendido el gobernante hace tiempo.
Por si fuera poco, el paquete incluye, como extra, a la señora cuñada que ya sustituyó a la primera dama en algún acto y sigue de coordinadora de otros entes. De eso, señor mío, estamos hablando precisamente. Nadie tiene nada contra su señora esposa y no se es machista por decir las cosas abierta y frontalmente. La primera dama tiene muchas cosas por hacer que no sea limpiar los suelos del palacio presidencial, pero, entre ellas no está determinar el gasto de más de dos mil millones, ni mucho menos coordinar a ministros, a secretarios, dependencias, instalar a su hermana o ejercer un papel más allá que el que le corresponde. Cuando las primeras damas, como la suya, se inmiscuyen en asuntos que no le son competentes, merecen y deben soportar las críticas que las evidencian. No dudamos de las capacidades gestoras de su esposa ni de sus dotes de organización, tampoco de las de su cuñada, pero, de seguir así, si vamos a tener que dudar de las suyas. La forma de actuar del “Señor Presidente”, es algo superado y enterrado con Asturias. Esa certeza de ausencia de autoritarismo, debería impregnar a cualquier demócrata, incluso si es socialdemócrata. Usted debe, señor presidente, ser más coherente y ponerse en su sitio. Comience por poner su casa en orden. Manden quien mande en ella, frente al país, usted es el único responsable.

miércoles, 2 de abril de 2008

!Qué caracter!

A don Pepín y su familia…., y a otros miles de cubanos.

¿Acaso conoce usted a algún cubano triste o indiferente?. Mucho se habla de cómo este mundo está siendo cambiado por la tecnología, la globalización, la revuelta cultural y otros cientos de vectores. Sin embargo, poco o nada se ha hablado del carácter de las personas. Al final, es el ser humano, el individuo y su forma de ser y entender el mundo, el que provoca el cambio y, sobre todo, quien imprime la velocidad a la que se hace.
No puedo dejar de sorprenderme de ese extraordinario carácter de los cubanos. Cubanos de la isla, cubanos emigrados en alguna parte del mundo y cubanos residentes en los Estados Unidos. ¡Qué más da!, cubanos al fin y al cabo. Desconozco si el carácter del pueblo cubano es anterior a Fidel o, por el contrario, consecuencia de la reacción a esa criminal y férrea dictadura que ya dura demasiado, desde hace tiempo. Como no quiero dejarle al régimen esa grandeza, me prendo a la idea de que los cubanos siempre fueron así. Una prueba de mi convencimiento es la cara de resentidos y estreñidos que tienen los afines al régimen, señal de que este último no provoca la alegría que desprenden quienes ya se zafaron de él, aunque para muchos sólo sea una esperanza.
Pero, no solo es la felicidad que proyectan. También, y creo que es mucho más importante, la simpatía, la solidaridad, la camaradería, el espíritu emprendedor, la iniciativa, la facilidad de inventar no importa que instrumento para solucionar cualquier problema, la improvisación efectiva, la adaptación, en resumen, la humanidad. Posiblemente, sea mucho decir (aunque me atrevo) que el pueblo cubano reúne concentradas la mayor parte de las mejores virtudes que podríamos tener los seres humanos. ¡Coño chico, te pasaste!. No conozco otro colectivo al que se le pueda adjudicar tal cantidad de atributos positivos en su proyección como personas, además de haber tenido la capacidad de aguantar a ese dictador moribundo y todos sus caprichos de enfermo mental.
Es por eso, que el cambio en Cuba no lo va a hacer ni Raúl ni su pléyade de adictos o sumisos al régimen, sino los cubanos. Los que están en la isla y los que tuvieron, pudieron o quisieron salir afuera. También, por supuesto, los adictos al régimen. ¿Saben por qué?, porque la generosidad, igualmente, forma parte de ese carácter cubano y terminarán aceptando a quienes les oprimieron como parte del motor del cambio. Hasta ahí llega ese carisma en la forma de ser.
Tuve la oportunidad de hospedarme recientemente en una casa de cubanos. No me conocían, nunca me habían visto, pero tampoco me preguntaron. Compartieron cuanto tenían: su casa, su comida, su vehículo, su conversación, su sonrisa, su optimismo y su amistad, solo, porque yo era una persona como ellos. Afortunadamente, no son una excepción. Los puede usted encontrar en los aeropuertos, en los hoteles, en los centros comerciales norteamericanos, en las calles, en los cafés y seguro en su barriada o condominio y, la mayoría, responderán como cubanos.
Si algo ha hecho grandes a los individuos ha sido el espíritu especial que los ha animado y situado en la cumbre del progreso en cualquier época. Ahora están oprimidos, subyugados, avasallados, pero eso no será eterno. Llegará un momento que saldrán a la luz, con todo su potencial y energía.
Mientras tanto, muchos de nosotros nos levantamos de mal humor, no compartimos, apenas bromeamos, nos malhumoramos en el tráfico y nos molestan los demás. Yo me pregunto: ¿por qué no somos un poco más cubanos?.

