En estas fechas, solemos utilizar la expresión “Feliz Año” para desear lo mejor en el periodo que comienza cada primero de enero. De forma más coloquial que reflexiva, la empleamos con amigos, vecinos y hasta desconocidos, sin reparar siempre en el significado. Visto lo que nos ha pasado este año (y otros), mejor es que releguemos tal felicitación al menos hasta el mes de marzo, con objeto de ver primero si se ajusta a lo que de verdad nos espera.
Hace un año no teníamos el actual gobierno, ni suponíamos que a estas alturas estaría compitiendo por ser el más nefasto de historia democrática. Contábamos con más ilusión de la que nos queda doce meses después, tras darnos cuenta de la mala e interesada gestión política y de la falta de planes en casi todo. Los nuevos ricos inescrupulosos era menos ya que faltaban por otorgar contratos cuestionados, favorecer a los amigos del poder, asignar dinero a ONG,s de familiares o cuates y cosas similares. Por lo menos teníamos casi Q83 millones más, antes de que algún listillo decidiera perderlos en fondos fantasmas, aunque parece que no era la primera vez. Antes, otro alguien “invirtió” de igual delictiva forma.
Hace un año, existía la esperanza para que cerca de cinco mil niños pudieran formar parte de un hogar y tuvieran una familia. Hoy, la ley de adopciones ha dejado a más de cuatro mil novecientos noventa huérfanos y olvidados de por vida. Eso sí, el gasto por no hacer nada ha sido el mismo o más que el que antes se utilizaba en mantener una estructura que no gustaba a quienes viven de lo público. Además, por la calle circulaban más de ocho mil personas y ciento sesenta pilotos y ayudantes de bus que ponían colorido y ruido al paisaje. Hoy no están porque han sido asesinados por la ola imparable de violencia, producto de una desidia gubernamental nunca vista.
Un año ha, el asesino confeso Portillo era buscado y se esperaba su extradición de México. Vivíamos con la expectativa de que pudiera pagar sus fechorías por la sumatoria de delitos que se denunciaban y que el MP parece que nunca tomó nota de ellos. Aunque hoy están libres, en la cárcel permanecían algunos condenados por abusos cometidos durante su gestión. Curiosamente pertenecían a la administración del FRG, quien ahora pacta con el gobierno de turno. Los narcos se dejaban ver con igual descaro y desfachatez, pero los conflictos entre ellos eran menos patentes.
En las arcas públicas se podía contabilizar unos miles de millones que ya no están y que fueron repartidos con la mano izquierda de quien maneja esa ficción llamada fondo de cohesión social. Además: las carreteras tenían menos baches, la sanidad estaba mal, el aeropuerto en construcción, los jueces eran igual de lentos o ineficientes (o ambos), Rigoberta Menchú se dejaba ver más, algunos obispos se interesaban por lo que les incumbía y también por lo que no les importaba, los impuestos eran menores, no había tanta familia en la esfera de puestos públicos y…., uf, un montón más de cosas.
Algo si permanece y no ha cambiado, hay que reconocerlo: la ineficiencia policial y las malas mañas de muchos congresistas.
¿Es lógico felicitar el año con ese panorama?. Dejemos de usar tal expresión y por lo menos veamos cómo se inicia el 2009, de lo contrario seguiremos con ese optimismo enfermizo que nos caracteriza, aun con la certeza de que todo seguirá igual de mal, o peor. No digamos más, hasta marzo.
Este es un blog personal donde se editan las columnas de opinion (y otras) que semanalmente publico en el diario PRENSA LIBRE de Guatemala. La idea es generar un espacio de debate y opinión con los lectores, de forma que la libertad de expresión sea en doble sentido.
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