martes, 1 de abril de 2008

!A por ellos!

Hemos visto como los funcionarios de diferentes gobiernos han acosado, arrinconado y derribado a los fumadores. Si decide morir lleno de humo, no se preocupe, porque no podrá. Alguien ya se encargó de legislar para que no pueda envenenarse tranquilo.
Tal y como van las cosas, parece que las siguientes victimas van a ser los gordos. Ese grupo de seres simpáticos, joviales y cariñosos, serán los destinatarios de las nuevas legislaciones que apuntan a no poder comer tal o cual tipo de grasa, comida, composición o sustancia porque robustece y el gobierno quiere que usted muera flaquito y con los músculos tonificados y bien marcados. Vamos, metrosexual.
Además, en este país ya legislaron sobre la bebida y, como sabe, no puede libar en bares y discotecas después de cierta hora de la noche. Aducen, que es por seguridad. Con ese cuento, también han conseguido que nos despelotemos en los aeropuertos. ¿Por qué no dejan que uno se ocupe de sí mismo?. No contentos, todavía hay algún energúmeno ministerial que decide asignarle a las películas, en cine y televisión, una cierta clasificación que impide que usted o sus hijos, puedan verlas sin censura. Su autorización no es la que cuenta. ¡Nada que ver!. Son ellos los que deben dar el permiso. Desconozco el criterio de esos interventores para ordenar los celuloides. No sé si lo hacen en función del número de palabras feotas, de senos protuberantes o de muertes violentas. O, a lo mejor, las juzgan por el trasero de las actrices, el paquete de los actores o cualquier otra “morbosidad” semejante. ¡Piara de burócratas piadosos y decadentes!.
Por último, tampoco es usted libre de disponer sobre el cinturón de seguridad cuando conduce su vehículo. El funcionario perfecto ha decidido que la policía lo puede parar y encasquetarle una multa por no circular como él consideró que debíamos hacerlo. ¡Esto es el colmo!, no dejan a uno ni morirse del golpe. Ellos, los sabios, los todopoderosos legisladores, organizan, deciden y condicionan nuestras vidas, como si fueran pequeños dioses que supieran todo aquello que los demás deseamos en cada momento. Por tanto, no se va a morir de gordo ni repleto de humo ni de un topetazo pero, además, vivirá jodido, porque no va poder tomarse un trago nocturno ni verle los blancos muslos a su actriz preferida, u otras cosas al actor de moda, ya que alguien se encargará de ensombrecer la pantalla.
La sobre regulación de determinadas actividades personales del ser humano, es algo que los políticos han decidido tomar por su mano. Lo más lamentable, es que las aceptamos con una pasmosa y hasta preocupante resignación. Existe una tara mental en esos personajes que los hace creer que son mejores que los demás y que tienen obligación de cuidarnos y velar por nosotros, sin entender que el ser humano es un fin en sí mismo y no un medio para los fines de otros.
Lastimosamente, tenemos miedo al desafío que supone el ejercicio de la libertad y a la responsabilidad que conlleva, por eso nos dejamos manosear. Hay que asumir el hecho de ser libres y responsables y, por tanto, dueños de los actos que cada cual realice. Ningún burócrata o administrativo puede ni debe pensar por cada persona. Al contrario, cada ser humano puede y debe elegir entre las posibilidades que tenga y decidir por sí mismo. Hay que apostar, si queremos avanzar, por el orden espontáneo y desechar frontal y contundentemente el dirigismo y la organización social desde arriba. Al final, se trata, como país, si queremos salir más en la portada del Newsweek o en los reportajes del National Geographic.

martes, 25 de marzo de 2008

Enfermos de miedo

Desconozco si será algo común entre quienes comienzan a escribir en prensa o aparecen en medios de comunicación que la mayoría de los consejos que reciben de personas cercanas se centren en torno a la necesidad de “tener cuidado o precaución con aquello que dice o escribe”. Haber vivido la experiencia me ha llevado a reflexionar sobre el asunto.
Tras analizar el hecho, considero que el problema se sustenta en que conformamos una sociedad con un importante y hasta preocupante grado patológico de miedo y cobardía. Pareciera que hay que medir todo aquello que se quiere decir, por temor a ofender. “!Se prudente!” o “¿cómo dijiste eso?”, suelen ser expresiones usadas por quienes nos quieren aconsejar. No nos acostumbrados a escuchar las cosas directamente y de frente y pareciera que hay que pedir permiso para todo, algo que comúnmente se observa en la forma de comenzar ciertas propuestas o exposiciones. Por otra parte, un importante número de palabras de las que aparecen en el diccionario, tampoco está bien utilizarlas, porque son “malas palabras”. ¿Para qué están incluidas en el diccionario, si no para emplearlas en las ocasiones que lo ameriten?. Sin embargo, nos da cierta vergüenza y preocupación oírlas, mucho menos emplearlas.
Seguimos en manos de quienes deciden secuestrar, tomar fincas, legislar de más, chulearnos desde la cárcel, censurar películas, apoyar la ley seca o, sencillamente, no respetar las filas. Esos “poderosos” se creen con el derecho de marcar una ruta, provocar el silencio y conducir nuestras vidas. Lo peor es que sacrificamos nuestra libertad al otorgarles crédito. Dejamos que su “poder” viole nuestros derechos, entre ellos, el de decir lo que nos venga en gana, siempre que no se ofenda, se ultraje o se violen derechos de los demás. Una cosa es no decir las cosas con corrección y otra, decirlas directamente y con el grado de sinceridad y fuerza necesarios.
Hay que hacerse el propósito de no pedir permiso a nadie nunca más, sea político influyente, marero, poderoso hombre de negocios, líder local, religioso, sindicalista, experto, miembro de la comunidad internacional o cualquier otro personaje de ese clan “de selectos” que considera que el mundo les pertenece y que el resto de la ciudadanía tiene que respirar a su orden o no puede decir más de lo que “debe”, so pena de ser “molestados”.
Muchos, quisieran cambiar ese panorama pero para ello hay, primero, que creer en la libertad del ser humano y, después, no tener más miedo, mucho menos pánico y, nunca, terror, que son los tres pilares en los que se sustenta el abusador y sobre los que se ensombrece el ser humano débil y mediocre.¿Quién dijo que la libertad era gratis?. La libertad, como la ética, comienza por uno mismo. No es necesario esperar a que los demás quieran sumarse al club, hay que comenzar de forma individual y, cuando antes, mucho mejor. Tenemos la responsabilidad de dejarles a nuestros hijos un mundo mejor, más libre, más sensato, más directo, menos hipócrita y donde puedan vivir de pie. Tan negativo es la acción delictiva, como el silencio cómplice. Podemos seguir callados, humillados, censurados o coaccionados. ¿Prudencia?, bueno yo le denomino cobardía, cada cual puede esconderse detrás de lo que quiera. Gracias a quienes me aconsejan, a las personas cercanas por su preocupación y a aquellos que me quieren cuidar, por sus desvelos. No obstante, les quiero decir que soy libre, absolutamente libre y cada día lucho por la libertad con mayor fuerza y pasión. ¿Se puede decir de otra forma?. Por supuesto que sí, pero creo que no más claro.